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Matices de los decorados

Ahora detengámonos más detalladamente en qué es lo que ves real­mente a la hora de realizar la transacción. Todo eso es tan increíble que despierta dudas razonables. ¿Puede que se trate de alguna ilusión, condicionada por las propiedades de la percepción humana? ¿Dónde está la garantía de que, al pasar de un sector al otro, se estd observando precisamente el cambio de matices en los decorados.

Como ya he dicho y tú sabes también, en los sueños el aspecto de la gente conocida no es del todo aquél al que estás acostumbrado. En un sueño, al observar tu imagen en el espejo, una vez más: ves tu cara que, al mismo tiempo, es una cara ajena. Todo el ambii ntl habitual tiene una pinta completamente diferente. Calles y i asas son las mismas, pero su aspecto es otro. Con el tiempo, el mundo real también cambia. Las casas se pintan en otro color, los árboli crecen, la gente envejece. Todos esos cambios son naturales. Y al mismo tiempo, el movimiento de la realización material no se desarrolla en línea recta. ¿Cómo distinguir los decorados de una linca de los decorados de otra?

Se puede decir que eso sería imposible, si no fuera por un invento tal como fotografía. Mira los álbumes de las fotos viejas. Al comparar paisajes, no podrás distinguir unívocamente las diferencias en man ees de los decorados en las diferentes líneas, puesto que el aspecto exterior del lugar cambia rápidamente por motivos naturales, Existe un modo más explícito y seguro. (Compara las caras de personas en las fotos de distintos períodos. Parecería que el aspecto de una persona debe cambiar de modo lineal, según el proceso de envejecimiento. Sin embargo, observas un cuadro completamente diferente.

El aspecto de personas en las diversas fotografías se diferencia considerablemente. Con todo, las distinciones no tienen un carác­ter lineal. Aun si no tenemos en cuenta los diferentes cortes de pelo y comparamos las fotos del período medio en la vida de una perso­na, cuando su cara no cambia mucho (ni se hace muy madura, ni tampoco envejece) de igual forma se observan diferencias notables. Es la cara de la misma persona, pero es diferente. Y no es que se haya vuelto mayor, o se haya cambiado el peinado o exprese distintas emociones. Su rostro ha adquirido otras facciones, en él ha apareci­do algo diferente. Pues precisamente ésa es la diferencia de matices de los decorados. Antes también sabías que el hombre cambia. Pero tal vez, no prestabas atención a la diferencia característica en los ma­tices. Hojea los álbumes viejos, tú mismo lo verás.

En algunas personas esa diferencia puede ser tan perceptible que, al encontrar a alguien así después de varios años, es posible que no le reconozcas. Al comparar tus fotografías en etapas de tu vida cualitativamente diferentes, verás las notables diferencias en los ma­tices. Puedes formarte una idea de qué aspecto tiene tu realización en sectores cualitativamente diferentes del espacio de las variantes.

Pero, y las fotos mismas que están en el álbum, mientras te des­plazas por los sectores... pues ¿ellas también deberían adquirir otros matices?

Por supuesto, pero los matices de objetos simples son tan insignificantes que es prácticamente imposible observarlos. Si rea­lizas la transacción fijando tu mirada en la cama o en el armario no podrás captar ningún cambio. Por eso te recomiendo que realices la transacción en la calle y no en un ambiente simple, entonces podrás notar los cambios.

La línea de la vida es una cadena de sectores más o menos homogéneos en su cualidad. Los decorados de una línea también son más o menos homogéneos. Cuando la capa de tu mundo se pasa a otra línea surge el cambio de los decorados. Según la fuerza y cualidad de las diferencias entre las líneas, los cambios en los decorados se revelan bien en forma de matices ligeros, bien en forma de considerables trasformaciones. En cualquier caso, observas precisamente la diferencia cualitativa en los matices.

