Pruebas y las




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El aparato fonador. Uno de los rasgos que establecen una diferencia decisiva entre el ser humano y otras especies es el lenguaje.

Pues bien, aunque el lenguaje en sí mismo no es algo puramente anató­mico necesita, ciertamente, de un aparato físico que lo haga posible. El apa­rato fonador humano consta de la laringe, en la que se encuentran las cuer­das vocales, la faringe, que es una especie de cámara de resonancia, la boca y la nariz (a través de las cuales sale el aire). Algunos animales muy próximos a la especie humana, como los chimpancés, carecen, sin embar­go, de faringe, por lo que su registro de sonidos es mucho más limitado.

Hemos de recordar que, también aquí, la interacción con el cerebro tiene una importancia decisiva. Efectivamente, no basta con poseer un aparato fonador adecuado para que surja un lenguaje comunicativo y reflexivo como el humano. De hecho, algunas especies animales como los loros y las caca­túas poseen un aparato fonador que les permite emitir sonidos similares al humano, pero no por ello han generado un lenguaje lógico-simbólico.

Sobre la relación entre lenguaje y pensamiento volveremos en otra Unidad.

  1. Falta general de especialización e invalidez frente al medio. Compa­rado con cualquier otra especie animal, el hombre nace en una situación de mayor invalidez. El niño humano es totalmente incapaz de valerse por sí mismo durante un buen número de años, mientras que en la mayoría de las especies pueden hacerlo nada más nacer o en un escaso margen de tiempo que no suele pasar de un año.

Esta invalidez humana está en consonancia con su falta de especialización: no posee zarpas, ni cuernos para defenderse, ni patas veloces. No tiene unos brazos poderosos adaptados para trepar por los árboles. Su piel está desnu­da. Sus dientes no están preparados para desgarrar, ni para rumiar, ni trocear. Sus instintos no le indican a cada momento cómo debe actuar.

Pese a todo, nos encontramos al hombre con su desvalimiento y su falta de adaptación a un ambiente concreto habitando los más diversos climas y parajes del planeta.

La evolución de los homínidos

Todos los restos fósiles de homínidos encontrados hasta ahora han sido cla­sificados en dos géneros, designados con los nombres de Australopithecus y Horno. El género más antiguo es el de los Australopithecus cuyos restos fósiles han sido hallados en Africa oriental y del sur, de donde se puede deducir que aquí se originaron nues­tros más remotos antepasados. Al gé­nero australopitécido pertenecen nu­merosas especies o variedades de homínidos designadas como A. rami­dus (la más antigua, de la que se han encontrado restos datados en 4,4 mi­llones de años), el A. afarensis, el A. boisei, el A. robustus, etc.

El género Horno evolucionó a partir de alguna especie de Australopithe­cus. Todos los restos fósiles encon­trados parecen pertenecer a tres es­pecies diferentes: (1) El H. habilis, la más antigua, los restos fósiles permi­ten asegurar que vivió desde hace dos millones hasta hace un millón de años. Convivió, pues, con algunas es­pecies de australopitécidos y con los erectus. (2) El H. erectus, aparecida hace unos 1,6 millones de años, a par­tir de la evolución de alguna pobla­ción de habilis. Sobrevivió hasta hace unos 200000 años, conviviendo con habilis y sapiens. (3) El H. sapiens, aparecida hace unos 300000 años a partir de la evolución de alguna po­blación de erectus. Del H. sapiens se conocen dos subespecies denomina-das H. de Neandertal (desaparecida desde hace unos 40000 años) y H. sa­piens sapiens, también conocida co­mo hombre de Cromagnon. El hom­bre de Cromagnon apareció hace unos cien mil años en Africa, y se ex-tendió por todo el planeta sustituyen-do totalmente al hombre de Nean­dertal. De modo que, todos los humanos existentes hoy en el planeta, somos sus descendientes.

Entre los descubrimientos más importantes, desde el punto de vista paleoantropo­lógico, cabe destacar:

Los llevados a cabo por B. Paterson en Lothangam (sur del lago Turkana).

También en torno al lago Turkana encontró R. Leakey un cráneo correspondiente a un homínido de 1,8 millo­nes de años.

