Diferentes modos de abordar el estudio de los procesos cognitivos






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DIFERENTES MODOS DE ABORDAR EL ESTUDIO

DE LOS PROCESOS COGNITIVOS




Indice




Introducción.

Lic. María Elena Colombo





  1. La Psicología de la Gestalt: un enfoque estructural para el estudio de lo mental. Cuestionamiento y crisis del enfoque asociacionista en Psicología. Los aportes para la comprensión del fenómeno de la percepción.

Lic. Halina Stasiejko





  1. El estructuralismo Genético de Jean Piaget. Una breve descripción de un gran científico. ¿Por qué Epistemología y Psicología Genética?. ¿Cómo entiende el conocimiento?. ¿Cómo construye esta Psicología Genética?. El sujeto que conoce. El objeto a conocer. El método. Concepto de estructura, génesis y equilibrio. La actividad inteligente. Asimilación, acomodación y adaptación. El desarrollo cognitivo. El mecanismo del desarrollo.

Lic. María Elena Colombo


  1. La Psicología Histórico-cultural. Lev Semionovitch Vigotsky. Su vida. La Psicología de su época. El programa de la Psicología Histórico-cultural de Lev Vigotsky. Mediación cultural. Orígenes sociales de las funciones psicológicas superiores. Concepción histórica del desarrollo. El análisis genético. El destino de la obra más allá de Vigotsky.

Lic. María Elena Colombo


  1. Psicología Cognitiva. Una “vista panorámica” a manera de introducción. La caída del “imperio conductista”. Creando identidad, como dijo el poeta: “haciendo camino al andar”. Cibernética. Teorías de la comunicación y de la información. Psicolingüística. Teoría de la computación. Década de 1960: el movimiento adquiere su “identidad adulta”. La mente como procesador que computa representaciones simbólicas. La metáfora funcional del ordenador. Desarrollos posteriores de la Psicología Cognitiva. Conexionismo. La entrada al significado.

