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Recupere la Visión sin Gafas HARRY BENJAMIN



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MADRID

RECUPERE LA VISIÓN SIN GAFAS

Sistema completo para el autotratamiento de los problemas oculares que permitió al autor dejar de llevar las gafas más potentes que pueden prescribirse.

HARRY BENJAMIN

RECUPERE LA VISIÓN SIN GAFAS


«PLUS VITAE»

Título del original inglés:

BETTER SIGHT WITHOUT GLASSES


MRS E. BENJAMIN, 1974.

Para la lengua española, EDAF, Ediciones-Distribuciones, S. A. Jorge Juan, 30. Madrid, 1985. Publicado por acuerdo con THORSONS PUBLISHERS LTD.

Traducción de: RAFAEL LASSALETTA

D. L.:M-11120-1988 I.S.B.N.: 84-7166-660-X

Impreso en España - Printed in Spain

Imprime COFAS, S. A.

Polígono Callfersa - Nave 8 - Fuenlabrada (Madrid)

CONTENIDO


Prefacio, por Stanley Lief, N. D., D. O., D. C.

Prefacio del editor inglés

Prefacio del autor

Introducción
I. Cómo funciona el ojo

II. Por qué las gafas son nocivas

III. Causas de la visión defectuosa

IV. Tratamiento de la visión defectuosa

V. Ayudas para la relajación

VI. Ayudas a la visión

VII. Ejercicios del cuello y los músculos oculares

VIII. Dieta

IX. Cómo realizar el tratamiento

X. Causas de las enfermedades oculares

XI. Tratamiento de las cataratas

XII. Conjuntivitis

XIII. Glaucoma

XIV. Iritis, queratitis y úlceras
Tarjeta de prueba

DEDICATORIA

El autor reconoce, con un profundo sentido de estima, los beneficios personales que recibió al poner en práctica los principios subyacentes en el Método Bates, tal como se describen en el libro Perfect Sight Without Glasses, del Dr. W. H. Bates, de Nueva York.

PREFACIO
Al concederme el placer y el privilegio de escri­bir un prefacio a su libro sobre métodos naturales de tratamiento de los problemas visuales, Mr. Benjamín me da también la oportunidad de decir lo amplia que es la necesidad de un sistema como el que él aboga.

Hace ya mucho tiempo que soy consciente de las deficiencias del método Bates, por saludable y benéfico que pueda ser. Muchos de mis pacientes han reconocido fallos en su uso hasta que, bajo mi atención, pudieron purificar los tejidos de sus cuerpos y ser capaces, de ese modo, de lograr los mejores resultados.

Mr. Benjamín afirma que muchos casos de pro­blemas oculares sólo pueden aliviarse mediante una cura de ayuno, afirmación que comparto ente­ramente. Después de un ayuno prolongado, muchas de las personas que tenían el hábito de llevar gafas han podido prescindir de ellas totalmente, o bien las han cambiado por otras de menor graduación.

El sistema completo de tratamiento descrito en este libro permitirá a muchas personas superar los casos más difíciles y obstinados de problemas ocu­lares, siempre que se ponga en el empeño paciencia y perseverancia.

La necesidad de un libro como éste queda de­mostrada por el amplio interés que surgió de una serie de artículos publicados por Mr. Benjamin en Health For All, y estoy convencido de que en esta primera obra suya encontrará el éxito que no sue­len obtener los aspirantes a la fama. En cualquier caso, puede estar seguro de que hará un bien in­menso.

Stanley LIEF.


PREFACIO DEL EDITOR INGLES
El éxito de este libro lo demuestra el hecho de que, tras muchas reimpresiones, es ésta la cuarta edición; y su demanda continua es una indicación de la efectividad de los métodos que subraya.

Por desgracia, se ha convertido en una práctica normal el tratamiento de la visión defectuosa con unas gafas en el rostro del paciente, y a juzgar por el número de personas que las llevan, da la impresión de que en esta era de la televisión y la luz artificial se ha alcanzado la etapa en que llevar gafas se ha convertido en sinónimo de ser adulto.

Pero hace ya más de medio siglo que el Dr. W. H. Bates, un oftalmólogo neoyorquino, dio a co­nocer su famoso método para el tratamiento ocular. El autor de este libro, ampliando el mé­todo Bates con juiciosos principios curativos natu­rales, ofrece un modo más aceptable y natural de obtener una vista mejor, dándonos por tanto a muchos de nosotros una oportunidad para liberar­nos de nuestros «apoyos».

