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Las manzanas caen al cielo

Como dice el Libro Sagrado: «Conforme a vuestra fe os sea hecho».5 Y realmente es así. Siempre obtienes sólo aquello que estás listo para tener. La intención exterior cumple irreprochablemente tu pedido. Tienes lo que tienes según sean el modelo de tu concepción del mundo y la idea que tengas sobre tu propio lugar en él. Ahora ya co­noces todos los principios básicos del Transurfing, por tanto puedes manejar tu destino según tu propia elección. Tu destino se formará de acuerdo con tu propia elección y fe.

Cómo elegir, ya lo sabes. Falta responder a la pregunta: ¿cómo creer en todo eso? Ya te lo he dicho, no podrás convencer a la mente hasta que no la pongas ante el hecho. La mente puede fingir. Tam­bién puede creer ciega y fanáticamente, pero es una fe falsa, basada en un potencial excesivo demasiado fuerte. Sucede que atribuyes un significado excesivo a la convicción misma. La mente está tan ensordecida por su fanatismo que no ve ni escucha nada. Ha metido en la funda, no sólo al alma, sino también a sí misma; por ende una fe así es ciega.

La vela mayor de la falsa fe nunca se llenará con el viento de la in­tención exterior. La falsa fe es una trampa del péndulo en el laberinto de inseguridad. Te puede parecer que has encontrado la salida del laberinto, pero en realidad sólo es una ilusión. En el fondo de tu alma lo dudarás, sin siquiera sospecharlo, puesto que te has aislado de tus dudas con la pared protectora de la fe.

¿Cómo distinguir una fe falsa de una verdadera? La fe verdadera ya no es fe, es conocimiento. Si te ves obligado a convencerte, a per­suadirte no importa cómo, por entusiasmo o por fuerza, eso significa que es una fe falsa. El conocimiento no se forma por convicción, sino por los hechos. Cuando tu mente se encuentra ante un hecho, lo sabes sin más. Una fe falsa se mantiene por el control de la mente. La mente, al estar en una habitación ilusoria del laberinto, vigila para que allí no se cuele ninguna duda. Si la mente quiere tener espe­ranzas, no desea oír nada más.

Nunca te convenzas a ti mismo y no intentes creer, de otra forma corres el riesgo de conseguir una fe falsa que sólo parece verdadera. La ilusión se revela cuando empiezas a escuchar el susurro de las estrellas de madrugada. Suelta el control de la mente y redirígelo para que reconozca el menor índice de la incomodidad del alma. Si has descubierto algún desacomodo, no hagas más intentos de con­vencerte ni exhortarte. Cuando consigas la unidad de alma y mente, no necesitarás convencerte.

Es inútil que te agotes con autoafirmaciones. La sombra de la duda no desaparecerá si te machacas con «me saldré con la mía», al contrario, encontrará terreno fértil para su desarrollo. El alma no te creerá si intentas persuadirla. El alma no comprende la lógica ni el lenguaje de la mente. Tampoco admite semitonos. Si le pregun­tas: «¿Alcanzaré mi objetivo?», te contestará «sí» o «no», pero de nin­gún modo «puede ser» o «es probable». Con una mínima sombra de duda, la respuesta será «no».

Pues bien, si el alma siente alguna duda, es imposible convencer­la o persuadirla. ¿Qué te queda para hacer? La respuesta se esconde detrás de la afirmación citada arriba: el alma no acepta semitonos. Una duda es cuando crees hasta cierto grado, pero no del todo. El alma convertirá ese «no del todo» en «del todo no». Ella no cree y no duda, ella simplemente sabe qué será: sí o no.

Por tanto es imprescindible dar un paso cardinal: echar fuera de tu plantilla la palabra «creer» y reemplazarla por la palabra «saber». Si la mente simplemente sabe que ocurrirá tal y cual cosa, el alma se pondrá de acuerdo con ella sin necesidad de persuadirla. ¿Crees que tienes ese libro en las manos? No, de eso ni se habla, simplemente lo sabes y nada más. Y donde hay fe, siempre habrá lugar para dudas.

Ahora, al abandonar el concepto de fe, permítete saber que tu deseo se cumplirá. Tú lo sabes, porque así es la ley: el objetivo se conseguirá si tienes determinación de tener y podrás realizar la de­terminación de actuar moviéndote a través de tu puerta. La elección es tuya. Tú eres el dueño, por tanto si has hecho la elección, cual­quier razonamiento sobre el tema «¿y si no sale?» deja de ser actual.

Supongamos que existen dos variantes del desarrollo de los acon­tecimientos: resultará o no resultará. Convencerte, exhortarte de que te saldrá todo bien es inútil. Pero ahora tienes el conocimiento: tú mismo eliges tu variante. El conocimiento es aquella base sobre la cual es posible construir la seguridad en ti mismo.

