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Chino, a la izquierda, le da una dosis de SMM a un niño quien se niega a tomarla.

La mayoría de los niños les gusta la SMM porque la ven como algo mágico.

 

No sé todo lo que el circuito magnético hace, pero sí sé que los imanes extremadamente fuertes provocan que el área se hinche con sangre y se ponga roja.

 

No hay duda que la sangre extra ayuda a aliviar. Los rayos X antes y después probaron que los huesos sanaron en los cinco días que mantuve los imanes en el lugar. Estábamos despreocupados porque si la oportunidad de ir a África se presentaba mi cuello estaba aliviado y podía ir.

 

Si usted tiene problemas con huesos que no se alivian, busque el magnetismo.


Tiempo después llamó un hombre de Guinea y quería que fuéramos a ese país y tratáramos a las personas de allá. Dijo que era un amigo de la primera dama y que podía conseguirnos la aprobación del gobierno. Le había comentado a la primera dama sobre nosotros y ellos estaban ansiosos de que fuéramos a Guinea. Arnold, finalmente me llevó a conocerlo y platicamos.

 

Las cosas estaban listas para ir. Le llamé a este hombre de Guinea y entonces todo se vino abajo cuando Arnold me dijo que yo nunca volvería a hablar con él otra vez. Él nunca me permitiría hablar con nadie a quien él considerara su contacto. Ahí estaban los gritos y alaridos que yo tanto odio y de los que no podía tomar parte. Ha como se pusieron las cosas, este hombre decidió que él iba a dictar los términos de cada uno de nuestros movimientos en Guinea y eso era algo que simplemente nosotros no podíamos aceptar. Al menos eso me dijo Arnold.

Por lo tanto no fuimos a Guinea. Puedo decirle cuán humillante es que a uno le digan que no puede hablar con alguien. Esto ocurrió en la primera parte del año 2005.

  

Chino va a Sierra Leona, África del Oeste

Un joven muy activo conocido por el nombre de Chino me contactó y dijo que le gustaría saber más acerca de la SMM. (Le llamábamos en aquel tiempo la Solución de Malaria). Conocí a Chino en Beatty, Nevada aproximadamente en marzo del 2005.

 

Le expliqué cómo funcionaba la SMM y mezclé algunas dosis y le di una.
Foto 7.1.

Los familiares de Chino en Sierra Leona le ayudan a tratar a cientos de personas.

Los vasos de plástico contienen una dosis de SMM cada uno.

 

Chino explicó que su familia en Sierra Leona poseía en concesión una gran mina de oro junto al río principal de allá.

 

Explicó que la malaria era tan mala que todos en su familia tenían malaria y mucha gente moría por ella. Dijo que él necesitaba toda la SMM que yo pudiera darle. Le dije que intentaría darle tanta como me fuera posible. Habíamos decidido cobrar una cantidad que cualquier africano pudiera pagar y en ese tiempo eran 10 centavos. Le expliqué lo del precio y dijo que podía conseguir el dinero.

 

Le di 20 botellas con las cuales podía tratar en ese tiempo a 450 personas por botella. Nunca le cobramos, aunque él insistió en que pagaría.

 

Junté 100 botellas con 450 dosis cada una. Entonces Chino y yo viajamos a Reno y las enviamos a Sierra Leona. Él pagó el envío con su tarjeta de crédito. No le pedimos dinero, sólo que nos diera una carta firmada de cada persona que fuera tratada y curada de malaria. Se fue a Sierra Leona para empezar a tratar a más personas.

 

Regresó después de tratar 5,000 víctimas de malaria más. Su viaje tomó cerca de 3 meses. Tenía cámara y su primo tomó varias fotos de las personas durante el proceso. Cuando regresó no traía ninguna carta firmada, pero sí traía las fotos. Después nos pidió más botellas.

 

Incluyo fotos de su trabajo en Sierra Leona.
Personas haciendo fila para tomar una dosis de SMM.

Note cuán cercanos están uno de otro. Esta fue la operación de Chino.

