La Doctrina Búdica de la Tierra Pura






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La Doctrina Búdica de la Tierra Pura
JEAN ERACLE

EN MEMORIA DE SHINRAN SHONIN,

fundador de la Jôdo-Shinshû, en el 800 aniversario de su nacimiento.

21 de mayo de 1173 - 21 de mayo de 1973.

Descargado de www.librosbudistas.com


La portada es del Buda Amitabha

con Avalokitesvara a su derecha

y Mahasthamaprapta a la izquierda.

Encima de ellos está su tierra pura y

debajo los nueve grados de asientos loto.

ÍNDICE

Advertencia del autor 4
PRIMERA PARTE
INTRODUCCIÓN A LOS «TRES SÛTRA»
I. Los Sûtra de la Tierra Pura 6

II. La influencia de los «Tres Sûtra» 8

III. El sabor único de los «Tres Sûtra» 10

IV. Los «Tres Sûtra» y el Budismo fundamental 12

V. La rueda de la impermanencia 14

VI. El juego de las causas y los efectos 16

VII. Los principios de la liberación 18

VIII. De Sâkyamuni a Amitâbha 20

IX. Los nombres del Buddha de la Tierra de la Suprema Felicidad 23

X. Los Votos Originales de Dharmâkara 28

XI. El contenido de los Votos Originales 31

XII. La doctrina de las Tierras Puras 36

XIII. Las Tierras de Buddha en la enseñanza de Vimalakîrtî 39

XIV. La comunión universal 44

XV. El renacimiento en el «Sûtra de Amida» 46

XVI. El renacimiento en el «Sûtra de la Contemplación» 48

XVII. El renacimiento en el «Gran Sûtra» 53

XVIII. El Budismo de la fe 58
SEGUNDA PARTE
EXTRACTOS DE LOS «TRES SÛTRA»
I. El «Sûtra de Amida» 62

II. El «Sûtra de la Contemplación del Buddha de la Vida Infinita» 66

III. El «Gran Sûtra del Buddha de la Vida Infinita» 76
GLOSARIO 95

ADVERTENCIA DEL AUTOR

En esta obra hemos limitado lo más posible el empleo de términos sánscritos o sino-japoneses, poniéndolos casi siempre entre paréntesis. De igual forma, hemos intentado evitar las notas al pie de página, lo que nos ha llevado a colocar al final un glosario al que el lector podrá en todo momento referirse. Las palabras sánscritas están transcritas de una manera simplificada; se pronunciará c, tch; j, y; n, ny; c es sh, y kh, j. Las expresiones chinas están transcritas según la manera japonesa de pronunciarlas. En la lectura de esta trascripción, se pronuncia cada letra; la sh se dice shy; la j, yi; la ch, tchy.

PRIMERA PARTE
INTRODUCCIÓN A LOS «TRES SÛTRA»
I

LOS SÛTRA DE LA TIERRA PURA


La espiritualidad llamada «de la Tierra Pura» constituye, sin duda, una de las formas más vivas del Budismo del Gran Vehículo (Mahâyâna).

Se apoya en tres libros fundamentales designados habitualmente con el nombre de «Tres Sûtra».

De entre ellos, el más importante es el «Gran Sûtra de los Ornamentos de la Tierra de la Felicidad» (Gran Sukhâvatî-Vyûha-Sûtra). Redactado en sánscrito hacia el siglo I de nuestra era, pronto pasó de India a China, donde fue traducido una docena de veces. De entre las pocas versiones chinas que hoy subsisten, la más venerada es el «Gran Sûtra de la Vida Infinita» (Dai-Muryôju-Kyô), texto acabado por Sanghavarman en el 252.

El segundo de los «Tres Sûtra» es conocido como el «Libro de la Contemplación de la Vida Infinita» (Kam-Muryôju-Kyô). El original sánscrito (Amitâyur-Dhyâna-Sûtra) está actualmente perdido. De las versiones chinas que de él se hicieron, sólo queda la traducción que realizó Kâlayasas en el segundo cuarto del siglo V.

El tercer libro es más corto. Su original sánscrito se llama «Pequeño Sûtra de los Ornamentos de la Tierra de la Felicidad» (Pequeño Sukhâvatî-Vyûha-Sûtra). Se poseen dos versiones chinas. Una de ellas está más ampliamente divulgada y apreciada: obra del gran traductor Kumârajîva, fue realizada en el 402 y lleva el nombre de «Sûtra de Amida» (Amida-Kyô).