Lic. Halina Stasiejko


INTRODUCCIÓN


Lic. María Elena Colombo
En los comienzos del siglo XX han ido surgiendo una serie de sistemas psicológicos que trataron de superar, desde distintos enfoques teóricos, la visión elementalista en el estudio de los procesos mentales, propia de la psicología asociacionista del siglo XIX.
La psicología se constituyó en ciencia al asumir una forma de abordaje de lo mental conforme a los modelos de la ciencia del siglo XIX. Así es como comenzaron a aislar las unidades mínimas y para poder estudiarlas adquirieron una metodología experimental.
El dualismo cartesiano había planteado, ya en el siglo XVII, lo mental como territorio propio de la filosofía, dejando la exploración del cuerpo, en tanto materia sensible, al tratamiento científico. El cuerpo recibía un abordaje científico pero la mente quedaba confinada a la reflexión filosófica. Esto permitió que a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX se produjera un gran auge de las ciencias naturales como la física, la biología, y la química, que contribuyó al desarrollo de investigaciones sobre la naturaleza biológica del hombre.
Pero a mediados del siglo XIX, y sobretodo en Alemania, comienzan a plantearse nuevas preguntas, acompañadas por el desarrollo de una joven disciplina, la fisiología. Estos interrogantes giraban alrededor de las preocupaciones que animaban a los científicos, dirigidas a encontrar las formas de articular los mundos escindidos por Descartes: la materia sensible y la materia pensante. Las preguntas que se formulaban eran, por ejemplo: ¿podemos medir el impulso nervioso? ¿podemos ligar las variaciones del mundo exterior a las experiencias conscientes de nuestro mundo interior? ¿podemos establecer regularidades entre el mundo físico-externo y el mundo pensante-interno?
Estas preocupaciones concentraron el trabajo de los psicofísicos que buscaron a través de la introspección experimental establecer los vínculos entre las dimensiones del mundo exterior e interior. Importantes descubrimientos se realizaron, como la distinción entre nervios sensitivos y motores, el modelo del arco reflejo, la velocidad de transmisión nerviosa. Existía en esta época la fuerte creencia de que no se podían medir los tiempos mentales. Ahora, y a través de procedimientos experimentales, comienza a medirse el tiempo mental, y comienzan a estudiarse las constancias perceptivas de forma, color, brillo, tamaño, etc. Estas pretensiones de objetividad y cuantificación se van a continuar en los comienzos del siglo XX con los trabajos de Cronometría Mental y con la construcción de test mentales para medir las capacidades psicológicas.
El auge de la química y la fisiología brindó el modelo para considerar el estudio de la mente. Así la mente fue fraccionada, atomizada, en distintas facultades: memoria, pensamiento, percepción, y los procesos mentales comenzaron a ser estudiados y medidos. Pronto los marcos teóricos y la metodología resultaron insuficientes, pues la introspección no era un método válido para el estudio de los procesos mentales porque sólo podía abordar los procesos conscientes y las investigaciones, como por ejemplo los trabajos de von Helmholtz (procesos de inferencia inconsciente en percepción) y de Freud (olvido motivado por mecanismos psíquicos de represión), estaban mostrando la existencia de procesos mentales inconscientes.
Algunos jóvenes discípulos del profesor Wundt comenzaron a replantearse los enfoques limitados de la psicología asociacionista e inspirados en los profundos cambios que estaban aconteciendo en las ciencias físicas como así también en las nuevas corrientes filosóficas como la fenomenología, propusieron un nuevo enfoque para el estudio de los procesos psicológicos que superara el elementalismo reduccionista del siglo XIX. Así es como Wertheimer, Köhler y Koffka, y también Kurt Lewin, van a introducir el enfoque estructural en psicología considerando que al abordar el estudio de los procesos mentales no pueden descomponerse, los mismos, en sus elementos sin perder las propiedades que emergen al estudiar la totalidad. De este modo introducen un debate acerca de los enfoques insuficientes del elementalismo en oposición a los enfoques estructuralistas en psicología.
Por otro lado, las perspectivas historicistas dialécticas, comenzaban a plantear el debate entre las jóvenes ciencias sociales y las ciencias de la naturaleza, resaltando el carácter social de la naturaleza humana, y reclamando para la misma un enfoque propio, diferente en cuanto a los criterios de cientificidad con respecto a las ciencias de la naturaleza.
En el marco de estos debates surge, en la década del veinte, el planteo vigotskyano que quiere construir un nuevo estatuto para la psicología, desde la perspectiva marxista, a partir de la discriminación de los procesos mentales elementales inherentes a la vida animal y las formas superiores del comportamiento humano que resultan de la utilización de instrumentos culturales. Plantea fuertes críticas a los enfoques elementalistas por el reduccionismo que implica el estudiar los procesos psicológicos como si fueran “estados” de la conciencia. Introduce formas nuevas para pensar el abordaje de lo mental a partir de elaborar un nuevo método que explique la construcción de las funciones psicológicas y no su estado final en el adulto. Es así como se instala un debate en torno a la validez de los modelos descriptivos frente a los modelos explicativos, promoviendo la reflexión sobre la importancia de estudiar los procesos mentales a través de su desarrollo en contraste con las formas de abordaje descriptivas que venían realizando los enfoques asociacionistas de los psicofísicos y de los conductistas.
