Historia y medio ambiente






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HISTORIA Y MEDIO AMBIENTE

Los campesinos
roturaron laderas
de montes e incluso
extensiones
significativas de
bosque, acentuando
la desprotección de
los suelos.

lucionaron esta pérdida de rentabilidad intensificando la producción y el consumo de inputs externos y, consiguientemente, reduciendo la eficiencia ecológica. Los campesinos, que sin tener como objetivo la valorización de un capital, pretendían maximizar el ingreso posible con el que remediar sus necesidades reproductivas, entraron también en la lógica de la producción intensiva en capi­tal y el alto impacto ecológico. Cuando esto no fue posi­ble, los campesinos empujados por el hambre o el de­sempleo- roturaron laderas de montes e incluso exten­siones significativas de bosque, acentuando la desprotec­ción de los suelos. En otros términos, la intensidad de la subordinación al mercado capitalista de la explotación campesina ha marcado el grado de desequilibrio y de­sarticulación de los agroecosistemas y el carácter cada vez menos eficiente, ecológicamente hablando, de las prácticas productivas campesinas.

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4. La gran

transformación

La hipótesis mantenida a lo largo de los capítulos anteriores vincula la actual crisis ambiental con el modelo de socie­dad y de relaciones sociales que acabaron imponiéndose con la llamada Revolución Industrial. Ésta fue sólo parte de una tremenda reestructuración ecológica, quizá el ca­pítulo más significativo de la historia medioambiental de nuestro planeta. Por ello este capítulo está dedicado esen­cialmente a analizar los principales factores que explican su surgimiento y los mecanismos internos del funciona­miento de la sociedad industrial que nacieron con ella. No vamos, pues, a hacer un repaso de toda la historia contem­poránea ni a reseñar todos los hechos históricos relevan­tes desde la perspectiva ecológica. Haremos, eso sí, refe­rencia a los principales fenómenos de degradación am­biental que hoy es posible detectar y cuyo inicio se remonta precisamente a los primeros momentos del proceso de in­dustrialización. Es decir, aquellos fenómenos resultantes de la aceleración del flujo entrópico de energía y materia­les, de la producción masiva y del consumo inmoderado que trajo consigo la implantación en Europa del sistema ca­pitalista.

Los factores que explican el surgimiento de la indus­trialización han sido objeto de una fuerte y continuada po­lémica, sobre todo desde la postguerra, y aún siguen sien­do objeto de controversia. Cuando a las interpretaciones de carácter geográfico, que hacían hincapié en los condicio­namientos físicos, habían sido superadas por las que se ba­saban en cambios institucionales, es decir en cambios so­ciales, la Historia Ecológica ha introducido las variables ambientales en la polémica, especialmente en lo que se re­fiere a la escasez o abundancia de determinados recursos

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la Revolución Industrial fue parte de una tremenda reestructuración ecológica.




Se ha llegado a
plantear que la
Citrilizacián
Industrial surgió
como una
necesidad
ecológica» antes
que económica­

naturales. Algunos historiadores han aducido motivacio­nes ecológicas para el surgimiento de la Revolución In­dustrial en Inglaterra y no en otros países, incluso se ha lle­gado a plantear que la civilización industrial surgió como una «necesidad ecológica» antes que económica. Vamos a verlo con algún detalle.

Se ha sugerido que el estímulo inicial que provocó el cambio hacia la sociedad industrial fue consecuencia di­recta de la escasez de recursos y otros efectos ecológicos, provocada por la necesidad de satisfacer los requeri­mientos de una población en constante crecimiento. Las innovaciones tecnológicas que generaron la Gran Trans­formación fueron, pues, resultado de «una lucha valien­te de una sociedad puesta contra el muro ecológico». Como puede verse, las argumentaciones de tipo neo­malthusiano tienen también bastante difusión en este campo de la investigación. El argumento principal de esta posición parte de que en la Inglaterra preindustrial la po­blación dependía de la tierra casi para todo: la comida, la bebida, la lana para los tejidos, los bosques para el com­bustible, materiales de construcción y herramientas, el pasto para los animales de transporte, etc. Cuando la po­blación comenzó a crecer con fuerza a mediados del siglo XVIII, la presión sobre la tierra se intensificó y puso al des­cubierto su limitada disponibilidad. La escasez de tierra se encuentra en el origen de los intentos positivos por in­crementar el rendimiento por hectárea y en la necesidad de buscar ingresos complementarios mediante nuevas ac­tividades manufactureras.

