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Energía de la intención

Como lo mencionamos ya, la energía entra en el cuerpo humano en forma de flujos centrales, se modula por los pensamientos y, al salir, adquiere parámetros que corresponden a esos pensamientos. La energía modulada se superpone al sector apropiado en el espacio de las variantes, lo que produce la realización material de la variante. La modulación tiene lugar sólo si el alma y la mente están unidas. En caso contrario, la energía mental se asemeja a las interferencias de un radiorreceptor.

Con la fuerza de la intención interior puedes realizar acciones elementales en el mundo material. Sin embargo, la posibilidad po­tencial se materializa en el espacio de las variantes sólo con la fuerza de la intención exterior. Y la intención exterior surge cuando el alma y la mente están unidas en sus aspiraciones. La fuerza de la intención exterior es proporcional al nivel de tu energía vital. La intención exte­rior es la determinación absoluta en combinación con el alto nivel del potencial energético.

El nivel de la energía vital aumenta al entrenar los canales cen­trales y con la limpieza del organismo. Pero el Transurfing tiene un método excelente más, que te ayudará a ensanchar los canales, es el método de la visualización del proceso.

Para aumentar la energía de la intención se necesita la intención misma. Puedes proponerte la siguiente orientación: mis canales se ensanchan y la energía de la intención aumenta. Al hacer los ejerci­cios, visualiza este proceso. Como debes de recordar, la esencia del proceso de la visualización está en la constatación del siguiente he­cho: hoy es mejor que ayer y mañana será mejor que hoy. Al poner en marcha las fuentes energéticas, repite mentalmente la confirma­ción de que tu energía de la intención aumenta cada vez más. De esta manera la intención se mantendrá a sí misma y e irá aumentan­do el nivel de tu energía vital.

No olvides que la intención de aumentar el campo energético debe estar purificada de los potenciales del deseo y la importan­cia. El fervor y la diligencia de tus esfuerzos por fortalecer los flujos energéticos causarán el efecto contrario: la obstrucción de los canales. Cualquier fervor y diligencia crean potencial excesivo, puesto que así atribuyes demasiada importancia a la consecución del objetivo. La intención no es diligencia, sino concentración. Sólo iicne sentido concentrarse en el proceso.

Si haces los ejercicios esforzándote al máximo, mientras tu mente sueña con algo extraño a los ejercicios, gastas en vano las fuerzas y el tiempo. Suelta el agarre de la diligencia y, simplemente, concéntrate en la acción.

El paso de la intención

Imagina que a un recién nacido normal y corriente le colocaron en una sociedad en la que la gente tarda de envejecer y vive, digamos, hasta trescientos años. ¿Cuántos años, crees, vivirá este niño? Eso es. Quiero decir que a uno, desde su nacimiento, le acostumbran a un guión: con la edad la salud empeora, el cuerpo envejece y, al fin y al cabo, muere. Evidentemente, para eso hay sus razones fisiológicas corrientes.

Sin embargo, si examinemos el proceso de envejecimiento desde el punto de vista de la teoría del Transurfing, eso no es otra cosa que transición inducida. Hasta podemos decir que es la transición inducida más larga que hay. Se produce de modo lento pero seguro, listamos tan acostumbrados al guión del envejecimiento, y es tan evidente, que a nadie se le ocurre dudar de él. Los intentos de cam­biar el guión se redujeron solamente a crear elixires de toda clase. I'ero ni aun los éxitos de la farmacología moderna y la genética dan resultados notables.

De aquí podemos sacar una conclusión: que los factores fisio­lógicos constituyen sólo una parte del proceso de envejecimiento. Es difícil calcular qué porcentaje forma aquí la transición inducida. Pero tampoco es tan importante. Lo importante es llegar a entender cómo sucede todo eso.

Desde muy temprana edad estás muy seguro de que el proceso de envejecimiento es inevitable. A lo largo de toda tu vida encuen- tras una multitud de confirmaciones, tanto en la experiencia ajena como en la propia. Cada aniversario se acompaña con los teatrales deseos de buena salud y muchos años de vida. Pero todos compren­den perfectamente que estos deseos no valen nada y que de ningún modo afectan el guión. Por el contrario, traducidos al idioma de los hechos, significan que tu salud dista de ser la de antes, y también que los atios pasan. Son las ligeras oscilaciones del péndulo o, más bien, el coqueteo del péndulo destructivo

Tarde o temprano te das cuenta para tus adentros de que diez años atrás tenías mucha más fuerza y energía. Esos pensamientos los quieres compartir con alguien. Enseguida encuentras interlocu­tores que, encantados, empezarán a desarrollar tus pensamientos. Y mira si el tema de las enfermedades en las conversaciones no es tan popular como el del tiempo. Al participar en tales conversaciones, emites energía en la frecuencia de los péndulos destructivos, es de­cir, aceptas su juego.

