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Caridad

«En los últimos dos años he estado absorbido por el comercio bur­sátil (Forex). Y no consigo que mi negocio sea exitoso y estable. Dos años de sólo pérdidas sin fin. Puede que sea verdad lo que escribe un colega: el mercado es un invento del diablo. "Den al César lo que es del César y a Dios, lo que es de Dios".7 Al jugar en el mercado, perdemos el alma. Nuestra alma. Por desgracia es así. Y es la verdad. La única salida para mí es hacer donaciones a la Iglesia. Pero eso no elimina las consecuencias kármicas...

Entonces, ¿qué hay de la multivariedad del destino? ¿Acaso es imposible garantizar la vida negociando en la bolsa? Todos esos cuentos de millonarios ¿son un mito? ¿O hay que eliminar del sub­consciente la idea misma de ser rico y meter ahí la idea de ayudar al prójimo? No soy un teórico ni un principiante, todo lo que escribo lo he experimentado en mi propia piel más de cien veces. ¿En qué, a m modo de ver, debe consistir mi elección?».

Me preguntas a mí, en qué, según mi modo de ver, debe consistir tu elección. ¿Acaso yo o alguien más podemos señalarte el camino verdadero? Lo conoce sólo tu alma. Yo puedo únicamente valorai los errores, además sólo subjetivamente.

Escribes: «La única salida para mí es hacer donaciones a la Iglt sia». Por supuesto, entiendo que no lo consideras como única salida Pero ¿qué te hizo pensar que la donación pudiese en general consi­derarse como una salida?

Los partidarios, no de Dios, sino del péndulo de la religión te inculcaron la idea de que al donar el dinero para la Iglesia «salvarás tu alma» o te liberarás de unos problemas kármicos. Cualquier ver­dadero servidor de Dios dirá que ninguna cantidad de dinero puede comprar la indulgencia.

Llamemos a las cosas por su nombre: el péndulo de la religión no es Dios. No es el Señor quien necesita a la Iglesia, sino el péndulo. Dios no necesita tus donaciones. Si estimas la donación como reso­lución de tus problemas, significa que intentas concerrar un conve­nio con el Señor.

La caridad puede eliminar el potencial excesivo del dinero acu­mulado, si posees un exceso de medios estancados. Pero como estás involucrado en el comercio bursátil, lo más probable que tus finan­zas no estén estancadas.

La caridad es un acto bueno sólo en caso de ser sincera. Por ejemplo, un hombre rico ayuda al orfanato, pero nunca lo visita personalmente. En este caso no es un acto bueno, sino un negocio. Su ayuda está dirigida indiferentemente, sirve para una idea bonita, enmarcada en una frase piadosa: «¡Ayudo a los niños!».

Pero los motivos de ese hombre no son sinceros. Él no necesita el trato con los niños a los que ayuda, y por tanto no los quiere. El se valora como persona que ayuda a los niños. Vale, vamos a suponer que es así, pero ¿acaso es malo que ese hombre esté ayudando sin amor ni sinceridad? No es malo, es magnífico. Pero entonces, que no confíe en que eso, de alguna manera, se le «considere como mérito».

Puede elevar su índice de popularidad en la opinión pública, pero su alma no obtendrá ninguna compensación en absoluto. Es mejor amarse sinceramente a sí mismo que amar a los demás sin sinceridad. Incluso diría que amarse a sí mismo es totalmente im­prescindible.

Aquí escribes: «¿O hay que eliminar del subconsciente la idea misma de ser rico y meter ahí la idea de ayudar al prójimo?». No debes forzarte con esas ideas de ayudar al prójimo si no sientes un impulso genuino. Al contrario, ocúpate precisamente de tu enri­quecimiento. Es lo que haces sinceramente y no tienes nada de qué avergonzarte. Evita prestar atención a los gritos de los partidarios del péndulo que te imponen sus valores «espirituales». Recuerda: las personas verdaderamente espirituales nunca te impondrán nada.

El valor espiritual primordial para ti es tu propia alma. Vuelve la espalda a los péndulos y la cara a tu alma, y ocúpate de ti mismo, por ejemplo, de tu enriquecimiento. Sólo que debes acercarte a ese en­riquecimiento por el otro lado, no por el que tú lo estás intentando.

El alma no quiere dinero, sino lo que se puede comprar con él. ¿Sabes exactamente lo que quieres? Probablemente no. Pues pre­gúntate qué es lo que quieres de la vida. ¿Qué es lo que convierte tu vida en una fiesta? Define tu objetivo.

