La lección de la odisea 62




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CEGUERA Y LUCIDEZ


No estoy arrepentido de haber sido comunista entre los años 1932 y 1939. En ese año, en el momento de la paz germano-soviética, comencé a lamentarlo. En 1940, fui francamente anticomunista. Cuando me topaba con comunistas, el combate se tomaba áspero. Pero hasta 1939 había sido comunista, incluso cuando, al formar parte del ejército desde 1937, ya no pertenecía al Partido. Al pensar hoy en aquello, acepto las numerosas ilusiones que tenía y los errores intelectuales que cometí. Me imaginaba que la época apuntaba hacia un progreso de la ciencia y del saber, de la armonía entre los pueblos. Pensaba que las ideas religiosas y reaccionarias estaban condenadas a debilitarse con motivo del desenvolvimiento técnico y científico; que las barreras entre los pueblos, las fronteras, eran desmentidas en cierta medida por todo lo que se hacía en materia de intercambio económico e intelectual. Era un pensamiento totalmente ingenuo y erróneo. Ya no pienso más que la época esté orientada hacia el progreso.
¿Estaba completamente equivocado con respecto a la Unión Soviética? No totalmente. Tenía mis reservas, porque había estado allí en 1934. Había visto que en ese país el tema no era fácil. Pero, justamente, me decía que, como no era fácil, no se podía dar una opinión definitiva. Pensaba que un pequeño burgués francés como yo, racionalista, no podía comprender todo lo que allí pasaba. Dicho esto, en la medida en que todos esos errores, esas ingenuidades, esas ilusiones, esas falsas direcciones estaban ligadas a ciertos rasgos de la sociedad francesa, desde la filosofía de

las Luces hasta las tradiciones laicas y socializantes de mi infancia, pero también a una aproximación marxista y crítica, declaro y sostengo que esas circunstancias nos permitían comprender lo que otros no comprendían.
Cuando reflexiono sobre mi actitud en esos años, observo que, curiosamente, la ceguera puede dar lugar a la lucidez y, a veces, permitir el acceso a ella. Creo que tenía cierta lucidez frente a lo que pasaba en Italia, en Alemania, en España. Lucidez con relación a la política francesa que me ha hecho desear, en el momento de Múnich, que se levantara una firme barrera contra el nazismo. Lucidez que me ha permitido poner rápidamente en su sitio a ese viejo mariscal de Francia, con su quepis y sus ojos azules, que representaba todo aquello que detestaba la xenofobia, el antisemitismo, la reacción. Para mí, Pétain era la suma de todo lo que había combatido hasta entonces. No ha habido un segundo de duda.
Yo había vivido en 1936 la experiencia del Frente Popular y la conmoción que él había representado en todo el país. Los obreros salían de las rutas de vacaciones. Hubo una serie de cosas maravillosas. En 1940, todo eso se desplomó. No se trataba sólo del Ejército francés, ni tampoco de toda la población del este y del norte, que se lanzó al éxodo, sino de mi país, “mi” Francia, que se despeñaba y volaba en pedazos con ese hombre que se ponía al servicio de la Alemania nazi fingiendo ser un patriotas que hacía tocar marchas militares, que buscaba la bendición de la Iglesia católica para establecer leyes antisemitas y suprimía toda forma de vida democrática. La ceguera me daba una lucidez muy grande.
Se me dirá que en ese momento yo no era más comunista. Es verdad, no era más miembro del Partido. Pero permanecía vinculado a una visión marxista de la historia que en muchos sentidos era falsa. La concepción de la evolución social, por ejemplo, con el número de proletarios que debía ir en aumento, fue totalmente desmentida, al igual que muchos otros hechos. No podía imaginar que habría energía atómica. No estábamos en la época de esta fuente de energía, de la televisión, de Internet, sino en la de la máquina a vapor, la electricidad, el teléfono. Sin embargo, incluso diciendo esto, según una persona crítica respecto de Marx, pienso como marxista. Se trata de una manera marxista de reflexionar:
saber que, para comprender la dinámica de una sociedad, deben considerarse todos los niveles de lo real; en particular, lo que se denomina el aspecto material de la vida social, las técnicas, las formas de energía, lo económico.

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