La Revolución Industrial inglesa no fue inicialmente una cuestión de nuevas industrias, sino del desarrollo de in­novaciones técnicas en las ya establecidas. Tales innova­ciones pretendieron superar la escasez de materias primas que, a su vez, la escasez de tierra había traído consiga.La necesidad de mayores cantidades de alimento llevó a au­mentar la extensión de las tierras cultivadas en detrimen­to de los bosques, menguando así las disponibilidades de madera y leña. La creciente necesidad de maderas y de combustible doméstico para una población en aumento, provocaron una escasez que sirvió de contexto favorable para la sustitución de la leña por el carbón. Del mismo modo, la escasez de tierras hizo aumentar el coste relati­

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vo del uso de energía animal, en tanto que el carbón para las máquinas de vapor era abundante y, por tanto, barato. El desarrollo del vapor fue, pues, favorecido ecológica­mente.
Las industrias textiles y la máquina de vapor
A finales del XVIII también creció la demanda de energía rotatoria para los textiles de algodón; ya no hubo lugares adecuados en la ribera de los ríos para la construcción de nuevas norias. Boulton y Watt desarrollaron entonces la primera máquina de vapor aplicada a la generación de ac­ciones rotatorias. Por otro lado, la creciente expansión del comercio interior puso en evidencia la anticuada red de caminos ingleses y el alto coste de alimentación debido a la escasez de tierra. En estas circunstancias, la construc­ción de canales o el uso de otras formas de tracción no ani­mal, se vieron económicamente incentivados. La susti­tución de la leña por el carbón y de los caballos por fe­rrocarriles constituyeron, siempre según esta argumen­tación, una respuesta al incremento de los precios rela­tivos, causado por la escasez de tierra. Cuando la tierra comenzó a escasear resultó más rentable producir má­quinas que funcionaran con combustible fósil que caba­llos que tuvieran que usar tierra adecuada para el culti­vo agrícola. Las manufacturas textiles pudieron también expandirse sin amenazar la producción agrícola de ali­mentos gracias a las importaciones de algodón de la In­dia y, más tarde, de lana de Australia.

Sin embargo, esta simple y quizá por ello atractiva jus­tificación resulta insuficiente para explicar el complejo en­tramado de factores que hicieron la Revolución Industrial y con ella el auge del industrialismo. En esta posición his­toriográfica, la escasez de materias primas provocada por el crecimiento demográfico impulsa el cambio tecnoló­gico. La escasez, como fenómeno ecológico, se convierte en un poderoso factor económico que empuja hacia arri­ba el precio de los recursos naturales, estimulando la in­novación técnica. Con ello se da por supuesto que la eco­nomía de mercado, donde los precios son reflejo de la fun­ción reguladora de la oferta y la demanda, dominaba completamente la sociedad inglesa desde siempre y por

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El desarrollo del vapor fue favorecido ecológicamente.

El estímulo inicial

Que provocó el
cambio hacia la
sociedad industrial
fue consecuencia de
la escasez de
recursos.

La escasez empuja hacia arriba el precio de los recursos naturales, estimulando, la innovación técnica.


HISTORIA Y MEDIO AMBIENTE

LA GRAN TRANSFORMACIÓN

FI surSimiento de

La Revolución

Industnal fue un

problema de mercado y de conpetencia.

tanto su establecimiento como institución dominante no necesita explicación o análisis alguno. La innovación tecnológica en este contexto sería también producto de la elección racional de los individuos de entonces, familia­rizados con el cálculo monetario de costes y con la ra­cionalidad típicamente mercantil; dicha racionalidad ha­bría sido un atributo consustancial de la naturaleza hu­mana, cuyos orígenes históricos, por tanto, tampoco ha­bría que estudiar.

No vamos a entrar aquí a rebatir la existencia de la es­casez de recursos, cuestionada por algunos historiadores ecológicos en el caso de la madera y la leña, ni vamos a dis­cutir el difícil encaje que en la Economía Ecológica tiene los razonamientos económicos neoclásicos. Pero de entrada es discutible que la escasez de un determinado recurso se tra­duzca necesariamente en un aumento de su precio, como demuestra el caso actual del petróleo; calculado por el cos­te de extracción y rebajado con cuantiosas subvenciones, su precio impide reducir drásticamente su consumo para que las generaciones venideras puedan también usarlo sin que se agote.

