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Tema 2

El conocimiento científico

Tema 2.

EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO


  1. El conocimiento de la ciencia.

  2. El método hipotético-deductivo: Popper.

  3. La historia de la ciencia: Kuhn.

  4. Conocimiento científico e interés: Habermas.

  5. El conflicto con otras disciplinas: la religión.


1. El conocimiento científico.

La ciencia se ha ganado el respeto de la sociedad gracias a su exactitud y objetividad. Ante las palabras de un filósofo o un creyente religioso, uno siempre se puede mantener la duda de si realmente está hablando de algo objetivo, que sea reconocido por el resto de las personas. La fe y el sentimiento artístico, por ejemplo, no tienen que ser compartidos entre distintas personas y parece que se reduce a una cuestión de gustos o creencias individuales (ya veremos que esto es discutible). La ciencia no tiene ese problema. En cuanto que la ciencia se encarga de describir la materia física, y esta materia física está sometida a las leyes de las matemáticas, tendremos la certeza de que el conocimiento de esta disciplina será preciso y objetivo.

Pero además, la ciencia tiene el argumento a su favor de ser útil. La ciencia no tiene la fuerza en nuestra sociedad tanto por su capacidad para explicar las cosas y saciar la curiosidad humana (algo compartido con la filosofía), sino sobre todo, porque fundamenta la técnica.

Esta fue la visión de uno de los primeros defensores de la ciencia, Francis BACON (siglo XVII), que defendía el nuevo conocimiento científico porque ponía la naturaleza al servicio del hombre. No conocemos el cuerpo humano por curiosidad, sino para curarnos de las enfermedades; no nos interesan las leyes de la física, si no es para construir puentes que se sostengan. No nos interesa la química, salvo para conseguir materiales resistentes o duraderos. Nos interesa en definitiva el conocimiento técnico, interesado, práctico y útil, y no tanto el científico, más teórico y menos útil económicamente hablando.

2. Los métodos de la ciencia: inductivismo y deductivismo.

Comúnmente se dice que la ciencia está basada, en lo fundamental, en una investigación empírica. Sin embargo desde hace años se viene considerando la elaboración teórica como elemento fundamental a la hora de evaluar el progreso científico, hasta el punto que, sin una buena hipótesis explicativa con la que enfrentarnos a la realidad, no existiría el progreso científico.
En los orígenes históricos de la ciencia, la metodología de la ciencia giró en torno al denominado inductivismo o razonamiento inductivo: establecemos una generalización partiendo de casos particulares que cumplen una característica común. Cuantos más casos comprobemos, mayor será la probabilidad, pero nunca se podrá llegar a una ley necesaria y universal, que siempre se cumpla. Esta es la forma de argumentación de las ciencias sociales (economía, psicología y sociología), cuyas reglas o leyes se basan en un recuento estadístico.

Have a look to the next example:

Raquel es española. La culebra viperina es ovípara

Sara es española. El lagarto ocelado es ovíparo.

Sergio M. es español. La salamanquesa es ovípara.

Andrés es español La lagartija común es ovípara

… …

Todos los de primero son españoles. Todos los reptiles son ovíparos.
Pensemos que con el inductivismo solo alcanzamos una probabilidad, que se hará más elevada conforme comprobemos más casos. En el caso del primer ejemplo, vemos que el enunciado “todos los de primero son españoles” es válido para este curso, pero no el segundo caso, puesto que unos pocos reptiles que son vivíparos (como la víbora) y por lo tanto no podemos emitir un juicio que sea universal y siempre necesario. Es fácil por tanto incurrir en errores, especialmente el denominado en lógica como “generalización indebida”.
La historia del pavo inductivista.