Al mismo tiempo que Vigotsky instalaba una fuerte crítica a la psicología de su época, surge en Ginebra un biólogo que va a interesarse en el conocimiento pero desde una perspectiva que, en principio, no parte de inquietudes psicológicas. Jean Piaget va a proponerse resolver cuestiones de larga data en el pensamiento filosófico pero que él las asumirá desde una perspectiva científica. Se trata de inquietudes epistemológicas acerca de los mecanismos formales que pueden explicar las formas cada vez más complejas del pensamiento racional. Partiendo de modelos biológicos y utilizando la lógica como instrumento de interpretación va a construir la Psicología Genética para poder justificar sus hipótesis y a través de ella buscará descubrir la génesis, es decir la construcción de los mecanismos que permiten al niño elaborar las nociones y estructuras para constituir un mundo estable. Así ubicado en esta perspectiva realiza fuertes críticas a las psicologías de la época dirigidas, por una parte, a los enfoques empiristas que creen que el sujeto no aporta formas a aquello que conoce, y por otra parte, a los enfoques estructuralistas como la Psicología de la Gestalt, que proponen una exagerada visión universalista, común a los hombres y a los animales, en los que descuidan los enfoques genéticos, afirmando el carácter universal de las estructuras cognoscitivas y no analizando los procesos de construcción de las mismas. Por otra parte también les critica el asimilar las leyes que rigen los niveles físicos, biológicos y psicológicos a un mismo sistema de legalidades a través de la hipótesis del isomorfismo.
Los sistemas psicológicos contemporáneos en la Europa continental se han caracterizado, en general, por asumir una perspectiva racionalista, y en gran medida también constructivista, en el sentido de que asumen que el hombre imprime ciertas formas a lo real pues no es una “tabula rasa”, aunque esas formas reciban distintas explicaciones teóricas para su conceptualización. En cambio, en los primeros cincuenta años del siglo veinte, en los Estados Unidos, ha primado la perspectiva empirista, expresada en el Conductismo, que obstaculizó el estudio de los procesos mentales por la dificultad de asimilar a sus marcos teóricos, los conceptos que remiten a variables no observables, de carácter mentalista.
Con la crisis del Conductismo, alrededor de la década de los cincuenta, surge, principalmente en el ámbito anglosajón, una psicología que retomando los viejos planteos de la tradición de la psicología de las facultades del siglo XIX, se propone recuperar un lenguaje mentalista a partir de señalar las relaciones que pueden establecerse entre la psicología y las ciencias de la computación. El esfuerzo de estos psicólogos está dirigido a abordar el estudio de los procesos mentales pero buscando justificar metodológicamente su existencia. El fuerte impacto que han tenido en estos ámbitos los trabajos objetivistas experimentales, sobre todo como herencia de la psicología conductista, impuso un estilo de gran rigor experimental, que se ha visto alimentado por la influencia que tienen los nuevos modelos de las ciencias biológicas y la teoría evolucionista. De este modo van a considerar que no hay forma posible de un abordaje científico de la actividad mental si no es mediante un enfoque estrictamente computacional, es decir, un enfoque que considere dicha actividad mental como un conjunto de operaciones formales que versan sobre símbolos y representaciones subyacentes a los niveles fenoménicos que versan sobre creencias e intenciones. Lo que interesa a la psicología cognitiva es cómo se procesa la información y de qué dispone el organismo para procesarla. Es decir cuál es la organización del sistema cognitivo en cuestión y cómo procesa la información ese sistema. Otra pregunta que se realizan, derivada de los enfoques evolucionistas actuales, es qué función cumple cada capacidad mental para el organismo. Estos interrogantes se centran en un nivel de análisis que mantiene una relativa autonomía con respecto a los fenómenos culturales y, en principio, también con respecto a la estructura y funcionalidad específica a nivel neurológico.
Como puede apreciarse, a partir de este breve análisis sobre algunos sistemas psicológicos que abordan el estudio de los procesos mentales, la tarea de realizar una presentación unificadora es casi una tarea imposible. Y lo es, porque la misma psicología es difícil de aprehender buscando síntesis apresuradas y desconociendo los profundos debates que animaron su corta historia. En la actualidad, los temas que preocupan a los psicólogos que investigan los procesos psicológicos se enfrentan a cuestiones que aun permanecen irresueltas o que recién se han comenzado a descubrir. Mucho queda por hacer en este campo específico, y muchas preguntas permanecen abiertas, como estas:
¿Cómo accede el hombre al conocimiento del mundo?

