¡Ella estaba allí para hacer un trabajo no para enamorarse de un príncipe! Pero Olivia Montgomery tenía dificultad para recordar eso, cuando el sexy príncipe




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NAVIDAD CON EL PRÍNCIPE

06 Seducción en palacio
Michelle Celmer


ARGUMENTO

¡Ella estaba allí para hacer un trabajo... no para enamorarse de un príncipe! Pero Olivia Montgomery tenía dificultad para recordar eso, cuando el sexy príncipe Aaron Felix Gastel Alexander le sonreía. ¿Cómo podía una mujer corriente como ella, resistirse a ese seductor?

Y sin poder evitarlo, Olivia se encontró durmiendo con la realeza. Ella sabía que su relación no tenía futuro. Aaron estaba destinado a casarse con alguien de sangre real. Sin embargo, no podía dejar de desear encontrarse un anillo de compromiso bajo el árbol de Navidad.

Capítulo 1

Olivia Montgomery resultaba atractiva para ser una científica.

Atractiva del tipo inteligente, una especie de “cerebrito”. Pensó el príncipe Aaron, mirándola desde la distancia. Y no era eso todo lo que el príncipe observaba de ella.

Vio desde la ventana de su oficina, como ella alzaba una asombrada mirada hacia el castillo, con los ojos tan grandes como platos en su cara en forma de corazón y formando una perfecta O con los labios,

Suponía que no todos los días se le pedía a una mujer que dejara su vida normal, para quedarse en un palacio real durante un período de tiempo indeterminado y utilizara sus vastos conocimientos para salvar a todo un país de una absoluta y potencial devastación financiera.

Por supuesto, de lo que había leído de su nueva huésped, su vida hasta la fecha había sido cualquier cosa menos normal. La mayoría de los niños no se gradúan en la escuela secundaria a los quince años, reciben su doctorado a los veintidós años y se ganan una reputación como pioneros en el campo de la genética botánica a los veinticuatro.

Podría haber jurado que ella no aparentaba más de dieciocho años, debido en parte al largo pelo, castaño-dorado que llevaba recogido en una cola de caballo y a la mochila que llevaba colgada del hombro.

Vio como Derek, su asistente personal, la llevaba dentro del castillo, entonces se sentó en su escritorio a esperarla, sintiéndose extrañamente ansioso. Le habían asegurado que era la mejor en el campo de la genética botánica. Sabía muy bien que ella podría ser su última esperanza.

Un especialista detrás de otro habían sido incapaces de diagnosticar o tratar con eficacia la plaga que azotaba sus cultivos. Una enfermedad que se había iniciado en los campos del este, y se extendió para afectar no sólo a una buena parte de las tierras de la familia real, sino que recientemente también se había propagado a las granjas de los alrededores. Sin control, los efectos podían ser financieramente devastadores para su economía basada en la agricultura.

Su familia- falso- el país entero contaba con él para encontrar una manera de arreglarlo.

Hablando de presión. Solía ​​creer que su hermano mayor, Christian, el príncipe heredero, lo había pasado mal, cargando con el peso de todo, desde el día que asumió su papel como gobernante, y con la responsabilidad de casarse y tener un heredero real. Pero, para sorpresa de Aaron, tras un comienzo un poco difícil, Chris parecía estar abrazando encantado su nuevo título de esposo.

Para Aaron, la idea de atarse a una mujer por el resto de su vida le daba escalofríos. No es que no amara a las mujeres. Él sólo quería un montón de mujeres diferentes. Y cuando la novedad por una disminuía, le gustaba tener la opción de pasar a algo nuevo. Aunque, ahora que Chris estaba felizmente casado, su madre, la reina, había tomado un interés activo e inquietante en la vida amorosa de Aaron. Nunca se habría imaginado que había tantas jóvenes mujeres elegibles con sangre real, y su madre parecía empeñada en ponerlo al día con todas y cada una de ellas.

Ella se daría cuenta con el tiempo que ni toda la intromisión del mundo lo llevaría más cerca del altar. Al menos, él esperaba que lo hiciera. Y entonces, su madre podría centrarse en casar a sus dos hermanas gemelas, Anne y Louisa.

