Desde el punto de vista económico social hubo en Inglaterra un gran desarrollo, tanto en agricultura como en industria durante el siglo XVIII. Esto, junto con






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LA FILOSOFÍA DE HUME
1. Introducción


    1. Ambiente sociocultural


Desde 1714 a 1760, el partido liberal (whig) dirige sin interrupción la política inglesa. Durante este periodo se consolida en Inglaterra el sistema parlamentario.

Desde el punto de vista económico social hubo en Inglaterra un gran desarrollo, tanto en agricultura como en industria durante el siglo XVIII. Esto, junto con el progreso colonial en la India y América del Norte, sigue favoreciendo a la burguesía que va adquiriendo conciencia de clase.
El gran auge científico.

Desde el punto de vista cultural, es la época de la Ilustración. Es la época de la fe en la razón humana, en la que se confía para el desarrollo de todas las actividades, tanto científicas como económicas, y de la que se espera alcanzar un mejor orden social y político.

En esta época, las ciencias naturales conocen un gran desarrollo, como continuación de la obra de NEWTON a fines del siglo anterior. La física avanza en sus distintas ramas —investigaciones sobre la dinámica de los gases, la electricidad, el magnetismo...—. Los estudios sobre la presión del vapor de agua permitirán a Watt, en 1765, construir una máquina de vapor aplicable a la industria. Nace así la revolución industrial. El avance de la química permite descubrir nuevos elementos. La medicina realiza importantes avances en cirugía, debidos sobre todo a la disección de cadáveres.

También alcanzan desarrollo, en esta época, las ciencias históricas y jurídicas. En este campo fueron importantes las aportaciones de Hume con su Historia de Inglaterra, publicada en 1754.
El desarrollo del comercio.

Durante el siglo XVIII Inglaterra tiene la mejor situación comercial de Europa debido a múltiples factores. Las leyes inglesas favorecían la actividad económica. Los ricos terratenientes pagaban impuestos. En 1694 se había fundado el Banco de Inglaterra que proporcionó estabilidad económica e impulsó la iniciativa privada. Se desarrolló la marina, lo que mejoró los intercambios con las colonias. Mejoraron las carreteras y se construyeron canales.

La mayor parte de la clase trabajadora estaba por encima del nivel de pobreza lo que hizo posible un aumento en la demanda interior de productos como tejidos y objetos para el hogar. Así, la producción textil favoreció el inicio de la revolución industrial.



    1. Biografía


DAVID HUME (1711- 1776) nace en Edimburgo, en el seno de una familia bien relacionada, pero de escaso patrimonio. Cuando murió su padre, tenía dos años y fue educado por su madre. Ingresó en la Universidad de Edimburgo, pero no terminó los estudios. Su familia quería que se dedicara a las leyes y él prefería la filosofía. Trabajó un tiempo en la oficina de un comerciante de las Indias Occidentales en Bristol y luego marchó a Francia, donde estudió la filosofía cartesiana en el colegio de La Fléche.

Allí escribió, en 1734, el Tratado de la naturaleza humana. Esta obra, que había proyectado en 1 725, cuando sólo contaba 14 años, se publicó de forma anónima en 1739 y pasó tan inadvertida que Hume no la reconoció como propia hasta 1776. Por el contrario, La investigación sobre el entendimiento humano, de 1 748, tuvo mucho éxito.

Intentó obtener la cátedra de ética y filosofía del alma en Edimburgo, sin conseguirlo. Fue preceptor de un lunático —el marqués de Annandale— y luego secretario de un general, con el que viajó por Europa.

Fue bibliotecario de la Facultad de Abogados de Edimburgo, donde comenzó su Historia de Inglaterra, y también secretario del Departamento del Norte en la Secretaría de Estado de Londres.

Fue amigo de ROUSSEAU y también de ADAM SMITH, el teórico del Liberalismo económico. Sus obras fueron incluidas en el Índice de obras prohibidas de la Iglesia Católica.


