En la cama de su ex marido (05. 04. 2006)






descargar 403.67 Kb.
títuloEn la cama de su ex marido (05. 04. 2006)
página1/9
fecha de publicación10.08.2016
tamaño403.67 Kb.
tipoDocumentos
med.se-todo.com > Derecho > Documentos
  1   2   3   4   5   6   7   8   9


En la cama de su ex marido

Melanie Milburne

5º Serie Multiautor Chantaje


En la cama de su ex marido (05.04.2006)

Título Original: Back in Her Husband's Bed (2005)

Serie Multiautor: 4º Chantaje

Editorial: Harlequín Ibérica

Sello / Colección: Bianca 1660

Género: Contemporáneo

Protagonistas: Xavier Knightly y Carli Gresham

Argumento:

Quería recuperarla… pero con sus condiciones

Al acceder a tomarse una última copa con Xavier Knightly, el hombre del que se había divorciado hacía ya cinco años, la vida de la abogada Carli Gresham cambió para siempre. Quizá su matrimonio estuviera acabado, pero desde luego el deseo que sentían el uno por el otro no lo estaba. Y tres meses después, Carli le dio a Xavier la noticia de que estaba embarazada…

Como buen abogado, Xavier no tardó en idear un plan para asegurarse de que Carli volviera a vivir con él… y a acostarse con él. Pero al darse cuenta de que lo que realmente deseaba era que volviera a amarlo, Xavier se dio cuenta de que se enfrentaba a la mayor batalla de su vida.

Prólogo

Hotel Creston Tower, Sidney

Viernes, 13 de septiembre, 10:33 p.m.

—¡Señora Gresham! —una periodista se lanzó hacia Carli, micrófono en mano en cuanto se abrieron las puertas del ascensor—. Cuéntenos cómo ha sido quedarse atrapada en un ascensor durante dos horas con su ex marido, Xavier Knightly.

—Sin comentarios —contestó Xavier por ella, tomando su brazo para sacarla del círculo de reporteros.

—¿Señora Gresham? —el micrófono de nuevo se dirigió hacia Carli—. ¿Es cierto que rompió su matrimonio con Xavier Knightly para proseguir su carrera como abogado?

—Por favor, deje de molestar —replicó Xavier, enfadado—. No tenemos nada que decir.

—La conferencia que ha dado esta tarde era muy interesante, señora Gresham —insistió la reportera—. ¿Tiene algo que añadir?

—Yo… —Carli abrió la boca para contestar, pero Xavier tiraba de ella hacia la puerta que llevaba a la escalera—. ¿Dónde vamos?

—A mi habitación, a tomar esa copa que te prometí hace dos horas —contestó él—. Yo diría que nos hace falta. A los dos.

Carli estaba de acuerdo, aunque no lo dijo en voz alta.

—Bonita suite —murmuró después, mirando la vista del puerto—. Los que viajamos en tercera clase no disfrutamos de tantas comodidades. Pero tú siempre has querido lo mejor, claro.

Xavier clavó en ella sus ojos azules.

—¿Te molesta?

—No, a menos que otra persona tenga que pagar por ello.

—La habitación está pagada.

—No me refería a eso y tú lo sabes.

—Mira, Carli, vamos a dejar el tema feminista por un rato. Te he pedido que subieras a mi habitación para tomar una copa, no para dejar que intentes castrarme.

Ella hizo un gesto de indignación.

—¿Por qué cuando se trata del tema de la igualdad de sexos los hombres siempre piensan que las mujeres intentan castrarlos?

—Ya te he dicho que no quería hablar de eso.

—No, claro. En la cumbre se está demasiado cómodo y no te apetece hacer sitio para nadie más.

Xavier dejó escapar un suspiro.

—¿Qué quieres tomar? —preguntó, volviéndose hacia el bar.

De nuevo, Carli tuvo que hacer un esfuerzo para contener su indignación. Tratarla como si fuera una niña obstinada era algo que su ex marido había perfeccionado durante sus tres años de matrimonio. Y seguía sacándola de quicio.

—No quiero tomar nada.

—Muy bien. ¿Quieres ir al baño? Es esa puerta.

Carli se dio la vuelta y entró en el cuarto de baño, intentando no mirar la cama que ocupaba la mitad de la suite.

Una vez allí, se tomó su tiempo, lavándose las manos y peinándose un poco el rizado pelo castaño. Pero, por mucho que lo intentase, no podía borrar el nerviosismo, la expresión agitada que reflejaba el espejo.

