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Fenómeno

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Immanuel Kant

En filosofía, el fenómeno (del griego: φαινόμενoν: 'apariencia, manifestación', en plural: phenomena φαινόμενα) es el aspecto que las cosas ofrecen ante nuestros sentidos; es decir, el primer contacto que tenemos con las cosas, lo que denominamos experiencia. La misma palabra hace pensar que detrás del fenómeno puede existir una estructura no perceptible directamente, el filósofo Immanuel Kant lo llamó noúmeno.

[editar] Fenómeno en filosofía

Durante mucho tiempo se valoraba como verdadero lo que “estaba oculto” más allá de la apariencia, del fenómeno, y el intento del conocimiento era “desvelar” eso oculto como esencia, la cual así como diversas clases de verdad.

El término fenómeno tiene un sentido especial en la filosofía de Kant, al poner en contraposición el concepto de fenómeno con el de noúmeno. Los fenómenos constituyen el mundo tal como lo percibimos, en oposición al mundo tal como existe independientemente de nuestra experiencia, a lo que Kant llama «la cosa en sí misma» (Das Ding an sich). Según Kant, el ser humano no puede conocer las cosas-en-sí-mismas, sino solamente las cosas tal como las percibe o experimenta. Por lo tanto, la tarea de la Filosofía consiste en tratar de comprender el propio proceso de la experiencia.

El concepto de "fenómeno" condujo a una corriente de la filosofía conocida como Fenomenología. Entre las figuras señeras de dicha corriente se cuentan los filósofos alemanes Hegel, Husserl y Heidegger, así como el francés Derrida.

La versión kantiana de los fenómenos se ha considerado asimismo que ha influido grandemente en el desarrollo de los modelos psico-dinámicos en la Psicología, así como de las más recientes teorías sobre el modo en que interaccionan el cerebro, la mente y el mundo exterior.

Definición de Ciencia


Ciencia es por un lado un conjunto de conocimientos obtenido a través de un método específico, y por el otro, es el método por el cual se obtienen esos conocimientos, el método científico.

Ciencia es un proceso de investigación metódico y la descripción de los resultados y métodos de investigación con la finalidad de proveer conocimiento de una materia. A través de manera metódica y controlada, se alcanzan nuevos conocimientos, que se consideran válidos mientras no sean refutados. Lo que implica que la ciencia no produce verdad incuestionable, sino que su producto puede ser contrastado y refutado en cualquier momento.

Las principales características que posee la ciencia son las siguientes: sistemática, acumulativa, metódica, provisional, comprobable, especializada, abierta y producto de una investigación científica.

La ciencia forma parte esencial de la vida moderna, y el conocimiento científico, que es un tipo de conocimiento, también es criticado.

Clasificaciones de las ciencias
Una ciencia puede ser "formal" o "factual". La lógica y las matemáticas son ciencias formales: sólo tratan con conceptos y sus combinaciones y, por lo tanto, no se sirven de procedimientos empíricos ni de datos-excepto como fuentes de problemas o como ayuda en el razonamiento. La física y la historia, entre otras, son factuales: tratan de cosas concretas tales como rayos de luz o empresas comerciales. Por consiguiente, necesitan procedimientos empíricos, como la medición, junto con los conceptuales, como la observación. Las "ciencias factuales" pueden dividirse en "naturales" (por ejemplo, la biología),"sociales"(por ejemplo, la economía) y "biosociales" (por ejemplo, la psicología)

¿QUÉ ES LA REALIDAD?

Walter Ritter Ortíz y Tahimi E. Perez Espino
Centro de Ciencias de la Atmósfera.

UNAM, Circuito Exterior. CU.

