A Programa pretendidamente fundacional






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Joaquín E. Meabe y Eduardo R. Saguier






LA MANO INVISIBLE DEL MERCADO

EN LA EDUCACIÓN Y LA CIENCIA

Historia crítica de una tragedia

cívico-cultural argentina


Buenos Aires-Corrientes - 2011

INDICE
Prólogo 3

El problema, la trama y el contexto

§ 1.- Introducción 6

§ 2.- Metamorfosis de los modos de dominación burocrática 8

§ 3.- Empantanamiento de la política educativa y científica 10

§ 4.- Indiferencia de las instituciones de la sociedad civil 11

§ 5.- Agenda de trabajo 13
Primera parte:
Aproximación Teórica al Núcleo Duro de la Tragedia
I.- Genealogía crítica del New Public Managment y de la Knowledge Economy 13

a) Historia de la ciencia política empirista como clave de bóveda;

b) Ajuste de cuentas de la ciencia con la filosofia;

c) Desequilibrio en los procesos adaptativos;
II.- Variantes históricas del burocratismo 20

a) Modelos puntuales de gestión

  1. Enervamiento de derechos fundamentales;

  2. Variante actualmente vigente;


Segunda parte:
Pasaje del mandarinato a la nomenklatura (1966-1996)
I.- Mandarinato y reinicio del burocratismo autoritario (1966-1972) 26

a) Doble fractura en los campos académicos;

b) Antagonismos en el paradigma burocrático-autoritario;
II.- Interregno de doble poder y de terrorismo de estado (1973-1976) 30
III.- Burocratismo autoritario, BID y Proceso Militar (1976-83) 33
IV.- “Primavera científica” en el comienzo de la recuperación democrática (1984) 34
V.- Burocratismo nomenklado, fruto de un derrotismo capitulador (1985-89) 35
VI.- Profundización del burocratismo nomenklado (1989-1999) 36

a) Etapa de adaptación regresiva (1989-1994)

b) Etapa de enmascaramiento y subordinación cortesana (1995-1999) 37
VII.- Fase de deserción moral y reclutamiento aceitado (1999-2010) 38

a) Programa pretendidamente fundacional

b) La “cadena de la felicidad” a plazo fijo 39

c) Compromiso político-partidario con el burocratismo nomenklado 40

d) Resultados del burocratismo nomenklado: 42

i) industria del paper y turismo académico,

ii) patentes en fuga y resistencia esquizofrénica a ratificar tratados

y iii) “transferencias tecnológicas” del ámbito público al privado
e) Derivaciones del burocratismo nomenklado: 45

i) miedo, silenciamiento, secretismo

ii) impunidad, represalias y sobornos;

iii) asociación ilícita;
Tercera parte: 47
Organización y estructura del burocratismo nomenklado (1996-2010)
I.- Mecanismos gerenciales del burocratismo nomenklado 47

a) Manipulación de una batería de dispositivos administrativos 48

i) jurados afines,

ii) decreto que parodia elecciones para el Directorio,

iii) anacrónicos reglamentos de concursos,

iv) planificaciones y estadísticas ausentes de transparencia;

v) ultrajantes reglamentos de congresos y jornadas;

b) Corrupción de organismos autárquicos mediante subsidios 52

c) Reclutamientos reincidentes, cortesanos y nepóticos 53

d) Desigualdades y oscuridades administrativas deliberadas 54

e) Tergiversación de prioridades en el otorgamiento de subsidios 55

f) Encolumnamiento en la nomenklatura oficial y alineación

en el purgatorio académico o lista de espera 56
II.- Secuelas del burocratismo nomenklado en el aparato científico-educativo: 58

a) Pactismos y carrousseles contra la autonomía universitaria; 58

i) extorsiones clandestinas;

ii) mutismo forzoso;

iii) carroussel programado;

b) Menosprecio por la división de poderes 61

c) Abuso discriminatorio 62

d) Abandono de estrategias de estado 62

e) Quebrantamiento de las autarquías institucionales 63
Cuarta parte:
La ciencia, el arte y la educación en la sima del infierno burocrático 63