Pasaron varios minutos antes de que llamaran a la puerta de la oficina de Aaron. Sin lugar a dudas Derek había estado explicando a su huésped, la política a cumplir con los miembros de la familia real. Lo que debía y no debía hacer o decir. Podía ser un poco abrumador. Especialmente para alguien que nunca había estado en presencia de la realeza antes.

— Pasen — dijo.

La puerta se abrió y apareció Derek, seguido de cerca por la señorita Montgomery. Aaron se levantó de la silla para darle la bienvenida, notando de inmediato su altura. Medía un poco menos de 1’80 cm. de altura. Se inclinó y cuando se irguió, los planos mocasines conservadores la pusieron cerca del nivel de sus ojos. Era difícil ver su figura bajo los pantalones sueltos de color caqui y el suéter holgado de punto, aunque dio la impresión de ser muy escasa. Demasiado delgada, incluso. Toda afilada y sin curvas.

Le faltaba la bata de laboratorio, el bolsillo lleno de bolígrafos y las gafas de pasta gruesas, todo lo que uno podría esperar de un científico. No llevaba maquillaje ni joyas, sin embargo, era muy evidente, sin lugar a dudas que era una mujer. Atractiva de una manera sencilla. Graciosa y con aspecto de niña. Aunque con veinticinco años, era definitivamente una mujer.

—Su Alteza — dijo Derek — Le presento a la señorita Olivia Montgomery, de los Estados Unidos — Se dio la vuelta hacia Olivia. — Señorita Montgomery, le presento al príncipe Aaron Felix Gastel Alejandro de Tomás Isla.

La señorita Montgomery, alzó la mano para estrechar la suya, entonces, al darse cuenta de su error, la bajo rápidamente y realizó una torpe reverencia, un poco tambaleante en su lugar, con las mejillas coloreadas en un encantador tono rosa. — Es un honor estar aquí, señor, quiero decir, Su Alteza.

Su voz era más suave de lo que esperaba. Baja y pausada, y se atrevería a decir, incluso, que un poco sexy. Siempre había encontrado atractivo el acento americano.

— El honor es mío — dijo, extendiendo la mano para estrechársela. Ella dudó un segundo, luego aceptó su mano. Tenía las manos estilizadas y de huesos finos, con dedos largos que ella envolvió alrededor de la suya con un apretón sorprendentemente firme. Su piel era suave y cálida, sus uñas cortas, pero con una adecuada manicura.

Ella le miró con los ojos de un intrigante tono - ni del todo marrones, ni del todo verdes- y tan grandes y curiosos que parecían ocupar la mitad de su cara. Todo en ella era un poco demasiado exagerado e... inesperado.

Pero no podía ser menos su tipo. Él prefería a sus mujeres pequeñas y suaves en todos los lugares correctos, y contra más bellas, mejor. No especialmente inteligentes, porque francamente, no estaba con ellas por su conversación. Si no eran muy inteligentes, era menos probable que él se encariñara con ellas. Mientras que ellas supieran jugar al golf o al squash, o moverse con un par de esquís de fondo... Y si también tenían experiencia en navegación a vela y podían subir una pared de roca, eso era un plus añadido, y él se sentiría como en el cielo.

De alguna manera no se imaginaba a la señorita Montgomery del tipo atlético.

— Estaré en mi oficina si me necesita, señor — le dijo Derek, a continuación, salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de él. A medida que se cerraba, podría haber jurado que vio a la señorita Montgomery estremecerse.

Hizo un gesto hacia la silla frente a su escritorio. — Señorita Montgomery, póngase cómoda.

Ella dejó la mochila en el suelo a su lado y se sentó con torpeza en el mismo borde de la silla. Cruzó las manos sobre su regazo, para descruzarlas enseguida. Luego las puso a los lados de los muslos y finalmente bajo sus piernas. Se la veía muy incómoda.

— Siento llegar tan tarde — dijo.

El se sentó en la esquina de su escritorio. — He oído que tuvo mal tiempo durante su viaje.

