La investigación acción participativa, inicios y desarrollo






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¿Qué clases de conocimiento?


Vivimos en una era donde se tiende a igualar la investigación con una sola clase de conocimiento, el que se asocia con las ciencias naturales. Este ethos permea también las discusiones metodológicas de la IAP. Al informar sobre proyectos de IAP, el énfasis casi siempre recae sobre la dimensión técnica del problema. En muchos proyectos los problemas mismos son tecnológicos en esencia, y las soluciones también se enmarcan dentro de estrechos términos técnicos. El fin de estos proyectos es producir tecnologías apropiadas con la participación de sus usuarios. En esta clase de proyectos, las personas involucradas aportan su conocimiento autóctono del problema y llegan colectivamente a una nueva solución, con la ayuda del investigador facilitador. El proceso es participativo y el conocimiento resultante es técnico en naturaleza.

Aun en proyectos que tratan de asuntos sociales, como la propiedad de la tierra (Horton) y el acceso del campesino a la tierra (Belamide), la discusión sobre el proceso y resultados de la investigación tiende a enfocarse hacia los esfuerzos por descubrir y superar aspectos estructurales de la sociedad que empobrecen y reprimen a los que no tienen poder. Los participantes en la investigación obtienen suficiente conocimiento sobre la estructura social de sus comunidades, capacitándolos para llevar a cabo acciones efectivas de tipo colectivo. Esta experiencia sin duda otorga poder tanto en el sentido psicológico de sentirse capacitado como en el político de ejercer el poder para efectuar el cambio estructural. Pero el conocimiento mediador enfatizado en estos casos es de tipo técnico que revela causas estructurales para que puedan ser rectificadas.

Sin embargo, la significación social y política de la IAP no descansa en la producción de un conocimiento técnico estrecho para el control de las realidades físicas y sociales. Los teóricos y practicantes de la IAP han utilizado términos como “dar poder”, “conciencia crítica” “transformación”, “concientización”, “diálogo”, “acción social” y otros, lo mismo que “participación”, con el fin de caracterizar distintos aspectos de la IAP. El discurso que utiliza esta clase de terminología claramente señala para la IAP dimensiones sociales y políticas, al igual que psicológicas, que no pueden ser explicadas adecuadamente dentro del contexto de producción de conocimiento orientado al control. “Empowerment, dar poder, por ejemplo, es un fin de la IAP, pero no resulta de sólo el conocimiento técnico, sino de la experiencia de participación en acciones sociales colectivas.

Es útil en este punto presentar una teoría del conocimiento que permita ver con mayor amplitud la eficiencia de la IAP. La teoría crítica de Habermas postula tres clases de conocimiento subyacentes a la conducta humana en la sociedad. Los llamaré conocimiento instrumental, interactivo y crítico, apartándome un poco de la terminología de Habermas. De acuerdo a esta teoría, las tres clases de conocimiento forman parte de la constitución cognitiva humana que hace posible que los seres humanos se relacionen con el mundo, entre sí y como una colectividad. Las tres ramas del conocimiento podrían llamarse ciencia, aunque los positivistas se han apropiado de este término, especialmente en los países de habla inglesa, para referirse exclusivamente al conocimiento instrumental.

Conocimiento instrumental.


El prototipo del conocimiento instrumental lo constituyen las ciencias naturales, desarrolladas en Occidente desde el Renacimiento. El conocimiento instrumental es útil para controlar el medio físico y social tanto en el sentido de adaptación pasiva como de manipulación activa para lograr los cambios que se busquen. Deriva su habilidad para controlar eventos externos de la estructura de sus teorías explicativas, constituidas por una serie de ecuaciones que esencialmente expresan relaciones causales (Habermas, Fay). (En la física moderna estas relacione se entienden en términos probabilísticos, pero esto no cambia su lógica). Se podría buscar el conocimiento instrumental como un fin en sí mismo, como una ciencia pura, para derivar satisfacción de la comprensión del funcionamiento de las cosas. Y ciertamente hay científicos dedicados al goce del descubrimiento por el descubrimiento en sí mismo, sin ninguna preocupación por su utilidad práctica. Sin embargo, la utilidad práctica de las ciencias naturales como sistema de pensamiento se basa en su habilidad de relacionarse instrumentalmente con objetos, y su contribución a la tecnología se debe a esta característica epistemológica; pero no pueden satisfacer otras necesidades cognitivas humanas, como la ética y la estética.

