Placer y peligro. La construcción social de la sexualidad femenina a lo largo de la historia






descargar 95.49 Kb.
títuloPlacer y peligro. La construcción social de la sexualidad femenina a lo largo de la historia
página2/3
fecha de publicación09.02.2018
tamaño95.49 Kb.
tipoDocumentos
med.se-todo.com > Historia > Documentos
1   2   3

El discurso médico científico


Todas estas ideas eran apoyadas no solo por el discurso religioso sino también por el discurso científico elaborado por la ciencia médica. El discurso de la medicina no se transforma en profundidad desde la Edad Media hasta el siglo XIX. El conocimiento médico del cuerpo femenino permanece anclado entre un aristotelismo que reduce lo femenino a lo incompleto y, por otro lado, un galenismo que lo encierra en la inquietante especificidad del útero.

Las obras de medicina dejan percibir una visión negativa del sexo femenino; los hombres griegos y romanos que escribieron sobre ciencia y medicina tomaron al varón como modelo y consideraron a la mujer como una variante inferior.

Aristóteles decía: “la mujer es como si fuera un varón deforme”, mientras que Galeno en el siglo II sostenía que la mujer era un hombre vuelto al revés, “los ovarios eran testículos más pequeños, menos perfectos”, y la carencia de perfección de la mujer comparada con el hombre se explicaba por la necesidad de reproducción de la especie. Según la interpretación “tradicional” de Galeno (+201), el feto es credo a partir de dos espermas, uno masculino y otro femenino, sin embargo Aristóteles creía que solo el hombre segregaba esperma y que la mujer proporcionaba el tejido pasivo sobre el que actuaba el esperma masculino.

Tanto en Grecia como en Roma el símbolo del órgano masculino erecto significaba buena suerte y se solía colocar ante los hogares y en los jardines, mientras que el símbolo de los genitales femeninos servía para identificar los burdeles. En la actualidad la simbología ha quedado anclada en determinadas expresiones coloquiales: Coñazo, representa todo lo negativo; cojonudo lo positivo.

La creencia clásica de que las mujeres eran frías y húmedas, en tanto que los hombres calientes y secos procedía de Hipócrates; lo frío correspondería con lo inferior: “La mujer es menos perfecta que el hombre –escribe galeno en el siglo II – porque es más fría”.

Esta famosa teoría de los temperamentos siguió siendo utilizada hasta el siglo XVIII. Partiendo de esta teoría físicamente la mujer se define siempre en términos de oscuridad, debilidad, frialdad, humedad. Según una tradición que partía de Hipócrates, el carácter de la mujer y su estado general estaban condicionados por el útero. Este dependía de dos fuerzas externas: la luna y la imaginación, e incrementaba las pasiones femeninas, aunque también la compasión y el amor.

Apoyándose en estos supuestos la disciplina médica ofrecía un retrato no sólo físico, sino también un perfil psicológico de las mujeres, se las describe como débiles, coléricas, celosas y mentirosas, mientras que los hombres son valientes, razonables, ponderados, eficaces...la ciencia trata de demostrar que estas son características inherentes a la naturaleza de las mujeres y, por tanto, se ven impedidas para dedicarse a las letras o la ciencia, aparecen inscritas en una imperfección congénita.

El Sexo como Peligro


El discurso que generaliza la Iglesia medieval es el de la sexualidad entendida como peligro y, por tanto, pecado. No obstante, a partir del siglo XII se entabla un animado debate en torno a la sexualidad de los fieles, podemos identificar dos posturas, una conservadora para quienes el acto sexual nunca estaba libre de pecado, ni siquiera en el matrimonio y que el coito realizado para satisfacer el placer constituía un pecado mortal, frente a estas afirmaciones encontramos otras posturas algo más aperturistas que defendían que “El sexo conyugal como la comida, sólo era condenable el exceso”.

Los canonistas, médicos y autoridades seculares más sensatas coincidían en que la sexualidad dentro del matrimonio era un asunto legítimo y que el matrimonio era el escenario conveniente para ello.

Sin embargo, tras la celebración del Concilio de Trento (1530) triunfaron definitivamente las posturas más moralizantes y cerradas. No sólo se vigilaba el comportamiento de los solteros, sino que fueron objeto de atención las posibles conductas pecaminosas entre los esposos.

Una posible explicación de este interés de moralistas y teólogos por la sexualidad matrimonial, que apuntan J. Delumeau y Foucault, consideran que fue la práctica de la confesión la que había conducido a los directores de conciencia a interrogarse e interrogar, cada vez en mayor medida, a los penitentes sobre sus comportamientos en el uso del matrimonio.

La confesión se había convertido en un instrumento eficaz para conocer la realidad de la conducta de los fieles en materia sexual y, al mismo tiempo, para difundir un modelo que, dentro del proceso de moralización que afectó al matrimonio y a la familia, trataba de someterles a una disciplina sexual, semejante a la que el estado trataba de imponer a sus súbditos en otros aspectos de la vida.

