Indice Cap. 1: La perspectiva universal del budismo del Mahayana 2






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títuloIndice Cap. 1: La perspectiva universal del budismo del Mahayana 2
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Cap. 7: La Joya en el Loto



Las estupas se encuentran por todo el mundo budista, pero ahora vamos a considerar algo que se encuentra casi siempre en un solo país budista: el Tíbet. Basta con mirar el mapa para ver que el Tíbet es verdaderamente un país enorme, sobradamente mayor que Francia y España juntas. Pero aun siendo tan grande, la población es muy escasa. Hasta hace no mucho tiempo, no se sabía a cuanto ascendía el número de tibetanos. Pero actualmente se piensa que hay entre uno y dos millones de personas esparcidas por esa área tan vasta. No hay apenas ciudades, ni tampoco muchas aldeas, y muchos de los tibetanos, particularmente en el norte y en el este, son nómadas y vagan de lugar a lugar con sus caballos, sus tiendas de fieltro y sus ganados. Además, y siento tener que decirlo, bastantes de estos nómadas, a pesar de ser budistas, viven del hurto.
Esto hace que el viajar por el Tíbet sea un proyecto peligroso. Se viaja durante cientos de millas por un país salvaje y dotado de enormes rocas, y tras cualquiera de ellas podría haber escondido alguien armado. Es pues un alivio para el viajero el acercarse de nuevo a la civilización, o al menos a alguna pequeña aldea. Cuando esto ocurre, mucho antes de ver a una persona o una casa, suele empezar a aparecer indicios de que de que la zona está habitada. Quizá se ve un chorten (la estupa tibetana) una ruda edificación de piedra pintada de blanco; si bien los chorten son comunes incluso en las áreas más desiertas del Tíbet. Probablemente lo que te asegura que estás acercándote a una aldea sea una larga pared de piedra que aparecerá a tu derecha conforme avanzas sobre el camino. En la pared habrá pintados unos signos en amarillo, rojo, azul y verde, y de unas dimensiones comparables a tu altura si la pared es lo suficientemente alta. Si comprendes la escritura tibetana, verás que de las sílabas surge una frase en sánscrito, y en todos los casos es la misma frase: om mani padme hum. En el Tíbet, en cualquier lugar habitado a que vayas encontrarás casi siempre la pared mani; o al menos así era hace años, antes d e la invasión china.
En los tiempos en que nadie en el Tíbet había nunca oído hablar del Jefe de Comité Mao, no sólo se pintaba, gravaba y esculpía om mani padme hum en esas largas paredes. También se imprimía con bloques de madera en largas tiras de papel que, enrolladas, se ponían dentro de objetos rituales cilíndricos que en occidente se han llamado ruedas de plegaria, pero que los tibetanos han llamado siempre ruedas mani. La frase se imprimía además en innumerables banderas de plegaria que sujetas a largas varas de bambú se agitaban no sólo sobre los monasterios sino también sobre cualquier asentamiento, de modo que la frase om mani padme hum era ondeada en las brisas por todo el Tíbet. Incluso el aire podría haber llevado la frase a nuestro oído, ya que era recitada todos los días por cientos y miles de gente. Si uno salía a dar un paseo vespertino en una aldea tibetana seguramente vería a gente por los caminos con sus rosarios en una mano y la rueda de plegaria en la otra, murmurando: om mani padme hum, om mani padme hum.
Así pues, la frase om mani padme hum tiene obviamente un gran significado. Lo que significa, y su conexión con El sutra del Loto Blanco, constituye el tema principal de este capítulo. Pero lo primero que hay que decir sobre la frase es que es un mantra. La palabra mantra es bastante común pero con frecuencia es mal entendida; la traducción corriente “frase mística” no nos ayuda realmente. Si miramos de donde deriva la palabra dentro de la tradición -esto es lo que Guenter llama la etimología simbólica, en vez de la etimología científica - veremos que consta de dos partes: man, que quiere decir mente, y tra es un verbo que quiere decir proteger. Entonces, el mantra es aquello que protege a la mente, porque protege -y también desarrolla y madura - la mente de la gente que lo recita y que medita sobre su significado.
No obstante, en términos filológicos estrictos, mantra viene de una palabra que quiere decir llamar, incluso hacer llamamiento, es decir: invocar. Los mantras son frases usadas para invocar las fuerzas espirituales latentes dentro de nuestras mentes, de hecho, son los nombres de esas fuerzas espirituales. Pues en la tradición budista tales fuerzas asumen espontáneamente formas arquetípicas - formas de Budas y de Bodhisattvas, formas de dioses guardianes, formas de dakas y de dakinis - y cada una de ellas tiene su propio mantra. Cuando se recita un mantra se ponen en marcha vibraciones a las que responde la Realidad y la forma apropiada de Buda o Bodhisattva aparece. Se podría decir que la forma del Buda o Bodhisattva representa al “símbolo forma” de la energía espiritual y que el mantra representa al correspondiente “sonido símbolo”. ( De hecho, puesto que cada figura arquetípica tiene su color particular - algunas son de color rojo vivo, otras de azul profundo, otras blanco puro, otras un bello verde - y el color es una variedad de la luz, podemos decir que el símbolo forma es también el símbolo luz).
