La historia economico-ecologica






descargar 0.57 Mb.
títuloLa historia economico-ecologica
página2/5
fecha de publicación27.03.2017
tamaño0.57 Mb.
tipoDocumentos
med.se-todo.com > Historia > Documentos
1   2   3   4   5
esta­blishment ecotecnocrático internacional, pero, de todos modos, quizás al libro le falte investigación histórica de los actores socia­les del ecologismo popular, más allá del recuerdo ritual de Chico Mendes, ya que en América latina el ecologismo de la superviven­cia ha existido históricamente.

Para los historiadores económicos, esta nueva historia ecológi­ca significa un cuestionamiento muy fuerte de sus instrumentos de análisis, ya que implica la sustitución del análisis económico neo­clásico (como en la Nueva Historia Económica de los años seten­ta) o del análisis económico clásico o incluso schumpeteriano, por un enfoque eco lógico-económico. Este nuevo enfoque, al cual se acercó mucho Karl Polanyi en The Great Transformation, plan­tea cuestiones sobre la compatibilidad entre los sistemas de pro­ducción y el marco ecológico que los rodea, sobre las diferencias ecológicas entre minería, agricultura, pesca, producción indus­trial, sobre la demanda de generaciones futuras y sobre la evalua­ción de externalidades, que las diferentes escuelas de historia económica han dejado hasta ahora de lado. Así, los historiadores económicos publican series de aumentos de productividad por persona en diversos países (como ha hecho Angus Maddison), y parece que todos entendemos qué hay detrás de esas cifras. Ahora bien, los outputs quizás están contados a precios demasiado altos

porque no les restamos el valor de los residuos o los subproductos perjudiciales, y los inputs son quizás demasiado baratos porque no incluyen en su valor el sacrificio que su uso ha impuesto a las generaciones futuras (a causa de su no disponibilidad posterior, si se trata de recursos no renovables, o de recursos renovables agotados), y tampoco se cuentan las externalidades actuales y fu­turas que el uso de los inputs quizás implica como pérdida de otras funciones ambientales. Los aumentos de productividad de la historia económica se basan, pues, en una contabilidad dudosa, sin que esto quiera decir que sepamos cuáles son los valores que verdaderamente internalizan las « externalidades» dentro del siste­ma de precios. Por ejemplo, ¿cómo debería tratar la historia económico-ecológica el hecho de que la productividad agrícola haya aumentado, por persona y por hectárea, según la contabili­dad económico-crematística habitual, mientras que la productivi­dad energética ha disminuído?

Los historiadores económicos han hecho también estimaciones retrospectivas del PNB de diversos países y han construido índices de producción industrial, pero todavía no han hecho reconstruc­ciones históricas de las series de «gastos protectores.» contra el im­pacto ambiental de la economía, ni tampoco han reconstruido series de PNB corregidas según la actual crítica ecológica, tanto por lo que se refiere a la contabilidad de los recursos no renova­bles gastados (contados como ingresos según la Contabilidad Na­cional habitual, en lugar de disminución del patrimonio) como por lo que se refiere a la contabilidad de las funciones ambientales deterioradas por el crecimiento de la economía (Leipert, 1989;Hueting, 1980; Ahmad et al. 1990). Tenemos índices de produc­ción industrial, no tenemos series de indicadores de contamina­ción industrial y todavía menos tablas de conversión de indicadores de contaminación industrial en valores crematísticos (¡quizá sea mejor así!). Finalmente, como veremos más adelante,la perspectiva ecológica también pone en cuestión la habitual his­toria económica de las relaciones regionales e internacionales. En el caso español, hay que destacar la contribución, pionera desde el punto de vista metodológico, de Naredo, Gaviria y otros (1979)




al estudio de la explotación exterior de Extremadura, que es un trabajo importante de geografía ecológica regional y un intento de intervención política aprovechando la contradicción entre eco­logía humana y economía crematística.
¿La longue durée?

