Bases para la formación de un plan general de instrucción pública (1809)




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Bases para la formación de un plan general de instrucción pública (1809)

El objeto será meditar y proponer todos los medios de mejorar, promover y extender la instrucción nacional.

Se le pasarán por la Secretaría de la Comisión de Cortes todos los informes, memorias o extractos que pertenezcan a este objeto.

Con presencia de estos escritos, de las reflexiones que sobre ellos se hicieren por los vocales de la Junta y del resultado que produjeren sus sabias conferencias, propondrá todas las providencias que juzgue más necesarias para el logro de tan importante objeto.

En ellas abrazará la Junta cuantos ramos de instrucción pertenecen a la ilustración nacional, considerando el objeto de sus meditaciones en su mayor extensión.

Se propondrá como último fin de sus trabajos aquella plenitud de instrucción que pueda habilitar a los individuos del Estado, de cualquiera clase y profesión que sean, para adquirir su felicidad personal, y concurrir al bien y prosperidad de la nación en el mayor grado posible.

Considerará 1.º los medios de comunicar; 2.º los de propagar la instrucción necesaria para alcanzar este grande objeto.

Mirando a su fin, la considerará cifrada en la perfección de las facultades físicas, intelectuales y morales de los ciudadanos hasta donde pueda ser alcanzada.

Que los medios de acercarse a ella pertenecen principalmente a la educación privada y pública.

Que aunque la primera no está sometida a la acción inmediata del Gobierno, su perfección resultará necesariamente, ya de la educación pública, ya de los demás medios de difundir la buena instrucción por todas las clases del Estado.

EDUCACIÓN FÍSICA

La educación pública, que pertenece al Gobierno, tiene por objeto o la perfección física, o la intelectual y moral de los ciudadanos. La primera se puede hacer por medio de ejercicios corporales, y debe ser general para todos los ciudadanos. La segunda, por medio de enseñanzas literarias, y se debe a los que han de profesar las ciencias. De la perfección de los métodos empleados en uno y otro, resultará la mayor instrucción relativa a sus objetos.

La educación física general tendrá por objeto la perfección de los movimientos y acciones naturales del hombre. Los que son relativos a las artes, oficios y ministerios particulares de los ciudadanos no pertenecen directamente a la educación pública, aunque a su perfección concurrirá esta también en gran manera.

El objeto de la educación pública física se cifra en tres objetos: esto es, en mejorar la fuerza, la agilidad y la destreza de los ciudadanos.

Aunque la fuerza individual esté determinada por la naturaleza, a la educación pública pertenece desenvolverla en cada individuo hasta el más alto grado que quepa en su constitución física.

La agilidad es un efecto natural del hábito de ejercitar y repetir las acciones y movimientos; pero esta repetición así produce los buenos como los malos hábitos, según que es bien o mal dirigida.

La destreza en los movimientos y acciones perfecciona así la fuerza como la agilidad de los individuos, y es un efecto necesario de la buena dirección en el ejercicio de ellos.

Esta buena dirección dada en la educación pública no solo perfeccionará las facultades físicas en los ciudadanos, sino que corregirá los vicios y malos hábitos que hayan contraído en la educación privada.

La enseñanza y ejercicios de esta educación se pueden reducir a las acciones naturales y comunes del hombre, como andar, correr y trepar; mover, levantar y arrojar cuerpos pesados; huir, perseguir, forcejear, luchar y cuanto conduce a soltarlos miembros de los muchachos, desenvolver todo su vigor y dar a cada uno de sus movimientos y acciones toda la fuerza, agilidad y destreza que convenga a su objeto por medio de una buena dirección.

Aun el buen uso y aplicación de los sentidos se puede perfeccionar en esta educación, ejercitando a los muchachos en discernir por la vista y oído los objetos y sonidos a grandes distancias, o bien de cerca, por solo el sabor, el olor y el tacto; cosa que en el uso de la vida es de mayor provecho de lo que comúnmente se cree.

Para determinar la buena dirección de estos ejercicios, la Junta considerará que en cada acción y movimiento del hombre no hay más que un solo modo de ejercitarlos bien, y que todos los demás son más o menos imperfectos, según que más o menos se alejan de él.

Se sigue que la educación pública física se cifra en que los ejercicios señalados para ella sean dirigidos por personas capaces de enseñar el mejor modo de ejecutarlos para conseguir la mayor fuerza y agilidad de las acciones y movimientos de los muchachos.

Se sigue también que esta educación puede ser común y pública en casi todos los pueblos de España, y que debe serlo.

Se sigue que ningún individuo debe dispensarse de recibirla, por cuanto en ella interesa inmediatamente su felicidad y la del Estado.

Como la época en que la pueden recibir los muchachos es la que está destinada a la enseñanza de las primeras letras, los ejercicios de la educación pública solo podrán verificarse en días festivos y en horas compatibles con su santo destino.

La Junta determinará la edad en que pueda empezar y deba acabar esta enseñanza.

