Piso de estudiantes. En la pared del fondo, bajo una ventana, un sofá viejo. En un rincón, una mesa cubierta de partituras y sillas. En el otro, un caballete






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fecha de publicación05.03.2016
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La Reina Mab – © Laura Gallego García


La Reina Mab

PERSONAJES:

OCTAVIO, poeta.

ALEJANDRO, músico.

PABLO, pintor.

MANUEL, actor.

MABEL.

GERARDO, bohemio.

DOÑA ROSARIO, la casera.
ESCENA I

(Piso de estudiantes. En la pared del fondo, bajo una ventana, un sofá viejo. En un rincón, una mesa cubierta de partituras y sillas. En el otro, un caballete con un lienzo a medio pintar. Una puerta a cada lado; la de la izquierda es la de la calle; la de la derecha lleva a las otras habitaciones de la casa)

(Entra OCTAVIO por la izquierda, cargado con una gran cartera).

OCTAVIO: ¡Aaaaah de la casaaaa! ¿Quién hay?

(Entra MANUEL, por la otra puerta; lleva puesto un delantal)

MANUEL: ¡Ave, Octavio! Llegas justo a tiempo para pelar unas patatas.

OCTAVIO: Lo siento. Tengo que estudiar lingüística. Hoy le toca a ti hacer la comida.

MANUEL: ¡Traidor!

(Desaparece por la puerta de la derecha. OCTAVIO se encoge de hombros y deja la cartera sobre el sofá. Saca libros y apuntes y va a depositarlos en la mesa).

OCTAVIO: ¡Manuel! ¿No le has dicho a Alejandro que recoja sus partituras?

(MANUEL asoma la cabeza).

MANUEL: Tenía prisa. Y yo no me atreví a tocarlas, ya sabes cómo se pone. Creo que esos papeles son su nueva obra, ésa con la que está tan obsesionado. A propósito, ¿no sabrás por casualidad a dónde ha salido tan disparado?

OCTAVIO (recogiendo las partiduras y apartándolas a un lado de la mesa): Me dijo algo sobre una prima suya que va a venir a pasar unos días. Iba a ir a buscarla a la estación.

MANUEL (escandalizado): ¿¡Qué!? ¿Una mujer en nuestro sacrosanto piso de machos? ¿Y por qué no nos lo ha dicho a todos?

OCTAVIO: No sé, pregúntaselo a él.

MANUEL: ¿Es que ha pasado por alto los sacratísimos principios que han regido esta respetable asociación desde que fue fundada? ¿Es que acaso...?

OCTAVIO: Que yo sepa, esos "sacratísimos principios" no hablaban de mujeres.

MANUEL: Claro, porque no las había. ¡Esto es un escándalo!

(Entra PABLO por la izquierda).

PABLO: ¿El que es un escándalo?

MANUEL: ¡La prima!

PABLO (desconcertado): ¿Prima?

OCTAVIO: ¿Es que sólo lo sabía yo?

PABLO: ¿Qué prima?

MANUEL: ¡Lo ves! ¡Es un ataque a traición, con premeditación, alevosía y nocturnidad!

OCTAVIO: Pero si no es de noche.

PABLO: ¿Qué prima? ¡Eh! ¿Queréis explicármelo?

OCTAVIO (a PABLO): ¿Tú sabías que Alejandro va a traer a una prima suya a pasar unos días aquí, en este piso?

PABLO: Pues no. ¿Y a qué viene tanto jaleo?

MANUEL (pensativo): Bueno, tal vez no sea mala idea. Si su prima esta buena, le perdonaremos ¿Tú qué dices, Pablo?

PABLO: Iros a hacer puñetas.

(Sale por la derecha).

OCTAVIO (sentándose junio a la mesa): ¿Qué le pasa?

MANUEL: No le han aceptado sus cuadros en la exposición.

OCTAVIO (encogiéndose de hombros): ¿Y qué? Así estamos todos, ¿o no? ¿Cuántas veces me han devuelto mis poemarios de editoriales y concursos? ¿Cuántas veces ha estado Alejandro a punto de coger una gorra y ponerse a tocar en la boca del metro? ¿Y cuánta gente va a verte actuar a ti? (Suspira). Todo era muy bonito cuando vinimos aquí a triunfar. Teníamos aspiraciones y ganas de trabajar. Con el tiempo se pierde todo eso. Bajas del mundo de los sueños a la cruda realidad.

LA VOZ DE PABLO: ¡¡El problema es de ellos!! ¡No saben apreciar nuestro talento!

MANUEL: Di que sí, hijo.

OCTAVIO (husmea): ¿Qué es ese olor a quemado, Manuel?

MANUEL (alarmado): ¡¡Mecagüen, si es el pollo!!

(Sale por la derecha a todo correr).

OCTAVIO: Otro día sin comer.

(Entran ALEJANDRO y MABEL).

ALEJANDRO: ¡Buenas tardes! ¿Estamos todos?

LA VOZ DE PABLO: ¡Yo no estoy para nadie!

LA VOZ DE MANUEL: ¡Mierda de pollo!

OCTAVIO (levantándose, enfadado): ¡Así no hay quien estudie!

(Sale por la derecha. ALEJANDRO se acerca a la mesa y comprueba que las partituras están desordenadas en un confuso montón. Se pone a ordenarlas).

ALEJANDRO: ¡Octavio, dejé bien claro que no quería que nadie me tocara las partituras!