Quedarse atrapada en un ascensor con el hombre del que se había divorciado cinco años antes no era muy recomendable, pensó, irónica. Le había molestado saber que Xavier acudiría a la conferencia sobre derecho de familia, que estaría observándola, escuchándola… odiándola.

Respirando profundamente, salió del baño y volvió a enfrentarse con su ex marido.

—¿Has cambiado de opinión sobre la copa?

—Sí, tomaré un vaso de agua.

Carli lo observó sacar una botella de agua mineral de la nevera y echar hielos en un vaso.

Después, lo estudió por encima del vaso. No había cambiado mucho en esos cinco años. Las mismas facciones atractivas, el mismo pelo negro… aunque tenía algunas canas en las sienes.

A los treinta y seis años, seguía manteniéndose en forma: el estómago plano, los bíceps marcados. Estaba moreno, a pesar del frío invierno de Sidney. Su ropa era siempre de la mejor calidad y, con la camisa de seda italiana remangada hasta el codo, mostraba unos antebrazos fuertes y cubiertos de vello oscuro.

Era el epítome del hombre de éxito. El poder, el dinero y los privilegios eran algo que Xavier Knightly daba por sentado. Su reputación como abogado de familia era bien conocida en todos los círculos legales. Con Xavier Knightly de tu lado, no era necesario nada más. Era un experto y muchos de sus colegas se lo pensaban dos veces antes de actuar como contrarios.

Carli lo miró y tuvo que tragar saliva. Había visto cada milímetro de ese cuerpo de metro noventa, lo había visto en momentos de pasión, en momentos de enfado, en momentos de ternura… Habían compartido tantas cosas, pero, al final, no fue suficiente.

—Siéntate. Y, por favor, deja de mirarme con esa cara de enfado.

—No estoy enfadada.

—Sí lo estás. Me miras con la cara de «todos los hombres son unos cerdos».

—No seas ridículo —replicó ella, dejándose caer en el sofá.

—¿Lo ves? Ya estás enfadada.

Carli tuvo que sonreír.

—No hay quien te aguante.

Xavier la miró entonces, pensativo.

—Se me había olvidado lo guapa que eres cuando sonríes.

Carli apartó la mirada. No quería oír esas cosas…

—Mírame, Carli.

Ella levantó la mirada y se le encogió el corazón al pensar que no volvería a ver esos ojos azules.

Xavier le había prometido que si tomaban una copa no volvería a ponerse en contacto con ella nunca más…

Aquél era el telón final para su turbulenta relación.

—Debería irme —murmuró, levantándose—. Habíamos dicho una copa y…

—No —la interrumpió Xavier.

—¿Cómo que no?

—Sé que es tarde, pero podrías cenar conmigo.

—¿Cenar?

—¿Tienes algo en contra?

—No, pero… cenar juntos seguramente no es buena idea —señaló ella—. Seguramente acabaríamos discutiendo y montando un espectáculo en el restaurante.

—No habrá espectáculo si cenamos aquí.

Debería haber imaginado que diría eso, pensó Carli, irritada consigo misma por caer en la trampa.

—No tengo hambre.

—Estás muy delgada.

—Y tú eres muy arrogante.

—Y tú demasiado sensible.

—Y tú te estás portando como un idiota —replicó Carli, intentando conservar la calma—. ¿Qué haces? —exclamó cuando Xavier dio un paso hacia ella.

—Si insistes en marcharte, yo insisto en un último beso.

Carli se pasó la lengua por los labios de forma inconsciente.

—No voy a besarte —contestó. Pero a su tono le faltaba la convicción necesaria.

—¿Ésa es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?

—No te hagas el listo conmigo, Xavier. He venido sólo a tomar una copa y tú lo sabes muy bien.

—Un beso, Carli, por los viejos tiempos.

Ella conocía bien sus besos. Y sabía que con uno no sería suficiente. Y debía evitarlo por todos los medios.

—Tengo que irme —murmuró. Pero cuando iba a darse la vuelta, Xavier la tomó del brazo.

—¿De qué tienes miedo?

—Yo no tengo… —Carli dejó escapar un suspiro, irritada—. Sencillamente, no creo que debamos repetir ciertas experiencias. Eso es todo.

En la habitación se hizo un silencio pesado.