Determinará los días, las horas y los lugares en que deba darse, las personas que deben encargarse de su dirección y las que deban vigilar sobre el buen orden de los ejercicios y el buen método de dirigirlos.

A esta primera época de educación pública de los muchachos, seguirá otra para los mozos que tenga por objeto peculiar de su enseñanza habilitarlos para la defensa de la patria, cuando fuesen llamados a ella.

Y como de tan sagrada obligación no se halle exenta ninguna clase del Estado, ningún individuo tampoco debe estarlo de recibir esta educación.

El objeto de ella deben ser las acciones y movimientos naturales, aplicados al ejercicio de las armas, y a las formaciones y evoluciones y movimientos combinados que pertenecen a él.

Pero comprehenderá también el conocimiento y manejo del fusil, y la destreza necesaria para cargar, apuntar y dispararle con acierto.

La Junta no olvidará que no se trata de enseñar a los mozos cuanto deba saber un buen soldado, sino cuanto conviene a disponerlos para que puedan perfeccionarse con facilidad en la instrucción y ejercicios propios de la profesión militar.

Tendrá presente que en el plan de esta educación deberá entrar el manejo de las armas manuales y conocidas, como espada, sable, cuchillo, lanza, chuzo, honda y otras que pueden contribuir a la defensa personal de los individuos, a la de los pueblos y aun a la de la nación, ya en auxilio de la fuerza regimentada, ya supliendo las armas de fuego.

Cuanto conduzca a la perfección de esta enseñanza, a la organización de los establecimientos necesarios para ella y a los reglamentos que convengan para su buena dirección, deberá ocupar la meditación de la Junta.

Pero sobre todo, procurará dictar cuanto sea relativo a la parte racional y moral de esta enseñanza, esto es, a la explicación clara y sencilla que deberán dar los maestros y directores en cuanto enseñaren, y al orden y moderación con que los muchachos deberán comportase en todos los ejercicios en que se ocuparen.

Para complemento de esta enseñanza metódica, examinará la Junta los medios de establecer por todo el reino juegos y ejercicios públicos, en que los muchachos y mozos que la han recibido ya se ejerciten en carreras, luchas y ejercicios gimnásticos, los cuales, tenidos a presencia de las justicias, con el aparato y solemnidad que sea posible, en días y lugares señalados, y animados con algunos premios de más honor que interés, harán necesariamente que el fruto de la educación pública sea más seguro y colmado.

Entre estos ejercicios, merece particular cuidado el de disparar al blanco, en concurrencia del pueblo, y con las circunstancias dichas: adjudicando con justicia el premio señalado al que hiciere el tiro más certero, lo cual, a la larga, debe producir en la nación los más diestros tiradores, como está bien acreditado por el ejemplo de la Suiza.

EDUCACIÓN LITERARIA

La educación pública literaria tendrá por objeto particular la perfección de las facultades intelectuales y morales del hombre.

Puede dividirse en dos ramos: primero, la enseñanza de los métodos necesarios para alcanzar los conocimientos; segundo, la de los principios de las varias ciencias que abrazan estos conocimientos.

La primera de estas enseñanzas se debe a todos los ciudadanos que han de profesar las letras, y conviene generalizarla cuanto sea posible; la segunda, a los que se destinen particularmente a alguna de las ciencias, y conviene facilitarla.

Primeras letras

Entre los métodos de adquirir los conocimientos, tiene el primer lugar el de las primeras letras, o el arte de leer y escribir, no solo porque es el cimiento de toda enseñanza, sino por las ventajas que proporciona a los ciudadanos en el uso de la vida social.

Por la lectura se habilita el hombre para alcanzar todos los conocimientos escritos en su propia lengua.

Por la escritura se habilita para comunicar, por medio de la palabra escrita, sus ideas y conocimientos a cuantos sepan leer su lengua, en cualquier lugar y tiempo que viviesen.

Conviene en gran manera para perfeccionar una y otra enseñanza la de los principios de la buena pronunciación: primero, a fin de corregir los defectos del órgano vocal de los niños, ya sean naturales, ya contraídos en la educación doméstica; segundo, para disponerlos al conocimiento de la buena ortografía, cuyos principios deberán enseñarse con el arte de escribir.

Es aún más conveniente unir a esta enseñanza los principios de la educación moral, haciendo que los libros destinados a la lectura y las muestras de escribir no solo sean doctrinales, sino que contengan una serie de doctrina moral acomodada a la edad y comprehensión de los niños, para que su espíritu se vaya preparando a recibir en adelante más extendidos conocimientos.

Aritmética

Siendo tan necesario el arte de calcular para todos los destinos y profesiones de la vida civil, la Junta examinará los medios de generalizar el estudio de la aritmética, que enseña a calcular las cantidades, y de la geometría elemental, que enseña a calcular o medir la extensión.

Meditará asimismo los medios de unir esta enseñanza a la de las primeras letras, para que los muchachos pasen de una a otra y se acostumbren a mirar la segunda como parte y complemento de la primera.

