Aula. Curso: 1º Año polimodal. Eje 1




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Funciones del coro en la tragedia griega



El coro en la tragedia griega actuaba como intermediario. Los coros se involucraban en la acción, sus cantos eran importantes y explicaban a menudo el significado de los acontecimientos que precedían a la acción.

El coro normalmente iba vestido de negro, se encontraba junto a la orquesta y acompañaba a la escena.
Sobre héroes y dioses.
Para poder entender la tragedia es necesario saber que la tragedia tiene como tema permanente el castigo de culpas humanas y éstas son concebidas como pecados. El acto pecaminoso es la soberbia o exceso (hybris) que lleva al hombre a cometer actos no permitidos por el destino, en la creencia de que puede realizarlos sin recibir el castigo de la justicia. En efecto, todo hombre, al nacer, recibe su porción de existencia o destino (moira) de acuerdo con la cual debe vivir. Todo intento de hacer algo que no esté en su moira realizar es obrar contra el destino. Pero, como el hombre ignora su suerte, no puede prever el pecado hasta que lo realiza de una manera irremediable, en medio de una ceguera, propiciada, en ocasiones, por los mismos dioses. El pecado es, por consiguiente, fruto de inmoderación del hombre; en otras oportunidades, resulta del conflicto entre la pasión arrebatada y la razón moderadora; a veces, el hombre es advertido de que puede pecar, pero arrastrado por su soberbia más allá de lo lícito, no hace caso de las advertencias de los dioses; finalmente, el hombre puede ser inocente y ser arrastrado al pecado por dioses que quieren castigar, en él, pecados de los antepasados. Por lo tanto, con esto, el poeta consigue crear en el espectador el temor y el pudor. Temor ante lo sagrado como miedo de contrariar con sus actos la voluntad inquebrantable de los dioses, empeñada en mantener el orden en el mundo. Este temor engendra el pudor, que debe ser entendido corno respeto por lo divino.

La acción trágica se caracteriza por la existencia de la peripecia. Aristóteles la define como la "inversión de las cosas en sentido contrario"; con esto quiere decir que un rasgo de la tragedia es el cambio de suerte, de destino, de ideas, de fortuna del protagonista o héroe trágico. ¿Por qué se produce esta inversión? ¿Quién la determina? La respuesta es de carácter teológico: quienes determinan la inversión de los sucesos son los dioses o, de una manera más absoluta, el destino. Y la razón por la cual el pensamiento o los actos del héroe son invertidos en su perjuicio es que éstos han sido pensados o realizados contra el destino. Finalmente, esta inversión tiene el carácter de un castigo. Como los actos o el pensamiento de un héroe constituyen una violación del orden establecido, la desgracia que recae sobre sus hechos y sobre su persona es concebida como el castigo por su impiedad.

Este proceso que hemos señalado anteriormente con respecto al personaje trágico, que pasa de la buena a la mala fortuna, está en función directa con el efecto psicológico que la tragedia aspira a provocar en el espectador. En este sentido, el primer efecto es la simpatía (sympatheia -sufrir con, identificarse con-) por el héroe, que el poeta robustece asignándole una suma de virtudes, especialmente la de salvador o benefactor de la ciudad. Por esto, moralmente, Aristóteles señala que el héroe no debe ser rematadamente perverso ni excelente, ya que el castigo del primero no causa impresión por lo merecido, en tanto que la peripecia del segundo provoca compasión y no sentimiento de justicia. Psicológicamente, pues, el héroe debe ser vulnerable: debe haber en él una disposición al error, que lo haga pecar siendo bueno, pero sin llegar a señalarlo como perverso, ya que su castigo tiene que conmover al espectador. Esta modificación en la fortuna del personaje, dijimos, provoca una inversión psicológica en el espectador cuando sus sentimientos son conturbados por ella. A la simpatía inicial por el héroe le sucede el temor que provocan sus acciones pecaminosas y la posibilidad de ser castigado por los dioses; luego, al término de la pieza, la compasión por sus desgracias parece como sentimiento dominante. Pero el poeta trágico no se queda en esta simple evolución afectiva sino que la emplea en beneficio de la enseñanza que quiere brindar: el momento decisivo de la tragedia está en la anagnórisis o reconocimiento de los errores cometidos, además de asumir la responsabilidad que le corresponde. Los actos pecaminosos de los hombres se proyectan, de modo inmediato, sobre la ciudad en que viven.

