Lo real, lo imaginario, lo simbolico pablo Cazau






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LO REAL, LO IMAGINARIO, LO SIMBOLICO

Pablo Cazau


Se trata de tres puntos de vista desde los cuales es posible empezar a entender cualquier experiencia humana. Conceptos fundamentales en la teoría de Lacan, no pueden ser comprendidos cabalmente más que a través de una mutua articulación, donde cada uno adquiere su sentido en función de los otros. Hoy vamos a hacer un tímido acercamiento a los registros de lo real, lo imaginario y lo simbólico, un tema inagotable que fuera desarrollado por numerosos autores desde épocas inmemoriales, hasta que Jacques Lacan le dio una nueva vuelta de tuerca. Y lo examinaremos aquí desde esta última perspectiva en la forma más clara y sistemática que nos sea posible, tomándonos la licencia de introducir algunos comentarios y reflexiones que, pensamos, contribuirán a profundizar tan densa cuestión.


  1. LOS TRES REGISTROS


Lo real, lo imaginario y lo simbólico son conceptos centrales en la teoría lacaniana, a punto tal que Miller propuso dividir la enseñanza y la obra de Lacan en tres grandes periodos, según haya se haya puesto el acento en unos u otros conceptos: a) Hasta 1953, el interés de Lacan va a estar centrado en lo imaginario. En este periodo aparece un artículo fundamental sobre la fase del espejo. b) Desde 1953 hasta 1974, cuando Lacan analiza la experiencia humana sobre todo a partir de su dimensión simbólica. c) A partir de 1974, el psicoanalista francés se centrará especialmente en lo real.
No creo que este ordenamiento en los intereses de Lacan haya sido casual, y sin pretender psicoanalizar su obra, la secuencia parece reeditar las etapas por las cuales suelen pasar las experiencias humanas, como por ejemplo el emparejamiento: al principio es todo fantasía, después viene la sujeción a un orden universal: casarse, tener hijos, ejercer y transmitir la autoridad, etc. Finalmente y ya cerca de la vejez empieza a predominar la cruda realidad, cuya telón final será la muerte. Pero no especulemos tanto y vayamos a nuestro tema de hoy. Jacques Lacan parte de una idea importante, cuando dice que toda experiencia humana puede ser comprendida a partir de tres puntos de vista íntimamente vinculados entre sí: el punto de vista real, el imaginario y el simbólico, y que en las traducciones aparecen con el nombre de registros. 'Registrar' significa entre otras cosas inscribir un suceso en un texto. Cuando del barco se baja un container esto queda registrado en el libro de la aduana: "En tal fecha se bajó el container número tal". Cuando Lacan emplea este término, es probable que haga referencia a que lo real, lo imaginario y lo simbólico son tres formas en que pueden quedar registrados o inscriptos ciertos sucesos en nuestro psiquismo, transformándose en 'experiencias'. Es como si un mismo suceso, por ejemplo un sueño, quedara registrado, en principio, de tres formas distintas en el psiquismo: realmente, imaginariamente, simbólicamente, dando así lugar a tres modalidades diferentes de experiencias. Lacan señalará: "nada puede comprenderse de la técnica y la experiencia freudianas sin estos tres sistemas de referencia" (2). Comencemos por describir lo real.