04510 México DF.México

INTRODUCCIÓN

Cada cultura organiza su realidad de una manera específica y sus miembros están convencidos de que ésa es la única visión correcta del universo. La cultura occidental organizó su realidad en dos ideas centrales: donde lo que puedo ver y tocar es la realidad, conocida como “materialismo” y el dualismo carteciano donde yo soy mi conciencia y todo el resto del mundo está fuera de mí. Esta visión nos procuró un control inmenso y sin precedentes sobre el ambiente exterior, pero tuvo inexorablemente problemas que no estaba en condiciones de resolver; problemas capitales que debemos afrontar y resolver, ya que de otra manera pudiéramos desaparecer como civilización. Tenemos métodos vigorosos para estudiar el exterior de nosotros, pero que resultan inapropiados para estudiar la parte del “yo”. Es decir que hemos aumentado enormemente nuestra capacidad de hacer una guerra pero no ha aumentado nuestra comprensión del porqué de las causas de la guerra.

Observamos y entendemos el mundo a través de una serie de teorías que conforman un paradigma. El grupo dominante aún trata de hacer ciencia “normal” de acuerdo con el viejo paradigma y lucha contra los revolucionarios con todos los medios a su alcance, como nos lo hace saber Kuhn (1971), interfiriendo publicaciones, apartando a los herejes de cargos académicos, etc., utilizando la descalificación en toda situación no agradable o poco conveniente sin ver que ésta no tiene validez porque no presenta argumentos sólo enconos.

Si al final los herejes se convierten en el nuevo establishment científico no sería extraño que defenderán su nuevo paradigma con tanta ceguera como defendieron sus antecesores el suyo.

Recientes descubrimientos de la física demuestran que la realidad está inextricablemente ligada a la naturaleza de la conciencia humana, y que la creencia en que existe una única realidad verdadera ha dejado de tener validez y utilidad para el conocimiento. La aplicación de criterios convencionales de realidad, nos ha llevado a un bloqueo intelectual y científico que afecta seriamente las posibilidades de extender y ampliar los límites de la conciencia humana. Los problemas que vivimos nacen de nuestra actual estructura del conocimiento, y para resolverlos es decisivo que hagamos una nueva organización de la realidad. El nuevo método sistémico ya está en desarrollo y en marcha en diferentes campos científicos. El reduccionismo y nuestro repudio de su forma materialista así como al hecho de que en física no da resultados positivos ya que determinó más vacilaciones y bamboleos que progreso, de que la biología no es nada más química y que la conducta humana no es nada más que “combinación de reflejos”, así como el problema de la ética y la conciencia en general.

Una de las mayores glorias de la ciencia es la de haber contribuido a romper con la idea de una verdad intangible y eterna. Los progresos importantes se deben a nuevas generalizaciones que permiten unificar lo que hasta ese momento parecía formar dominios separados. Para cubrir un amplio dominio, una teoría debe tener al mismo tiempo gran poder para explicar eventos diversos y gran flexibilidad para poder aplicarse a las diversas circunstancias.

LA REALIDAD EN UN MUNDO RACIONAL

Platón expresa en el Timeo su escepticismo respecto de la aprehensión del mundo mediante los sentidos solamente. Las realidades presentadas por la aprehensión sensorial no son para él, más que apariencias. La parte sensible de nuestra existencia es, sólo la representación efímera de un modo de ser en el más allá. Aristóteles en cambio reconoce sólo existencia a aquello que es perceptible mediante los sentidos, donde es esencial el análisis causal del ser y por eso la razón y la necesidad tienen en él una importancia primordial. Razón y necesidad, causa y acción desempeñan para él papeles fundamentales. Donde la palabra “realidad” tiene un significado definido, fácilmente comprensible y definitivo. Lo que está próximo a la naturaleza, está sujeto a un movimiento continuo y a una necesidad constante, declarando que: “Es claro que la naturaleza es origen en el sentido de la necesidad”, Para él es esencial el análisis causal del ser y por eso la razón y la necesidad tienen una importancia primordial, Aristóteles (1982).

Se trata de una oposición clara de materialismo y metafísica. Los postulados básicos del pensamiento científico moderno tienen sus raíces en esa época.