El péndulo te puede dar furtivamente su empujón a modo de malestar o de alguna enfermedad, que te preocupa mucho y te obli­ga a notar para tus adentros: «Me parece que estoy enfermo». Esa es tu respuesta en la frecuencia de oscilación del péndulo, él recibe energía y te empuja de nuevo: el dolor aumenta. Vas al médico, éste confirma tu enfermedad, el proceso sigue desarrollándose. El pén­dulo recibe energía y oscila cada vez más.

Cuando llega la crisis, el péndulo ya ha recibido toda tu energía, te deja en paz y te mejoras; al menos si la transición inducida no ha arrojado a su «víctima» a la línea de la vida donde es minusválido.

La pregunta razonable: ¿qué sucede, es que no debemos ir al médico ni tomar medicamentos, y tenemos que descuidar por com­pleto todas las enfermedades que uno padece? No, renunciar el tra­ía miento de una enfermedad ya avanzada no es la solución para el Iucgo, sino una negligencia irresponsable. Me refiero a no permitir i|iic te involucren en el juego.

Puedes preguntar a un compañero de trabajo: «¿Cómo es que no viniste?». La respuesta siempre será: «Estaba enfermo». Presta atención, no estaba curándome, sino estaba enfermo. A la pregunta: «;Qué es lo que te pasa?» la respuesta será: «Estoy enfermo». Por supuesto, sería poco natural responder a esas preguntas con «Estoy (estaba) curándome». Es porque la gente está tan acostumbrada a p.u tii ipai en el juego llamado Enfermedad ijue la curación en sí no se considera un objetivo, sino un atributo, el efecto secundario del juego.

El juego con un péndulo destructivo comienza por aceptar con mucho gusto los síntomas de la enfermedad o, en otras palabras, te agarras al extremo de la espiral de la transición inducida. Puedes frustrar el primer empujón del péndulo si no tomas en serio los sín­tomas, los niegas tranquilamente y te olvidas de ellos. Pero si eso no resulta, puedes extinguir el péndulo tomando las medidas profilác­ticas elementales. Si, a pesar de todo, te has enfermado, no juegues al juego de la Enfermedad, juega a la Curación.

Jugar a la Enfermedad es sufrir en pasivo, participar en las con­versaciones sobre cualquier tipo de males y dolores, quejarse, gimo­tear, exigir caprichosamente a los que te rodean que te cuiden y te tengan compasión. Jugar a la Enfermedad es considerar tu estado enfermizo como una parte indispensable de ti, andar con tu enfer­medad como un niño con zapatos nuevos, buscar y consumir con al lineo toda la información relacionada con el malestar.

Jugar a la Curación es actuar de modo enérgico, interesarse por los métodos de curación, intentar llevar una vida sana, tratar la en­fermedad con humor, concentrar la atención en las mejorías, procu­rar ser sano, relacionarse con la gente de pensamiento similar.

Ves, son dos juegos totalmente diferentes. En la Enfermedad ha­ces el papel de víctima pasiva, emitiendo en la frecuencia del péndu­lo destructivo, y te absorbe el embudo de la transición inducida. En la Curación, en cambio, participas como creador, dueño y fundador activo; tú mismo riges tu destino, por tanto pasas a las líneas de la vida saludables.

Ahora, si intentarás jugar a la Curación, pregúntate si eres lo bas­tante sincero jugando a ese juego. El caso es que puedes estar enga­ñándote, como sucede bastante a menudo. Por ejemplo, reconocer con toda la mente que es preciso llevar una vida sana, renunciar a las costumbres nocivas, hacer ejercicios, alimentarse de forma sana, etcé­tera.

Pero en la vida real las viejas costumbres están muy arraigadas; intentas llevar a la práctica reglas de vida sana sólo porque "es necesario", mientras que en realidad simplemente te da pereza hacerlo.

Es un juego sucio; se llama «Estoy enfermo y me curan». En el plano energético este juego no se diferencia en nada del juego de la Enfermedad. En este caso intentas jugar a la Curación no por propia convicción, sino por obligación. La intención no es pura ni sincera, por tanto el resultado será el correspondiente.