Tu mente está resolviendo el asunto a quemarropa: el dinero puede comprarlo prácticamente todo; por lo tanto he de ir direc­tamente allí donde está el dinero. Pero toda la desgracia está en que el alma también actúa a quemarropa, pero a su manera. Ella no comparte la pretensión de la mente de tener dinero. El alma no comprende, en general, qué es el dinero, puesto que no es capaz de «pensar» de modo abstracto. Por ende el alma no será el aliado de la mente cuando se trate de obtener dinero. Y la mente sin el alma es impotente, al igual que el alma sin la mente,

Entonces, ¿qué hacer? Definir tu objetivo y moverte hacia él, sin pensar en los medios de obtención de ese objetivo. Los medios se en­contrarán por sí mismos, ése es todo el truco. En otras palabras, si el alma y la mente se mueven cogidos de la mano hacia tu objetivo, delante de ti se abren las puertas que antes parecían inaccesibles.

¿Es posible considerar como tu puerta el juego en el mercado de valores? No me pongo a juzgar. Escribes: «...no consigo que mi negocio sea exitoso y estable. Dos años de sólo pérdidas sin fin». Saca tú mismo las conclusiones. Se convierten en multimillonarios precisamente aquellos que se mueven hacia su objetivo y no hacia el dinero.

Cuando la persona se mueve hacia su objetivo a través de su puerta, su alma canta y la mente, satisfecha, se frota las manos. |ugai en la bolsa ¿hace feliz a tu alma? Esa ocupación ¿satisface a tu mente? Tú mismo debes contestar a esas preguntas.

Conocimiento esotérico

«Me resulta muy familiar ya la variada literatura de este tipo y lo que más me sorprende es que, en principio, todos quieren decir lo mismo, pero al mismo tiempo divergen en muchos aspectos.

Con tanta cantidad de información, yo, por ejemplo, ya empie­zo a confundirme: qué es lo correcto y qué no lo es. Prácticamente todos dicen que no hay que tomarse a pecho cualquier información. Pero ¿qué tiene que hacer la gente sensible y, supongamos, aquellos que dan limosna todos los días? Pues sin aceptar ni comprender las desgracias ajenas, el mundo se tornará duro y cruel.

En el futuro quiero ser periodista; ya estoy trabajando en uno de los periódicos donde me encuentro, principalmente, con problemas de mujeres, y sobre la base de sus historias escribo mis artículos. Es imposible trabajar con eficacia sin haberse compenetrado con sus preocupaciones. ¿Qué deben hacer los periodistas que todos los días se encuentran con información de carácter diferente? ¿Acaso eso significa que toda mi vida tendré que hacer columpiar los péndulos o tener que sufrir yo misma? ¿Puede ser que haya algo que yo no comprendo?

También a veces me surge el pensamiento de que todas las ideas semejantes, incluyendo el Transurfing, son una utopía. Pues, si he llegado a comprenderlo bien, el Transurfing es el péndulo creado por ti, y tú lo haces balancear con los pensamientos de otra gente. ¿Por qué, entonces, no hacer que sus leyes sean mucho más fáciles?».

El Transurfing no está inventado, de modo que sus leyes son im­posibles de rehacer. Y es absolutamente imposible «inventar» tales cosas. Tampoco es posible aprenderlas de otros. El Conocimiento Esotérico no se inventa y no se aprende. Simplemente existe en un lugar al alcance de todos. Yo llamo a ese lugar el espacio de las va­riantes. Otros pueden llamarlo de otra manera, pero su esencia no cambia por eso.

En tu carta dices que algunas cuestiones empiezan a confundir­te. Cómo llegar a comprender toda esa multitud de conocimientos que, según tus palabras, hablan de lo mismo, pero al mismo tiempo divergen. No vas a creer lo fácil que es.

Al leer un montón de literatura esotérica y de psicología, es po­sible detenerse, en un momento determinado, y olvidar todo lo que haya escrito otra gente en sus libros. Si tienes acumulada una base mínima necesaria en cualquier área, a continuación puedes recibir información directamente desde el espacio de las variantes.

Para eso hay que tener la audacia de dejar de buscar respuestas a tus preguntas en libros ajenos y volverte hacia ti misma. Mientras la mente esté dirigida a los sabios de este mundo, te confundirás y esta­rás siempre como un estudiante eterno. Cambia la orientación: vuelve tu mente hacia tu alma y recibirás respuestas a todas sus preguntas.

