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Liberación

La determinación de tener w forma por energía libre de la intención. Hay dos cosas que te impiden permitirte tener, la primera son los desacuerdos entre tu alma y la mente. La segunda, los potenciales excesivos de la importancia interior y exterior, que ocupan la energía libre. Sería un error suponer que la determinación de tener sólo es unos pensamientos corrientes, tipo «quiero y seré». En realidad, tales pensamientos deben estar llenos de energía de la intención, porque si no, sería un ordinario barboteo de la mente y nada más. Los pen­samientos, desde luego, deben proceder de la unidad entre el alma y la mente. En caso contrario, la modulación de energía de la inten­ción no será pura. Si la mayor parte de la energía libre está ocupada por potenciales excesivos, la intención no tendrá potencia alguna.

La dificultad para obtener la determinación se parece a las dudas que tienes al montar en bicicleta por primera vez. Sabes que en general es posible, pero también sabes que al principio no te saldrá bien. Dudas de tu capacidad y, al mismo tiempo, estás lleno de deseo de aprender a montar. Tu mente procura someter el aprendi­zaje bajo control, pero no entiende cómo debe actuar. Se crean tres potenciales excesivos a la vez -la duda, el deseo y el control- que quitan energía de la intención.

La mente intenta mantener el equilibrio de una manera u otra, pero nada le resulta. No hay unidad del alma y la mente ni energía libre. Pero en un momento dado, el control de la mente se afloja y entonces surge la unidad del alma y la mente en la que hay que mantener el equilibrio. Como resultado todo sale bien. La mente nunca llega a comprender cómo lo has hecho. Pero ¡ése es el cuento! La mente siempre piensa en los medios, o sea, en cómo se debe actuar. Establece el control y prueba diferentes opciones. El alma no piensa: simplemente está incondicionalmente lista para tener. La mente también está preparada para tener, pero con una condición: que sea algo comprensible y racional. Los desacuerdos entre alma y mente consisten sólo en que la mente duda de que el objetivo sea objetivamente realizable. En cuanto se afloje el agarre del control, las condiciones restrictivas de la mente desaparecen y entonces surge la unidad del alma y la mente.

La mente, sorprendida, se pone ante el hecho de que su con­trol no es necesario. Todo sucede por sí solo. Por lo demás, para ella es más que suficiente la existencia de tal hecho, incluso si no llega a comprender con toda claridad de qué se trata. El equilibrio simplemente se mantiene y ya está, de modo que la mente debe conformarse con eso. Ya no va a imponer su control, puesto que ha quedado convencida de que no es necesario. Después de practicar un poco, desaparece el resto de los potenciales excesivos, la energía de la intención se libera y montar en bicicleta pasa de ser un proble­ma a ser un placer.

De ese modo, para obtener la determinación de tener es necesa­rio llegar a la unidad del alma y la mente y liberar la energía de la intención de los potenciales excesivos. La unidad del alma y la men­te se consigue por el camino hacia tu objetivo a través de la puerta necesaria. Sólo queda fijar tus verdaderas aspiraciones y ponerte en ese camino. Al quitarte de encima la inútil carga de la importancia interior y exterior, liberas la energía de la intención, la fuerza motriz del desplazamiento en el espacio de las variantes. En cambio, al conservar la importancia interior y exterior, gastas un 99 por 100 de energía en mantener los potenciales excesivos. ¿Cómo puede haber alguna energía libre, si toda la que hay está utilizada por los poten­ciales?

Para quitar la importancia, es necesario actuar de forma cons­ciente y entender a qué estás dando un significado excesivamente importante y cuáles son las consecuencias. Por desgracia, no siem­pre se logra renunciar conscientemente a la importancia a nivel mental. En tal caso sólo queda una cosa por hacer: actuar. La ener­gía del potencial excesivo se disipa en la acción. Proyecta en la mente la diapositiva del objetivo, practica la visualización del proceso y mueve tranquilamente los pies en dirección a tu objetivo: ésa será tu acción.

