Anthony Weston Las Claves de la Argumentación




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ARGUMENTOS MEDIANTE EJEMPLOS



Los argumentos mediante ejemplos ofrecen uno o más ejemplos específicos en apoyo de una generalización.
En épocas pasadas, las mujeres se casaban muy jóvenes. Julieta, en Romeo y Julieta de Shakespeare, aun no tenía catorce años. En la Edad Media, la edad normal del matrimonio para las jóvenes judías era de trece años. Y durante el Imperio romano muchas mujeres romanas contraían matrimonio a los trece años, o incluso más jóvenes.
Este argumento generaliza a partir de tres ejem­plos —Julieta, las mujeres judías en la Edad Media y las mujeres romanas durante el Imperio romano— a muchas o a la mayoría de las mujeres de épocas pa­sadas. Para ver la forma de este argumento con mayor claridad, podemos enumerar las premisas de forma separada, con la conclusión en la «línea final».
Julieta, en la obra de Shakespeare, aun no tenía catorce años.
Las mujeres judías, durante la Edad Media, estaban casadas normalmente a los trece años.
Muchas mujeres romanas durante el Imperio romano estaban casadas a los trece años, o incluso más jóvenes.
Por lo tanto, muchas mujeres, en épocas pasadas, se casaban muy jóvenes.
A menudo escribiré argumentos cortos de esta forma, cuando ello sea necesario para ver como funcionan exactamente.
¿Cuándo premisas como estas apoyan de una manera adecuada una generalización?

Un requisito es, por supuesto, que los ejemplos sean ciertos. Recuerde la regla 3: ¡un argumento debe partir de premisas fiables! Si Julieta no tenía alrededor de catorce años, o si la mayoría de las mujeres roma­nas o judías no estaban casadas a los trece años, o in­cluso más jóvenes, entonces el argumento es mucho más débil; y si ninguna de las premisas puede sustentarse, no hay argumento. Para comprobar los ejemplos de un argumento, o para encontrar buenos ejem­plos para sus propios argumentos, posiblemente tendrá que investigar un poco.

Pero supóngase que los ejemplos son ciertos. Generalizar a partir de ellos todavía es una cuestión complicada. El capítulo II ofrece un listado corto de criterios para confrontar y evaluar argumentos I mediante ejemplos, tanto los propios como los ajenos.

8. ¿Hay más de un ejemplo?
Un ejemplo simple puede ser usado, a veces, para una ilustración. El único ejemplo de Julieta puede ilustrar los matrimonios jóvenes. Pero sólo un ejemplo no ofrece prácticamente ningún apoyo para una generali­zación. Puede ser un caso atípico, la «excepción que confirma la regla». Se necesita más de un ejemplo.
NO:
El derecho de las mujeres a votar fue ganado sólo después de una lucha.

Por lo tanto, todos los derechos de las mujeres son ganados sólo después de una lucha.
SI:
El derecho de las mujeres a votar fue ganado sólo después de una lucha. 7

El derecho de las mujeres a asistir a los colegios secundarios y a la universidad fue ganado sólo después de una lucha.

El derecho de la mujer a la igualdad de oportunidades en el trabajo esta siendo ganado sólo con la lucha.

Por lo tanto, todos los derechos de las mujeres son ganados sólo después de luchar.
En una generalización sobre un conjunto de casos relativamente pequeño, el mejor argumento examina todos, o casi todos, los ejemplos. Una generalización sobre todos los presidentes estadounidenses a partir de la segunda guerra mundial debe examinar a cada uno de ellos por separado. De igual modo, el argumento de que los derechos de las mujeres siempre han necesitado luchas debe examinar todos, o casi to­dos, los derechos importantes.

Las generalizaciones acerca de grandes conjuntos de casos requieren la selección de una «muestra». Desde luego, no podemos enumerar a todas las muje­res que en épocas anteriores contraían matrimonio jóvenes; en su lugar, nuestro argumento debe ofrecer pocas mujeres como ejemplos de las demás. Cuantos ejemplos son necesarios depende parcialmente de su representatividad, problema que recoge el apartado 9. También depende parcialmente del tamaño del conjunto acerca del cual se hace la generalización. Usualmente, los conjuntos grandes requieren más ejemplos. La afirmación de que su ciudad esta llena de personas notables requiere más pruebas que la afirmación de que sus amigos son personas notables. Según cuantos amigos tenga, dos o tres ejemplos pueden ser incluso suficientes para establecer que ellos son personas no­tables, pero a menos que su ciudad sea muy, muy pequeña, se necesitan muchos más ejemplos para mostrar que su ciudad esta llena de personas notables.