 

John continuó hablando sobre proporcionarnos el dinero para ir a África. Arnold dijo que no podíamos ir hasta que tuviéramos una invitación. Debido a que ellos tenían dinero y seguían hablando sobre financiar un viaje a África para realizar pruebas clínicas allá, me mantuve callado.

 

Ellos confiaban en mi deseo de ver curada a la gente de África. Entonces, tomarían mi tecnología, sin dejarme decir nada, y sin pagarme nada más que los gastos del viaje, lo cual en realidad no era nada. Ellos aseguraron a los patrocinadores que nadie (yo) recibiría pago por la tecnología. Dijeron que los patrocinadores querían que todo su dinero se empleara en tratar a la gente en África. Realmente no pude discutir nada en contra de eso.

 

¿Cómo podía yo ser tan egoísta de cobrar por mi tecnología? El hecho es, sin embargo, que nunca supe quiénes eran los “patrocinadores”.


Finalmente me di cuenta que aunque estuvieran asegurando que el dinero fuera para tratar a las personas en África, ellos usaban mi tecnología para darse a conocer en Malawi. Estaban entonces trabajando en varias diferentes aventuras para información de cómo obtener MMS de negocios incluyendo la minería y una nueva tecnología del arroz que proveería proteína de arroz al mundo entero.

 

Yo no estoy incluido en ninguno de esos negocios. Yo no quiero estarlo. Imaginé que si continuaba intentando darle esta información al mundo, el dinero me llegaría eventualmente.

 

Si no, al menos yo sé que esta información es muy importante como para que una sola persona la tenga bajo control y yo no voy a permitir que eso suceda.  

 

 

 

 

Capítulo 8 - Malawi, África del Este

 

Nosotros, la Fundación para la Solución de Malaria formada por mí (el autor) y Arnold, finalmente recibimos una invitación, no del gobierno de Malawi sino de un hombre de negocios de allá. Su nombre es Zahir Shaikh, un gran humanitario.

 

Una vez que supo de nosotros quiso ayudar a su gente.

 

Con su invitación y dinero que John proveyó, Arnold y yo volamos a Malawi en febrero del 2006, junto con otras dos personas que Arnold quiso llevar.
De izquierda a derecha, James Christiansen, Jim Humble (autor), Zahir Shaikh y John Wyaux.


La noche antes de irnos a Malawi, tuvimos una cena de despedida. John me dijo, y todos escucharon:

“Yo sólo quiero que sepas que tienes que hacer todo exactamente como quiere Arnold o no habrá dinero para financiarte en Malawi. Eres un barco sin timón y no podemos tenerte echando a perder las cosas”.

Yo simplemente dije:

“Está bien, lo haré a la manera de Arnold”.

Había muchos puntos que no iban a funcionar a la manera de Arnold, pero tenía que verlo por sí mismo. Ciertamente él no iba a escucharme.

 

Yo quería salirme de eso. Yo no disfrutaba ser tratado de esa manera, pero estábamos comprometidos a atender personas enfermas en Malawi y no me podía salir. Sí, era el dinero de John lo que lo estaba haciendo posible, pero también eran mis años en desarrollar la idea y mi tecnología que lo estaban realizando. Yo no sabía que me consideraran un barco sin timón, pero debía esperarlo.

 

Cuando regresé después de más de un mes, John se disculpó porque su novia le dijo que debería hacerlo, pero eso en realidad no cambió nada. La gente adinerada tiende a no respetar a los que no lo tienen. El dinero sin embargo nunca fue mi asunto. Me tomó 50 años y cientos de miles de dólares estudiar filosofías espirituales y religiones. Tengo algo que ellos nunca tendrán y nunca entenderán.

 

Mis estudios espirituales me capacitaron para interesarme lo suficiente y descubrir la SMM.