  1. Estado fallido;

  2. CONADEP de la corrupción;

  3. Morales de frontera;


Conclusión 65
BIBLIOGRAFÍA 68
NOTAS 83

Prólogo

Ninguna época fuera de la actual, en la accidentada historia de nuestro país, ha presentado un escenario de incertidumbre tan pronunciado en el ámbito de la educación y de la investigación científica; y tampoco, en ningún otro momento, han sido tan grandes y variadas las oportunidades disponibles para una efectiva mejora en los estándares de la convivencia social en aquel específico campo interactivo.
La declinación de las expectativas es tan intensa que el propio escepticismo de los críticos tiende a pasar desapercibido, tornando aun más paradójica la situación. Pero el asunto mismo está fuera de agenda para el conglomerado de las elites que forman el cuerpo político de la nación y, por su parte, la sociedad civil económica, envuelta en las urgencias y pujas de intereses particulares, no deja traslucir, en los sujetos que la regentean o en las organizaciones que la representan, nada que indique algún mínimo reclamo en el detalle puntual de aquellos temas.
La cuestión aparece entonces envuelta en una especie de ingente círculo vicioso. Las preocupaciones académicas acentúan el sesgo de especialidad y allí se acumula un importante y variado conjunto de trabajos, donde se registra un diagnóstico desigual pero siempre signado por una acentuada voluntad crítica. Muchos son trabajos de gran valor y algunos, incluso, puede que resulten indispensables en cualquier examen del tema. Sin embargo, el estándar de sus argumentaciones, en todos los casos, no va nunca más allá de una voluntad de crítica, vicaria de los valores anclados en una visión de la sociedad, el orden público y la democracia que hoy ya no es más que un desagregado de expectativas, colocadas en suspenso por la creciente consolidación de esa trama de uniformidad interactiva, opacidad moral y conformidad sublimada que constituye el irresistible Estado Homogéneo Universal.
De ese modo la voluntad de crítica de los especialistas en educación y ciencia se queda a mitad de camino, al omitir la genealogía que da solvencia y eficacia a la fenomenal reorientación de la educación y de la investigación científica en un escenario de tratos uniformes, regidos por pautas de adaptación que disuelven la sociedad política dentro de la sociedad civil económica y, en especial, de las tramas y pujas de mercado, ajustando la dirección de sus resultados a una pauta formalmente incuestionable en términos deductivos, como se sigue del teorema de Arrow y de los sistemas de poliarquía que han desplazado a un terreno estrictamente utópico la soberanía del pueblo, el autogobierno democrático y las esperanzas de progreso edificadas sobre una educación y una ciencia al servicio de todos. Casi se podría decir que aquella voluntad de crítica que ignora ese cauce por el que transita, a nivel planetario, el proceso adaptativo, con independencia de sus contribuciones a la heurística del problema, no es más que una excelente muestra de buenos propósitos a la que le cabe aquella famosa afirmación que sostiene que el camino del infierno está poblado de buenas intenciones.
Paradójicamente mientras el desacuerdo de los especialistas se desborda en una multitud de papers, libros y reuniones en las que se levantan reparos frente a la globalización, el desanclaje y la devaluación de los espacios públicos, asistimos a un avance arrollador del New Public Management, la Gobernanza y el completo desguace del viejo modelo de educación pública, ilustración progresista y ciencia al servicio del conjunto.
En este agobiante Estado Homogéneo Universal, regido por el Optimo de Pareto, el Teorema de Arrow y los sistemas de poliarquía resulta más que evidente que la educación y la ciencia no es un problema de especialistas y, si acaso lo fuera, parafraseando a un gran teórico de la guerra bien podríamos decir que este crucial asunto de la educación y de la ciencia, sin duda, es demasiado importante para que lo dejemos en manos de los educacionistas, los pedagogos o sus comunicadores.
Conscientes de que tanto la educación como la ciencia son problemas, cuyo anclaje sociopolítico es ostensible, hemos llevado a cabo un examen genealógico y una reconstrucción de la plataforma que sirve de sostén al dispositivo de conjunto del que, por otra parte, se nutren los programas y las aplicaciones operativas del nuevo modelo de educación adaptada a la sociedad civil económica del Estado Homogéneo Universal y de gerenciamiento de la investigación científica orientada al servicio puntual del mercado.
En el foco de la agenda va estar siempre la cuestión política, no como ideología o programa de partidos, sino como tema de interés común y de importancia ciudadana de cara al autogobierno.
Más allá de cualquier controversia de detalle hemos tratado de llamar la atención en ese punto crucial del que depende el curso de las posibles opciones. La nuestra apunta a recuperar la educación pública para mejorar la convivencia y contribuir a la investigación científica para colocarla al servicio de todos bajo condiciones de objetividad, tolerancia, respeto y solidaridad. En esa perspectiva nuestra investigación es una convocatoria al debate fuera del marco de los especialistas y también un desafío para ellos y para todo aquel al que no se le escape la conciencia de su propia responsabilidad en el seno de la sociedad política hoy tan rezagada y débil. Y, en este sentido, conviene no olvidar que cualquier atisbo de solución siempre depende de una apropiada formulación del problema. Bajo ese presupuesto hemos trabajado para ofrecer a nuestros conciudadanos el material que consideramos indispensable para elaborar una buena carta de navegación que permita llevar a buen puerto a la educación pública y la investigación científica.
Corrientes-Buenos Aires, 20 de abril de 2011.

