Resolución Min. Gobierno No. 004562 de Diciembre 11 de 1986




descargar 364.01 Kb.
títuloResolución Min. Gobierno No. 004562 de Diciembre 11 de 1986
página1/10
fecha de publicación20.03.2017
tamaño364.01 Kb.
tipoSolución
med.se-todo.com > Literatura > Solución
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   10



REVISTA AMAUTA
DIRECTOR Cristóbal Arteta Ripoll
COMITÉ EDITORIAL

Rafaela Vos Obeso

Arnold Tejeda Valencia

Arnold Tejada Valencia

Ángel mancilla Sánchez

Manuel Torres Polo

Aquiles Escalante

César Mendoza
COMITÉ DE REDACCIÓN

Elvira Chois de Borja

Oscar Darío Cárdenas

Eleucilio Niebles Reales

Félix Álvarez Cabrera

Julio Núñez Madachi
EDITOR

Adalberto Bolaño Sandoval
LEVANTE DE TEXTOS Y DIAGRAMACION

Carmen Rosa Borras
AMAUTA

A.A. Nº 30035 – Barranquilla
Reserva Derecho de Autor

Resolución Min. Gobierno No. 004562 de Diciembre 11 de 1986

EDICIONES

Se autoriza la reproducción parcial o total de los artículos citando la fuente. Todos los artículos son responsabilidad exclusiva de sus autores


INDICEN
Acerca de los orígenes y características del habla costeña

Dos hechos modernos en la Barranquilla de 1920 – 1992

Algunas actitudes políticas de la élite local en el Atlántico a principios del siglo XX

Fútbol y telecontrol conductual

Ética para el ejercicio de una didáctica enfocada hacia un hombre nuevo

El educador transmisor: ¿”Artesano de la intelectualidad”?

Programa para una gestión universitaria

Educación y Medio Ambiente

Algunas glosas sobre cruces y lanzas – A propósito del bello sexo

La epistemología: Su importancia y aporte a las investigaciones en las Ciencias Sociales

Literamauta

Clío y Erato

Uniatlántico escribe

La Universidad en el desarrollo regional

Los encantos del Bonsai: De lo cotidiano a lo trascendente


ACERCA DE LOS ORÍGENES Y CARACTERÍSTICAS DEL HABLA COSTEÑA

Julio Escamilla Morales (*)
"Un idioma es lo que sus hablantes hacen de él".
Luis Flórez
1. INTRODUCCIÓN