Esta teoría que comentamos olvida el proceso de cam­bio institucional socioeconómico pero también político y de mentalidad que crearon unas condiciones favorables al surgimiento de la industrialización y que, en última ins­tancia, la explican. El surgimiento y desarrollo de la Re­volución Industrial fue primero un problema de mercado y de competencia antes que un problema de escasez; pro­blema que en todo caso pudo crear límites ecológicos, pero que no hubieran sido superados tecnológicamente de no existir una sociedad en la que el dinero, el interés indivi­dual, junto con un cambio en la concepción del mundo fa­vorable al desarrollo científico aplicado, constituían los va­lores dominantes de un nuevo y ascendente segmento de la sociedad, la burguesía.

La escasez de recursos pudo, efectivamente, alentar la búsqueda de alternativas y nuevas técnicas; pero por sí sola no puede explicar la generalización de la sociedad de mercado y de una forma de organizar la sociedad basa­da en la economía y el beneficio individual; de tal manera que Dos altos precios inducidos por la escasez fueran to­mados como estímulos. La falta de recursos naturales no

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sólo se produjo en Inglaterra, en el preciso instante del ini­cio de la industrialización, ocurrió en otras épocas y en otras partes del continente europeo donde la indusúia­lización fue más tardía. La escasez no siempre se tradu­jo allí en una subida de los precios y, cuando esto ocurrió, tampoco facilitó la sustitución por otras fuentes de ener­gía y materiales o nuevas técnicas. Téngase en cuenta que la escasez de una determinada fuente de energía o de ma­teriales es producto de una demanda social e histórica­mente creada por un tipo de relaciones sociales y un tipo de cultura que las envuelve. ¿Por qué, si no, siguió en as­censo la demanda de recursos naturales con el progreso de la economía industrial cuando las fuentes alternativas de energía y materiales habían permitido superar los lí­mites ecológicos impuestos por la escasez? ¿Por qué no cesó la demanda inglesa de madera y de leña con la sus­titución por el carbón? ¿Por qué la nueva economía de mercado contenía en sí misma una tendencia inmanente al crecimiento económico? Porque eran manifestaciones de la dinámica interna del nuevo sistema de relaciones so­ciales que se había impuesto en la Inglaterra del XVIII: el sistema capitalista. La Revolución Industrial fue, pues, una de sus manifestaciones principales. Fue el capitalis­mo el que creó la escasez y no a la inversa.

Ahora bien, si la escasez de energía y materiales no fue el motor del cambio, hemos de reconocer que la industrialización y el desarrollo de la sociedad industrial tuvo su so­porte en la explotación de nuevas fuentes de materiales y, sobre todo, el hallazgo de fuentes de energía alternativas: los combustibles fósiles. La expansión sostenida del cre­cimiento económico, basado en el consumo masivo de re­cursos naturales, pudo continuar gracias al paso de un sis­tema energético basado en fuentes renovables (energía so­lar en forma de madera, energía hidráulica, animal, etc ) a otro basado en fuentes no renovables, facilitado por una orientación concreta de la ciencia que ignoró el carácter fi­nito de las mismas. En efecto, con la Revolución Industrial y los procesos de industrialización comenzó a acelerarse, en progresión geométrica, el consumo energético y el des­equilibrio ambiental a largo plazo del planeta. Esta relación entre ambos procesos no fue casual sino producto de la es­trecha conexión histórica existente entre los orígenes y el

La ndustrialización y el desarrollo de la sociedad industrial tuvo su soporte en el hallazgo de fuentes de energía

alternativas.

La escasez de
recursos no puede
explicar la
generalizarióra de la
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rnercado.