Los errores de la inducción se han recogido en una fábula bastante conocida entre teóricos de la ciencia y lógica, escrita por el filósofo Bertrand Russell. Es la historia de un señor pavo que vivía en su corral y apuntaba en su diario las cosas relevantes de todos los días. Él observaba que el señor granjero acudía al corral y le distribuía siempre granos de maíz a una hora determinada, las nueve de la mañana. Observando un día tras otro, comprobaba que el señor granjero no faltaba a la cita y lo hacía de múltiples formas: cuando llovía, cuando hacía sol, en vaqueros o en bermudas, sonriendo o mosqueado. Finalmente, después de una comprobación exhaustiva durante un año entero, escribió triunfal en su diario: “podemos establecer la ley general que el señor granjero acude con maíz a las nueve de la mañana”. Sin embargo, el pavo por desgracia descubrió que al día siguiente el señor granjero no acudía con su maíz, sino con un cuchillo para cortarle el gaznate, y comer el día de Navidad. La supuesta regla general se había quebrado con un caso que destruía todas sus observaciones. ¡Pobre señor pavo! (Menos mal que tenía un kit de make-yourself-a-plane, había construido un aeroplano a reacción y se fugó volando).




Sin embargo, en la elaboración de las ciencias axiomáticas (la matemática y la lógica), se utilizó el deductivismo, que es justamente lo contrario. Deducir significa llegar a una conclusión partiendo de algo dado previamente. Analicemos estas dos áreas.

a) La lógica es la disciplina que estudia la coherencia interna de nuestros razonamientos. Partimos de un caso general (varias premisas) para alcanzar una conclusión más particular. Sus conclusiones van a ser siempre necesarias y universales (es decir, siempre se cumplen), si la argumentación es correcta. Si la argumentación, por el contrario, es incorrecta, tan solo va a ser una probabilidad o una contradicción.

b) En la matemática, de unos principios o axiomas determinados, que tenemos que aceptar como intuiciones no demostrables, evidentes, se extraen toda una serie de elementos más complicados por medio de la deducción de los principios. La geometría de Euclides, por ejemplo parte de axiomas y postulados que tenemos que aceptar. Aristóteles también concede para la lógica principios últimos, como el de no contradicción. ( A no puede ser igual a no-A).
En definitiva, el inductivismo se queda en un mero recuento de casos particulares, mientras que el deductivismo puede ser meramente formal, sin decirnos nada del mundo real. La ciencia tiene que buscar por tanto una combinación de ambos para encontrar un método adecuado a sus intereses, y esto lo conseguirá con el denominado método hipotético-deductivo, que veremos a continuación.
2.1. El método hipotético-deductivo.

Aunque durante mucho tiempo la ciencia defendió el inductivismo, ahora razona siguiendo el método hipotético-deductivo. Aunque es conocido desde Galileo, este fue el planteamiento justificado por K.R.POPPER, uno de los más importantes filósofos de la ciencia del siglo XX. Este método contiene varios pasos que han permitido una observación más correcta y certera de los problemas científicos y que conjugan la referencia a los datos observables de la inducción con la coherencia lógica de la deducción. Para comprender mejor los pasos seguidos por este método, vamos a plantear el descubrimiento del planeta Neptuno a principios del siglo XX.
1. Los científicos observan la realidad y formulan un problema.

Urano tiene una órbita errática que no se ajusta a las demás del sistema solar”

2. A continuación viene la formulación de una hipótesis: una teoría que intenta explicar el problema por resolver. Es una hipótesis teórica, pero que ofrece una posibilidad de resolver el problema:

Debe haber algún objeto que perturba el planeta, siguiendo la ley de gravedad

3. Se deducen consecuencias de esa hipótesis.

Podemos calcular el lugar donde debería estar ese objeto”

4. Después intentan corroborarla en la experiencia empírica: cuanto mayor sea el número de pruebas realizadas, mayor veracidad tendrá la hipótesis por demostrar.

Enfoquemos nuestros telescopios hacia ese lugar”

5. Por último, se propone la confirmación o refutación de una hipótesis, nunca del todo segura (al 100%).

¡Albricias! Descubrimos Neptuno y confirmamos la teoría de la gravedad.

Por tanto, a la pregunta de qué era más importante en la ciencia, si la teoría (la formulación de una hipótesis) o la puesta en práctica (la experimentación), podemos decir que no hay una sin la otra.