Para evitar confusiones he de señalar que hablando en general hay dos tipos de Bodhisattvas. Uno es el ser humano histórico que ha hecho voto de esforzarse para lograr la Iluminación por el beneficio de todos lo seres, y que se encuentra en una de las diez fases del camino del Bodhisattva. El otro tipo es el Bodhisattva arquetípico una personificación de un aspecto particular de la Iluminación. Se puede pensar sobre la Iluminación en modo abstracto, o en general, pero también se puede pensar sobre ella en concreto, en términos de aspectos particulares: el aspecto de la sabiduría, el de la compasión, el de la energía, etc. Esto son formas en que se puede contemplar la experiencia de la Iluminación. Los distintos Bodhisattvas personifican, aunque no en sentido artificial, un aspecto u otro de la Iluminación o la Budeidad: Manjushri representa a la sabiduría, Vajrapani representa la energía, Vajrasattva representa la pureza sin comienzo, y así sucesivamente. A los Bodhisattvas de este tipo, que no son seres humanos históricos aun si son representados con forma humana, se les llama Bodhisattvas del dharmakaya; siendo el dharmakaya un término particular para describir la Realidad más remota.
El aspecto de la Realidad invocado por om mani padme hum, el mantra que resuena por todo el Tíbet, es el de la Compasión, y está representado, incluso cristalizado, en la forma de Avalokiteshvara. El es quizás el más famoso de todos los grandes Bodhisattvas; se le adora, se medita sobre él y se le invoca no sólo en el Tíbet sino también en todo el mundo del Mahayana, y aun en algún que otro lugar del muy theravadin país de Sri Lanka. El sutra del Loto Blanco le dedica todo un capítulo, de modo que podríamos decir que Avalokisteshvara mismo es uno de los símbolos del Mahayana en este sutra. Las palabras mani padme de su mantra se traducen: la joya en el loto.
El significado del mantra coincide con el de una de las parábolas de El sutra del Loto Blanco que trata también de una joya. Esta parábola, a la que llamaremos La parábola del borracho y de la joya, tiene lugar en el capítulo octavo. Como la del mito del viaje de regreso, es narrada por algunos de los miembros de la asamblea en respuesta a algo que han escuchado.
Al principio del capítulo el Buda predice la Iluminación suprema de su discípulo Purna, declarando que en un futuro muy lejano será el Buda llamado Irradiación de la Verdad. Un nombre muy adecuado para Purna, que sobresale entre los otros discípulos por su habilidad como predicador, famoso en muchos lugares por su elocuencia. En previos capítulos del sutra se predice la Iluminación suprema de otros discípulos y se le “asigna” a cada cual un mundo, en algunos casos sumamente remoto al nuestro. En la predicción de Purna esto es diferente ya que, según parece, él será Buda en este mismo mundo tras el paso de millones y millones de años. Pero, a juzgar por lo que dice el Buda, este mundo será entonces un lugar muy distinto del que es hoy. De hecho habrá cambiado tanto que será un “mundo puro”, usando la terminología tradicional; un mundo libre de ciertas imperfecciones, un mundo ideal.
En la tradición budista india se tienen ideas propias sobre en que consiste la perfección de un mundo. Para empezar, según el sutra, tal mundo es completamente llano. Por la razón que sea, los indios parecen objetar a cualquier irregularidad de la superficie de la Tierra. Las montañas y las colinas aquí y allá alteran el bello y regular contorno del horizonte, así que la llanura es para ellos una cualidad deseable del mundo perfecto. Además, no sólo será un mundo completamente llano, sino que estará transformado hasta el punto de ser apenas reconocible. No estará hecho de la tierra y de la roca a que estamos acostumbrados, sino que lo compondrán en su totalidad las siete sustancias preciosas: el oro, la plata, etc.
El sutra añade que en esos tiempos habrá vehículos divinos colocados en los cielos; algo que hay a quien le resulta muy interesante ¿Tiene esto algo de familiar? Y no sólo esto, sino que la división entre el mundo de los hombres y el de los dioses estará destruida, de modo que no habrá una barrera entre nuestro mundo y el que podríamos llamar el reino arquetípico. Los seres humanos en la Tierra podrán mirar hacia arriba y ver a los dioses y estos podrán mirar hacia abajo y verles. Habrá contacto entre ambos regularmente. En el mundo entonces no habrá lugar alguno en que se sufra, ni el sonido del tormento y de la aflicción.
