La historia economico-ecologica






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Ecología Política, 2, 1991, sobre el «quinto centenario del colapso demográfico», con las bibliografías relevantes. La ecología humana estudia el balance entre población y recursos. El estudio histórico de la población, a cargo de la historia demográfica, ha avanzado sobre un terreno más seguro que el estudio histórico del uso humano de los recursos, demasiado influído por los conceptos y las construcciones teóricas de la economía convencional.

nalidades». A veces, estas externalidades son la causa de movi­mientos sociales: por ejemplo, contra la contaminación acústica producida hoy en día por una autopista, o contra los «humos» de una fundición en cualquier suburbio industrial europeo o nortea­mericano hace cien años. Las protestas hacen subir los costes de las empresas (o de los servicios estatales) y de este modo tienen la función de «internalizar» en cierta medida las «externalida­des». Pero, a menudo, las « externalidades» sólo serán percepti­bles en un futuro incierto y lejano. Su percepción y valoración sociales no son en absoluto automáticas: un ejemplo claro fue el movimiento antinuclear dirigido durante veinte años sólo contra sus aspectos militares. Las « externalidades» que tienen un ámbito global (el agujero de la capa de ozono, el incremento del efecto invernadero, la desaparición de especies) no han sido causa de movimientos sociales espontáneos en contra. Hay muchos otros ejemplos de aceptación social pacífica. La química agraria ha sido aceptada durante décadas, incluso se la ha visto como una de las señales más claras de progreso económico, pero, por ejemplo, las luchas obreras en los campos de algodón de América central con­tra el uso de pesticidas posiblemente tengan antecedentes no estu­diados en otros lugares (¿en la Andalucía de los años sesenta, por ejemplo`?). Si los buscáramos, posiblemente encontraríamos indi­cios, incluso en la historia de Catalunya anterior a 1939, en un país tan industrialista y relativamente tan proletarizado, de un movimiento agroecológico consciente que quizás existiera.

Es posible que muchas luchas campesinas hayan sido implícita­mente luchas por una agroecología. El inmenso capital de conoci­mientos botánicos de los campesinos y los grupos tribales no ha sido muy valorado (ahora lo es, científicamente, en la ciencia de­nominada Etnobotánica), y el avance de la agricultura «moder­na» comporta un proceso acelerado de erosión genética, es decir ,de pérdida de variedades autóctonas. Esto se podría estudiar his­tóricamente en Catalunya, al igual que se estudia actualmente enlos Andes o en África occidental (Brush, 1987; Richards, 1985) y también se puede estudiar en algunos casos la resistencia indígena y campesina a adoptar las variedades proporcionadas por el siste­




ma de agrobusiness. Como vimos en capítulos anteriores, ahora está empezando un movimiento de defensa de estos conocimien­tos agroecológicos indígenas y campesinos, que a menudo las em­presas farmacéuticas o agrícolas aprovechan gratuítamente, un proceso cada vez más fuerte debido a las nuevas biotecnologías (Posey, 1991; Hobbclink, 1991). Los agricultores, cuando dispo­nen de tierra, disponen a la vez de una fuente de energía gratuíta, la energía solar, y disponen también del agua de la lluvia, y de la materia prima para sembrar y esto les da una capacidad conside­rable de resistencia contra el sistema de mercado generalizado, ya que pueden retirarse del mercado sin perder totalmente las posibi­lidades de existencia.
Una conclusión
Los temas de historia ecológica que he presentado aquí no com­ponen un repertorio exhaustivo. Mi lista de temas y la forma en que los trato son, de todos modos, suficientes para aclarar cuál es mi concepción de la história ecológica que aplicaré a la historia andina en un capítulo posterior, y que por otra parte es similar a la de Ramachandra Guha y otros autores, incluso los más «bio­lógicos» y relativamente menos sociales, como por ejemplo Al­fred Crosby. ¿Cuáles deberían ser las relaciones entre la historia ecológica y la historia económico-social? La pregunta, para mi, que soy economista y autor de un libro de Economía Ecológica en el que hice la historia de algunas críticas ecológicas contra la ciencia económica convencional, se parece mucho a la de cuáles deberían ser las relaciones entre la Ecología humana y la Econo­mía. Aparte de los sectarios fanáticos que piensan que la Econo­mía ha tratado suficientemente bien, en su magnífica autarquía intelectual, las cuestiones de asignación de recursos naturales, y aparte de los que querrían cobijar la Ecología Humana en las Fa­cultades de Ciencias como una pequeña especialidad que no hace daño a nadie y no tiene relación alguna, ni manifiesta ni escondi­da, con la economía, hay otras dos escuelas. La de la Economía Ambiental y de los Recursos Naturales: cómo introducir algunas

pequeñas modificaciones en la economía habitual para medir las externalidades (que se consideran fenómenos más bien secunda­rios) y para establecer criterios de asignación intertemporal de re­cursos, renovables y no renovables. La Economía Ambiental y de los Recursos Naturales va a parar a una política económica de im­puestos pigouvianos, a mercados de externalidades, a tasas de descuento «Sociales» inferiores a las del mercado, a técnicas de valoración de contingencias, y otros loables y meritorios intentos de fingir que no existe una verdadera contradicción entre la eco­nomía crematística y la ecología humana. Por contra, hay otra es­cuela más radical, la Economía Ecológica, que no es una rama del tronco común de la Teoría Económica habitual, sino una revisión a fondo, quizá un ataque destructivo, contra la ciencia económi­ca, ya que llega a la conclusión de que los elementos de la econo­mía son inconmensurables, destruye pues la teoría del valor económico (cf. Naredo, 1987; Martinez Alier y Schlüpmann, 1991: O'Neill, 1993), y propone que la ciencia económica no sea sólo una «crematística» (el estudio de la formación de los pre­cios), sino también una oikonomia, esto es, el estudio del aprovi­sionamiento material y energético de las comunidades humanas,es decir, ecología humana.

Para la historia ecológica, las opciones son parecidas. Separar­se de todos, hacer una escuelita. O, por el contrario, ser un peque­ño complemento de moda, una pincelada verde dentro de la historia económica y social habitual. O, tercera opción, que yo propongo, actuar subversivamente dentro de la historia económi­ca y social, hacer una historia ecológica que incorpore el estudio histórico de los conflictos sociales, una historia ecológica radical contra una historia económica que ha confiado demasiado en los conceptos y teorías no sólo de la economía convencional, sino también de las interpretaciones schumpeterianas y de las interpre­taciones marxistas.


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