Según la opinión de algunos colombiano», "los costeños maltratan y deforman el idioma porque se comen las eses" (i), mochan las palabras, hablan "golpiao" y muy rápido; además, gesticulan demasiado, usan expresiones muy vulgares y "tutean hasta a Tu Eminencia el Cardenal Primado de Colombia" (2). Este estereotipo lingüístico- es reforzado por los mismos costeños cuando afirman que "en nuestra costa, el que no pronuncie las eses, las eles y las eres como mandan los cánones de la «costeñidad». «se laj-ejtá tirando-e-cachaco». Y si el infortunado sujeto no es un intelectual encumbrado, o un respetable patriarca del mundo social o económico, «malucón». Tiene un habláito hasta raro. ¡Cuidado!" (3).
Semejante antinomia nos ha motivado a exponer aquí algunas consideraciones de carácter semiolingüístico acerca del habla costeña, sin que con ellas pretendamos hacer una valoración positiva o negativa del comportamiento discursivo de los costeños, sino solamente defender el derecho que tiene un pueblo a "en/atizar aquel/os elementos propios, que lo destacan en relación con los demás, y no aquellos elementos que son comunes" (4) a toda la nación colombiana, sobre todo porque estamos de acuerdo con los científicos sociales, o del comportamiento, que han insistido "en la necesidad de respetar las variaciones culturales y subculturales, sin buscar en ningún casó la uniformidad" (5). No hay que dejar de lado, sin embargo, que los costeños hacen parte de lo que los antropólogos y sociólogos denominan el "área cultural caribe", conformada por "una pluralidad de sociedades, cada una con sus características y modalidades propias" (6), entre las que sobresalen, como es apenas natural, "los matices especiales de su habla o hablas, marcadas por una sensualidad y un sentido del ritmo muy particulares" (7).
“Nadie habla una lengua, sino en una lengua, esto es, en cada caso, en un dialecto o variedad de la lengua histórica" (8). Sostiene José Joaquín Montes Giraldo, director del Departamento de Dialectología del Instituto Caro y Cuervo. De acuerdo con este planteamiento, es innegable que el español hablado por las gentes de la Costa atlántica colombiana es un verdadero dialecto que posee sus propias formas de' pronunciación y entonación, un léxico sui géneris lleno de imaginación y sentimiento, e incluso, peculiaridades sintácticas, como veremos posteriormente.
Antes de referirnos a las más importantes características de este dialecto costeño -costeñol lo llama Curi Lambraño-, creemos muy oportuno presentar aquí una ligera síntesis de sus orígenes y algunos rasgos de su natural proceso evolutivo.
2. FACTORES HISTÓRICOS QUE INCIDIERON EN LA FORMACIÓN DEL HABLA COSTEÑA.
De acuerdo con lo revelado a comienzos de siglo por Menéndez Pidal, Lapesa y Cuervo, "entre los dialectos españoles fue sin duda el andaluz el que prevaleció en la época de formación del español americano" (9). Estos filólogos, exponentes de lo que en ese tiempo se llamó "tesis andalucista", demostraron con suficiente claridad que "el español de América es fundamentalmente de base andaluza” y recalcaron como coincidencias entre el andaluz y el español americano la aspiración o pérdida de la -s, la articulación de la -n como velar, el seseo y el yeísmo, el uso de ustedes en vez de vosotros, lo mismo que otros fenómenos léxicos y gramaticales.
Los principales factores históricos que explican esta prevalencia del andaluz en la formación del español americano, son los siguientes: 1) El papel preponderante de gentes "meridionales" en los comienzos de la conquista y la colonización. 2) El monopolio en el transporte hacia América, ejercido por los puertos andaluces de Sevilla y Cádiz, y la consiguiente presencia de una tripulación fundamentalmente andaluza que tuvo que influir, como es obvio suponerlo, en los marineros de otras regiones. 3) La influencia de la "koiné" o interdialecto surgido en las islas del Caribe, sobre todo en Santo Domingo, lugar de llegada y de adaptación de los diferentes inmigrantes antes de pasar al continente; es decir, la nivelación relativa de su habla (10). A este respecto, citemos el siguiente testimonio de J.P. Roña:
El español se aclimató a las necesidades del Nuevo Mundo en las islas del Caribe, de donde salieron las expediciones que en la etapa siguiente de la Conquista dominaron rápidamente todo el continente. En el periodo antillano predominaron ($9.7% del total) los andaluces (...); el español que se llevó a Tierra Firme tenia, pues, probabilidades de poseer rasgos andaluces (11).
Refiriéndose a las coincidencias entre el español de América y el dialecto andaluz, Diego Catalán ha dicho en muchos de sus escritos que "las comunidades criollas de los puertos de ultramar recibieron las innovaciones del revolucionario «español atlántico» a través del puente de tablas constituido por las flotas de Indias" (12). Adhiriendo a esta denominación de "español atlántico", Rafael Lapesa ha precisado con mucho énfasis que
La tesis del andalucismo de ciertos rasgos no merma la fuerte personalidad del habla hispanoamericana. Pero obliga o dejar de lado la oposición entre español de España y español de América: al menos por cuanto a la fonética se refiere, sería más exacta la división entre español y castellano español atlántico. Esta última denominación reflejaría bien la comunidad de rasgos que unen la modalidad lingüística andaluza con la de los otros países hispanoamericanos (13).
Sin embargo, como lo señalaron oportunamente investigadores de la talla de Cuervo, Amado Alonso, Menéndez Pidal y otros, una identificación de todo el español de América con el andaluz nunca la ha habido. Al respecto, Montes Giraldo expresa:
Hay en América una zona -coincidente grosso modo con el Caribe insular, las costas y tierras bajas- en donde la similitud con el andaluz es muy grande, mientras que para el resto del Continente -en general tierras altas, regiones interiores- tal similitud se reduce a unos cuantos rasgos (seseo, yeísmo -hoy prácticamente común en todo el mundo hispanohablante-, vosotros reemplazado por ustedes, ausencia de leísmo y loísmo y algunos más) (14).
Aparte de esta influencia andaluza que acabamos de mencionar, es evidente que otros factores de carácter lingüístico incidieron también en la formación del español americano. Tal es el caso de los indigenismos, los afronegrismos y los extranjerismos. La incidencia de los primeros fue una consecuencia inevitable del contacto de los españoles con la nueva realidad americana, que los obligó al préstamo de voces indígenas "para solucionar las nuevas necesidades denominativas". Según Montes, "el indigenismo léxico, el más fácilmente identificable, aunque relativamente abundante, se concentra en zonas marginales del vocabulario (flora, fauna, onomástica) y no tiene mucha incidencia en el vocabulario fundamental y en el nivel culto" (15). Como ejemplos pueden citarse cabuya, guayaba, maíz, tiburón, caimán, colibrí, caribe, cacique (16).
Con respecto a los rasgos lingüísticos procedentes de algunas de las lenguas africanas habladas por los millones de esclavos, "son, en general, pocos y limitados a zonas de abundante población negra cuando tales zonas son regiones aisladas y marginales como la Costa pacifica de Colombia" (17). Sin embargo, en el léxico español abundan los afronegrismos. Banano, guineo, marimba, congo, burundanga, son algunos de ellos.
En cuanto a los extranjerismos, hay que precisar que su influencia es mucho más reciente y está casi que reducida a los galicismos y anglicismos. Como se sabe, desde el siglo pasado -hacen parte de la lengua española, muchos galicismos léxicos, como homenaje, chofer, burocracia, menú, contralor, entre otros. Por otra parte, la presencia de los anglicismos en el español sólo rué realmente efectiva a partir de la primera guerra mundial, ya que desde ese momento los Estados Unidos de Norteamérica comenzaron a penetrar ostensiblemente nuestra lengua a través de préstamos de forma y contenido (bistec, fútbol, coctel, tiquete...), calcos fonéticos (Miami, manager, Peter...), calcos sintácticos, etc., los cuales son cada, vez más numerosos a raíz del predominio gringo en todas las esferas de la vida latinoamericana.