Cómo no tener miedo. Encontrar alguna medida de seguridad. El potencial excesivo más difícil de superar es el miedo. No serás capaz de obligarte a no tener miedo. Si algo para ti tiene un significado excesivamente importante, al que no puedes renunciar, como por ejemplo, tu vida, tu carrera, tu casa; y si esos valores corren algún riesgo, entonces el único modo de quitar el potencial es encontrar alguna cubierta, una salida de emergencia, un camino de rodeo.

Cómo no preocuparse y no alarmarse. Actuar. Los potenciales del desasosiego y la preocupación se disipan en la acción. Una preocu­pación inactiva estará en el aire hasta que no empieces a actuar enér­gicamente. El tipo de actividad puede incluso no tener nada que ver con el objeto de la preocupación. Basta con que empieces a hacer algo para que, de inmediato, sientas que tu preocupación disminuye.

Cómo no desear. Resignarse a la posible derrota y actuar. Ese po­tencial también es difícil de eliminar, puesto que apenas es posi­ble renunciar por completo al deseo de conseguir el objetivo. Sin embargo, si te resignas de antemano a la derrota y encuentras un desvío, entonces el potencial del deseo se equilibrará. En cualquier caso, un deseo se puede trasformar en acción. Como ya sabes, el deseo es lo que precede a la intención. Cuando el deseo se trasforma en intención de actuar, se disipa la energía del potencial. La energía del deseo se consume en formar la intención.

Cómo no esperar. Actuar. Este potencial se disipa en la acción por determinación. Disuelve el deseo y la espera en acción.

Cómo renunciar a la significación propia. Si has comprendido todo correctamente, esa pregunta debe dejarte perplejo. Por supuesto, el el Transurfing no te sugiere resignarte a tu insignificancia, sino aceptar tu significación, como un axioma. La única dificultad es que tu mente sentirá su significación sólo al recibir el trato correspondiente de la gente de tu alrededor. Teniéndolo en cuenta, el secreto del aumento de la significación propia es tan simple como eficaz. Sólo es necesario renunciar a las acciones dirigidas a aumentar tu propia significación.

Obsérvate: ¿qué es lo que haces a la hora de defender tu significación? Exiges atención, respeto, demuestras que tienes razón, te ofendes, te defiendes, te justificas, entras en discusiones, revelas arrogancia, menosprecio, luchas por ser el primero, restas importancia a la dignidad ajena, resaltas las imperfecciones ajenas, muestras tus méritos, etcétera. Si poco a poco reduces a nada todos esos in­tentos de aumentar tu significación, los que te rodean lo percibi­rán inconscientemente. Como no defiendes tu significación, quiere decir que ya la tienes en un nivel alto. La gente te tratará de otra manera. Al sentir que te tratan con más respeto, tu mente, por sí sola, reconocerá la propia significación. Si tú mismo reconoces tu alta significación, los que te rodean se pondrán de acuerdo contigo ensegui­da; eso es absolutamente cierto. De esta manera obtienes aquello a lo que has renunciado.

Cómo no irritarse. Jugar con el péndulo, rompiendo las reglas de su juego. Es el único modo posible de extirpar la costumbre de reac­cionar negativamente a una noticia desagradable. Cómo se hace, lo sabes ya. Sólo tienes que recordar a tiempo que es un juego y romper con alegría sus reglas, es decir, reaccionar de modo inade­cuado. Ante una noticia o circunstancia agradables, tu reacción ha de ser no perezosa, sino alegre y con entusiasmo especial. Entonces trasmitirás tu emisión en la ola de la suerte. Los péndulos te crearán problemas con el fin de desequilibrarte y obtener energía negativa. Al reaccionar en negativo, quiebras el ritmo del péndulo y lo dejas sin nada. Juega a ese juego, es muy atractivo.

Cómo librarse del sentimiento de culpa. Dejar de justificarse. Como ya he dicho, eres tú mismo quien no te deja marchar del salón de audiencia. Tú mismo intervienes como acusador, abogado y acu­sado, y los manipuladores se aprovechan de todo eso. Abandona la sala de audiencia; nadie puede retenerte. Los que de costumbre se han reunido allí para escuchar el proceso de acusación, permanece­rán sentados un rato y se marcharán, puesto que no habrá ningún acusado. Así, poco a poco, tu «caso» se cancelará. De ningún otro modo conseguirás deshacerte del sentimiento de culpa.

