Persona, Familia y Relaciones Humanas 5º año




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títuloPersona, Familia y Relaciones Humanas 5º año
fecha de publicación14.02.2016
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Prof. José Luis Bustinza Salas

Persona, Familia y Relaciones Humanas 5º año





LA LIBERTAD

Desde un punto de vista ético la libertad humana se puede definir como la "autodeterminación axiológica." Esto significa que una persona libre se convierte, por ese mismo hecho, en el verdadero autor de su conducta, pues él mismo la determina en función de los valores que previamente ha asimilado.

Cuando no se da la libertad –o se da en forma disminuida– entonces el sujeto actúa impedido por otros factores, circunstancias y personas, de modo que ya no puede decirse que es el verdadero autor de su propia conducta. De acuerdo con esto se dice que la condición previa de la libertad en un individuo es la captación y asimilación de los valores. En la medida en que un individuo amplía su horizonte axiológico podrá ampliar paralelamente el campo de su propia libertad. Y en la medida en que una persona permanezca ciega a ciertos valores, se puede decir que posee una limitación en su libertad.

La libertad humana tiene que ir paralela con el sentido axiológico y el sentido de responsabilidad, de no ser así se convierte en libertinaje.

La libertad aparece como la cualidad fundamental del ser humano, encargado y responsable de la realización de su propio destino es, entre todos los atributos del hombre, aquel al cual tiene menos derecho a renunciar, puesto que esto significaría descender a la jerarquía del simple animal irracional.

Pero la noción de libertad ofrece ciertos equívocos y falsificaciones: no debe confundirse con la arbitrariedad o el capricho, porque tarde o temprano degenera en libertinaje; como tampoco quiere decir derecho a disponer de si mismo y de los demás a su antojo, ni gozar de una independencia absoluta, porque en dicho caso se tendría derecho al suicidio y a conculcar la vida y los bienes ajenos. Los estragos que mal uso de la libertad ha hecho son demasiado evidentes.

Cierto que estamos condicionados por el pasado y por el presente y por una serie de factores que van desde lo biológico a lo cultural, lo que no pocas veces nos hace ver la libertad como una pura ilusión. Las condiciones climáticas y ambientales, el peso de la herencia familiar y racial, ese mundo desconocido que dormita en el subconsciente, el imperio de los instintos y la tiranía del pecado, la autoridad demasiado aplastante, la manipulación de las conciencias por técnica de propagandas y publicidad agresivas que llegan a paralizar las facultades de reflexión y juicios personales, la misma situación económica y tantas otras cosas hace decir a expertos psiquiatras y moralistas que no todos los hombres son absolutamente responsables de todos sus actos y que cada uno merece juicios atenuantes.

Pero precisamente, la libertad es voluntad de ejercer un control responsable sobre los elementos que normalmente nos dominan y nos impiden ascender para llegar a ser mas.

Los caminos de la libertad no son como se los imagina el yo egoísta y egocéntrico, los de una exaltación exagerada de la autonomía, sino los de un depender, descender y darse uno mismo a los demás. Se podría decir que el concepto contrario a la esclavitud no es el de independencia total sino capacidad de responder por si mismo y de si mismo.

Solo un ser dueño, al menos parcialmente, de sus deseos y de sus actos, puede ser considerado como responsable. El grado de su libertad será estrictamente proporcional al grado de su responsabilidad. Por eso, con frecuencia encontramos hombres que no quieren ser libres y que remiten a los otros el grado de peso de sus decisiones. Los Espíritus pusilánimes sienten mas o menos confusamente que la verdadera libertad les impediría continuar en el inconformismo y la apatía, en la seguridad y la responsabilidad, les obligaría a salir de sí mismos para lanzarse a la aventura de la vida expuesta a un continuo riesgo.

Evidentemente, hacer y ser hombres libres es una empresa difícil. Y libre, en efecto, es quien es dueño de sí mismo y causa de su realización. Esto se paga a gran precio, y la libertad cuesta caro. No obstante, a ella debemos que nuestra existencia valga la pena ser vivida.