¿Qué formas de conocimiento produce?

¿Qué lugar ocupa la experiencia en el proceso de conocimiento?

¿Cuáles son las dotaciones con las que cuenta el hombre al nacer?

¿Cuáles son los límites en la capacidad de conocer?

¿Cuáles son los métodos válidos para explicar las formas de conocer humanas?

¿Por qué iba la naturaleza a dotar a todas las especies excepto a la humana de dotaciones específicas (innatas)?

¿Qué tiene de especial el conocimiento humano?

¿Se trata sencillamente de que el contenido del conocimiento difiere de una especie a otra?

¿Es el lenguaje el que hace a los seres humanos tan especiales?

¿O es que en la mente humana se ponen en juego procesos cualitativamente distintos?

¿Son las diferencias entre las especies sólo importante en lo que respecta al conocimiento de los individuos adultos o los seres humanos difieren de las demás especies desde el momento del nacimiento?

¿Es la cultura un factor estructurante del desarrollo cognitivo humano?
Muchas preguntas y, seguramente, a medida que avancemos en el estudio aparecerán aun más. Pero, para no abrumarnos, con la diversidad de planteos y de preguntas, comencemos metódicamente a internarnos en su conocimiento.

LA TEORÍA DE LA GESTALT: UN ENFOQUE ESTRUCTURAL PARA EL ESTUDIO DE LO MENTAL

Lic. Halina Stasiejko

Cuestionamiento y crisis del enfoque asociacionista en Psicología.
En la primera década de este siglo, en los dos centros académicos más comprometidos con el progreso en la disciplina psicológica, se llega a la convicción de que el enfoque asociacionista-elementalista, con su pretensión de abordar el “estudio analítico de la conciencia mediante la introspección”, estaba condenado a desaparecer.
La Psicología del siglo XIX se había comprometido con el análisis de los contenidos de la experiencia consciente siguiendo el ejemplo de la física, la química y la fisiología. Estas ciencias, de gran reconocimiento, se habían consolidado adoptando métodos analíticos que les llevaron a la división de sus objetos de estudio en moléculas, átomos, tejidos y células de órganos.
Este clima epistemológico positivista del siglo XIX enmarcó la constitución de la Psicología como ciencia independiente. En el laboratorio experimental se identifican los elementos constitutivos del objeto de estudio: los contenidos de la experiencia consciente. Estos elementos fueron las sensaciones, es decir los datos simples, originales e irreductibles a todo nuevo esfuerzo de análisis. El proyecto de la primer psicología científica fue componer un catálogo completo de las sensaciones conscientes, describir, medir sus propiedades y determinar la correspondencia invariable de cada una de ellas con un centro nervioso bien localizado y con la excitación de un aparato receptor específico. Sólo después de la descripción de los elementos, era posible dar cuenta del orden y agrupamiento, o sea, explicar la organización de la experiencia consciente como totalidad. Para resolver el problema de la composición los psicólogos experimentales adoptan el asociacionismo.
Se levantan respuestas críticas muy divergentes frente a este primer proyecto de la Psicología, y se produce una apertura a nuevas preguntas y propuestas. En Estados Unidos, conservando las bases positivistas y la mirada elementalista-asociacionista sobre el objeto de estudio, se renuncia al estudio de lo mental. Nos estamos refiriendo al surgimiento del movimiento conductista iniciado por Watson.
En tanto, en Alemania, un grupo de psicólogos optan por continuar con el estudio de los procesos mentales rechazando el enfoque asociacionista, elementalista, y mecanicista elegido por el Conductismo. Adoptan un enfoque fenomenológico, opuesto al positivismo, afirmando que los datos fenomenológicos de la experiencia ordinaria son el punto de partida que permite la construcción de la estructura conceptual, dentro de la cual se encajarán los datos de observación. En si mismos, los datos no tienen interés o especial significación, y aunque la observación es necesaria, lo es en la medida en que sirve para probar una hipótesis.
Podríamos, a pesar de estas divergencias, establecer alguna analogía entre las dos respuestas ya que ambas dirigen su mirada a lo inmediatamente observable. Pero cuando los gestaltistas se remiten a las sencillas observaciones de fenómenos, lo hacen para salir de los sofisticados laboratorios de introspección experimental y contrastar las hipótesis, mientras que los conductistas, por el contrario, llevan la experiencia observable al máximo control del laboratorio, con el objetivo de manipularla y operar sobre ella.

Una ilustrativa cita de Bertrand Russell, matemático y filósofo de principios del siglo XX, nos permitirá comprender que las diferencias en las bases epistemológicas asumidas por ambos enfoques se expresaron además en los modos de preguntar, el tema abordado, las condiciones de experimentación y la interpretación de los resultados:

Los animales estudiados por los americanos se precipitan frenéticamente de forma increíblemente apresurada y vigorosa, y al final alcanzan por azar el resultado deseado. Los animales observados por los alemanes se sientan tranquilamente y piensan, y finalmente obtienen la solución de su conciencia interna” (Russell, B. 1927, cit. por Johnson-Laird y Wason, 1977, p.3)
La cita alude, por un lado, a los experimentos llevados a cabo por Watson y sus continuadores, sobre gatos, ratas y palomas en situaciones de condicionamiento y, por el otro, a los estudios acerca de las formas de discernimiento y resolución de problemas que pueden enfrentar los simios y que han sido realizadas por Köhler en las Islas Canarias.
La Psicología de la Gestalt, al rechazar los enfoques elementalistas y asociacionistas, se compromete con una visión “molar" de su objeto de estudio. Las ideas claves de la Gestalt surgen a partir de varias demostraciones cruciales, muy vívidas, logrando a partir de ellas, poner en duda lo ya establecido y constituir una nueva manera de pensar e investigar los fenómenos psicológicos. Al realizar los experimentos, ignoran la regla fundamental de los primeros psicólogos experimentales: el estudio de los hechos locales más simples y la eliminación de todos los ingredientes y perturbaciones secundarias que pudieran enturbiar la naturaleza simple de esos elementos.
Köhler, W. en su libro “Psicología de la Forma” afirma: “...tenemos que examinar con toda imparcialidad situaciones perceptivas e intentar encontrar en ellas aquellos hechos que se aparecen como más importantes; explicar su naturaleza, si es posible; compararla con la naturaleza de otros hechos de interés y ver si, de esta forma, podemos deducir reglas generales que sean válidas para muchos fenómenos. Está claro que en este programa no se mencionaban nunca los elementos simples locales o sensaciones.” (pag. 58)
Como ejemplo de estas demostraciones nos podemos referir aquel que realizó Max Wertheimer(1912), sobre un interesante fenómeno llamado “estroboscópico” o “movimiento aparente”. El fenómeno es en sí muy sencillo y puede graficarse en la siguiente figura:

Pag 60 de Kohler

Para realizar este experimento se instalaron dos focos de luz detrás de una pantalla transparente y entre ellos, en posición equidistante pero más cerca de la pantalla, se colocó una varilla vertical. Cuando se enciende cada foco de manera intermitente, la sombra de la varilla se proyecta en la pantalla a la derecha o a la izquierda, según cual sea la luz que la ilumine. Físicamente sucede que, cuando se enciende una lamparita y luego se la apaga y se enciende la otra y se apaga; la sombra de la varilla aparece y desaparece en un lugar y luego aparece y desaparece en otro lugar. En síntesis, no hay movimiento físico, sólo se prenden y apagan los focos de luz, de manera intermitente. Sin embargo, el sujeto sometido a este experimento, “ve” una sombra que se mueve de un lado a otro.
Este fenómeno llamado “movimiento aparente” fue tomado por los psicólogos de la escuela de Wundt como una “ilusión”, como un juicio erróneo del observador y nunca fue considerado como un hecho perceptivo.
Los hechos perceptivos, sostenían los psicólogos bajo el dominio de la Psicología Clásica, sólo se podían componer de “sensaciones locales independientes”. Pero Max Wertheimer, a pesar de su condición de discípulo de Wundt, se pregunta por este error y tanto él como otros investigadores, repitiendo el experimento, prueban que “el movimiento aparente” es un “hecho perceptivo” tan real como el llamado movimiento “real”. Llegan a posicionarse de una manera diferente frente a lo que, en principio, era catalogado como error en el diseño de investigación y falta de entrenamiento en “introspección experimental” por parte de los sujetos que se sometían a las experiencias de laboratorio. En sus investigaciones les llama la atención la frecuencia de informes verbales, que contrariamente a lo esperado, hacían referencia al ilusorio movimiento.
Se trata del mismo efecto de movimiento de las imágenes que vemos en el cine, donde una fotografía es sustituida rápidamente por otra, sin proyectar luz en la pantalla durante el cambio de cuadro fotográfico. Descripta como fenómeno físico, una película es sólo una secuencia de distintas fotografías en reposo y por tanto, los movimientos que vemos cuando se proyecta una película son todos “aparentes”.
No es la asociación de hechos locales independientes lo que puede explicar esta experiencia perceptiva, sino en todo caso, la interacción dinámica de estímulos locales, bajo ciertas condiciones temporales y espaciales.
Otro grupo de hechos, “demostraciones vívidas y notables” al decir de Howard Gardner; fueron las llamadas “ilusiones geométricas”. Se trata de distorsiones de formas visuales debidas a otras formas que aparecen en sus entornos.
Los dibujos están formados objetivamente por círculos trazados con toda exactitud. Pero como los círculos están rodeados por otros diseños, el resultado es que las imágenes perceptivas de los círculos geométricos, ya no son círculos.


