La Empresa perdona un momento de locura




descargar 449.77 Kb.
títuloLa Empresa perdona un momento de locura
página4/5
fecha de publicación22.01.2016
tamaño449.77 Kb.
tipoDocumentos
med.se-todo.com > Ley > Documentos
1   2   3   4   5
(Orlando la mira desconcertado. No responde) ¡¿Qué hizo?!
Orlando: (Regresando a la realidad) No sé. ¡Yo no sé!
Psicóloga: ¿Sabe que agarró un martillo?
Orlando: ¿Qué? No me di cuenta.
Psicóloga: Y en vez de auxiliar al muchacho con la mano rota, accidente que ocurre con relativa frecuencia en esta empresa, tomó el martillo y se dedicó a golpear las máquinas.
Orlando: (Abrumado) Me volví loco, ¿No? ¡Me volví loco!
Psicóloga: Gritaba que había que quemar los talleres.
Orlando: (Enfrentándola) ¿Quemar? Quemar, quemar. ¿Quemar qué?
Psicóloga: Preguntó por el señor González, el yanqui jefe del señor González, y la Junta Directiva para romperles la cabeza.
Orlando: Yo soy incapaz. Incapaz...
Psicóloga: ¡Aullaba diciendo que los yanquis eran los dueños de esta empresa! ¡Y que la plusvalía del trabajo, palabra que usted dice no conocer, era saqueada y explotada!
Orlando: ¡Yo no me meto en política! ¡Nunca lo hice!

Psicóloga: ¡Gritó a sus compañeros que eran unos becerros! ¡Unas bestias de carga sin conciencia de ser bestias de carga!
Orlando: ¡Siempre he respetado a mis compañeros de trabajo!
Psicóloga: ¡Les repetía una y otra vez que algún día serían asesinados como sus compañeros obreros de Chile! ¡Que había que adelantarse y quemar y hundir toda la corrupción burguesa y todo el sistema capitalista de mierda!
Orlando: ¡No creo! ¡No creo! ¡No creo!
Psicóloga: ¡Eso y muchas otras cosas más dijo!
Orlando: ¡Usted es una mentirosa!
Psicóloga: ¡Así fue!
Orlando: ¡No le creo un coño!
Psicóloga: Puedo traerle testigos, ¿Quiere?
Orlando: (Medita un segundo) Yo no hablo así. No soy un sindicalista. Jamás he hablado de política.
Psicóloga: ¡Lo hizo!
Orlando: ¡No sé un carajo de esa vaina!
Psicóloga: ¡Lo sabe!
Orlando: ¿Cómo carajo voy a gritar cosas que no entiendo, como eso de la plusvalía?
Psicóloga: ¡Lo entiende!
Orlando: ¡No, no, no! ¡Me volví loco! ¡Loco de bola!
Psicóloga: ¡Así fue!
Orlando: Fue eso. Agarré un martillo. Me impresionó mucho el Miguel, es un buen muchacho. Me dio dolor verlo así, con la mano reventada. Gritaría otras cosas, quizás... ¡Esas troqueladoras de mierda! ¡Vamos a quemar las troqueladoras! Pero todo con una posición humana. Piadosa. No política.
Psicóloga: Acabo de decirle lo que ocurrió.

Orlando: Pregúntele a la gente. Vaya y pregúntele al señor González. A los aprendices. Pregúnteles... ¿Cuándo les he hablado de política? ¿Cuándo he amenazado? ¿Usted sabe lo que es usted? ¡Usted es una mentirosa lengualarga! (Amenazando con el puño) Y le repito: ¡Si fuera un macho ya le habría roto los dientes!
Psicóloga: ¡Lo dijo! ¡Una reacción histéricoparanoide!
Orlando: (Asombrado ante el término. Da un salto hacia atrás) ¿Qué? ¿Me va a decir que no fue un ataque de locura? ¿Qué vaina de histérico dice usted? ¡Yo no soy una mujer! ¡La histeria es para mujeres! ¡Usted, usted es la que es una histérica! ¿Y lo otro? ¡¿Cómo fue la otra vaina que dijo?! Para... ¿Para qué?
Psicóloga: Paranoide.
Orlando: (Remedándola. Caricaturizando la palabra) Babanoide...
Psicóloga: Perdóneme. No me supe explicar.
Orlando: ¡Ahhh! ¿Así que no se supo explicar? Usted como que dice que yo dije todas esas vainas para ver cómo reacciono. ¿No? Me está estudiando... ¿Ah? Me está examinando. (Pausa corta. Orlando se regodea) Pues vea... (Grita) ¡Vea! ¡Me indigno! ¡Me arrecho! ¡No le creo un coño!
Psicóloga: ¡Siéntese!