Como se creía que causa y efecto eran la ley suprema que rige completamente todos los sucesos del mundo; una clara implicación del supuesto de que el pasado causa lo presente es la de que el cosmos es predecible. Según Laplace si conocemos la posición y velocidad de todos los átomos del universo, se podía predecir todos los futuros acontecimientos, concepto que estaba en el fondo de la organización del conocimiento y era completamente realista. Esto significa que se necesita un ordenador dotado de una memoria infinita para especificar el estado de una sola partícula. Después de Maswell se concibió la realidad física como algo representado por campos contiguos que no se explican mecánicamente. No se entendió que con la mecánica cuántica ese abandono significaba el colapso completo del sistema de una racionalidad que rige todo el universo. Un cosmos completamente coherente no puede ser incoherente en una de sus partes, la excepción hace que el todo se venga abajo. El supuesto de que todos los fenómenos podían visualizarse y explicarse mediante modelos mecánicos no era por completo valida. Todavía se cree a menudo que lo que nos impide construir un modelo mecánico útil y fructífero con nuestros datos es nuestra falta de conocimiento antes que algo inherente a los datos mismos.

La mecánica clásica de Newton nos da una visión determinista del universo, donde todo está previamente determinado que es una imagen que deja poco sitio para la libertad humana, donde seguimos a lo largo de la vida nuestras propias trazas prefijadas, sin ninguna posibilidad real de opción. Para los físicos modernos, la idea de la perfecta predicción no tiene sentido, porque no se puede conocer la posición y el momento con precisión absoluta ni siquiera de una partícula. No es posible predecir el futuro, el futuro es esencialmente impredecible e incierto. Sabemos con exactitud de dónde venimos, pero no sabemos con certeza hacia dónde vamos. Con la relatividad los modelos mecánicos ya no funcionaban y el mundo que representaban no describen definitivamente nuestro entorno habitual. No podemos conocer, por principio, el presente en todos sus detalles y es aquí precisamente donde la teoría cuántica se libera del determinismo de las ideas clásicas.

Sabemos que el azar no es normalmente un factor de orden, sin embargo la mecánica cuántica basada en probabilidades, describe el comportamiento de los átomos y por más de 50 años sus predicciones se han venido verificando, incorporando aspectos acausales e indeterminados que constituyen sus fundamentos de la realidad. La descripción cuántica, hace intervenir funciones de probabilidad que aseguran el contacto acausal. Ese plano acausal podría también estar en la base de la misteriosa tendencia de la materia a organizarse y a estructurarse para adquirir nuevas propiedades llamadas “propiedades emergentes”.

En la historia del universo, la materia pasa de la simplicidad a una complejidad siempre creciente. En el plano acausal, sería donde se insertarían el sentido o intención en la naturaleza. Donde a las tres grandes entidades de la física clásica; ley de conservación, continuo espacio-tiempo, causalidad, habría que agregar la “sincronicidad”, la cual según Jung no se pueden explicar por el juego de causas y efectos, pero que, por otra parte tienen un sentido reconocido. Queda excluida una explicación causal de la sincronicidad ya que consiste esencialmente en correspondencias fortuitas, donde desaparecen las relaciones racionales y las relaciones causales de orden espacio-temporal.

Las matemáticas apuntan la posible existencia de más dimensiones de las que podemos percibir, de sutiles geometrías en el plegamiento de estas dimensiones ocultas que, a pesar de su tamaño diminuto, regulan las características físicas del mundo observable.

Según David Jou (2008) la idea de la nada, de la no existencia, es como la idea de infinito, una extrapolación atrevida y quizá ilegítima y vacua del pensamiento. ¿Cómo se pone entonces en marcha un proceso que produzca materia, luz, tiempo, espacio, y realidad, en que la nada se llena de dinamismo incesante y misterioso que despliega de repente, las potencialidades de las cosas?

LA CIENCIA EN LA BUSQUEDA DE LA REALIDAD

La concepción primaria del mundo era de que la tarea de la ciencia es la de comprender la estructura racional del universo. El hecho de que exista una racionalidad única que rige todo el cosmos se convierte a partir de entonces en la creencia y el artículo de fe más importante de la ciencia. Quien dude de esa racionalidad será considerado un herético supersticioso. Según Spinoza: las leyes generales de la naturaleza que gobiernan y determinan todos los fenómenos no son otra cosa que los eternos decretos de Dios que siempre implican necesidad y verdad eterna.

