Aula. Curso: 1º Año polimodal. Eje 1




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- Pero estaba herido, alegó Boxer. Todos lo vimos sangrando.

- ¡Eso era parte del acuerdo!, gritó Squealer. El tiro de Jones solamente lo rasguñó. Yo os podría mostrar esto, escrito de su puño y letra, si vosotros pudierais leerlo. El plan era que Snowball, en el momento crítico, diera la señal para la fuga dejando el campo en poder del enemigo. Y casi lo consigue. Diré más, camaradas: lo hubiera logrado a no ser por nuestro heroico líder, el camarada Napoleón. ¿Recordáis cómo, justo en el momento que Jones y sus hombres llegaron al patio, Snowballrepentinamente se volvió y huyó, y muchos animales lo siguieron? ¿Y recordáis también que justamenteen ese momento, cuando cundía el pánico y parecía que estaba todo perdido, el camarada Napoleón

saltó hacia delante con el grito "¡Muera la Humanidad!", y hundió sus dientes en la pierna de Jones? Seguramente os acordáis de eso, camaradas, exclamó Squealer, saltando de lado a lado.

Como Squealer describió la escena tan gráficamente, les pareció a los animales que lo recordaban. De cualquier modo, sabían que en el momento crítico de la batalla se había vuelto para huir. Pero Boxeraún estaba algo indeciso.

- Yo no creo que Snowball fuera un traidor al comienzo, dijo finalmente. Lo que ha hecho desde entonces es distinto. Pero yo creo que en la Batalla del Establo de las Vacas él fue un buen camarada.

- Nuestro líder, el camarada Napoleón, anunció Squealer, hablando lentamente y con firmeza, ha manifestado categóricamente, camaradas, que Snowball fue agente de Jones desde el mismo comienzo; sí, y desde mucho antes que se pensara siquiera en la Rebelión.

- ¡Ah, eso es distinto!, gritó Boxer. Si el camarada Napoleón lo dice, debe ser así.

- ¡Ese es el verdadero espíritu, camarada! gritó Squealer, pero se notó que lanzó a Boxer una mirada

maligna con sus relampagueantes ojillos. Se volvió para irse, luego se detuvo y agregó en forma impresionante: Yo le advierto a todo animal de esta granja que tenga los ojos bien abiertos, ¡porque tenemos motivos para creer que algunos agentes secretos de Snowball están al acecho entre nosotros

en este momento!

Cuatro días después, al atardecer, Napoleón ordenó a los animales que se congregaran en el patio.Cuando estuvieron todos reunidos, Napoleón salió de la casa, luciendo sus dos medallas (porque recientemente se había nombrado él mismo Héroe Animal, primer grado y Héroe Animal, segundo grado), con sus nueve enormes perros brincando alrededor, y emitiendo gruñidos que produjeron escalofríos a los animales. Todos ellos se recogieron silenciosamente en sus lugares, pareciendo saber de antemano que iba a ocurrir algo terrible.

Napoleón se quedó observando severamente a su auditorio; luego emitió un gruñido agudo. Inmediatamente los perros saltaron hacia delante, agarraron a cuatro de los cerdos por las orejas y losarrastraron, chillando de dolor y terror, hasta los pies de Napoleón. Las orejas de los cerdos estaban sangrando; los perros habían probado sangre y por unos instantes parecían enloquecidos. Ante el asombro de todos, tres de ellos se abalanzaron sobre Boxer. Este los vio venir y estiró su enorme pata, paró a uno en el aire y lo aplastó contra el suelo. El perro chilló pidiendo misericordia y los otros dos huyeron con el rabo entre las piernas. Boxer miró a Napoleón para saber si debía aplastar al perro matándolo o si debía soltarlo. Napoleón pareció cambiar de semblante y le ordenó bruscamente que soltara al perro, con lo cual Boxer levantó su pata y el can huyó magullado y gimiendo.