En 1975, D. Johanson encon­tró el esqueleto de un austra­lopitécido, al que bautizó co­mo Lucy, en la zona conocida como Afar (al norte de Addis Abeba). Posteriormente en­contró otros numerosos es­queletos en la misma zona, datados en unos 3 millones de años, pertenecientes a una variedad designada con el nombre de Australopithe­cus afarensis.



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4.3. La hipótesis de "fetalización" o neotenia

Muchos biólogos atribuyen un papel importante en la aparición de ciertas especies a la neotenia. La neotenia es un fenómeno observable en algunos individuos y especies animales, consistente en que el individuo sexualmente adulto (capaz de reproducirse) mantiene, sin embargo, rasgos físicos propios de su estado infantil o de larva.

Según los defensores de esta hipótesis la reproducción de individuos con caracteres neoténicos puede dar origen a individuos poco especializados a partir de los cuales surjan nuevas especies e incluso familias o phylum. Así ex­plican la génesis de los insectos a partir de los miriápodos, la de los cordados a partir de los equinodermos, etc.

Pues bien, algunos anatomistas, antropólogos y biólo­gos, entre los que cabe mencionar a Bolk, Stephen Jay Gould y Arnold Gehlen, consideran que también en la aparición de la especie humana han tenido un papel decisivo los procesos neoténicos. De ser así, eso permitiría explicar tres cosas que la teoría de la evolución no había conseguido hacer-lo de un modo satisfactorio hasta entonces.

Éstas son: (1) Por una parte, esa sorprendente peculiaridad del ser huma­no, que le hace conservar en edad adulta una serie de rasgos que los de-más primates también poseen pero sólo en estado fetal y/o infantil. (2) La in-validez constitutiva, su falta general de especialización y su maduración lenta. (3) La sorprendentemente rápida evolución del hombre, y, en concre­to, el enorme desarrollo del cerebro humano en un, relativamente, corto pe­ríodo de tiempo.

Como consecuencia de su origen neoténico el hombre sería un animal permanentemente inmaduro, fetalizado (un feto grande). Esto explicaría su carencia de unos instintos certeros y especializados, y que conserve en es­tado adulto una serie de rasgos que en otros primates sólo se dan mientras todavía son fetos o crías.

¿Cómo pudo influir el origen neoténico del hombre en su desarrollo cere­bral? Pues muy sencillo: parir un feto poco formado permite que gran parte del desarrollo, que de otro modo tendría que llevarse a cabo en el útero,, se lleve a cabo fuera de la madre. Esto facilita que los individuos puedan desa­rrollar un cerebro más grande sin que su crecimiento suponga un peligro pa­ra la madre (y sin que suponga, por lo tanto, una desventaja adaptativa).

Pero el desarrollo de un cerebro mayor no es la única ventaja de la fetali­zación del hombre. Otra consecuencia importante de esta fetalización reside en que los individuos nacen desvalidos y con los instintos poco desarrolla-dos. De aquí se derivan dos consecuencias: (1) La inmadurez humana, su in-capacidad para sobrevivir por sus medios durante un largo periodo de tiem­po, lo hace dependiente del grupo, de ahí surge la naturaleza social del hombre. (2) Al parir el niño con un cerebro todavía poco formado, permite que el desarrollo de éste transcurra ya bajo la presión de la «cultura». Es de­cir, el niño nace con unos instintos poco formados, por lo que tiene que ser «educado» en unas pautas de comportamiento que le son impuestas a la par que se desarrolla su cerebro y la capacidad de usar un lenguaje. Con ello el cerebro se habitúa a asimilar pautas de conducta aprendidas y no meramente instintivas.

Y, precisamente, la necesidad del aprendizaje social y cultural revierte en que un cerebro mayor sea una ventaja adaptativa.
Rasgos neoténicos observables en el cráneo de un hombre adulto.

Actualmente se ha intentado explicar el origen de la neotenia del siguiente modo: existen determinado tipo de genes, llamados genes reguladores, cuya función consiste en activar o inhibir al resto de los genes. Pequeñas variaciones en el funcionamiento de algunos de estos genes reguladores podrían hacer que algunos otros genes no se activasen según el ritmo normal, de modo que el individuo no llegaría a adquirir ciertos rasgos adultos.