9. ¿Son representativos los ejemplos?
Incluso un gran número de ejemplos puede desfigurar el conjunto acerca del cual se hace la generalización. Un gran número de casos, exclusivamente de mujeres romanas, por ejemplo, puede decir muy poco acerca de las mujeres en general, ya que las mujeres romanas no son necesariamente representativas de las mujeres de otras partes del mundo. El argumento también necesita tomar en cuenta las mujeres de otras partes del mundo.
En mi barrio, todos apoyan a McGraw para presidente. Por lo tan to, es seguro que McGraw ganara.
Este argumento es débil porque un barrio aislado rara vez representa el voto del conjunto de la población. Un barrio acomodado puede apoyar a un candidato que es impopular en todos los demás barrios. Los distritos electorales estudiantiles en las ciudades universitarias son ganados, generalmente, por los can­didatos que obtienen resultados pobres en cualquier otro sitio. Además, rara vez tenemos pruebas fiables aun de las opiniones del barrio. El conjunto de per­sonas que ponen señales en sus verjas y adhesivos políticos en sus automóviles (y cuyos jardines son visibles desde carreteras concurridas, o conducen regularmente por, y/o estacionan sus automóviles en, lugares que llaman la atención) puede muy bien desfigurar el barrio en su conjunto.

Un buen argumento acerca de que «es seguro que McGraw ganara» requiere una muestra representativa del voto del conjunto de la población. No es fácil elaborar semejante muestra. Las encuestas de opinión pública, por ejemplo, elaboran sus muestras de una manera muy cuidadosa. Aprendieron recorriendo un duro camino. En 1936, el Literary Digest presento la primera encuesta de opinión pública a gran escala prediciendo el resultado de la contienda presidencial entre Roosevelt y Landon. Los nombres de los encuestados se tomaron, tal como se hace en la actualidad, del listin telefónico y también del registro de la propiedad del parque automóvilístico. El número de los encuestados no fue, por cierto, demasiado pequeño: se contaron más de dos millones de «votantes». La encuesta predijo una amplia victoria de Landon. Roosevelt, sin em­bargo, gano fácilmente. Retrospectivamente, es fácil ver lo que estaba equivocado. En 1936, sólo una porción selecta de la población era propietaria de teléfonos y automóviles. La muestra estaba fuertemente sesgada por los votantes urbanos y ricos, de los cuales un ma­yor porcentaje apoyaba a Landon.4

Desde entonces, las encuestas se han perfeccionado. Sin embargo, existe preocupación acerca de la representatividad de las muestras, especialmente cuando son bastante pequeñas. En la actualidad, por cierto, casi todos tienen teléfono, pero muchas personas tienen más de uno, y muchas otras lo tienen sin que su número aparezca en el listin. Algunos números telefónicos representan a una familia de votantes en su conjunto, y otros a uno sólo; algunas personas es poco probable que se encuentren en su casa para responder a la llamada telefónica de los encuestadores, etc. Aun las muestras cuidadosamente seleccionadas pueden carecer, pues, de representatividad. Muchas de las mejores encuestas, por ejemplo, calcularon mal la elección presidencial de 1980.

La representatividad de cualquier encuesta siempre es, por tanto, algo incierto. ¡Prevéngase de este peligro! Busque muestras que representen el conjunto de la po­blación acerca de la cual hace la generalización. No exa­mine sólo a sus amigos o vecinos, ni acepte los argumentos de cualquier otra persona si están basados sobre una investigación semejante. Un examen de las actitudes de los estudiantes, por ejemplo, no debe limitar la mues­tra a los estudiantes, digamos, que salen del cine los viernes por la noche. Es necesario hacer un muestreo aleatorio de los nombres de los estudiantes de la lista de estudiantes, pero aun esto puede no producir una mues­tra absolutamente representativa, porque algunos estu­diantes pueden estar muy ocupados, o demasiado desinteresados, o demasiado ofendidos para responder.

Investigue un poco. Julieta, por ejemplo, es una única mujer. ¿Es representativa, incluso, de las mujeres de su época y de su tiempo? ¡Use su biblioteca! En la obra de Shakespeare, por ejemplo, la madre de Julieta le dice:
Piensa ya en el matrimonio, otras más jóvenes que tu, aquí en Verona, señoras de gran estima, ya son madres. En lo que a mi respecta, yo era tu ma­dre ya por los mismos años en que tu ahora sigues virgen (I, III).
Este pasaje sugiere que el casamiento de Julieta a los catorce años no es excepcional; en efecto, a su edad, Julieta parece ser algo vieja a los ojos de su madre.