Pronto cesó el tumulto. Los cuatro cerdos esperaban temblando y con la culpabilidad escrita en cadasurco de sus semblantes. Napoleón les exigió que confesaran sus crímenes. Eran los mismos cuatro cerdos que habían protestado cuando Napoleón abolió las reuniones de los domingos. Sin otra exigencia, confesaron que habían estado clandestinamente en contacto con Snowball desde su expulsión, habían colaborado con él en la destrucción del molino y convinieron en entregar Granja Animal al señor Frederick. Agregaron que Snowball había admitido, en confianza, que él era agente secreto del señor Jones desde muchos años atrás. Cuando terminaron su confesión, los perros, sin perder tiempo, les desgarraron las gargantas y con voz terrible, Napoleón preguntó si algún otro animal tenía algo que confesar.

Las tres gallinas, que fueron las cabecillas del conato de rebelión por los huevos, se adelantaron y declararon que Snowball se les había aparecido en un sueño, incitándolas a desobedecer las órdenes deNapoleón. También ellas fueron destrozadas. Luego un ganso se adelantó confesando que ocultó seis espigas de maíz durante la cosecha del año anterior y que se las había comido de noche. Luego una oveja admitió que hizo aguas en el bebedero, instigada a hacerlo, dijo ella, por Snowball y otras dos ovejas confesaron que asesinaron a un viejo carnero, muy adicto a Napoleón, persiguiéndole alrededor de una fogata cuando tosía. Todos ellos fueron ejecutados allí mismo. Y así continuó la serie de confesiones y ejecuciones, hasta que una pila de cadáveres yacía a los pies de Napoleón y el aire estaba impregnado con el olor de la sangre, lo cual era desconocido desde la expulsión de Jones.

Cuando terminó esto, los animales restantes, exceptuando los cerdos y los perros, se alejaron juntos.Estaban estremecidos y se sentían desdichados. No sabían qué era más espantoso: si la traición de los animales que se conjuraron con Snowball o la cruel represión que acababan de presenciar. Antaño

hubo muchas veces escenas de matanza igualmente terribles, pero a todos les parecía mucho peor ahora, al suceder esto entre ellos mismos. Desde que Jones había abandonado la granja, ningún animal mató a otro animal. Ni siquiera un ratón. Llegaron a la pequeña loma donde estaba el molino semiconstruido y, de común acuerdo, se recostaron todos como si se agruparan para calentarse: Clover,

Muriel, Benjamín, las vacas, las ovejas y toda una bandada de gansos y gallinas: todos, en verdad, exceptuando el gato, que había desaparecido repentinamente justo antes de que Napoleón ordenara a los animales que se reunieran. Durante algún tiempo nadie habló. Únicamente Boxer permanecía de pie. Se movía impaciente de un lado para otro, golpeando su larga cola negra contra los costados y emitiendo de cuando en cuando un pequeño relincho de extrañeza. Finalmente, dijo: “No comprendo.

Yo no hubiera creído que tales cosas pudieran ocurrir en nuestra granja. Eso se debe seguramente aalgún defecto nuestro. La solución, como yo la veo, es trabajar más fuerte. Desde ahora me levantaré una hora más temprano todas las mañanas”. Y se alejó con su trote pesado en dirección a la cantera. Una vez allí, juntó dos carradas de piedras y las arrastró hasta el molino antes de acostarse.

Los animales se acurrucaron alrededor de Clover, sin hablar. La loma donde estaban acostados lesofrecía una amplia perspectiva a través de la campiña. La mayor parte de Granja Animal estaba a la

vista: la larga pradera, que se extendía hasta la carretera, el campo de heno, el bebedero, los camposarados donde se erguía el trigo nuevo, tupido y verde y los techos rojos de los edificios de la granja con el humo elevándose sinuosamente de sus chimeneas. Era un claro atardecer primaveral. El pasto y los cercos florecientes estaban dorados por los rayos del sol poniente. Nunca había parecido lagranja, y con cierta sorpresa se acordaron que era su propia granja, cada pulgada era de su propiedad, un lugar tan codiciado. Mientras Clover miraba barranco abajo, se le llenaron los ojos de lágrimas. Si ella hubiera podido expresar sus pensamientos, hubiera sido para decir que a eso no era a lo que aspiraban cuando emprendieron, años atrás, el derrocamiento de la raza humana. Esas escenas de terror y matanza no eran lo que ellos soñaron aquella noche cuando el Viejo Mayor, por primera vez, los incitó a rebelarse. Si ella misma hubiera concebido un cuadro del futuro, habría sido el de una sociedad de animales liberados del hambre y del látigo, todos iguales, cada uno trabajando de acuerdo con su capacidad; el fuerte protegiendo al débil, como ella protegiera a esos patitos perdidos con su pata delantera la noche del discurso de Mayor. En su lugar, ella no sabía por qué habían llegado a un estado tal que nadie se atrevía a decir lo que pensaba, en el que perros feroces y gruñones merodeaban por doquier y donde uno tenía que ver cómo sus camaradas eran despedazados después de confesarse autores de crímenes horribles. No había intención de rebeldía o desobediencia en su mente.

