La investigación sobre el entendimiento humano






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títuloLa investigación sobre el entendimiento humano
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HUME: El EMPIRISMO MODERNO

1. Su vida y su obra

2. El «plan» de la filosofía de Hume

3. El problema del conocimiento

4. El problema de la ciencia

5. Crítica a la metafísica : el problema de las sustancias

6. Consecuencias del empirismo de Hume

7. El problema moral: el «emotivismo» moral

8. Influencia e importancia de la filosofía de Hume

A David Hume (1711-1776) se le ha considerado el primer autor plenamente moderno, pues su filosofía se desvincula por completo de la metafísica medieval. Sus planteamientos radicalmente empiristas le conducen a negar, no sólo la posibilidad de la metafísica (oponiéndose en esto a los racionalistas), sino también la posibilidad de un conocimiento necesario del mundo. Su pensamiento será el punto de partida de filosofías empiristas, como el positivismo, el neopositivismo y el movimiento analítico, preponderantes hoy en la filosofía anglosajona.
1. Su vida y su obra
D. Hume (1711 - 1776) fue hijo de un terrateniente escocés. Después de dedicarse un tiempo al negocio de su padre amplió estudios en Francia. Toda su pasión personal fue la de llegar a ser un célebre escritor y fundar una ciencia del hombre apoyada en la experiencia.

Tal fue el propósito de su Tratado sobre la naturaleza humana que escribió siendo muy joven y que pasó inadvertido cuando se publicó. El Treatrisse se divide en tres partes: la lógica, que estudia la teoría del conocimiento humano y los principios del razonamiento humano; la moral, que estudia los principios que guían nuestros gustos y sentimientos, y la política, que estudia a los hombres unidos en sociedad. El Treatrisse fue revisado por Hume y reescritas dos de sus partes en dos obras más breves: La investigación sobre el entendimiento humano (el denominado Enquiry) y La investigación sobre los principios de la moral, obras que le proporcionaron a Hume el reconocimiento del público. Hume mostró, además, un inusitado interés por la historia, la economía y la filosofía de la religión. Fruto de este interés son sus dos Historias de Inglaterra, un tratado sobre Economía y sus Diálogos sobre la religión natural.
2. El «plan» de la filosofía de Hume
La pretensión de Hume fue fundar una ciencia del hombre al igual que se habían fundado sólidamente ciencias empíricas como la física, la química o las ciencias naturales. Hume se propone aplicar a su objeto de estudio, el hombre, los mismos métodos de indagación de las ciencias empíricas: la experiencia y la generalización inductiva.
Hume distingue en el ser humano dos dimensiones: una teórica, relativa al conocimiento, y otra práctica, relativa a la actuación.

Conocer al ser humano es explicar, en primer lugar, qué es lo que puede conocer; y en segundo lugar, explicar cómo elabora los criterios que le sirven para actuar en la vida, para distinguir entre lo que está bien o mal.
Conforme a este plan, Hume comienza por investigar el entendimiento humano. Esta investigación le permite, no sólo saber cuál es el alcance y límites de nuestro conocimiento, sino también qué ciencia es posible hacer y si es posible el conocimiento metafísico.
Las conclusiones que Hume alcanza en estas cuestiones son radicalmente empiristas, y le conducen a un escepticismo teórico según el cual sólo podemos conocer los fenómenos y, además, con un carácter probable.

En cuanto a la dimensión práctica del ser humano, Hume se pregunta cómo establecemos los criterios de lo bueno y de lo malo que utilizamos para actuar en la vida.
3. El problema del conocimiento
La primera cuestión que hemos de contestar antes de decir nada sobre la realidad es: ¿cuál es el alcance y el límite de nuestro conocimiento? Para Hume, como para Locke, nada tenemos en la mente que no hayamos recibido por la experiencia. Por tanto, nuestros contenidos mentales, que Hume denomina sin distinción percepciones, proceden siempre directa o indirectamente de la experiencia.
-Tipos de percepciones
Las percepciones pueden ser impresiones e ideas.
-Las impresiones son el resultado directo e inmediato de una experiencia y pueden ser de dos tipos:
a) Externas, si provienen de nuestras sensaciones.
b) Internas o de reflexión, derivadas de nuestras propias ideas. De este tipo son las pasiones, los deseos y las emociones.
- Las Ideas son copias debilitadas de las impresiones en nuestra imaginación. Se diferencian de las impresiones en que:
 Las impresiones son siempre más vivas que las ideas, mientras que las ideas son más débiles.