Con la Revolución Industrial comenzó a acelerarse en progresión geométrica el consumo

energético.




desarrollo de la actual crisis ecológica y los mecanismos más íntimos del sistema capitalista: la acumulación o re­producción ampliada del capital, como tendencia con­sustancial al sistema.
Mecanización de la industria
En la Europa preindustrial, el capitalismo comenzó a de­sarrollarse sobre la base de la organización preexistente de los procesos de trabajo, subordinándolos a su lógica sólo formalmente, sin provocar aún su transformación. La acumulación de capital y la maximización de los benefi­cios -principal objetivo de la actividad empresarial- se consiguió entonces mediante jornadas interminables de trabajo y salarios de hambre. Las energías renovables, es­pecialmente la contenida en la fuerza de trabajo emple­ada, constituía el aporte esencial al proceso de trabajo y la base de los mencionados beneficios. Sin embargo, es­tos no podían ampliarse indefinidamente: era imposible alargar más allá de un punto determinado la duración de la fuerza de trabajo, ni rebajar el salario por debajo del lí­mite de la subsistencia; tampoco era posible incrementar el tamaño y amplitud de la actividad industrial sin com­prometer las fuentes de energía, especialmente los bos­ques. Existiera o no un problema real de escasez, el caso es que la reproducción ampliada del capital se encontraba con el límite ecológico impuesto por el tiempo de repro­ducción de la madera, muy superior a la velocidad de ro­tación del capital, y a la escasez de lugares adecuados para el uso de energía hidráulica. La forma en que históricamente se superaron tales limitaciones fue me­diante el aumento de la capacidad productiva de la ener­gía contenida en el trabajo.

Entre los métodos utilizados cooperación, división del trabajo y mecanización de la industria- nos interesa especialmente este último. Los medios de trabajo se con­virtieron, entonces, de simples herramientas en piezas de un mecanismo para cuyo funcionamiento la energía hu­mana, animal, vegetal o hidráulica resultaron insuficientes. Al ampliarse el volumen de las máquinas y multiplicarse también el número de herramientas con las que operaba el trabajador simultáneamente, se hizo necesario un meca­

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nismo motor más potente. Este se encontró en las fuentes de energía fósil, concretamente en el carbón que presentaba una serie de ventajas económicas y ecológicas respecto de la leña. Esta había de recogerse en áreas muy amplias, cada vez más lejanas del centro donde debían quemarse, enca­reciendo el coste de recolección y transporte; las economías de escala eran, desde esa perspectiva, muy difíciles de conseguir, imponiendo restricciones energéticas al tama­ño de las unidades productivas. Una fundición de hierro a mediados del siglo XVIII, no podía producir más de dos mil toneladas al año.

La escasez de lugares ribereños adecuados, la capaci­dad de los ríos y los problemas derivados del transpor­te de la energía hidráulica imponían restricciones simi­lares a los molinos de agua. Además, la expansión in­dustrial tendría que haberse realizado a costa de exten­sas áreas de cultivo, dedicándolas a plantaciones silvíco­las para energía. Todo el territorio inglés tendría que ha­berse dedicado al cultivo de árboles de no haber existido el carbón. En 1820, un tercio de la superficie de Inglate­rra y Gales se habría dedicado a tal propósito para sa­tisfacer la demanda de la producción británica de acero con carbón vegetal; a mediados de siglo, la superficie ne­cesaria habría abarcado al conjunto del país.

El crecimiento económico británico pudo haberse aho­gado de no producirse un cambio esencial en el sistema energético. Este se vio favorecido por motivaciones eco­nómicas o crematísticas que orientaron la búsqueda de so­luciones técnicas a los límites ecológicos planteados ha­cia el carbón: las fuentes de carbón mineral eran abun­dantes y ofrecían una mayor potencia calorífica que la leña. La relativa abundancia de energía, generada por el uso de biomasa fosilizada hizo, pues, posible el desarrollo económico industrial desde finales del siglo XVIII.

Antes hubo que superar muchos problemas tecnológicos. Buena parte del esfuerzo de los científicos estuvo orientado hacia la solución de problemas prácticos: in­cremento de la producción de las minas, de la capacidad de navegación; pero sobre todo, el incremento y concen­tración de la energía rotatoria mediante la invención de un convertidor de energía revolucionario: la máquina de va­por. A finales del XVIII, las innovaciones en el terreno de la

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Al ampliarse el volumen de las maquinas se hizo necesario un

mecanismo motor mas potente,este se encontró en el carbón.

La reproducción
ampliada del capital
se encontraba con el
mite ecológico
impuesto por el
tiempo de
reproducción de la
madera.

El uso de biomasa

fosilizada hizo

posible el desarroIlo

económico industrial desde finales del siglo XVIII




minería, la metalurgia y el transporte habían quedado li­gadas al carbón de tal manera que la expansión subsi­guiente por Europa del modelo de economía industrial quedó íntimamente unido al consumo de este tipo de ener­gía fósil o no renovable.
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