1. Factores de la actividad industrial: materias primas, fuentes de energía, capital, espacio, medio ambiente




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fecha de publicación03.12.2015
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Tema 15: La industria en España. Características generales y distribución territorial.
1.-Factores de la actividad industrial: materias primas, fuentes de energía, capital, espacio, medio ambiente.

2.-Etapas del proceso de industrialización en España.

3.-Distribución territorial de la industria en España: las áreas industriales.


1.-Factores de la actividad industrial: materias primas, fuentes de energía, capital, espacio, medio ambiente.
. LAS MATERIAS PRIMAS:
En la industria el punto de partida es la existencia de una materia primera o prima que se va a transformar aplicando una determinada cantidad de energía, conforme a la tecnología disponible y en las instalaciones construidas al efecto.
Las materías primas son de naturaleza muy variada: de origen mineral, forestal, agrícola, ganadero o pesquero. Aunque han sido, junto con las fuentes de energía, factor clave de la localización industrial, los modelos actuales han variado con relación al pasado y dependen en mayor medida de otros factores: económicos, políticos, ecológicos, de consumo…
MATERIAS PRIMAS DE ORIGEN MINERAL:
-Minerales energéticos: Destacan el carbón y el uranio, que por su condición de fuentes de energía se tratarán más adelante.

-Minerales metálicos :Los más importantes son el hierro, el cobre, la pirita, el plomo, el cinc, el oro, la plata y el mercurio. Abastecen las industrias metalúrgicas, químicas y de transformación. Los principales yacimientos se encuentran diseminados en el zócalo paleozoico o en sus rebordes alpinos y han sido objeto de una explotación intensa, por lo que hoy día deben importarse.

-Minerales no metálicos: (Caolín, cuarzo, arcilla, sal, gemas…) se utilizan en la construcción e industria química. Su producción suele ser excedentaria, con lo que se exportan.

-Las rocas industriales: Se explotan en canteras (arenisca, caliza, mármol, pizarra, yeso…) y su ubicación ofrece una gran dispersión geográfica de acuerdo con el mapa geológico y litológico. Su autoabastecimiento, salvo en el caso del mármol, está asegurado. Se destinan a la construcción y su extracción puede causar un gran impacto ambiental. Prueba de ello son las canteras que aparecen como cicatrices en las montañas.
MATERIAS PRIMAS DE ORIGEN ORGÁNICO:
Tradicionalmente se les ha dado menos importancia que a las de origen mineral, pese al significado de alguna de ellas en la industrialización contemporánea (lana, lino, algodón). Sin embargo, se han ido incorporando a los procesos industriales cuyo consumo requiere una transformación previa, como es el caso del girasol, la leche, la remolacha, el tabaco, etc.

Las materias primas de origen forestal abastecen entre otras a las industrias de construcción y muebles.

Las materias primas de origen pesquero surten a la industria en alta mar (buques contenedores, conserveros y congeladores), o en los puertos.
. LA ENERGÍA:
Según su naturaleza, podemos distinguir entre fuentes de energía no renovables (una vez consumidas, la naturaleza no asegura su reposición) y renovables (su renovación o existencia indefinida está asegurada ).

La naturaleza ofrece materias minerales que pueden convertirse en energía. Son las denominadas “fuentes de energía”:
-El carbón: Fue la energía básica de la Revolución Industrial. Abunda en la naturaleza y se ubica en las cuencas sedimentarias de la Era Primaria (Carbonífero). En España se localiza en las cuencas del N y S de la cordillera Cantábrica y en el ángulo SW de la Meseta.

-El petróleo: Desde mediados del siglo XX se convirtió en la principal fuente de energía. En España se han localizado algunas reservas en las provincias de Burgos y Tarragona, y en la desembocadura del Ebro, pero la producción nacional no cubre ni una centésima parte de nuestras necesidades.

-El uranio: Existen importantes yacimientos en las penillanuras occidentales de la Meseta. Es el combustible que abastece a los nueve reactores nucleares que hoy están en funcionamiento en España. Tuvo un consumo espectacular hasta que se estabilizó a raíz de la decisión tomada por el gobierno en 1984 de no poner en funcionamiento nuevas centrales nucleares, considerando las prevenciones de la población hacia la seguridad nuclear y el problema del almacenamiento de los residuos.