Para cernir esta primera parte, debemos referimos a esos procesos de transformación natural de los elementos de nuestra lengua -"procesos de desarrollo interno"-, que se han venido consolidando a través de los años, y que constituyen una forma de satisfacer nuevas necesidades expresivas y discursivas en las comunidades del habla española del continente americano.


A nivel fonético, merecen ser destacados los casos de sonorización, aspiración, semiaspiracion o perdida de la /s/ (ejte, fóforo, entonce); la vocalización o la elisión de los fonemas oclusivos sonoros /b/, /d/ y /g/ (tra'ajo, pesao, awa); la bilabializacion de /n/ al final de palabra (biem, korazom, pam) o su velarización al final de silaba (pienso, contento). Igualmente debemos destacar los casos de "desplazamientos acentúales" (máiz, páis, bóul) y de "desacentuación de palabras en grupo acentual" (el último que vino, la señora de la casa de la esquina), tal vez originados por la influencia de las diferentes lenguas amerindias (18).

En cuanto a los aspectos morfosintácticos propios del español americano, hay que mencionar, entre otros, la presencia, más o menos generalizada del voseo y de otras formas de tratamiento, como sumercé, su persona, doña, misía... (19); lo mismo que la desaparición del morfema de plural (un libro-cinco libro) y otras formas de número (ajís, ajises, álbums), como también las construcciones impersonales (hubo-hubieron fiestas, se venden repuestos) (20).
Entre los procesos de desarrollo interno del español de América, el más importante es, sin lugar a dudas, el léxico. En este campo sobresalen la creación metafórica y el uso de algunas partículas que, a pesar de no ser exclusivas de este continente, tienen una fuerte incidencia en la formación de nuevas palabras, como es el caso de los sufijos oda, dera, ero (mañeada, habladera, tamborero); las frases fijas que reemplazan términos uniléxicos (echar un polvo, estirar la pata, mamar gallo); y "los términos que se han contagiado de contenido sexual y, por ello, se han tabuizado en el habla corriente en los sentidos tradicionales, por lo cual deben reemplazarse en estos sentidos por otras voces", como ha sucedido con palabras como coger, huevos, papaya, que significan "poseer sexualmente", "testículos" y "vulva", respectivamente. (21).
Vistas así las cosas, es evidente que el español constituye un amplio conjunto dialectal en el que confluyen numerosas normas dialectales nacionales, regionales y locales. Por esta razón, Montes Giraldo propone que los dialectos histórico-estructurales de esta lengua sean divididos en dos superdialectos: el primero conformado por los dialectos del norte y del centro de España y los dialectos continentales o interiores de América (superdialecto A), y el segundo, conformado por el andaluz, el canario, las hablas meridionales de la península ibérica y el español de las islas y las costas del continente americano (superdialecto B) (22). De acuerdo con esto, el habla de la Costa atlántica colombiana es, tal como lo ha señalado Curry Lambraño, "un verdadero dialecto" con "fonética propia, estabilizada; sintaxis peculiar, universal y firme en todas las comarcas de su dominio" (23).
El término dialecto -conveniente es aclararlo- nunca es empleado en lingüística para referirse peyorativamente a ninguna de las variantes de una lengua, sino para precisar los usos particulares que tiene esa lengua en una «determinada comunidad. Sin embargo, "el público no especializado tiende a considerar el dialecto como el pariente pobre de una lengua" y a confundirlo con acento. "El acento se refiere, por lo general, a los rasgos articulatorios y acústicos de la lengua, mientras que el dialecto abarca la totalidad de rasgos léxicos, gramaticales y fonológicos. Por lo tanto, el dialecto incluye al acento, pero es distinto de él" (24).
3. ACTITUDES DISCURSIVAS DEL HOMBRE COSTEÑO
Dos de los más importantes rasgos definitorios del hombre caribe son, según R. De Zubiria, "su júbilo existencial" y "su extraversión", provenientes ambos de la confluencia del "esplendor" de la luz de la región y la "hermosura de su mar" (25). Junto a ese "júbilo existencial" del hombre caribe, "su extraversión" viene a ser la
Búsqueda y gozo de la compañía, apetencia permanente de diálogo, de ventilación, de necesidad y alegría de compartir, con los demás, fervores y entusiasmos, experiencias, sueños y preocupaciones. Por eso, el hombre caribe es comunicativo, deliberante y conversador, cuentero nato, un hombre para quien la comunicación constituye una necesidad esencial y que parece vivir siempre -como decía Ortega- «a la búsqueda de un interlocutor» (26).