Pero, ¿y qué hay del desplazamiento en el tiempo del que te ln hablado? Al movernos por las líneas de la vida de modo natural nadamos en sincronía con el tiempo, como con la corriente de un río La realización material avanza en el espacio de las variantes, c otno si fuera una película en el proyector de películas. Ese movimiento nosotros percibimos como la marcha del tiempo. Para desplazarse en relación con esa marcha, habría que avanzar más rápido que la corriente o ir hacia atrás, contra esa corriente. Es lo mismo c|iie si un fotograma, de repente, empezara a moverse por la película. Kn este sentido, el viaje en el tiempo es realmente imposible.

En otras palabras, no puedes desplazarte hacia delante ni ir hacia atrás en el tiempo, estando en una misma línea de la vida. En caso contrario tendrá lugar una alteración de las relaciones de causa y consecuencia. En cambio, el desplazamiento en el tiempo entre las diferentes líneas de la vida es teóricamente posible. En el Transur­fing no hay respuesta a la pregunta de cómo se hace. Además, aquí el desplazamiento en el tiempo se prosigue en un ángulo un tanto diferente. ¿Por qué durante la transacción surgen a veces sensacio­nes del pasado? Ese fenómeno se puede explicar más o menos de la siguiente manera.

Desde la muy temprana infancia, el alma iba a por sus objetivos a través de las puertas correctas. En aquel tiempo todavía estabas en las líneas de la vida que te llevaban hacia tus puertas. A lo mejor tenías un sueño. O, quizá, tú mismo no te dabas cuenta de qué era lo que querías, pero de igual modo tu alma sabía qué necesitabas. Sin embargo, en la vida todos estamos más expuestos a la influencia de los péndulos destructivos que a los deseos de nuestro corazón. Sin mencionar ya la larga serie de bifurcaciones negativas por las que pasa cualquier hombre, gracias a su tendencia a ser negativo. Por tanto, te estabas desplazando paulatinamente más y más lejos de aquellas líneas iniciales que le llevaban hacia tu objetivo.

Al realizar la transacción, te desplazas en el sentido contrario y apareces en las líneas donde habías estado antes, pero la posición en el tiempo ya es otra. Aquel período de la vida anterior, que podrías haber pasado, ya quedó atrás. No obstante, has vuelto a la misma línea. Cada línea tiene sus propias particularidades, dejos, matices, que la caracterizan. Pues precisamente esos matices son los que sien­tes en el momento de tener la mirada clara, al terminar la transac­ción.

Pero no confundas cosas tales como, por ejemplo, el aspecto que tiene una casa por la mañana y por la tarde. La disimilitud en los matices de las diferentes líneas es algo totalmente distinto. Com­prenderás a qué me refiero, cuando experimentes esa sensación.

Pues eso es, precisamente, el regreso al pasado: adelante a las an­teriores líneas de la vida. Puede que no sea del todo lo que habías es­perado, pero es real. ¿Imaginas qué rodeo has dado, al desviarte del sendero y vagando durante tanto tiempo por el bosque? Pero ahora es tiempo de no arrepentirse del pasado, sino de alegrarse por volver poco a poco a tu camino de nuevo. Has de saber que la mayoría de la gente no volverá nunca.

No obstante, no necesariamente sentirás el matiz de la línea en la que habías estado antes. Puesto que el camino hacia el objetivo puede hallarse en las líneas nuevas, donde todavía no has estado. En este caso, nunca regresarás a las líneas antiguas o eso puede suceder muy rara vez. En el espacio de las variantes, las líneas de la vida se enredan mucho, y no tenemos necesidad de averiguar cómo trabaja exactamente el Transurfing. Es posible que, en un caso, te parezca haber visto ese matiz en alguna parte; en otro será algo nuevo. Echas un vistazo a un panorama conocido, y te parece que aquí hay cierta novedad, un matiz particular. De nuevo resalto: no los detalles nue­vos que puedas descubrir sin transacción ninguna, sino precisamen­te los nuevos: matices, estilo, estado de ánimo, algún significado, un tema, una sensación fugaz.