El problema, la trama y el contexto
Introducción
La trágica y prolongada decadencia de la ciencia, las humanidades y la educación superior en la Argentina actual es un hecho ostensible que no deja de provocar alarma a cualquier observador inteligente e independiente.
Desde ya llama la atención en nuestro medio el actual estatuto de los diferentes saberes o la selectiva reticencia de los campos del conocimiento científico argentino así como toda la singular trama de compartimentos estancos de sus organizaciones y, sobre todo, el persistente descenso de los parámetros con arreglo a los cuales funciona, en su interior, el aprendizaje, la instrucción y la investigación en todos los niveles y grados.
Estos saberes que hacen un continuo alarde de una, por demás, cuestionable objetividad científica, han terminado, en nuestro escenario sociopolítico, transformados en dispositivos de poder y de control social orientados a regimentar el conocimiento, mediante las teorías simuladamente imparciales del New Public Management (NPM), o Nueva Gestión Pública.1 De forma semejante, dichos dispositivos fueron regimentados mediante programas aparentemente neutrales como los Acuerdos comerciales globales (AGCS o GATS en sus siglas en inglés), y el Proceso de Bolonia (que ha uniformizado las credenciales, las equivalencias y los créditos en la educación superior Europea).2 Estas teorías y programas, al tiempo que han disciplinado los aparatos administrativos de los estados y sus campos simbólicos de la educación y la ciencia, también han puesto en marcha las fuerzas de acumulación del capital, que busca bajo la nueva forma de Economía del Conocimiento desarrollar ventajas comparativas adaptando los servicios educativos y científicos a las reglas del mercado.3
Semejante connotación negativa constituye un espeluznante drama cívico-cultural cuya genealogía se localiza en el singular cambio producido en el pensamiento sociopolítico y en las opiniones y conocimientos acerca del gobierno, el estado, la economía y el comercio mundial, desarrolladas a lo largo del siglo XX,4 que desde ya, corre parejo al proceso uniformador en el que, finalmente, ha terminado imponiéndose la economía de mercado y el modelo organizativo gerencial de las democracias occidentales.5
Este complejo proceso globalizador, de sesgo privatista y banco-mundialista, ha estado orientado a reducir la participación del estado en la economía, a restringir sus intervenciones en los campos de la educación, la salud y la seguridad, y a desguazar la educación de su condición de “bien público, no comercial, legitimador, redistributivo, y regulado a nivel nacional”.6 Al volcarse este proceso en los diversos ámbitos políticos, culturales e institucionales ha generado en nuestro país y en América Latina toda una variedad de tremendas consecuencias que, en el terreno de la educación y de la ciencia, se combinan con una amplia gama de posiciones y relaciones simbólicas compuesta por conductas perversas, a veces grotescas y, sobre todo, profundamente antidemocráticas y anti-intelectuales,7 por parte de la elite gerencial que forma la trama interactiva del dispositivo de dominación establecido.8
En nuestro particular escenario sociocultural y educativo esas conductas, por lo general orientadas a salvaguardar la inmunidad intelectual de quienes integran aquellas elites y de los que forman sus cuadros burocráticos y sus corporaciones académicas, mantienen una continua y desigual lucha en la que se enfrentan fuerzas, lenguajes y códigos diversos; y donde, además, se rivaliza en torno al reconocimiento académico y a la organización y difusión del conocimiento así como en todo lo que hace a la división del trabajo y al “saber” necesario para alcanzar la “misión espiritual” que represente dignamente el entramado científico-educativo.9

a) Metamorfosis de los modos de dominación burocrática
Las políticas públicas en materia científico-educativa, a lo largo del siglo XX en Argentina y América Latina, vienen sufriendo sucesivas metamorfosis. Por un lado, hay quienes periodizaron las transformaciones burocrático-académicas en siete (7) distintas etapas históricas, a saber: agro-exportadora (1885-1918), reformista (1918-1930), restauradora (1930-1955), planificadora o desarrollista (1955-1976), autoritaria (1976-83), primaveral-democrática (1983-89), y reformista de mercado (1990-2008).10
Sin embargo, hemos hallado que esta periodización no se ajusta a una interpretación crítica de nuestro pasado por cuanto mezcla caracterizaciones economicistas con otras puramente políticas. En nuestro trabajo hemos periodizado dichas transformaciones bajo un anclaje puramente político, en cuatro (4) contradictorios modos de dominación históricos,11 desagregables con arreglo a un órden de secuencia que comprende:
a) Un cuadro inicial de burocratismo mandarino o mandarinato, es decir un campo burocrático centralizado y corporativizado, con adscripción fija y permanente, y escaso de flexibilidad y circularidad, y donde los cargos son cubiertos desde el poder del estado;
b) Otro cuadro de burocratismo comunitario, es decir un campo burocrático descentralizado y libre; donde los agentes cultivan caracteres responsables, activos y no serviles, y estructuras de personalidad democráticas; donde la educación superior es un derecho humano y universal y un servicio público; donde la investigación científica y empírica es un deber; donde su prestación y promoción en materia de premios, becas, pasantías y subsidios es una obligación del estado, donde existe un canon, donde los agentes circulan libremente entre instituciones y países, y donde los cargos son cubiertos por los pares mediante concursos de oposición;
c) Un cuadro persistente de burocratismo autoritario, es decir un campo burocrático centralizado y esclerosado, que está controlado con métodos inquisitoriales y coercitivos (censuras, purgas, etc.); y donde los agentes cultivan caracteres irresponsables, pasivos y serviles, y estructuras de personalidad autoritarias; y finalmente