También dice el sutra que entonces en el mundo no habrá mujeres - una declaración que suena como mínimo provocativa. Pero, por supuesto, esto no quiere decir que en el mundo habrá hombres pero no mujeres. Lo que significa es que no habrá distinción de sexo entre los seres de la Tierra; no habrá ni hombres ni mujeres, sólo habrá seres humanos. Eso seres humanos no nacerán o, mejor dicho, renacerán, en la forma ruda en que se nace, si no que lo harán por el medio llamado nacimiento de aparición. La gente brotará en la existencia, surgirá naturalmente del delicado aire. Tras nacer de esta forma, no nos sorprenderá que según el sutra, los seres vivan una vida completamente espiritual. No tendrán cuerpos físicos sino mentales; cuerpos espirituales de propia luminosidad, brillantes y capaces de volar por los aires cuando lo deseen. Al no tener cuerpo físico no tendrán necesidad de comida de tipo físico y se alimentarán de dos cosas: el gozo de la enseñanza del Buda y el gozo de la meditación. Por supuesto habrá entonces muchos grandes Bodhisattvas; lo que no es sorprendente en dichas circunstancias. El sutra además añade, como toque final, que habrá también muchas estupas, todas hechas de las siete sustancias preciosas.
Tras dar esta viva narración del mundo tal y como será cuando Purna sea Buda, Shakyamuni procede a predecir la Iluminación Perfecta de otros quinientos discípulos.
Estos, encantados, como es natural, con la predicción, dicen que se sienten como si de pronto hubieran ganado la posesión de algo maravilloso, y cuentan una historia, La parábola del borracho y la joya:
¡Señor honrado por el mundo! Es como si un hombre fuera a casa de un amigo íntimo se embriagara y se durmiera. Y su amigo entonces teniendo que marcharse por obligaciones oficiales le dejara como regalo una joya valiosísima atada a su túnica El hombre al estar borracho y dormido no sabe nada de esto. Tras alzarse, marcha de viaje hasta que llega a otro país, donde para ganarse el sustento necesita mucho trabajo y esfuerzo, y se contenta aun si es capaz de obtener lo mínimo. Posteriormente, su amigo vuelve a encontrarse con él. Y le dice: ¡Pero has llegado a esto tan sólo por ganarte el sustento! Deseando tu confort y el que pudieras satisfacer tus cinco sentidos, hace tiempo, en tal año, tal mes y tal día yo te até una joya valiosísima a tu túnica. Ahora, como entonces, está ahí y tú, ignorándolo, trabajas como un esclavo y te preocupas para poder subsistir. ¡Qué absurdo! Ve ahora mismo y cambia la joya por lo que necesites y haz entonces lo que quieras, libre de pobreza y escasez.
Esta es la parábola. Sin duda el significado es bastante claro. Esta es también nuestra introducción al simbolismo de la joya valiosísima, que a su vez nos conducirá a un análisis general del simbolismo de la joya en el Mahayana, para desembocar entonces en la joya en el loto. Pero primero, notemos un aspecto de la parábola en el que vale la pena reparar. En la historia tenemos un hombre que se emborracha y se duerme, esto es un ejemplo de un tipo de simbolismo que no sólo se usa en la literatura budista, sino que se utiliza también en todas las tradiciones espirituales del mundo. Ya lo hemos encontrado en la parábola nóstica El himno de la perla, en la que el hijo del rey va a Egipto en busca de la perla, pero embriagado por los egipcios, se olvida de su identidad y de su cometido y al final se sume en un profundo sueño.
En la tradición nóstica, como en todas las demás, tanto la embriaguez como el sueño son símbolos de la falta de consciencia, falta de verdadera auto-consciencia humana. Este es el estado, podríamos decir, en que se encuentran la mayoría de la gente durante la mayoría del tiempo. Si el estado humano se caracteriza por la consciencia de uno mismo, la mayor parte de la gente no vive como humanos, sino en un estado modorra, oscuridad e ignorancia parecido al del animal. Convertirse en un ser verdaderamente humano, alcanzar el estado de auto-consciencia, es de hecho muy difícil y para ello necesitamos generalmente ayuda exterior. Es igual que cuando estamos profundamente dormidos, y seguimos durmiendo más y más hasta última hora de la mañana o primera hora de la tarde, como hacen algunas personas. Quizá suena el despertador pero no lo oímos. Lo que necesitamos es que venga alguien y nos grite: ¡Despierta! Pero si estamos de verdad dormidos profundamente y soñando, ni aun un grito fuerte nos despertaría. Quizá lo que necesitamos es que venga alguien, nos coja del hombro y nos dé un buen meneo. La religión es simplemente esto, eso es todo lo que ha de hacer. La religión es justamente ese grito, ese meneo que nos despierta, que nos saca del estado de estupor del ebrio, de la ignorancia y la inconsciencia.
En el estado soñoliento y ebrio no sabemos quienes somos, ni lo que somos; no conocemos nuestra verdadera naturaleza. Pensamos - soñamos - que somos pobres, que estamos limitados, que estamos condicionados y consecuentemente sufrimos. Pero en verdad, como el hombre de la parábola, tenemos la joya valiosísima, lo único que debemos hacer es darnos cuenta de ese hecho.
En la parábola, el amigo antes de partir ata la joya a la túnica del hombre dormido, pero este detalle no ha de interpretarse literalmente. El principio de la parábola, como el del mito del viaje de regreso y como el de todas las parábolas y cuentos de hadas, tiene lugar fuera del tiempo. De modo que la joya no entra a formar parte de nuestras posesiones en un momento particular dentro del tiempo. Está ahí siempre - es decir, está fuera del tiempo. Lo que ocurre dentro del tiempo es nuestra realización de que la joya está ahí.