Como vencer el resentimiento e indignación. No los tendrás si te libras del sentimiento de culpa y aceptas tu significación. Pon fin a tu batalla y muévete según la corriente. Pero puede suceder que, al moverte según la corriente, sientas, al mismo tiempo, que alguien te agarra e intenta arrastrarte en contra. ¿Cómo proceder en este caso?

Por ejemplo, si sabes hacer algo, significa que eres capaz de en­contrar decisiones. Pero hay gente que sólo es capaz de encontrar problemas. Ellos buscan problemas y, con aire triunfal, los presen­tan como si fueran méritos. Tal gente está sinceramente convencida de que los otros como respuesta están obligados a facilitarles las de­cisiones. Pues bien, si tú comienzas a buscar soluciones, se acumula un montón de holgazanes a tu alrededor. Unos te critican, otros buscan afanosamente nuevos problemas, un tercero te aconseja y un cuarto te manda y exige. Por mucho que te esfuerces intentando moverte según la corriente, ellos hacen todo lo posible por interpo­nerse en tu camino. Es natural que eso te provoque resentimiento e indignación.

¿Qué hacer, entonces, si no puedes vencer el resentimiento ni la in­dignación? Simplemente necesitas permitirte esa debilidad. Sería peor que empezaras a atribuir excesivo significado a la necesidad misma de mantener la importancia a cero. Y ¿para quién trabajas? ¿Para algún fulano? En tal caso tendrás que sentir resentimiento e indig­nación, constante e inevitablemente. Sal al camino de tu objetivo; así, a la larga, aunque vayas a trabajar, lo harás sólo por tu cuenta.

Pero hasta entonces permítete de vez en cuando desatarte y crear potenciales excesivos. No te obligues a ganar siempre.

Pues bien, en vez de luchar contra los potenciales excesivos, es imprescindible actuar dentro de los marcos de la intención purificada. Y la intención se purifica en el proceso del movimiento. Como puedes ver, la determinación de tener no se logra sólo con ejercicios espe­culativos, sino con determinadas acciones. Comienza, aunque sea de cualquier modo, a mover los pies en dirección a tu objetivo. Tus accio­nes adquirirán eficacia en el proceso de movimiento.

La determinación de tener pasa por tres etapas. La primera etapa es cohibición, producida por una situación insólita. Es posible que todo eso sea para mí?» Cuando proyectas la diapositiva del objetivo en la mente, no logras acostumbrarte del todo a la idea de que eso es posible. La segunda etapa es euforia, parecida a la sensación del estado de ingravidez. En algún momento sentirás que tu cohibi­ción ha desaparecido, has aceptado el objetivo dentro de la zona de tu confort y has experimentado euforia, puesto que el objetivo, de repente, te ha parecido completamente real. La sensación de ingra­videz también tiene una base muy real. Es energía de la intención que queda libre de los potenciales excesivos. Es precisamente esa energía lo que sientes.

Y finalmente, con el tiempo, la determinación de tener pasa a la tercera etapa: lo habitual. En tus pensamientos proyectas cons­tantemente la diapositiva del objetivo, te compenetras con ella, y todo lo que tienes en la diapositiva poco a poco se convierte en algo habitual para ti. La diapositiva se mantiene en la película de la im­portancia. Mientras deseas, dudas o piensas en los medios, la deter­minación de tener se mantiene sobre una base inestable. Tan pronto como la importancia se disuelve, la determinación de tener cobra fuerza. Lo esencial aquí es no perder la determinación de actuar, es decir, la intención de mover los pies en dirección al objetivo. Si has pasado por las tres etapas, estás en el camino correcto.

Y, para terminar, ¿cómo no doblarse bajo el peso de los problemas? En cualquier caso siempre hay algo que nos deprime en algún gra­do. Es muy difícil renunciar sin más a cualquier importancia. En este caso el Transurfing tiene un método bastante interesante y muy potente: la coordinación de la intención.