  1. El progreso científico: T.S. Kuhn

Según Popper, la ciencia sería una acumulación progresiva y continua de nuevos conocimientos y teorías más acertadas gracias a la capacidad investigadora de los científicos. Sin embargo, por lo que nos enseña la historia, la ciencia no tiene una evolución lineal, continua. Tiene momentos de mayor creatividad, en la que aparecen nuevas ideas, y otros de una mayor normalización, en las que los nuevos paradigmas y teorías se corroboran en la experiencia empírica. Esta fue la tesis fundamental de T.S. KUHN y su concepto de “revolución científica”.

Según este autor, el desarrollo de la ciencia está muy marcado por la sociedad y el contexto histórico, aparte de la creatividad de los científicos. Existen momentos históricos en los que un paradigma científico -el conjunto de leyes básicas y axiomas intocables de una disciplina determinada- entra en cuestionamiento, y es el momento en el que surge una nueva formulación teórica radicalmente nueva. Esto es lo que denomina un “contexto de descubrimiento” en el que influyen cambios económicos, políticos, culturales o incluso personales, y no solo la labor investigadora del científico en cuestión, supuestamente objetiva.

En un primer momento, esta formulación teórica es completamente nueva y genera un fuerte debate, en el que poco a poco, las nuevas ideas van ganando adeptos y corroboraciones empíricas que le van aportando una mayor validez frente a su adversario. Este sería el “contexto de justificación”, más propiamente objetivo. Después la ciencia desarrollaría plenamente el nuevo paradigma hasta el descubrimiento de una nueva teoría más comprehensiva de la realidad y un nuevo cambio de paradigma.

Otros filósofos de la ciencia defienden algo mucho más radical. FEYERABEND, sostiene que el progreso de la ciencia es una auténtica chapuza, originado más en el azar y la casualidad, los intereses creados y las creencias subjetivas de los científicos. Copérnico defendió que la tierra daba vueltas al sol porque era pitagórico, Newton era supersticioso, y Pasteur hizo sus descubrimientos por pura casualidad.

Los siguientes científicos de la lista, gente creativa, fueron auténticos visionarios de su tiempo, y no fueron vistos con buenos ojos por sus contemporáneos, especialmente porque en muchos casos no contaban con una corroboración empírica lo suficientemente amplia como para imponer su teoría y alejarla de una mera ilusión fantasiosa y porque había toda una tradición científica o filosófica en su contra:





Tesis abandonada

Teoría nueva

Corroboración posterior en hechos

Darwin

(BIOLOGÍA)

El fijismo

La evolución

Registro fósil:

animales desaparecidos.

Genética

Wegener

(GEOLOGÍA)

Inmovilidad de la

Corteza terrestre

Tectónica de placas

Ciclo de Wilson y hot spots

Registro fósil: mesosaurus

Paleomagnetismo

Copérnico

(ASTRONOMÍA)

Geocentrismo

(tierra, centro del universo)

Heliocentrismo


Teoría de la gravedad

Observación de la órbita de

Los planetas




CAMBIO DE PARADIGMA

REVOLUCIÓN CIENTÍFICA

NORMALIZACIÓN



UN EJEMPLO DE LUCHA CIENTÍFICA: EL CAMBIO CLIMÁTICO

Tesis puesta en duda Hipótesis nueva Experimentación

Revelle

Keeling

Lovelock

La modificación climática, si existe, es producida por causas naturales y no humanas, como ha ocurrido en las glaciaciones cuaternarias.

Relación entre cambio climático y las emisiones de CO2 a la atmósfera

Calentamiento global es

provocado por el hombre a

partir de la Revolución Industrial.

- Curva de Keeling

- Mediciones con globos aerostáticos del CO2 en la atmósfera.

- Registro de las temperaturas y pluviometría a largo plazo (la última centuria).

- Registros sobre las migraciones de aves y la aparición de especies invasoras.

- Medición de los glaciares.


