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Inversión de la realidad

La realidad desplaza implacablemente sus fotogramas por la cinta del tiempo. Las fiestas vienen y se van. Qué pena que acaben tan pronto. Hemingway tenía razón: la fiesta hay que llevarla siempre consigo. Pero eso se logra muy rara vez. La fiesta se pierde de repente en alguna parte y todos los colores de la vida empalidecen. En el alma reina un vacío y una angustia abrumada, a veces explicable, a veces carente de toda razón evidente.

Lo más desgraciado es que el mundo se sumerge en las tinieblas con rapidez y de buena gana, mientras que la serenidad aparece muy lentamente, después de una fatigosa espera. La tendencia humana a la negatividad hace su negra labor. La depresión es cuando el alma y la mente están unidas en que te sientas mal.

En tal caso la intención exterior desplaza consecuentemente la realidad hacia las áreas oscuras del espacio de las variantes. El espejo reacciona con rapidez, sin demoras. Pero luego la serenidad tarda mucho tiempo en aparecer, porque te sientes mal y con tu actitud pintas la capa de tu mundo en colores cada vez más negros.

A veces te sientes tan mal que ni siquiera encuentras fuerzas para acordarte del Transurfing o algo parecido. ¿Cómo escapar de este círculo vicioso y corregir la realidad? Hablando en general, es bas­tante difícil llevarlo a la práctica. Aun así, existe un método radical llamado inversión de la realidad.

Eso fue mucho tiempo atrás, pero casi recientemente: hace sólo unos veinte años. Por aquel entonces nosotros, estudiantes de física, estudiábamos en una facultad positivamente espantosa, donde los profesores actuaban con toda la ferocidad de la época cavernícola. Al principio del curso se matricularon setenta y cinco alumnos, pero hasta el final llegaron no más de veinticinco. En tales condiciones funcionaba la ley: quieres vivir — aprende a reírte.

En aquellos tiempos inventamos un juego, del que posteriormen­te me olvidé, pero sólo más adelante comprendí: jugábamos según todas las reglas del Transurfing. El objetivo del juego consistía en dar la vuelta completa a la actitud frente a determinada situación, en otras palabras, realizar una especie de inversión. Si alguien se siente mal, los péndulos le obligan a sufrir, a inquietarse, a doblarse bajo la carga de problemas, a soltar la rienda. En cambio, las reglas de nues­tro juego afirmaban que hay que hacerlo todo de modo totalmente contrario. Cómo lo estábamos haciendo, júzgalo tú mismo.

«¡He experimentado una decepción muy alegre! ¡Es que me ha ocurrido una desgracia extraordinariamente afortunada!».

«¡Ha sucedido algo irremediable, por lo que mis asuntos empe­zaron a ir de perlas!».

«¡Un caballero muy simpático me ha cubierto de fango con su coche de modo absolutamente fascinante!».

«¡Todos mis intentos fueron en vano, y es lo que garantizó mi éxito!».

«¡Ella no me quiere! ¡No, es demasiado bueno para ser verdad! ¡La maldita víbora finge con mucha destreza!».

«¡Me ha abandonado! ¡Me relinchaba como el caballo de Budionni!».9

Y así por el estilo, de modo análogo, con todos los refinamien­tos posibles. Lo único que molestaba eran las histéricas carcajadas que acompañaban todas esas trasformaciones de desgracias. En una lección nadie te permite desternillarte de risa, de modo que las risas contenidas se convertían en una especie de gruñidos, ronquidos, rugidos, ataques de arcadas, gorgoteos y otros muchos sonidos que saben producir los ungulados y los anfibios. En el descanso, la ener­gía acumulada de ese modo rompía en unos aullidos absolutamente idiotas, muy en el estilo de Castañeda.

Qué es lo que ocurre con todo eso desde el punto de vista del Transurfing, tú mismo lo comprendes. En primer lugar, se quita enseguida cualquier importancia y desaparecen los potenciales ex­cesivos. En segundo lugar, los parámetros de emisión de la energía mental del entusiasmo, aunque éste sea idiota, no se corresponden de ninguna manera con las líneas tristes de la vida, por ende la tran­sición se realiza inmediatamente. El espejo reacciona con mucha rapidez, porque el alma y la mente por fin han respirado con alivio. Como resultado la realidad se corrige.