No obstante, lo comprenderás de todos modos cuando lo com­pruebes, Es seguro que te saldrá bien. Sólo que no debes esforzarte al hacerlo. La mente, con su tendencia a un control total, siempre lo estropea todo. En cuanto te pilles procurando con todas tus fuerzas ver los matices, será mejor que dejes de hacer la transacción. Puedes continuar cuando tu ardiente deseo de obtener infaliblemente el resultado se haya calmado un poco. Recuerda las reglas de práctica de la transacción: si te esfuerzas, no te funcionará. Créeme: todo te resultará fácil y natural con que sólo «muevas el meñique de la in­tención exterior». Y al contrario, si te afanas en obtener el resulta­do todo se convertirá en inútiles esfuerzos de la intención interior.

Si al practicar la transacción no observas ningún cambio en los matices, significa que los parámetros de la línea corriente ya satisfacen a la visualización realizada. Eso indica que trasmites la emisión propia de la línea corriente de la vida y tu objetivo está por delante en esta misma línea. Pero de un modo u otro, al prac­ticar la transacción, de vez en cuando notarás una trasformación de los matices.

La percepción de los matices se manifiesta no sólo en paisajes y vistas conocidos. Aun cuando tu mirada clara se detenga en imáge­nes que observas por primera vez, tendrás una sensación fugaz de algo hace tiempo olvidado o de algo fresco y nuevo. Precisamente nuevo, y no desconocido. Cuando miras un panorama desconoci­do, sólo constatas para ti el hecho de que es la primera vez que lo ves, sin notar con eso nada en particular. En cambio, en el proceso de transacción surge una sensación clara: en el cuadro ha aparecido algo que hace unos segundos no estaba allí. Lo vas a sentir. Cuando veas los matices quedarás asombrado de lo real que es todo.

Pues reconoce que, al leer este libro, de todos modos no creías a fondo en la realidad del espacio de las variantes y las líneas de la vida. Cuando lo veas con tus propios ojos, no te asustes, no se trata de ninguna mística. Pero tampoco de las propiedades de la percepción humana, tomo puede parecer. Pronto descubrirás otras señales de la liatiMi ion a las líneas nuevas de la vida, en absoluto relacionadas con la percepción . Puedes sentir que la forma en que te tratan los demás ha mejorado sin ninguna razón. Algunos de los problemas que te acompañaban cada día, han desaparecido. Por lo general, tú mismo notarás cuáles atributos de la vida coti­diana han cambiado, aunque para eso no haya habido ninguna razón aparente. Por ejemplo, un reloj parado desde hace mucho tiempo puede funcionar de nuevo.

Generalmente, en condiciones normales el reloj se para por un atascamiento natural de las piezas móviles. Tan pronto como las limpies se pondrán de nuevo en marcha. Sin embargo, muy a menudo el reloj y otros electrodomésticos complicados dejan de funcionar o se estropean cuando sus dueños salen del estado de equilibrio. Así ocurre en situaciones conflictivas, intranquilas, estresantes. Las averías de los aparatos no están provocadas por la energía de los potenciales excesivos: su valor es demasiado pe­queño y no está dirigido diferencialmente, como para provocar cualquier alteración mecánica.

La energía de las emociones negativas induce a la transición a las líneas de la vida donde el equilibrio está alterado, donde la vida se ha desviado de su corriente tranquila, donde hay cierta desviación de la norma. En tales líneas parece que todo está como de costum­bre, pero algo no es lo mismo, está intranquilo, incorrecto. Como si en el escenario los decorados siguieran siendo los mismos, pero hubiera cambiado la iluminación o alguna cortina cubriera el aire trasparente, o se hubiera enturbiado el agua. Pues son justamente esas débiles alteraciones las que afectan el funcio-namiento de los aparatos complicados y sensibles y de los mecanismos de preci­sión, para los cuales esa ligera cortina se vuelve visible.