-El gas natural: Su consumo ha cobrado gran importancias por tratarse de una energía limpia y barata. La producción española es muy exigua. La mayor parte se obtiene en La Gaviota (Vizcaya) y en las marismas de Huelva. Pero es necesario recurrir a las importaciones del Magreb (Argelia, Libia) y del Este europeo. En ambos casos el gas llega y se distribuye a través de gaseoductos.

-La energía hidráulica: se obtiene a partir desagua embalsada en los pantanos. Tiene condición de energía renovable, pues su aportación depende de las precipitaciones anuales, parte de las cuales queda retenida en los embalses y se aprovecha para producir energía en las centrales construidas a pie de presa. El potencial energético máximo se da en las cuencas del norte de España (clima atlántico) y el mínimo en las meridionales y orientales, donde, además de la pobreza de precipitaciones, se acusa el efecto negativo de la irregularidad interanual.
FUENTES DE ENERGÍA RENOVABLES:

-Energía solar: Presenta más posibilidades en zonas de mucha insolación.

-Energía eólica: Para su explotación se han instalado aerogeneradores por la geografía peninsular: Tarifa, litoral gallego y catalán, valle del Ebro , Canarias…

-Energía geotérmica: Se aprovecha para calefacción, para calentar invernaderos o granjas, la energía calorífica que se desprende de las aguas termales subterráneas.

-Energía mareomotriz: Se obtiene energía a partir de los movimientos de las aguas marinas.

Todas estas fuentes de energía son de singular importancia con vista al futuro, pues son limpias inagotables, etc. Pero su contribución a la producción de energía en España es aún muy reducida, y en muchos casos aún no se ha superado la fase de experimentación.

Conscientes de la necesidad de fuentes de energia en nuestro país, los sucesivos gobiernos han adoptado políticas energéticas que tendían a reducir la dependencia exterior. El “Plan de Energías Renovables”se puso en marcha en 1986, año en que la política energética comenzó a estar marcada por las directrices comunitarias (diversificación de las fuentes, ahorro energético, impulso a las energías renovables, liberalización del sector) y por el “Plan energético Nacional” (1991-2000) que mantuvo la moratoria nuclear adoptada en 1984, favoreció el consumo del gas natural y previó un descenso en el consumo de petróleo.
Últimas tendencias territoriales:

En los inicios de la Revolución Industrial la localización industrial en España gozó de cierta dispersión geográfica, pero a medida que se asentó la industrialización, se consolidó un modelo de ocupación industrial del espacio con una clara concentración en el País Vasco, Cataluña y Madrid que, a medida que iban aumentando en tamaño e importancia, atraían nuevas empresas y fábricas que se beneficiaban de la proximidad a otras, de la concentración de la demanda, de la dotación de servicios e infraestructuras, etc.

Este modelo alcanzó su plenitud en el decenio de 1965 a 1975. Época en la que se concentró el mayor crecimiento industrial en las áreas metropolitanas más grandes.

El modelo anterior comenzó a variar en los años 1980 al surgir una serie de factores negativos (encarecimiento del suelo en las áreas industriales, perjuicios derivados de la saturación e incremento de costes, déficit de infraestructuras, etc.) frente a los cuales se ofrecía como solución la descongestión industrial y la búsqueda de nuevos emplazamientos. A ello contribuiría la mejora de los sistemas de transporte y comunicaciones ,las medidas de atracción puestas en práctica por los gobiernos regionales, o nuevas posibilidades de localización en los espacios de industrialización endógena. Todas estas circunstancias han propiciado la aparición de nuevos procesos territoriales entre los cuales el más notable es el de la difusión espacial, a partir de las zonas industriales congestionadas, en busca también de espacios más limpios y en sintonía con la preservación del medio natural.

2.-Etapas del proceso de industrialización en España.
Con relación a los países europeos más avanzados, la industrialización española fue un proceso discontinuo, marchó con retraso y estuvo muy polarizada en torno a los núcleos iniciales.

Los antecedentes de la industrialización.

Desde finales del siglo XVIII, ilustrados y reformistas alzaron su voz a favor del desarrollo y de la industrialización del país. España reunía unas condiciones favorables, pues contaba con una producción artesanal diversa y rica, con las Reales Fábricas, con materias primas minerales y de origen orgánico, etc. Como factores negativos, los problemas de la insuficiencia energética (carbón), la escasez de recursos tecnológicos y humanos, una excesiva mentalidad rural, la ausencia de mercado interior, etc.