 De las impresiones tenemos un conocimiento actual, mientras que las ideas son siempre la imagen pasada de una impresión.

 Las impresiones son siempre directas, es decir, tienen su origen directo en la experiencia, mientras que las ideas tienen un origen indirecto, pues provienen siempre de una impresión.

 La impresión es algo inmediato, mientras que la idea es algo mediato.

 La impresión, por último, es siempre anterior a la idea, mientras que ésta es siempre posterior.
Así lo explica Hume en el Treatrisse:
« Una impresión se manifiesta en primer lugar en los sentidos, y hace que percibamos calor o frío, placer o dolor de uno u otro tipo. De esta impresión existe una copia tomada por la mente y que permanece luego que cesa la impresión: llamamos a esto idea. Esta idea de placer o dolor, cuando incide a su vez en el alma, produce las nuevas impresiones de deseo y aversión, esperanza y temor, que pueden llamarse propiamente impresiones de reflexión, puesto que de ella se derivan.»

Tanto las impresiones como las ideas pueden ser simples o complejas.

Las impresiones simples son aquellas que no admiten distinción ni separación y dan lugar, obviamente, a ideas simples. Y las impresiones complejas aquellas que sí admiten distinción o separación.
Así, ¿cuál es el alcance y el límite de nuestro conocimiento?
Para Hume, todo lo que podemos conocer ha de derivarse directamente de la experiencia.

Por tanto, cualquier idea ha de estar conectada a sus impresiones correspondientes o, de lo contrario, hemos de concluir que su origen ha de estar en la actividad del entendimiento , y por tanto no hacen referencia a la realidad, no proporcionando entonces conocimiento. (Criterio de verdad de Hume)
- La imaginación y su actividad
Hume reconoce que tenemos una facultad -la imaginación- que nos permite asociar ideas y formar ideas abstractas, pero esto no implica que tales ideas abstractas tengan algún fundamento en la expe­riencia.

La imaginación, según Hume, tiene la capacidad de asociar ideas, ya sea de un modo natural o de un modo arbitrario. La asociación natural de ideas se rige por una serie de leyes que la imaginación sigue a la hora de formar ideas que carecen de impresión correspondiente.
Tres son las leyes de asociación de ideas:
1ª Ley de la semejanza: en virtud de esta ley la imaginación pasa de una idea a otra que se le parece. Así, por ejemplo, pasamos del retrato de alguien a la idea del hombre representado en el retrato.
2ª Ley de la contigüidad: en virtud de esta ley la imaginación pasa de la idea de algo a otra idea que habitualmente experimentamos inmediatamente a la anterior en el espacio y en el tiempo. Por ejemplo, si se menciona la idea de cocina se presenta naturalmente a la mente la idea de casa..
3ª Ley de la causalidad: en virtud de esta ley la imaginación pasa de la idea del efecto a la idea de la causa, pues habitualmente ambas ideas se experimentan relacionadas, la primera como causante de la segunda. Así, por ejemplo, cuando pensamos en la idea de humo tendemos también a pensar en la idea de fuego.
Estas tres leyes, de cuya formulación Hume se sentía muy satisfecho, eran para la filosofía un hallazgo que Hume equiparaba a la formulación por Newton de las tres leyes del movimiento de los cuerpos.

Venían a demostrar que es el sujeto, y su imaginación, quien asocia las diferentes percepciones, «constituyendo en realidad para nosotros el cemento del universo». Estas leyes nos explican la verdadera naturaleza de nuestras ideas abstractas, que no se derivan de la experiencia sino de nuestra imaginación y son, por ello, ilegitimas, al no corresponderse con ninguna impresión.

Tal es el caso de la idea de sustancia, de la idea de causalidad, o de la misma idea de existencia. Tales ideas no se corresponden en realidad con ninguna impresión. Son, sencillamente, el producto de nuestra imaginación.

4.El problema de la ciencia :¿qué ciencia es posible?
Para Hume sólo podemos formar dos tipos de juicios o proposiciones científicas:
a) Los juicios de relaciones de ideas: son aquellos juicios en los que se establecen relaciones necesarias entre el sujeto y el predicado cuya verdad depende de su coherencia interna y no de nada que suceda en la realidad. Estos son los juicios de las matemáticas y de la lógica. Así, por ejemplo, «el todo es siempre mayor que las partes».

Una negación de tales juicios implicaría una contradicción.
b) Los juicios de cuestiones de hecho: son aquellos juicios que versan sobre los hechos de la realidad cuya verdad depende de su correspondencia con nuestras observaciones empíricas. Estos son los juicios de las ciencias empíricas. Así, por ejemplo, «el oro es amarillo».