Incluso hay cierta categoría de personas en cuyas manos todo «arde». Tales individuos se encuentran habitualmente en un esta­do permanente de desvío del equilibrio normal: están demasiado despistados, o excitados, o tensos, o inquietos. Los aparatos sensi­bles, al caer en las turbias líneas de esos desgraciados, se estropean. Pues bien: si tu reloj ha vuelto a funcionar de nuevo, significa que lograste pasar a las líneas puras de la vida. Pero que no te preocupe el hecho de que tu reloj se obstine en no funcionar; puede que simplemente debas llevarlo al taller de reparación.

Ahora sabes que viajas no sólo en el espacio de las variantes, sino también, en cierto sentido, en el tiempo. El pasado ya no vuelve. Pero es posible recuperar aquella fresca sensación de novedad, es­peranza y felicidad que habías perdido como resultado de tu mo­vimiento por la cadena de las bifurcaciones negativas. Al principio del libro ya se hablaba de por qué la sensación de frescura de la vida desaparece con el tiempo. Tu movimiento hacia el objetivo es el regreso al futuro, cuando el helado era rico, los sueños dorados y la vida parecía tan alegre y prometedora. ¡No te desanimes, el pasado está por delante!

Deslizamiento

Por fin hemos llegado al momento en que estás listo para recibir la respuesta a la adivinanza del Celador. La afirmación de que cada persona tiene derecho a la libertad real de elegir su propio destino seguirá siendo un enigma mientras no esté claro el origen de la de­pendencia, en otras palabras, de la no-libertad. Ahora, sobre base de todo lo dicho en el libro, puedo darte la respuesta.

Obtienes tu libertad cuando suspendes tu batalla.

¿Ves? La respuesta es muy simple y breve, como el secreto de los alquimistas escrito en las tablas de esmeralda. Pero si te hubiera dado esa respuesta al principio del libro no habrías comprendido nada, ¿no es así? La dependencia consiste en que participas en una batalla impuesta. Pero tan pronto como despiertes en la vida real, pongas fin a la lucha contra ti mismo, contra el mundo y abando­nes el campo de batalla, ya nada podrá detenerte. La batalla sigue su curso, pero ya sin tu participación, y tú eres libre de irte adonde te dé la gana, y de elegir lo que te apetezca.

El mundo, como un espejo, refleja tu actitud hacia él. Cuando estás descontento con el mundo, te vuelve la espalda. Cuando luchas contra el mundo, él lucha contigo. Cuando dejas de luchar, el mundo sale a tu encuentro.

Desde tu nacimiento los péndulos te han señalado tu sitio en este mundo. Te han impuesto el patrón de ideología, te han explicado las reglas del juego, te han adjudicado un papel y, de este modo, te encarcelaron en la funda de la condicionalidad. Y al mismo tiempo te expidieron una falsa declaración de independencia, según la cual puedes elegir. Te colgaron de un hilo, como a una marioneta, y te «soltaron», diciendo: «Desea lo que quieras, consigúelo como quie­ras». Empiezas a agitarte en el hilo y a conseguir, pero sin resultado. Entonces se te da a entender que debes luchar más obstinadamente aún contra ti mismo y contra el mundo para conquistar tu lugar bajo el sol. Así son las reglas del juego de los péndulos: «Lucha y haz como yo».

Sólo aprovechaste la libertad de participar en la lucha. Sí, eso tam­bién es una elección. Siempre consigues lo que eliges: es una ley irrevocable. En la lucha de los péndulos, el hombre no es capaz de alcanzar la victoria; sólo puede recibir un premio, pero muy poca gente llega a eso. La tarea de los péndulos consiste en ocultar la libertad verdadera. En realidad nadie puede obligarte a participar en la lucha. Sólo pueden inculcarte que no existe otra elección. Y realmente es así: no hay otra salida en tanto que agarres el hilo de la importancia.

Para obtener la libertad es imprescindible renunciar a la importancia: no dar excesivo significado a nada, ni en tu interior ni en tu exterior. En la mayoría de los casos, para quitar la importancia basta con que despiertes y cambies conscientemente tu actitud. Todos estamos durmiendo despiertos y cumplimos nuestros papelea mecánicamente. La profundidad de nuestro sueno, de nuevo, es proporcional a la significación que clamos a todos los atributos del juego, por tanto somos prisioneros de nuestra importancia.