Figuras A y B

Estas sorprendentes “percepciones” también fueron consideradas errores de juicio o de interpretación por parte del observador, ya que se concebía que la percepción de la disposición en el espacio tenía que estar determinada por la disposición geométrica de los correspondientes datos físicos producidos por los trazos en la figura. La experiencia consciente se consolidaba como producto de la sumatoria de sensaciones en correspondencia con estímulos externos y específicos, que habían ingresado a través de vías sensoriales específicas. Si el informe verbal de las personas se contradecía con estas afirmaciones, simplemente estaba errado, distorsionado por ideas previas, recuerdos; el sujeto de experimentación no estaba suficientemente entrenado para realizar una correcta introspección de su experiencia perceptual consciente inmediata.
Los Psicólogos de la Forma hacen caso omiso de esta interpretación y al intentar comprender lo que sucede con el fenómeno de la percepción, sus observaciones se refieren desde un principio a conjuntos, totalidades dentro de las cuales operan interacciones dinámicas y no copias fieles del estímulo físico.

Una demostración, antecedente del enfoque de la Gestalt, fue efectuada en 1890 por Chistoph von Ehrenfels, un discípulo austríaco de Franz Brentano, que tenía un particular interés en el estudio de la percepción de melodías musicales. Sostuvo que una melodía posee una “cualidad de la forma” o “Gestaltqulitäten”, que trasciende la suma de los elementos particulares que la componen y que permite que una melodía conserve su identidad aún cuando sea ejecutada en claves diferentes, con distintos instrumentos e intensidades de sonido. Es posible, a partir del mismo conjunto de elementos o notas, producir una melodía totalmente distinta y a la inversa, seleccionar un conjunto, perteneciente a otro tono musical y producir una melodía que sería aprehendida como “la misma” que la primitiva. Las ideas de von Ehrenfels, tan similares a las de los psicólogos de la Gestalt, no alcanzan a tener gran repercusión en la psicología de la época y esto se debe a que la versión oficial de la psicología de ese momento está comprometida con el modelo desplegado por Wundt. Deben pasar muchos años y reiteración de investigaciones, para poner en cuestionamiento los pilares de la psicología fundacional. Recién en 1912, es cuando Max Wertheimer da a conocer públicamente una interpretación diferente acerca de los experimentos de “movimiento aparente” anteriormente expresado.
Max Wertheimer (1880-1943) es considerado como el principal fundador de la Escuela de la Gestalt, pero su tarea la realiza estrechamente asociado con sus colegas Wolfgang Köhler (1887-1967) y Kurt Koffka (1886-1941). Los tres se propusieron fundar una psicología que pudiera dar cuenta de lo significativo e inmediatamente organizado de la experiencia psicológica consciente, conservando el espíritu experimental y rechazando cualquier intento de descomposición de la vida psicológica.
Al recapitular la historia de la Psicología de la Gestalt, Köhler1 recuerda: “Wertheimer formuló la pregunta siguiente: si se asume que el campo visual se compone de elementos locales llamados sensaciones ¿dónde están esos elementos locales?, ¿nos ha dicho alguien, alguna vez, que para él el campo visual es un mosaico compuesto por piezas tan pequeñas?. Si nunca hemos oído de tales afirmaciones ¿cuál es el fundamento empírico de la tesis atomística en nuestro campo de investigación? Lo que la gente menciona cuando se refiere a los contenidos de su campo visual son principalmente objetos visuales: vasos, platos, mesas, sillas, casas, árboles, otras personas, perros, gatos, etc. Todos estos objetos son parte del campo visual; pero lejos de ser elementos minúsculos, la mayor parte de ellos son individualidades bastante grandes o “todos”. (pag75-76)
Una sintética expresión, que se convirtió en carta de presentación de la Gestalt, permite resumir la posición que adoptan:
“El todo es más que la suma de las partes”