d) Un particular cuadro de burocratismo nomenklado o nomenklatura, es decir un elenco estable o aparato burocrático fosilizado que Bourdieu lo considera caso límite o estado patológico,12 donde la adscripción es ocasional, provisoria y oportunista; donde la educación, la ciencia, el conocimiento y las patentes son transformados en mercancías o productos industriales, objetos de pujas facciosas, patrimonialistas, extorsivas y regionalizadas, así como de muy corto plazo; los individuos y ciudadanos en consumidores y clientes y no como inversores; los políticos y funcionarios en gerentes; la escuela y la universidad en empresas o fábricas de conocimiento; y los maestros e investigadores en prebendados o proveedores de servicios; donde no existe un canon que sirva de parámetro y donde no perduran los intelectuales orgánicos ni los tradicionales sino los meramente adaptados.13
Por cierto, el más alto costo en el seno de la trama interactiva así como el enervante impacto psicológico que la ciudadanía argentina ha recibido procede del burocratismo autoritario, instaurado durante los repetidos regimenes militares (1930, 1943, 1955, 1966, 1976) entre los que sobresale el gobierno emergente del golpe militar de 1966 y luego el que se forma tras su feroz secuela de 1976 con sus devastadoras consecuencias en toda la vida social y psíquica, a la que, desde ya, no ha sido ajeno el ámbito científico y educativo.
Sus nocivos alcances y el consecuente sometimiento de la educación y de la ciencia a las conveniencias ocasionales del poder de turno, entonces impuestas por aquellas dictaduras militares, se perciben aún hoy; pero, a diferencia del mandarinato y la nomenklatura, cuyo rastro se encubre bajo una sutil y compleja filigrana administrativa de aparente neutralidad, este burocratismo autoritario no conforma un cuadro ilustrado sino, más bien, un agregado intra-estatal decididamente anti-ilustrado, y por consiguiente anti-intelectual y con ribetes de irracionalismo, producto de la hegemonía y sumisión que se forja en el uso exclusivo de un poder regimentado y en el control de los aparatos de represión y censura.
Semejante modelo de burocratismo autoritario que, como se examina más abajo, constituye un especial punto de ruptura en la historia de la educación y de la ciencia en Argentina, no solo ha llevado adelante estrategias y tácticas de censura, persecución, purga o exclusión, expatriación u ostracismo e, incluso, fenómenos de extremo antisemitismo y marcada segregación. Por otro lado, con una muy contradictoria intensidad ha condicionado de tal manera la creatividad de la ciencia y de la educación pública en Argentina que sus lineamientos estratégicos persisten hasta hoy --en el seno de las organizaciones estatales, paraestatales y privadas así como en los organismos públicos descentralizados-- alimentando una peligrosa red nomenklada y encubierta que filtra las ideas no asimilables a sus opiniones institucionalizadas y segrega a los críticos indeseados con una persistente determinación y una no menos perversa eficacia.14

En particular, el modelo de burocratismo autoritario inaugurado en 1966, llevó adelante un inquisitorial desmantelamiento de esa extraordinaria y fecunda etapa histórica iniciada en Argentina con la restauración democrática de 1958. En esos difíciles y conflictivos años (1959-1966), cuando a pesar de producirse actos represivos contra el movimiento obrero (Plan Conintes) y haberse traicionado la educación laica al permitir a nivel universitario la docencia confesional,15 una nueva generación se había autoconvocado en medio de una política de estado que hizo de la educación, las humanidades y la ciencia una prioridad efectiva, en permanente sintonía e intercambio con el resto del mundo (EUDEBA, Movimiento en Defensa del Laicismo, Instituto Di Tella, Instituto del Cálculo, Facultad de Exactas en la Manzana de las Luces, etc).16
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