No hay duda de que la idiosincrasia de los nativos de la Costa norte colombiana corrobora plenamente esta caracterización esbozada por De Zubiria, sobre todo en aquello que se relaciona con su actitud frente al lenguaje. Al respecto, Alfredo De La Espriella subraya que "la Costa atlántica abona a su personalidad extrovertida, graciosa capacidad de expresión, suficiente sentido del humor, picardía innata para la elaboración de sus propias palabras" (27). El habla costeña es, según el mismo De La Espriella, la mejor manera de "conversar a «calzón quitao», a un nivel de cordialidad, pereque y simpatía"; todo lo cual es “capaz, por el colorido de las palabrejas y sentido primitivista de las mismas, de subyugar en la medida de sus correspondientes significados propios" (28). Esos consideraciones de De La Espriella son una muestra más de que "el sabor regional del lenguaje no depende exclusivamente de la pronunciación y entonación sino también, y en gran medida, de las palabras y frases utilizadas" (29).
A nuestro modo de ver las cosas, es decir, desde una perspectiva eminentemente semiolinguística, las principales características discursivas del hombre costeño son las siguientes:
La búsqueda permanente interlocutores.
- La ufanía de su pronunciación y entonación.
- La presencia constante del humor y las palabras de "grueso calibre".
- El uso reiterado de dichos y refranes.
- La utilización de hipocorísticos y apodos.
- La facilidad para crear nuevas palabras y formar nuevos núcleos metadiscursivos.
"La conversación constituye el elemento lingüístico gracias al cual los miembros de una comunidad o de un grupo social determinado no sólo se comunican cotidianamente, sino con el que aseguran, además, la solidaridad, la integración y la cohesión entre sí", tal como lo sostiene la semiolingüistica francesa Danielle Larochebouvy (30). En consonancia con este principio, el hombre costeño, como ya lo hemos anotado, nunca desaprovecha la oportunidad de participar en actividades interacciónales de tipo conversacional. Por eso, hace muy suyo el derecho a la palabra y convierte a los demás en destinatarios obligados de su discurso, aún en casos en que no está de por medio ningún grado de conocimiento previo. A nadie sorprende, en consecuencia, verse convertido en interlocutor de un desconocido en los buses, en los almacenes o en cualquier sitio público. Esta actitud a la que nos estamos refiriendo se expresa a través de lo que podríamos denominar la "destinación abierta" y la costumbre de "meter la cuchara", dos formas muy autóctonas de hacer de la conversación una actividad eminentemente lúdica. La "destinación abierta" es uno de los recursos más utilizados por el costeño en procura de un interlocutor, sobre lodo cuando se encuentra en sitios públicos y quiere hacer participes de su situación o de sus comentarios a los demás. El caso que mencionamos a continuación es un buen ejemplo de ello: en un estadero de la ciudad de Barranquilla, gentes desconocidas entre si observan la transmisión televisada de un partido de fútbol correspondiente a la Copa Libertadores de America. En un momento determinado del encuentro, los jugadores de los equipos en contienda -.América y Nacional-, forman un tumulto. Uno de los televidentes grita: “Hey, Leonel, ¿qué vas a reclamar?", como si el jugador pudiera oírlo y responderle. Otro parroquiano que está cerca y que no tiene nada que ver con el anterior exclama: "¡Ay! ¿No ve' que le están dando?". Como era de esperarse, todo el mundo terció en esta interacción. Igualmente, si alguien que intenta subirse a un bus, pregunta: "¿este bus pasa por el zoológico?", obtendrá más de una respuesta: "Sí, si pasa", "no, pero no importa; súbete", o incluso "¿por qué? ¿Te vas a quedar allá?.
Estos ejemplos que acabamos de mencionar son también válidos para ilustrar la costumbre de "meter la cuchara", ya aceptada por todo el mundo, pues atrás quedaron los tiempos en que en situaciones parecidas se podía emplear la expresión "cállese, sapo, que no es con usted".
Al hombre costeño le interesa muy poco que los demás colombianos critiquen su pronunciación y su entonación. Por el contrario, se siente muy orgulloso de su forma de hablar y censura frecuentemente a quienes, como ya hemos anotado, "se las tiran de cachacos". Con esta actitud tal vez persigue vengarse de aquellos que lo tildan de "corroncho". Posiblemente, sea esto lo que lleva a Alfredo Iriarte a plantear que la "saludable faena de purificación y embellecimiento del idioma la ejecutan con mayor gracia y propiedad los caribeños". El está "convencido de que el lenguaje oral [de éstos] es la purga saludable que experimenta el castellano luego de haber perdido en este continente el sonido de la ce y la zeta para confundirlo con el de la ese" (31). Sea lo que fuere, el costeño no renuncia a estas peculiaridades fonéticas propias de todos los pueblos del Caribe y, por el contrario, las reafirma y las acompaña de otras muy suyas. Como ya se dijo, el español del Caribe se caracteriza por la aspiración o la pérdida de la /s/, la elisión de los fonemas oclusivos sonoros /b/, /d/ y /g/ y la velarización de /n/ al final de la silaba. Además de estas características, el habla de la Costa atlántica colombiana presenta algunos rasgos particulares, entre los cuales merece atención la diferente realización de la /v/ en la zona oriental (Atlántico, Magdalena, Guajira y Cesar) y en la occidental (Bolívar, Córdoba y Sucre). Según Cury Lambraño (32), la pronunciación de la R "bastaría para diferenciar el habla costeña nororiental de la noroccidental, pues "mientras en la zona oriental se mantiene como vibrante simple (...), en la occidental casi siempre se asimila a la consonante que le sigue" (Suette, poddonde, caggamento, mabbaratar), se aspira delante de /L/ o /n/ (cajnaval, Cajlota), suena como la /d/ delante de /s/, /z/ y las sílabas /ce/ y /ci/ (pedsiguen, fuedza, podcentaje, tedcio) o se nasaliza delante de /m/ (Caramelo, Sammiento).