Las ciencias naturales producen conocimiento bajo el dictado metodológico que estrictamente externaliza el objeto de investigación y lo separa del sujeto investigador. (Esto ya no es estrictamente cierto en la física moderna donde la interacción entre el observador y el evento se reconoce explícitamente. Pero las ciencias sociales, modeladas sobre las ciencias naturales del siglo 19, insisten todavía en el dualismo invetigador-investigado.) Sobre esta posición metodológica se basa la exigencia de la neutralidad valorativa, que los apologistas de las ciencias naturales afirman como un elemento dogmático. Cuando se aplica: a asuntos humanos, significa una distinción categórica entre el investigador y el investigado, el uno actuando como sujeto activo, el otro como objeto pasivo sobre el cual se actúa. Reviste elementos éticos, ya que coloca a los científicos en posición superior frente a las personas que dan la información. La implicación ética es aún más grave cuando se trata de aplicar ese conocimiento ya que convierte a la gente en objetos a los que se controla.

Más aún, desde el punto de vista metodológico es cuestionable si el conocimiento instrumental de tipo social producido en condiciones antisociales puede realizar su promesa y ser útil para fines de control, aun para los fines limitados de adaptación a condiciones externas, dejando de lado el asunto de la manipulación. Esta es una cuestión de validez. El conocimiento que producen las ciencias sociales tradicionales ignorando que el ser humano obtiene conocimiento social por la interacción como miembro de la sociedad, probablemente no es válido en el sentido instrumental de ser útil en la práctica. Esta es sin duda la razón por la cual las ciencias sociales han sido tan poco exitosas en predecir y controlar los fenómenos sociales desde su inicio hace más de 150 años.

Los puntos anteriores no niegan de ningún modo la importancia del conocimiento social instrumental. Tenemos que tener conocimientos sobre la estructuración y operación del mundo social y sobre cómo sienten, piensan, actúan y se relacionan las personas unas con otras con el fin de crear las condiciones para una sociedad justa. Sin embargo, los métodos investigativos usados por las ciencias sociales tradicionales no pueden cumplir con este propósito porque no reconocen el carácter especial del conocimiento humano (Winch, Taylor). Es necesario por tanto reexaminar la base metodológica de las ciencias sociales convencionales en la búsqueda de un nuevo paradigma más acorde con los rasgos distintivos de la sociedad humana en contraposición al mundo natural (Habermas, “Scientization of Public Opinion”).

Conocimiento Interactivo


A medida que convivimos con otros seres humanos llegamos a conocerlos en un sentido interactivo. Este conocimiento no se deriva del análisis de datos sobre otros seres humanos sino de compartir juntos una vida y un mundo -hablando unos con otros, intercambiando acciones con un fondo común de experiencias, tradiciones, historia y cultura. Llegamos a comprender a una persona al combinar nuestras perspectivas individuales con el objeto de comprender las acciones y el ser del otro. Un componente de la comprensión tiene que ver con la interpretación correcta del significado de las acciones humanas. Pero la significación de la interpretación en este caso no consiste en juzgar o predecir y/o controlar las interacciones sino en hacer posible la vinculación entre seres humanos (Belenky, Mary F. et al., Women‘s Way of Knowing, pp. 112-130). Por tanto la comprensión tiene como su otro componente la empatía, que implica aprecio, aprobación y aceptación La palabra comprender en inglés (understand) tiene esta connotación y según el diccionario Webster significa “mostrar una actitud de simpatía, tolerante, indulgente hacia algo”. 1 Cuando hablamos por ejemplo de la comprensión de un ser amado a pesar de su delito, queremos decir que no sólo conocemos aquello que lo llevó a ese acto sino que continuamos con él/ella en un vinculo que no ha sido roto por esa conducta. El conocimiento interactivo hace posible la comunidad humana. Sin un depósito común de esta clase de conocimiento, no es posible formar una solidaridad social capaz de apoyo mutuo y acción común. Por el contrario, es en comunidad como llegamos a comprender a otros seres humanos. Llegamos a conocernos unos a otros como seres que sienten al compartir diariamente rutinas mundanas, visiones exaltadas, gozos, angustias, conflictos, acuerdos, luchas, éxitos. Es hablando unos con otros y haciendo cosas juntos como nos vinculamos y esta comunicación nos da una clase de conocimiento que es diferente del conocimiento controlado por la mente. No consiste de una entonación fina de conocimiento instrumental para unir la dimensión de significado subjetivo a una descripción objetiva de otro ser humano. S esto fuera así, simplemente sería una manera refinada de mejorar la habilidad de predecir y controlar. Es en cambio una manera de abrirnos nosotros mismos y recibir las perspectivas de otros en nuestra vida uniéndolas con las nuestras.