Orlando se sienta. Se levanta. Va a proscenio en actitud indiferente.
Psicóloga: Lo dijo y usted lo sabe. (Pausa) ¿Verdad que lo sabe?
Orlando: (Va hacia la silla. La toma y la arrastra cerca de la psicóloga) Señorita, está bien. Recuerdo algo. Recuerdo que dije algo. Mire, le soy sincero, recuerdo algo pero no tan exacto. No tan político. A mi barrio van todos los días mensajeros de la política prometiéndonos un paraíso y lo que hacen es meternos en la mierda.
Psicóloga: Esa es una opinión política.
Orlando: ¿Ah, sí? (Psicóloga asiente) ¡Pero es la pura verdad! Váyase en tiempo de elecciones a mi rancho. Los tipos llegan y entran como Juan por su casa. Abrazan a la Sonia y al Julio. Me toman todo el café. Hasta se me cagan en la sala. Dicen que no permitirán que yo y mis vecinos sigamos viviendo como vivimos. Me manosean a la María Antonia y le dicen: “Vieja” “Doña” “¿Cómo está la comadre?” “¿Cuál de éstos que está aquí va a ser mi ahijadito?” “Pero qué muchachitos tan bonitos”... Después se van y no vuelven. Dígame: ¿Esa vaina es política?
Psicóloga: Mire, vamos a remitirnos a nuestro asunto, señor Núñez...
Orlando: (Por lo bajo) ... No joda.
Psicóloga: (Sacando una carpeta) ¿Usted sabe lo que es esto?
Orlando: (Mirándola. Sin prestarle mucha atención) No.
Psicóloga: Es el expediente sobre su trabajo en la fábrica.
Orlando: (Interesándose) ¿Mi expediente? Mire, pues, está bien grueso.
Psicóloga: Son más de veinte años. Antes que usted llegara lo estuve estudiando... Con todo lo que me ha dicho y su expediente, el rompecabezas sobre su crisis está bastante completo.
Orlando: ¿Rompecabezas?
Psicóloga: Los motivos que lo indujeron a hacer lo que hizo.
Orlando: ¿Podría explicarme?
Psicóloga: Sí. Usted sufrió un ataque de histeria paranoide debido a una serie de elementos encontrados. Toda su vida está implicada en ello. Pero hay factores resaltantes que debemos tratar clínicamente para que usted vuelva a ser lo que era. (Pausa corta) Un obrero modelo. El decano de esta empresa, podríamos decir. Es más, no sólo deseamos que sea como era antes, sino mejor. (Pausa corta) Pero para ello debemos corregir ciertas fallas en su psique.
Orlando: Ah... Mi sique.
Psicóloga: Su sistema emocional.
Orlando: (Alterándose) ¿Estoy fallando del coco? ¿Me volveré completamente?...
Psicóloga: No, no, no. Vamos por partes. (Se levanta del sillón y va hacia atrás) Quítese el saco señor Núñez.
Orlando: ¿Que me quite el saco? ¿Para qué?
Psicóloga: (Desde atrás) Haga lo que le digo, señor Núñez. Quítese el saco.
Orlando: (Se incorpora quitándose el saco) Como usted mande.


La psicóloga sale con un gran muñeco.
Psicóloga: ¿Qué le parece?
Orlando: Qué muñeco tan grandote. Los niños no pueden jugar con él.
Psicóloga: Es el señor González.
Orlando: (Desconfiado) ¿Cómo es la cosa?
Psicóloga: El señor González.
Orlando: (Como quien no cree la cosa) Señor González...
Psicóloga: Présteme mucha atención. Este muñeco lo es todo. Todo. Es la empresa donde usted ha trabajado por más de veinte años. Las troqueladoras y sus ruidos. Su salario y el de los demás obreros. Es la Junta Directiva también...
Orlando: Me va a perdonar señorita, pero la verdad... yo no le entiendo nada.
PSICÓLOCA: Ya me va a entender. (Coloca el muñeco en el suelo y se arrodilla a su lado) Acérquese por aquí.


Orlando se acerca receloso.
Orlando: (Ríe) Qué muñecote...
Psicóloga: Agáchese sobre el muñeco.
Orlando: ¿Sobre el muñequito? ¿Para qué?
Psicóloga: Agáchese. No tenga miedo.