Cuando elabore su propio argumento, no confíe sólo en el primer ejemplo que le venga «a la cabeza». Los tipos de ejemplos en los que usted, probablemente, piensa de inmediato, es probable que estén sesgados. Una vez más, haga algunas lecturas, piense cuidadosamente en las muestras apropiadas y sea honesto buscando contraejemplos (regla 11).

10. La información de trasfondo es crucial
A menudo, necesitamos previamente una información de trasfondo para que podamos evaluar un conjunto de ejemplos.
NO:

Usted debe usar los Servicios Chapuceros. ¡Tenemos ya docenas de clientes absolutamente satisfechos en su área!
Por cierto, los Servicios Chapuceros pueden tener «docenas» de clientes «absolutamente» satisfechos en su área —aunque esta clase de afirmación se hace a menudo sin prueba alguna—, pero usted necesita considerar cuantas personas, en su área, han tratado con dichos Servicios. Si un miliar de personas han tenido trato con esos Servicios, y dos docenas de ellas están satisfechas, entonces, aunque sea verdad que hay «docenas» de clientes satisfechos, los Servicios Chapuce­ros satisfacen sólo al 2,4 % de sus clientes. Mejor inténtelo en algún otro sitio.
MEJOR:

Usted debe usar los Servicios Chapuceros; de las cuarenta personas en su área que han tratado con estos Servicios, más de dos docenas han quedado ab­solutamente satisfechas.
Aquí, al menos, puede comenzar evaluando el significado estadístico de «docenas»: los Servicios Cha­puceros parecen satisfacer, esta vez, más del 50 %. Sin embargo, el argumento todavía es inaceptablemente vago («más de» dos docenas, «absolutamente satisfechas...»), y la representatividad de las cuarenta personas que han usado dichos Servicios tampoco esta clara. Argumentos como este requieren una información cuidadosa sobre los detalles, que la publicidad rara vez ofrece:
O UNA VEZ MÁS:

El Triangulo de las Bermudas, en la zona de las Bermudas, es famoso como lugar donde han desaparecido misteriosamente muchos barcos y aviones. Sólo en las últimas décadas ha habido varias doce­nas de desapariciones.
Sin duda. Pero «varias docenas» de desaparicio­nes, ¿entre cuántos barcos y aviones que han pasado por esa zona? ¿Varias docenas, o varias decenas de miles? Si sólo han desaparecido varias docenas de en­tre —digamos— 20.000, entonces la proporción de desapariciones en el Triangulo de las Bermudas puede muy bien ser normal, o incluso inferior, y ciertamente, nada misteriosa.

Examinemos cuan a menudo, cuando compramos un automóvil o seleccionamos una escuela, estamos influidos por las informaciones de unos pocos amigos, o por una o dos experiencias personales. Que nuestra cuñada haya tenido muchos problemas con su Volvo es suficiente para que muchos de nosotros nos abstengamos de comprar un Volvo, aun cuando el Informe de los consumidores parece indicar que los Volvo son por lo general automóviles muy fiables. Damos más crédito a un ejemplo gráfico que a un cuidadoso sumario y a la comparación de miles de antecedentes de reparaciones. Richard Nisbett y Lee Ross denominaron a esto el argumento de «la persona que»5, como en los casos de «Conozco a una persona que fumaba tres paquetes de cigarrillos al día y vivio hasta los 100 años», o ,«Conozco a una persona que tuvo un Volvo que fue un autentico coche gafado». Casi siempre constituye una falacia. Como señalan Nisbett y Ross, un sólo automóvil, que se abandona porque es un coche gafado, sólo cambia la proporción de la frecuencia de reparaciones de una manera insignificante.

Para juzgar una enumeración de ejemplos, a me­nudo tenemos que examinar las proporciones subyacentes. Al revés, cuando un argumento ofrece propor­ciones o porcentajes, la información de trasfondo relevante debe incluir normalmente el número de ejem­plos. Los robos de automóviles en el campus universitario pueden haberse incrementado en un 100 %, pero si esto significa que se robaron dos automóviles en vez de uno, no ha cambiado gran cosa. Este error también es común. Supóngase que mi salario aumenta sólo el 5%, mientras el suyo lo hace en un 50%. Parece injusto. Pero si yo comienzo ganando 50.000 dólares, supongamos, y usted 5.000, entonces estoy cobrando ahora 52.500 dólares y usted 7.500; y no esta nada claro, por cierto, que yo tenga alguna razón para quejarme.