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Resumiendo:

Hace unos 30 millones de años apareció el primer antro­poide. Hace entre 12 y 7 millones de años se producen dos tipos de cambios que encauzarán la evolución de algunos antropoides en la lí­nea humana. Estos son: (1) Desaparición de amplias masas forestales en África oriental (hábitat natural de buena parte de los antropoides), que son sustituidas por la sabana. (2) Cambios genéticos (posiblemen­te producidos por mutaciones en algunos genes reguladores) hacen que aparezcan algunos primates antropoides con rasgos fenotipicos al­tamente diferenciados: cambios en la constitución del esqueleto que les posibilitan el caminar erguidos, cambios en la constitución de la mandíbula y el cráneo (que facilitan la posterior evolución del tamaño del cerebro), liberación de las manos y falta de especialización del sis-tema dentario, entre otros. Estos cambios se convierten en una ventaja adaptativa a la hora de establecerse en la sabana.

El cambio simultáneo de toda una serie de factores que convirtieron al hombre en un primate inmaduro, encauzó la evolución humana en un sentido totalmente original: por un lado, le forzó a una dependencia con respecto a sus congéneres mayor que la de cualquier otro primate: lo que hizo del hombre un ser eminentemente social; por otro, la inma­durez de sus instintos le obligó a suplirlos con la creación de su propio hábitat: la cultura. El camino hacia el hombre estaba de esa forma posi­bilitado.


26 Actividades

ACTIVIDADES

«Muchos animales desarrollan enteramente su cerebro antes del nacimiento, e incluso nuestros parientes más próxi­mos, los chimpancés, alcanzan el máximo crecimiento del cerebro al final del primer año de vida. En los humanos, sin embargo, el cerebro equivale en el nacimiento a sólo una cuarta parte de su tamaño final, y no deja de crecer durante casi veinticinco años. Este desarrollo lento es una característica de la neotenia; significa, en términos prácticos, que el ce­rebro puede alcanzar un tamaño que sería imposible antes del nacimiento, ya que si el total desarrollo tuviera lugar en el vientre, el niño poseería una cabeza tan desmedida que no podría nacer sin matar a su madre. Un resultado de este cre­cimiento continuado del cerebro es que los niños, e incluso los adultos jóvenes, están en el mundo aprendiendo de él, mientras su cerebro todavía crece, hecho que probablemente explica la adaptabilidad del hombre moderno. El contraste que existe con animales tales como el ciervo, aptos para correr con la manada casi tan pronto como han nacido, radica en que tienen sus cerebros «preprogramados» para arreglárselas con la vida en manada; nunca aprenderán nada más, están colocados en su lugar por el preprograma».

John Gribbin: Génesis. Biblioteca Científica Salvat. Barcelona, 1986.

  1. ¿A qué se llama, en general, neotenia?

  2. ¿En qué se basa el autor del texto para afirmar que el hombre tiene un origen neoténico?

  3. ¿Qué consecuencias tiene, según el autor del texto, el origen neoténico del hombre?

  4. ¿Qué quiere decir el autor del texto con eso de que los cerebros del resto de las especies están «preprogramados» ?


Ideas fundamentales

Hemos dicho que la Filosofía puede ser entendida, y así lo estamos haciendo en este texto, como un sa­ber que trata de desarrollar un proyecto global de vida humana. Pues bien, ¿qué aporta la teoría de la evolución al conocimiento del ser del hom­bre? ¿Cambió en algo esta teoría nuestra percep­ción del sentido de la vida humana? Ciertamente. Cambió algunas cosas fundamentales.

  1. En primer lugar nos hizo ver que el hombre es un producto de la tierra, que no es una especie de ángel caído. No es una inteligencia abstracta desvin­culada del resto de la Naturaleza.