5. Problemas de la ciencia: la relación con otros saberes.

Vivimos una cultura basada sobre todo en el progreso tecnológico y el culto a la ciencia. Pero esto también nos puede llevar a un reduccionismo: plantearnos que la ciencia tiene la última palabra a la hora de explicar hechos o cuestiones que van más allá de su campo de estudio: la matemática y las propiedades de la materia.

En la primera mitad del siglo XX, cuando la ciencia parecía imponer su dictamen sobre lo verdadero y lo falso, un grupo de filósofos y matemáticos, el CÍRCULO DE VIENA, sostenía que el único conocimiento cierto que podía adquirir el ser humano era el que estaba sometido a juicios (oraciones) que fueran analíticos y universales1 (la lógica y la matemática) y aquellos juicios sintéticos que pudieran ser sometidas a la verificación empírica. Por ejemplo, si decimos “Bea está sentada con Clara”, podemos asegurar que Bea está en ese lugar a través de nuestra experiencia empírica. Sin embargo, si decimos “Dios existe porque es origen de todas las cosas”, esta frase puede ser razonable, pero no es ni verdadera ni falsa, porque está más allá de su corroboración empírica y por lo tanto, más allá de la ciencia.

Esto es lo que ocurre cuando la ciencia se enfrenta con disciplinas humanísticas, como la ética o la religión. Podría parecer que en cuanto que estos saberes no tienen un postulado de objetividad como el de las ciencias naturales, su discurso se reduce a una mera cuestión de opinión. Nadie dudará que 2 y 2 son 4, o que la gravedad rige el sistema solar, pero sí nos podemos plantear que hablar de Dios o de lo bueno y lo malo es una mera cuestión de opinión y por lo tanto, completamente subjetiva. Esta escuela acabará denominando a los juicios de la ética o religión como sinsentidos del lenguaje.

Sin embargo, la ciencia ha sufrido también ataques desde esos felices años de principios del siglo XX.


  1. La falta de neutralidad de la ciencia.

Supuestamente podemos imaginar a los científicos como personas recluidas en su laboratorio investigando por su curiosidad científica o por el bien de la humanidad. Pero desde que un grupo de científicos volcaron sus intereses científicos en diseñar los campos de concentración nazis o la bomba nuclear, en la II Guerra Mundial, esa imagen idílica se borró para nuestros días. La ciencia está sometida a multitud de intereses, que no pasan necesariamente por un mayor bienestar para la sociedad. En el mejor de los casos, la ciencia no dice nada sobre cómo deben utilizarse sus adelantos y se mantiene ideológicamente “neutral”, pero ni siquiera esto es creíble. Esto es lo que ha estudiado la ESCUELA DE FRANKFURT.

HABERMAS, filósofo alemán del siglo XX, defiende que la ciencia tiene una carga ideológica fuerte y sus avances estaban determinados por los intereses sociales y económicos del momento. La ciencia nos dice “cómo son las cosas” (razón instrumental) pero no el “qué fin van a tener” o “para qué” (razón práctica). Si el sistema económico defiende el consumo masivo, potenciará una renovación continua de productos de alta tecnología, acortando su vida útil y obligando a una nueva compra, como ocurre con móviles y ordenadores de última generación. En cambio, potenciar energías renovables no es tan estimado porque hay muchos intereses creados en contra, o porque sencillamente no importa económicamente, como la lucha contra el SIDA.

Desgraciadamente, ante supuestas verdades científicas de calado público, como el cambio climático o las energías renovables, tenemos que preguntarnos siempre “¿quién es el que paga al científico?” para conocer sus verdaderas intenciones.

ULRICH BECK, sociólogo alemán, ha ido más allá. Según este autor, vivimos en una época en la que el desarrollo científico y tecnológico nos conduce a riesgos globales, y a consecuencias no deseadas cuyo impacto muchas veces es imposible de predecir para la sociedad actual.