Pero ¿no será que el intento de cambiar nuestra actitud es la mis­ma lucha? No. Luchas contra ti mismo cuando intentas retener tus emociones. Ahora que sabes en qué consiste el juego de los péndulos, puedes cambiar conscientemente tu actitud hacia el juego sin tener que forzarte. De ese modo haces la elección a favor de ser libre de la lucha. Tú mismo estableces las reglas. Ahora tu juego con el péndu­lo consiste en infringir sus reglas. Tal juego convierte la lucha en una batalla cómica con el espantajo de arcilla. Como si te dieras cuenta: todo lo que está ocurriendo sólo es resultado de dormir despierto. Al apartarte del escenario al patio de butacas, de repente compren­des que eres tú quien decide si debe seguir luchando o puede sólo ir y coger tranquilamente lo que te pertenece.

Por supuesto, no lograrás cortar de un golpe los hilos de la im­portancia. Es imposible deshacerse sin más de los potenciales exce­sivos y los complejos. Y no necesitas hacerlo, puesto que eso es, una vez más, ¡la lucha! La cuestión es que los hilos de la importancia se cortarán por sí solos cuando detengas tu lucha. Cualquier impor­tancia que logres quitar conscientemente, quítala. Todo lo que no logres eliminar, trasfórmalo en acción. Proyecta en la mente la dia­positiva del objetivo, practica la visualización del proceso y mueve tranquilamente los pies hacia tu objetivo: ésa será tu acción. Renunciar a la lucha también es acción. Date la oportunidad de ser tal y ionio eres; dásela también al mundo de ser tal y como es. No tienes que cambiar ni luchar contra el mundo. En cuanto renuncies a la luí lia, la libertad será más perceptible con cada día que pase.

Tampoco es posible deshacerse de una vez por todas de la carga de problemas que has ido acumulando durante toda tu vida. Pero si mantienes el principio de la coordinación, poco a poco saldrás del bosque espeso a un camino recto. No hay garantía de que todo marche enseguida sin obstáculos. Te esperan provocaciones de los péndulos, obstáculos y desengaños. Lo principal es que no te desanimes ni te dejes abatir. Con el tiempo lodo se arreglará, pues tienes entre tus manos una técnica muy potente para dirigir tu destino.

Si has logrado adquirir la comprensión de que eres capaz de dirigir los acontecimientos de tu vida, si has obtenido seguridad en ti mismo y sientes entusiasmo: espera las sorpresas desagradables. Lo más probable es que recibas un papirotazo de mayor o menor in­tensidad, según la intensidad de tu seguridad y tu entusiasmo. Son las fuerzas equiponderantes, que reaccionan a tu potencial excesivo. No caigas en la tentación de imaginar que eres el marionetista o el realizador de la pieza titulada Mi vida.

Por supuesto, en efecto eres el realizador, pero sólo y exclusiva­mente de tu destino. Pues en la pieza Mi vida no sólo participas tú, sino también los que te rodean. Por tanto, el mínimo indicio de autopresunción y autoconfianza crea potencial excesivo. Puede parecer que no hayas presumido, sin embargo, en realidad nadie es capaz de ser impecable. Has obtenido la llave de una fuerza muy poderosa; por tanto, cualquier mínima desviación de la impecabilidad lleva consigo consecuencias tangibles.

Lo ideal sería que el concepto de que cada individuo es el dueño de su destino fuera completamente ordinario.

Imagina que te han extendido un certificado según el cual tienes derecho a comprar los periódicos en cualquier quiosco de la ciudad. ¿Te alegrarás? Poco probable, puesto que ya es tu derecho. Si en un quiosco determi­nado no logras comprar el periódico, no te vas a amargar, ¿verdad? Lo comprarás en otro quiosco o por hoy pasarás sin el periódico. Del mismo modo debes tratar a tu nueva capacidad de dirigir los acontecimientos de tu vida.