Coordinación de la intención

El hombre se siente bajo el poder de las circunstancias, le parece que es poco lo que depende de él. A veces la fortuna le sonríe y durante algún tiempo él vuela sobre la ola ilc la suerte, En ocasiones hasta le parece tener la suerte entre las manos, de modo que habría que actuar con decisión, y el hombre empieza a luchar. Pero a pesar de todos sus esfuerzos, tras la victoria a menudo sigue una derrota sin cuartel.

La gente va por un camino, flanqueado de colinas altas y fosos profundos. Las personas decididas y seguras de sí mismas se desvían constantemente del camino recto y, por alguna razón, empiezan a trepar por las colinas.

Allí brillan con tentación los premios dejados por los péndulos. A veces, como resultado de extraordinarios esfuer­zos, alguien logra el premio, pero más a menudo sucede que la gente fracase. En cualquier caso, al aparecer en la cima de una colina, el hombre baja rodando, derribado por el viento de las fuerzas equi­ponderantes. Y de nuevo el hombre se siente impotente, de nuevo le parece que es poco lo que depende de él.

El otro tipo de gente, la negativista, considera que de ellos no depende absolutamente nada y prefieren revolcarse, abúlicos, en los fosos de sus peores temores. Los peores temores se realizan in­mediatamente. Los negativistas no sólo sufren por su impotencia. Inmaduros, entregan su destino en manos ajenas. Dicen que todo es la voluntad de Dios. Ellos no se mueven según la corriente de las variantes, pero tampoco se resisten, sino se limitan a forcejear, expresando su disgusto y contaminando toda la atmósfera energé­tica alrededor suyo. Lo único que les sale bien es realizar sus peores temores. Es por eso que los negativistas encuentran placer en sus peores temores: al menos en algo tienen razón. Lo único que han aprendido a hacer a la perfección es buscar y encontrar confirmacio­nes a su posición negativa.

Tal gente encuentra una especie de placer sadomasoquista en lo negativo. Son capaces de convertir cualquier menudencia en una tragedia. Su credo es: «La vida es un asco y empeora cada día más». Es su elección, y los negativistas buscan y encuentran confirmacio­nes en todo para demostrarlo. Pues vaya si no son sufridores y que todos les culpan y castigan, y qué destino más penoso tienen esos desdichados.

Ellos se bañan, literalmente hablando, en lo negativo y encuen­tran placer en eso. ¿Y sabes por qué? Porque lo negativo es lo único en que el mundo circundante está de acuerdo con ellos y sale a su encuentro. Ellos encuentran apoyo a su convicción de que sus peo­res temores se hacen realidad.

De vez en cuando, un negativista aparece por casualidad sobre la ola de la suerte. Por algún tiempo él estará satisfecho y alegre. Pero todo eso no dura mucho, pues pronto empezará a girar la cabeza hacia todos los lados, en busca de la racha negra habitual en su vida. ¡Cómo no, pues todo lo bueno se acaba pronto, pues la suerte es algo anormal y antinatural! El negativista se pone a buscar intensi­vamente el modo de engancharse a la racha negra, para aparecer de nuevo en su habitual cuneta, donde todo está mal, pero al menos es previsible. Empieza a preguntarse a qué puede aplicar su desconten­to, prestar oído a las malas noticias, quejarse, culpar, exigir. Y si no hay posibilidad de exigir, entonces se mete reptando en el papel de la víctima a la que todos deben consolar y tranquilizar.

Es muy difícil hacer que el negativista pierda la costumbre de encontrar placer en torturarse a sí mismo. Es un caso muy grave. Pero la desgracia es que no sólo se amarga la vida a sí mismo. Al trasformar la capa de su mundo, el negativista arrastra a su misera­ble infiernito a sus prójimos, cuyas capas se sobreponen a él. Pero mira qué paradoja. A pesar de que el negativista parece ser impo­tente, posee mucha fuerza y la utiliza al máximo.

Su fuerza está en la firme convicción de que la vida es detestable y cada día se vuelve aún peor. Su firme convicción es nada más que la determinación de tener, por lo que la elección del negativista se realiza con éxito. El negativista realmente hace la elección, y el mundo realmente sale a su encuentro.