Por ejemplo, la emisión de gases en las fábricas en Alemania condujo en los ochenta a la destrucción de los bosques checos por la lluvia ácida, el exceso de extracción de agua del Ebro o el Guadiana provoca un desastre ecológico en el delta o en las Tablas de Daimiel, y el flujo de comercio marítimo mundial ha recolocado los nichos ecológicos mundiales y ha llevado especies invasoras de un extremo a otro del mundo. La energía nuclear y la biotecnología son siempre armas de doble filo que en cualquier momento pueden volverse contra el ser humano.
Los think tanks o cómo la ciencia es manipulada.

Un ejemplo de cómo la ciencia puede ser manipulada parte por ejemplo del cambio climático. Ante el paulatino aumento de investigaciones científicas que avalan dicho cambio, intereses económicos y políticos pusieron en marcha sus propias instituciones científicas para intentar ofrecer datos contrarios a la tesis del calentamiento global. Es lo que llaman en los países ingleses “Think Tanks”, “tanques o armas de pensar”, grupos de intelectuales y científicos subvencionados por un gobierno o empresas privadas que pretenden volcar la opinión pública hacia una idea determinada que favorezcan los intereses de dichas empresas o gobiernos.

Aunque estos think tanks están especializados en economía o sociología, también los hay en las ciencias naturales. Uno de los más llamativos fue la corroboración del hecho que buena parte de los científicos que habían negado el cambio climático en Estados Unidos habían sido previamente subvencionados por empresas petroleras y el gobierno americano.




  1. El conflicto con la religión.

Muchos pensadores defensores de la ciencia han planteado que el triunfo de la ciencia necesariamente implica la retirada paulatina de la religión y la filosofía, que actúan como “engaños”, “supersticiones” o “ilusiones” sobre la vida humana. Quizás el más famoso de todos ellos fue el filósofo francés Augusto COMTE (siglo XIX). Según este autor, la humanidad ha atravesado tres estadios a lo largo de la historia:

- El estadio religioso, dominado por la magia y la superstición, la oscuridad.

- El estadio filosófico, en el que se emplea la razón, pero solo en un sentido metafísico.

- El estadio científico, que a través de la experimentación nos permite controlar la naturaleza. Este es el estadio en el que el hombre podrá alcanzar un auténtico progreso, gracias al dominio de la naturaleza.

Hoy en día, las opiniones están divididas. Por parte de los científicos más radicales (Richard Dawkins-, Arsuaga-, Stephen Hawkins, Damasio) se llega a plantear que los descubrimientos actuales de la ciencia son cada vez más incompatibles con las creencias religiosas. Una visión estrictamente materialista y evolucionista implica necesariamente la inexistencia de ningún Dios o como mucho, un Dios completamente desinteresado de la naturaleza.

Del otro lado de la balanza, muchos filósofos y científicos se mantienen más moderados (Stephen Jay Gould, De Duve, Martin Rees). En el mejor de los casos, defienden una cierta autonomía de una disciplina y otra. Ciencia y religión no tienen por qué atacarse, porque responden a preguntas completamente distintas. La religión se pregunta por el sentido de la vida, pero no por la definición material de esa vida (que es la pregunta de la ciencia). En el peor de los casos, estos autores se decantan más bien por un agnosticismo.

Decía Wittgenstein, un firme partidario de la ciencia y místico en materia religiosa (y el filósofo favorito del autor de estas hojas), que “de lo que no podemos hablar, es mejor callar”, pero eso no quiere decir que el silencio no sea también una respuesta, ni que de lo que podemos hablar con propiedad (es decir, la ciencia) sea ni mucho menos lo más importante para el ser humano. El silencio implica una abstención de juicio, y en el caso de Wittgenstein, un profundo respeto hacia las creencias religiosas, basadas más en la experiencia vital y no en el uso de la razón.

BRONCAS DE LA CIENCIA CON LA RELIGIÓN


La materia es lo único que existe, en cuanto

que es lo único que se puede cuantificar y

probar por experiencia empírica



El hecho de que solo podemos probar la

Materia con objetividad no es un argumento

Para negar que exista otra cosa, como Dios


La naturaleza se explica de forma más sencilla con la genética que con una intervención de

Dios. “Occam’s razor2” -hay que aceptar la

Explicación más sencilla-.