Ahora bien, puesto que la conversación es para el costeño una actividad eminentemente lúdica, como ya hemos dicho, no debe sorprendemos el hecho de que ella esté cargada de humor, aún en aquellos casos que los hablantes de otras regiones consideran serios o trascendentales. Este humor al que nos referimos es expresado frecuentemente por medio de "la mamadera e gallo", la alusión a personajes, eventos y situaciones de la vida diaria, los juegos de palabra, la ironía y el uso de un vocabulario picaresco y hasta de "grueso calibre". Veamos algunos ejemplos: Si alguien dice que va para un entierro, cualquiera puede preguntarle: "¿con muerto o sin muerto?". A la pregunta de una dienta: "¿Por qué no me vendes una libra de hueso carnudo?", un vendedor le responde: "¿Por qué mejor no pides una libra de carne huesuda?". Las expresiones "más viejo que caga agachao", "déjate de habla mierda", "cipote e vaina", "hijueputa", "manda má huevo que un viaje' e toro", "cara' e verga", "nojoda", "culo' e mierdero"... son ejemplos que demuestran plenamente que para el costeño no hay situaciones tabúes que lo obliguen al uso de eufemismos. Si bien es cierto que el concepto de "palabras de grueso calibre" (palabras vulgares, obscenas, groseras) es "una noción puramente social" establecida por una "élite aristocrática" para juzgar el comportamiento discursivo de los sectores populares, tal como lo plantea Pierre Guiraud (33), en la Costa atlántica colombiana estas consideraciones carecen de cualquier importancia, pues todo el mundo emplea dichas palabras en muy diversas situaciones sin sentir ningún pudor.
En cuando al uso reiterado de dichos y refranes, está claro que ellos hacen parte de la vida diaria de los habitantes de esta región. Los dichos, esas ocurrencias con que a menudo suele matizarse el lenguaje, son elaborados y empleados por el costeño con una gracia oportuna, tal como lo evidencian estos ejemplos: "Nicolás, ya comiste; ya te vas", "te la estás tirando' e marica pa' pasa buen tiempo", "sin decir pajarito pica aquí", quedar loco y tirando piedras", "no es cualquier lagaña' e mico", "poner el grito en el cielo", "barájamela más despacio", "eso es copa", "¿cómo te quedó el ojo?", "eche, ¿tú eres marica?", "el pelo ni pimienta regá en mostrador", "te acabaste, cabo' e vela"... Los refranes, por su parte, son "manifestaciones folklóricas del discurso repetido" (34) apoyadas 'en evidencias populares ampliamente admitidas que parecen negarse a toda posibilidad de discusión" (35). Los refranes tienen como función la reanimación cultural de la comunidad que los usa, y la justificación de tus creencias, ritos e instituciones (36). Claro ejemplo de ello lo constituye esta pequeña muestra del refranero costeño: "a todo puerco gordo le llega su San Martín", "cachaco, paloma y gato, tres animales ingratos", "el que tiene tienda que la atienda, si no que la venda", 'los tropezones enseñan a levantar los pies", "macho con macho, lo que da es rasquiña", "el burro diciendo le al puerco orejón", "de pena se murió un burro en Cartagena", "cuentas claras, chocolate espeso", "el que anda con la miel algo se le pega", "da lo mismo atrás que en la espalda", "la mujé, el pescao y el marrano, se comen con la mano", "si el trabajo fuera virtud, hasta los burros cargaran medalla", "todo mico sabe en qué palo trepa", "el que da lo que tiene, a pedir se queda", "a mi no me engaña el flojo, ni que lo vea sudao", "ni el enfermo quiere, ni hay que darle", "ninguno se muere la víspera", "muerto el perro, se acabó la rabia", "no puede con la cabeza y está buscando cacho", "viuda que se ríe, marido que se olvida", "zapatos blancos y patalón oscuro, marica seguro" (37).