La ciencia actual produce a menudo la impresión de que sólo ella es capaz de formular preguntas válidas sobre el universo, tendiendo a dar por buenas sólo aquellas preguntas que se adecuan a las pautas de indagación fijadas por el método científico.

La aspiración a demostrar que el universo marchaba como un mecanismo de relojería, era inicialmente una aspiración religiosa. A causa de este concepto de una racionalidad que regía todo el universo, el mundo occidental rechazó lo irracional como medio de llegar a la verdad. Los supuestos de que el mundo es racional y de que este tiene un solo significado se afianzan en el creciente terreno de la ciencia y en nuestra estructura del conocimiento, lo mismo que los supuestos de que él mundo es consecuente con su racionalidad, de que todos los fenómenos que se dan en el mundo pueden comprenderse en términos coherentes pues obedecen a leyes coherentes que son accesibles a la razón, y toda cosa, puede comprenderse atendiendo a la racionalidad y de que la misión de la ciencia consiste en profundizar y ampliar esta comprensión. En la consideración de un Dios racional y un cosmos racional, no puede haber lugar para excepciones que se aparten de las leyes de su realidad. Una idea física podía ilustrarse y hacerse comprensible porque no violaba los principios del sentido común. Pero el sentido común, según Einstein no es más que varias nociones y emociones preconcebidas, almacenadas en nuestra memoria, la mayoría de ellas antes de los dieciocho años.

El mito tiene respuestas seguras a todas las cuestiones, la ciencia no. La ciencia sólo puede tomar en cuenta lo posible, cotejando continuamente explicaciones y creencias con la realidad. Para Kepler las leyes de las órbitas planetarias en una formulación matemática simple, reflejaban la armonía divina y correspondían a la expresión de un solo mundo. Descartes sólo se fiaba del pensamiento causal de tipo mecanicista. Así la concepción del mundo, como hemos dicho ya, no puede ser otra cosa más que un aspecto fragmentario y psicológicamente cargado de prejuicios, con el cual no es posible trabajar. La causalidad ya no se manifiesta siempre como un principio ilimitado. Localidad y velocidad ya no pueden ser determinados de manera exacta y simultanea y sus resultados obtenidos sólo pueden ser descritos mediante relaciones de probabilidad y, por lo tanto, mediante conceptos matemáticos considerados como abstractos. Donde las tres nociones de espacio, tiempo y causalidad ya no son realmente suficientes.

Estamos frente a una contradicción cuya solución sobrepasa los límites de nuestro pensamiento científico actual. Es necesario buscar otro principio que pueda darnos la posibilidad de comprender los sucesos aleatorios que están en la base de la evolución, es decir, las mutaciones pero como hechos de orden. Sabemos que éstas en sus apariciones se presentan como fortuitas y, por lo tanto acausales. Permiten que se desarrolle la evolución y ocasionan un desarrollo que va hacia arriba en forma de progreso.

La materia del universo se distribuye según jerarquías de estructuras y por una serie de integraciones sucesivas, formando los objetos terrestres organizaciones o sistemas, donde en cada nivel del sistema se utilizan sólo algunos ingredientes del nivel inferior, representando en los seres vivos una elección muy restringida; De la jerarquía en la complejidad de cada nivel pueden aparecer propiedades nuevas que imponen nuevos condicionamientos al sistema, donde los esquemas autoorganizativos propician un concepto fundamentalmente progresivo en la naturaleza del tiempo, para finalmente comprender como surge el orden a partir del caos y, de ahí el modelo del tiempo en vía ascendente y donde muchos sistemas caóticos muestran una gran regularidad con ecuaciones que tienen una gran similaridad a los generadores de los números aleatorios; mostrando patrones intrincados universales e independientes de las ecuaciones específicas que se elijan, donde una clase entera de ecuaciones podría conducir al mismo tipo de organización y donde es más significativo investigar el método general mediante el cual surgen estos patrones a partir del caos; y el ritmo con el que se pasa de la sencillez al caos es en gran medida independiente de las mismas ecuaciones, y donde el interés consiste en encontrar las constantes universales que midan este ritmo y poder así aplicar esta universalidad a los fenómenos naturales, Feigenbaum(1978).