PREFACIO DEL AUTOR
Como nada resulta tan convincente como la propia experiencia personal, creo que será del in­terés de los lectores de este libro el que lo preceda un breve esbozo autobiográfico.

Es muy breve y carece de cualquier intento de adornar el modo en que, casi llegado al valle de las sombras de la ceguera, pude salir de él gracias a los métodos descritos detalladamente en los si­guientes capítulos.

Mi éxito en la superación de la terrible incapa­cidad a que me enfrentaba infundirá, espero, a todas las víctimas de una visión defectuosa la esperanza de obtener un auténtico beneficio con estos métodos revolucionarios de entrenamiento de la vista.

Desconozco si realmente nací corto de vista o no, pero el hecho es que en mi primer día de escuela —a la edad de cuatro años— se descubrió que mi visión era defectuosa y aconsejaron a mi madre que se preocupara de que examinaran mis ojos.

Por ello, me llevaron al Westminster Ophthalmic Hospital, donde tras el examen pertinente me diagnosticaron una miopía extrema; me prescribieron unas gafas de -10 dioptrías, con lo que empecé a utilizarlas a la edad de cinco años.

Seguí haciendo visitas periódicas al hospital para comprobar el «progreso» de mis ojos, y cada dos o tres años me cambiaban mis gafas por otro par más potente; hasta que a la edad de quince años me encontré llevando unas gafas de -14 diop­trías.

Durante todo ese tiempo seguí la educación or­dinaria, logrando ver lo bastante con las gafas para hacer mis tareas escolares, y finalmente abandoné la escuela para hacer el servicio civil.

Cuando tenía diecisiete años se produjo la crisis; me había acostumbrado a estudiar mucho —tenía deseos de convertirme en alguien importante algún día—, pero de repente se desarrolló una he­morragia en mi ojo izquierdo. Se vio afectado al mismo tiempo mi estado general de salud y tuve unos ganglios cervicales muy grandes, algunos de los cuales me fueron extirpados, junto con las amígdalas.

En el hospital descubrieron que mi vista había empeorado mucho, y me exigieron que dejara de trabajar durante seis meses para que mis ojos descansaran. Las gafas que me prescribieron entonces eran de -18 dioptrías, -4 dioptrías más potentes que las anteriores.

Las utilicé durante todo el período en diversos empleos gubernamentales, pero en 1918 me acon­sejaron que abandonara totalmente el trabajo de funcionario, pues corría el peligro de perder la visión. Este consejo, dicho sea de paso, me lo dio un especialista de Harley Street.

De acuerdo con esa sugerencia, busqué una ocu­pación conveniente en el exterior, pero sólo pude encontrar una que ofreciera alguna posibilidad: la de agente viajante de comercio.

Era la última cosa en el mundo que deseaba ser, pero las necesidades pueden más que nada, por lo que me convertí en viajante de comercio.

Me inicié con uno o dos pasos en falso, pero por suerte para mí encontré un patrono que me enten­dió y simpatizó conmigo, permitiéndome proseguir con mis estudios en filosofía, psicología y ciencias políticas —esto último era lo que más me interesa­ba—, lo cual iba en parte en detrimento de mis actividades de viajante.

Durante aquel tiempo hacía visitas anuales a un especialista, quien gradualmente, año tras año, me manifestaba que mi vista iba de mal en peor —a pesar de mi actividad exterior—, hasta que a la edad de veintiséis años me prescribió las gafas más potentes para mí:

Ojo derecho: -20 sph. -3 cyl. 170 Ojo izquierdo -20,5 sph. -3 cyl. 170.

Al mismo tiempo me dijo de modo bien claro que no podía hacer nada más por mí, que debía abandonar completamente la lectura, mi mayor placer, y ser muy cuidadoso para que no se me desprendieran las retinas de ambos ojos debido a una tensión inesperada.

Una entrevista muy agradable, ¿verdad? Sin embargo, seguí como de costumbre viajando por todo el país, alojándome en los mejores hoteles y teniendo gran éxito en mi ocupación —gracias a la amabilidad de mi patrono para conmigo—; pero el pensamiento de tener que pasarme el resto de mi vida privado de libros, y el peligro de ceguera total que tenía ante mí, constituía un telón de fondo para mis esperanzas y aspiraciones que estaba muy lejos de animarme.

Seguí con las visitas anuales a Harley Street, donde siempre era «consolado» por el informe del especialista, hasta que a la edad de veintiocho años comprendí que probablemente mis ojos no soportarían mucho más. Perdía vista rápidamente; a pesar de las poderosísimas gafas que llevaba, me resultaba muy difícil leer o escribir nada. Me dolía la cabeza al menor intento de mirar algo fijamente, y comprendí que tenía que realizar algo drástico... ¿Pero qué? ¡El especialista ya me había dicho que no podía ayudarme!