El origen fuera del tiempo no es, por supuesto, la única similitud entre esta parábola y la del mito del viaje de regreso. En ambas parábolas, el héroe - si es que se le puede realmente llamar así - se marcha a un país lejano en el que sufre penurias debido a su pobreza. En ambas parábolas el héroe termina poseído de riquezas, riquezas que habían sido siempre suyas. Pero existen también diferencias significativas entre las dos parábolas. Para empezar, la relación padre-hijo del viaje de regreso sugiere un grado más extremado de alienación que la relación entre los dos amigos -dos iguales entre ellos - de La parábola del borracho y la joya. Aún de mayor importancia es el modo diferente en que los dos hombres pobres se hacen ricos. En el mito del viaje de regreso, el pobre es gradualmente introducido a las riquezas, se acostumbra a entrar y salir de la mansión sin miedo, hasta que al final se entera de que los bienes que ha estado administrando son en realidad su propia herencia. Pero en La parábola del borracho y la joya la transición es mucho más repentina. El hombre es un desamparado que sufre e inmediatamente - ya que su benefactor no se anda con rodeos - se ve enriquecido.
Esta profunda diferencia entre las dos parábolas corresponden a dos métodos distintos que el gurú o maestro usa para guiar al discípulo en la vida espiritual: el método gradual y el método repentino. En el método gradual el maestro dice en un principio: no te esfuerces demasiado, no te preocupes del Nirvana o de la Iluminación, simplemente ve calmando la mente, mantén la paz en ti, disfruta más de la vida. Así el discípulo es llevado paso a paso y cuando han pasado muchos años el maestro empieza a hablarle de la Iluminación. Pero en el método repentino, el maestro confronta al discípulo con la verdad inmediatamente. No hay ni oportunidad de prepararse ni preámbulo - simplemente: esto es, aquí lo tienes, es esto. El método elegido por el maestro depende del temperamento del discípulo. Si él es tranquilo y está inmerso en las cosas del mundo, entonces el método gradual será el que se use. Pero si el discípulo es de tipo más heroico y puede aguantar el sobresalto, entonces el gurú no duda en usar el método repentino.
Esta diferencia entre lo gradual y lo repentino es también aplicable a los dos aspectos de Camino Óctuplo Noble, el Camino de la Visión y el Camino de la Transformación. El Camino de la Visión es la experiencia espiritual inicial; uno ve, aunque sólo sea por un instante, que tiene la joya, o que uno mismo e la joya. El Camino de la Transformación es la aplicación de esa experiencia a todos los aspectos de la vida, el ajuste gradual al hecho de que uno está en posesión de esa joya.
Es algo así como lo que ocurre cuando uno de pronto hereda una considerable cantidad de dinero, o acierta una quiniela - si no te ha ocurrido, sin duda podrás imaginártelo. Te llega la noticia -un telegrama o una carta de tu abogado - de que tienes medio millón de libras esterlinas. ¡Qué sobresalto! ¡Qué sorpresa! De repente eres rico, increíblemente rico. Por un tiempo puede que estés tan aturdido que aun teniendo todo ese dinero en el banco no sabrás que hacer con él. Entonces viene el ajuste. Lentamente reorganizas tu vida para que sea apta a tu nuevo status. Quizá te mudes a una casa más grande, quizá te compres un coche mejor; todo empieza a cambiar porque eres rico. De igual modo, quizá estés en un principio tan aturdido por la visión, por la experiencia espiritual, que no sepas que hacer con ella. Es muy probable que por cierto tiempo sigas siendo el mismo ser, igual de tosco, hasta que, poco a poco, empieces a transformarte bajo la influencia de esa gran experiencia. Cuesta mucho tiempo elaborarlo detalladamente, reorientar tu vida en torno a ese supremo hecho, esa experiencia suprema.
¿Qué es pues esa joya que descubrimos en nuestra posesión, o que nosotros mismos somos? Bueno, el símbolo de la joya, como todos los demás símbolos, no tiene un significado, en un sentido total y único. No se puede tomar un símbolo y decir, por ejemplo: aquí está la joya que quiere decir esto, aquí está el loto que quiere decir eso. Los símbolos son siempre sugestivos, evocativos, no pueden reducirse a un significado total y único. Manteniendo esta advertencia en la mente, tratemos de sentir - no comprender sino sentir o incluso experimentar - lo que significa la joya.
Hablando brevemente y de un modo muy general, la joya significa nuestra propia naturaleza verdadera, lo que somos en realidad. De un modo un tanto precipitado, podríamos decir que simboliza el verdadero ser - siempre que usemos el término en el sentido jungiano y no en el védico. Esta joya, este ser verdadero, esta naturaleza propia nuestra está escondida. En la parábola está escondida en las ropas del hombre, pero en el caso de la mayoría de nosotros, sería más cierto decir que está oculta en el barro. Pero sean capas de tela o de barro, este tipo de simbolismo sugiere que no existimos en un nivel, sino en un número de niveles, unos superficiales y otros profundos. La joya representa el nivel más profundo de todos, la roca firme en nuestro ser. Invirtiendo la terminología, representa un nivel superior a la individualidad en el sentido ordinario del término, un nivel que está incluso completamente fuera del tiempo.