¿Sabes qué distingue a quienes hacen descubrimientos, crean obras maestras de cultura y arte y escriben libros, de los demás que se sorprenden por esos descubrimientos, se entusiasman por esas obras de arte, leen los libros? ¿Qué distingue a los creadores de los apreciadores y a los profesores de los discípulos?

Los primeros tuvieron la audacia de apartar su mente de las crea­ciones ajenas y volverla hacia su alma. ¡Los apreciadores y los dis­cípulos no carecen en absoluto de talentos! Sólo que su intención está dirigida hacia el otro lado: a apreciar lo ajeno y aprender de los demás.

Te puede parecer que intento entretenerme con una demago­gia huera o que estoy masticando cualquier perogrullada. ¿Volver la mente hacia tu alma? Hay algo aquí que no es del todo concreto, es confuso y sabe a espiritualidad empalagosa.

Pero en realidad estoy hablando de cosas absolutamente concre­tas. Decir que tu alma ya lo sabe todo, no sería correcto del todo. El alma no sabe, pero tiene, a diferencia de la mente, acceso al campo de la información, donde se conservan todos los datos sobre el pa­sado y el futuro, y también están todos los descubrimientos y las obras de arte.

La mente percibe las sensaciones del alma como conocimientos intuitivos y destellos, y luego los interpreta en forma de ideas con­vencionales y señales.

La mente es incapaz de inventar nada nuevo. Sólo es capaz de ensamblar los cubos viejos para hacer una versión nueva de la casa. Todo lo principalmente nuevo se crea en la unidad del alma y la mente. Pero para conseguir esa unidad es necesario dar unos pasos simples y concretos.

Aceptar el hecho de que tienes acceso a cualquier conocimiento. 1 dirigirte a ti mismo con la pregunta. Empezar a ir por tu camino. Utilizar tu derecho a ser único. Poner en uso tu acceso al conoci­miento.

El conocimiento estará accesible tan pronto como puedas cambiar la orientación de tu intención de sí misma Inicia otra gente. Simplemente díte a ti misma que eres única, incomparable y que lo sabes todo. Plantéate la pregunta y espera la respuesta. Vendrá por sí sola, puede que enseguida o dentro de varios días, si no meses, dependiendo de la complejidad de pregunta. ¡Pero vendrá sin falta!

La relación entre la mente y el alma de cada persona es puramen­te individual. Lo principal es dirigir la intención de la mente hacia el alma. Todo el secreto está en que son muy pocas personas a las que se les ocurre intentar hacerlo. Pero el que lo haya probado, empezará a descubrir lo nuevo y a crear las obras maestras.

Lo único que impide que la mente y el alma se unan es la impor­tancia interior y exterior. La importancia cierra el principio creativo en la funda de los estereotipos convencionales. Aquí está lo que es­cribes sobre los problemas de los lectores: «Es imposible trabajar con eficacia sin haberse compenetrado con sus preocupaciones».

Una frase correctamente estereotipada, ¿verdad? Se puede aña­dir también que, sin haberse compenetrado con los problemas de alguien, es absolutamente imposible ayudarle en lo que sea. Eso también suena correcto. Pero en realidad es un falso estereotipo for­mado por los péndulos.

Tú resuelves problemas a la gente, no gracias a que te compene­tras con ellos, sino a pesar de eso. Es más: al sumergirte por com­pleto en los problemas ajenos te vuelves incapaz de resolverlos con objetividad.

La gente tiene problemas como consecuencia de que está entre­gada por completo a su juego. La vida le «ocurre», y ella, como si de un sueño inconsciente se tratase, se encuentra en poder de las circunstancias. Pero en cuanto haya bajado al patio de butacas y mirado al juega desde el lado, se le aclararán muchas cosas.

Mientras estés sumergida por completo en los problemas de al­guien, te encuentras en la misma situación que ellos. Para compren­der y resolver los problemas ajenos es necesario actuar de modo distanciado.

¡No sin sensibilidad, ni con indiferencia, sino de modo distan­ciado! En eso está la diferencia entre la ausencia de importancia y insensibilidad.

Conseguirás resolver los problemas, tanto propios como ajenos, sólo si te quedas con el papel del espectador participante. Pero hasta entonces, mientras «vivas» los problemas propios y ajenos, eres in­capaz de hacer nada.