  2. En segundo lugar, la teoría de la evolución rompió con la concepción esencialista de la Naturaleza. ¿A qué se llama concepción esencialista? A aque­lla que, desde Platón (siglo V a. C.), y sobre todo desde Aristóteles (discípulo de Platón), sostiene que las auténticas realidades naturales son algún tipo de esencias universales (es decir, comunes a toda especie), que permanecen invariables a lo largo del tiempo. La teoría de la evolución ha hecho ver que lo que predomina es el cambio, la transformación, que éste es un componente real de la naturaleza.

  3. En tercer lugar, la teoría de la evolución aplicada al ser humano, nos ha permitido encontrar el fun­damento último de dos rasgos que le caracterizan esencialmente: la razón de su ser social y de su ser cultural. Ambas arrancan de la inmadurez embrio­naria del hombre, inmadurez que le fuerza a una dependencia con respecto a sus congéneres para su supervivencia. Esto solo aún no lo diferenciaría grandemente de los demás animales sociales, pero, además, la inmadurez instintiva del hombre (la no adquisición de unos instintos fuertes y perfecta-mente adaptados, es decir, especializados, a un hábitat concreto), junto con un cerebro altamente complejo capaz de aprender, ha posibilitado (y a la vez ha «forzado») la necesidad del aprendizaje y la consiguiente aparición de la cultura.

Veremos con más detalle, en las próximas Unidades, este tránsito del mundo natural al mundo cul­tural. También veremos cómo la cultura, por ser algo que surge de la capacidad creadora libre del ser humano, no es algo estático, sino, aun en mayor medida que la propia Naturaleza, algo dinámico. Y a este desarrollo dinámico de la cultura es a lo que se llama Historia. Se podría decir que la Historia es a la cultura lo que la evolución a la Naturaleza.
Asimilación de conceptos:

  1. Define: «evolución», «fijismo», «esencialismo», «selec­ción natural», «selección artificial», «fósil», «paleontolo­gía», «embriología», «inmunología», «genética», «deriva genética», «nicho ecológico», «ontogenia», «filogenia», «célula», «gen», «cromosoma», «ADN», «base nitrogena­da», «mutación», «hominización», «árbol filogenético», «neotenia», «antropocentrismo».

  2. «Debido a esta lucha, las variaciones, por ligeras que sean y cualesquiera que sea la causa de la que procedan, si son en algún grado provechosas para los individuos de una es­pecie, en sus relaciones infinitamente complejas con otros seres orgánicos y con sus condiciones de vida, tenderán a la conservación de estos individuos y serán, en general, he-redadas por la descendencia. La descendencia también ten­drá así mayor probabilidad de sobrevivir, pues de los mu­chos individuos que nacen periódicamente de una especie cualquiera, sólo sobrevive un corto número. He denominado a este principio, por el cual toda variación ligera, si es útil, se conserva, con el término de «selección natural», a fin de señalar su relación con la facultad de selección del hombre. Pero la expresión frecuentemente empleada por Mr. Herbert Spencer, «la supervivencia de los más aptos» es más exacta y, a veces, igualmente conveniente».

Darwin: El origen de las especies, c. III. Editorial Edaf, S. A. Madrid, 1985.

  1. Según el texto, ¿cómo influyen las variaciones en la conservación de los individuos?

  2. ¿Qué es la «selección natural»?

  3. «Homo sapiens surgió hace al menos unos 50000 años, y carecemos de la más mínima evidencia de mejora genética alguna desde entonces. Sospecho que el Cro-Magnon me-dio, adecuadamente educado, podría haber manejado or­denadores junto con nuestros mejores especialistas (si sirve de algo, tenían un cerebro ligeramente mayor que el nues­tro). Todo lo que hemos logrado, para bien o para mal, es resultado de la evolución cultural. Y lo hemos logrado a un ritmo inigualado por órdenes enteros de magnitud en toda la historia anterior de la vida. [...]