Esta manera de conocer no se limita a la comprensión de otros seres humanos, porque el trabajo de interpretar textos, creaciones artísticas y eventos sociales en la hermenéutica requiere enfoques similares (Gadamer). Sin embargo, aplicado a contextos sociales su significación cognitiva se desborda en la esfera práctica en forman tal que conocer se convierte en una forma de relacionarse con otros en una forma de ser. Quienes proponen las ciencias sociales alternativas han enfatizado correctamente la importancia de la vida compartida para la comprensión significativa de los eventos humanos (Winch, Taylor, Blumer).

Sin embargo, ellos fallan al no dar el peso adecuado a esta doble significación del conocimiento como una forma de cognición y una forma de comunión.

Mientras el conocimiento instrumental exige separación y externalización, el conocimiento interactivo se basa en la vinculación y en la inclusión. En el eje de esta vinculación se encuentra el acto del habla por medio del cual se comunican los seres humanos. El conocimiento interactivo se realiza así esencialmente mediante conversaciones en las que hablamos con sentimientos personales y escuchamos con interés y con actitud de apoyo. Ciertamente la sinceridad y la confianza no siempre caracterizan nuestras conversaciones cotidianas. A veces mentimos y a veces tenemos sospechas acerca de las intenciones de otros. Pero la comunicación que careciera por completo de sinceridad, apertura, honestidad y confianza haría imposible la comunidad. La comunidad viable presupone la integridad comunicativa (Habermas).

El movimiento de mujeres basado en grupos de apoyo que surgieron en los años 60 confirma este poder, lo mismo que la percepción que puede surgir de actividades colectivas en las que compartir historias personales se convierte en nota dominante de los informes. De esta experiencia surge una epistemología feminista que muestra la unilateralidad del conocimiento instrumental del elenco masculino, y afirma la indispensabilidad del conocimiento interactivo complementario (Gergin). Esta es la contribución práctica y teórica del movimiento feminista a la IAP que busca construir una ciencia holística al asumir el conocimiento interactivo más allá del instrumental.

Conocimiento crítico


Existe una clase de conocimiento proveniente de la reflexión y de la acción que hace posible deliberar sobre asuntos referentes a lo que es correcto y justo. Aunque esta clase de conocimiento hace parte esencial de la vida humana, actualmente se relega su búsqueda a una posición secundaria, aun trivial, dentro del orden intelectual de las cosas. En esta edad positivista, el análisis científico se considera inaplicable a asuntos relacionados con los valores. Como consecuencia de ello las actividades de investigación se consideran apropiadas sólo cuando se dirigen a solventar problemas técnicos relacionados con fines prácticos establecidos por otros por medio de un proceso que no implica participación popular; la investigación racional no se considera relevante cuando se trata de profundizar en la racionalidad de los mismo fines. Por ejemplo, las ciencias sociales convencionales pueden estudiar cuáles son las mejores maneras de aumentar la participación en las asambleas locales de Nueva Inglaterra, pero son incapaces de dilucidar las bases racionales para la democracia. Esta situación deja en un vacío intelectual y moral muchos asuntos que tienen que ver con los fines sociales que deben buscarse. Al mismo tiempo, las ciencias sociales que ostentan la neutralidad valorativa, tienden a reificar el status quo como la representación del orden natural de las cosas. El efecto consiguiente es oscurecer las fuerzas sociales producidas históricamente que obstruyen la realización de una sociedad justa. De este modo, la estrecha visión de la ciencia incorporada en el positivismo actúa como una ideología que impide que la gente pregunte racionalmente sobre cuáles son las fuerzas opresoras que impiden el cumplimiento de sus derechos respecto a una vida material y socialmente satisfactoria. (Habermas J. Teoría y práctica, cap. 7).

La investigación crítica ayuda a las gentes a plantear problemas acerca de la realidad que los rodea a la luz de lo que quieren alcanzar como seres sociales dotados de confianza en sí mismos y autodeterminación En este caso la investigación tiene que ver con asuntos referentes a las oportunidades que debemos tener como miembros de la sociedad y a la comprensión de los obstáculos sociales que más inmediatamente se oponen a su logro. Los problemas sociales de mayor urgencia requieren que se develen las causas estructurales de las condiciones sociales que afectan a sectores de la población, tales como analfabetismo adulto, pobreza crónica en áreas rurales, contaminación del aire y del agua, y otros similares. Deben, además, dar lugar a cuestionamientos sobre las políticas oficiales en todos los niveles de la sociedad -tales como políticas ambientales, programas de investigación de defensa en la guerra biológica, procesos de impuestos, ordenanzas de zonificación local, y otras, que conllevan el poder de afectar nuestra vida ahora y en el futuro. Las discusiones sobre estos asuntos, si se hacen con la debida seriedad, deberían conducir naturalmente a asuntos acerca de qué es lo correcto para el bien común. En este punto llegamos a los límites del consejo técnico de los expertos, ya que estos asuntos no son instrumentales en esencia sino que tienen que ser decididos en foros públicos con la plena participación de la ciudadanía. Son demasiado fundamentales para el logro de una sociedad libre como para que puedan ser delegados a los expertos.