En cierta ocasión tuvimos un examen de la teoría de la probabili­dad. El profesor era un hombre temible, hablando moderadamente. En la residencia de estudiantes, la noche antes del examen. Una no­che funesta. Mi compañero y yo nos rompimos la cabeza pensando cómo corregir la situación.

—¿Quién sabe qué es una probabilidad y cómo se calcula?

—Eso es un secreto cubierto por el velo del misterio.

—Y nuestras viejas brujas están allí sentadas, empollando.

—Pero eso no vale para nosotros. ¿Somos hombres o qué?

—Sois bastardos prematuros. -Asomó la cabeza por la puerta la «vieja bruja», al escuchar nuestra conversación.

—¡Cállate, desgraciada, somos Caballerosos!

—Un par de pendejos.

—¡Jóvenes científicos!

—Imbéciles.

En general, alguien sugirió la idea de pasar la noche jugando a la preferans,10 y la idea fue aceptada. Recuerdo haberles dicho enton­ces: «No, chavales, a mí eso ya me sobra, yo voy a dormir». Pero los «caballeros», se engalanaron con trajes y corbatas y, como es debido, con puros (baratos) en la boca y, en la mesa botellas llenas de algún líquido sospechoso, se sentaron a jugar a los naipes.

Por la mañana los encontré en la misma mesa.

—Idiotas -digo-, ¡no os resultará nada!

Pero ellos se levantaron, se sacudieron y fueron al encuentro de su muerte.

En total, efectivamente, no les funcionó nada. Aprobaron. En cambio yo... ¡Una cosa totalmente diferente! Suspendí. ¡Eso real­mente fue una suerte! ¡Cómo me envidiaban! Todos me importuna­ban, me miraban a los ojos y me preguntaban, trémulos, cómo lo había logrado.

Y yo andaba, orgulloso, con la cabeza en alto.

—¡Ya veis! ¡Ya os lo dije! Supongo que ahora ya sabéis, caballeros, dónde os deseo que os metáis vuestros miserables aprobados.

Este día celebramos mi victoria a gran escala. Nos divertimos de lo lindo. Al día siguiente fui y, al volver a examinarme, saqué ma­trícula de honor. Y eso es todo. Puedes estar seguro que no es una farsa. Y si la inversión se hace a conciencia, el resultado no se hará esperar.

Bueno, ¿y si el humor es tan malo que hacer la inversión es su­perior a tus fuerzas? Entonces tienes que empeorar tu humor, redu­cirlo a lo grotesco, a lo absurdo. Si llevas al máximo el contraste de una diapositiva, en un momento dado se convierte en su negativo. Nosotros lo hacíamos más o menos así.

Una joven está con depresión. Para empeorar la situación se viste de negro y anuncia a todos que está de luto. La gente se acerca, le ex­presa sus condolencias, se interesa por cómo es que ha decidido sui­cidarse y cuándo lo hará. Al final, se encuentra rodeada de un puñado de canallas que empiezan a cantar, melancólicos, alguna canción deprimente, acompañada con lamentos, aullidos y retorcimiento di manos; en general, con todo el menú completo, como corresponde a salvajes decentes. Poco a poco la canción salvaje se convierte en aullido prolongado, luego en un ladrido perruno natural y, al fin y al cabo, cuando ya no hay fuerza para aguantar, todos, incluyendo la dama de negro, empiezan a partirse de risa como locos.

Por supuesto, todo es muy simple, si tienes una compañía de amigos tan jovial. Pero cuando uno está solo, tendrá que aticgl.ii selas. Los métodos, bueno, depende de lo que le gusté a cada uno. Bromas aparte. Realmente debes reducir tu estado a lo absurdo Sólo que no debes hacerlo con ayuda de los medios que cambian el estado de conciencia, porque si no, te sentirás realmente mal.

