Historia y medio ambiente






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Inglaterra, primer pais capitalista del mundo
Se ha llegado a afirmar que el carbón fue un requisito fun­damental para la industrialización. Inglaterra reunió las dos condiciones esenciales para desarrollar una economía de base carbonífera y por ello fue la primera en industrializarse: la existencia de grandes reservas de carbón dispo­nible en su subsuelo y, mediante una amplia red de canales, facilidades para transportarlo. Países como Italia o Grecia que carecían de carbón, aun teniendo buenas comunicacio­nes por mar; o Alemania que aun teniéndolo no poseía las comunicaciones adecuadas, tuvieron que esperar hasta que el transporte por ferrocarril y vapor estuvieron desarro­llados. No obstante, puede objetarse que si la Revolución Industrial surgió en Inglaterra fue también porque fue el primer país plenamente capitalista del mundo y, por tan­to, el primero que estuvo en disposición de intentar solu­ciones técnicas de acuerdo con sus propias y específicas li­mitaciones ecológicas Y la disponibilidad de recursos ener­géticos alternativos, marcando a partir de ese momento en un sentido determinado el subsiguiente desarrollo de la economía europea y mundial.

El mecanismo típicamente capitalista de maximización del beneficio llevó, pues, a la progresiva mecanización de la producción ; o dicho en términos de economía ecoló­gica: a la progresiva adicción o sustitución de energía hu­mana por cantidades crecientes de materiales y com­bustibles fósiles -no renovables por tanto- en el proceso de trabajo. El desarrollo de las fuerzas productivas como tendencia intrínseca a la propia lógica del capitalismo, co­rría paralelo al receso, paradójicamente, de los recursos naturales. Como ya advirtiera Marx, la expansión del ma­quinismo resultaba una necesidad inscrita en la propia di­námica de la acumulación capitalista. Si esta no era sino la transformación de la plusvalía en capital, la mecani­zación creciente de los procesos de trabajo por tanto, la

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maximización del beneficio posible impuesto por la com­petencia- era una necesidad requerida por la producción ampliada, típica del capitalismo. De esa manera la pro­ducción de mercancías, en constante crecimiento y di­versificación, fue, y lo sigue siendo hasta hoy, el resultado del consumo cada vez mayor de energía y materiales del sistema industrial globalmente considerado, dentro de ac­tividades productivas cada vez más complejas y sofisti­cadas.

El criterio que guió, pues, el nuevo desarrollo de la eco­nomía fue la búsqueda de la máxima productividad del tra­bajo mediante el uso de tecnologías capital-intensivas. La explotación de la naturaleza a gran escala se convirtió en el reverso de la explotación del hombre. De la misma ma­nera que el trabajador se vió despojado del producto de su trabajo, haciendo posible el beneficio capitalista, la natu­raleza comenzó a ser explotada para incremento de la pro­ductividad del trabajo mediante la externalización del cos­te generado por el uso de unos recursos limitados cuyo consumo producía, además, residuos. Dicho en otros térmi­nos, cuando el trabajo humano empezó a ser sustituido por energía fósil y materiales en el proceso de trabajo para con­seguir mayores beneficios, creció la necesidad de la eco­nomía capitalista de abaratar las materias primas y en­contrar nuevas fuentes de energía y materiales, expulsando de sus costes los creados por el creciente volumen de de­sechos de la actividad productiva. El incremento de la ex­plotación del trabajo humano sólo fue posible gracias al au­mento de la explotación de la naturaleza.

Los avances en el terreno del aprovisionamiento y con­sumo de energía pueden ser una buena muestra de ello. La crisis que afectó a los países occidentales en el siglo xix a partir de los años setenta, fue superada mediante un nue­vo salto adelante en el proceso de acumulación capitalis­ta. Los beneficios se habían estancado debido a que el cre­cimiento económico dependía en exceso de una mano de obra cada vez menos abundante y más cara;la sustitución de energía humana por energía mecánica fue de nuevo la solución, dando lugar a una utilización mayor y más in­tensiva del carbón y del vapor. El consumo de carbón se multiplicó por cuatro en Estados Unidos entre 1873 y 1895, por tres en Alemania, en Inglaterra pasó de 110 a 220 mi­


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El criterio que guió el nuevo desarrollo de la economía be la búsqueda de la máxima

productividad del trabajo mediante tecnologías capital-intensivas.

La Revolución
Industrial surgió en
inglaterra porque
fue el primer país
plenamente
capitalista del
mundo.