Encontrar la joya quiere decir entrar en contacto con el nivel más profundo de nuestro ser. Esto sugiere que la mayoría del tiempo, o más bien durante todo nuestro tiempo, no estamos en contacto con ese nivel más profundo de nuestro ser. No es sólo que no estemos en contacto con él: ni siquiera sabemos que existe. Vivimos meramente a partir de la superficie de nuestro ser, no desde las profundidades. Pero cuando encontramos la joya entramos en contacto con la capa más profunda, el nivel que existe fuera del tiempo. Esto no quiere decir simplemente tocar esa capa y dejarla atrás inmediatamente, sino establecer contacto permanente con ella y vivir a partir de las profundidades de esa experiencia.
La parábola dice que la joya es valiosísima, exactamente lo que es. Ha de tomarse la palabra literalmente con toda la fuerza de su significado detrás ella. Quiere decir que el contacto con el verdadero yo, contacto con los fundamentos de nuestro ser es la cosa más importante de la vida. El dinero no es lo más importante, tampoco el éxito, ni la popularidad, ni el conocimiento, ni la religión, ni la meditación. “¿En qué se beneficia el hombre si gana el mundo entero y pierde su propia alma?” La cosa más importante de la vida, la más preciosa del mundo entero es el contacto con nuestro propio y verdadero ser, el contacto entre la superficie del ser y sus profundidades. Esto es más precioso que el mundo entero – y con la palabra mundo no me refiero aquí a otras personas sino nuestras propias posesiones materiales e intelectuales. Esta es la joya valiosísima que no debería ser sacrificada por nada, porque si así lo hiciéramos saldríamos perjudicados.
¿Pero por qué la joya simboliza al verdadero ser? La razón más obvia es que la joya es lo más precioso de todas las cosas materiales, así que es un símbolo muy digno para el verdadero ser, que es infinitamente precioso. La joya es clara, reluciente y brillante, como el verdadero ser; si bien el brillo de este es de otra clase ya que sale del interior en vez de reflejarse del exterior. El verdadero ser es auto luminoso, consciente, atento. En realidad no es siquiera correcto decir que es consciente porque no posee consciencia como una cualidad, como algo adjuntado desde fuera y que se pudiera desprender, por decir así. Más bien, por su naturaleza, nuestro verdadero ser es consciencia pura y transparente que no distingue entre el sujeto y el objeto.
La joya no se puede ensuciar, otra cualidad que hace de ella un símbolo adecuado para el verdadero ser. Quizá quede ocultada en el polvo y la mugre durante eones, sin embargo cuando se quita la suciedad la joya brilla y centellea tan limpia y clara como siempre. De la misma manera, nuestra propia naturaleza es en su esencia pura. Puede quedarse durante la mayor parte de la vida ocultada por varios tipos de pasiones – ignorancia, enfados, prejuicios etc., - pero en cuanto quitemos estas manchas, brilla de nuevo con todo su esplendor. En realidad no ha sido manchada en absoluto.
El símbolo de la joya tiene muchas facetas y muchas formas distintas. Una de las más conocidas es el cintamani traducida normalmente por “la joya que concede todos los deseos”. Este símbolo en concreto proviene de la mitología india, pero es notable que la mitología, el folklore y los cuentos de hadas de todas partes del mundo tengan símbolos parecidos; cosas que conceden todos los deseos de tu corazón, como por ejemplo la lámpara de Aladino – la coges en la mano y dices “Yo deseo...” y el deseo es concedido. Cuando te has recuperado de la sorpresa, la coges de nuevo, le pides otro deseo y otra vez es concedido. Es el sueño universal de la humanidad el tener una joya, o cuenco, o lámpara o cualquier cosa que sea mágica y que te conceda los deseos. La mitología india cuenta con el árbol que concede todos los deseos, la vaca y también un cuenco que conceden todos los deseos, además del cintamani, la gema que concede todos los deseos.
En la tradición budista la gema que concede los deseos ha llegado a simbolizar el Bodhicitta, la aspiración del bodhisattva a ganar la iluminación por el beneficio de todos los seres. Esto nos dice algo acerca de la naturaleza de la iluminación. Cuando te iluminas lo tienes todo; todos los deseos, todas las aspiraciones son satisfechas completamente. La iluminación, incluso en la forma primitiva y rudimentaria del Bodhicitta es el verdadero cintamani, la verdadera joya que concede los deseos. A menudo en el arte budista el cintamani se representa como una joya brillante de la que salen llamas, porque el Bodhicitta, la voluntad por parte del Bodhisattva de ganar la iluminación, está ardiendo con la actividad y quemando todo tipo de venenos mentales.
El cintamani no es el único ejemplo del simbolismo de la joya en el budismo; la joya es muy mutable. Dividido en tres forma Las Tres Joyas: la joya del Buda, la del Dharma y la de la Sangha, que son los tres valores más elevados en el Budismo (o digamos un gran valor mirado desde tres puntos de vista distintos). También simboliza lo transcendental como la vajra o el dorge diamante y trueno, a la vez indestructible y capaz de destruir cualquier cosa.