Muchos lectores no pueden captar esa diferencia entre el actuar de modo distanciado y la insensibilidad. Repito una vez más: la ausencia de importancia significa actuar de modo distanciado; no es la indiferencia. Interpreta tu papel de «mentirijillas», como lo hacen los niños. Entonces serás la marionetista, en otras palabras, la dueña de la situación. Pero si estás absorbida por completo por el juego, eres una marioneta.

En efecto, no conviene tomarlo todo demasiado a pecho. Bien mirado, todo no es tan importante como lo parece. Hay que ayudar a los que necesitan tu ayuda. Pero hay que hacerlo de modo distan­ciado, sin compenetrarse con los sentimientos ni atormentarse por las emociones. Tus sentimientos sólo pueden perjudicarte. Además, sólo debes ayudar a los que te lo pidan.

A tu pregunta: «¿Qué debe hacer la gente sensible y, suponga­mos, aquellos que dan limosna todos los días?», existe una respuesta muy concreta, pero para ti bastante inesperada: renunciar al senti­miento de culpa. Si das limosna de forma sistemática significa que te sientes obligada a hacerlo. Y la obligación proviene del sentimien­to de culpa. No es tanto que compadezcas a los necesitados como que sientes la obligación de ayudarlos. Eso no es compasión, sino una manifestación de la importancia.

Si sientes de pronto simpatía por una pobre ancianita en particu­lar: eso es compasión. Pero si no eres capaz de pasar tranquilamente al lado de cualquier mendigo, sin atormentarte interiormente ni detenerte, significa que eso no es en absoluto compasión, sino sen­timiento de obligación. Entonces, ¿qué hacer?

Simplemente realiza tu libertad. No debes nada a nadie. Hazte con tu derecho al conocimiento. Tú misma eres capaz de crear y dar consejos. Si no estás libre de importancia, te atormentan remordi­mientos. En cambio, si estás libre, tienes razón. Y cuando estás libre, puedes permitirte compadecer y compartir los sentimientos con la gente.

Cómo recuperar al ser amado

«Te lo ruego, por favor, dime, ¿cómo recuperar al hombre que amo?».

Si se ha marchado por su propia iniciativa, es poco probable que puedas hacerle volver. Hablando más exactamente, no podrás ha­cerle volver por medio de los esfuerzos de la intención interior, es decir, emprendiendo algunas acciones dirigidas a su «retorno». A tales acciones pertenece cualquier intento de influir directamente sobre esa persona. Aun si consiguieras algo, tu hombre no sería el de antes.

Sólo con la intención exterior es posible hacerle volver. Con la intención interior, al lograr tus objetivos, intentas influir directa­mente sobre el mundo. La intención exterior actúa de tal manera que el mundo por sí mismo sale a tu encuentro. En pocas palabras, te puedo explicar el mecanismo de funcionamiento de la intención exterior de la siguiente manera.

Las parejas en una relación son guiadas por la intención interior, es decir, quieren recibir algo uno del otro. Si uno de los componen­tes no lo recibe, rompe la relación.

En una relación, cada persona procura satisfacerse a su manera. Puede ser la necesidad de amor, sexo, respeto, reconocimiento de sus méritos, comprensión mutua, comunicación, huida de la sole­dad, distracción, etcétera.

¿Será posible que exista algo en común que una aspiraciones personales tan diferentes? Ese elemento común siempre ha sido y siempre será la defensa y confirmación de la lignifii ación propia. Independientemente de lo que guíe la actitud de una persona, cualquier motivo está relacionado, de una u otra manera, con el sentido de la significación propia. Así está creado el hombre.

En las relaciones interpersonales, la intención interior siempre está dirigida a defender y confirmar, en una u otra forma, la signifi­cación propia. ¿A qué está dirigida la intención interior de tu aman­te? A buscar una pareja que le satisfaga el sentido de significación propia.

¿Y tu intención interior, a qué está dirigida? A recuperar a tu amante y de esa manera, primero: restablecer tu propia significa­ción, y segundo: reanudar unas relaciones en las que tú recibías algo de satisfacción.

Ahora piensa, ¿podrías satisfacer las aspiraciones de tu pareja si te guiaras sólo por tu intención interior?

Para recuperar a tu amante, es imprescindible darle aquello a lo que se dirige su intención interior. No debes juzgarlo, si lo que él quiere de ti es que le satisfagas su significación personal en una u otra forma. Pues también tú quieres obtener algo de él.