El mecanismo de
maximización del
beneficio llevó a la
progresiva
mecanización de la
producción


HISTORIA Y MEDIO AMBIENTE

MILES DE MILLONES DE TONELADAS MÉTRICAS/ANO

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El consumo mundial de metales arrojó un ligero descenso durante la recesión económica de principios de los años 80, pero luego se sustuvo en aumento. Desde los años 70, su crecimiento viene siendo más li­neal que exponencial.

fuente :H.Meadows et el.,Más allá de los límites del crecimiento, Madrid, Aguilar/el País, 1992, pág.115.

llones de toneladas y en Francia de 20 a 40 millones. En este último país, la potencia instalada de máquinas de vapor pasó de 336 mil caballos a un millón ochocientos mil CV. A finales de siglo, el carbón suponía el 70 por ciento del combustible utilizado, en tanto que e1 27 por ciento era aún de madera y e1 3 por ciento restante gas, energía hidráu­lica y petróleo.

El consumo de esta nueva fuente de energía fósil per­maneció, sin embargo, estancado prácticamente hasta co-mienzos de siglo, a pesar de que en 1859 comenzó en Pen-silvania su explotación productiva. Diferentes mejoras téc­nicas convirtieron el petróleo en una energía más barata y fácil de utilizar que el carbón. El petróleo protagoniza­ría, pues, un nuevo impulso en e1 proceso de acumulación

Las tasas de utilización de energía y la contribución relativa de distinta fuentes reflejan la evolución de la tecnología además del crecimiento de la población mundial. Pese a que los combustibles fósiles dominan la provisión de energía primaria, la participación del carbón alcanzó su máximo en tomo a 1920, cuando constituía más del 70 por ciento del combustible consumido; la participación del petróleo alcanzó su má­ximo con una aportación de poco más del 40 por ciento. La electricidad primaria en este gráfico incluye tanto la energía hidroelectrica como la nuclear.

Fuente: H. Meadows et al., Más allá de los límites del crecimiento, Madrid,

Aguilar/El País, 1992, pág_100.

capitalista, superando la Depresión económica de 1929 y abriendo una nueva fase expansiva después de la se­gunda guerra mundial. Constituyó, además, el sostén bá­sico de dos fuentes secundarias de energía que revolu­cionaron las estructuras de consumo tradicionales: la elec­tricidad y el motor de explosión. La primera permitió, me­diante el establecimiento de redes a las que debían co­nectarse los aparatos, mecanizar muchas de las tareas do­mésticas. De hecho la producción mundial de energía comercial se multiplicó casi por dos entre 1920 y 1950 en tanto que la producción de electricidad lo hizo casi por

LA GRAN TRANSFORMACIÓN

Consumo mundial de metales











MILLONES DE TERAJOULES , POR AÑO

Consumo mundial de la energía





Combustibles tradicionales

leo

Combustibles tradicionales

1940 ASO 1960 1970

1980

1900

1930

960

1990

El petroleo protagonizaría,

pues, un nuevo

impulso en el

proceso de acumulación

capítalista.




El parque movil

tuvo desde
comienzos de siglo
un crecimiento casi
exponencial que
aún no se ha
detenido

ocho. El motor de explosión, una vez perfeccionado, permitió la aparición de una de las bestias negras del medio ambiente: el automóvil. El parque móvil tuvo desde co­mienzos de siglo un crecimiento casi exponencial que aún no se ha detenido y que amenaza seriamente las reservas energéticas y la estabilidad climática del planeta.Entre 1905 y 1938, por ejemplo, el número de automóviles ma­triculados en Estados Unidos pasó de 79 mil unidades a 29,4 millones; en esa fecha Europa contaba ya con 8, 3 mi­llones de unidades. Estas y otras innovaciones energéti­cas permitieron una aceleración sin precedentes del con­sumo de energía exomática, dando lugar a los patrones actuales de consumo masivo de bienes y servicios de tan funestas consecuencias ecológicas. El aumento en la ve­locidad de rotación del capital pudo hacerse así posible y con ella el crecimiento de los beneficios.

En definitiva, el bajo precio del petróleo -no calculado más que por su coste de extracción- facilitó la sustitución del carbón y que, inmediatamente después de la segunda guerra mundial, prácticamente todo el sistema económi­co acabara utilizándolo como fuente de energía para el transporte, energía motriz para la industria, calefacción do­méstica, producción de gas, industria química, etc. Si en 1949 representaba una cuarta parte del consumo mundial de energía primaria, en 1973 rozaba ya casi mitad; de los 400 millones de toneladas de petróleo equivalente se pasó a los 2.600 millones, convirtiéndose en la primera fuente de energía térmica del mundo.