Una excelente ilustración del juego sucio son las representantes del bello sexo en sus intentos de bajar de peso. Se torturan con die­tas, se fuerzan a sí mismas («Estoy enferma y me curan»). Cada una odia su peso y su figura, pero ¿sabías que es un modo excelente de emitir energía en la frecuencia de la línea de la vida, donde la figura y el peso son exactamente así? No les gustan todas esas dietas, ellas quieren comer lo de costumbre. Si tú también estás jugando a eso, deja ese inútil modo de forzarte. En el mejor de los casos te dará sólo un resultado pasajero. Cuando te fuerzas a ti mismo, tu subcons­ciente teme, se resiste, y al fin y al cabo, se sale con la suya; entonces espera que dejes de hacer dieta y engordarás aún más.

Sólo es posible sacar una conclusión: si quieres tener salud y be­lleza, cambia tu estilo de vida. Eso significa dejar las costumbres viejas y adoptar otras nuevas, pero no por necesidad, sino por con­vicción. Es necesario que tengas intención, y ésta debe ser pura. Si te portas como de costumbre, no podrás emitir energía en la frecuen­cia de tus líneas sanas de la vida, es decir, pasar a ellas. Todo eso no es tan difícil como puede parecer. Cambiar las costumbres sólo es cuestión de intención y tiempo. En todo caso, tampoco se necesita tanto tiempo. Tú eliges.

Péndulos de la enfermedad

Cualquiera de nosotros estuvo enfermo al menos una vez en la vida. Una enfermedad produce en el hombre muchos disgustos y preocupaciones, crea pensamientos y emociones negativas que se emiten al espacio. Esa energía es tierra bendita para el desarrollo de los péndulos relacionados con las enfermedades. Ellos siempre asimilan bien la energía negativa.

Los péndulos creados por las enfermedades son de los más pode­rosos. Ante todo son las enfermedades en sí y las epidemias. Frente a ellos existen los péndulos de la medicina, de cualquier tipo. ¡Imagi­na qué estructuras tan potentes son! Clínicas, sanatorios, institutos, fábricas, farmacias, ciencia, educación.

El objetivo declarado de los péndulos de la medicina es la lucha contra las enfermedades. En realidad esta lucha crea una multitud de fenómenos negativos, propios de los péndulos destructivos, ya que su objetivo principal es mantener y atraer a partidarios.

Por ejemplo, la medicina oficial trata con hostilidad todos los métodos de tratamiento alternativos (dicho de otro modo, los que no pertenecen a la medicina tradicional).

La crítica de las antiguas y erróneas ideas, si proceden de los partidarios de la medicina natural, será declarada anticientífica. Cualquier método de curación nuevo que le pertenezca será recibido con extrema animosidad por los par­tidarios de la medicina tradicional. Los partidarios de los métodos alternativos, a su vez, no tienen nada en contra de lanzar piedras al tejado de los ortodoxos.

Un individuo que esté bajo influencia de los péndulos de las en­fermedades o de la medicina no puede recuperar el estado físico de su juventud: aquella época de su vida en que las cuestiones de salud apenas le podían preocupar. No les daba importancia y simplemen­te no prestaba atención a su salud, puesto que nada le molestaba. Como consecuencia, la emisión energética no incluía las frecuencias de los péndulos de las enfermedades.

Con la edad, poco a poco, en mayor o menor grado, caes bajo la influencia de los péndulos. Al emitir energía en la frecuencia de los péndulos, les das tu energía, dependes de ellos y te trasladas a las líneas malsanas de la vida. Por tanto, para obtener la salud de antes, es necesario que en primer lugar te liberes de cualquier relación con los péndulos de las enfermedades y la medicina. Eso significa: no admitir que entre en ti información alguna de los péndulos y no participar en sus juegos. En otras palabras, aplicar el método de hundimiento del péndulo. Pero si tienes alguna enfermedad que te preocupe en serio, debes jugar al juego de la Curación y cuidar tu cuerpo; en este caso ése será el método de extinción. Veamos algunos ejemplos de comportamiento de los péndulos de las enfermedades.

Todos los días los anuncios de los medicamentos te muestran a gente feliz que ha tomado ciertos medicamentos y así ha obtenido la salud. Y no sólo salud: ellos logran un éxito absoluto en todo. Un cebo muy seductor. Funciona impecablemente, puesto que, como ya hemos analizado, la mayoría de las personas vive en estado semi- consciente. En tu mente se instala un programa: «Ve a la farmacia, toma los medicamentos y obtén el premio: el resultado absoluta­mente feliz en todos tus asuntos». Pero esta no es la parte más te­rrible. Hay otro programa oculto, más profundo, que se esconde detrás de esa publicidad.