Queda muy poco: obtener este conocimiento. Para eso sólo es necesario acostumbrarse al conocimiento, admitirlo. La gente, con el tiempo, se ai ostutnbra a i ualquier cosa increíble; por ejemplo, al teléfono, el televisor, el avión....¿Quién sabe cuántas cosas «absolutamente increíbles" hubo en total? Aplica la técnica de las diapositivas. Es imprescindible que albergues el conocimiento en tu cabeza y lo cuides hasta que la intención exterior lo convierta en un hecho. Pero tu tarea no es convencerte, sino recordarte de vez en cuando que sabes que tu objetivo va a ser logrado.

Cuando pienses en tu objetivo, te pillarás en que, involuntaria­mente y por costumbre, dudas y piensas de nuevo en los medios de consecución del objetivo. Por supuesto, habrá dudas, pero hay que atraparlas y ponerlas de una buena vez en su lugar: «Sé que el éxito depende de mi elección. Yo he hecho la elección. Entonces, ¿de qué vacilación se trata?». Poco a poco las dudas se irán. Ahí donde no hay fe, sino sólo conocimiento, las dudas no pueden existir. Pero no debes esforzarte demasiado, intentando deshacerte de ellas, y menos aún luchar contra su presencia. Al fin y al cabo, puedes tranquilizar­te con la idea de que las dudas aún no aseguran el fracaso. Sólo que entonces encontrarás algunas asperezas en tu camino.

Me gustaría resaltar, una vez más que lo fundamental es recordar que tú mismo decides: vas a conseguir tu objetivo o no; por ende no tienes por qué preocuparte. Cada vez que empieces a dudar, acuér­date de eso. De nuevo dirijo tu atención a la mala costumbre de olvidar y existir semiinconscientemente. Los conocimientos nuevos se olvidan fácilmente, mientras que las viejas costumbres están bien arraigadas. Recuerda siempre que el dueño de tu destino eres tú.

No creo que Jesús sintiera un placer especial al andar por el agua. Para él eso era tan natural como para nosotros andar por la tierra. La gente también podría haber andado sobre el agua, si hubiese podido deshacerse de todas las dudas, preocupaciones y emociones al respecto. ¿Increíble? Pero toda historia de la humanidad es una serie continua de asombros en cuanto a cosas absolutamente increí­bles. Por ejemplo: «Una nave de hierro no puede navegar, y mucho menos volar». Tan pronto como la gente queda convencida de que es posible navegar por el agua en barcos de hierro y volar por el aire­en aviones pesados, nadie discute más sobre la posibilidad v realidad de lo ocurrente.

Arrastrando las dudas contigo, disminuyes notablemente tus posibilidades de éxito. En el espacio de las variantes hay dos líneas-de la vida: en una el objetivo está conseguido, en la otra sufres una derrota. Cuando forcejees en tus dudas, emites energía en la frecuencia de la línea del fracaso. En tal caso difícilmente puedes confiar en el éxito.

El fracaso estará condicionado por las circuns­tancias que hayan aparecido como resultado de la emisión de tus pensamientos.

Hay que plantear la cuestión de otra forma: no «¿me resultará o no?», sino «¿qué elijo: el éxito o el fracaso?». Es difícil acostumbran se a tal planteamiento. Durante toda tu vida ves que las manzanil caen al suelo y no vuelan hacia el cielo. Sin embargo, si siempre te captaras en tus dudas y te recordaras enseguida que el éxito sólo es cuestión de tu elección, te acostumbrarías a eso. Imagina que las manzanas, a partir de hoy por una razón desconocida, empiezan a caer al cielo. Al principio eso te sorprenderá mucho, pero al lin y al cabo, lo aceptarás y te acostumbrarás a eso. Qué le vas a hacer, tal es la propiedad de las manzanas. Pues no te sorprende que los globos vuelen hacia el cielo, ¿verdad?

Y ahora despierta e intenta comprender: ¿qué estoy tratando di hacerte creer? ¿No te parece que te estoy guiando por un laberin to en busca de fe? Si te lo has «creído», entonces has caído en la trampa. No te ofendas, querido lector, solamente quise dcniosirartí cómo vaga la mente en este laberinto sin salida. Nuestra andanza sin rumbo empezó a partir de las palabras: «Por tanto es imprescindibll dar un paso cardinal». Luego fueron los intentos de sustituí] la S por el conocimiento aún no obtenido. Sin embargo, la esencia de la fe no cambia por eso. Del mismo modo actúan los péndulos cuando tratan de conquistar tu fe.