Zahir Sheikh (vea foto arriba) fue el hombre de negocios que nos invitó a Malawi. Era un indio oriental cuyos ancestros se fueron a vivir a Malawi muchos años atrás. Nos llevó al capitolio de Malawi, a muchas oficinas gubernamentales, ayudándonos a obtener la aprobación para la SMM. (La cual en aquel tiempo llamábamos la Solución de Malaria).

 

Nuestro éxito en conseguir la aceptación de la SMM en Malawi fue completamente orquestado por Zahir. Todos los días nos llevó por la ciudad en su automóvil para visitar a oficiales, como el Jefe de Policía, el Inspector General, el Ministro de Salud, etc.

 

Cuando visitamos la oficina de cada oficial, Zahir nos presentaba, Arnold platicaba acerca de que nuestra misión era traer la SMM a África, después sugería que yo les diera los detalles de cómo trabaja realmente la SMM. En ese tiempo me tomaba de 10 a 20 minutos explicar la química básica de la SMM, dependiendo del número de preguntas que hacían.

 

Yo pensaba que era particularmente interesante porque antes de iniciar el viaje Arnold estaba extremadamente inflexible en decirles a las personas en Malawi sobre cómo trabaja la solución. Esa fue una de las razones por las que me llamó un barco sin timón. Intenté destacar que no funcionaría si no les decíamos cómo funcionaba.

 

Ese fue uno de los principales puntos de desacuerdo.
Tres de los enfermeros de la prisión observan la forma en que el autor mezcla la SMM.


Nosotros simplemente no íbamos a decirles cómo funcionaba y la primera persona que fuimos a ver, Arnold dijo:

“Este es el inventor y él te dirá cómo funciona”.

Por lo tanto, Arnold estaba terco en no explicar cómo trabaja. Pero cuando ya estábamos allá, Arnold se dio cuenta inmediatamente de que teníamos que decirles los detalles. Sin embargo, éste es uno de los muchos puntos que fue usado para mostrarme que Arnold debía tener control total.


Yo no presioné sobre eso porque sabía que los doctores y los oficiales científicamente entrenados nunca nos permitirían hacer algo sin una explicación de cómo funciona. En cierto punto Arnold me había dicho que si empezaba a decirles cómo funciona me bajaría del avión y me enviaría a casa. (Eso fue cuando estábamos hablando acerca de ir a Guinea).


Otro punto de desacuerdo fue la insistencia de Arnold en que deberíamos ser los administradores de la SMM. Que deberíamos entrenar personas allá y permitirles que les den la SMM a los pacientes de malaria. Pero eso simplemente no era práctico. Cuando uno trae una medicina es mejor estar preparado para dárselo a la gente. Si no lo haces, nadie confiará en ti y no confiarán en tu medicina.

 

Ha como estaban las cosas, cada vez que íbamos a ver a un oficial yo generalmente mezclaba dosis para todos, incluyendo los oficiales y lo crea o no, cada oficial que vimos estaba dispuesto a beber la dosis. Lo primero que hicimos en Malawi fue darle a la gente sus dosis de la SMM. Entonces, cuando finalmente fuimos a las prisiones o a otros lugares, nosotros dimos las dosis. En todo el tiempo que estuvimos allá no tuvimos a ninguna persona de Malawi que diera las dosis.

 

Básicamente, todo ocurrió de la manera que dije que ocurriría, pero eso no se reconoció. Al contrario, había más determinación para que las cosas se hicieran de la manera que Arnold lo dictaba.
 

Mientras estuvimos en Malawi, Arnold despidió a las dos personas que llevó con nosotros. Uno era un fotógrafo llamado James Hackbarth y la otra un amigo de Arnold llamado John Wyaux. Yo no diré todos los detalles, sólo lo relevante. La parte más bochornosa ocurrió probablemente en el restaurante más exclusivo del lugar. Todos tenían traje y corbata y nosotros éramos las únicas personas blancas allí.


Arnold se puso de pie y le gritó a John Wyaux. Nunca supe realmente por qué. El restaurante completo se quedó en completo silencio cuando Arnold comenzó a gritar. Yo sólo me quedé mirando a mi plato, demasiado bochornoso para ver aquello. Finalmente, muy enojado Arnold se marchó del restaurante y las cosas volvieron a la normalidad.