Como es sabido, el primer principio del Freiling dice: renuncia a la intención de recibir, reemplázalo por la intención de dar y recibirás aquello a lo que has renunciado.

Renuncia a tu intención interior, adondequiera que estuviese di­rigida. Determina a qué se dirige la intención de tu pareja.

Vuelve tus aspiraciones a satisfacer la intención de tu hombre. En cuanto reorientes tu actitud a satisfacer las necesidades de tu pareja, tu in­tención interior actual se convertirá en exterior.

Como resultado, podrás no sólo hacer feliz a tu pareja, sino tam­bién recibir de él todo lo que tú misma quieres, y además en exceso. Si puedes renunciar a la intención de recibir, reemplazándola por la intención de dar, recibirás sin duda alguna aquello a lo que has renunciado.

Ese principio es tan eficaz que da la sensación de tener involucrada cierta fuerza magnética. Pero precisamente eso es la verdadera magia. Y no son necesarias palabras mágicas ni bebedizos.

Pero, en general, recuperar lo perdido es como entrar dos veces en el mismo río: muy difícil. Es mejor intentar seguir los principios del Freiling mucho antes de que la relación empiece a estropearse.

En cualquier caso, antes de emprender algo, yo en tu lugar lo pensaría bien: ¿quieres realmente hacerle volver o, a pesar de todo, es un deseo ardiente e insuperable de recobrar tu significación (te han abandonado) perdida?

Sentirse desdeñado duele mucho. Lo sé. Pero aunque conociera todas las circunstancias de tu caso, no sería capaz de aconsejarte nada en particular. Sólo me es posible darte un instrumento, pero cómo utilizarlo, eso debes decidirlo tú misma.

No olvides que la capa de tu mundo es tu espejo. Si prefieres su­frir, significa que para ti así será. En cambio, si en este momento po­nes en uso el principio de la coordinación de intención y empiezas a calificar las circunstancias surgidas como exclusivamente favorables, significa que precisamente así será.

Puede que la ruptura con tu querido te evite otros problemas que desconoces. Y a ti te parece que todo va mal. Dite que todo marcha tal y como es debido, puesto que eres tú misma quien debe decidir: alegrarse o sufrir. En tu lugar, yo brincaría de alegría y batiría pal­mas. Permite que el espejo te complazca.

«Tengo el mismo problema. Me abandona la mujer a la que amo: mi mujer (estuvimos tres años de noviazgo y cuatro años de casados).

La principal razón de la ruptura es la inestabilidad financiera por mi parte. En muchos aspectos soy una persona demasiado blanda, miedosa, demasiado cautelosa. Mi mujer cree que con la experiencia y conocimientos que tengo, debo abrir mi propia empresa. Con mi carácter es difícil tratar de conquistar alturas, abrirme paso en el mun­do de los negocios. Además, no es que hacer carrera sea muy creativo.

En muchos aspectos estoy de acuerdo con mi mujer. En la mayo­ría de las cuestiones soy excesivamente detallista a la hora de buscar alguna información adicional, intentando g.m.u mas experiencia. Básicamente toda mi carrera está hecha de tal manera que en el mismo trabajo no me quedo más de uno o dos años. (Lo cual me da experiencia y conocimientos en el negocio). Una gran ventaja de mi carácter es que soy muy compasivo. Al mismo tiempo, es mi desventaja que me impide hacer carrera.

Mi mujer necesita estabilidad, seguridad, hijos. Mis motivos in­teriores también se dirigen a lo mismo. Pero no en el sentido de carrera, sino creando un sistema (proyecto comercial), que me pro­duzca beneficios. Precisamente para eso necesito experiencia y co­nocimientos, que para mí siempre han sido una de las prioridades más altas.

Hace tres meses mi mujer y yo nos separamos. Fue bastante sua­ve. Ahora ella alquila un piso aparte; su sueldo se lo permite. Se busca a sí misma. Pero nuestra relación es cada vez más fría. Ella ya no tiene ganas de verme. ¿Cómo puedo recuperar a mi amada?».

No puedo darte una receta concreta para resolver tus problemas. Me comprometo a hacerlo sólo cuando la situación es completa­mente clara. Aun en tal caso mi opinión es subjetiva y, por tanto, puede ser errónea.

Si desconozco la respuesta, me dirijo a mi intuición. Si la intui­ción no me sugiere nada, puedo recomendarte que utilices uno de los principios del Transurfing, puesto que sé que eso de ninguna manera perjudicará a nadie.