No son, evidentemente, estos tres textos los únicos en los que Amitâbha (jap. Amida), el Buddha de la Tierra de la Felicidad, desempeña un papel de primer plano.

Así, también se conoce un texto en el que se enseña un método de concentración en este Buddha: se titula «Sûtra de la Concentración donde aparece Buddha en presencia inmediata» (Pratyutpanna-Buddha-Sammukhâvasthita-Samâdhi-Sûtra) y una de sus versiones chinas fue realizada en el 149 de nuestra era.

Otro documento depende de la misma tradición. Llamado «Sûtra de la Contemplación amplia como el océano en la que se contempla a Buddha» (Buddânusmriti-Samâdhi-Sâgara-Sûtra), fue traducido al chino por Buddhabhadra a principios del siglo V.

Un pequeño texto bastante popular se halla sin duda emparentado con los libros santos de la Tierra Pura: es el « Sûtra de Aparimitâyus» (Aparimita-Ayur-Jnâna-Sûtra). En él se dice que aquel que copie este Sûtra renacerá con seguridad en la Tierra de la Felicidad del Buddha Amitâbha.

Un libro chino muy extendido, el «Sûtra de la Marcha Heroica», que no debe confundirse con un texto indio del mismo nombre (Surangama-Samâdhi-Sûtra), expone una meditación sobre Amitâbha manifiestamente inspirada en los «Tres Sûtra» de la Tierra Pura.

Junto a los «Tres Sûtra», las escuelas de la Tierra Pura tienen por varios comentarios una alta estima. Unos están atribuidos a los filósofos indios Nâgârjuna (siglos II-III) y Vasubandhu (siglos IV-V), otros son obra de grandes maestros chinos o japoneses.
II

LA INFLUENCIA DE LOS «TRES SÛTRA»


Los «Tres Sûtra» han ejercido una influencia de primera magnitud sobre la mentalidad religiosa de Extremo Oriente.

En China, el primer grupo conocido de fieles de la Tierra Pura es la «Sociedad del Loto blanco» (Lien tsung), fundada por Hui Yuan a finales del siglo IV. A continuación este movimiento espiritual se desarrolló de manera considerable y proporcionó grandes maestros como T’an Luan († 542), Tao Ch’o († 645) y Shan Tao († 681).

La descendencia de los maestros chinos de la Tierra Pura continuó incluso después del declive del Budismo en China, habiendo vivido el último de ellos, Hsing An, bajo la dinastía manchú (1644-1911).

Lo que seguramente favoreció la persistencia de la Escuela de la Tierra Pura en China, fue que estaba muy cerca del pueblo, siendo simple su enseñanza y fácil su práctica. Los chinos nunca apreciaron demasiado las argumentaciones que tanto estiman los indios. Necesitaban doctrinas prácticas cuya eficacia fuese rápidamente comprobable. Un Budismo tan simplificado como el de los «Tres Sûtra» ofrecía, desde este punto de vista, todo lo necesario para satisfacerlos. Por otra parte, los chinos, con su carácter optimista, pronto prefirieron la imaginería de la Tierra de la Suprema Felicidad al ideal mucho más abstracto del Nirvâna.

Por supuesto, no se sabe gran cosa sobre la vida de los budistas en la China actual, pero puede suponerse que la doctrina de los «Tres Sûtra» conserva todavía su lugar intacto en la vida íntima de numerosos chinos.

Influyente también en Corea y en Vietnam, donde se armoniza muy estrechamente con la Escuela de Meditación (Zen), la espiritualidad de la Tierra Pura ha cristalizado en Japón en forma de cuatro escuelas que agrupan actualmente a unos quince millones de japoneses. Si las escuelas Yuzu-Nembutsu y Ji tienen poca importancia numérica, ocurre algo muy distinto con las otras dos, la Jôdo-Shû (Escuela de la Tierra Pura), fundada por Hônen († 1212), y la Jôdo-Shinshû (Verdadera Escuela de la Tierra Pura), establecida por Shinran († 1263). Esta última, repartida en diez ramas, es extremadamente floreciente. Primera de las escuelas búdicas japonesas en modernizarse, en los albores de la era Meiji (final del siglo XIX), ejerce una gran actividad en los ámbitos social y educativo. Posee ramificaciones en el mundo entero. Se ha extendido muy especialmente por el Pacífico, en Estados Unidos, Canadá, Brasil y, últimamente, en Europa.