Una negación de tales enunciados no implicaría una contradicción, sino una falta de adecuación a los hechos.
Ahora bien, los juicios de relaciones de ideas nada nos dicen acerca de la realidad empírica, tan sólo establecen relaciones necesarias entre el sujeto y el predicado.

Los juicios de cuestiones de hecho se refieren a la realidad empírica , y las ciencias que las estudian , según Hume ,utilizan el método inductivo y el principio de causalidad para obtener sus leyes universales de la Naturaleza.
Hume pasa a analizar la validez de la inferencia causal y del método inductivo para saber el grado de verdad que las ciencias empíricas pueden alcanzar.
- Crítica de la inducción
Las ciencias empíricas utilizan el método de generalización inductiva para obtener sus leyes. Estas leyes expresan regularidades que observamos en la naturaleza. Pero, ¿podemos considerarlas siempre verdaderas? Según Hume, no

El método inductivo que emplean las ciencias supone (sin haberlo comprobado en todos los casos) que lo que se da en una serie de casos observados se dará en todos los demás.

Efectivamente, en virtud de este método generalizamos nuestras experiencias pasadas suponiendo que permanecerán del mismo modo en el futuro, y, sin embargo, nunca podemos estar seguros de que nuestras leyes generales sobre la naturaleza vayan a mantenerse en el futuro, pues al referirse a hechos futuros la única prueba racional sería su comprobación empírica, y ésta es imposible.

El razonamiento inductivo, concluye Hume, se fundamenta en la costumbre de observar el futuro en conformidad con el pasado, y en la creencia de que tal conformidad va a mantenerse siempre.

- Crítica de la inferencia causal
El principio filosófico de causalidad se enuncia así:

“Dado un efecto ha de haber una causa que lo ha producido”.

La causa es el principio de actuación necesario para que exista un efecto. El efecto procede de la causa y la causa origina el efecto.

Sin embargo, tal principio para Hume no se deriva de la experiencia, pues no tenemos ninguna impresión de la relación entre la causa y el efecto.

Lo que nosotros experimentamos cuando «observamos» una relación causal, por ejemplo cuando vemos que el choque de una bola de billar sobre otra produce el movimiento de ésta última, es tan sólo:
- Una prioridad temporal de un movimiento sobre otro.
- Una contigüidad espacio-temporal entre ambos movimientos.

- Una conexión constante, en el pasado, entre ambos movimientos, pero no una conexión necesaria en el futuro.
Nada más vemos. Si pensamos que la relación entre la causa y el efecto es necesaria es por hábito de observar que a un determinado hecho que llamamos causa sigue otro hecho que llamamos efecto.

Es nuestra imaginación la que, inclinada por el hábito, deriva el efecto al observar la causa y viceversa, sin que esto implique que ambos estén relacionados, ya que esa relación es imperceptible.

De la observación de la causa no se puede inferir necesariamente el efecto y viceversa. Nunca podemos estar seguros de que en el futuro estas relaciones causales permanezcan iguales que en el pasado:

si pensamos esto, es por el hábito de haber observado en el pasado de un modo constante los hechos relacionados causalmente, puesto que un conocimiento empírico del futuro es imposible.

De todo esto tenemos que concluir que en nosotros surge la creencia de que los hechos sucederán de un modo determinado en el futuro por el hábito de haberlos observado así en el pasado.

De esto también se deriva que nuestro conocimiento de los hechos de la realidad no es un conoci­miento seguro por completo, sino como mucho probable, fundamentado en la costumbre y la creencia.

Resumiendo, son posibles, por tanto, como ciencias, la lógica y las matemáticas, que formulan enunciados necesarios, y las ciencias empíricas como la física, la química o las ciencias naturales, que elaboran enunciados probables sobre hechos.

Los juicios de “relaciones de ideas” nada nos dicen sobre la realidad y los enunciados sobre «cuestiones de hecho» nos aportan tan sólo un conocimiento probable.

Estos son los límites de nuestro conocimiento impuestos por nuestra propia naturaleza: no podemos pretender ir más lejos.

5. Crítica a la metafísica : el problema de las substancias
El problema de la substancia no es otro que el problema de establecer qué realidades existen.

Para el racionalismo, tanto Dios como el mundo o el propio sujeto son realidades existentes en sí mismas.

Para Hume la idea de substancia es la idea de una realidad subyacente a las impresiones que percibimos y que suponemos provenientes de dicha realidad.