Su corazón empezó a latir con una fuerza desmesurada y sus piernas la traicionaron. Vio que Xavier se acercaba, como a cámara lenta, pero no podía hacer nada para evitarlo…

Su ex marido la besó con tal suavidad que pensó que lo estaba imaginando, pero entonces lo hizo otra vez, con más firmeza, y Carli sintió que sus labios ardían, que se abrían sin que ella les diera permiso, buscando más…

Sintió las manos de su ex marido acariciando su pelo como lo había hecho cinco años atrás y sintió también su cuerpo, duro como una piedra, la erección masculina rozando su estómago, y respondió como si alguien hubiera pulsado un interruptor. Sintió el deseo brotar entre sus piernas y su decisión de resistir desapareció.

Le devolvió el beso con la desesperación de cinco años de soledad, deseándolo con tal intensidad que sabía que ya no habría marcha atrás.

Sus lenguas se enredaban, la de él repitiendo una acción que había hecho con otra parte de su cuerpo muchas veces en el pasado.

El beso enviaba llamas de deseo a todos sus lugares secretos, como si estuviera extendiendo un líquido inflamable dentro de ella. Carli no podía contenerse. El placer era irresistible. Nada la había preparado para aquella conflagración. Necesitaba sus manos, su boca, su deseo por ella, que le recordaba lo que habían compartido en el pasado, cuando se sentía segura entre sus brazos…

Xavier se apartó un poco y, aunque no dijo nada, la pregunta quedó colgada en el aire. Carli la vio en los ojos azules y contestó tomándolo por la cintura para deslizar después las manos hasta sus nalgas y apretarlo más contra ella.

Sin dejar de besarla, Xavier la tomó en brazos y la llevó a la cama. Ella lo observó quitarse la ropa a toda velocidad, su deseo aumentando al ver aquel cuerpo desnudo que conocía tan bien.

Él se tumbó a su lado y, en unos segundos, la ropa de Carli se reunió con la suya en el suelo. Sentir el cuerpo masculino deslizándose sobre el suyo era como una droga; lo deseaba tanto que apenas podía respirar.

Se negaba a pensar en el día siguiente y en cómo se sentiría después de aquel encuentro: lo deseaba con una desesperación que ni siquiera ella sabía que sintiera. Necesitaba que llenase el vacío que había en su interior y cuando sus muslos cubiertos de vello encerraron los suyos, supo que ya no había escapatoria.

Ni quería que la hubiera.

Xavier acariciaba sus pechos mientras hacía círculos con la lengua sobre sus pezones. Después se deslizó para besar su estómago, su ombligo, metiendo y sacando la lengua hasta que Carli empezó a revolverse, agitada. Y contuvo el aliento cuando siguió hacia abajo, la caricia de su aliento entre las piernas haciéndola sentir un frenesí de anticipación. Carli se agarró al embozo de la cama, anclándose allí para soportar la tormenta de sentimientos que su lengua provocaba. Cuando pensaba que no podría soportarlo más, Xavier subió para buscar su boca y, con un movimiento rápido, entró en ella, dejándola sin aire.

Había pasado tanto tiempo…

Enseguida empezó a marcar un ritmo rápido que la excitaba aún más porque demostraba que el deseo de él era tan fuerte como el suyo. Lo sentía duro y caliente dentro de ella y cuando la tocó íntimamente con los dedos para aumentar el placer, Carli se mordió los labios para no gritar. Xavier conocía tan bien su cuerpo, sabía tan bien lo que le gustaba…

Sintió el primer espasmo de placer como un golpe que lo convirtió todo en un caleidoscopio de colores fragmentados en su cerebro. Y el siguiente y el siguiente, hasta que apenas podía respirar. Lo sintió prepararse para el momento supremo, empujando con fuerza, estallando dentro de ella con un grito ahogado.

Poco a poco, su pesado cuerpo se fue relajando y Carli sintió su aliento en el cuello.

—¿Ha sido demasiado rápido? —preguntó él con voz ronca, apoyándose en un codo para mirarla.

—No deberíamos haberlo hecho —contestó Carli, apartando la mirada.

—Probablemente, no —asintió Xavier, deslizando un dedo por su estómago—. Pero dadas las circunstancias era inevitable.

—No es buena idea que dos personas divorciadas vuelvan a… verse. Sólo causa confusión y dolor.

Xavier se tumbó, colocando las manos detrás de la nuca.

—Lo dices como si te lo hubieras aprendido de memoria. Sólo ha sido un revolcón, Carli… no pasa nada.

—Quizá para ti no, pero para mí sí.

Él se volvió para mirarla.

—¿Estás diciendo que sigues sintiendo algo por mí?

—No, claro que no. Tú mataste lo que sentía hace mucho tiempo.