Es la polis la que se perjudica y por eso hay una significación política de la tragedia. En este sentido recordemos que las instituciones de la ciudad no sólo garantizan al ciudadano una administración de la cosa pública, sino, fundamentalmente, el respeto de los -sus- derechos. El Estado mantiene la intangibilidad de la ley sosteniendo la armonía del cosmos político. La eunomía (buen gobierno) se asegura por el respeto a la ley, que no es sólo para las leyes, no escritas, de los dioses, cuya semejanza han surgido aquellas. Si la vida diaria puede mostrar al hombre ejemplos de individuos que han escapado del poder de la justicia luego de violar la ley, la tragedia enseña al ciudadano que la ley es inviolable y que si alguno escapa de la sanción de la ciudad, no así de la de los dioses. Existe interés político en que el hombre aprenda que toda culpa se expía sobre la tierra. El orden de la polis que él integra no puede ser quebrantado impunemente porque forma parte de la armonía universal.
Un hombre, todos los hombres.
La tragedia es ante todo, una lucha. De esos adversarios, uno es el héroe trágico, el protagonista, quien puede enfrentarse con lo cósmico o con los principios de la existencia histórica, o puede enfrentarse con los dioses. Lo curioso es el desenlace: en cualquier enfrentamiento se interpreta que el que fracasa es el culpable, no así en la tragedia griega, donde el triunfo está en el que sucumbe, es decir, se triunfa en el fracaso. ¿Por qué? Porque lo que triunfa es lo universal, el orden cósmico, el orden moral. El hombre trágico no es aquel que simplemente sufre lo espeluznante, sino el que sabe el porqué. Y no sólo lo sabe, sino que su alma cae en el más elocuente desgarramiento. El espectador se compadece, la tragedia se reviste de humanidad, porque desde el dolor se le dice al hombre: "eso eres tú". Su pequeñez -nuestra pequeñez- se revela en el dolor y en la acción trágica. Su grandeza -nuestra grandeza- se revela en nuestro sacrificio en pos del orden universal, del orden moral.

El héroe dramático no es sólo un hombre particular, sino el hombre, a través del cual el espectador descubre la esencia misma de lo humano, su propia esencia, su condición; el espectador ve en este hombre una nueva recreación del mito de la caída, pero también la esperanza del reconocimiento de las propias limitaciones ante el poder absoluto de la divinidad (sophrosyne).
Antígona y su pre-historia o quién es quién
El mejor "archivo familiar" lo encontramos en la reconstrucción de varias tragedias, no todas del mismo autor.

Pesa sobre los descendientes de Lábdaco, los Labdácidas, una maldición. Layo, rey de Tebas, al consultar el oráculo, sabe que el hijo que espera su mujer, Yocasta, lo matará. Para evitarlo, no bien nace el niño, cometen un filicidio: mandan matarlo. El encargado de arrojar al pequeño desde lo alto de un monte se apiada de él y lo cede a un pastor de Corinto recomendándole que nunca permita que ese niño vuelva a Tebas, pues está condenado a morir. El pastor de Corinto, sabiendo que Pólibo y Mérope, reyes de esta ciudad, son estériles, decide llevárselo. Así, Edipo será criado como digno hijo de reyes sin saber que, estos padres no son sus padres verdaderos. Siendo Edipo ya adulto, consulta el oráculo, y como los dioses no mienten ni cambian de opinión, Edipo escucha el mismo mensaje: matará a su padre. Edipo, que ama a Pólibo y, por supuesto, no desea matarlo ni siquiera accidentalmente, huye de Corinto para eludir el oráculo. En un cruce de caminos se encuentra con la comitiva real de Layo, con quien lucha -al igual que con su comitiva- y a quien mata. Tiempo después, al llegar a Tebas, ve una esfinge colocada por los dioses a las puertas de la ciudad. Esa esfinge presenta un enigma dispuesto a ser dilucidado por cualquier varón que se arriesgue a las consecuencias de su fracaso: ser devorado por ella. Si, por el contrario, acierta, será recompensado con el trono de Tebas y el matrimonio con Yocasta, la reina viuda. Edipo acierta y obtiene su premio: se casa con Yocasta, su madre, sin que ninguno de los dos intuya el vínculo que verdaderamente los une. Ellos tendrán cuatro hijos: Polinices, Etéocles, Antígona e Ismena, además de un reinado próspero.

A partir de aquí y con una terrible peste que devasta la ciudad de Tebas, sigue la historia de Edipo en la tragedia que lleva su nombre, Edipo Rey.

Ésta continúa en otra tragedia Edipo en Colona. Ciego y andrajoso, Edipo es guiado por su hija Antígona hacia un lugar en que según los oráculos deberá morir, además de augurarle que la tierra donde él muera será feliz y estará protegida de sus enemigos. Creonte quiere asegurarse esta felicidad para Tebas y pretende llevarse a Edipo. El pueblo de Colona, representado por el coro, defiende la voluntad de Edipo. Polinices también quiere llevarse a su padre, pues piensa que lo ayudará a recuperar el trono usurpado por su hermano Etéocles. Edipo no accede y, reconciliado consigo mismo y con los dioses, se prepara para morir en Colona, ciudad ateniense.

La lucha entre los hijos varones de Edipo y Yocasta está desarrollada en una tragedia de Esquilo, Los siete contra Tebas, tercera de una trilogía formada por Layo, en primer término y Edipo en segundo lugar.