Pero hablando en general, el método de contraste en solitario no me gusta; por ende no te lo recomiendo, sólo lo pongo para tu in formación. El estado deprimente, oneroso, da testimonio de que se trata de un nivel energético de intención extremadamente bajo. Es mejor mantener la fuerza vital en el nivel debido; así nunca tendrás ningún tipo de depresión.

Como ves, la inversión de la realidad se asemeja mucho al prin­cipio de la coordinación de intención. La diferencia está sólo en que la inversión es un modo más radical y lleno de humor.

CAPÍTULO VI

CONCLUSIÓN

Sobre la base del modelo

de las variantes se explican algunos

hechos paranormales y extraños

fenómenos del espacio y el tiempo.

Extraña realidad

Para concluir me gustaría fortificar un poco más el terreno bajo los pies de tu mente. Por desgracia, en el Transurfing hay tantas cosas increíbles que siempre hay que explicar a la mente que todo es efec­tivamente real.

Independientemente del modelo que formase la base del Tran­surfing, sus principios siguen vigentes. En otras palabras, todos esos principios son invariables con respecto al modelo. Y su principio fun­damental es que la emisión de tus pensamientos influye sobre la rea­lidad que te rodea no sólo indirectamente, sino también de modo directo. La ciencia oficial aún se niega a reconocer este hecho, pues­to que las pruebas experimentales dan resultados ambiguos. Pero nosotros tenemos que resolver nuestros problemas ahora, y no espe­rar hasta que los científicos nos den su palabra autorizada.

Todos estamos acostumbrados a que nuestro mundo obedezca a la ley de la causalidad, en la que cualquier consecuencia tiene su causa. Como causa, normalmente, se entiende cierta acción. Pero el asunto es que los pensamientos del hombre en sí son habitualmente considerados sólo como guía para sus acciones posteriores, no como emisión material capaz de influir sobre el mundo circundante. Sin embargo, los hechos son tozudos.

Las inexplicables manifestaciones de la obra de la intención ex­terior no podían ser totalmente ignoradas por la ciencia. Cari Jung, el famoso psiquiatra suizo, investigó fenómenos relacionados con la interacción de los pensamientos con la realidad material. Analizó cen-lenares de casos extraños que se revelaban como unas coincidencias inconcebibles, no condicionadas por algunas razones evidentes. Jung ha definido tales coincidencias con el término sincronicidad. En su lectura «Sobre la sincronicidad» da un clásico ejemplo de su práctica.

«En la mañana del día 1 de abril de 1949, yo había trascrito un relato referente a una figura que era mitad hombre mitad pez. En el almuerzo hubo pescado. Alguien nos recordó la costumbre del pez de abril (primero de abril). Por la tarde, una antigua paciente mía, a quien no veía hacía varios meses, me mostró algunas figuras de peces. Por la noche, alguien me mostró una pieza de bordado repre­sentando un monstruo marino. A la mañana siguiente, otra antigua paciente vino a visitarme por primera vez después de diez años. La noche anterior ella había soñado con un gran pez. Algunos meses después, al emplear toda esta serie de coincidencias en un trabajo mayor, y habiendo concluido su redacción, me dirigí a un local a la orilla del lago, enfrente de mi casa, donde ya había pasado diversas veces aquella misma mañana. Esta vez encontré un pez muerto, más o menos de un pie de largo (cerca de 30 cm), sobre el muro del lago. Como nadie pudo haber estado allí, no tengo ni idea de cómo el pez pudo llegar a parar a aquel sitio».11

No puedo resistir tentación de citar un fragmento más de la lec­tura de Jung, por la razón que sabrás un poco más tarde. Él escribe: «Podría haberles contado una numerosa cantidad de tales historias que, en principio, no son más sorprendentes o increíbles que los resultados irrefutables obtenidos por Rhine12 [se refiere a los ex­perimentos con la percepción extrasensorial, por ejemplo, adivinar cartas. (N. del A.)], y pronto comprenderás que casi cualquier caso requiere una explicación individual. Pero la explicación causativa, la única posible desde el punto de vista de la ciencia natural, resulta ser insubsistente a causa de la relatividad psíquica del espacio y el tiempo, que no constituyen una condición indispensable de las re­laciones causa-consecuencia.