 

Al día siguiente, me di cuenta que John había dicho algo a Zahir, pero Zahir nunca escuchó lo que le dijo. Yo no escuché lo que se dijo. De hecho, nadie excepto Arnold escuchó lo que se dijo, ni siquiera John supo lo que había dicho que enfureció a Arnold. Hasta este día, no sé lo que John dijo y por tanto todavía no tengo idea de por qué Arnold despidió a John.


Tres tardes después Arnold estaba un poco ebrio. Entró al cuarto de James Hackbarth y lo despidió porque no estaba tomando el tipo correcto de fotos de acuerdo a Arnold. Admito que no me gustaron algunas de sus fotos, pero me di cuenta de que todo lo que teníamos que hacer era explicar exactamente lo que queríamos. Después de eso, Arnold les dijo a ambos que se fueran a casa de la mejor manera que pudieran.

 

Durante los pocos días que ellos no estuvieron, Arnold fue extremadamente rudo con ellos cuando los veía. Yo debí irme a casa con ellos porque nadie merece ese trato, pero yo quería tercamente que el Proyecto Malawi tuviera éxito al grado de comprometer mi integridad por el trato de mis conocidos. Todas mis decisiones y elecciones fueron entonces, y todavía son predicadas, sobre la idea de que yo quería que la SMM sea usada en todo el mundo.
 

Tuvimos el mismo problema en Malawi que el que tuvimos en Kenia.

 

Las dosis que mezclé eran demasiado débiles. Cuando estábamos tratando a los primeros prisioneros en nuestras pruebas clínicas en la cárcel, regresaban al siguiente día, sintiéndose mejor pero no totalmente curados. Entonces empecé a incrementar la dosis. Había otro problema. Estábamos comprando jugo con vitamina C agregada como conservador. La vitamina C agregada reduce la eficiencia de la SMM en un 75% aproximadamente.

 

Yo ya había probado este hecho, pero lo dejé pasar porque antes nunca había tenido un problema real con eso. Una vez que me di cuenta que el jugo tenía vitamina C como conservador, empecé a usar sólo jugo fresco y también incrementé la dosis.

 

Entonces empezamos a alcanzar el 100% de recuperación de malaria.
Dos mujeres en prisión dan a sus bebés la fórmula SMM.

Ambos bebés se aliviaron en 24 horas.


Alguien sugirió que hacer las pruebas clínicas en la prisión local sería lo más cómodo y el lugar más fácil para obtener el permiso. Decidimos probar.

 

Visitamos la prisión local llamada Maula en la ciudad de Lilongwe, capital de Malawi. El director de la prisión nos dio permiso para hablar con el técnico médico. El nombre del técnico médico asistente era S.S. Kamanja.

 

Aunque era el asistente, era el único que siempre estaba allí. Arregló las cosas para que hiciéramos las pruebas clínicas. Le dimos unos cuantos dólares en varias ocasiones y se mostró bastante cooperativo. De hecho, no sólo es justo mencionar que fue bastante cooperativo incluso antes de que le diéramos dinero. Era tan agradable que pensamos que sería adecuado ayudarle un poco.

 

Nos retiramos de la prisión para encontrar un laboratorio u hospital donde pudiéramos tomar muestras de sangre. Era especialmente importante que ellos estuvieran separados de nosotros. Finalmente nos instalamos en un hospital médico llamado SMRA, era una organización internacional. SMRA significa Servicio Médico de Rescate Aéreo.

 

El Dr. Joseph Ayree era el director allá y fue muy atento con nosotros. Le explicamos lo que queríamos hacer y lo que nuestra SMM hacía. Preparamos nuestra bebida normal para mostrarle. Pareció no dudar en beberlo al igual que hicieron la mayoría de los oficiales en Malawi. Nos asignó un técnico de laboratorio médico cuyo nombre era Paul Makaula.