Con todo, y pese a que la nación vivió avatares tan perjudiciales para la naciente industria como la guerra de la Independencia, la emancipación de las colonias americanas o las guerras carlistas, en la primera mitad del siglo XIX tuvieron lugar algunos hechos importantes para la industrialización, como la construcción de los altos hornos en 1832 en Marbella, Málaga, y fábricas textiles de Cataluña.

Los inicios del despegue industrial.

En la segunda mitad del siglo XIX en España la industrialización avanzó hasta alcanzar cotas de importancia, pero evidenció un notable retraso con relación a los países europeos y una gran dependencia tecnológica y financiera de los mismos.

Junto a la industria siderúrgica y textil, quizá el logro más importante fuese el tendido de una amplia red ferroviaria que en 1865 alcanzaba ya los 4663 Km, aunque en su mayor parte eran ferrocarriles construidos por empresas y capital extranjero e, incluso, con material importado.

La red de ferrocarriles estuvo al servicio de la explotación minera de nuestro subsuelo, también protagonizada por empresas de nacionalidad británica, francesa, belga, etc., que gozaron de las facilidades de acceso a la explotación minera que les confirió la Ley de Bases de la Minería, promulgada en 1868.

España, que era el paraíso de los minerales metálicos, se convirtió en país exportador de materias primas minerales, quedando a merced de intereses ajenos y sin capacidad para aprovechar su riqueza mineral en beneficio propio.

España era el primer país productor de hierro, que se exportaba en su mayor parte a Gran Bretaña desde el puerto de Bilbao. Los barcos que lo transportaban volvían vacíos, pero pronto aprovecharon el retorno para trasladar hasta el puerto de origen el carbón que precisaba la industria siderúrgica vizcaína. Esta facilidad para el abastecimiento de energía y la proximidad de los yacimientos de hierro hicieron florecer la industria siderúrgica vasca en detrimento de los núcleos siderúrgicos de otros lugares como el Bierzo (León), Málaga o Asturias, que en adelante no pudieron hacer frente a la competencia bilbaína.

La industrialización española avanzó bajo el signo del proteccionismo y lentamente. A ello contribuyó el acusado fondo rural del país, la ausencia de una burguesía emprendedora, la debilidad del mercado interior, etc., así como la incapacidad tecnológica y la situación de España como país periférico respecto a la Europa industrial a la que se exportaban materias primas y de la que se importaba capital de bienes de equipo.

El mapa industrial comenzó a adquirir trazos de polarización en torno a Vizcaya, Barcelona y Madrid, y en otros puntos del interior peninsular que desarrollaban una industria de base agraria.

El crecimiento industrial hasta la Guerra Civil.

Durante el primer tercio del siglo XX, la industria española se afianzó gracias a la protección arancelaria y se consolidaron sectores industriales como el metalúrgico, el textil o el químico, impulsados por el crecimiento de la demanda y la consolidación del mercado interior.

El proceso de industrializadón conoció los efectos positivos de la repatriación de capitales tras la pérdida de las colonias y de los beneficios comerciales derivados de la Primera Guerra Mundial.

Se dio un considerable impulso a la construcción de obras públicas durante la dictadura de Primo de Rivera, particularmente de carreteras, que resultó fundamental para la conexión de los mercados interiores.

En este periodo, las empresas extranjeras abandonaron la explotación de las agotadas minas españolas, y, pese a los indudables progresos, la industria española seguía acusando el retraso y la dependencia de Europa. El mapa industrial se consolidó sobre el germen de los focos anteriores, de modo que empezaron a manifestarse los desequilibrios territoriales que alcanzarían su plenitud en las décadas posteriores.

La reconstrucción industrial de la posguerra.

Tras la Guerra Civil, bajo un contexto de autarquía, en 1941 se creó el Instituto Nacional de Industria (INI), con una fuerte participación de capital estatal en los sectores básicos de la industria (siderurgia, naval, petroquímica).

A partir de 1950 la situación fue cambiando y se logró una cierta recuperación en los niveles de renta y la economía española encontró cierto alivio a partir de las negociaciones con Estados Unidos y del ingreso en la ONU. Se puso fin al aislamiento y España se integró gradualmente en la economía internacional, al tiempo que la falta de capital fue suplida por las inversiones extranjeras que comenzaron a llegar.