Resulta que el hombre, a pesar de todo, no es impotente y que de él depende mucho. La realización de los peores temores del ne­gativista confirma que cualquiera es capaz de influir en el desarrollo de los acontecimientos. Es capaz de determinar el guión no sólo en el sueño, sino también en la vida real. ¿Puede que para eso sólo sea necesario reemplazar la orientación negativa por orientación positi­va? «La vida es maravillosa y cada día se torna mejor». Sin embargo, al armarse con tal lema, el hombre parte a viajar por las nubes. Pero tan pronto como dude, aunque sea por un instante, y con miedo mire bajo sus pies, se hunde y cae abajo.

Es por eso que el humor negativo es tan persistente: porque uno se acostumbró desde el nacimiento a ver que el mundo hostil está indispuesto contra él. Inmediatamente después de su nacimiento, al pequeño hombrecito le cae encima una influencia agresiva muy potente. Él estaba en el vientre de su madre como si tal cosa, se sentía cómodo, abrigado y tranquilo. Pero he aquí que le agarran, al pobrecito, y se le empuja brutalmente fuera de este confort. Oye los gritos de su madre y, tal vez, es consciente de que él mismo ha sido la causa de sus sufrimientos. Ya está: la base para el complejo de culpa está lista. Una claridad deslumbrante ciega la vista. La única gana que tienes es cerrar los ojos y no ver nada. El calor húmedo se sustituye por un frío duro y seco. Sólo quieres acurrucarte y aislarte ilc lodo ese horror. He aquí que te cortan sin demora el cordón umbilical, rompiendo de ese modo la única conexión con la fuente de vida. El hombrecito ya tiene el choque mortal. Se ahoga, pero aún no sabe que hay que respirar. Le golpean por la espalda, causando un trauma para toda la vida. El aire se clava en sus pulmones, como si lucra una cuchilla afilada. Respirar duele, pero no hay otra salida. I ,as condiciones impuestas son muy duras: lucha por tu vida o mue­le. La mente pura e inocente aprende su primera lección: la lucha por la existencia es parte integrante de este mundo. El hombrecito siente dolor v mucho miedo, pero además, para colino, le separan de su madre y le meten en una funda rígida. Ya no pudiendo más, se precipita a esconderse de este mundo en el sueño.

Así se produce el primer encuentro del hombre con este mundo. Miedo, soledad, desolación, resentimiento, furia y total desamparo, Son las primeras lecciones que se estampan cruel e inevitablemente en la hoja blanca de la mente. El principio, que tanto necesitan los péndulos, está originado. No sin razón, esa práctica de parto de choque aún hoy está ampliamente difundida y se considera comple­tamente civilizada. Muy rara vez se le ocurre a alguien que tal modo de nacer es un golpe absolutamente terrible, que deja en el subcons­ciente humano una herida profunda para toda la vida. Ningún ser vivo del mundo animal experimenta nada semejante al nacer. Sólo en algunos hospitales muy caros es posible nacer «a lo humano».

Las primeras y muy crueles lecciones del mundo de los péndulos se asimilan muy bien y, a lo largo de la vida ulterior, se fortalecen aún más.

Un día el peque suelta la mano de la madre y, con una valentía alegre y crédula, corre al encuentro con la vida. Pero el mundo de los péndulos le enseña que la vida no es tan segura, y en­tonces, paf, el niño cae. Y la madre ya está preocupada: ojalá que no le atropelle un coche. Todo eso te lo cuento para demostrarte con qué fuerza se ha arraigado en el humano la predisposición a ser nega­tivo. En cambio, las buenas intenciones del positivismo a menudo acaban con que el individuo vuela entre nubes y construye castillos en el aire, o reúne todas sus fuerzas para asaltar fortalezas terrenales.