Piensa: como regla general, los anuncios muestran a gente nor­mal, atractiva, hasta próspera. (¿Acaso eres peor?). Toda esta gente tiene alguna enfermedad, aunque se recuperan rápido después de lomar medicamentos. (¡Y tú eres igual!). A todos nosotros se nos inculca, en la conciencia y el subconsciente, el hecho de que todos somos propensos a las enfermedades, estamos enfermos o pronto lo estaremos. Y la mayoría acepta estas reglas de juego. Y ésa no es la cara proclamada del péndulo destructivo, sino la auténtica. Su ob­jetivo no es curar al individuo de las enfermedades, sino convertirlo en partidario, es decir, inculcarle que está enfermo y debe tomar medicamentos.

Otro método curioso para atraer partidarios: las previsiones de tiempo desfavorable. Como base de argumentación se toma la información sobre tempestades magnéticas, fluctuación de la presión atmosférica y otros factores desfavorables. (Toma nota de que todos estos fenómenos, en un grado u otro, ocurren prácticamente todos los días).

Partiendo de estos datos se hace el pronóstico: quiénes y con qué enfermedades pasarán malos ratos hoy o mañana. Hace gracia escuchar un par de veces cómo el péndulo casi se atraganta, enumerando enfermedades de todo género y sus inevitables conse­cuencias para quienes los padecen. Pero luego quedas horrorizado. ¿Te imaginas qué programa tan destructivo se imbuye en la con­ciencia de las personas ya enfermas? Tras haber escuchado algo se­mejante, uno puede pensar que lo mejor es no salir nunca de casa o meterse directamente en el cajón. Por supuesto, las condiciones meteorológicas desfavorables afectan tu estado físico, pero ¿para qué disponerse a eso desde el principio? Y eso que es mucha la gente, sobre todo entre los mayores, que prestan oídos a esos desbordes del péndulo y se programan anticipadamente enfermedades y agra­vamientos de sus dolencias, como si se tratase de una sentencia. Semejantes pronósticos son un ejemplo de la descarada y cínica pre­tcnsión del péndulo de someter a las personas bajo su voluntad.

Y por último, un argumento muy clásico: conversaciones sobre la salud con familiares y conocidos. Como regla general, nunca se habla de cómo fortalecer la salud, sino sobre las enfermedades y su curación. Uno describe con entusiasmo cómo se atiende todas sus pupas, mientras que el otro gime cumplidamente en respuesta: sí, dice, la vejez gozo no es. Los participantes de tal conversación emiten activamente energía en la frecuencia de los péndulos de las enfermedades. Esa energía es tan contagiosa como los gérmenes pa­tógenos. Evita semejantes relaciones; de lo contrario, ni siquiera tú mismo te darás cuenta de cómo pasas a la frecuencia de emisión de la enfermedad.

Es muy fácil identificar el péndulo de la enfermedad: él te atrae con información sobre enfermedades y su tratamiento. Si decides ig­norar esa información (en otras palabras, si te desentiendes de esa información y no la tomas en serio), el péndulo se quedará confuso y te dejará en paz: es su hundimiento. Si recibes esa información con burlas y una risa sana, el péndulo, horrorizado, huirá de ti a toda prisa: eso será su extinción.

Al apartarte de los péndulos de las enfermedades obtendrás ple­na libertad, la cual no podrá durar mucho. Así está organizado el hombre, que necesita ser partidario de algún péndulo. De modo que corres el riesgo de caer de nuevo bajo su influencia, tarde o tem­prano. Para que eso no te pase, necesitas salir del estado suspendido uniéndote a los péndulos de la sanación. Ellos se encargan de todo lo relacionado con el fortalecimiento del cuerpo y el espíritu. Hazte partidario de un estilo de vida saludable y comprenderás que, en comparación con la triste y penosa lucha contra las enfermedades, es algo alegre y fascinante.

Es completamente evidente que, si uno se ocupa de tener buena salud, emite energía en la frecuencia de las líneas saludables y, por tanto, no le queda tiempo para enfermarse. Así, como ves, existen dos estilos de vida totalmente opuestos: la curación de las enferme­dades y cuidado de la salud. Está claro que respecto de las enferme­dades, el primer estilo tiene que ver con la intención interior, y el segundo, con la exterior. Tú mismo eliges tu estilo de vida.
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