La autoorganización surge de unas propiedades poco conocidas en matemáticas y es la aparición imprevisible de una estructura ordenada de resultados esencialmente aleatorios. La marca del caos determinista estriba en que ecuaciones sencillas pueden conducir a una complejidad asombrosa. Una representación del ser permanente tras el mundo material es el orden matemático que Pitágoras atribuyo al Universo. Según David Jou (2008), Hacer matemáticas es una invitación a sobrevalorar las vicisitudes del mundo a superarse a sí mismos, a participar de una serenidad fuera del tiempo, a ponderar ecuánimamente las facetas más autenticas de las cosas, más allá del rumor de opiniones y de peleas, de furias ciegamente destructivas y envilecedoras. Los números y sus relaciones son permanentes, pero se manifiestan en una multiplicidad de realidades. Las podríamos considerar como trascendentes al Universo, en el sentido de que podrían ser aplicables a muchos universos y no sólo al nuestro.

Los seguidores de Platón creen que los científicos no inventan la verdad sino que la descubren. La búsqueda del conocimiento es la más noble y significativa de las actividades humanas, que otro propósito mayor que de imaginarnos de que estamos aquí para descubrir porque estamos aquí.

La ciencia se esfuerza por describir la naturaleza y por distinguir entre sueño y realidad, con la sabiduría de considerar la razón como un medio necesario para tratar los asuntos humanos; sin embargo como Jacob (1981) nos dice de no cometer la locura de pensar que ésta, la razón, es suficiente para resolver todos los problemas y mucho menos, como muchos quisieran, de que tampoco fuera necesaria.

Cada organismo y cada población están incluidos dentro de un sistema económico complejo en el cual ayudan como partes a preservar el todo; somos cuarenta mil millones de células, en que se producen cientos de millones de reacciones químicas cada segundo. Nuestra piel de 4 metros cuadrados está sembrada de sensores y de un sistema de aire acondicionado(los poros), de un servicio de información y de comunicación rápida(los nervios) y más lentas (las hormonas), de una defensa inmunitaria y, de una dirección general (el cerebro), y donde cada uno de nuestros órganos asume simultáneamente múltiples funciones, Giordan(2000).

La naturaleza de la conciencia también es objeto de la ciencia. No hay nada que no sea comprensible para poder llegar al corazón de las cosas, las cuales siempre son de una enorme sencillez.

Es la debilidad de control del núcleo central de los átomos sobre los electrones que la rodean, la base de la riqueza de la vida y pueden responder a lo que las rodea y evolucionar sutilmente adquiriendo complejidad. Por otro lado, si las moléculas fueran libres de reaccionar cada vez que se rozan, el potencial del mundo para el cambio habría terminado hace mucho tiempo de forma tan fortuita y rápida, que la vida y la conciencia no hubiesen tenido tiempo para crecer. Si los átomos hubieran estado tan fuertemente unidos como los núcleos, la forma inicial de la materia habría quedado inmovilizada por la eternidad, y el universo habría muerto antes de haber existido.

Hoy ciertas problemáticas y ciertos resultados de la física, de la biología y de la psicología se deslindan de la concepción causal y piden una revisión de la imagen científica del mundo.

En cierto nivel de complejidad el poder de forjar imágenes de la realidad, de combinarlas, de formar gracias a la imaginación una representación de mundos posibles, la conciencia de sí, da al ser humano el poder de reconocer la existencia de un pasado, la que le permite también imaginar los mañanas o inventar un futuro, le permite separarse de lo actual para crear lo posible.

Pauli solía decir que la explicación causal no era suficiente para explicarla y fue quien propuso que se tuvieran en cuenta los factores sincronísticos. En biología se fuerza a la naturaleza a condiciones restrictivas impuestas por la experimentación, para que ella pueda dar respuestas a las preguntas imaginadas por el experimentador; cada respuesta está condicionada, por la manera en que se formula la pregunta y según Jung(1952), cada respuesta de la naturaleza está condicionada a la concepción del mundo que tenga el experimentador, así la concepción del mundo llamada científica que se basa en esos datos no puede ser otra cosa que un aspecto fragmentario y psicológicamente cargada de prejuicios.