Estas tendencias, que han convertido al sistema capi­talista en un sistema altamente entrópico, se han mantenido prácticamente hasta la actualidad. Un nuevo intento de sustitución energética -aunque esta vez fallida- la nuclear lo puede testimoniar. No obstante, desde finales de los años sesenta, y sobre todo, desde los inicios en 1973 de la crisis petrolífera y la creciente preocupación por los residuos, la economía capitalista ha comenzado a asignar valores a las deseconomías provocadas por el progresivo agotamiento de las fuentes fósiles de energía y de minerales por un lado, y por el necesario tratamiento de los residuos por otro. La consecuencia de este aumento de costes ha sido la bús­queda de tecnologías productivas más eficientes en el con­sumo energético y de materiales que, sin embargo, no han

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conseguido contrarrestar la fuerza expansiva contenida aún en el sistema.
Regímenes comunistas:

su repercusión en la crisis ecológica
La crisis ecológica no ha sido, sin embargo, responsa­bilidad exclusiva de los países capitalistas; los llamados regímenes comunistas han desempeñado también un pa­pel muy importante en su gestación. Y ello porque tan­to las ideas orientadoras como los intereses creados por sus grupos dominantes no constituyeron nunca una al­ternativa real al sistema capitalista .La asunción sacrali­zada y dogmática de Marx hizo que los dirigentes co­munistas se mantuvieran dentro de la misma racionali­dad económica producción y consumo- que había ser­vido de base al sistema capitalista, en la creencia de una mayor eficiencia del sistema socialista. En efecto, el pro­ductivismo y la competencia con los países capitalistas, fundamentados en una concepción errónea e interesada por las nomenclaturas del papel de las fuerzas produc­tivas como agentes del cambio hacia el comunismo, man­tuvieron el contrasentido de la acumulación socialista. El mecanismo de la intensificación del trabajo, a costa de subsidios crecientes de energía y materiales no renova­bles, no fue sustituido en los regímenes comunistas y fue la base tanto de la competencia con el Oeste como de la aceleración del desarrollo de las fuerzas productivas. Pero con la peculiaridad de que la prevalencia de la bu­rocracia hizo que, para alcanzar unas determinadas cotas de productividad del trabajo, se emplearan a menudo más recursos Y se contaminara más que en muchas economí­as occidentales.

El constante incremento de la productividad se ha tra­ducido, pues, en términos ecológicos, en un incremento pa­ralelo del desorden natural. Desde los inicios de la Revolu­ción Industrial, la actividad económica no ha hecho sino transformar recursos naturales de baja entropía en pro­ductos de utilidad temporal, que luego ha eliminado de­volviéndolos al ciclo ecológico en forma de residuos de alta entropía. Todo ello a una velocidad muy superior a la ca­pacidad de la naturaleza para absorberlos y para reponer

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La crisis ecológica no ha sido responsabilidad exclusiva de los países capitalistas.





los recursos consumidos. Como consecuencia se han de­sarrollado nuevas formas mucho más peligrosas de con­taminación.

Si hemos de ser rigurosos, la contaminación no es un fe­nómeno contemporáneo, ha existido prácticamente desde siempre como un subproducto de la actividad humana. Por ejemplo, la llamada contaminación microbiana, causada por las bactérias de la materia en descomposición. Este tipo de contaminación ha afectado históricamente con mayor intensidad a las ciudades, por la suciedad depositada en las calles embarradas, por las aguas sucias provenientes de las viviendas, etc. Fuente permanente de enfermedades y malos olores, este tipo de contaminación fue combatida a lo largo del siglo XIX con medidas como el alcantarillado que, sin embargo, sólo ofreció soluciones parciales ya que, hasta hace poco tiempo, las aguas residuales eran vertidas sin depurar a los mares v ríos próximos. Hoy en día la ma­yor parte de los asentamientos urbanos del Tercer Mundo carecen aún de este recurso. El caso es que con el creci­miento de las ciudades este tipo de contaminación se ha multiplicado de manera significativa.

En 1800 sólo un 3 por ciento de la población mundial vivía en ciudades. Londres fue la primera en alcanzar el millón de habitantes en 1820. A principios de este siglo once ciudades superaban el millón, cifra que se había ele­vado a 75 en 1950. Por esas fechas una de cada cien per­sonas vivía en tales urbes, en tanto que en 1980 la pro­porción se había reducido a una de cada diez. En 1976 ha­bía un total de 191 ciudades con más de un millón de ha­bitantes, siendo en la actualidad casi 300. Si en 1900 el por­centaje de población total del planeta que vivía en ciu­dades se había elevado al 15 por ciento, en 1960 suponía va e133 por ciento para situarse en e143 por ciento a me­diados de los ochenta. La Historia Ecológica debe, sin em­bargo, poner en cuestión la bondad de este proceso bien visto siempre en la historiografía convencional. Desde el punto de vista ecológico, las ciudades constituyen au­ténticos ecosistemas desorganizados y en continuo des­equilibrio ya que no producen ni energía ni materiales pero sí grandes cantidades de residuos. Ejercen una pre­sión constante sobre los ecosistemas rurales v naturales en términos de captación de energía, agua, alimentos y

El área industrial que se extiende a lo largo del Ruhr ha tenido una dramática e impresionante historia. Durante los cien últimos años ha sido la mayor
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