  1. Naturaleza humana y conocimiento




    1. La ciencia del entendimiento humano

Hume, según confiesa en su obra Tratado acerca de la naturaleza humana, pretende contribuir al avance del conocimiento. Esto solo se puede conseguir construyendo la ciencia de la naturaleza humana. Para ello, toma en consideración cuatro aspectos:

• Conocimiento: Hay que estudiar el conocimiento humano; su alcance y validez, qué posibilidades de conocimiento tiene, etc.

• Ideas: Hay que estudiar la naturaleza de las ideas que emplearnos, porque en ellas se fundamenta nuestro conocimiento.

• Fundamento: Hay que hacerlo con un fundamento nuevo: el método experimental. Hay que trasladar a las ciencias del hombre el método empleado por Newton en la ciencia (por eso se llamará a Hume el Newton de las ciencias morales).

• Experiencia: Hay que basar el conocimiento únicamente en la experiencia y en la observación; el ámbito del entendimiento debe estar limitado al ámbito de la experiencia humana. No podemos ir más allá de la experiencia.


  1. La teoría del conocimiento de Hume




    1. Impresiones e ideas

Hume divide los contenidos del conocimiento en dos clases:

Impresiones: Es el conocimiento por medio de los sentidos.

Ideas: Son las representaciones o copias de las impresiones en el pensamiento.

Ejemplo: estoy percibiendo esta clase: paredes, encerado, mesas... (impresión). Ahora cierro los ojos y sigo imaginando la misma clase: estoy percibiendo lo mismo pero con menos viveza. La primera es una impresión; la segunda es una idea.

Las impresiones son todas nuestras sensaciones. Las ideas son las imágenes débiles de las impresiones.
Tanto las impresiones como las ideas pueden ser:

Simples: No admiten distinción ni separación (el color azul y la idea de azul); son las de mayor valor cognoscitivo.

Complejas: Cuando se pueden separar: sí admiten distinción dentro de ellas (manzana: varios colores, forma, tamaño, peso, etc.), pueden dividirse en partes.

Por tanto, nada hay en la mente, dice Hume, distinto de sus percepciones, éstas son de dos tipos: impresiones e ideas. Entre unas y otras existe la misma diferencia que entre el sentir y el pensar.

3.2. Relación entre impresiones e ideas

  • Entre las impresiones e ideas simples hay una gran semejanza. Toda percepción de la mente aparece a la vez como impresión y como idea. Por ejemplo, las ideas que me formo de esta clase cuando cierro los ojos son representaciones exactas de las impresiones que he percibido. Con las complejas no siempre se da esa semejanza, porque muchas de nuestras ideas complejas no han tenido nunca impresiones correspondientes. Por ejemplo, no he tenido impresiones de una Europa «nueva».

  • A toda idea simple le corresponde una impresión simple.

  • Las ideas no son copia exacta, son representación de la experiencia: las ideas son imágenes de las impresiones.

  • La impresión siempre es anterior a la idea. La impresión es causa de la idea, pero no al revés. La idea procede siempre de la impresión, mediata o inmediatamente. Nunca en orden inverso.

  • La idea tiene origen en la impresión. Las impresiones simples preceden siempre a sus correspondientes ideas, y no al revés. Por ejemplo, para enseñarle a un niño la idea del color rojo, le presento un objeto rojo. Este criterio sobre el origen será el que siente las bases para todo el empirismo, de un modo radical. Se introduce así un criterio tajante para decidir acerca de la verdad de nuestras ideas: una idea es verdadera si procede de alguna impresión. Si podemos señalar la impresión correspondiente a esa idea, es una idea verdadera; si no podemos, es una idea falsa. Por tanto, el criterio y el límite de nuestro conocimiento son las impresiones.



    1. Tipos de conocimiento

Hasta ahora hemos visto la distinción entre impresiones e ideas, que es una distinción que se refiere a los elementos del conocimiento. Ahora vamos a ver otra distinción que hace Hume en referencia a los modos o tipos de conocimiento.
a) Por relaciones entre ideas

Aunque todas las ideas tienen su fundamento en las impresiones, podemos tener conocimiento de las ideas sin necesidad de recurrir a las impresiones.