Además la joya es un símbolo solar, una encarnación del principio del yang, y en donde haya yang siempre habrá yin. La flor de loto, como está asociada con el agua es un símbolo yin. Es posible que el loto tenga aún más popularidad como símbolo en la tradición budista que la joya, y su simbolismo es demasiado vasto como para abordar todos los aspectos. En general se puede decir que el loto tiene tanto un significado macrocósmico como uno microcósmico; es decir, representa al universo entero y también al ser individual. Además, el loto consiste en varias capas de pétalos, algunos exteriores y otros interiores, y es así también apto tanto para el universo como para el individuo, ya que consisten en muchas capas distintas, muchos niveles, algunos más bajos y otros más altos. De esta manera el loto llega a representar el proceso entero del desarrollo, del despliegue fase a fase, nivel a nivel, grado a grado, desde lo más profundo hasta lo más alto – el desarrollo tanto cósmico como humano. A veces, el loto representa a la evolución inferior; a veces, en su aspecto más elevado, representa la evolución superior, y a veces representa ambas juntas.
Tras haber dicho todo esto, es necesario advertir que no debemos acomodarnos a la idea de que el loto representa el proceso de evolución. No es posible dar a tales símbolos un significado único e inmutable; no es tanto cuestión de entender el símbolo como lo es de dejarse influir por él. Entonces, ¿qué tipo de influencia tiene la flor de loto? Debe de representar algo rico y de colorido, algo que crece, complejo, hermoso, armonioso, delicado, puro; en otras palabras, algo ideal.
Si estas son las asociaciones que el loto y la joya individualmente llevan consigo, ¿Qué significa la combinación de la joya dentro del loto? Hablando con una perspectiva macrocósmica, la joya dentro del loto quiere decir que lo no condicionado existe dentro de lo condicionado. Lo Real existe en medio de lo irreal. La luz existe dentro de la oscuridad, aunque no podamos verla porque seamos ciegos o porque tengamos los ojos cerrados. En el fondo, el universo se basa en un principio que es lo espiritual más remoto, un principio que está en marcha en el universo como parte del proceso de la vida.
Desde la perspectiva microcósmica, la joya dentro del loto significa que la iluminación, la Budeidad, la perfección espiritual está inmanente en la profundidad de nuestro corazón. Si pudiéramos encontrar la valentía de bajar hasta las profundidades de nuestro ser, por debajo de nuestras opiniones sobre tal o cual cosa, por debajo de nuestras emociones, reflejos condicionados y reacciones, si bajáramos aún más profundo que el subconsciente personal, más aun que el subconsciente colectivo, encontraríamos la naturaleza misma de un Buda. Esto es el significado microcósmico de la joya dentro del loto.
En el mantra de Avalokiteshvara, la joya dentro del loto está acompañada de las misteriosas sílabas om y hum. Brevemente, om aquí representa lo absoluto, lo no condicionado, lo transcendental porque está totalmente desconectado del mundo; hum es el mismo absoluto tal y como se manifiesta en el mundo, bajando hacia él, penetrándolo, moviéndolo desde dentro. Om y hum son el alfa y la omega, el principio y el final, pero un principio antes del tiempo y un final después del tiempo. Al om se le podría llamar lo “universal abstracto”, al hum lo “universal concreto”, y las palabras mani padme, la joya dentro del loto, señalan cómo lo abstracto se hace concreto.
Desde luego, om mani padme hum no es simplemente una frase simbólica, es un mantra y cuando se recita, aparece un bodhisattva: Avalokiteshvara, el bodhisattva de la compasión. Él también aparece en el Sutra del Loto Blanco en el capítulo 24 del texto en sánscrito (capítulo 25 de la versión china). Este es uno de los capítulos del sutra que no es parte integra de El Drama de la iluminación cósmica. En la historia de la literatura canónica del Budismo, distintas tradiciones han divulgado textos que gradualmente se fueron agrupando. De ese modo textos y tradiciones que eran independientes se han incluido en antologías y en textos combinados. Parece que el capítulo en donde aparece Avalokiteshvara fue en principio un sutra independiente y fue integrado posteriormente en la órbita del Sutra del Loto Blanco, debido a la gran popularidad y prestigio del sutra. También se integraron muchos otros textos misceláneos que ahora forman los últimos cuatro o cinco capítulos.
Avalokiteshvara aparece en varias formas. Una de las más famosas es la que tiene once cabezas y mil brazos, quizá algo extraña para el occidental. Tiene once cabezas porque hay once direcciones del espacio – el centro, el norte, sur, este y oeste, más los cuatro puntos intermedios, más el cenit y el nadir – y la compasión es omnipresente y mira hacia todas las direcciones. Además tiene mil brazos porque hay mucho trabajo que hacer para aliviar el sufrimiento y por lo menos mil brazos serían necesarios para llevarlo a cabo – en realidad se necesita un número infinito de brazos.