Puedes estar seguro de que el Transurfing no es una trampa para la mente, y todo lo que está escrito en este libro no es fruto de ejercicios especulativos. Hasta nuestro pequeño vagabundeo deja de ser una trampa si interpretas lo leído, no como un llamamiento a creer, sino como esperanza de obtener la libertad. Sólo los péndulos necesi­tan la fe ajena; para el Transurfing tu fe es inútil.

Después de todo, no intento convencerte, sino que persigo un objetivo completamente diferente: destruir los estereotipos de la con­cepción del mundo acostumbrada, para que escapes de la funda de con-dicionalidady despiertes en el sueño llamado vida real. Al despertarte cobrarás conciencia de que eres capaz de dirigir tu sueño. Para eso no necesitas creer. Actúa y ya verás lo que pasa. No creas: comprue­ba. Cuando quedes convencido de que el Transurfing realmente funciona, es entonces cuando vas a saber.

Seguramente tendrás que escuchar más de una vez la afirmación de que, si crees firmemente en tu fuerza, en la victoria, entonces es posible conseguirlo todo. Es fácil decir: «Conforme a vuestra fe os sea hecho». Pero, ¿de dónde coger esa fe? ¿Cómo librarse de las dudas? Ya, no te librarás de ellas de ningún modo. La pretensión de obtener fe es trabajo perdido. Si alguna sombra de duda ha visitado tu alma, no podrás echarla de ahí con ninguna persuasión. Sólo puedes engañar a tu mente. Hará como si no recordara las dudas, pero éstas seguirán viviendo en el alma como siempre.

Deja los infructuosos esfuerzos de obtener fe incondicional. Existe un camino mucho más real. No pensar en los medios de conse­cución, sino proyectar en la mente la diapositiva del objetivo y mover los pies hacia la meta. Eso no son sueños vacíos, sino el trabajo concreto de sintonización de tu emisión.

Pues tus peores temores se realizan, ¿verdad? Entonces haz un trabajo concreto: conscientemente y con orientación hacia el objetivo cambia tu emisión a la realización de las mejores esperanzas.

Si tienes un objetivo, pero también tienes dudas: te resulte o no, entonces las dudas te impedirán lograr el objetivo. Pero dejarlos a un lado no te resultará. Y no hace falta. La mente necesita tener fe para validar la realidad de consecución del objetivo. Deja la fe a un lado y, en vez de pensar cómo vas a lograr tu objetivo, compenétrate con la diapositiva, donde el objetivo ya está conseguido. Precisamente ése es el trabajo concreto sin convencimiento. Complácete de ese modo. Entonces tu intención exterior hará su trabajo, y las manza­nas caerán al cielo.

Las manzanas caen al cielo cuando la mente se pone ante el he­cho. Entonces suelta su control y simplemente permite que el he­cho se cumpla. No importa que la situación sea poco clara para la mente, lo primordial es que sea real. Vivimos en un mundo donde la gente monta en bicicleta. Si el hombre hubiese aparecido en un mundo donde todos volaran, habría volado también.

Ya te he dicho que, al sintonizar su emisión con la línea del ob­jetivo, el individuo pone en marcha el mecanismo de la intención exterior. Proyectas en la mente la diapositiva del objetivo y visua­lizas el proceso. Mientras tanto el viento de la intención exterior lentamente y poco a poco mueve la fragata de la realización material de tu mundo en el espacio de las variantes. Empiezan a descubrir­se posibilidades de las que ni siquiera sospechabas la existencia. Es más: la intención exterior empieza a dirigir sus acciones con el fin de acercarte al objetivo.

Presta atención: a veces te parecerá que las circunstancias toman un cariz bastante extraño. Pero, ¿cómo sabes cuáles exactamente el cami­no que lleva a tu objetivo? No le vas a enseñar al jefe de cocina de un restaurante cómo preparar el plato, ¿verdad? Recuerda siempre que la mente no es capaz de contar por adelantado todos los pasos e ignora cómo se puede realizar tu objetivo. Pues con los métodos corrientes no resulta, ¿no es así? Pues entonces, ¿por qué intentas de nuevo meterte en el lecho de Procrusto de los falsos estereotipos:' (-oncédele a la intención exterior preocuparse por los medios y ca­minos por los que se logrará tu objetivo. Confía en la corriente de las variantes. Incluso a pesai de tu voluntad, actuarás de manera tal que te llevará basta tu objetivo

Es así como trabaja la intención exterior. Si ahora llueve y hace frío y tú caminas chapoteando por el barro, hacia un trabajo que odias, pero con sensación de fiesta en tu alma, pronto todas esas incomodidades desaparecerán. Tú mismo verás adonde. Tus pará­metros simplemente dejarán de satisfacer todas esas condiciones.