Los establecimientos relativos a estas enseñanzas son de necesidad tan notoria y trascendental, que la Junta aplicará toda su atención: primero, a perfeccionarlos, segundo, a generalizarlos en tanto grado que, si es posible, a ningún individuo de la nación falte la proporción de recibirlas.

A este fin examinará si es conveniente que la legislación prive de algunas gracias o derechos a los ciudadanos que no las hubiesen recibido, para ofrecer un estímulo más poderoso a su estudio.

Estudio de la lengua castellana

La lengua se aprende por el uso desde la primera niñez; pero el conocimiento de su artificio requiere un estudio separado, el cual debe seguir al de las primeras letras.

Este estudio del arte de hablar no solo perfecciona el conocimiento y recto uso del principal instrumento de la instrucción, que es la lengua, sino que ofrece una disposición general para aprender otras lenguas, pues que el artificio de todas es sustancialmente uno mismo.

Esta disposición se adquirirá más fácilmente si se formase una gramática raciocinada en que los muchachos, al mismo tiempo que aprendiesen los rudimentos de su propia lengua, penetrasen los principios de la gramática general.

Al arte de hablar pertenece esencialmente la retórica, o arte de persuadir y mover por medio de la palabra.

Pertenece también la poética en cuanto enseña a deleitar e instruir por medio de un lenguaje figurado, sujeto a número y armonía, y realzado con ficciones y descripciones agradables.

Pertenece finalmente la dialéctica, en cuanto enseña a ordenar y disponer las ideas en el discurso para llegar más derecha y seguramente a la convicción.

Convendrá por lo mismo examinar si será posible reunir en una sola gramática, u obra elemental, toda la doctrina de estas enseñanzas, para que puedan recibirse con mayor facilidad y provecho.

En esta obra, las reglas deberán ser pocas y los ejemplos muchos, para que el estudio y análisis de los excelentes modelos que presenta nuestra lengua proporcione el conocimiento de sus bellezas y la aplicación de sus principios a la composición.

Y como toda esta enseñanza sea muy conveniente para mejorar la educación de los niños de ambos sexos, y no sea fácil que en unos mismos establecimientos la puedan recibir los de uno y otro, la Junta examinará los que convengan particularmente a cada uno, y los medios de regularlos según su objeto, no perdiendo de vista que la primera educación del hombre es obra de las madres, y que la instrucción de estas tendrá el influjo más señalado en las mejoras de la educación general y en los progresos de la instrucción pública.

Por estos medios la nación tendrá buenos humanistas castellanos, se difundirán en ella el conocimiento y afición a las buenas letras, el buen gusto y la sana crítica para distinguir sus bellezas, y la rica, la majestuosa lengua castellana subirá al grado de pureza que conviene a su gran carácter.

Mas para levantar nuestra lengua a toda su perfección y restituirla a su dignidad y derechos, la Junta examinará si será conveniente adoptarla en nuestros estudios generales y en todo instituto de educación como único instrumento para comunicar la enseñanza de todas las ciencias, así como para todos los ejercicios de discusión, argumentación, disertación o conferencia; con lo cual podrá ser algún día depósito de todos los conocimientos científicos que la nación adquiera, y será más fácil su adquisición a los que se dediquen a estudiarlos.

Para resolver este punto, la Junta tendrá presente:

1.º Que siendo la lengua nativa el instrumento natural, así para la enunciación de las ideas propias como para la percepción de las ajenas, en ninguna otra lengua podrán los maestros exponer más clara y distintamente su doctrina, y en ninguna la podrán percibir y entender mejor los discípulos.

2.º Que todos los pueblos sabios de la Antigüedad y muchos de los modernos de Europa han empleado y emplean su propia lengua para la enseñanza de todos los ramos de literatura y de ciencias, sin distinción alguna y con el mayor provecho.

3.º Que aun entre nosotros ha acreditado la experiencia que la enseñanza de las ciencias abstractas y naturales se comunica por medio de la lengua castellana sin inconveniente alguno, y que por lo mismo no hay razón para creer que no sea instrumento igualmente a propósito para la enseñanza de las ciencias intelectuales.

4.º Que aunque el conocimiento de las lenguas muertas, y señaladamente de la latina, griega y hebrea, se repute necesario, como en realidad lo es, para adquirir un conocimiento profundo de algunas de las dichas ciencias, por cuanto las fuentes y depósitos originales de su doctrina se hallan escritos en ellas, no se infiere de aquí que la enseñanza de sus principios se deba comunicar por medio de lenguas extrañas, ni que la propia no sea más a propósito para comunicarla.

5.º Que enseñadas y tratadas todas las ciencias en nuestra lengua, y mejorada en ella la confusa y embrollada nomenclatura con que la ha obscurecido el espíritu escolástico de nuestras escuelas generales, no solo dejarán de ser exclusivas y reservadas a un corto número de personas, sino que irán desapareciendo poco a poco un gran número de cuestiones frívolas, que no tienen otro origen sino la diferente acepción de las palabras, y se abrirá una puerta más franca para entrar a la participación de los conocimientos científicos.
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