¿Cuál es el origen de esta figura tan extraña? Según cierta versión de la leyenda, Avalokiteshvara estaba en una ocasión sentado en la colina de Potala, donde él vivía, al sur de la India y desde allí estaba contemplando el mundo. En todas partes veía sufrimiento terrible; veía personas oprimidas por reyes injustos, llevadas a la ejecución, torturadas y decapitadas. Veía a personas que morían en la hoguera, a otras devoradas por animales salvajes, a personas mordidas por serpientes y agonizando de maneras dolorosas; a personas ahogadas en el mar y muchísimas más sufriendo de enfermedades, o por la vejez, por la aflicción y por la pérdida. Al ver cuánto sufría la humanidad, sintió el sufrimiento en su ser tan fuerte e intensamente que experimentó una tensión bajo de la cual su cabeza se rompió en once pedazos, cada uno formando una nueva cabeza. Las cabezas se juntaron, y aparecieron mil brazos para aliviar el sufrimiento y ayudar todos los seres del mundo. El simbolismo es muy claro porque podemos sentir esta respuesta cuando vemos tanto sufrimiento a nuestro alrededor; sentimos que la cabeza podría dividírsenos en once pedazos y los brazos multiplicarse por mil para poder extenderse en todas direcciones y dar ayuda. Avalokiteshvara representa este tipo de compasión.
Otra leyenda asociada con la compasión de Avalokiteshvara nos dice que al ver todo el sufrimiento en el mundo, no podía dejar de llorar amargamente. Sollozó tanto que sus lágrimas cayeron hasta formar un lago grande y brillante de agua pura y cristalina. Desde el lago surgió un loto de pura blancura, cuyos pétalos se abrieron lentamente y en medio apareció una bella diosa con un loto blanco en la mano. Esta es la diosa Tara, o Bodhisattva en forma femenina, que es a veces descrita como aquella que nace de las lágrimas de Avalokiteshvara, y por lo tanto se la conoce como a su hija espiritual. Aun más delicada y tierna que el propio Avalokiteshvara, ella representa la quintaesencia de la compasión.
Es más común la representación iconográfica de Avalokiteshvara con cuatro brazos – el Avalokiteshvara shadakshari. Shadakshari quiere decir “lo que posee seis sílabas” que se refiere aquí a las seis sílabas del mantra: om ma ni pa dme hum. En el budismo tántrico Avalokiteshvara aparece en una forma colérica, llamada Mahakala, “Gran Tiempo” – él que destruye la ignorancia, el odio y todo lo condicionado. Sin embargo, en la China donde Avalokiteshvara se presentó a través del Sutra del Loto Blanco, le ocurrió algo muy distinto. Una vez establecido allí, él, o más bien ella, se convirtió en la forma femenina llamada Kwan Yin y es el más popular de todos los bodhisattvas chinos.
¿Por qué Avalokiteshvara se llama así? Esta pregunta, hecha por el Bodhisattva Aksayamati, empieza el capítulo de El sutra del Loto Blanco en que Avalokiteshvara aparece. La etimología de la palabra nos dice que el nombre de Avalokiteshvara puede ser interpretado en dos maneras distintas: una como “él que mira hacia al mundo de abajo”, es decir el que mira con compasión; y otra “él que escucha”, él que oye los gritos de sufrimiento. Pero el Buda no responde a la pregunta de Aksayamati con una análisis etimológico, sino que dice simplemente que Avalokiteshvara se llama así porque responde con su compasión a cualquiera que invoca su nombre y le salva de las dificultades y peligros, tantos físicos como espirituales. La descripción larga que sigue sobre todos las dificultades de las cuales Avalokiteshvara puede salvar los seres humanos claramente le presenta como una figura salvadora popular. El Buda sigue diciendo que Avalokiteshvara, para predicar el Dharma, toma distintas formas físicas según el temperamento y las necesidades del individuo: a veces toma la forma de un Buda, a veces la de un Bodhisattva, hasta incluso a veces la de uno u otro de los dioses hinduistas. Al haber recibido una respuesta tan completa a su pregunta, Aksayamati regala a Avalokiteshvara (que ahora está presente) un magnífico collar de oro y canta un himno de alabanza – uno de los más bonitos de toda la literatura del Mahayana.
Ahora bien, la forma de Avalokistesvara, ya sea con sus mil o con sus cuatro brazos, es un símbolo de forma, símbolo de espacio y de luz, y su mantra es un símbolo sonoro. Pero aunque ambos símbolos convergen en él desde distintas direcciones representan el aspecto de la compasión de la Iluminación. ¿Cómo se juntan estos símbolos? ¿Cómo se medita sobre ellos?
La práctica de meditación es bastante compleja. Para empezar se va al Refugio - Refugio del gurú (esto es lo primero en el budismo tibetano), Refugio del Buda, del Dharma y de la Sangha. Pero uno no va al Refugio solo; lo hace tomando consigo a todos los seres, por así decir. Uno los imagina yendo al Refugio, porque toda lo vivo se dirige, en definitiva, hacia la Iluminación. Entonces uno invoca bendiciones para uno mismo, con la aspiración y el ruego de que sean transformados el cuerpo, el habla y la mente, y de que uno progrese en el camino espiritual. A continuación se toma el Voto del Bodhisattva. Esto compromete a ganar la Iluminación, no ya por el propio beneficio sino para Iluminar, beneficiar y ayudar a todos los seres, y a practicar las Seis Perfecciones como medio de conseguir ese objetivo.