La libertad lleva consigo algunos corolarios un tanto olvidados. Para empezar, consideremos el dúo formado por la libertad y la responsabilidad.

Para la mente actual, parecen contradictorios; y sin embargo, están íntimamente unidos. No son dos realidades separadas, sino dos aspectos de la mismísima realidad. Como una madre y su bebé, no se encuentran nunca separados. Nadie puede decir: Me gustaría ser madre, ¡pero sin hijos! Es una imposibilidad lógica.

Algo parecido ocurre aquí: no puede haber libertad sin responsabilidad ni responsabilidad sin libertad. Una acción libre equivale a una acción responsable. El mérito o la culpa, fruto de nuestras acciones, recae directamente sobre nuestros hombros. De modo semejante, no hay responsabilidad allí donde no hay libertad. No se nos ocurre castigar un árbol porque no se quitó del camino cuando nos fuimos a estrellar contra él.

Reconocemos que el árbol no tiene ninguna responsabilidad, porque no es libre. La responsabilidad presupone el poder para hacer algo. Sólo podré ser responsable de una acción cuando ésta sea verdaderamente mía.

Ser responsable significa responder, rendir cuenta de nuestras acciones a alguien con quien estamos comprometidos, al menos implícitamente (Dios, otras personas, nuestra propia conciencia).

Responsabilidad significa también asumir las consecuencias de nuestras acciones.

A veces nos gustaría poder separar los dos elementos: disfrutar los beneficios de la libertad sin tener que cargar con las consecuencias de la responsabilidad. Esta es una de las consecuencias de la responsabilidad. Esta es una de las razones por las que mucha gente se rebela contra la autoridad, por la que los adolescentes se quieren independizar de sus padres, por las que algunos psicólogos inventan métodos para tratar de acallar la persistente voz de la conciencia.

Sin embargo, el divorcio entre la libertad y la responsabilidad destruye la libertad misma. La libertad sin responsabilidad no es libertad sino licencia. El que es libre es verdaderamente dueño de sus acciones; y el que es dueño de sus acciones es verdaderamente responsable. La libertad es una de las caras, facetas o dimensiones del ser personal en cuanto activo u operativo. La otra cara, faceta o dimensión correlativa es la responsabilidad. Precisamente porque soy "dueño", puedo dar razón de mis actos. Mis actos son míos, no de fuerzas anónimas ni de ningún otro sujeto que quisiera decidir en mi lugar. De modo que si hay libertad, hay -quiérase o no- responsabilidad; y si hay responsabilidad es porque hay capacidad libre de querer y decidir. No hay sol sin luz, ni fuego sin calor. Libertad y responsabilidad son dos caras de la misma moneda, dos facetas del señorío que recibe la persona al ser creada.

La libertad no consiste en seguir ciegamente nuestros impulsos, sino en el autodominio. Podríamos pensar que somos libres cuando en realidad seríamos esclavos de las cosas: de nuestros apetitos, de nuestras pasiones, de la opinión pública, de las modas, del qué dirán. San Pedro, cuando escribía a los primeros cristianos, acusó la contradicción de algunos que proclamaban ser libres porque se abandonaban a los deseos carnales: Ellos pueden prometer libertad, pero no son más que esclavos de la corrupción; porque si alguno se deja dominar por algo, se hace esclavo de ello (2 Pe 2, 19). La esclavitud de la carne es sólo un tipo de servilismo; la esclavitud de la voluntad es todavía peor.

Ser libre es como estar en buena forma. Cualquier persona tiene libertad para escalar el monte Everest, pero muchos son incapaces de hacerlo porque están fuera de forma. No hay ninguna restricción externa en este caso, pero hay una interna. Como hemos dicho, la libertad es algo más que el simple deseo; es la fuerza para realizar lo que deseamos. Si quiero dejar de fumar, pero no puedo porque me falta fuerza de voluntad, no soy libre. Mi voluntad está fuera de forma.