Aunque Dios sea algo improbable, no tiene

Que ser imposible. No interesa la probabilidad, sino el sentido que esa posibilidad otorga a la vida del hombre.



La conciencia humana no es más que

Una complejización neuronal, y no tiene

más que una base material (monismo: no

existe la mente o el espíritu)


De una complejidad material puede surgir

Un elemento nuevo, extramaterial (dualismo

Emergentista).


La libertad humana no existe: es una suma de

Determinismo genético y social y un azar.



La libertad humana existe, y se comprueba en

Nuestra vida corriente, toma de decisiones, o en

La ética.


Que este mundo y el hombre existan

es una cuestión de azar, una casualidad

de la evolución.

Ejemplo: “Que el hombre esté aquí, ha sido una cuestión de azar, cuando un meteorito chocó con la tierra y permitió la extinción de los dinosaurios.”



Que el mundo y el hombre existan no puede ser una cuestión de casualidad, dadas las complejísimas circunstancias en las que se da la vida.

Ejemplo: “Las condiciones en las que se formó el actual universo y la vida son tan complicadas, que es difícil pensar que surgieron sin un plan divino o una intención por medio” (principio antrópico)


No necesitamos plantearnos el origen de todas

Las cosas: la materia es eterna, y no hace falta más.


Todas las cosas tienen una causa que les permite existir. La causa primera de todas será Dios.






UNA REVOLUCIÓN CIENTÍFICA: DEL MESOSAURIO A LOS HOT SPOTS.

Alfred Wegener (1880-1930, en la foto) fue un científico visionario que acabaría por revolucionar la geología. En su época se hallaron descubrimientos que parecían romper las bases de la vieja geología. Entre esa serie de nuevos hallazgos, aparecía la de un fósil llamado mesosaurus un reptil acuático que se alimentaba de peces hace 250 millones de años, y cuyos restos estaban centrados en Brasil y en Sudáfrica. ¿Cómo un pequeño animal podría haber recorrido tres mil kilómetros de distancia? Wegener estudió todas las posibles teorías: la existencia de islas en el océano, la de haber sido desplazado en algún objeto flotante, o la de un posible lazo de tierra que uniera a los dos continentes. Ninguna de ellas le convencía y no había restos en el océano de islas o istmos semejantes. Cayó entonces en la cuenta de otras evidencias empíricas que parecían plantear otra explicación. Las costas de África y del Brasil, donde se habían encontrado esos restos fósiles, encajaban perfectamente bien unas con otras. Esto dejaba la puerta abierta a la explicación de que quizás en otro tiempo África y Sudamérica estarían unidas. Eso explicaría otras muchas cosas, como la misma composición geológica de Europa y Norteamérica, por ejemplo. A esto lo llamó Wegener la “deriva continental”.

A partir de 1926, la comunidad científica planteó la veracidad de esta tesis. Los científicos de su época entendían la obra de Wegener como “poesía geológica”: una especulación teórica atrevida, que resolvía muchos problemas, pero difícil de componer en una teoría más general. “Si atendemos a la propuesta de Wegener”, concluyó un geólogo de la época, “tendremos que desechar todo lo que hemos aprendido en los últimos setenta años”.

¿Por qué se movían los continentes? Todo lo que había dicho Wegener podían ser experiencias individuales basadas en la pura casualidad y sin un sustrato teórico explicativo. A pesar de esto Wegener seguía buscando explicaciones globales a esta deriva continental, infructuosamente. Las explicaciones que daban para el movimiento de los continentes, como el efecto sobre la tierra de la gravedad de la luna y el sol, no se sostenían ante las críticas de físicos. “Si usted sostuviera eso, le contestó un físico con toda razón, la tierra habría detenido su rotación hacía tiempo”.