En la historiografía francesa de raíz geográfica se acepta la tesis posibilista según la cual el medio ambiente no determina la estruc­tura socioeconómica, sino que permite diversas posibilidades, pe­ro se piensa que el ambiente cambia de forma más lenta que la economía o que la política y por tanto se considera que es un fe­nómeno de la longue durée braudeliana. Ahora bien, precisamen­te en la época de Felipe II, y unos años atrás, había rapidísimos cambios ecológicos en una parte de su imperio, un auténtico co­lapso demográfico y una sustitución de especies de enormes di­mensiones. El medio ambiente no se debe ver siempre como un fenómeno de longue durée. La obra de Crosby (1972, 1987) sobre los enormes cambios ecológicos en las neo-Europas provocados por la llegada de los europeos, muestra que la ecología cambiaba con mayor rapidez que la economía e incluso que la política. Sin cambiar la dinastía de los Habsburgo y con continuidad en la eco­nomía mercantilista colonial, hubo enormes cambios ecológicos en Iberoamérica. Y, ciertamente, en los dos últimos siglos, los cambios ecológicos son a menudo tan rápidos que no se adecúan en absoluto a la idea de la longue durée. Un ejemplo es el cambio de las pautas de consumo desde 1950 en los países ricos, con un cambio importante del ritmo de extracción de los recursos de la naturaleza, con la motorización generalizada, con un aumento sin ningún precedente del consumo de carne; pero en otros lugares se han producido también otros cambios de pautas de consumo (por ejemplo, la sustitución del maíz por el trigo en algunos países de América) de cronología distinta pero también muy rápida. Es in­cluso posible que el clima, que parecía un fenómeno de larga du­ración, con evoluciones lentas, tenga ahora cambios globales rapidísimos de origen humano.

La historia socioecológica aporta, pues, una investigación abierta, no sólo a la influencia de la naturaleza sobre la economía humana, sino a la influencia humana sobre la naturaleza, sin nin­guna suposición de partida acerca de las respectivas periodicida­des de cambio. Son temas de antigua tradición geográfica (George Perkins Marsh, Woeikof, Carl Sauer, Jean Brunhes y la escuela alemana de la Raubwirtschaft), sin que de todos modos la geogra­fía histórica haya sido una historia ecológica. Si en geografía se habla, por ejemplo, de geografía de la energía (título de un libro de Pierre George), se piensa en la distribución de las minas de car­bón y de los pozos de petróleo en el espacio, y en el transporte de estos combustibles y de la hidroelectricidad, y no en la descrip­ción de los sistemas energéticos de la humanidad.

¿Implica por tanto la historia ecológica una periodización dife­rente? El tema se ha discutido en referencia a la noción puntual en el tiempo de revolución industrial, tan atacada hoy desde di­versos lados (por ejemplo, por los estudiosos de la protoindustria­lización). He citado ya antes las discusiones actuales sobre el modesto papel real de la máquina de vapor como fuerza motriz. En cualquier caso, si hay que conservar la máquina de vapor co­mo símbolo, quizá sea mejor hablar (como hizo Jacques Grine­vald, 1974) de la «revolución carnotiana», o quizá de la «revolución termoindustrial», para bautizar la nueva visión de la conversión y la disipación de la energía en el siglo XIX, diferente de la visión mecánica anterior. Pero el tema es mucho más amplio que el de las enmiendas ecológicas a la periodización de la revolu­ción industrial.
¿Por qué no ha habido una historiografía ecológica marxista?
Ni la historia económica neoclásica, ni tampoco la historia eco­nómica de raíz schumpeteriana han incluido hasta ahora los as­pectos ecológicos. En mi opinión, ni Wilkinson (1973) ni Boserup (1965) hicieron realmente historia ecológica, aunque estaban muy cerca de hacerla. En la historia económica no se estudian los te­mas de ecología humana que han estado también ausentes en la