El contenido de esta doctrina, se fijó casi por completo en los primeros siglos de la Era cristiana y no se transformó radicalmente hasta el siglo XX.

Uno de los rasgos esenciales era la condena del placer en las relaciones conyugales. Puesto que el matrimonio es admitido y elevado a la categoría de sacramento, difiere radicalmente de la fornicación mientras que ésta busca el placer, la única finalidad del matrimonio era la procreación.

En los intentos de la iglesia por regular la intimidad marital, se van a valer de un procedimiento efectivo, imponer una conducta determinada a través de la política del miedo, la condena eterna:
“Si se abandonasen esperando algún placer de su unión pasarían a estar mancillados, ya que transgreden la ley del matrimonio, pero aun cuando hayan permanecido fríos como el mármol deberán purificarse si quieren volver a aproximarse a los sacramentos”.
Partiendo de la necesidad tanto de hombres como de mujeres del contacto sexual

“los unos por su vigor y las otras guiadas por la lascivia”se estipula que éstos deben ser libres para realizarlo, pero se van imponiendo una serie de reglas para controlarlo, sólo debe ocurrir en el lugar adecuado, en el momento oportuno y en la forma correcta.

Los manuales de confesión y guías matrimoniales son escritos muy explícitos, a través de ellos podemos conocer los límites tan estrechos a los que tenían que adaptarse los esposos en el ejercicio de la sexualidad. Estos límites afectaban tanto al espacio como al tiempo y al modo en que debían desarrollarse sus relaciones conyugales. Estos escritos se encargaban de orientar acerca de la forma correcta de realizar el acto sexual.


  1. El lugar: reservado para la intimidad marital de los esposos era el lecho conyugal, la intimidad debe permanecer oculta a cualquier mirada extraña y secreta para todos. El pudor y la discreción era lo que Juan Luis Vives recomendaba a las casadas en todo cuanto se refería a lo que de palabra o de hecho pasaba con sus esposos en su cámara.

  2. La finalidad: la única finalidad que puede conducir la expresión de la sexualidad entre marido y mujer debe ser la procreación


“...las relaciones sexuales entre marido y mujer tienen que ser gobernadas más por la razón que por la sensualidad y aquellos que practican el sexo con cualquier otro propósito que el de la procreación, como el apetito y vano contentamiento, son culpables de un pecado muy grave. Si un hombre quiere relacionarse con su mujer sólo por sensualidad y no para procrear, ella tiene el derecho de negarse a obedecerlo. Además si él la amenaza e intenta forzarla, ella tiene la obligación de resistirse, incluso hasta la muerte...”.


  1. Las relaciones conyugales estaban limitadas por el respeto de tiempos en que la iglesia prohibía la cohabitación entre los esposos. Tomemos como ejemplo la referencia a este hecho realizada por Fray Querubino de Siena:


“...las relaciones sexuales estaban prohibidas los domingos, durante la cuaresma, el día en que se tomaba comunión, durante la menstruación (que Dios le dio a la mujer para vuestra humillación, en palabras del propio autor), durante el embarazo y durante la lactancia...”
Con respecto a las restricciones siguen abundando otros autores, en este caso M. Rodríguez Lusitanos manifiesta:
“...En el tiempo del menstruo si el marido lo sabe y con todo esto pide el débito, debe la mujer con palabras y ruegos blandos apartarle de si, salvo si teme en el peligro de la polución, más si ignorándolo lo pide , puede alegar otra ocasión o enfermedad si la tiene más no está obligada a manifestar al marido la inmundicia porque no le cause horror. Y si con todo esto no se quitare está obligada a pagarle...si el marido sabe del menstruo no peca mortalmente pidiendo el débito y tal puede ser la tentación que tiene que aun no peque venialmente...”.
Estas restricciones daban lugar a unas relaciones matrimoniales muy reducidas, teniendo en cuenta que la vida adulta de las mujeres transcurría entre embarazos y lactancias sucesivas.


  1. También se imponía restricciones a la forma de llevar a cabo el acto sexual. La postura adoptada en la relación conyugal debía ser aquella que asegurase la procreación. La causa del rechazo a otras posturas estaba asociada a la necesidad de mantener en la propia posición el orden natural, que asignaba a la esposa un papel pasivo simbolizado en su colocación inferior y al varón el activo al situarse sobre ella.

De todas las posturas la que merece un mayor rechazo es la que se denomina “Mullier super Virum”.

Este modo es absolutamente contrario al orden de la naturaleza dado que se opone a la eyaculación del hombre y a la retención del semen en la cavidad femenina. Además, no solamente la posición sino la condición de las personas importa. Es, en efecto, natural para el hombre hacer y para la mujer dejarse hacer...”.

Todos los manuales de confesión aluden a este aspecto y consideran pecado la alteración de este uso natural en las formas de acoplamiento.