Las ideas son la fuente de toda existencia, y así el primer progreso científico se llevó a cabo en la esfera de la experiencia en la cual las cosas podían ser vistas y tocadas. Definición estrecha, producto de nuestro pasado, que está en nuestros modelos de pensamiento científico moderno. El término realidad debe revisarse por dos razones. Una, por los descubrimientos en física y psicología, donde las obras de Heisenberg, Schrodinger, Einstein, Born, Freud y Jung no pueden entenderse desde el punto de vista de que lo real está fundado en el oído, vista y tacto.

Somos recién llegados al Universo y podemos describir maravillosamente la evolución de éste, pero si seguimos limitándonos solamente a sus aspectos cualitativos o cuantitativos, jamás vamos a comprender su sentido; porque el Universo es una singularidad, y nunca podremos expresar a través de las palabras o las ecuaciones lo que es el universo. Para entender la creatividad humana, tenemos que empezar por saber cómo se expresa la creatividad de la Tierra. Es muy probable que no haya ningún otro planeta con tanta capacidad creativa que el nuestro. Así también sólo cuando tomamos conciencia de la evolución del cosmos, empezamos a comprender el sentido y el significado de las cosas comunes y corrientes.

En los últimos diez millones de años han desaparecido y han surgido muchas especies. El surgimiento de nuevos organismos, no está predeterminado, sino que responde a la intrínseca libertad de la vida. Hubo una época en que la Tierra podía crear vida, pero esa época ya terminó, se agotaron los elementos que hicieron posible el surgimiento de la vida. La desaparición de un ser vivo por su parte es irreversible, perdiéndose tan solo en los últimos quince años medio millón de especies, Wilson (1978). Procedemos de un planeta al que se le da muy bien fomentar la vida, pero al que se da aún mejor extinguirla.

El ser humano no es un ente aislado sino la culminación de un proceso que se ha prolongado por miles de millones de años. Junto con la aparición de los seres humanos apareció también una violencia que antes no existía, resultado de una capacidad de autorreflexión, y donde una mentalidad enferma no puede sino conducir a un medio ambiente enfermo. La Tierra logró mantenerse porque surgió en el lugar más adecuado y con los componentes más adecuados. El que sea tan acogedora se debe en gran parte a que evolucionamos para ir adaptándonos a sus condiciones; no es maravilloso que sea adecuada para la vida, sino de que sea adecuada para nuestra vida.

El mundo viviente tal como lo vemos hoy, no es más que una posibilidad entre muchas otras que pudieron haberse dado. Su estructura hubiera podido ser diferente, incluyendo la de no existir, siendo el resultado de la historia de la Tierra. Lo importante en la comprensión de aspectos estructurales y funcionales de los seres vivos no son sólo las reglas sino también los detalles del proceso histórico, ya que cada organismo representa el último eslabón de una cadena ininterrumpida de tres mil millones de años, por lo que los seres vivos son estructuras históricas y a la vez creaciones de la historia.

La cuestión de ¿Qué es la realidad?, puede darnos respuestas sorprendentes o incluso increíbles, pero pondrá de manifiesto cómo ve el mundo la ciencia contemporánea. Así Bohr nos dice: Todo aquel que no queda fuertemente impresionado por la teoría cuántica es porque no la ha entendido.

La entropía es un concepto clave en física, relacionado en un sentido fundamental con el flujo del tiempo. La total discrepancia de la física moderna con la física clásica ocurrió al tomarse conciencia de que no solo los fotones y los electrones sino todas las partículas y todas las ondas son de hecho, una mezcla de onda y partícula. Bohr afirmó que ambas imágenes, la corpuscular y la ondulatoria, son igualmente válidas, constituyendo descripciones complementarias de la misma realidad. Ninguna de las descripciones es completa en sí misma, sino que hay circunstancias en las que es más apropiado utilizar el concepto de partícula, y otras en las que es mejor hablar de ondas. Esta idea de la onda y la partícula como facetas complementarias, se llama complementariedad. Donde los electrones no se parecen a planetas orbitando y parecieran estar en todas las partes a la vez. Según Ernst Mach; Los átomos no pueden apreciarse por los sentidos…son cosas del pensamiento. No existe la verdad absoluta en el nivel cuántico.