Las cosas quedaron en suspenso. Wagener murió en Groenlandia en 1930, sin prácticamente apoyos de la comunidad científica. Los años pasaron y estalló la II Guerra Mundial. Gracias a los adelantos técnicos de la postguerra, en los años 50, se iniciaron investigaciones en otros campos científicos como el paleomagnetismo de la tierra o los fondos oceánicos. Se descubrió que en muchas rocas de la tierra, al formarse, los cristales de magnetita (óxido de hierro) se orientaban como si fueran una brújula hacia el polo norte. Se descubrieron también que multitud de esos cristales se habían movido en otra dirección desde su formación original. Esto podía dar una nueva prueba empírica a la idea de la deriva continental de Wagener.

Al mismo tiempo se encontraron en los océanos las grandes dorsales, como auténticos espinazos dentro del mar. Y se descubrió al mismo tiempo que las rocas que configuraban estos montes submarinos eran mucho más jóvenes que las del resto del fondo marino. Esto condujo a otro geólogo, Harry Hess a defender la hipótesis de la expansión del fondo oceánico, identificando las dorsales con las zonas donde el manto del interior de la tierra salía a la superficie y defendiendo también que en los límites de los continentes ese fondo volvía al manto de la tierra, provocando las fosas marinas y al mismo tiempo, modificando y moviendo los continentes “a la deriva”.

Finalmente, el estudio de los guyots, las montañas submarinas, y su relación con los hot spots, o “plumas” del manto sugerían la última prueba a favor de la movilidad del fondo marino y la tectónica de placas. Conforme la corteza oceánica se mueve se van sucediendo islas volcánicas con fuerte actividad hasta que dejan de estar sobre la pluma del manto, y que conforme se alejan del punto caliente, acaban por la erosión sumergidas en el mar (Hawai y montes emperador).

Gracias a todo este nuevo repertorio de pruebas, H.T. Wilson acabó definitivamente de consagrar la vieja teoría de Wegener a través de la “tectónica de placas”. Según este físico, en un artículo de 1965, grandes fallas conectaban los cinturones móviles globales en una red continua que dividía la capa externa de la tierra en varias “placas rígidas”. Poco tiempo después, y conforme se fueron corroborando más datos, esta teoría pasaba a ser aceptada y se convertía en el nuevo paradigma de la geología física.


EL MÉTODO DE LA CIENCIA: DEDUCCIÓN E INDUCCIÓN
Ejemplos de argumentos deductivos: los silogismos y las falacias.

Los silogismos son ejemplos de deducciones lógicas, ya conocidas perfectamente por Aristóteles. De dos premisas (mayor y menor, una general y otra más particular) pasamos a una conclusión obligatoria. Estos son varios ejemplos de deducciones, y sin embargo, algunas están bien hechas desde un punto de vista del argumento (son silogismos) y otras son inválidas, son unas falacias lógicas, un argumento mal construido, ¿podrías saber por qué?3
A B C

Todos los hombres son mortales. Todos los patos son aves Los de primero son marcianos verdes

Iñigo es un hombre Gonzalo no es un pato. Joserra es de primero

Luego Iñigo es mortal. Luego Gonzalo no es un ave. Luego Joserra es un marcianito verde.
D E F

No hay ranas que sean patas. Todos los hombres son mortales Todos los del Madrid son forofos.

Andrea B. no es una pata. Rober es mortal. Algunos alumnos son del Madrid.

Luego Andrea B.es una rana. Luego Rober es un hombre Luego algunos alumnos son forofos




Analiza ahora los siguientes casos extraídos de medios de comunicación. ¿Son

observaciones científicas relevantes, desde los principios de inducción y deducción?4
“La curva de Keeling muestra el aumento de CO2 en la atmósfera a través de su medición exacta, así como el metano o el gas natural, que provoca un aumento del efecto invernadero. El hecho demostrado por mediciones estrictas de que la temperatura global está aumentando, hace que la teoría del cambio climático y su relación con la curva de Keeling sea un hecho científicamente probado.“
“Como en estos últimos años la media de lluvias ha sido más o menos normal y no ha hecho un excesivo calor en verano en nuestro país, hay razones para pensar que el cambio climático es algo poco fundamentado que han explotado algunos científicos interesados”
“El PP va a ganar las generales porque en la historia de la democracia, todo partido que ha ganado las elecciones autonómicas o europeas previas, gana después la siguiente votación general.”
“El dinero a los desempleados inmigrantes debería dejar de darse en esta crisis económica, porque está demostrado que hay algunos casos de fraude entre esos desempleados.”