Aceptar, pues, la idea de substancia supondría afirmar que hay una realidad subyacente de la que provendrían las impresiones que recibimos.

Pero, verdaderamente, dice Hume, no podernos saber si realmente existe tal realidad, pues no está a nuestro alcance percibirla.

Tal idea la forma nuestra imaginación aplicando las leyes de asociación de ideas. Concretamente, lo que hace la imaginación es referir a una supuesta realidad que no vemos las diferentes impresiones que recibimos contiguas en el espacio y en el tiempo.

De este planteamiento se deriva que ignoramos si existen o no el Yo, el mundo o Dios en tanto que algo distinto y subyacente a nuestras impresiones.

Veámoslo caso por caso:
- La idea del yo es la idea de la existencia del propio sujeto como entidad distinta a sus percepciones.

Para Descartes era claro que, si pensábamos, entonces existíamos como sujetos pensantes, éramos un yo pensante. Para Hume esto no es así.

El yo como algo distinto a las percepciones no es nada, al menos no tenemos impresión de nuestro propio yo: por ello, no podemos saber si hay tal yo.

La existencia del yo como sustancia, como sustrato permanente de nuestros actos psíquicos, no puede justificarse apelando a una intuición, ya que sólo podemos tener intuiciones de nuestras ideas e impresiones y, por lo que respecta a nosotros mismos, éstas se suceden unas a otras sin ser ninguna de ellas permanente.

¿Quién soy yo? es una pregunta que habría que plantearse así:

¿Qué impresión es la que se corresponde con mi yo distinta a los contenidos de mi mente? Si buscamos tal impresión no encontramos ninguna, sino tan sólo una sucesión de ideas sin carácter perma­nente.

Sólo la asociación de estas ideas y su atribución a un solo sujeto es la causante de la idea de nuestro yo.
- La idea del mundo es la idea de la existencia de una realidad subyacente a las impresiones que recibimos, de la que supuestamente proceden.

No sólo no tenemos impresiones correspondientes de esa realidad subyacente, sino que además, teniendo en cuenta la crítica a la idea de causalidad, no podemos estar seguros de que estas impresiones, en cuanto efectos, procedan de una causa subyacente -la sustancia que las origina-, pues tal relación sería en todo caso imperceptible.

Las impresiones que recibimos contiguas en el espacio y en el tiempo son referidas por la imaginación a una supuesta realidad o sustancia de la que no tenemos impresión correspondiente.
- La idea de Dios es la idea de un Ser por definición imperceptible, lo que hace más claro, para Hume, que no cabe un conocimiento empírico de tal entidad. No podemos saber si existe o no existe.
Por tanto la metafísica no es una ciencia , no aporta ningún tipo de conocimiento, '1hariamos bien en arrojar al fuego todos aquellos libros de metafísica , ya que sólo contienen sofistería y palabrería".
6. Consecuencias del empirismo de Hume
Tres son las consecuencias a las que conduce el empirismo de Hume: el fenomenismo, el idealismo y el escepticismo.
El fenomenismo es una posición filosófica que considera que la realidad se reduce a lo que se nos muestra o aparece (al fenómeno) a través de las impresiones que recibimos.

Estas impresiones dan lugar a ideas que son asociadas por la imaginación sin que podamos afirmar, a ciencia cierta, que tales conexiones se produzcan, además de en nuestra mente, en la realidad. No conocemos lo que está detrás del fenómeno, por tanto, nada podemos decir acerca de una supuesta realidad subyacente.
El idealismo es una posición filosófica para la cual la única realidad existente es la de las ideas o percepciones recibidas por el sujeto.

También para Hume la única realidad es la de las percepciones: desconocemos si hay alguna otra realidad distinta a lo percibido. Ni tan siquiera podemos saber si existe -no sólo el mundo sino también el propio sujeto como realidad subyacente a las percepciones recibidas.

El escepticismo es una posición filosófica que niega la posibilidad de que podamos alcanzar verdades seguras sobre la realidad. Para Hume nuestro conocimiento de la realidad es probable y nuestra pretensión de conocer realidades metafísicas como Dios, el yo o el mundo es vana.

Esto quiere decir que la metafísica es imposible como ciencia y las ciencias de la naturaleza solo nos aportan un conocimiento probable.
7. El problema moral: el «emotivismo» moral
El tema de la moral constituye, junto con el problema del conocimiento, la otra gran preocupación de la filosofía de Hume. La segunda parte del Treatrisse está dedicada a esta cuestión y también un tratado específico: La investigación sobre los principios de la moral.