Los "nombres que en forma diminutiva, abreviada o infantil se usan como designaciones cariñosas, familiares o eufemísticas" (38), es decir, los hipocorísticos, son muy abundantes en el habla costeña, hasta el punto de que muchos personajes de la región son más conocidos por sus “típicos hipocorísticos” que por su verdadero nombre de pila Tal como lo señala Alfredo De La Espriella (39), en la Costa atlántica "nadie se siente ofendido por esta costumbre, y si muy correspondido porque le reconozcan la importancia (…) a su hipocorístico y respeten por igual su posición y su prestigio". Entre los más populares y graciosos podemos citar los siguientes: Mane. Peyó. Nacho, Beto, Mingo, Pacho, Nando, Gabo, Juancho, Rafa, Quique, Goyo, Lola, Chela, Conce, Chabela, Gefia, Mayo, Pau, Chayo, Tica, Meche, Pepilla, Reja... Por otra parte, tanto los defectos corporales como algunas de las circunstancias en que se ven envueltas Lis personas en sus quehaceres cotidianos, son motivos que casi nunca se desaprovechan a la hora de dirigirse a ellas. Surgen de esta manera apodos o sobrenombres muy familiares e ingenuos que, por lo general, no tienen la intención de herir a nadie, y que se convierten -tarde o temprano- en elementos identificadores de esas personas a las que hacen referencia. Observemos: "El mocho, "foco flojo", "care' e perro", "cabeza' e puerco", "cara' e ponchera", "puya nube", "varita' e caña", "me muerde", "el boqui", "la tres pelos", "jopo' e maretira", "gato seco", "pan de sal", "miniatura", "ojo' e gato",t "tres patas", "el chuchita", "el burro", "el chino", "la mona", "la gringa", "mecha seca", "el lindo", "el pinta", "vaca ñata", son apodos basados en las características físicas de las personas, es decir, metáforas realmente motivadas. Otros surgen de alguna relación establecida entre los designados y circunstancias: de muy diversa naturaleza: "Lucho boli", "semana mocha", "María moñito", "velocidá", "la tres en uno", "lengua' e lima", "caldo' e pollo", "mata pato", "mojón mocho", "la cero-cero", "la pozo hondo, "Pacho tolete", "el broche", "el bozal", "mentira fresca"', "la siete filos"...
Por último, vamos a referimos a esa facilidad de los costeños para crear nuevas palabras y formar nuevos núcleos metadiscursivos. Para nadie es un secreto que los colombianos son muy afectivos al hablar y que la expresión de sus actitudes y sentimientos es con frecuencia parte esencial de las palabras que usa. Esta expresividad se manifiesta no sólo a través de medios fonéticos, morfológicos, sintácticos y léxicos, sino también con gestos y ademanes (40). Sin embargo, uno de los rasgos característicos del habla costeña es su particular inclinación a crear constantemente nuevas palabras para referirse al marco situacional en que produce su discurso. Parece que para el costeño, las palabras existentes no fuesen suficientes para expresar sus actitudes y sentimientos. De ese modo, los diferentes estados de ánimo no son más que el caldo de cultivo para el surgimiento de nuevas palabras relacionadas con estados de ánimo, la simpatía, antipatía, alegría, dolor, disgusto, cordialidad, respeto, desprecio, admiración, burla, cariño, impaciencia, etc. Ahora bien, conforme a lo señalado por Montes Giraldo, la creación léxica surge de "la necesidad que siente el hablante de usar términos motivados, evocadores, imaginativos" (41). Eso es, ni más ni menos, lo que hace el costeño frente a la realidad. Estos son algunos ejemplos: achantao, alzao, apiñao, aguaje, bacán, bololó, barro, blocúa, bollo, bolo, bofe, bojote, cojones, cagalera, camaján, canana, cantaleta, cipote, cuajao, célele, cuero, carón, chacho, chiripa, chucha, chueco, churria, checas, dañao, emputao, enchichao, encofiao, espernancarse, fartedá, gandío, guajupa, guapachosa, guayuyo, grajo, hormiguillo, hombe, jopona, jorro, levante, liso, mamaburra, maranguango, martillar, metedero, mondá, muñecaeburro, nota, nojoda, ojoepolilla, parranda, pataeperro, pelele, perratear, pordebajear, pelarse, perrenque, rasquiñita, rebuscona, respondón, recocha, sollao, sucursal, tanganazo, tirria, trabao, voyován, ventolera, zambapalo, zampao. Es innegable que en la creación de cada una de las palabras que acabamos de mencionar existen diferentes grados de motivación. Pero no es nuestra intención referirnos a ellos en este momento.
Por otra parte, es muy significativo el aumento de la carga semántica que logra el costeño al cambiarle el género a algunos sustantivos (la marica, la Juana) o al acompañarlos de adjetivos o frases con valor adjetivo ya de por sí muy fuertes en cuanto a su significación (cipote hembra, culo' e partido, tronco' e profesor). Igualmente importante es la creación de nuevos núcleos metadiscursivos (42) en los vocablos de uso cotidiano. Este fenómeno se presenta cuando las palabras añaden a su sentido tradicional otro valor especial surgido de las condiciones en que se produce el discurso, sin que ello represente ningún problema para la comprensión de lo que se quiere expresar, ya que todo el mundo ha hecho suyo este nuevo valor. Es lo que ha sucedido con palabras como disco, luz, abrirse, marío, entre otras. "Vamos a cantar ese disco que dice «ya vamos llegando...», "se Jue la luz", "Hey, Pedro, llegó tu marío", son ejemplos en los que se comprueba que las palabras antes mencionadas han adquirido un nuevo núcleo metadiscursivo. Es decir, han ampliado sus posibilidades semánticas, y se han convertido en nuevos signos lingüísticos, pues la relación entre significante y significado no es la misma.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   10