- Descubrimiento de mesosaurus, un fósil presente en África y Sudamérica.

- Urano se desvía inexplicablemente de su órbita elíptica sin seguir normalmente la teoría de la gravedad ejercida por el sol.

- Existe una saturación de gases invernadero en la atmósfera a partir de las mediciones en Hawai desde los años cincuenta, porque el océano ya no puede captar tanto CO2. Elaboración de la “curva de Keeling”.
- Wagener propone la deriva de los continentes para explicar esta distribución.

- Urano se desvía porque existe un planeta desconocido que ejerce una fuerza gravitatoria en él.

- Se plantea que ese incremento no tiene una causa natural, sino que es producto de un impacto del hombre sobre el medio ambiente debido fundamentalmente al uso de energías fósiles.

- En otro momento de la historia de la tierra, África y Sudamérica debían estar unidas.

- En el mo

mento en el que Urano se desvía debía encontrarse en un lugar determinado del espacio otro objeto que ejerciera atracción sobre Urano.

- La acción humana es causa del cambio climático. Si deseamos reducir el impacto del cambio climático, debemos detener el consumo de energías fósiles.
- Los experimentos de paleomagnetismo, el estudio del fondo oceánico dan la razón a la deriva continental.

- Se busca en ese lugar del espacio que presumiblemente se encuentra ese objeto estelar.

- Los estudios confirman una correlación entre desarrollo industrial, emisión de CO2 y calentamiento global exi

ste.
- La hipótesis de la deriva continental se confirma mejorada en la teoría más general de la tectónica de placas.

- Descubrimiento del planeta Neptuno y confirmación de la teoría de la gravedad.

- La hipótesis de que el cambio climático tiene un origen humano, va cobrando más importancia y pasa a ser aceptada, rechazando la idea de que es un calentamiento puntual o que no existe, hasta que no se demuestre una tesis

1 Juicios ANALÍTICOS: Aquellas oraciones en las que el predicado esté ya incluido en el mismo sujeto. For instance: “El triángulo tiene tres lados”. Son universales, se cumplen siempre, independiente de la experiencia empírica. Sin embargo, las SINTÉTICAS, nos dan una información nueva desconocida hasta entonces: “El triángulo es de color verde”.

2 Occam’s razor: cuchilla de Occam, filósofo del siglo XIV. Cuando tenemos dos explicaciones de un mismo hecho, siempre tenemos que acudir a la más sencilla.

3 A, C y F son verdaderos, mientras que B, D y E son falsos, desde el punto vista lógico. El razonamiento D y E están mal construido y constituye el error lógico llamado “la suposición del antecedente”. Del hecho de afirmar que Jesús es mortal, no seguimos que obligatoriamente sea un hombre. Puede tratarse de cualquier otro ser vivo. Pongamos otro ejemplo: “si llueve, la acera se moja, y la acera está mojada, luego llueve”. Su construcción lógica es “A implica B, y B, entonces A” y es falsa: tan solo una posibilidad. El caso C está bien construido, aunque diga disparates del mundo real. Pero pensemos que la lógica se caracteriza porque su verdad es formal, y no tiene por qué cumplirse en el mundo real.

4 En el segundo ejercicio, tenemos distintos ejemplos de argumentaciones mal formuladas, desde los dos principios. En el primer caso, tenemos el problema de la suposición del antecedente (el hecho de que las temperaturas suban no implica obligatoriamente que sea causado por la contaminación, tan solo la hace una hipótesis aunque cada vez más probable). Los otros tres casos son ejemplos claros de generalizaciones indebidas. Por algunos casos, no podemos ni negar un principio de ley (el cambio climático) ni aceptarlo (el fraude total en desempleo).




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