Ahondando en las normas de comportamiento encontramos explícitamente todas las restricciones que se establecen:
“...no debía hacerse muy frecuentemente, porque perjudica la salud, debía hacerse frente a frente, sin utilizar las manos o la boca, sin obscenidad o desnudes visible, sin violencia y sin insultos...se consideraba que la eyaculación fuera de la vagina era un pecado y la reconocía como un método anticonceptivo...en cuanto al lugar estipulan que se deben unir en tales partes generadoras, ordenadas por Dios para tal oficio, para engendrar, y si el acto se consuma utilizando otros órganos, siempre pecáis mortalísimamente; y tanto tu mujer consintiente como tu hombre paciente...”.
Todas estas normas de comportamiento de las parejas se trataba de imponer por medio de la represión, el castigo, el miedo, la amenaza del pecado, de arder en el fuego del infierno ó la amenaza de las concepciones con defectos, en este sentido Gregorio de Tours avisaba a sus oyentes que “los monstruos, los tullidos, todos los niños enclenques eran concebidos el domingo por la noche”.
Aunque las normas eran prescritas para que fueran acatadas y cumplidas por ambos sexos, la responsabilidad del incumplimiento de las mismas recaía desproporcionadamente sobre las mujeres, ya que según los filósofos, teólogos, médicos, escritores y moralistas, las mujeres poseían un mayor apetito sexual. Las mujeres eran consideradas las seductoras y corruptoras del bienestar social.
En cuanto a la sexualidad femenina desde el punto de vista de la medicina, en la baja Edad Media la mayoría de los doctores de la época se situaban en un galenismo prudente, pensaban que tanto hombres como mujeres segregaban esperma, a ello habría que añadirle la influencia de los tratados árabes escritos entre los siglo IX y XII, todos ellos insisten en la necesidad de la actividad sexual para la salud de los individuos.

Avicena (+1037), acaso el más influyente de todos los autores, destacaba la relación que existía entre la fertilidad y el placer sexual. Avicena partía del supuesto de la existencia de los dos espermas y recalcaba la importancia de la estimulación de las zonas erógenas femeninas. Otro autor influyente, Ibn Fallita (1350-1400), censuraba a los hombres que privaran a las mujeres del placer sexual.

Por su parte el médico Bernard de Gordon, (1303) estaba convencido de que solo el sexo conyugal era saludable para los hombres; “Rondar desvergonzadamente los burdeles deja estériles a los hombres honestos”, así mismo afirmaba que “El coito se permite solo para la procreación, en estas circunstancias cualquier miembro de la pareja podía reclamarlo como un derecho: era el “Debito Conyugal, que mencionaban los moralistas.

Johann Hartieb, médico de la Corte del duque de Babiera pone en sus tratados mayor énfasis en el erotismo femenino y advierte que el tratado pretende ser de provecho para las personas casadas, afirma Hartlieb, es más pernicioso para el cuerpo y el alma que la relación sexual sin placer. Otros tratados alemanes del siglo XV dirigidos a los matrimonios, subrayan que la satisfacción sexual es necesaria para el bienestar de la pareja y la procreación de descendientes sanos. En el siglo XV, un manuscrito de Lille atribuyen la esterilidad masculina al sexo sin amor


1   2   3

similar:

Placer y peligro. La construcción social de la sexualidad femenina a lo largo de la historia iconCeguera de los Ríos: La historia de un éxito en peligro?

Placer y peligro. La construcción social de la sexualidad femenina a lo largo de la historia iconMujeres importantes a lo largo de la historia

Placer y peligro. La construcción social de la sexualidad femenina a lo largo de la historia iconInfluencia de su cultivo en las exportaciones argentinas y en el...

Placer y peligro. La construcción social de la sexualidad femenina a lo largo de la historia iconPublicado en First Things 97 (November 1999): 28-33
«replantearse la actitud frente a la sexualidad humana». Parte de este curso incluía varias horas de películas pornográficas agresivas,...

Placer y peligro. La construcción social de la sexualidad femenina a lo largo de la historia iconDivulgar los logros obtenidos por las científicas a lo largo de la historia

Placer y peligro. La construcción social de la sexualidad femenina a lo largo de la historia iconArcos a lo largo de la historia, nos han hecho herederos de un importante...

Placer y peligro. La construcción social de la sexualidad femenina a lo largo de la historia iconHistoria en construcción: inicio del proyecto Puerto Punta Colonet

Placer y peligro. La construcción social de la sexualidad femenina a lo largo de la historia iconEl desarrollo de la química a lo largo de la historia ha necesitado...

Placer y peligro. La construcción social de la sexualidad femenina a lo largo de la historia iconResumen En la carrera atlética de velocidad, numerosas son las variantes,...

Placer y peligro. La construcción social de la sexualidad femenina a lo largo de la historia iconA lo largo de la historia de la humanidad, la forma predominante...


Medicina





Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com