Ejemplo: “El todo es mayor que la parte”: este es un razonamiento que se basa en la relación entre las ideas de todo y parte. Prescindiendo de que haya en la realidad todos y partes, esta proposición será siempre verdadera La relación entre estas ideas es, en cuanto tal, independiente de los hechos.

Estas formulaciones se llaman analíticas y necesarias. La Lógica y las Matemáticas pertenecen a este tipo de conocimiento.
b) Por conocimiento de hechos

Además del conocimiento que tenemos como relación entre las ideas, tenemos otro conocimiento de hechos, ‘factual’, basado en las impresiones. El conocimiento que tengo de esta clase, de la clase que está enfrente, del mar, del calor del verano, todo es conocimiento de hechos. Tiene su fundamento en las impresiones.
Con estos dos modos de conocer, ¿conocemos ya la verdad? Al distinguir impresiones e ideas se introduce un criterio para decidir acerca de la verdad de nuestras ideas: queremos saber si una idea cualquiera es verdadera o falsa. Sólo hay un modo de saberlo: una idea es verdadera si proviene de una impresión; es falsa, si no procede de impresiones.
A toda idea le tiene que corresponder una impresión; si no hay correspondencia, hay falsedad. El límite de nuestro conocer es la impresión: el conocimiento de la mente humana está completamente limitado por las impresiones. El conocimiento no tiene otra base que las impresiones: este conocimiento es el que nos hace reflexionar sobre el punto fundamental en la filosofía de Hume: la causa.

3.4. El problema de la causalidad

Hemos visto que, según Hume, nuestro conocimiento de los hechos queda reducido a las impresiones actuales (por ejemplo, esta clase) y pasadas (por ejemplo, el recuerdo de mi casa).

Pero no podemos tener conocimiento de hechos futuros, porque no podemos tener impresiones de un hecho que todavía no ha sucedido, de un hecho futuro.

Sin embargo, en nuestra vida normal hablarnos con certeza de hechos que se van a producir en el futuro.

Ejemplo: si pongo agua en el fuego, se calienta o hierve; si llueve, me mojo; si me arrimo al fuego, me caliento o me quemo.

.

Y afirmamos, además, su nexo causal (Investigación sobre el entendimiento humano). Por ejemplo, el fuego es causa de que hierva el agua; el agua es la causa de que me moje.

¿Cómo podemos estar seguros de esta verdad? Porque el criterio de verdad consiste en saber si a esa idea le corresponde una impresión, y aquí no puedo tener impresión de un hecho que todavía no ha sucedido; he visto que después de poner el agua al fuego, hierve, pero ¿sucederá siempre así? Lo que afirmamos como causalidad necesaria, ¿es así? ¿Tenemos derecho a afirmarlo así?

Si nuestro conocimiento se reduce a impresiones de hechos, no podemos tener impresiones de futuro y, por consiguiente, tampoco tenemos impresiones de la conexión necesaria entre el fuego que calienta y el agua que hierve.
Del pasado solamente hemos observado la sucesión constante entre un fenómeno y otro. Tenemos experiencia de esto: siempre que llueve, me mojo; siempre que me arrimo al fuego, me caliento o me quemo. Es decir, siempre que sucedía el primer hecho, sucedía el segundo: el segundo viene detrás del primero como mera sucesión, uno después del otro. Esta sucesión es lo que hemos observado, pero lo que no hemos observado es la relación necesaria entre una cosa y otra: no tenemos experiencia de que un segundo hecho haya sido causado por el primero.
Del futuro sólo podemos afirmar una creencia: creemos que el agua me mojará, que el calor me quemará... No hay conocimiento, sino creencia (Investigación sobre el entendimiento humano). La certeza proviene del hábito: la costumbre que tenemos de ver un fenómeno después de otro hace que lo afirmemos con certeza; pero esa certeza no proviene del conocimiento, sino de la costumbre.
Conclusión