El tema de la casualidad decía Einstein: me crea muchas dudas, tengo que admitir que me falta fe en mis convicciones.

La mecánica cuántica proporciona el soporte fundamental de toda la ciencia moderna; nos dice que no existe la realidad en el sentido usual de la palabra, que nada es real salvo si se observa y que no podemos decir nada sobre lo que las cosas están haciendo cuando no las observamos, formando parte de un todo indivisible y donde cada partícula acusa lo que acontece a las demás. Donde en cierto modo la gravedad no existe, lo que mueve los planetas y estrellas es la deformación del espacio-tiempo. El espacio se curva de un modo que le permite no tener límites pero al mismo tiempo es finito.

La búsqueda de la masa perdida en el Universo, y en consecuencia de una comprensión del destino final del Universo, es una historia que sólo acaba de comenzar. La energía del Universo es constante; la entropía del Universo aumenta. El orden decreciente en un sistema corresponde a una entropía creciente, entendida ésta como la medida negativa de información o de complejidad.

La energía a baja temperatura es alta en entropía y no puede utilizarse fácilmente para hacer trabajo. La segunda ley de la termodinámica es considerada la ley suprema de la naturaleza y aunque la cantidad de energía se conserva, según la primer ley de la termodinámica, la distribución de energía sólo cambia de cierta manera irreversible, con lo que la segunda ley de la termodinámica también define la flecha del tiempo en el Universo. Donde de la idea de información, sabemos que cuando las cosas cambian, existe una tendencia natural de las cosas a hacerse más desordenadas y menos estructuradas, es decir las cosas se desgastan.

El tiempo fluye y las cosas se degradan y los sistemas complejos son propensos a muy fuertes inestabilidades de modo que un minúsculo cambio en las condiciones iniciales produce una drástica alteración en el comportamiento futuro del sistema. Donde según Hawking y colaboradores se debía estudiar la posibilidad de que la naturaleza del tiempo resulte alterada cuando se le explora en dirección al pasado, donde se podría encontrar que el tiempo se diluye y deja de existir y a medida que el universo se enfría, la idea del tiempo se hace cada vez más definida.

Es una característica fundamental del mundo el que las cosas tiendan hacia el equilibrio. En el Universo existen bolsas en condiciones de no equilibrio. La vida depende de la existencia de estas bolsas; Donde los seres vivos toman elementos químicos simples y compuestos y los transforman en estructuras complejas altamente ordenadas, utilizando la energía, que en última instancia, procede del Sol. La historia del Universo es la historia de una lucha entre la gravedad y la termodinámica, estamos viviendo en una burbuja de espacio donde ha habido una pequeña desviación local del equilibrio y que actualmente está regresando al estado natural donde la flecha del tiempo en esa burbuja de baja entropía apunta en la dirección de entropía creciente.

Todo cambio nace de una caída termodinámica en el caos, produciendo degradación en la calidad energética y aumentando la entropía del mundo. Es la calidad de la energía y no su cantidad la que se descompone al dispersarse por casualidad produciendo no sólo civilizaciones y nuevas culturas y todos los acontecimientos del mundo y del universo.

Tal dispersión es esencialmente natural, espontánea sin motivo ni propósito, las cosas acontecen a menos que estén prohibidas y nada está prohibido, y cuando se produce causa cambios, haciendo que la entropía del universo aumente. En el fondo lo único que hay es degradación por dispersión, donde a todo cambio natural corresponde un incremento de entropía. La naturaleza permite que todo desaparezca persistiendo únicamente el continuo espacio-tiempo

La distribución de la materia y de la energía en el universo crea la red del espacio-tiempo que dicta el movimiento de todos los cuerpos celestes.