»La evolución cultural ha progresado a un ritmo al que los procesos darwinianos no pueden ni aproximarse. La evolu­ción darwiniana continúa en el Horno sapiens, pero a un rit­mo tan lento que prácticamente carece ya de impacto en nuestra historia. Este punto de inflexión en la historia de la Tierra ha sido alcanzado porque, finalmente, se han libera-do sobre el planeta procesos lamarckianos. La evolución cultural humana, en marcada oposición a nuestra historia biológica, es de carácter lamarckiano. Lo que aprendemos en una generación lo transmitimos directamente por medio de la enseñanza y la escritura. Los caracteres adquiridc son heredados en la tecnología y la cultura. La evolución Ic marckiana es rápida y acumulativa. Explica la diferenci cardinal entre nuestro antiguo mecanismo de cambio, purc mente biológico, y nuestra actual enloquecedora acelerc ción hacia algo nuevo y liberador... o hacia el abismo».

S. J. Gould: El pulgar del panda. Editorial Crítica, Barcelona, 1994

  1. ¿En este texto se defiende una concepción darwinista o lamarckiana de la evolución biológica? Razónalo.

  2. ¿Por qué dice el autor del texto que «finalmente, se han liberado sobre el planeta procesos lamarckianos»?

  3. ¿Qué son los mencionados «procesos lamarckianos»?

  1. Tema para debate: Uno de los viejos debates entre evolucionistas es el de si la evolución se produce de un modo gradual o a saltos (salta­cionismo). Un grupo de alumnos debe buscar información que demuestre que la evolución se produce de un modo gradual. Otro grupo intentará demostrar los fallos de esta tesis. La clase debe sacar una conclusión general.

  2. Para Leer


El clan del oso cavernario, de Jean M. Auel. Después de leer la novela intenta contestar a estas preguntas: a) ¿Cómo des-cribe la autora de la novela a los neandertales? Y a la niña cromagnon? ¿Qué rasgos de tipo físico los diferencian? ¿Y de tipo psicológico? b) ¿Cómo se imagina la autora que se-ría un lenguaje neandertal? ¿En qué se diferencia del len-guaje de la niña cromagnon? c) La narradora especula acerca del próximo fin del mundo de los neandertales, mientras que

el de las gentes a que pertenece la niña está destinado a sobrevivir.

¿A qué atribuye la autora el próximo el colapso de los neandertales? ¿Crees que, desde un punto de vista científico, es razonable esta explicación de por qué se extinguieron los neandertales?
ACTIVIDADES DE SÍNTESIS

  1. Inventa un experimento, o señala algún hecho observable, que pueda demostrar que la explicación lamarckiana de la evolución es incorrecta.

  2. ¿Qué diferencias existen entre la selección natural y la artificial?

  3. ¿Cómo influyeron las tesis de Malthus en Darwin?

  4. Cuando Darwin expuso su teoría de la evolución natural, mucha gente manifestó un rechazo visceral a dicha teo­ría porque consideraba degradante admitir que procedemos de una especie de simios. Muchas mitologías anti­guas consideraban que el hombre es un producto degenerado de antiguos seres superiores (dioses, héroes o tita­nes). Reflexiona sobre esto. ¿Crees que es más esperanzador admitir que se procede de una antigua divinidad que se ha ido degradando, o de un simio que ha evolucionado?

  5. Aparte de los estudios de genética, ¿desde qué otros campos se puede defender la teoría de la evolución?

  6. Intenta explicar cuál es el objeto de estudio de la Genética, la Antropología y la Paleontología, y de qué medios se valen.

  7. ¿Cómo explicarías que las constituciones bioquímica y genética del hombre y del chimpancé sean tan parecidas?

  8. ¿Cómo explicarías, en términos evolutivos, los siguientes fenómenos:

  1. Las ballenas y las serpientes pitones poseen huesos atrofiados correpondientes a patas traseras, embebidos en los músculos del abdomen.

  2. En los embriones humanos aparecen unas incipientes branquias que, con la maduración del feto, acaban desa­pareciendo.



  1. Haz una lista de los rasgos físicos que diferencian a los seres humanos de otras especies animales. A continua­ción, señala de entre esos rasgos los que crees que han sido más decisivos para hacer del ser humano una espe­cia cultural. Razónalo. ¿Y para hacer de él una especie social? Razónalo.

  2. ¿Qué diferencias fundamentales existen entre los póngidos y los australopitecus? ¿Y entre estos últimos y los ho­mo?

  3. Señala las principales similitudes y diferencias entre un chimpancé y un ser humano.



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