Orlando duda. Mira para todos lados. Comienza a arrodillarse. Malicioso. Toca los zapatos del muñeco con sus rodillas.
Psicóloga: Sí, pero no lo pise.
Orlando: (Como si hubiera hecho algo gravísimo) ¡Perdón!...
Psicóloga: (Entregándole un grueso garrote) Tome.
Orlando: ¿Y esto?
Psicóloga: Para que lo golpee.
Orlando: (Haciéndole gracia) ¿Al muñequito?
Psicóloga: Ya le he dicho que no es ningún muñequito. Es el señor González.
Orlando: Mire, déjese de juegos señorita. Yo soy un hombre mayor.
Psicóloga: ¡Vamos, golpee! ¡Es el señor González y la Junta Directiva!
Orlando: No es lo mismo.
Psicóloga: Ahh. ¿Es que pretende que vengan ellos en persona a ser golpeados por usted?
Orlando: ¡No, señorita, yo no quise decir eso! Sólo que...
Psicóloga: Entonces repita conmigo. (Toma al muñeco por el cuello) ¡Viejo González, eres un hijo de la gran puta!
Orlando: (Se levanta asustado. Ve a todos lados) Señorita...
Psicóloga: (Persiguiéndolo) ¡Vamos! ¿Lo va a decir o no?
Orlando: (Decisivo. Enfrentándola) ¡Yo respeto!
Psicóloga: ¡Usted no respeta un carajo, señor Núñez! Tiene mucha agresividad y ésta es una forma de descargarla. La empresa se la ofrece. Aprovéchela...
Orlando: No, no puedo...
Psicóloga: No vamos a estar soportando que cada vez que se le ocurra descargue martillazos sobre las máquinas y provoque motines.
Orlando: Yo no lo haré más señorita, usted lo sabe.
Psicóloga: No, yo no lo sé. Después de golpear ese muñeco, quizás me dé una idea, pero ahora no puedo creerle absolutamente nada.
Orlando: ¿Nada? (Pausa) ¿No me va a salir después con el chisme?
Psicóloga: Esto queda entre usted y yo.
Orlando: ¿Seguro?
Psicóloga: Seguro. Yo soy psicóloga. Algo así como un médico. Nosotros hacemos un juramento. ¿Usted ha escuchado alguna vez ese juramento?
Orlando: No... nunca.
Psicóloga: Pero existe. Vamos, golpee al muñeco.
Orlando: (Golpeando débilmente) ¿Así?
Psicóloga: ¡No! ¡Más duro! ¡Como un hombre!


Orlando asciende los golpes.
Psicóloga: ¡Duro! ¡Así! ¡Así! ¡Piense que es esta empresa! (Orlando se detiene un segundo) ¡Adelante! (Orlando golpea) ¡La Junta directiva! ¡El señor González!
Orlando comienza a gruñir.
Psicóloga: ¡Grite! ¡Grite! ¡Compañía de mierda!
Orlando: (Grita, abruptamente, cortadamente) ¡Compañía...

Psicóloga: ¡De mierda! ¡De mierda!
Orlando: ¡Compañía de mierda!
Psicóloga: ¡González, hijo de puta!
Orlando: ¡González, hijo de puta!
Psicóloga: ¿Quién te dio derecho a tener más suerte que yo?
Orlando: ¿Quién te dio derecho a tener más suerte que yo?
Psicóloga: ¡Al carajo con tus trajes!
Orlando: ¡Al carajo con tus trajes!
Psicóloga: ¡Tus joyas!

Orlando: ¡Tus joyas!
Psicóloga: ¡Tus autos podridos!
Orlando: ¡Tus autos podridos!
Psicóloga: ¡Tu comida y tus mujeres!
Orlando: ¡Tu comida y tus mujeres!
Psicóloga: ¡Me orino en tu sillón ejecutivo!
Orlando: ¡Me orino en tu sillón ejecutivo!
Psicóloga: ¡Soy feliz con lo que tengo!...


Orlando se detiene.
Psicóloga: ¡Prosiga! ¡Prosiga!
Orlando: (Jadea) ¡Nooo!... (Jadea. Se separa del muñeco) ¡No soy feliz con lo que tengo!
Psicóloga: ¡Debe decirlo, forma parte del tratamiento!
Orlando: No puedo.
Psicóloga: Dígame: ¿Cómo se sintió después de golpear las máquinas y gritar?
Orlando: Mal.
Psicóloga: Pero le gustó, ¿No?
Orlando: No.
Psicóloga: Le gustó. Se sintió bien. Como nunca. Y no me mienta.
Orlando: Me sentí libre. ¡Libre!... Si eso es lo que quiere decir.
Psicóloga: Libre, bien, no hay diferencia. El hecho es que usted descargó su agresión y se sintió magníficamente. Es lo que intentamos hacer ahora.
Orlando: ¡Pero yo no puedo decir que soy feliz con lo que tengo!