La protagonista de esa historia es una joven paciente que, a pesar de los mutuos esfuerzos, demostró ser psicológicamente cerrada. La dificultad estaba en que ella misma se consideraba competente en cualquier materia. Su excelente educación le había puesto en las manos un «arma» ideal para estos fines, es decir, el racionalismo car­tesiano ligeramente ennoblecido, con su impecablemente «geomé­trica» idea de la realidad. Después de varios infructuosos intentos de «diluir» su racionalismo con un pensamiento un poco más humano, me vi reducido a limitarme a esperar que algún acontecimiento in­esperado e irracional despedazara su retorta intelectual en la que se había cerrado herméticamente.

Una tarde mientras ella me contaba su sueño, yo estaba sentado de espaldas a la ventana cerrada. De repente, oí detrás de mí un ruido como si algo golpeara suavemente la ventana. Me di media vuelta y vi fuera un insecto volador que chocaba contra la ventana. Abrí la ventana y lo cacé al vuelo. Era la analogía más próxima a un escarabajo de oro que pueda darse en nuestras latitudes, a saber, un escarabeido (crisomélido), la Cetonia aurata, la «cetonia común», que al parecer, en contra de sus costumbres habituales, se vio en la necesidad de entrar en una habitación oscura precisamente en ese momento. Tengo que decir que no me había ocurrido nada se­mejante ni antes ni después de aquello, y que el sueño de aquella paciente sigue siendo un caso único en mi experiencia. Le alargué a mi paciente la mano con el escarabajo, diciendo: "Tome, aquí tiene su escarabajo". Ese acontecimiento abrió la brecha en su raciona­lismo y rompió el hielo de su resistencia intelectual. Entonces el tratamiento pudo dar resultados satisfactorios».13

Pues bien, media hora después de haber estado reflexionando so­bre el escarabajo de Jung y pensando si debería incluirlo en el libro como ejemplo, me entró volando por la ventana un peregrino con un aspecto imponente. Era un escarabajo, según la descripción, pa­recido al arriba mencionado. Lo creas o no. Debo reconocer que, a pesar de que semejantes visitas suceden muy rara vez, lo ocurrido no me sorprendió en absoluto. Pero no es porque esté acostumbrado a tratar con tranquilidad los fenómenos de sincronicidad. Al con­trario, absorbido por mis pensamientos, no atribuí a este aconteci­miento ninguna significación en absoluto. Solté automáticamente al escarabajo por el postigo, para que no tuviera que buscarlo.

Y sólo pasado un tiempo, me horroricé. ¡Dios, qué idiota soy! Cuantas ve­ces la intención exterior me anuncia su presencia, otras tantas abro desmesuradamente los ojos. Pues estaba profundamente dormido despierto, cuando me estaban sacudiendo con toda la fuerza para enseñarme la señal. Si yo fuese supersticioso, lo habría considerado una señal desde el cielo. Puedes imaginar cómo la gente duerme despierta siempre y no repara en las manifestaciones evidentes de la intención exterior.

Hay una innumerable multitud de ejemplos como ése. Desde el punto de vista del Transurfing, la situación dada es completamente comprensible: en casos aislados, la visualización provoca una fuerte ráfaga del viento de la intención exterior. Pero Jung no se precipita en sacar una conclusión definitiva sobre cuál fue exactamente la causa de esas coincidencias: los pensamientos, por sí solos, forma­ban los acontecimientos o bien los pensamientos surgieron como resultado de ciertos presentimientos de esos acontecimientos. Por un lado, él dice que «los pensamientos han creado la base para una serie de acontecimientos casuales», y por el otro lado: «a veces es di­fícil desechar la impresión de que tiene lugar cierto presentimiento de la llegada de una serie de determinados acontecimientos».

En su obra Sincronicidad como principio de conexiones acausales (1960) Jung definió la Sincronicidad como «la simultaneidad de un estado psíquico con uno o varios sucesos externos que parecen para­lelos a la subjetividad psíquica en un momento dado». Jung llevaba mucho tiempo sin decidirse a publicar la obra, porque el fenómeno de la sincronieidad no encajaba dentro de los marcos del pensa­miento científico tradicional.