Hume se pregunta acerca de los criterios que determinan nuestra valoración de lo que está bien y de lo que está mal.

Parte de la concepción de que tales criterios proceden del propio sujeto: -no pueden establecerse desde ninguna otra realidad ajena al sujeto; ni siquiera es posible que lo bueno y lo malo derive de nuestro conocimiento de la realidad, pues los juicios morales no son cuestiones de hecho, sino valoraciones.
No podemos pasar del «5er» al «deber ser», puesto que el que algo sea de una manera no puede implicar que deba ser de esa manera. El conocimiento de los hechos nos proporciona un conocimiento de lo que sucede, pero éste no es un conocimiento acerca de si lo que sucede es bueno o malo. (falacia naturalista)
La apreciación moral, la valoración, es la consecuencia más bien del sentimiento de aprobación o reprobación por el placer o disgusto que nos causa la experiencia de un determinado hecho.

El sentimiento de aprobación es por sí mismo placentero y el de reprobación no placentero. Nuestra consideración de lo bueno y lo malo proviene, para Hume, del sentimiento y no de la razón como habían afirmado los racionalistas.

La razón sólo se ocupa, según Hume, de descubrir verdades, ya sean éstas necesarias o relativas a hechos, pero en ningún caso puede formular «verdades morales», pues éstas no son ni afirmaciones necesarias, propias de la lógica y de las matemáticas, ni tampoco son afirmaciones sobre hechos, propias de las ciencias empíricas.

Las valoraciones morales son siempre consecuencia del gusto y del sentimiento.

La razón no es guía de las pasiones. Muy al contrario, son las pasiones la guía de la razón. Son las pasiones las que nos inclinan a actuar siempre con la expectativa de evitar el displacer y lograr el placer. La razón es empleada simplemente como un medio para lograr nuestros deseos.

La ética emotivista de Hume comparada con la ética racionalista se diferencian en:


- Las normas morales se derivan de la razón.

- Son universales: válidas para todos.


- Se determinan a priori: con independencia de la experiencia
-Son necesarias: no pueden cambiar.


- El criterio de moralidad deriva del sentimiento.
-Son generales: su validez depende de la opinión de la generalidad de los seres humanos.
-Se determinan a posteriori después de la experiencia,
-Son contingentes: pueden cambiar si cambia el gusto.



Y se asemejan en:
Para ambas es el sujeto, ya sea desde su razón o desde el sentimiento, quien establece lo que está bien y lo que está mal.

8. Influencia e importancia de la filosofía de Hume
La filosofía de Hume influyó notablemente en Kant, pero éste fue, al mismo tiempo, su más cualificado crítico. Kant no consideró imposible un conocimiento necesario del mundo físico. En ética, aunque se situó dentro del mismo paradigma de Hume, según el cual es el sujeto quien establece lo que está bien o mal, Kant no consideró válido que filera el gusto el que decidiera sobre lo bueno y lo malo, sino el deber.

El positivismo del siglo XIX (Comte) se basó en la idea de Hume según la cual sólo los hechos pueden ser objeto de conocimiento, y sólo en ellos se puede fundar cualquier ciencia.

Esta misma idea ha inspirado a la filosofía anglosajona del siglo XX y a sus diferentes corrientes: el neopositivismo del Circulo de Viena, el atomismo lógico de Russell y el «primer» Wittgenstein y la «filosofía del lenguaje ordinario» del «segundo» Wittgenstein. Todos ellos parten de Hume y de su empirismo y, como él, limitan enormemente el papel y las pretensiones de la metafísica.

Hume también ha influido en el pragmatismo americano del siglo XIX, que recogió y desarrolló su idea de atenerse a la vida y a lo que funciona, dejando de lado nuestro escepticismo filosófico, ya que tenemos que vivir.

Sus planteamientos morales han sido igualmente influyentes en el utilitarismo del siglo XIX, desarrollado por Bentham y Stuart Mill, que también cifran el criterio de la moralidad en el placer o displacer que nos causan nuestras acciones.
Finalmente, hay que señalar que la crítica al método inductivo ha sido una de las causas del resurgir de la filosofía de la ciencia en nuestros días. Particularmente esta crítica ha sido decisiva en autores como Popper, para el cual, como para Hume, el método inductivo no es totalmente fiable en ciencia, ya que hechos futuros pueden venir a desmentir nuestras hipótesis. Entonces no nos quedaría más remedio que admitir el carácter falible de nuestro conocimiento, incluso de nuestro conocimiento científico.


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