En marzo de 1926 decidí abandonar el trabajo —que me estaba produciendo unos ingresos respetables— e irme a vivir al campo. En esa época pre­cisamente se produjo el milagro.

Un amigo me dio un libro para leer, o mejor dicho para que me lo leyeran —pues ya no era capaz de leerlo por mí mismo—, titulado Perfect Sight Without Glasses, de W. H. Bates, oftalmólo­go neoyorquino. El hermano de ese amigo había puesto el método en práctica, consiguiendo que mejorara mucho su vista, según me dijo. Me llevé el libro a casa, donde me lo leyó mi hermano, y comprendí de inmediato que la opinión del doctor Bates con respecto a la causa de la visión defectuosa y su curación era correcta; lo sabía instintivamente.

Comprendí que el especialista de Harley Street y la hueste de oftalmólogos y oculistas que llenaban el mundo de gafas estaban equivocados; y que el doctor Bates tenía razón.

Las gafas no podían «curar» nunca la visión de­fectuosa; más bien eran causa del empeoramiento de los ojos, en tanto en cuanto siguiera llevándolas no había posibilidad de volver a conseguir una visión normal. Era necesario prescindir de las gafas inmediatamente y dar a los ojos la oportunidad de hacer lo que estuvieron necesitando hacer todo el tiempo: ver, actividad que había sido impedida realmente por las gafas.

Visité a un practicante del método Bates, que vivía en el West End de Londres, con el fin de averiguar el mejor medio de aplicación de los principios del doctor Bates, abandoné mi trabajo, abandoné mis gafas —tras veintitrés años de lle­varlas— y me dispuse a reeducar mis ojos para que pudieran ver.

¡Imaginen cómo me sentía cuando me las quité por primera vez! Apenas podía ver nada, pero pocos días después comencé a mejorar, y en un corto período de tiempo podía manejarme perfec­tamente sin problema alguno. Como es de esperar, aún no podía leer —de hecho tardé un año en alcanzar esa etapa—, y eso sólo lo conseguí después de ponerme en contacto con otro practi­cante del método Bates que vivía en Gales.

Había estado viviendo en una casa de huéspedes vegetarianos de Cotswolds —en aquella época lle­vaba algún tiempo siendo vegetariano—, pero mis ojos, aunque mejoraron cuando inicié el método Bates, se negaban a responder más.

Tras conocer a aquel joven, decidí acudir a Cardiff para permanecer con él unas cuantas sema­nas y seguir sus directrices.

En seguida me propuso una dieta sensata de cu­ración natural —fruta, ensalada, etc.—, y me tomó en sus manos activamente. En pocos días mis ojos comenzaron a mejorar, y al cabo de una semana era capaz de leer unas cuantas palabras. Al final de la tercera semana fui capaz de leer —muy lenta y dolorosamente— mi primer libro sin gafas.

Hace ya dos años y medio que dejé las gafas y ahora puedo leer y escribir perfectamente. No poseo una buena visión desde lejos, pero veo lo suficiente para moverme por todas partes con facilidad y comodidad. Mi salud y aspecto personal son infinitamente mejores que nunca, y me complace decir que con la ayuda y el consejo que me dio mi amigo, el practicante de Cardiff del método Bates, he tomado la determinación de practicar la naturopatía.

Con ese fin he estudiado mucho para familiari­zarme con la teoría y la práctica de la curación natural, y privadamente he realizado un curso bajo las órdenes de uno de los naturópatas de Londres mejor conocidos.

A partir de entonces he practicado los métodos naturales para el tratamiento ocular.

¡Qué contraste con mi posición de hace tres .años! ¡Qué triunfo para los métodos de tratamiento de la Curación Natural!
Harry BENJAMIN. Londres, 1929
INTRODUCCIÓN
El predominio de la visión defectuosa es mayor hoy que en épocas pasadas; estado de cosas produ­cido principalmente por la creciente dependencia de la luz artificial y los hábitos extendidos de ver la televisión. Y como es probable que la situación tienda a empeorar en lugar de mejorar, es razona­ble suponer que la incidencia de la visión defec­tuosa continuará incrementándose progresivamen­te con mayor rapidez.