Ella asintió con la cabeza. — Fue un vuelo lleno de baches. Y, para empezar, no soy una entusiasta de viajar en avión, De hecho, puede que tome un barco para regresar a casa.

—¿Puedo ofrecerle una copa, señorita Montgomery?

— No, gracias. Y por favor, llámeme Liv. Todo el mundo lo hace.

— Muy bien, Liv. Y debido a que vamos a pasar bastante tiempo juntos, tú debes llamarme Aaron y tutearme.

Ella vaciló, y luego preguntó: —¿Es que ... está permitido?

Él sonrió. — Te aseguro que es perfectamente aceptable.

Ella asintió débilmente con la cabeza, lo que hizo que se fijara en su cuello, largo y delgado. Tenía el tipo de garganta hecha para acariciar y mordisquear. Pero de alguna manera él no la veía a ella como del tipo de mordisquear. Llevaba escrito por todas partes “tímida y reprimida”. Sin duda, podría enseñarle una o dos cosas. No es que lo quisiera intentar. Ni siquiera tenía el deseo.

Bueno, tal vez sólo un poco, pero por pura curiosidad.

— Mi familia se disculpa por no poder estar aquí para darte la bienvenida — le dijo. —Están en Inglaterra para ver al cardiólogo de mi padre. Volverán el viernes.

—Espero con ilusión poder conocerlos— dijo ella, a pesar de que sonaba más cautelosa que entusiasta. No tenía ningún motivo para estar preocupada. En la historia del reinado de su padre como rey, su visita podría muy bien ser la más esperada y apreciada. No es que ella estuviera ofreciendo sus servicios de forma gratuita. Habían llegado al acuerdo de hacer una generosa donación para financiar su investigación. Personalmente ella no había pedido nada más que alojamiento y comida. No pidió servicios especiales, ni siquiera, una doncella personal para atender a su cuidado.

—Me han dicho que has mirado las muestras de la infección que te enviamos— dijo.

Ella asintió con la cabeza, no tan débilmente en ese momento. —Lo hice. Además de los datos de los otros especialistas.

— ¿Y a qué conclusión has llegado?

— Tienes una muy extraña y resistente cepa de la enfermedad que nunca he visto antes. Y créeme cuando digo que he visto casi todas ellas.

— Tus referencias son bastante impresionantes. Me han asegurado que si alguien puede diagnosticar el problema, eres tú.

— Ese no es el caso. — Ella lo miró directamente a los ojos y dijo con firmeza: —Es simplemente una cuestión de cuándo.

Su confianza, y el tono enérgico con el que hablaba, casi lo vuelve del revés.

Bueno, no lo había visto venir. Era casi como si alguien hubiera accionado un interruptor en el interior de ella y hubiera salido una mujer completamente diferente. Se sentó un poco más erguida y su voz sonó más fuerte. Eso le hizo merecer, por su parte, de un nuevo nivel de respeto hacía ella.

—¿Has pensado en mi sugerencia para detener todas las exportaciones agrícolas? — preguntó.

Eso era todo en lo que había estado pensando. — ¿Incluso los cultivos no afectados?

—Me temo que sí.

—¿Eso es realmente necesario?

— Por lo que sabemos, podría ser que la cepa esté dormida en el suelo de las áreas que no parecen afectadas. Y hasta que no sepamos lo que es, hay que procurar que no salga de la isla.

Él sabía que ella tenía razón, pero las repercusiones financieras serían muy graves.

—Eso significa que sólo tenemos hasta la próxima temporada, menos de cinco meses, para identificar la enfermedad y encontrar una cura respetuosa con el medio ambiente.

Respetuosa con el medio ambiente para que pudieran seguir manteniendo su reputación como una totalmente orgánica, isla verde. Millones se habían gastado para cambiar radicalmente la forma en que cada agricultor cultivaba sus cosechas. Era lo que los distinguía de otros distribuidores y hacía los productos tan valiosos.

—¿Se puede hacer en ese tiempo?— él le preguntó.

—La verdad es que no lo sé. Estas cosas pueden llevar su tiempo.

No era lo que él quería oír, pero apreciaba su honestidad. Él había querido que ella llegara volando, y tuviera el problema resuelto en una semana o dos, entonces ella seguiría su camino, y el se quedaría y se mostraría como un héroe, no sólo a su familia, sino también a los ojos de su país.