Según Wheeler: El espacio le dice a la materia cómo ha de moverse, y la materia le dice al espacio cómo ha de curvarse.

La visión materialista desaparece y penetramos en un mundo totalmente desconocido. Pero también se descubre que acontecimientos en apariencia desordenados e imprevisibles contienen en sus entrañas un profundo y sorprendente orden.

En resumen, la teoría cuántica nos dice que para comprender la realidad debemos renunciar a conceptos tradicionales como: materia sólida y concreta, que la realidad fundamental no es físicamente accesible y que el tiempo y el espacio son puras ilusiones. La existencia de estas realidades que trascienden categorías de tiempo y espacio ordinario a través de una naturaleza cuyas propiedades asombrosas son difíciles de captar, pero cuya realidad no es local ni causal y cuyas consecuencias de transformación superan experiencias e intuiciones. Pero ¿Cómo es posible que un torrente de energía que fluye por el mundo sin metas ni objetivos pueda esparcir conciencia y vida?

En el corazón del caos se combinan moléculas para formar estructuras estables que son los primeros ladrillos de la materia viva. Donde la única diferencia de fondo entre lo inerte y lo viviente es simplemente que uno es más rico en información que el otro. Pero que todavía no sabemos describir si su presencia se debe al fruto del azar o de una secreta necesidad de la naturaleza. Lo que sí sabemos es que la vida extrae sus propiedades de la tendencia de la naturaleza a organizarse y a escalar hacia estadios cada vez más ordenados y complejos.

Para intentar saber más de nuestro mundo debemos abandonar las certidumbres de sus leyes y admitir que en su inmensa complejidad y a pesar de sus apariencias hostiles estelares y humanas, el universo está hecho para engendrar orden y vida, inteligencia y conciencia. Einstein, opuesto al carácter estadístico de la naturaleza, expresaba que este carácter se aplicaba sólo a los problemas microscópicos, mientras que en el mundo macroscópico, el determinismo seguía imperando como regla. Sin embargo, desarrollos de los últimos años, no parecen darle la razón. Siendo más bien una característica general de los sistemas dinámicos inestables, donde se puede observar que, sea cual fuere la precisión que poseamos respecto de sus condiciones iniciales, sólo podemos predecir a través de probabilidades el hecho de que se produzca una de sus muchas estructuras posibles, es decir, que no sabemos lo suficiente de las leyes de la naturaleza como para ser capaces de predecir el futuro. La no linealidad será siempre el rasgo característico de la evolución de los fenómenos naturales donde los sistemas de no equilibrio, hablemos del estado del tiempo, como de las especies biológicas así como de los sistemas ecológicos, estos se dan sólo como variantes de sistemas complejos que van surgiendo del flujo constante de la energía solar en la biosfera, viéndoseles desenvolverse a través de múltiples bifurcaciones, donde van intercalando largos períodos de estabilidad y oscilaciones aparentemente azarosas en épocas de inestabilidad. Sin embargo, llegamos a reconocer en todo esto una tendencia general de largo plazo y una direccionalidad de manifestación total.

La interacción de caos y orden reflejan así el proceso evolutivo de la naturaleza. Los sistemas fuera del estado de equilibrio se manifiestan como sistemas complejos que evolucionan hacia estados crecientes tanto de tamaño como de complejidad, hacia niveles más elevados de organización y dinamismo así como de una más estrecha interacción con el medio físico (clima). Las respuestas de estos sistemas a los cambios desestabilizadores de su medio se manifiestan a través de saltos e impulsos comparativamente bruscos y son de la mayor importancia para entender la dinámica de evolución de los diversos dominios de la naturaleza. Donde el estar más alejados del equilibrio termodinámico, más sensibilidad de respuesta se manifiesta al cambio de sus estructuras y más sofisticados serán también los ciclos y procesos de retroalimentación que los mantiene.

Las bifurcaciones catastróficas nos dan apariciones y desapariciones súbitas de atractores estáticos, periódicos o caóticos y son la clase de transformaciones que sustentan la evolución de sistemas que van desde los átomos, hasta especies ó sistemas climáticos, ecológicos y sociedades.
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