La nueva estructura industrial se caracterizó por la dualidad, es decir, por la existencia de un sector dominado por la gran empresa de capital público (Hunosa, Ensidesa, y demás empresas pertenecientes al INI) y orientado a bienes de equipo, y otro sector integrado por la pequeña y mediana empresa de capital privado, dedicado a las industrias de transformación y de bienes de consumo.

Desde un punto de vista espacial, se favoreció la consolidación de algunas regiones industriales (Cataluña, País Vasco y Madrid) en perjuicio de otras que se configuraban como áreas subdesarrolladas, que comenzaban a padecer los efectos negativos de los desequilibrios y del éxodo rural.

Pero el modelo industrial acusaba graves deficiencias y se mostraba incapaz de resolver las carencias, de ahí que a partir de 1959 se abordase siguiendo las directrices del denominado Plan de Estabilización.

El impulso industrializador de los años 60.

El período entre 1959 y 1975 supuso un crecimiento económico sin precedentes, al que contribuyeron una serie de factores favorables, como la expansión generalizada de la economía capitalista, la llegada de capital extranjero, la instalación de grandes empresas multinacionales, etc. Al mismo tiempo, España recibía las divisas que aportaban turistas y emigrantes, con las que hizo frente a la compra de petróleo, a la importación de bienes industriales y a la nivelación de la balanza de pagos.

El estado puso en funcionamiento los planes de desarrollo y una política regional basada en los polos de desarrollo, entre los que destacaron los de Huelva, Córdoba, Granada, Burgos.

A pesar de que los planes de desarrollo no dieron los resultados previstos, se consiguieron objetivos muy importantes, el más notorio de los cuales, sin duda, fue que el PIB alcanzó un índice de crecimiento anual en torno al 7%.

La industria española mejoró notablemente y alcanzó un alto grado de diversificación, aunque siguió acusando los efectos negativos de la gran dependencia tecnológica, de las importaciones y de una inadecuada estructura empresarial.

El desarrollo industrial de los años 1960 se localizó en las regiones que tenían mayor tradición industrial y en sus áreas adyacentes, lo cual generó una dicotomía entre los tres espacios más industrializados (Cataluña, País Vasco y Madrid), que concentraron casi las tres cuartas partes de las inversiones multinacionales y del empleo recién creado, y, por otra parte, la Meseta, Galicia, Extremadura y Andalucía, lo que hizo que aumentaran las diferencias entre regiones ricas y pobres e incidió en los procesos demográficos de emigración y de éxodo rural que vivió la población española y que vinieron a incrementar aún más los propios desequilibrios territoriales.

Crisis y reestructuración de la industria española.

La crisis de la industria que afectó al mundo occidental a partir de 1973 también afectó a España. Las causas de dicha crisis, en lo que a España se refiere, pueden catalogarse de externas, es decir, ajenas a la industria, e internas, o relacionadas con las características de la misma.

Respecto a las causas externas, la principal fue el encarecimiento de los precios del petróleo, cuyas consecuencias fueron gravísimas para España, debido a su dependencia energética y al incremento del consumo de petróleo. Igualmente, contribuyeron otros factores, como la mundialización de la economía, la emergencia de nuevos países industriales y el agotamiento del modelo industrial y tecnológico, que dio paso a una nueva fase (la tercera revolución industrial), caracterizada por las nuevas tecnologías y los nuevos sectores industriales (informática, electrónica, nuevos sistemas de producción, etc.).

Entre las causas internas cabe destacar la dependencia energética y tecnológica, las dimensiones inadecuadas de las plantas industriales, el endeudamiento, los desequilibrios entre sus sectores productivos y espaciales, etc. La crisis se agravó ante el retraimiento de las inversiones industriales, a la espera de la evolución política (fin del franquismo y comienzos del de la transición democrática), y la tardanza en adoptar soluciones.

Para dar respuesta a la crisis se adoptaron en 1984 disposiciones en una doble dirección: reconversión de los sectores industriales más afectados y reindustrialización, es decir, recomposición del tejido industrial en las zonas donde éste había resultado especialmente dañado.