Un último ejemplo. Un articulo, que afirmaba que los Estados Unidos estaban detrás de un golpe de Estado en Brasil, sostenía que:
[...] después del golpe, las inversiones extranjeras fluyeron abundante y rápidamente en [...] Cuatro años después del golpe, el capital extranjero había asumido el control del sector privado: el 100 % de la producción de automóviles y de neumáticos, el * 90 % de la producción de cemento, el 80 % de la industria farmacéutica, el 60 % de las empresas que producen recambios para coches y más del 50 % de la producción química y de maquinaria.6
Números impresionantes. Comienzan mostrando que las inversiones extranjeras (advertencia: no específicamente estadounidenses) dominan ciertos sectores de la economía brasileña, aunque no se nos dice la importancia de cualquiera de estos sectores en la vi­sión de conjunto. Pero estos números son completamente inutiles para mostrar que «las inversiones extranjeras fluyeron rápidamente en», por la simple razón de que no ofrecieron datos previos al golpe. Sin la información de trasfondo, no hay manera de saber si el control por parte del capital extranjero del 80 % de la industria farmacéutica, por ejemplo, representa un incremento o una disminución. De acuerdo con lo que sabemos, ¡incluso las inversiones extranjeras podrían haber disminuido!

11. ¿Hay contraejemplos?
Compruebe las generalizaciones preguntando si hay contraejemplos.
La guerra del Peloponeso fue causada por el deseo de Atenas de dominar Grecia.

Las guerras napoleónicas fueron causadas por el deseo de Napoleón de dominar Europa.

Las dos guerras mundiales fueron causadas por el deseo de los fascistas de dominar Europa.

En general, entonces, las guerras son causadas por el deseo de dominación territorial.
Pero ¿todas las guerras son causadas por el deseo de dominación territorial? ¿O Quizás la generalización es demasiado amplia? En efecto, hay contraejemplos. Las revoluciones, por ejemplo, tienen causas totalmente diferentes. Lo mismo vale para las guerras civiles.

Si se le ocurren contraejemplos de una generaliza­ción que desea defender, revise su generalización. Si el argumento anterior fuera suyo, por ejemplo, puede cambiar la conclusión por: «Las guerras entre Estados independientes son causadas por el deseo de do­minación territorial.» Incluso esta generalización puede ser excesiva, pero al menos es una conclusión más defendible que la original.

Otras veces, usted puede querer cuestionar el supuesto contraejemplo. La primera guerra mundial, alguien puede objetar, no parece haber sido causada por el deseo de dominación territorial, sino por una red de pactos de defensa mutua y otras intrigas políticas, por la inquietud de las clases altas europeas, por los disturbios nacionalistas en el Este de Europa, etc. Frente a este ejemplo, por supuesto, usted puede débilitar su preten­sión todavía más, o retirarla por complete. Sin em­bargo, otra posible respuesta es argüir que el supuesto contraejemplo es, en realidad, conforme a la generali­zación. Después de todo (puede argüir): los deseos de las potencias europeas de dominar Europa motivaron los pactos de defensa mutua y otras intrigas políticas que, finalmente, abrieron el camino a la guerra. ¿Y los disturbios nacionalistas no podrían haber sido causados también por la injusta dominación que allí ocurría? Aquí, en efecto, usted trata de reinterpretar el contraejemplo como otro ejemplo más. La critica inicial a su conclusión se transforma en otro elemento de prueba en su favor. Usted puede, o no, cambiar la redacción de su conclusión; en cualquier caso, ahora comprende mejor por sí mismo su propia afirmación y esta preparado para responder a las objeciones importantes.

Trate también de pensar en contraejemplos cuando evalúe los argumentos de cualquier otra persona. Pregunte si las conclusiones de esa persona tienen que ser revisadas y limitadas, o si tienen que ser retiradas por completo, o si el supuesto contraejemplo puede ser reinterpretado como un ejemplo más. Tiene que aplicar la misma regla tanto a los argumentos de cualquier otra persona como a los propios. La única diferencia es que usted tiene la posibilidad de corregir por sí mismo su generalización excesiva.
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