Psicóloga: Eso es lo que le hace sentirse mal. ¿No entiende? Cuando usted acepte su condición, el papel que le ha tocado jugar en este mundo, entonces...
Orlando: Sí, lo acepto. ¡Lo acepto, pero no estoy satisfecho!
Psicóloga: Esa insatisfacción es agresividad, señor Núñez. Es lo que lo daña. Es lo que hará que un día mate a alguien, o se suicide.
Orlando: ¿Suicidarme?
Psicóloga: Sí. ¿Quiere eso?
Orlando: ¿Usted cree que yo sería capaz?
Psicóloga: En medio de un acceso como el que sufrió ayer todo es posible.
Orlando: No. Soy cristiano. Eso creo que nunca lo haría. Los muchachos. ¿Quién los atendería? ¿La pobre María Antonia solita porque yo me corté el cuello?... No, no, imposible.
Psicóloga: El resentimiento será mayor que la fe religiosa. Mayor aún que el amor a sus seres queridos.
Orlando: (Levantándose. Dolido) ¡Vivo una vida dura! Todas las mañanas debo esquivar porquerías cuando bajo las escalinatas del cerro para venir al trabajo. Soporto los ruidos de esta ciudad. Su opresión. Me preocupan los libros de los muchachos. ¡La comida que falta! ¡El Antonio que falta! La María Antonia sin un vestido nuevo desde hace siglos. Mis vecinos mareados por el hambre. ¿Sabe algo? Soy el rey de mis vecinos. ¿Qué le parece? Envidian mi miseria. La estabilidad de mi trabajo. Me envidiaban a Antonio. ¡Sus hijos salen ladrones, prostitutas, despreocupados! ¡Y yo me las veo negras y sin embargo me envidian! ¿Cómo quiere que esté satisfecho?
Psicóloga: Observe el lado positivo.
Orlando: ¡Qué positivo!...
Psicóloga: Lo positivo. (Enumera) Estabilidad en su trabajo. Hijos bien educados, con sacrificios pero bien educados. Compare su situación con la de sus vecinos. Sólo eso debería hacerlo sentirse satisfecho. El mundo es muy duro para todos, señor Núñez. El señor González sufre de úlceras, ¿Lo sabía?
Orlando: ¿Úlceras?

Psicóloga: Estomacales. Debe comer sólo contados alimentos. Atenderse constantemente con un médico. ¿Usted cree que dirigir una empresa como ésta, de ochocientas personas, es un pasatiempo? En su lenguaje, querido amigo, eso es jodido. ¿Entiende? ¡Bien jodido! Y los de la Junta Directiva también tienen sus problemas: hijos delincuentes y vagos. Mujeres y niños que se enferman. Porque... los ricos también se enferman y mueren. ¿Lo sabía?
Orlando: Yo le decía eso a Antonio, pero él decía que no era lo mismo.
Psicóloga: Usted y yo tenemos razón. ¡Vamos, golpee de nuevo al muñeco!


Orlando se encima sobre el muñeco y comienza a golpearlo con inusitada vehemencia.
Psicóloga: ¡Eso, así! ¡Más! ¡Más!
1   2   3   4   5

similar:

La Empresa perdona un momento de locura iconTres casos mágicos de locura cinematográfica |

La Empresa perdona un momento de locura iconBibliografía 313
«Momento cosmopolita de la sociedad del riesgo o la ilustración forzosa 15 ¿Qué significa «momento cosmopolita»?

La Empresa perdona un momento de locura iconEl papel de la técnica y las ciencias naturales en la sociedad del riesgo 11
«Momento cosmopolita de la sociedad del riesgo o la ilustración forzosa 15 ¿Qué significa «momento cosmopolita»?

La Empresa perdona un momento de locura iconOportunidades de inversión por actividades para una empresa mediana y pequeña empresa

La Empresa perdona un momento de locura iconEs una empresa comercializadora de productos biotecnológicos y biológicos...

La Empresa perdona un momento de locura iconConsiste en la creación de una empresa. En este caso estamos en el...

La Empresa perdona un momento de locura iconAccion de inconstitucionalidad en el juicio: empresa de transportela...

La Empresa perdona un momento de locura iconMomento tres de frutales

La Empresa perdona un momento de locura iconConsiderando Nuestro Momento Histórico

La Empresa perdona un momento de locura icon1. momento angular de una partícula


Medicina



Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com