La realidad y lo real



Lo real es uno de los conceptos más enigmáticos en la obra de Lacan, sobre todo porque este autor hace interpretaciones diferentes del mismo en distintos artículos. Incluso hay autores (1) que han identificado por lo menos tres versiones distintas de lo real. Aquí consideraremos especialmente una de ellas, que es por otro lado la que más suele difundirse: lo real como lo imposible, pero también haremos una breve referencia a las otras dos.
Lo primero que hace Lacan es aclararnos que lo real no es lo mismo que lo que habitualmente entendemos por realidad, pues esta última siempre está impregnada de lo imaginario.Vamos a explicarlo del siguiente modo.
Es indudable que conocemos cosas, sea cual fuere para nosotros el significado de conocer. Conocemos objetos, conocemos personas, conocemos a nuestros padres, y hasta nos conocemos a nosotros mismos, como cuando alguien dice "Me conozco y sé como reaccionaría en una situación así". Este orden en los elementos mencionados: objetos, personas, padres, nosotros mismos, tiene su porqué, en cuanto hay cada vez mayor 'distorsión' en el conocimiento de cada uno.
Empecemos con un objeto, como puede ser una estrella. Decimos que la conocemos porque observamos su posición, su brillo, y hasta su velocidad y su composición química, si acaso contáramos con los instrumentos adecuados. Pero en rigor, no conocemos la estrella tal cual es: solamente tenemos una imagen de ella, que es la que nos llega por la vista directa o por el telescopio. Incluso más, la estrella que estamos viendo ya no existe, habida cuenta del tiempo que tarda en llegar su luz en llegar hasta nosotros. Por ejemplo, Alfa-Centauris se encuentra a cuatro-años luz, lo que significa que su imagen tarda cuatro años en llegar a nosotros, lo que a su vez significa que estamos viendo esta estrella como fue hace cuatro años, no como es ahora.
Ni siquiera podemos decir que conocemos tal cual es un objeto mucho más cotidiano como una piedra: sólo tenemos una imagen de ella, aunque más no sea porque estamos viéndola desde una determinada perspectiva, no desde todas en forma simultánea. Y tampoco estamos viendo su interior. La realidad es la piedra que estamos viendo, que no tiene nada que ver con lo real, la piedra tal cual ella es. Otro ejemplo: no es lo mismo la rosa que percibimos que la rosa real. De la rosa estamos viendo sólo una de sus múltiples perspectivas, esto es, estamos viendo una parte de la rosa, que no es lo mismo que la rosa real, completa. Cuando se sustituye la rosa real por nuestra imagen de la rosa se pierde algo de ella; cuando sustituímos nuestra imagen de la rosa por la idea correspondiente se pierde otro tanto, y finalmente cuando reemplazamos la idea de rosa por el nombre de la rosa, se habrá perdido todo. Algo similar a lo que pasa con las personas (ver el último verso del poema lacaniano). Y hablando del nombre de la rosa, la novela homónima de Umberto Eco es una buena mezcla de novela tipo Sherlock Holmes y de reflexión en torno al nominalismo y el universalismo medievales. Todo un ejercicio para el intelecto. Si ustedes recuerdan, Kant había introducido una distinción entre el 'nóumeno' y el 'fenómeno': el nóumeno era la realidad tal cual es, en sí, mientras que el fenómeno es la realidad tal cual se nos presenta, es decir, la apariencia o la forma de mostrarse el nóumeno. Tenemos acceso solamente al fenómeno, pero no al nóumeno, porque nadie puede en principio, con el solo auxilio de la Razón Pura kantiana, conocer la realidad tal cual es.
Similares distinciones establecerá Lacan, quien parte del supuesto de que la realidad tal cual es es incognoscible. A esta realidad que no podemos ni remotamente conocer, Lacan la llamará "lo real". Por supuesto que en este punto podemos preguntarnos como sabemos que existe lo real, si no podemos conocerlo. Walt Disney decía: "No podemos hacer fantasías basadas en lo real, si no conocemos antes lo real", pero resulta que no real no se puede conocer, y aquí Disney se refería a la realidad cotidiana. Pero no entraremos aquí en reflexiones filosóficas sobre la realidad (3), y atenderemos solamente su aspecto psicológico y psicoanalítico.
Para ir sintetizando, definiremos lo real, de acuerdo con Lacan, como aquello que es imposible de conocer, y donde imposible de conocer significa que es imposible de imaginar o de simbolizar (o conceptualizar), es decir, lo que no podemos representar ni mediante imágenes ni mediante símbolos. Desde ya que podemos representarnos cosas con imágenes o símbolos, pero lo representado no será jamás lo real. Lo imaginario y lo simbólico son entonces acercamientos a lo real, pero sin llegar a alcanzarlo nunca.