Ella sabía que, aun como se presentaban las cosas estaban mucho mejor que en los días de Jones yque, ante todo, era necesario evitar el regreso de los seres humanos. Sucediera lo que sucediera permanecería leal, trabajaría fuerte, cumpliría las órdenes que le dieran y aceptaría las directivas deNapoleón. Pero aun así, no era eso lo que ella y los demás animales, añoraran y para lo que trabajaran tanto. No era para eso que construyeron el molino ni hicieron frente a las balas de Jones. Tales eran

sus pensamientos, aunque le faltaban palabras para expresarlos.

Al final, presintiendo que eso sería en cierta forma un sustituto para las palabras que ella no podíaencontrar, empezó a cantar Bestias de Inglaterra. Los demás animales, alrededor, la imitaron y cantaron tres veces, con mucho sufrimiento, lenta y tristemente, como nunca lo hicieran.

Apenas habían terminado de repetirlo por tercera vez cuando se acercó Squealer, acompañado de dosperros, con el aire de quien tiene algo importante que decir. Anunció que por un decreto especial del camarada Napoleón se había abolido Bestias de Inglaterra. Desde ese momento quedaba prohibido

cantar dicha canción.

Los animales quedaron asombrados.

- ¿Por qué? gritó Muriel.

- Ya no hace falta, camarada, dijo Squealer secamente. Bestias de Inglaterra fue el canto de la Rebelión. Pero la Rebelión ya ha terminado. La ejecución de los traidores esta tarde fue el acto final. El

enemigo, tanto exterior como interior, ha sido vencido. En Bestias de Inglaterra nosotros expresamos nuestras ansias por una sociedad mejor en lo futuro. Pero esa sociedad ya ha sido establecida. Realmente esta canción ya no tiene objeto.

Aunque estaban asustados, algunos de los animales hubieran protestado, pero en ese momento lasovejas comenzaron su acostumbrado balido de "Cuatro patas sí, dos pies no", que duró varios minutos y puso fin a la discusión. Y de esa forma no se escuchó más Bestias de Inglaterra. En su lugar Mínimus, el poeta, había compuesto otra canción que comenzaba así:

Granja Animal, Granja Animal

¡Nunca por mí sufrirás algún mal!

y esto se cantó todos los domingos por la mañana después de izarse la bandera. Pero, por algún motivo, a los animales les pareció que ni la letra ni la música estaban a la altura de Bestias de Inglaterra.
Capítulo VIII

Algunos días más tarde, cuando ya había desaparecido el terror producido por las ejecuciones, algunos animales recordaron, o creyeron recordar, que el Sexto Mandamiento decretaba: Ningún animalmatará a otro animal. Y aunque nadie quiso mencionarlo al alcance del oído de los cerdos o, de los perros, existía la sensación que las matanzas que habían tenido lugar no concordaban con aquello. Clover pidió a Benjamín que le leyera el Sexto Mandamiento, y cuando Benjamín, como de costumbre, dijo que se negaba a entremeterse en esos asuntos, ella instó a Muriel. Muriel le leyó el Mandamiento. Decía así: Ningún animal matará a otro animal "sin motivo". Por una razón u otra, las dos últimas palabras se les habían ido de la memoria a los animales. Pero comprobaron que el Mandamiento no fue violado; porque, evidentemente, hubo buen motivo para matar a los traidores que se aliaron con Snowball.

Durante ese año los animales trabajaron aún más duro que el año anterior. Reconstruir el molino, con paredes dos veces más gruesas que antes, y concluirlo para una fecha determinada, además del trabajo en la granja, era una tarea tremenda. A veces les parecía que trabajaban más horas y no comían mejor que en la época de Jones. Los domingos por la mañana Squealer, sujetando un papel largo con una pata, les leía listas de cifras demostrando que la producción de toda clase de víveres había aumentado en un doscientos por ciento, trescientos por ciento o quinientos por ciento, según el caso.