La libertad humana es libertad de toda la persona, no de alguna de sus partes. Para que un esposo posea la libertad de ser fiel, debe poder controlar sus pasiones. Sin este autocontrol no hay libertad. Imagínate el caso de un piloto de la Fórmula 1. Es libre de manejar sólo si tiene un dominio completo sobre su vehículo. Debe ser capaz de frenar, de acelerar, de girar en un momento dado. Todas estas maniobras exigen un estricto control sobre el volante, el acelerador, la caja de velocidades, el freno, etc., y son necesarias para conducir con libertad un Fórmula 1.

No somos libres porque no hay quien nos detenga sino porque somos capaces de alcanzar nuestro verdadero fin y destino. Si la libertad consistiese en dar rienda suelta a nuestras pasiones más bajas y a nuestros instintos, los animales serían más libres que los hombres. Ellos no se sienten inhibidos por la razón o por la conciencia. Su ley es el instinto y los reflejos.

La verdadera libertad es la capacidad para dirigir nuestros sentimientos, pasiones, tendencias, emociones, deseos y temores bajo el gobierno de nuestra razón y voluntad. Así entendida, la libertad requiere que cada uno sea de verdad señor de sí mismo, decidido a luchar y vencer las diferentes formas de egoísmo e individualismo que amenazan su madurez como persona. Las personas verdaderamente libres son abiertas, generosas en su dedicación y servicio a los demás.

"El obrar sigue al ser", es un axioma antiguo, que significa dos cosas: a) que todo ser es dinámico, operativo, tiende a la acción; b) que la operación específica de cada ser es proporcionada a la categoría del propio ser: no puede rebasarla y no debe reducirse voluntariamente a un nivel inferior.

Para poder estar satisfechos y ser felices necesitamos comportarnos de manera adecuada a nuestro ser, a la altura de la dignidad que nos corresponde, empleando a fondo nuestra libertad, sirviéndonos de las leyes que rigen el perfeccionamiento personal.

Las leyes físico químicas o biológicas, lejos de impedir el desarrollo de los seres vivos, lo hacen posible. ¿Qué pasaría si no hubiera leyes en el cosmos? ¿Qué sucedería si no existiera, por ejemplo, la ley de la gravedad? Podría pasar que el mar trepara por las montañas, los océanos quedaran vacíos y las piedras cayeran hacia arriba. La sopa saldría del plato untándolo todo con su pringosa sustancia... Podríamos ser súbitamente despedidos al espacio vacío, hacia el aburrimiento perpetuo de las nebulosas cósmicas. No habría tierra firme ni lugar donde asirnos. Pero gracias a que existe la ley de la gravedad, y otras muchas, la tierra es un planeta azul habitable. Gracias a que existen leyes, "normas", es decir, cauces por los que discurren las cosas, hay ríos y mar y lluvia y cosechas; es posible la vida, el orden, el conocimiento científico, el desarrollo técnico...

No es difícil llegar ahora al principio siguiente: la ley moral lejos de ser negación de libertad, la hace posible. Las leyes que hacen posible el comportamiento libre son las leyes que llamamos morales. Como la libertad es vida y no caos, tiene sus leyes, que son las leyes del ser personal. Sólo conociendo bien esas leyes el hombre podrá servirse de ellas en beneficio de su libertad sin deteriorarla. Son leyes que, a diferencia de las físicas o biológicas, cabe no cumplir, pero como rigen el comportamiento de los seres libres, "deben" ser cumplidas para mantener y perfeccionar el vigor de la libertad: son las leyes morales. Quien las incumple es cada vez más esclavo de sus propias pasiones o de las ajenas: no es capaz de hacer lo que quiere de verdad. No puede estar satisfecho.


  1. Preguntas:

    1. ¿Qué se entiende por libertad en el texto?

    2. Según el texto ¿con qué tiene relación la libertad?

    3. Haz una síntesis de la relación entre la libertad y la responsabilidad

    4. Haz una síntesis de la relación de la libertad con el autodominio

    5. Según el texto ¿qué significaría el libertinaje?

    6. ¿Qué significa la verdadera libertad? ¿Qué significa que el obrar sigue al ser?

    7. Explica la relación de la libertad con las leyes morales?



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