historiografía marxista. Marx y Engels eran contemporáneos de los físicos que, entre 1840 y 1851, establecieron las leyes de la ter­modinámica (Joule, Mayer, Clausius, Thomson que se convirtió en Lord Kelvin); y es sorprendente la falta de interés por el estu­dio del flujo de energía manifestado por Marx y Engels y por los historiadores marxistas posteriores. Quizá la razón sea el econo­micismo marxista, es decir, el marxismo es una rama de la econo­mía clásica que no ha podido escapar de la prisión de las categorías económicas a pesar de sus pretensiones de ser un «ma­terialismo histórico». O quizás a los historiadores marxistas, que presentan el capitalismo como un sistema económico histórico, no «natural», les ha parecido que introducir consideraciones eco­lógicas conducía a una «naturalización» de los sistemas socioeco­nómicos, a buscar las causas de su estabilidad o su cambio en la naturaleza y no en la historia humana de los conflictos entre cla­ses sociales. De hecho, las diferencias entre la ecología humana y la ecología de otras especies son lo bastante claras como para disi­par cualquier reduccionismo naturalista. Yo veo tres grandes dife­rencias: en primer lugar, no tenemos instrucciones genéticas con respecto al consumo exosomático de energía y materiales; en se­gundo lugar, la demografía humana, a pesar de seguir la curva lo­gística característica de cualquier población, es una demografía «consciente», que depende de estructuras sociales, de la libertad social de las mujeres; finalmente, la territorialidad humana y la distribución geográfica de la humanidad, las migraciones y las prohibiciones de migraciones, no son hechos de la «naturaleza» ni se pueden explicar de forma convincente con analogías etológi­cas. Por tanto, lejos de «naturalizar» la historia, la introducción de la ecología en la explicación de la historia humana « historiza» la ecología, ya que la ecología humana (es decir, las relaciones en­tre las sociedades humanas y la naturaleza) no se entiende si no entendemos la historia de los humanos y sus conflictos. La ecolo­gía no es ningún telón de fondo de longue durée, sino parte de nuestra historia.

¿Por qué la historiografía social marxista no ha incluido des­pués esa dimensión ecológica? Aún cuando se pueda encontrar en

los textos de Marx diversos atisbos ecológicos, el marxismo y el ecologismo no se han integrado todavía (sobre este tema volveré una vez más en el último capítulo). En el marxismo hubo, contra esa integración, obstáculos epistemológicos (el uso de categorias de la Economía Política) y obstáculos ideológicos (la visión de un comunismo de abundancia, tras una etapa de transición en la que persistirían el Estado y una cierta desigualdad). El gozne analítico de esa integración entre la ecología humana y la economía marxis­ta habría de ser la redefinición de los conceptos marxistas de fuer­zas productivas y condiciones de producción.

Hasta ahora, el marxismo es más economicista que materia­lista-energetista, los valores que no son parte de la economía ni cuentan ni sabe como contarlos. En un contexto capitalista avan­zado, el enfoque eco-socialista no destaca ya la contradicción en­tre la tendencia a la acumulación de capital y la explotación de la clase obrera, sino que señala las dificultades que la escasez de re­cursos y la contaminación crean a la acumulación de capital. La crisis del capital por el menoscabo de sus condiciones de producción, se hace sentir únicamente a través de valores de cambio, por la elevación de los precios, o ¿debe verse más bien en el surgimien­to de movimientos sociales ecologistas? Efectivamente, en los años 1970 podía parecer que la elevación de los precios de algunos recursos naturales hacía crecer las rentas percibidas por sus pro­pietarios y hacía decrecer la tasa de ganancia del capital. En los años 1980 la tendencia ha sido la contraria, pero eso no nos dice nada de interés sobre la articulación entre la ecología y la econo­mía capitalista ya que precisamente los costes ecológicos no se manifiestan necesariamente en los precios, pues los precios no in­corporan externalidades negativas. Que el petróleo haya bajado de precio no indica que sea más abundante que hace quince años, indica solamente que el futuro está siendo infravalorado. Enrique Leff ha escrito en México que son los movimientos sociales, y no los precios, los que ponen de manifiesto algunos de los costes eco­lógicos. Este argumento es muy pertinente en México. Como vi­mos, los precios de mercado pueden cuestionarse si se adopta un horizonte temporal más largo, que revalorice por tanto el precio