Los animales no vieron motivo para no creerle, especialmente porque no podían recordar con claridad cómo eran las cosas antes de la Rebelión. Aun así, preferían a veces contar con menos cifras y

más comida.

Todas las órdenes eran emitidas por intermedio de Squealer o uno de los otros cerdos. Napoleón

mismo no era visto en público, sino, cuando mucho, una vez cada quince días. Cuando aparecía estaba acompañado no solamente por su comitiva de perros, sino también por un gallo negro que marchaba delante y actuaba como una especie de trompetero, dejando oír un sonoro cacareo antes que hablara Napoleón. Hasta en la casa, se decía, Napoleón ocupaba aposentos separados de los demás.

Comía solo, con dos perros para servirlo, y siempre utilizaba la vajilla que había estado en la vitrinade cristal de la sala. También se anunció que la escopeta sería disparada todos los años en el cumpleaños de Napoleón, igual que en los otros dos aniversarios. Napoleón no era ya mencionado simplemente como "Napoleón". Se le nombraba siempre en forma ceremoniosa como "nuestro líder, camarada Napoleón", y a los cerdos les gustaba inventar para éltítulos como "Padre de todos los animales", "Terror de la humanidad", "Protector del rebaño de ovejas", "Amigo de los patitos", y otros por el estilo. En sus discursos,Squealer hablaba, con lágrimas que rodaban por sus mejillas, de la sabiduría de Napoleón, la bondad de su corazón y el profundo amor que sentía por todos los animales en todas partes, especialmente por las desdichadas bestias que aún vivían en la ignorancia y la esclavitud en otras granjas. Se había hecho costumbre atribuir a Napoleón toda proeza afortunada y todo golpe de suerte. A menudo se oía que una gallina le decía a otra: "Bajo la dirección de nuestro líder, camarada Napoleón, yo he puesto cinco huevos en seis días", o dos vacas, mientras saboreaban el agua del bebedero, solían exclamar: "Gracias a nuestro líder, camarada Napoleón, ¡qué rico sabor tiene esta agua!" El sentimiento general de la granja estaba bien expresado en un poema titulado Camarada Napoleón, escrito por Mínimus, y que decía así:

¡Amigo de los huérfanos y del desheredado!

¡Señor de la pitanza, que enciendes de pasión

mi alma cuando posas, imponente y airado

como el sol, tu mirada, en el cielo azulado

¡valiente camarada, glorioso Napoleón!

Dador de lo que aspiran tus dóciles criaturas,

la barriga repleta, paja para el colchón,

y sueño descansado, sin dolor ni amarguras,

gracias a tus desvelos y propias desventuras

¡valiente camarada, glorioso Napoleón!

El hijo que tuviera, si Dios me diera un hijo

apenas chiquitito, antes de ser lechón

con lealtad a quererte le enseñaré, de fijo,

y a chillarte entusiasta, mi tierno cachorrito:

¡Valiente camarada, glorioso Napoleón!

Napoleón aprobó este poema y lo hizo inscribir en la pared del granero principal, en el extremoopuesto a los Siete Mandamientos. Sobre el mismo había un retrato de Napoleón, de perfil, pintado

por Squealer con pintura blanca.

Mientras tanto, por intermedio de Whymper, Napoleón estaba ocupado en negociaciones complicadas con Frederick y Pilkington. La pila de madera aún estaba sin vender. De los dos, Frederick era elque estaba más ansioso por obtenerla, pero no quería ofrecer un precio razonable. Al mismo tiempo corrían rumores insistentes de que Frederick y sus hombres estaban conspirando para atacar Granja Animal y destruir el molino, cuya construcción había provocado en él una envidia furiosa. Se sabía que Snowball aún estaba al acecho en la Granja Pinchfield. A mediados del verano los animales se alarmaron al oír que tres gallinas confesaron haber tramado, inspiradas porSnowball, un complot para asesinar a Napoleón. Fueron ejecutadas inmediatamente y se tomaron nuevas precauciones para la seguridad de Napoleón. Cuatro perros cuidaban su cama durante la noche, uno en cada esquina, y un
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