La influencia de los «Tres Sûtra» no puede sólo limitarse a las escuelas consagradas al culto exclusivo del Buddha Amitâbha. De hecho, sean cuales fueren las ramas a las que pertenecen, muchos mahayanistas aspiran a renacer en la Tierra de la Suprema Felicidad descrita en estos Sûtra, y la práctica del Nembutsu, enseñada en estos libros, ha penetrado ampliamente, en el curso de la historia, en muchas otras escuelas búdicas del Gran Vehículo.

Por lo que acaba de decirse, se puede comprobar que los «Tres Sûtra» de la Tierra Pura representan una doctrina de alcance universal, cuyos grandes rasgos conviene describir ahora.
III

El SABOR ÚNICO DE LOS «TRES SÛTRA»


La doctrina de los «Tres Sûtra» es esencialmente búdica de principio a fin.

No se la puede, por tanto, interpretar fuera de las enseñanzas búdicas fundamentales. Precisamente a causa de este olvido, la mayoría de los autores occidentales han comprendido mal la doctrina y la práctica de las Escuelas de la Tierra Pura. Por su desconocimiento, han interpretado esa doctrina como un retorno al monoteísmo y esa práctica como un culto de devoción y amor análogo al Bhakti-Yoga de los hindúes e incluso a la mística cristiana. Pero no hay una sola línea en los «Tres Sûtra» que permita justificar tal manera de ver.

En realidad, los «Tres Sûtra» no tienen más que un solo sabor y ese sabor es el mismo que el de toda la enseñanza de Buddha. En efecto, él decía: «De igual manera que las aguas del gran océano no tienen más que un solo sabor, el de la sal, mi doctrina no tiene más que un solo sabor, el de la liberación.» Decía también: «¿Qué he enseñado? He enseñado: he aquí el sufrimiento, he aquí el origen del sufrimiento, he aquí la supresión del sufrimiento, he aquí el camino que conduce a la supresión del sufrimiento.» Al decir esto, Buddha rehusaba abordar las grandes cuestiones que con tanta fuerza agitan a la humanidad: Dios, la creación, la inmortalidad del alma, etcétera. Para él, todas estas cuestiones pertenecen al dominio de la opinión. Las coloca en bloque bajo las denominaciones de «Bosque de opiniones», «Desierto de opiniones» y «Juego de opiniones», mostrando así que sobre ello puede discutirse hasta perderse de vista sin llegar nunca a una certidumbre absoluta. En consecuencia, consideraba estos problemas como perfectamente inútiles para fundamentar una actitud práctica y alcanzar la paz espiritual. Es más, ya que todas las respuestas que se les aporte, tanto positivas como negativas, pueden siempre enfrentarse a la contradicción y la duda, las consideraba incluso perjudiciales y fuente de infinitas turbaciones. En consecuencia, enseñaba a sus discípulos a volver la espalda a todos esos vanos problemas para concentrar su esfuerzo en el equilibrio interior, pensando que una vez apaciguados interiormente, estarían en condiciones de ayudar eficazmente a los demás.

Los «Tres Sûtra» se mantienen rigurosamente dentro de esta perspectiva. No pretenden enseñar otra cosa que el camino de la liberación.

Al empezar el «Gran Sûtra», Sâkyamuni anuncia muy claramente su intención:

«Mediante una ilimitada compasión, es como Buddha se apiada de los tres reinos. He aquí para qué aparece en el mundo: para poner en evidencia las enseñanzas de la vía, en el deseo de salvar a la multitud de criaturas comunicándolas la verdadera felicidad.»

El «Sûtra de la Contemplación» se expresa de manera igualmente clara:

«¡Prestad mucha atención!, ¡prestad mucha atención!, ¡escuchadme bien! Os voy a explicar ahora con detalle cómo eliminar el sufrimiento y las tribulaciones. De esta manera podréis recordarlo y exponerlo ampliamente a los demás.»

Finalmente, el «Sûtra de Amida» proclama que todos los que sigan su enseñanza alcanzarán el último objetivo de toda vida espiritual según el Budismo:

«Si hay seres que en el pasado han emitido el voto, lo emiten ahora, o en el porvenir emiten el voto de renacer en la Tierra del Buddha Amida, todos ellos alcanzarán, sin nunca más retornar, el Supremo y Perfecto Despertar.»
IV

LOS «TRES SÛTRA» Y EL BUDISMO FUNDAMENTAL


La doctrina de los «Tres Sûtra» se apoya por completo en las grandes intuiciones fundamentales del Budismo, así como en su profundo análisis del contenido de la mente.