Si esa respuesta lo había desilusionado, no lo demostró. Sencillamente, se quedó donde estaba, con las manos en la nuca y los ojos cerrados, como si no pasara nada.

Carli apretó los dientes. Debería haberlo imaginado. Debería haber sabido cuando empezó a dar su conferencia sobre los obstáculos con los que se encuentran las mujeres jóvenes en el campo del derecho que él estaría sentado en la tercera fila, esperando para lanzarse sobre ella cuando llegase el momento de las preguntas.

La pública batalla de preguntas y respuestas sin duda había sido parte de un juego previo… para convencerla después de que tomaran una copa, algo que Xavier Knightly tenía bien planeado.

—Lo habías planeado todo, ¿verdad? —exclamó Carli, saltando de la cama.

—Sigues teniendo demasiada imaginación —contestó él.

—¿Crees que no te conozco? Todo esto estaba preparado y yo… yo he caído en la trampa como una tonta —murmuró ella, abrochándose la blusa a toda prisa, sin molestarse en buscar el sujetador—. Una copa por los viejos tiempos… ¿Crees que soy tan tonta como para creerme esa bobada?

—Aparentemente, así es —contestó él, irónico.

Carli miró alrededor para buscar algo que pudiera tirarle a la cabeza. Pero aquella vez no había a mano ningún preciado jarrón de la familia Knightly.

—Yo que tú no lo haría. Ya sabes que destrozar una habitación de hotel es un delito.

—Eres un arrogante, un machista, un oportunista, calculador, vengativo, arrogante…

—Eso ya lo has dicho —la interrumpió él—. Por favor, si vas a insultarme, intenta ser original.

Carli estaba tan furiosa que lo veía todo rojo.

—¡No quiero volver a verte en toda mi vida!

—En eso habíamos quedado. Una copa y prometí no volver a verte nunca.

—Nunca, jamás. No quiero volver a verte o a hablar contigo en lo que me queda de vida.

—Muy bien, como tú quieras —sonrió Xavier, tan irónico como siempre.

Carli lo habría abofeteado.

—¡Te odio!

—Ya me lo imagino. Por eso pediste el divorcio hace cinco años. Si no me odiaras, no habríamos tenido que perder tiempo y dinero en los tribunales.

Ella se dio la vuelta para que no pudiera ver las lágrimas en sus ojos.

—Ah, por favor, dame la carta del restaurante antes de irte. Tengo hambre.

Carli se volvió y, con una expresión muy poco elegante, le dijo lo que podía hacer con ella.

Xavier soltó una carcajada y, furiosa, Carli tomó la carta, la hizo pedacitos y los tiró sobre la cama como si fueran confeti.

Bon appétit —dijo, a modo de despedida, antes de cerrar de un portazo que hizo vibrar los cuadros del pasillo.

Xavier escuchaba el repiqueteo de sus tacones, cada paso haciendo una nueva herida en su pecho…

Furioso, tomó los trocitos de papel que ella había tirado sobre la cama y, soltando una palabrota que haría enrojecer a un curtido marinero, los lanzó al suelo con rabia.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9

similar:

En la cama de su ex marido (05. 04. 2006) iconA fernando, mi marido, por su comprensión, ayuda y cariño

En la cama de su ex marido (05. 04. 2006) iconInstrucción Fiscalía General del Estado núm. 2/2006, de 15 marzo (jur 2006\94040)

En la cama de su ex marido (05. 04. 2006) iconPerguntas enviadas à seção “Oráculo” entre 20/10/2006 e 23/03/2006

En la cama de su ex marido (05. 04. 2006) icon62. Amor no fumes en la cama

En la cama de su ex marido (05. 04. 2006) iconSerie: 4º Mult. En la cama del magnate griego

En la cama de su ex marido (05. 04. 2006) icon4 D. L. N° 21, del 15 de junio del 2006, publicado en el D. O. N°...

En la cama de su ex marido (05. 04. 2006) iconHace mucho tiempo vivían dos jóvenes esposos en lugar muy apartado...

En la cama de su ex marido (05. 04. 2006) iconEntreabrí los ojos. Ella estaba junto a mí, en la cama, ligeramente...

En la cama de su ex marido (05. 04. 2006) iconEntreabrí los ojos. Ella estaba junto a mí, en la cama, ligeramente...

En la cama de su ex marido (05. 04. 2006) iconInvestigacióN : «El Teatro Comunitario y su incidencia en la escena...
«Taller de Investigación acerca de las relaciones entre teatro callejero, comparsa, palabra y fiesta (2006 )»; «El significado del...


Medicina





Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com