Jung saca una conclusión indefinida, pero bastante atrevida, se­gún la medida de la ciencia tradicional. «Los fenómenos de la sin­cronieidad demuestran la posibilidad de la simultánea equivalencia semántica en procesos heterogéneos, no relacionados causalmente entre sí; en otras palabras, demuestran que el contenido percibido por un observador puede, al mismo tiempo, ser representado por un acontecimiento exterior, sin ninguna vinculación causal. De ahí se desprende, ya que la psique se sitúa fuera del espacio, ya que el espacio es afín (está relacionado) con la psique».

Evidentemente, aquí no hay ninguna alteración de la ley de causalidad. Siempre hay una causa, sólo que el mecanismo de la interacción de los pensamientos y el entorno se revela de un modo poco claro y por ahora incomprensible. ¿Cuál es la causa de las coincidencias de sincronieidad: los acontecimientos son genera­dos por los pensamientos o bien los pensamientos surgen como presentimiento de los acontecimientos? Desde el punto de vista del Transurfing tienen lugar tanto unos como otros. El alma ob­tiene acceso a los datos guardados en el campo de información, que luego son interpretados por la mente. La mente, a su vez, forma los pensamientos que, al estar unidos alma y mente, pue­den plasmarse en la realización material. Pues precisamente esos postulados forman la base del modelo del Transurfing. Pero des­taco de nuevo que el modelo de las variantes no pretende dar una descripción exacta del mundo, sólo sirve como punto de partida, como base para la comprensión de los principios. Aún sabemos muy poco de este mundo.

Pero eso no nos impide utilizar los principios del Transurfing. Y de que éstos funcionan, podrás persuadirte tú mismo

Todos los fenómenos relacionados con la influencia de la eneria mental sobre el mundo circundante se pueden fundamentar con un conocido teorema de la física cuántica de John Bell,14 que dice lo siguiente: «No existen sistemas aislados; cada partícula del Universo se encuentra en relación "instantánea" (que supera la velocidad de la luz) con el resto de las partículas. Todo Sistema, aunque sus partes estén separadas por distancias enormes, funciona como un Siste­ma Único». El teorema dado está demostrado en teoría y ya tiene confirmaciones prácticas. Aunque la «relación instantánea» entra en contradicción con la teoría de la relatividad especial, que afirma que la energía no puede difundirse a velocidades superiores a la de la luz. Sin embargo, el teorema tiene lugar a existir.

Resulta que la intención exterior no obedece a la teoría de la rela­tividad. En general, la física cuántica se basa en unos postulados in­demostrables. Esto significa que ella también representa un modelo determinado. Y no se trata de una única contradicción poco clara, sino que es una entre muchas. Esto confirma, nuevamente, que no se debe atribuir demasiado significado al modelo. Cabe destacar que las ideas de Jung encontraron apoyo en los fundadores mismos de la física moderna: Wolfgang Pauli y Albert Einstein. No obstante, es muy probable que el proceso de trasmisión de información no tenga absolutamente nada que ver con la energía y, por tanto, pueda realizarse a velocidades mayores que la de la luz.

Puedes encontrar algunas contradicciones también en el modelo de las variantes, no obstante, nos explica mucho. El modelo de las variantes si no elimina, pues, al menos, «suaviza» algunas conocidas paradojas del espacio y el tiempo. Hasta ahora hemos examinado la transacción a otras líneas de la vida en el contexto de la sincroniza­ción con el tiempo. Las líneas de la vida siempre han sido paralelas al eje del tiempo. En otras palabras, la transacción se realizaba siem­pre desde un punto del tiempo a ese mismo punto.

Ahora imagina dos limas de la vida no paralelas al eje del tiem po. Las proyecciones de un mismo punto de esas líneas sobre el eje del tiempo se situarán en diferentes sitios. La transición entre ellas significa el desplazamiento en el tiempo hacia el pasado o el futuro, según la dirección de la inclinación. El empinamiento relativo de la inclinación determina la distancia del desplazamiento en el tiempo.