Sin embargo, la realidad es que la actual economía política de la producción y usos del conocimiento resulta en la monopolización del conocimiento experto en manos de los especialistas (Hall). Los que dominan el conocimiento especializado también dominan cualquier debate sobre asuntos de interés público porque los no-iniciados no pueden entrar en el universo cientifizado del discurso, careciendo de la terminología técnica y del lenguaje especializado de la argumentación (Habermas). Aun en audiencias públicas que se hacen con participantes laicos en las sociedades democráticas liberales, existen barreras institucionales a la discusión libre, abierta y genuina de asuntos públicos, debido a la falta de equilibrio de poder entre el interés hegemónico y el ciudadano ordinario. Los contendores más poderosos en este encuentro, usualmente el estado y la industria protegida por él, pueden determinar (y usualmente así lo hacen) los términos del discurso y el flujo de información para crear una comunicación distorsionada que aborta el discurso racional (Kemp, Habermas, Dreitzel).

La exclusividad del acceso al conocimiento impide a las víctimas de la problemática social causada por contradicciones estructurales, el participar en el examen crítico de sus situaciones. Por tanto el conocimiento que podría librarías de la resignación fatalista frente a sus circunstancias se mantiene lejos de ellas. El examen crítico no sólo significa que la gente llega a comprender las causas de sus miserias y la posibilidad de tratarlas instrumentalmente. Reflexionando sobre estas causas como enraizadas históricamente en acciones humanas, también pueden comprender que las cosas no tienen que permanecer como están y que es posible comprometerse en acciones que transformen la realidad. La crítica se convierte en voluntad de acción y en la misma acción.

A medida que surge la acción del conocimiento crítico, también el conocimiento surge de la acción, como el yin y el yang persiguiéndose en una danza circular. La conciencia crítica se eleva no únicamente a analizar la situación problemática, sino al comprometerse en acciones para transformar la situación. Este es el sentido del proceso de concientización que Freire ha ayudado a popularizar. Se refiere al ciclo de reflexión-acción-reflexión mediante el cual se desarrolla la conciencia Los oprimidos alcanzan su liberación al identificar y remover los obstáculos en el camino que les impiden ser seres libres y realizados, lo mismo que los neuróticos se libran de síntomas insalubres al nombrar y así borrar los bloqueos de la psique (Habermas). Los pobres y los oprimidos llegan a conocer la cara desnuda de la agresión contra ellos de las fuerzas dominantes al luchar contra ella, así como los guerreros conocen plenamente a sus enemigos sólo en el combate. La realidad se nos revela con total claridad cuando tratamos de cambiarla (Rahman, Bronfenbrenner).

Acción


El conocimiento crítico acompañado por la acción, es así parte integral de la IAP. La gente se reúne en un proyecto IAP no sólo para encontrar académicamente lo que causa los problemas que sufren sino para actuar frente a ellos, urgente y eficazmente. La participación tiene que darse en la acción social tanto como en la investigación. La IAP no termina con nuevos hallazgos y percepciones sino que continúa mediante un compromiso en la acción. Pero la relación entre el conocimiento y la acción no sólo debe entenderse en sentido instrumental o lineal, pasando de la comprensión a la acción. Participar en la investigación es ya una forma de acción que conduce a nuevos descubrimientos. Si la acción instrumental deliberada supone conciencia y conocimiento técnico, existen clases de conocimientos que sólo son viables mediante un compartir intersubjetivo como en una comunidad y mediante auto-reflexión colectiva y esfuerzos colectivos. Es en este sentido que la investigación en la IAP es una forma de acción.

El proceso investigativo


La IAP comienza con un problema. Las situaciones en que ha sido utilizada la IAP incluyen ejemplos como los siguientes: recuperación campesina de tierras frente a intereses de grandes terratenientes y del estado en las Filipinas y en la India (Callaway; PRIA); esfuerzos de mujeres para liberarse de la explotación económica, el abuso sexual, y la violencia doméstica en India y en EEUU (Callaway; Maguire); la necesidad de los inmigrantes de organizarse para la solidaridad y acción cultural en Canadá y EEUU (Callaway; Park); la búsqueda de cambios en la tenencia desigual de la tierra que produce pobreza rural en los EEUU (Callaway; Convergence); protección de los derechos de los habitantes de la calle y de los tugurios en India (SPARC, 1987); el estudio de condiciones de salud deplorables de los pobres en Brasil (Brandao), y participación popular en las transformaciones socioculturales que acompañaron la revolución en Nicaragua (Fals Borda).
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