Tres versiones sobre lo real.-



Sigmund Freud distinguía una realidad exterior de una realidad interna o realidad psíquica. En particular, se había referido a ciertas experiencias traumáticas que no habían sucedido realmente sino que habían sido imaginadas o fantaseadas pero que, a pesar de ello, ejercían la misma influencia sobre el psiquismo que si hubiesen acontecido realmente. Una conclusión que podemos sacar es: sobre el psiquismo influye tanto la realidad exterior (por ejemplo cómo actúan los padres con el niño) como la realidad interna o psíquica (por ejemplo las situaciones traumáticas fantaseadas). Lo que Lacan llama lo real abarcará todas estas dimensiones de la realidad.
Esquemáticamente, la llamada realidad exterior tiene que ver con el primer sentido de lo real, y la realidad psíquica con los dos últimos sentidos de lo real. Estos tres sentidos son los siguientes:
a) Un primer sentido puede verse en una dimensión clínica o en una epistemológica. Veamos esta última, vinculada particularmente con el conocimiento científico. Consecuentes con todo lo que venimos diciendo, podemos afirmar que tampoco el científico puede tener acceso a la realidad tal cual es; lo que hace es imaginársela mediante metáforas o modelos, y conceptualizarla mediante teorías. Lo real, referido aquí sobre todo a la realidad externa, es decir al universo, no sólo es lo desconocido sino además lo incognoscible, es aquello de lo cual no podemos tener ningún tipo de representación, salvo imaginaria o simbólica y por ende, nunca igual a lo real en sí. Por ejemplo el científico que vivía antes de la teoría de Newton tomaba contacto con una realidad: veía caer los cuerpos. Esto es la realidad tal como se nos aparece, no lo real, es decir es una imagen de lo real, de las muchas posibles imágenes que también puede haber (cuerpos que chocan, cuerpos que se dilatan, cuerpos que se desintegran, etc). Es una imagen que alcanza su máxima concreción en la escena donde Newton está sentado debajo del árbol y le cae una manzana en la cabeza. Sobre esta imagen, el físico inglés construye una conceptualización, basada en la ley de la gravedad. Esta conceptualización no es, sin embargo, lo real: todavía hoy los científicos se siguen preguntando qué es la gravedad. Decir que los cuerpos caen por efecto de la ley de la gravedad es recurrir a una conceptualización, porque en verdad la caída de los cuerpos es el efecto de algo desconocido e incognoscible: lo real. Tomemos un segundo ejemplo. "2001 Odisea del Espacio" es una película de Stanley Kubrick que marca el comienzo de la ciencia-ficción actual en el cine. En una escena, el astronauta David Bowman ingresa en una dimensión absolutamente desconocida de la cual no podrá volver nunca. El espectador se queda un poco frustrado, lo mismo que el lector del libro de Arthur Clarke en que se basó la película, porque no le aclaran o explican qué fue lo que vio Bowman, salvo a través de imágenes aproximadas pero que no son convincentes. Clarke tenía aquí conciencia de haber hecho tomar contacto con lo real a su personaje, y por tanto no podía poner ni en imágenes ni el palabras exactamente lo que Bowman vio. Nuevamente: lo real es irrepresentable.
b) Lo real como lo reprimido originariamente (4): Lo real es aquí el conjunto de representaciones que jamás podrán hacerse concientes. Lo real vuelve aquí también a ser lo imposible, y en este caso, lo imposible de irrumpir en la conciencia. Desde ya, esto no significa que estas representaciones no ejerzan su influencia en la vida de la persona. Una vez instalado lo reprimido primario u originario, empieza a funcionar como una bomba de succión: 'aspira' hacia el inconciente el nuevo material a reprimir, pero esto ya es la represión secundaria. De esta manera, la represión secundaria tiene lugar porque operan dos fuerzas: una que 'aspira' desde el inconciente, y otra que desde la conciencia 'empuja' hacia el inconciente.
c) Lo real como lo reprimido secundariamente: Es el conjunto de representaciones reprimidas secundariamente y que sí pueden aflorar a la conciencia, aunque bajo formas sustitutivas, tales como actos fallidos, chistes, etc. En la medida en que aflora bajo formas sustitutivas no es, nuevamente, lo real tal cual. El acto fallido, el síntoma, etc. podrán ser interpretados pero esta simbolización no alcanza para acceder a lo real, aunque sí para la curación.
Lacan relacionará especialmente lo imaginario y lo simbólico con las personas, más que con objetos inanimados, por lo que entraremos ahora en el territorio de lo imaginario y lo simbólico en relación con los 'otros'.