Debo advertirte de algo más. No se debe utilizar el Transurfing para causar daño a nadie. Al dirigir tu intención hostil con ayuda de la visualización, puedes vengarte de una persona que te fastidió o de un grupo de gente, y te resultará. Pero luego te esperan problemas. Desaconsejo enérgicamente practicar la magia negra. Aunque te pa­rezca que tu castigo es completamente justo, no lo hagas. Si, a pesar de todo, no logras resistir la tentación de mandar desgracias a tu enemigo, espera un nuevo aviso: tú mismo verás la señal. Y si no te detienes, serás castigado. No olvides que todos somos huéspedes en este mundo. Tales son las condiciones de la libertad: puedes elegir, pero no tienes derecho de cambiar nada.

Como es sabido, las civilizaciones antiguas han perecido. Sólo quedaron de ellas vestigios en forma de construcciones, como las pirámides egipcias o las incomprensibles resonancias de algunos co­nocimientos mágicos. La gente que dominó la fuerza de la inten­ción exterior obtuvo un poder demasiado grande y, por ende, no sólo fue castigada, sino destruida por las fuerzas equiponderantes. Civilizaciones como la de la Atlántida ha habido muchas. Cada vez que la gente dominaba la fuerza de la intención exterior, se olvidaba de que aquí sólo son huéspedes. Y como es sabido, al invitado que rebasa todos los límites se le echa fuera.

Sobre todo, debes tener mucho cuidado a la hora de jactarte de­lante de tus familiares y allegados. Si dices en voz alta que lograrás lo tuyo, tus posibilidades de éxito disminuirán considerablemen­te. Es aquel caso en que la seguridad en uno mismo se trasforma en arrogancia. Al saber para ti que lograrás lo tuyo, no alteras el equilibrio. Ese conocimiento está dentro de ti, siendo la cosa en sí. Pero si declaras a otra gente que obtendrás lo que todavía no tienes, estás creando potencial excesivo. Entonces se incorporan las fuerzas equiponderantes, dirigidas a eliminar el potencial. De aquí surge la conclusión: es mejor portarse con modestia y mantener la boca cerrada. Por supuesto, cuando hayas conseguido tu objetivo, puedes juguetear, pero sin entusiasmo ñoño ni euforia, porque si no, las fuerzas equiponderantes te quitarán el juguete.

Trasforma tu entusiasmo en la intención de celebración. Utiliza tu derecho a elegir y permítete el lujo de percibir tu vida, que de mo­mento no te satisface, como una fiesta. Ahora ha salido a la luz una causa no ilusoria, sino perfectamente real para la celebración: la esperanza de obtener la libertad. Vas a experimentar una tranquila alegría al comprender que te mueves hacia tu objetivo; por ende, la fiesta siempre estará a tu lado. Ni siquiera las fuerzas equiponderantes serán capaces de aguarte esa alegría tranquila. Según el principio de la coordinación, si a pesar de todo percibes la vida como si fuera una fiesta, entonces así será.

Ahora no hay necesidad de seguir luchando. De todos modos obtendrás lo tuyo. Al renunciar a la lucha, rompes tus hilos y ob­tienes la libertad sin perder el apoyo. El apoyo es la corriente de las variantes. Debes recordar que tu elección se realizará sin falta. Sintoniza la emisión de tus pensamientos con la línea del objetivo; así la corriente se dirigirá justamente hacia tu objetivo. No hay nin­guna fuerza que pueda molestarte en tu camino hacia el objetivo, si te mueves según la corriente, mantienes el equilibrio y guardas el principio de la coordinación. Ya no eres un barquito de papel entre las olas de las circunstancias, ni una marioneta en manos de los péndulos. Tienes vela mayor: la unidad del alma y la mente. Tienes timón: tu elección. Te deslizas por el espacio de las variantes utili­zando el viento de la intención exterior.
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