Esto se manifiesta con gran claridad en el hecho de que estos libros repiten y recuerdan constantemente, con formas variadas, los principales puntos de la enseñanza de Buddha.

Cuando, por ejemplo, el «Sûtra de Amida» describe las aves que aparecen milagrosamente en la Tierra de la Suprema Felicidad, precisa: «Todas estas bandadas de aves, seis veces por día y seis veces, por noche, emiten delicados y armoniosos cantos. Estos cantos se acuerdan para proclamar las Cinco Facultades, las Cinco Fuerzas, las Siete Partes del Despertar, las Ocho Divisiones del Noble Sendero y otras doctrinas semejantes. En esta Tierra, todos los seres vivos que escuchan esos cantos, empiezan a pensar en Buddha, a pensar en la Ley, a pensar en la Comunidad.»

En su introducción, el «Sûtra de la Contemplación» recuerda los principios de la vía búdica según el Gran Vehículo:

«Aquellos que desean renacer en la Tierra occidental de la Felicidad deben practicar tres actividades benéficas:

primero, deben respetar y cuidar de sus padres, servir a sus maestros, tener un corazón lleno de amor, no matar y practicar las diez buenas acciones;

segundo, deben tomar refugio en las Tres Joyas (Buddha, Ley, Comunidad), guardar todos los preceptos y no violar las reglas de la buena conducta;

tercero, deben producir el Pensamiento del Despertar, creer profundamente en la Ley de Causa-y-efecto, estudiar los escritos del Gran Vehículo y animar a los demás a progresar.

Eso es lo que se llaman las acciones puras… ¿No sabes ahora que estas tres clases de acciones son las acciones puras y correctas de todos los Buddha de los tres tiempos, del pasado, del presente y del porvenir?»

En otra parte, describiendo los estanques que adornan la Tierra de la Suprema Felicidad, el mismo texto añade:

«En cada estanque hay sesenta miríadas de flores de loto compuestas de siete joyas. Cada flor de loto es perfectamente redonda y se extiende sobre doce Yojana. Agua preciosa fluye entre las flores, brotando en surtidor de sus tallos. Su murmullo es delicado y maravilloso: canta la doctrina del sufrimiento, de la vacuidad, de la impermanencia, del no-yo y todas las perfecciones. Además, celebra los signos de excelencia de todos los Buddha.»

El «Gran Sûtra» también evoca a menudo los principios y prácticas de la más pura tradición búdica. Al describir el comportamiento de Dharmâkara, el futuro Buddha Amitâbha, durante el tiempo que siguió a su resolución de alcanzar el Supremo Despertar, no hace sino describir el ideal de todo budista:

«Durante centenares de millones de períodos cósmicos inconcebibles, acumuló y fijó las virtudes sin medida de un Bodhisattva.

No nacían en él ni la conciencia del deseo, ni la conciencia de la cólera, ni la conciencia de la maldad. En él no brotaban ni el pensamiento del deseo, ni el pensamiento de la cólera ni el pensamiento de la maldad.

No tenía la noción de una forma, de un sonido, de un olor, de un sabor, de un contacto, de un pensamiento.

Su paciencia era inalterable. Ningún sufrimiento lo afectaba. Teniendo pocos deseos, sabía contentarse. Ni la insatisfacción ni la necedad lo manchaban.

Estando en continua meditación, permanecía sosegado y su sabiduría era sin trabas.

No profería palabras vanas ni engañosas. Tenía un corazón tierno, un semblante sonriente y un lenguaje amable. Cuando se le preguntaba, contestaba siempre de la mejor manera.

Era intrépido y noble, cumpliendo sus votos sin cansarse. Siempre en búsqueda de la Ley pura, empleaba su saber en volver felices a todos los seres.

Veneraba las Tres Joyas y servía a sus maestros. Se adornaba con los grandes ornamentos de las prácticas suficientes y proporcionó así la fuerza a todos los seres para alcanzar la perfección.

Permanecía en la experiencia del Vacío, de lo Sin-forma y del No-deseo. Al practicar el No-actuar y el No-esfuerzo, consideraba todas las cosas como inconsistentes…»
V

LA RUEDA DE LA IMPERMANENCIA


Por no ser separables los «Tres
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