Entonces, ¿qué hacer para respetar la coordinación e ir simple­mente por un camino llano, sin dar bandazos, sin caer en fosos ni trepar por los obstáculos? ¿Tal vez para eso es necesario quitar la importancia y moverte conscientemente según la corriente? Sí, es precisamente lo que se necesita. Pero hacerlo resulta bastante difícil, puesto que es imposible librarse por completo de la importancia; y moverte según la corriente te impide la mente inquieta que trata de establecer el control sobre la corriente y, al mismo tiempo, duerme despierta.

Aun así, hay una salida de esa situación, además muy simple, como todo lo genial. Hay que aprovechar la costumbre de la mente de tenerlo todo bajo control y ofrecerle un juego nuevo. La idea de ese juego es la siguiente: al surgir cualquier circunstancia desfavora­ble, despierta, valora conscientemente la importancia de lo ocurrido y cambia tu actitud. Tú mismo podrás persuadirte de que tal juego le gustará a tu mente. Ya hemos visto los principios del juego: la divertida batalla con el espantajo de arcilla. Pero todavía no es todo. Ahora sabrás el principio general de la coordinación. Al guiarte por este principio, podrás obtener el mismo éxito en lo positivo, el que los negativistas obtienen en sus peores temores. Y suena así. Si te propones tener la intención de considerar el cambio de guión, aparentemente neegativo, como algo positivo, todo será precisamente así.

Suena si no absurdo, tampoco muy convincente, ¿verdad? ¿Qué de positivo puede haber en una evidente derrota o qué de bueno puede haber en una desgracia? No obstante, este principio funciona de modo absolutamente impecable. De nuevo, no te invito a creer. Adelante! Cógelo y prueba tú mismo. Bien, y en cuanto a la mente, para ella también existe una explicación.

Como sabes, todo el mundo se basa sobre el principio de dualismo: todo tiene su lado opuesto. Hay luz y hay oscuridad; hay negro y hay blanco; positivo y negativo; denso y vacío, etcétera. En la naturaleza, cualquier equilibrio puede desviarse bien a un lado, bien al otro. Cuando caminas por un tronco y te inclinas, levantas el brazo del otro lado, para compensar la inclinación. Cualquier acontecimiento en la línea de la vida también tiene una bifurcación: hacia el lado favorable y hacia lo desfavorable. Cada vez que tropiezas con un acontecimiento u otro, eliges cómo tratarlo. Si consideras ese acontecimiento como algo positivo, apareces en el ramal favorable de la línea de la vida. No obstante, la propensión a ser negativo te obliga a expresar tu disgusto y a elegir el ramal desfavorable.

Desde la mañana misma, el individuo se irrita por cualquier nimiedad, luego lo hace otra vez, y así el día entero se convierte para él mi continua tanda de desgracias.

Tú mismo sabes perfectamente que, aun en pequeneces, basta que pierdas el equilibrio para que, de inmediato siga el desarrollo dramático del guión negativo. Así como te enfades por algo, detrás viene un problema nuevo. Pues así es como resulta que «la desgracia nunca viene sola». Pero la tanda de infortunios no viene detrás de la desgracia misma, sino detrás de tu ac­titud hacia ella. El patrón se forma por la elección que haces tú en la bifurcación. Te has enojado por alguna tontería y ya estás emitiendo en la frecuencia del ramal desfavorable. Además, la actitud negativa crea el potencial de la tensión que te quita parte de la energía de la intención; ya no actúas con eficiencia y he aquí que te encuentras con un problema más gordo. ¡Ya puedes imaginar adonde te lleva una cadena de tales bifurcaciones a lo largo de toda tu vida! Pues es la razón de por qué surge el desplazamiento de las generaciones.

Y ahora imagina otro guión. Tropiezas con una circunstancia enojosa. Guárdate de formular tu actitud negativa y reaccionar de modo primitivo, como si fueras una ostra. Dite a ti mismo: «¡Para! ¡Pues sólo es un juego con el espantajo de arcilla! Bueno, espantaji-to, vamos a jugar!». A pesar de todo, ten intenciones positivas y haz que este acontecimiento te alegre. Pues no en vano aparecieron los dichos: «no hay mal que por bien no venga» y «no hay desgracia que no traiga alguna gracia».