La reconversión industrial se llevó a cabo sobre los sectores de la industria: siderurgia, construcción naval, industria textil, etc. En buena medida, afectó a las grandes empresas creadas en la etapa desarrollista, cuyo tamaño no era el apropiado para nuestras necesidades y posibilidades de exportación.

Una segunda dimensión de la reconversión fue la apuesta por los sectores más dinámicos, por lo que se puso énfasis en las industrias de automoción, en las químicas y en las agroalimentarias, con capacidad para activar otros sectores económicos, y en las actividades de alta tecnología, de gran importancia para el futuro.

Los procesos de reconversión industrial resultaron eficaces, aunque al llevarlos a la práctica desaparecieron muchos puestos de trabajo a consecuencia de las reducciones de plantilla que exigían los planes de viabilidad.

Paralelamente se procedió al desarrollo de los programas de reindustrialización, para lo que se crearon las Zonas de Urgente Reindustrialización (ZUR). Se pretendía recomponer el tejido industrial sobre las bases de la modernización tecnológica y de la implantación de nuevas actividades de futuro.

A partir de 1991 asistimos a una nueva reconversión industrial, impuesta por Europa, y actualmente, pasamos por otra crisis económica y financiera de alcance mundial, que afecta a todos los sectores, en particular al industrial, y en la que se habrá de tomar nuevas medidas para su pronta superación.

3.-Distribución territorial de la industria en España: las áreas industriales.
El nuevo mapa industrial de España es reflejo de la trayectoria seguida en las diferentes épocas y en los recientes procesos de ocupación del espacio. En él se advierten, entre otras cosas, las siguientes características:

1) Consolidación de Madrid y Barcelona como centros de la industria Española. Sus respectivas áreas metropolitanas han consolidado una potente y diversificada industria que en los últimos años ha experimentado dos tendencias de signo contrario: por una parte, la crisis y la reconversión de importantes sectores industriales y, por otra, la revitalización de sus tejidos industriales a partir de la instalación de establecimientos dinámicos y de sectores de alta tecnología.

2) Declive de los espacios tradicionales, particularmente los situados en la cornisa cantábrica, que se hallan en proceso de mutación y retroceso, a consecuencia de la crisis que afectó a los sectores de su industria (metalurgia, petroquímica, naval). El declive ha afectado a Asturias, a Cantabria y, con especial intensidad, al País Vasco. Asimismo, esta situación ha influido en áreas del interior, tributarias de algunos de los sectores antes mencionados (Puertollano, en Ciudad Real; Ferrol, en A Coruña; la bahía de Cádiz, etc.).

3) Espacios industriales en expansión, entre los que destacamos las áreas periurbanas y los ejes de desarrollo.

En numerosas ciudades españolas se han consolidado áreas periurbanas de gran importancia industrial, al amparo de la proximidad a los centros urbanos, la accesibilidad a los mercados y a los centros de distribución, las facilidades de instalación, de suelo industrial, la situación estratégica de las vías de comunicación, etc. Estas instalaciones concentran industrias diversas y de variado tamaño y que suponen un espacio de transición entre la ciudad y el espacio rural.

Los ejes de desarrollo más dinámicos son: el eje del Ebro aprovecha los beneficios geográficos de su situación entre el País Vasco y Cataluña, y la accesibilidad a la Meseta desde el valle del Ebro. El eje Mediterráneo se extiende desde Girona hasta Murcia y acoge una industria muy diversificada que se beneficia del mercado que le proporciona la altas densidades de población en el litoral. Además de estos dos ejes, hay otros interiores, igualmente dinámicos, como el del Henares, que se extiende desde Madrid hacia el norte. En cuanto a los ejes regionales secundarios, son buenos ejemplos los de Ferrol-Vigo, Palencia-Valladolid, del Guadalquivir, etc.

A parte de estos ejes, hay que destacar como espacios industriales en expansión numerosos núcleos urbanos de tamaño pequeño o medio que aprovechan los recursos endógenos para su desarrollo industrial.

4) Los espacios de industrialización escasa: Distinguimos en primer lugar, los espacios que fueron objeto de la industrialización inducida y que dieron lugar a importantes núcleos industriales, como Zaragoza, Valladolid, Burgos y Huelva-Cádiz-Sevilla; en segundo lugar destacamos una serie de espacios, como Castilla-La Mancha o Extremadura de manifiesta escasez industrial debido a su baja densidad de población y a la ausencia de tradición industrial.

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