LA VOZ DE PABLO: ¿Ahora se llaman así?

ALEJANDRO (a MABEL): Lo siento. Rencillas diarias de la vida en este piso de ocupados estudiantes

MABEL (encogiéndose de hombros): No te preocupes. Ya se les pasará. ¿Qué es eso del pollo?

(Sale MANUEL)

MANUEL: Querrás decir "era". Espero que Alejandro no te haya hablado de mis dotes de cocinero. Acabo de chamuscar la comida.

ALEJANDRO (consternada): ¡Oh, no!

MABEL (riendo): Es igual. Os invito yo. ¿Os gusta la pizza?

LA VOZ DE OCTAVIO: ¿He oído pizza?

MANUEL: Si consigues sacar a nuestros compañeros de su voluntario retiro espiritual somos completamente tuyos, bella dama. Y si nos invitas a pizza, tus esclavos de por vida.

MABEL: ¿Intentas ligar conmigo?

MANUEL: ¡Líbreme Dios! ¿Cómo se te ocurre semejante idea?

ALEJANDRO: No le hagas acaso. Es actor de teatro. Siempre tiene que dar la nota.

MABEL: ¿Porque es actor de teatro o porque nació así?

ALEJANDRO: Ahora que lo dices... pues no lo sé.

MANUEL (quitándose el delantal): ¿Y qué te trae por aquí, hermosa dama? ¿Qué te ha decidido a aventurarte en esta peligrosa jungla y enfrentarte a animales como nosotros en su hábitat natural?

MABEL: Nada emocionante. Un cursillo sobre arquitectura renacentista. Estudio Historia del Arte.

MANUEL: Buena elección. Yo estoy haciendo Derecho porque mi padre me obligó. Eso del teatro nunca le ha gustado.

MABEL: Pero ¿estás en alguna compañía?

MANUEL: Tengo un grupillo, sí. Nada importante. Actuamos esta noche, ¿querrás venir a vernos?

MABEL: Claro, me encantaría.

ALEJANDRO: Este piso está lleno de carreras frustradas. Ya conoces mi historia. Yo quería entrar en el Conservatorio, pero mis padres preferían que fuera a la Universidad, así que cogí Magisterio, rama de Música. Algo es algo.

MANUEL: En realidad los otros dos no están tan mal. Pablo es pintor y está en Bellas Artes. Octavio quería ser poeta y está en Filología.

LA VOZ DE OCTAVIO: ¡Estudiando lingüística y leyendo cientos de novelas!

MANUEL (en confidencia a MABEL): Está deprimido porque ha perdido la inspiración.

MABEL: ¡Pobre!

MANUEL: Tú no digas que yo te lo he dicho.

ALEJANDRO: En realidad, todos nos sentimos igual. Con la sensación de que trabajamos para nada. No tenernos suerte en los concursos, no podremos vivir de nuestra obra.

MANUEL (suspira): ¿Quién puede hoy en día vivir del arte?

(Breve silencio).

MABEL: Bueno, ¿venís a comer o no?

(Entra OCTAVIO)

OCTAVIO: Yo me apunto. Pablo dice que no tiene ganas. (A MABEL) Por cierto, siento haber sido tan brusco antes. Soy Octavio.

MABEL: El poeta, ¿no? Encantada. Soy Mabel.

MANUEL: Bueno, vámonos a comer. Por esta vez seremos poco caballerosos y dejaremos que invite la dama. Al fin y al cabo, somos unos muertos de hambre, y más desde que el pollo pasó a mejor vida.

(Salen por la puerta de la izquierda).

ESCENA II

(El mismo escenario, pero la luz es más débil: es de noche, y el salón está iluminado por una lámpara. Entran MABEL, OCTAVIO, MANUEL Y ALEJANDRO).

MABEL (a MANUEL): Has estado fantástico, en serio. Me ha gustado mucho tu actuación.

MANUEL (lúgubremente): El público sigue sin aumentar. Cuatro personas. Exactamente igual que las últimas cinco veces. Hoy has venido tú, pero no ha venido Pablo. Lo dicho. Nos han echado una maldición.

OCTAVIO: Manuel siempre dice que liga mucho, pero la única admiradora que tiene es la abuelita aquélla de la segunda fila. Es una seguidora incondicional, no se pierde una de sus actuaciones y, encima, no le quita ojo.

MANUEL: Ésa es la de la maldición, seguro.

(Todos menos ALEJANDRO se sientan en las sillas y el sofá).

ALEJANDRO: ¿Queréis algo de beber?

MABEL: ¿Qué me ofreces?

ALEJANDRO: Bueno, tenemos granizado de limón. No me mires así, Manuel. Sabes que el presupuesto no nos llega para más.

MABEL: A mí me gusta el granizado.

OCTAVIO: Tendréis que disculparme, pero no puedo quedarme. Mañana tengo que madrugar.

MANUEL: Y yo también, ¿y qué? Eres demasiado responsable.

(Salen OCTAVO y ALEJANDRO).

MANUEL (a MABEL): Entonces, sinceramente, ¿te ha gustado la obra?

MABEL: Que sí, hombre. Mereceríais un público mayor.

MANUEL: Es lo que yo siempre digo. Pero no subimos de cuatro espectadores.

MABEL: Lo que pasa es que no se enteran. Deberíais darle más publicidad al asunto. Pegar carteles, repartir trípticos... Seguro que en sitios como la facultad de Filología hay mucha gente interesada.

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