Lo imaginario



La cosa se complica un poco más, dijimos, cuando se trata no ya del conocimiento de un objeto como una estrella, sino del conocimiento de alguna persona: un compañero, un colega, el vecino o el verdulero. Aquí, por tratarse de un semejante, nuestra subjetividad 'deforma' aún más nuestra perspectiva: tal vez nuestro colega sea un dechado de virtudes, pero lo vemos como lo peor de lo peor. Como dijo alguien alguna vez, un colega es una persona que hace el mismo trabajo que nosotros, a pesar de lo cual carece totalmente de talento.
El abismo entre lo que es real y lo que imaginamos se acentúa todavía más cuando intentamos aprehender por ejemplo a nuestro padre o a nuestra madre, donde el compromiso subjetivo es aún mayor. Nadie nunca ve a su progenitor tal cual es: o lo ve más bueno, o más malo, o más honesto o más deshonesto, pero nunca tal cual es. Los hermanos, a pesar de tener al mismo padre, cada uno tiene su propia imagen de él, distinta a la del otro hermano.
Un ejemplo típico de visión 'distorsionada' del otro es la imagen que tiene el neurótico de un perverso, o de alguna estrella de la televisión o modelo top que ha sido instituída como sexy. El o la neurótica tienen una imagen de la estrella recargada de sexualidad, y tienden a creer que es alguien que puede disfrutar del sexo en forma completa e indefinida, proyectando sobre ella lo que ellos mismos quisieran hacer y no pueden por la represión. Desde ya, se trata solamente de una imagen, porque la estrella o la modelo es un ser humano igual que los demás, que no disfruta ni más ni menos del sexo que el resto de los mortales. Lo que atrae o atrapa no es el actor o la actriz como ellos son, sino la imagen que construímos de ellos o que nos incitan a construír sobre la base de nuestras 'debilidades'. El ser humano tal cual es es algo ajeno, extraño a nosotros, que no nos interesa. Lo que nos es llamativo, lo que nos llama o convoca nuestra atención es el personaje imaginario pansexualizado: la persona real es lo ajeno y lo extraño. Chesterton decía que "la verdad tiene que ser forzosamente más extraña que la ficción, porque la ficción es una creación del espíritu humano, y afín, por consiguiente, a él"
¿Y qué decir cuando intentamos tener un conocimiento de nosotros mismos? Aquí la distorsión alcanza su punto culminante: creemos ser algo que en lo real no somos, y es a esto a lo que se refiere Lacan cuando dice que el Yo es el punto de máximo desconocimiento del sujeto. ¿Alguien puede tener una visión totalmente objetiva de sí mísmo, y captarse tal cual es? De acuerdo al supuesto lacaniano de la inaccesibilidad de lo real, nadie puede tener semejante visión. Esto se explica, al menos en parte, porque el Yo se constituye sobre la base de nuestra imagen corporal, y a nuestro cuerpo lo captamos parcialmente y no en su real totalidad. Hay partes de él, por ejemplo, que nunca llegaremos a tocar, como por ejemplo el codo derecho con la mano derecha, y otras que nunca podremos ver, como nuestro nervio óptico en pleno funcionamiento. Podemos, sí , imaginarlo, pero no aprehenderlo tal como es.
El compañero imaginario.- Tan imaginaria es la visión que tenemos de nuestros semejantes, que incluso puede carecer de existencia física. Los tangos no siempre son tristes, y uno de ellos se llama "Si no me engaña el corazón". Es el discurso de un hombre solitario pero esperanzado, que se imagina una mujer que aún no conoció. En una parte dice por ejemplo:
"Ya sé como eres, y como es tu voz

porque en mis sueños ya te imaginé;

y así vivo soñando porque sé que alguna vez

sonriendo te presentarás".
En la vida cotidiana, he encontrado por lo menos dos casos de mujeres que habían conocido circunstancialmente hombres (léase levante callejero), y donde ya en las primeras conversaciones habían surgido en ellas expresiones del tipo "es como si hace mucho tiempo que te conociera". Este fenómeno, que no debe confundírselo con el 'deja vu', debemos entenderlo como que la mujer había construído la imagen de un personaje imaginario con determinadas cualidades positivas, y que pudo encarnarlo en alguien cuando vio que éste se asemejaba a aquel personaje. Pensando en estos 'reencuentros' hice la primera parte del poema lacaniano.

Nuestros personajes imaginarios nos acompañan siempre, aunque estemos solos, o tal vez precisamente por ello. Y son personajes porque no tienen apellido: a lo sumo son un rostro, una cualidad, un nombre, o un intercambio de palabras con él. A veces los imaginamos a nuestra izquierda, a veces a nuestra derecha, o a veces sobre nuestra cabeza como esas construcciones del imaginario religioso: los ángeles, con su positiva cualidad de protegernos. Otras veces son solamente un ojo o una boca (o mejor, una mirada o una voz), donde proyectamos las pulsiones escópicas o invocante, respectivamente, pero siempre se trata de un cuerpo humano, un fragmento o alguna representación de él. Son miradas y voces que pueden estar censurándonos, vigilándonos o también admirándonos.
Estos últimos, por ejemplo, aparecen inopinadamente cuando vamos a ver una película y los invitamos a ver el film que "nosotros hicimos" para que esos personajes imaginarios nos admiren, que es desde nuestra óptica, otra cualidad positiva. Y así como nos acompaña el personaje que no protege y el personaje que nos admira, está también el personaje que nos excita, y que aparece particularmente en las fantasías sexuales, sea que estemos o no en presencia de nuestra pareja. Este partenaire imaginario puede estar corporeizado en alguien conocido, o en un ilustre desconocido creado a imagen y semejanza de nuestros deseos, y con él podemos realizar en la fantasía las más increíbles hazañas sexuales o desafiar los patrones más rígidos de lo que se considera sexualidad normal.
"Exagerar, decía Antonio Machado, no es mentir, porque es una modalidad de la fantasía". En suma, vivimos en un mundo poblado de seres imaginarios en donde proyectamos nuestros deseos y pulsiones, proyecciones que distorsionan el ser real en el cual se encarnarán.

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