Según Los siete contra Tebas, Etéocles es el rey de Tebas y mortal enemigo de su hermano Polinices. Estos dos, al igual que sus hermanas, serán víctimas también de la maldición que pesa sobre los Labdácidas. Polinices, de acuerdo con el rey de Argos, Adrasto, marcha contra Tebas. La tragedia comienza cuando el ejército de Argos -seis guerreros, además de Polinices- está instalado en plan de combate a las puertas de Tebas. Un emisario le dice a Etéocles el nombre de los siete guerreros, y vuelve con los nombres de los guerreros tebanos que se confrontarán con los argivos; contra Polinices se enfrentará el mismo Etéocles. Así se disputarán la herencia paterna. La muerte de ambos hermanos es narrada por un mensajero. Termina la obra con la decisión de los magistrados tebanos de no dar sepultura a Polinices, mientras entierran con todos los honores a Etéocles. Ante esta decisión se rebela Antígona, y mientras Ismena acompaña a su hermano Etéocles, Antígona acompaña a Polinices.

Sófocles retorna esta historia desde el momento en que Creonte asume el reinado de Tebas y la enfoca desde el personaje de Antígona en la tragedia que lleva su nombre.
Los trágicos más importantes
Los destacados autores que impulsaron un excepcional desarrollo de la tragedia fueron Esquilo, Sófocles y Eurípides (siglo V a.C.).

El poeta Esquilo (segunda mitad del siglo VI a. C.) fue durante un tiempo el maestro indiscutido de la escena ateniense. introdujo algunas innovaciones que consolidaron la tragedia. Incorporó un segundo actor y disminuyó el protagonismo del coro con lo que adquirió mayor importancia la parte dialogada. Los temas de sus tragedias se centraban en las relaciones de los seres humanos con los dioses y en las nociones de culpa, castigo y desmesura (la hybris griega). Entre las que han llegado hasta hoy, las más conocidas son Prometeo encadenado y la Orestiada.

El segundo de los grandes trágicos griegos fue Sófocles (siglo V a.C.) Tuvo una excelente formación literaria; fue un hombre de muy buena presencia, diestro en atletismo y destacado en declamación y canto. Encarna la mentalidad progresista y el creciente individualismo que se expande en el siglo V. La admirable construcción de sus tramas y la manera en que sus temas y personajes (tan parecidos y tan cercanos a nosotros por su humanidad) despertaban al mismo tiempo piedad y temor, llevaron a Aristóteles y a otros críticos griegos a considerarlo como el mejor autor de tragedias.

Entre las innovaciones que señalan la evolución de la técnica dramática, puede mencionarse: la incorporación de la escenografía y de un tercer actor lo que permitió ahondar en la psicología de sus personajes; la reducción de la participación del coro, al que limitó a presenciar los acontecimientos y a comentarios con ecuanimidad. Su Edipo rey constituye el ejemplo más perfecto del género trágico.

De las más de cien obras que escribió Sófocles, sólo se conservan siete tragedias, una obra satírica y más de mil traqrnentos.

Eurípides, coetáneo de Sófocles, fue el tercer gran autor de teatro. Escribió cerca de 92 obras, de las que se conservan 17 tragedias y una obra satírica completa, Los cíc/opes. Denunció con singular valentía los múltiples prejuicios que existían en la sociedad ateniense, lo que le valió el repudio del sector más conservador pero el aplauso de los jóvenes que lo consideraban un representante de sus ideales. Sus personajes, conflictivos pero vitalmente humanos, presentan una sólida estructura psicológica por lo que es considerado más realista que sus predecesores. Para algunos críticos es el dramaturgo griego más moderno. Entre sus obras principales sobresale Medea, cuya protagonista es una mujer de vigoroso temperamento y gran inteligencia que se convierte en asesina debido al trato injusto que recibe.





Esquilo

Sófocles

Eurípides


Los temas tratados son:


Tradicionales y religiosos


Tradicionales, sociales y religiosos.


Los personajes son:

Heroicos, con condiciones sobrehumanas, que progresivamente se vuelven más realistas.


Hombres comunes

Gobierna a los personajes


La justicia inexorable


La fatalidad


La pasión

El conflicto se da entre:


El hombre y las leyes divinas

El hombre y sus pasiones

Aspectos religiosos:

  • Zeus justiciero como cabeza de dioses que se comportan como tales.

  • No hay evolución religiosa.

  • Los dioses a veces se equivocan

  • Evolución:

  1. Se sostiene que “la mejor suerte es no nacer”

  2. El hombre se transforma en dios.

  • Los dioses tienen iguales o peores defectos que los hombres:

  1. Son mentirosos

  2. Llevan a la muerte

  • No cree en los dioses.

Ambos autores creen y explican el sentido de la religión

Prevalece

Lo moral- lo religioso

Lo psicológico.

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