Análogamente, si dos líneas de la vida no son paralelas respec­to al eje del espacio elegido, la transición entre ellas significará un instantáneo (o irrealmente rápido) desplazamiento en el espacio. El empinamiento y la orientación de la inclinación de las líneas determinan la distancia y la dirección del desplazamiento. Es una explicación bastante aproximada, pero para nuestra comprensión, completamente aceptable.

El lector meticuloso puede replicar: «Bueno, ¿y qué hacer con la paradoja de la alteración de las relaciones causa-consecuencia a la hora de viajar en el tiempo? Supongamos que me desplazo al pasado antes de mi nacimiento y allí... mato brutalmente a mis padres. ¿Cómo, entonces, he nacido?». La paradoja dada dentro del marco del modelo de las variantes sólo es imaginaria. En efecto, en aquella línea de la vida no podré nacer. Y ¿qué? Pues he nacido en la otra. Te recuerdo que existe una infinita multitud de líneas de la vida -las variantes-donde existo y donde no. El más sanguinario amante de las paradojas puede incluso trasladarse a su infancia, encontrarse allí consigo mis­mo y acabar con la inocente criatura. Pero en este caso se encontrará no consigo mismo, sino con la realización de su variante aislada, que existe a la par con todas las otras variantes posibles.

Efectivamente, es imposible cambiar el pasado, pues ya ha ocu­rrido. Pero ha ocurrido, no sólo porque realizó el lapso pasado de la línea de la vida, sino porque las variantes de los acontecimientos pasados ya habían existido. En este sentido, también es posible decir sobre el futuro que éste ya ha ocurrido. Por ende, las relaciones de causa-consecuencia no se alteran con la transición desde una línea de la vida hacia la otra. Puedes coger un rollo de película y tachar un fotograma, pero eso no dañará los fotogramas siguientes. El tiempo es estático. Sólo la realización de las variantes en la línea está sujeta a cambios dinámicos. Del mismo modo se mueve la mancha de luz de la linterna en el bosque oscuro.

Si hay algo realmente imposible es la transición hacia el pasado o el futuro en una misma línea de la vida. Las paradojas precisamente tienen lugar sólo en este caso. ¿No será por eso que las predicciones de los videntes son muy aproximadas y, con frecuencia, también erróneas? Los videntes son capaces de escanear, de alguna manera, los lapsos del futuro. Si los lapsos escaneados están en otras líneas de la vida, los errores en sus predicciones son fáciles de explicar. Según el modelo de las variantes, cuanto más dista una línea de la otra, más grandes son las diferencias en el guión.

Los científicos se quedan perplejos ante la manera en que se mueven los ovnis: la aceleración momentánea, los repentinos cam­bios de dirección en ángulo recto. Contando con la inercia, tal mo­vimiento es imposible; además los habitantes de esos aparatos debe­rían sufrir enormes sobrecargas. Desde el punto de vista del modelo del Transurfing aquí no hay nada sobrenatural. Los extraterrestres no sufren en absoluto las sobrecargas, porque los ovnis no vuelan a semejanza de nuestros aviones y cohetes. Lo más probable es que nosotros observemos el movimiento, no del objeto en sí, sino de su realización en el espacio de las variantes.

En las cuestiones que atañen al alma y la mente también existen muchas cosas poco claras. La ciencia materialista presenta el mun­do como un sistema mecánico. En otras palabras, la materia es lo principal y determina la conciencia. A la luz de los últimos logros de la misma ciencia, el modelo dado pierde sus posiciones cada vez más. Por otra parte, el cambio de modelos se repetirá una y otra vez, si el hombre considera erróneamente que es capaz de penetrar hasta el fondo de las leyes fundamentales de la naturaleza. Con el mismo éxito una gallina podría formular su concepto de la creación, construcción y desarrollo de una granja avícola.

El hombre, en su desarrollo intelectual está un peldaño más arriba, pero no por eso la infinita complejidad del mundo está más cerca. Al hombre no se le da saberlo y comprenderlo todo.

Los péndulos de la ciencia y la religión, que pretenden tener la instancia final de la verdad, han alcanzado su dominio, no tanto a cuenta de una interpretación correcta de la verdad, como a cuenta de la persecución de todos los disidentes. La enemistad constante no existe sólo entre los péndulos de la ciencia y la religión en ge­neral, sino también entre las ramificaciones aisladas dentro de esos péndulos. La batalla no cesa. Pero esa batalla no es por la verdad, sino por los partidarios.