Después hay una fase de reflexión. Primero uno reflexiona, usando la formula sánscrita, en que todas las cosas del universo son puras debido a su naturaleza. Uno no ve impureza en ningún sitio, todo el mundo es puro y todas las cosas son puras. Entonces una vez que se ha reflexionado esto, se reflexiona: Yo también soy puro, un ser puro en un mundo puro. En mi naturaleza esencial soy puro.
A continuación, de las profundidades del espacio, de las profundidades de la Realidad se conjura a la figura de Avalokiteshvara. En primer lugar se ve un trono de loto y sobre él un disco lunar, o una alfombra de luna como a veces se le llama. Y en la alfombra de luna uno ve -visualiza, siente, experimenta - a uno mismo como Avalokisteshvara. En algunas formas de practica de visualización se visualiza al Buda o Bodhisattva delante de uno mismo. Pero en esta práctica uno se visualiza a si mismo como al Bodhisattva. Uno se imagina como Avalokisteshvara, el cuerpo del color de una concha, o del cristal, la cara sonriente.
La figura - tu figura - tiene cuatro brazos. Los dos brazos inferiores juntan las manos sobre el corazón. En esto hay también simbolismo. Estas manos simbolizan la joya en el loto: los pulgares representan la joya y los demás dedos el loto. A propósito, ésta es la razón por la que, según la tradición budista, el saludo no se hace con los dedos firmemente juntos (ese es el saludo brahmánico), sino que se hace con los dedos separados y los pulgares juntos para formar así la joya en el loto. Cuando saludas a alguien de esta forma, te recuerdas que hay una joya - el potencial de la Iluminación - en la persona que saludas y en ti también.
En cuanto a las dos manos superiores, en una lleva un rosario de cristal para contar cuando se recita el mantra, y la otra sujeta un loto, el símbolo del renacimiento espiritual. Los pies están en la postura vajrasana, uno sobre el otro. El cuerpo de Avalokisteshvara - tu propio cuerpo - está adornado con sedas y con joyas. Tu cabello es negro azulado, anudado en la coronilla, donde se sienta una pequeña figura de Amitabha, el Buda de la Luz Infinita, ya que él es el padre espiritual de Avalokiteshvara, la cabeza de la familia Loto. (Todos los Budas y los Bodhisattvas pertenecen a una de las cinco familias de Budas, lo que constituye la base de mucho del simbolismo budista). Habiéndose visualizado como Avalokiteshvara de este modo, uno invoca para sí, como Avalokiteshvara, las bendiciones de Amitabha, su gurú, y ruega que alcance uno la Iluminación pronto y por el beneficio de todos los seres.
Una vez que se ha hecho todo esto -un ejercicio complejo que toma bastante tiempo -, uno lo deja. Abandonándolo todo uno permanece en un estado libre de pensamiento por el tiempo que sea necesario, y cuando uno está preparado vuelve a la visualización. Dentro del corazón se visualiza una luna horizontal en un loto, y sobre ella la sílaba hrih en rojo, la semilla del mantra de Amitabha, y alrededor el mantra de las seis sílabas, om mani padme hum, en los colores apropiados. De las sílabas salen rayos de luz que llaman a la compasión y a las bendiciones de los Budas.
Entonces, en esta versión de la práctica completa, uno empieza a recitar om mani padme hum. La recitación por sí sola tiene su propio valor, pero si se quiere hacer la práctica profundamente, se ha de hacer la visualización completa primero y sólo entonces comenzar a recitar om mani padme hum. En el contexto de esta práctica se recita al menos quinientas veces, pero se puede continuar la recitación por un par de horas, incluso durante todo el día. Una vez terminada la recitación, se disuelve en luz el trono en que uno ha estado sentado, el loto y el disco lunar, y la luz se une a uno mismo. Entonces se concluye la práctica con la dedicación del mérito. Se dice: Qué todos lo méritos, todos los beneficios, que he obtenido de esta práctica sean compartidos por todos.
Cuando se ha terminado la práctica, uno piensa en el lugar en que uno vive, en lo que lo rodea, como si fuera la Tierra Pura misma, el Paraíso de Avalokiteshvara. Uno vive en un mundo transfigurado porque es un ser transfigurado. Al haberse trasmutado en Avalokisteshvara, uno constantemente, haga lo que haga, tiene presente al Buda de la Luz Infinita. Uno piensa constantemente en su gurú, que está, por así decir, sobre la cabeza propia. Hagas lo que hagas, a donde vayas por el mundo, hables con quien hables, constantemente, día y noche, tras haber hecho este ejercicio, te comprometes a actuar con compasión por todos los seres. Si puedes practicar esta visualización y recitación del mantra de este modo, gradualmente alcanzarás una transformación total. Te harás radiante, una joya, incluso la joya, y el mundo en que esté tu ser, tu ámbito se convertirá en tu loto. Practicando, experimentando, teniendo realizaciones, de este modo uno mismo ser vuelve, uno mismo es, la joya en el loto.

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