de los recursos energéticos agotables. El argumento que, al expor­tar recursos agotables, se produce un intercambio desigual pues los precios del mercado infravaloran las necesidades futuras, es un argumento políticamente casi inédito, que crecerá en el Tercer Mundo en los próximos años, aunque el problema es en México cual es el sujeto social capaz de adoptar esta estrategia de revalori­zación frente al vecino del Norte que contempla las importaciones de petróleo no ya en términos de ventajas comparativas (falsa­mente computadas) sino en los terminos inapelables de la «seguri­dad nacional» que justificaría cualquier cosa, incluida la intervención militar (como en la guerra colonial de Irak en 1991)para asegurar el flujo de petróleo del Sur hacia el Norte (Yergin,1988). Si no consiguen petróleo barato a través del NAFTA (apro­piadas siglas, que designan la North American Free Trade Asso­ciation), los Estados Unidos (que importan la mitad del petróleo que gastan) son capaces de usar la fuerza. ¿Qué queda del agraris­mo mexicano del tiempo de Emiliano Zapata, el hombre que hizo la revolución porque rechazó el tipo de cambio social capitalista que la historia le ofrecía? Parecía que quedó poco y aún menos cuando el presidente Salinas convirtió los ejidos nacidos de la re­forma agraria en tierra privada que se puede comprar y vender. También parecía quedar poco del nacionalismo cardenista que de­fendió el petróleo mexicano. Pero podría ser que el ecologismo popular (con su crítica racional a las doctrinas de los economistas, con su posible arraigo entre los pobres) volviera a dar actualidad a esos viejos temas de la historia mexicana.

México no es realmente un país productor de petróleo, pues en la economía de mercado, se llama habitualmente producción a lo que es extracción. Extraer significa sacar sin reponer, así el petróleo no se produce sino que se extrae, y se destruye. La perversión del lenguaje económico habitual se percibe, por ejem­plo, en la denominación de «reservas extractivas» para las zonas de la Amazonia aún no privatizadas, el aprovechamiento de cuyos productos recogidos según procedimientos habituales no implica deterioro ecológico, siendo por tanto genuinos productos; a ese « extractivismo» se contrapone un uso «productivo» (para la

ganaderia, por ejemplo) que en las condiciones amazónicas es­quilma la tierra, y es por tanto un uso destructivo y no pro­ductivo.

Los críticos ecológicos de la Ciencia Económica llegan a la con­clusión de que los costes ambientales no son internalizables ni por una economía de mercado ni por un proceso de planificación cen­tralizada. En la frase de James O'Connor, las luchas socio­ecológicas internalizan las externalidades negativas, por lo menos algunas de ellas. Los costes ecológicos aparecen en la contabilidad cuando son puestos de manifiesto por grupos sociales: esa es la perspectiva de los pobres del mundo, que vincula la crítica ecoló­gica de la economía con las luchas sociales. Los movimientos so­ciales en defensa a la vez de una «economía moral» y de una «economía ecológica» son movimientos que se resisten a la incor­poración de recursos naturales, cuya utilización era regulada por instituciones comunales, en la esfera de la valoración monetaria, ya que el sistema de mercado generalizado discrimina contra los pobres (y contra las generaciones futuras). Recién estamos apren­diendo a ver la historia socio-económica desde este punto de vista ecologista.
1   2   3   4   5

similar:

La historia economico-ecologica iconI a história do Pensamento Econômico: um resumo

La historia economico-ecologica iconVii encuentro Ibérico de Historia del Pensamiento Económico

La historia economico-ecologica iconSucesion ecologica

La historia economico-ecologica iconProyecto ecologica

La historia economico-ecologica iconEscuela de Restauración Ecológica

La historia economico-ecologica iconAgricultura de biológica/ecológica

La historia economico-ecologica iconLa revolucion ecologica de nuestro tiempo

La historia economico-ecologica iconLas invasiones biológicas y la Restauración Ecológica

La historia economico-ecologica icon2012 producciòn y comercializaciòn de papa de año ecològica en el municipio de belèN

La historia economico-ecologica iconEstudio de los Animales centinela y la relación de estos con la salud ecológica


Medicina





Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com