En tu caso mi respuesta intuitiva coincide con el principio según el cual deberías seguir la voz de tu corazón. Otros dicen que el éxito es carrera, estabilidad, un sueldo alto. Esas cosas no pueden consi­derarse como un objetivo. ¿Acaso el camino de la persona consiste en ascender en el escalafón?

La carrera, la estabilidad, el sueldo alto en realidad no son obje­tivos, sino atributos acompañantes. Tu objetivo es aquello que con­vertirá tu vida en fiesta. Al suplantar el objetivo por un atributo, no conseguirás nada I os atributos vienen por sí solos, como resultado de la conscecución del objetivo Por ejemplo, al haberte convertido en un gran especialista exclusivo, obtienes todos los bienes.

De modo que se debe tratar de conseguir el objetivo y no los beneficios que aporta el objetivo. El hecho parece ser muy obvio. Todos lo comprenden. Pero la paradoja está en que destella rápida­mente en la conciencia de la gente, como un flash, y luego se eclipsa por el brillo de los atributos.

La gente se precipita hacia esos atributos como polillas hacia la lámpara, pero no consigue nada. ¿Cómo puedes lograr el éxito si no te precipitas hacia el objetivo, sino hacia sus atributos? De aquí nace el mito de que la prosperidad es la suerte de algunos elegidos.

La opinión pública impone sus estereotipos. Pero la opinión pú­blica se basa en los resultados finales visibles.

El éxito llega en el proceso de avance hacia el objetivo. Los resul­tados finales siempre están a la vista, pero el proceso de movimiento se queda en la sombra. Como resultado se forma un estereotipo: esfuérzate por una carrera y dinero, en otras palabras, «vuela hacia la lámpara».

Todos ven el brillo de las estrellas ya ascendidas. Pero sólo algu­nos se dan cuenta del camino que tuvieron que hacer para llegar a la cima del éxito. Todas las estrellas han pasado por un espeso bosque de fracasos.

La suerte sonríe tarde o temprano sólo a los que están convencidos de ir por su propio camino. Sólo es necesario moverse consecuentemente hacia el propio objetivo y tener presente en la mente que, pase lo que pase, la corriente de las variantes se dirige hacia la dirección correcta. A nadie se le da saber cuándo y de qué manera conseguirá el objetivo.

Si sigues los estereotipos aceptados por todos podrás conseguir cierto éxito. Pero este éxito será mediocre y se te dará con mucho esfuerzo. Para conseguir un éxito verdaderamente grandioso es menester definir el objetivo y moverse hacia él consecuentemente, sin escuchar a nadie. Puedes tomar nota de lo que aconsejan los otros, pero debe ser el propio corazón el que lome la decisión definitiva. Sólo así dejarás de golpearte tomo una polilla contra la lámpara.

La solución correcta nace en la unidad del alma y la mente. Como criterio unívoco de solución incorrecta puede servir el estado de in­comodidad del alma. Si has tomado una solución y con eso sientes aunque sea una mínima sensación de pesadez, parecida a la sensa­ción de la necesidad forzada, significa que el alma te dice «no». En cambio, si después de haber tomado la solución, no sientes ninguna incomodidad del alma, significa que el alma dice «sí» o «no lo sé». En tal caso será tu mente la que dirá la palabra definitiva. Si la solución es correcta, el alma canta y la mente, satisfecha, se frota las manos.

Por otro lado, si no puedes determinar tu objetivo de ninguna manera, deja de torturarte con este asunto. ¿Acaso es imposible vivir sin tener un objetivo? Si a ti te gustaría vivir simplemente, sin aspi­rar a nada, pues ¿y por qué no? En este caso sólo se te puede aconse­jar una cosa: es necesario no ir a merced de la corriente, sino moverse según la corriente. En otras palabras, debes observar el principio de la coordinación, entonces la vida entrará en el lecho tranquilo y confortable. Y lo más probable es que el objetivo se dé a conocer cuando dejes tus intentos convulsivos de encontrarlo.

Por lo que atañe a la cuestión de cómo hacer volver a tu mujer, aquí no te puedo aconsejar nada. Según la frase clave: «Se busca a sí misma. Pero nuestra relación cada vez es más fría. Ella ya no tiene ganas de verme», se puede entender que no se trata en abso­luto de la inestabilidad financiera. Si no ama, es imposible hacer que vuelva.
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