Intenta buscar algún germen positivo en el acontecimiento eno­joso. Aun si no encuentras nada, alégrate en todo caso. Créate la «estúpida» costumbre de alegrarte por los fracasos. Es mucho más di­vertido que enojarse y lamentarse con cualquier excusa. Tendrás que convencerte de que, en la mayoría de los casos, tu desgracia en rea­lidad te hace el caldo gordo. Aun si no fuera así, ten por seguro que, gracias a tu actitud positiva, has aparecido en el ramal favorable y has evitado otras desgracias.

Hablando en general: las desgracias siempre son una violación de la norma. Resultan inconvenientes sólo para ti, puesto que son un fuerte desvío del equilibrio e implican gastos adicionales de energía. Eres tú quien gasta esa energía en crearte obstáculos para luego superarlos. La suerte, por el contrario, cuando estás contento, es la norma. Y no estás i omento, normalmente, cuando tropiezas con algún desvío de tu guión lan pronto i orno ni mente ve un incumplimiento del guión aprobado por ella misma, enseguida considera este cambio como desfavorable, de modo que manifiesta la actitud correspondiente e intenta imponer el control sobre la situación.

Pues bien, ahora explica a tu mente las reglas del juego nuevo. Dile que sigue manteniendo el control, aunque ahora la responsa­bilidad de ese control consistirá en interpretar cualquier aconteci­miento como positivo. Activa a tu Celador desde el mismo comien­zo de la función; por ejemplo, al principio del día. Normalmente tienes una idea aproximada de cómo deben desarrollarse los aconte­cimientos. En el momento en que tu guión se cambia ante tus ojos, necesitas admitir los cambios, conformarte con ellos. Pues percibes el acontecimiento como negativo sólo porque éste no encaja en tu guión. Finge que es precisamente lo que necesitas.

De este modo, obtienes un dinámico y deslizante control sobre la introducción de los cambios en el guión. No tienes prisa en expresar tu disgusto y luchar contra la situación, porque has aceptado ya los cambios en el guión sobre la marcha. Al renunciar al control sobre la situación recibes ese control.

El control se dirigirá, no a luchar contra la corriente de las variantes, sino a seguir esa corriente.

El secreto de la coordinación está en soltar el agarre y, al mismo tiempo, coger la situación en tus manos. Cuando la mente man­tiene el agarre, no permite que la situación se desarrolle según la corriente de las variantes. Al aceptar cualquier cambio en el guión como algo debido, te niegas a imponer el control. Lo que significa renunciar al control y, a la vez, mantener bajo control tu actitud, y por consiguiente, la situación.

Al fin de cuentas, sólo quieres evitar problemas y vivir de tal modo que todo te salga bien. Pues así será, si empiezas a utilizar el principio de la coordinación. Es, incluso, más eficaz que intentar influir en los acontecimientos con tu intención exterior. El caso es que la mente, como ya hemos explicado, no es capaz de calcular exactamente todos los pasos por adelantado. Pues no eres el único que vive en este mundo. La capa de tu mundo cruza con multitud de capas de otra gente, y ellos también tratan constantemente de conseguir algo Pero la mente no necesita calcular anticipada­mente todos los acontecimientos. Todo lo que necesitas es proyectar la diapositiva del objetivo y seguir el principio de la coordinación. Entonces la intención exterior te llevará con éxito hacia tu objetivo.

Cabe señalar que la coordinación se educa con la práctica. Si has comprendido el principio de la coordinación sólo en teoría, eso todavía no es suficiente. Es necesario desarrollar esa habilidad y per­feccionarla continuamente. Tu Celador debe trabajar sin cesar. Que no te pase desapercibido el momento en que, sin darte cuenta, esta­rás involucrado en un juego negativo.

La coordinación es el modo más eficaz de moverse en el espacio de las variantes. Cada acontecimiento le encuentras positivo y de este modo siempre sales al ramal favorable, te encuentras con la ola de la suerte más y más a menudo. Pero eso no significa que vivas en las nubes, porque actúas con intención y conscientemente. De ese modo te estás balanceando sobre la ola de la suerte. En eso consiste la principal idea del Transurfing.
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