La respuesta a este problema han sido las gafas, pero este remedio artificial no ha conseguido detener esta creciente amenaza a la salud nacional, pues es una solución meramente paliativa. El hecho cierto es que nadie espera curar la visión de­fectuosa con la ayuda de unas gafas; lo más que puede decirse es que permiten al paciente manejarse dentro de lo posible con esa pequeña incomodidad.

Muchas personas estarán de acuerdo en que estas ayudas a la visión son desfigurantes y poco embellecedoras; siempre existe el peligro de que se rompan y hieran al que las lleva; a muchas personas les impiden participar, por regla general, en pasatiempos sociales y atléticos. Sin embargo, a pesar de todo, las gafas se consideran como un regalo y una bendición para la humanidad y como una de las grandes consecuciones de la civilización.

Es muy fácil entender la alta estima en que se tienen las gafas, pues sin ellas millones de personas serían incapaces de manejarse, y cada vez son más numerosas las que acuden a esa ayuda hoy en día; pero ello se debe ante todo a que la gente se habi­tuó a creer que la visión defectuosa es incurable y que el único remedio posible es llevar gafas.

Pero si esos millones de víctimas de los proble­mas oculares comprendieran, como espero lograr en este libro, que al ponerse gafas están impidien­do constantemente la eliminación de sus defectos oculares y que están empeorando su incapacidad, la creencia popular en la eficacia y necesidad de estas «muletas» visuales comenzaría a desapare­cer, y sería sustituida por una creciente compren­sión de que lo que hasta ahora han considerado como una de las maravillas de la ciencia es un estor­bo para una visión mejor, no una ayuda.

La creencia del valor y la necesidad de las gafas en todos los casos de visión defectuosa se halla fir­memente enraizada en la mente de la gente. Se basa en la suposición de que la mayor parte de los defectos de la visión se deben a los cambios per­manentes en la forma del ojo, y que por tanto lo único que puede hacerse es aliviar esa condición mediante la prescripción de unos lentes adecuados.

Sin embargo, gracias a las investigaciones del doctor W. H. Bates, de Nueva York, que se ex­tienden por un período de treinta años, existe una nueva escuela de pensamiento con respecto a las causas y curas de la visión defectuosa, y los funda­dores de ese movimiento han llegado a la conclu­sión de que, generalmente, la visión defectuosa no se debe a cambios permanentes en la forma del ojo, sino sólo a desajustes funcionales que en muchos casos pueden se superados con métodos simples y naturales de tratamiento que prohíben el uso de gafas.

Se verá por tanto que el tratamiento de la visión defectuosa lo llevan a cabo hoy en día dos escuelas rivales: los que siguen los antiguos métodos de razonamiento y consideran la visión defectuosa como incurable en sí, aunque capaz de alivio; y los que comprenden que esos defectos se deben a diversas causas, la mayor parte de las cuales pueden ser superadas, y que la visión defectuosa está lejos de ser incurable, que es total la esperanza de ayudar a la víctima a mejorar realmente su vista, y a menu­do a recuperar completamente la visión normal recu­rriendo sólo a los métodos más simples y naturales. Al doctor Bates —oftalmólogo neoyorquino que estuvo un tiempo examinando los ojos de los niños que asistían a las escuelas de Nueva York— le corresponde el honor de ser el fundador de este método de tratamiento ocular —conocido con el nombre de «método Bates»—; y mediante nume­rosos experimentos y demostraciones ha dejado bien claro que muchas de las ideas ampliamente aceptadas con respecto a la naturaleza de la visión defectuosa son totalmente falsas. ¡Ha reivindicado triunfalmente su afirmación al restaurar la visión normal en miles de pacientes a los que los mayores especialistas habían considerado como incurables!

El método Bates se practica ahora en varios países con gran éxito, pero su obra ha sido com­pletamente ignorada por sus compañeros de profe­sión; de hecho ha sido perseguido en Nueva York por la profesión médica debido a sus teorías no ortodoxas, y murió, desterrado de la medicina, pocos años después de que su libro fuera publica­do. El médico, por tanto, parece tener poca seme­janza con los descubrimientos de la época que llegan al público por canales normales.

Por tanto, nos corresponde a nosotros, los que como yo hemos obtenido un gran beneficio del sistema, cantar sus alabanzas con la esperanza de que sea atendido por otras víctimas de la visión defectuosa, y hacerles saber de este modo que, gracias a la gran obra del doctor Bates y sus colabo­radores, tienen ahora la oportunidad de abando­nar para siempre sus gafas y ponerse a trabajar en seguida para que sus ojos recuperen la facultad de la visión normal a que tienen derecho.

I. COMO FUNCIONA EL OJO
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