 

El Dr. Aryee dijo que todo lo que necesitábamos hacer era pagarle el salario de Paul mientras trabajara para nosotros. Acordamos pagarle $300 dólares por seis días y además de pagar su gasolina y otros gastos. El Dr. Aryee le permitió al técnico del laboratorio médico usar el laboratorio de SMRA y el microscopio de la prisión para las pruebas de sangre sin costo lo cual pensamos fue muy generoso. Él quería ayudar.

 

En Malawi todos los oficiales tomaron una dosis completa de SMM. Si hubiera sido una droga, probablemente no la hubieran tomado. Si no hubieran estado dispuestos a tomar la SMM, la cual es meramente un suplemento mineral, tampoco hubieran estado a que su gente lo hiciera. En mi opinión, estos oficiales fueron muy valientes en querer ayudarnos a ayudar a su gente.

 

Estaban dispuestos a tomar la dosis de la SMM sólo porque se lo pedimos.


Es mi creencia que la razón por la que el Consejo Farmacéutico de Medicinas y Tóxicos aceptaran nuestra SMM como un suplemento mineral y no como una droga fue que muchos oficiales la tomaron sin dudarlo cuando les dijimos que no era una droga. En esencia mucha gente realmente quería ver a la SMM ayudando a su país. Ellos querían y estaban listos a cooperar para que les sirviera.


De regreso a la prisión la mañana siguiente S.S. Kamanja trajo a los primeros 10 hombres. Se les dio seis gotas a cada uno incluyendo el vinagre, los tres minutos de espera y se le agregó jugo de piña. Arnold comprobó la temperatura de cada paciente. Lo primero que aprendimos fue que los termómetros para el oído no funcionaban allá. Creo que es porque en África, especialmente en la prisión, se limpian de manera diferente o simplemente no se limpian.

 

Afortunadamente, teníamos los termómetros de tirillas de plástico que sólo se presionan sobre la frente. En cerca de 10 segundos la temperatura puede leerse en el plástico.


Arnold estaba usando los termómetros de tirilla para revisar a todos. Estos termómetros trabajaban bien y pudimos tomar la temperatura de cada paciente la cual generalmente era alta. Paul, el técnico de laboratorio, tomó las muestras de sangre, las puso en un portaobjetos y las etiquetó con los nombres de los pacientes.

 

Estos portaobjetos se llevaron al laboratorio de la SMRA y Paul analizó cada uno en el microscopio. Archivamos cuidadosamente la información de 10 pacientes esa mañana que se tomaron las muestras de sangre. Entonces mezclé las dosis en tazas de plástico y Arnold les dio las tazas a los pacientes.

 

Cuando habíamos terminado de tomar las muestras de sangre, de almacenar la información, y después de dar a cada uno de los diez pacientes una dosis preguntamos que si había más quejas de malaria. Kamanja dijo que había 19 más. Dijimos, tráiganlos y les daremos una dosis a todos. Lo hicimos.

 

Regresamos esa tarde después de las 3:00 p.m. para ver los resultados pero no había buenos resultados. La mayoría dijo que se sentían mejor, pero aún tenían fiebre. La fiebre se había reducido solamente en una persona. Yo sabía que algo andaba mal. Dosificamos a todos de nuevo incluyendo los 10 tratados y los otros 19 quienes estaban recibiendo la dosis sin tomarles muestras de sangre y sin hacerles expediente. Aún usábamos sólo seis gotas.


Usted probablemente lo adivinó, la mañana siguiente todavía todos los pacientes aún eran positivos a la malaria. Empecé a recordar que en Kenia había usado 15 gotas. Usamos seis gotas en E.U. sólo para mantenimiento. Empecé a tener un indicio de lo que estaba mal. También recordé que los experimentos arrojaron que la vitamina C reduce la efectividad del dióxido de cloro.

 

Esa tarde empecé a trabajar en obtener el jugo adecuado, sin vitamina C adicionada.
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