Esta afirmación, relativamente simple, puso en duda los fundamentos mismos de la psicología elementalista asociacionista. Veamos que implicancias se sintetizan en esta idea.
La experiencia psicológica lleva consigo una cualidad de totalidad que no puede encontrarse en sus partes constitutivas cuando son aisladas. Lo que posee la totalidad, jamás puede ser representado por una sucesión o agregación de elementos que componen esa totalidad. Se impone la inclusión, la coexistencia y no la agregación sucesiva de elementos. La totalidad se capta de una sola vez, porque todo se da junto y de manera inmediata. Nunca la cualidad total puede ser efecto de una generalización a partir de casos. El todo es el punto de partida de la experiencia psicológica y jamás el de llegada.
Mientras la psicología elementalista supuso que las propiedades de las partes al ser asociadas determinan las características de la totalidad, la Gestalt sostuvo que es la organización estructural global la que determina el lugar y significado de cualquier parte componente. En este sentido una misma sensación, o elemento local, puede cobrar distinto significado según la totalidad a la que pertenezca. Por ejemplo, un sabor, un aroma, un gusto, son estructurados a partir de la conducta en la que están incluidas y no a la inversa. Si bien psicofisiológicamente una sensación puede ser definida en sí misma, por su cualidad, intensidad, duración, etc. y puede mantener sus propiedades a pesar de incluirse en diferentes tipos de conductas; este esfuerzo analítico sólo las desvitalizaría al eliminar el contexto en el que tienen expresión la conducta. En la vida cotidiana desaparece la identidad molecular de cada sensación tornándose significativas al incluirse en la totalidad de la experiencia conductual.
A continuación se ofrece como ejemplo de captación de totalidad, una descripción literaria, que sin ser sumativo-agregativa ni expresar una sucesión de elementos para llegar a componernos la personalidad de quien es descripto, permite que nos imaginemos la estructura, la totalidad de la persona, “lo propio de ese ser”. Es interesante ya que no se apela a los prototípicos ejemplos vinculados a lo perceptivo visual, que clásicamente se utilizan para permitir la comprensión de la idea de totalidad: “...en un fragmento de novela religiosa, hace Mörike, una descripción de una joven que acaba de entrar: “Un cuello gracioso y largo aumentaba su talla ligera, más bien mediana. Ricamente anudadas, trenzas negras corren en forma de guirnalda sobre su frente clara, que, modelada de la manera más bella por el dedo espiritual de la naturaleza, coronan dos ojos de azul nocturno. Además un vestido sencillo, amarillo claro, un ancho cinturón con un singular dibujo negro, me parecieron perfectamente correspondientes a la personalidad propia de ese ser.” 2 Es una bella descripción de la totalidad y no un barrido sucesivo de las características.
Desde la perspectiva de la Gestalt, toda producción de conducta, todo proceso psicológico implicado es una totalidad organizada y con significado, ya que lleva consigo una cualidad estructural que no puede reducirse a las partes que la componen. Este propósito de estudiar la experiencia consciente como totalidad organizada y significativa, se constituye en objeto de sus estudios sistemáticos. Percibir una situación, imaginarla, resolver un problema, producir una solución, sólo se pueden comprender como fenómenos humanos si entendemos a la conducta como “molar”, como totalidad organizada.
El término alemán Gestalt es apropiado para denominar a esta escuela ya que significa forma, figura o configuración, implicando, entonces, oposición a cualquier tipo de análisis reduccionista de la experiencia psicológica, que si se llegara a aplicar, sólo conduciría a la misma destrucción de la experiencia.
Derrocan el punto de vista asociacionista imperante en las psicologías de su tiempo, tanto en la escuela de Wundt y sus continuadores, como en la psicología conductista. Para ambos casos, consideraron que el psicólogo sólo se ocupó de artificios y abstracciones, de los productos finales del análisis y que poco importa si este análisis se hace en términos de introspección experimental o de reducción del comportamiento a reflejos condicionados. De una manera sintética podemos decir que la Gestalt representa un punto de vista molar en Psicología en oposición al punto de vista molecular adoptado por las psicologías elementalistas asociacionistas.

Los aportes para la comprensión del fenómeno de la percepción:
Fue en el área de la percepción donde el programa “gestalt” produjo las contribuciones más originales y valiosas, en particular en lo que se refiere a los principios de organización del campo perceptivo visual.

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