similar:

Resolución Min. Gobierno No. 004562 de Diciembre 11 de 1986 iconResolución Min. Gobierno No. 004562 de Diciembre 11 de 1986

Resolución Min. Gobierno No. 004562 de Diciembre 11 de 1986 iconA 5 ml/min X 20 gts/min= 100 gt/min= 10 a la 6 mcgt/1 gt= 10 X 10...

Resolución Min. Gobierno No. 004562 de Diciembre 11 de 1986 iconEn adultos se forman y se reabsorben: 0,35 ml / min X 1440 min/ 24 hs = 504 ml / día

Resolución Min. Gobierno No. 004562 de Diciembre 11 de 1986 iconCon reconocimiento oficial de la secretaria de educacion del departamento...

Resolución Min. Gobierno No. 004562 de Diciembre 11 de 1986 iconResolucióN 0004143 de 7 de diciembre de 2012

Resolución Min. Gobierno No. 004562 de Diciembre 11 de 1986 iconResolucióN 5395 de 24 DE DICIEMBRE de 2013

Resolución Min. Gobierno No. 004562 de Diciembre 11 de 1986 iconResolucióN 4251 de 13 de diciembre de 2012

Resolución Min. Gobierno No. 004562 de Diciembre 11 de 1986 iconResolución Departamental N° 10363 de Diciembre 12 de 2000

Resolución Min. Gobierno No. 004562 de Diciembre 11 de 1986 iconResolución Departamental Nº 10363 de Diciembre 12 de 2000

Resolución Min. Gobierno No. 004562 de Diciembre 11 de 1986 iconResolución de Integración No. 006991 del 05 de Diciembre de 2006


Medicina



Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com