Incluso ahora no intento convencerte, sino inspirar esperanza. Desde el laberinto de la fe no hay salida. Pero debe de haber alguna esperanza de que las paredes del laberinto se derrumbarán cuando la intención exterior te demuestre cómo las manzanas caen al cielo. Sin tener esa esperanza, es imposible practicar Transurfing, aunque, de todos modos, no lo hubieras hecho. Al ganar la esperanza, la mente consigue un apoyo bajo sus pies y el alma se anima.

Al tropezar con un disgusto enojoso o un problema difícil, la gente le da energía al péndulo y siente preocupación, debilidad, el peso de la situación. Uno ya está listo para el combate, ya se le caen las alas. Ambos estados son anormales y llevan al estrés y a la de­presión. No hay tranquilidad, el apoyo está perdido, el eje central de la seguridad está roto. Para conseguir un apoyo, la gente busca salvación en el tabaco, el alcohol, las drogas y otros métodos. Pero como resultado, cae en la total esclavitud de los péndulos nuevos.

Siempre puedes encontrar apoyo en ti mismo, si despiertas y te das cuenta de cómo se creó la situación problemática. El problema fue creado por el péndulo. En eso no hay nada grave. El peligro no se basa en el problema en sí, sino en tu actitud hacia él. Si aceptas la importancia del problema, entonces le das energía al péndulo. Es importante entender que, en cualquier situación problemática el péndulo te exigirá, ya que hagas todos los esfuerzos y luchar, ya que dejes caer los brazos y te desanimes. No debes hacer ni uno ni lo otro. Pero con todo eso, no hay apoyo, el eje de la seguridad en sí mismo está perdido, ¿qué hacer en este caso? Encontrarás apoyo cuando comprendas cómo un péndulo intenta someterte a su con­trol y así sacarte energía.

Parece que ¿cómo puede un simple conocimiento ayudar y alentar? Sí que ayuda y mucho. La esperanza también es un conocimiento de que no todo está perdido y aún hay salida. La comprensión del mecanismo de una situación problemática tiene el mismo peso que la esperanza. Ya no eres una marioneta, tampoco un barquito de papel. Tú mismo puedes comprender qué sucede y eres capaz de sonreír conscientemente para tus adentros y decir: «No, péndulo, no te doy mi energía. Comprendo perfectamente qué necesitas y cómo intentas engancharme. ¡No te resultará en absoluto! No lo­grarás imponerme la importancia del problema. Tengo derecho de elegir y elijo estar libre de ti».

Cada uno de nosotros comete muchos errores en la vida, de los que luego se arrepiente. Puedes pensar que te habías desviado de­masiado lejos de tu antiguo objetivo. Aun así, no todo está perdido: el Transurfing te ayudará a corregir la situación. Aun si tu antiguo propósito se ha cerrado objetivamente, puedes encontrar uno nue­vo. Tu objetivo no es único, por tanto en cualquier edad hay una oportunidad, y hay que aprovecharla.

Los errores que hayas cometido son tu capital. Si aceptas tal pos­tura, te espera un éxito brillante. Todos los que han logrado el éxito han atravesado un bosque entero de fracasos. No en vano se dice que «un hombre escaldado vale por dos». Todas las personas pro­minentes, las que han logrado el éxito, tuvieron que pasar por todo tipo de dificultades. Solamente que ese lado de su vida permanece oculto. Así que, si has cometido un error grande y has fracasado, alégrate: estás en el camino hacia tu objetivo. Sin embargo, si em­piezas a flagelarte, lamentarte y quejarte de la vida, los fracasos se repetirán una y otra vez. Toda la experiencia, inútil desde tu punto de vista, te servirá sin falta en la línea de la vida hacia tu objetivo.

La apatía se va cuando aparece una esperanza nueva. Los animales o la gente que caminan lentamente por el desierto y casi sin poder más, se olvidan del cansancio si ven un oasis en el horizonte. Imagina una mosca que se golpea contra el cristal, teniendo al lado un postigo abierto. Toda la vida a la mosca le machacaron la cabeza con que si ves el objetivo, debes ir volando directamente a él. Ella ve el objetivo y se golpea contra el cristal, sin resultado alguno. Lo mismo ocurre contigo, no entiendes cómo lograr el objetivo; careces de elección y estás obligado a contentarse ton lo que tengas. Pero ahora, al saber que, a pesar de todo, el postigo realmente existe y está cerca, aunque no se lo vea, empiezas a tener esperanza. Y cuan­do hay esperanza, se libera energía de la intención.

La esperanza es imprescindible para comenzar a actuar. Empieza a actuar y verás cómo las manzanas caerán al cielo. Cuando la es­peranza acabe con su parte del trabajo, vendrá la comprensión de la libertad de elección. Es entonces cuando te dirás a ti mismo: no quiero y no espero: yo tengo intención.
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