La honestidad de ella ponía fin a sus delirios de grandeza.

— Una vez que me establezca en el laboratorio y tenga unos días para estudiar el resto de los datos, creo que seré capaz de darte algún tipo de margen de tiempo— dijo.

—Tenemos a una estudiante de la universidad en espera, en caso de que necesitaras un ayudante.

—Voy a necesitar a alguien para tomar muestras, pero en el laboratorio prefiero trabajar sola. ¿Tienes todo el equipo que necesito?

—Todo lo de tu lista. — Él se levantó. — Puedo mostrarte tu habitación y darte tiempo para instalarte.

Ella se puso de pie, alisando la parte delantera de sus pantalones con las manos. Él no podía dejar de preguntarse lo que se escondía detrás de ese suéter voluminoso. ¿Eran pechos eso que notó? ¿Y eso… caderas? Tal vez, no fuera tan delgada y sin curvas como había pensado al principio.

—Si no te importa— dijo — Prefiero empezar a trabajar.

Él hizo un gesto hacia la puerta. —Por supuesto. Te llevaré al laboratorio.

Ella ciertamente no perdía el tiempo, ¿verdad? Y Aaron se sintió aliviado al saber que parecía decidida a ayudar.

Cuanto antes se eliminara esa plaga, más pronto podrían respirar tranquilos de nuevo.

Capítulo 2
Liv siguió a su anfitrión a través del castillo, con el corazón acelerado, rezando para no hacer algo estúpido como tropezar con sus propios pies y caer de bruces.
El príncipe Aaron era, con diferencia, el hombre más atractivo que había visto en su vida. Tenía el pelo muy oscuro y de aspecto suave, sus fascinantes ojos de un tono sorprendentemente verdes, los labios carnosos mostrando siempre una sonrisa sexy.
Tenía la voz profunda y llena de sensualidad de un DJ de radio y un cuerpo para morirse. Una musculosa parte posterior bajo sus pantalones oscuros hechos a medida. Los hombros anchos y los pectorales abultados debajo del jersey de cachemir azul oscuro. Como ella lo seguía a través del castillo se sintió hipnotizada por la fluida gracia con la que se movía.
Él era... perfecto. Un once en una escala del uno al diez. Y la antítesis de los científicos y los “cerebritos” que estaba acostumbrada a tener por compañía. Al igual que William- su novio- o al menos el que iba a ser su novio si ella decidía aceptar su propuesta de matrimonio con la que él la había sorprendido justo ayer por la noche en el laboratorio.

Quince años mayor que ella y su mentor desde la universidad, Will no era especialmente guapo, y él era más estudioso que sexy, pero era amable, dulce y generoso. La verdad es que su propuesta había llegado tan de repente que la había dejado muy aturdida. Nunca se habían besado mucho, sólo amistosos besos en la mejilla en días festivos u ocasiones especiales. Pero lo respetaba mucho y lo quería como amigo. Así que se había comprometido a considerar su propuesta seriamente, mientras estaba fuera. A pesar de que, cuando le había dado un beso de despedida en el aeropuerto- un verdadero beso con labios y lengua- no había visto exactamente fuegos artificiales. Pero la atracción sexual estaba sobrevalorada y era efímera. Se tenían respeto y un profundo sentido de la amistad.
Y a pesar de todo, no podía dejar de preguntarse si eso era todo lo que podía esperar de los hombres.

Sí, claro. Como si ella tuviera una multitud de hombres golpeando a su puerta. Ni siquiera podía recordar la última vez que había tenido una cita. Y el sexo, bueno, había pasado tanto tiempo que no estaba segura de si se acordaría cómo volver a hacerlo. No es como si hubiera estado con muchos hombres de todos modos. El único hombre con el que se había acostado en la universidad había sido un físico nuclear en ciernes, y estaba más preocupado por las ecuaciones matemáticas que por averiguar las complejidades sexuales. Ella apostaba a que el príncipe Aaron sabía todo lo que había que saber sobre el cuerpo de una mujer.
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