Cuando tuve que fundamentar la incapacidad de la mente para guardar toda la información, basé mis argumentos en el modelo que presenta información como bytes informáticos. Pero quizá este modelo no pueda aplicarse en absoluto a las neuronas del cerebro. ¿Quién sabe cómo se guarda esa información, en realidad? ¿Te ima­ginas cómo hubiese investigado el televisor algún científico de aque­lla época, en la que no había televisión ni radio? Habría intentado apretar los botones, sacar diferentes detalles y observar los cambios que se producen en la pantalla. Sin conocer el principio de funcio­namiento de un televisor y apoyándose en los resultados de sus ob­servaciones «científicas», tal científico habría llegado a conclusiones distintas, basadas en un hecho al parecer indudable: la tele genera todas esas programaciones por sí sola. Ellos nacen ahí, en estos tran­sistores y microcircuitos.

Es aproximadamente así como los partidarios del modelo meca-nicista investigan el cerebro humano. En efecto, un deterioro de las partes aisladas del cerebro afecta predeciblemente la percepción y la psiquis. El principio de funcionamiento del intelecto humano sigue sin ser descubierto. Sin embargo, los partidarios sacan conclusiones de que es precisamente la materia la que determina la conciencia y no puede ser de otra manera. Los adeptos conservadores del mo­delo mecanicista, llamándose con orgullo científicos, declaran con arrogancia: ellos practican verdadera ciencia, fundada sobre datos basados en hechos, no en suposiciones de aficionados. Todo lo que no encaja en los marcos de la teoría se proclama anticientífico, y no es que se rechace, simplemente, sino que se convierte en objeto de persecución. Por suerte, tales científicos cada vez son menos.

Con eso puedes discutir o conformarte, pero no olvides que sólo es un modelo. Cómo en realidad ocurre todo, nadie lo sabe. Es pro­pio para la mente rechazar todo lo que no quepa en los marcos de una explicación sensata. Hasta que la mente no quede convencida de la racionalidad de los conocimientos, no les dejará entrar en la plantilla de su visión del mundo. El Transurfing, sin duda alguna, funciona, pero para poder utilizarlo se necesita tener aunque sea al­guna explicación para la mente. El modelo de las variantes nos brin­da la posibilidad de sentir el suelo bajo los pies. Pero no más que eso. El modelo sigue siendo un esquema que puede ser trasformado en otro modelo, más rebuscado. Por ejemplo, podemos omitir la suposición de que existan unas líneas tales de la vida que, al princi­pio del libro, nos facilitaban la comprensión. Entonces el espacio de las variantes deja de ser un espacio discreto para convierte en uno continuo. No hay más senderos en el bosque, sólo hay bosque.

Sin embargo, la esencia del Transurfing no cambia por eso. Cualquiera que sea el modelo, simplemente reflejará la realidad de modo más o menos adecuado. El camino para conocer la realidad es infinito, así como infinitas son las formas de manifestación de esa realidad.

Probablemente notarás para tus adentros que los principios del Transurfing tienen cierto parecido con los principios de otras teorías semejantes. Aquí no hay nada sorprendente. Cualquier enseñanza está relativamente cerrada en sí y es un modelo autosuficiente. Pero, como todos somos personas con una visión del mundo, aproximada­mente idéntica en su calidad, los modelos pueden tener algunos cam­pos parecidos. Es inútil plantearse la pregunta de cuál de las doctrinas describe el mundo del modo más adecuado. Lo único que importa es qué resultados prácticos podemos sacar de uno u otro modelo,

Tomemos por ejemplo las matemáticas. Las diferentes ramas de las matemáticas representan modelos aislados de descripción de la realización material. Es posible resolver un mismo problema físico por diversos métodos, aplicando un aparato matemático diferente. No tiene sentido discutir qué es mejor: la geometría analítica o el cálculo diferencial. Sólo es posible elegir lo que más le guste a tu alma. Adelante, haz tú también tu elección.
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