• No podemos afirmar el principio de causalidad (‘Todo efecto tiene su causa”), porque:

— nuestras impresiones son del pasado, no del futuro;

— no tenemos impresiones de la causalidad o conexión necesaria.
• Hay una unión de impresión a impresión, pero esa unión no es de causa a efecto, sino de simple sucesión. Por ejemplo, siempre que ha llovido me he mojado; hay una simple sucesión de hechos, pero no hay una unión causal.
• No hay unión de impresión a no impresión: de la impresión no podemos deducir algo de lo cual yo no tengo impresión. Por ejemplo, yo no tengo impresión de la causa; por tanto no puedo concluir que el agua es la causa de que me moje.
Problema: Si yo no puedo afirmar ninguna cosa de la que no tengo impresión, ¿qué pasa con Dios, el mundo, yo? Porque de ninguna de estas realidades puedo tener impresiones, como va a demostrar Hume. Se trata del problema de la sustancia.

3.5. El problema de la sustancia

Hemos visto que, según Hume, todo nuestro conocimiento se reduce a impresiones e ideas; nuestro entendimiento está completamente limitado por las impresiones, de tal modo que nos impide abordar cuestiones abstractas; y entre las más abstractas está el problema de la sustancia. La sustancia es un concepto al que no corresponde ninguna impresión.

Hume no hace ninguna concesión: a nuestra idea de sustancia, de Yo, de Mundo, de Dios, no corresponde impresión alguna. La palabra «sustancia» sólo designa un conjunto de percepciones particulares que nos hemos acostumbrado a encontrar juntas; por tanto, el concepto clave de la Metafísica carece de valor. (Tratado acerca de la naturaleza humana)

Idea de Mundo

Locke justificaba la realidad del mundo distinta de la mente diciendo que la realidad extramental es la causa de nuestras impresiones.

Hume no puede aceptar esta afirmación, porque no tenemos impresiones de la relación causa-efecto. Yo lo único que puedo afirmar es que “tengo una impresión”, pero no puedo afirmar que a mi impresión corresponda una realidad exterior. La realidad está más allá de las impresiones. Si lo afirmo estoy deduciendo una cosa de la cual yo no tengo impresión.

Por tanto, no podemos afirmar la existencia de una realidad corpórea distinta de nuestras impresiones. Lo único que podemos afirmar es la realidad de nuestras impresiones, pero no realidad alguna distinta de ellas.

Idea de Dios

Hume niega esta idea:

• De Dios no tenemos ninguna impresión y, por tanto, no podemos afirmar su existencia.

• No hay nexo causal entre las impresiones y Dios, que está más allá de nuestras impresiones. No podemos afirmar su existencia.

La pregunta que hay que hacerse es: ¿De dónde provienen esas impresiones?

Hume dice: no lo sabemos; no tenemos más conocimiento que nuestras impresiones. Ir más allá de ellas es infundado. El límite de nuestro conocimiento son las impresiones. Sabemos que las tenemos, pero nada más; no sabemos de dónde vienen. Es un escepticismo total.
Idea de Yo

Desde Descartes se había afirmado la realidad del “yo” como sustancia distinta de nuestros pensamientos, por intuición inmediata: “pienso, luego existo”. Hume lo debe negar:

• Sólo tenemos intuición de nuestras impresiones.

• El yo o persona no es una impresión: es aquello que se supone como sujeto al que se refieren nuestras impresiones. Pero de ello no tenemos impresión.

• Nuestras impresiones no son constantes, sino variables: una impresión sucede a la otra; siento dolor, después siento tristeza, después alegría... Nunca existen todas al mismo tiempo, sino que se suceden. Por tanto, no hay una impresión constante y permanente.

En consecuencia, no existe el yo como sustancia distinta de las impresiones.

¿Cómo podemos explicar la conciencia que tenemos todos de nuestra propia identidad? Por ejemplo, yo soy el mismo que ayer estaba en casa, que estoy ahora en clase, que mañana iré el fútbol... Hume no tiene otra explicación que la memoria: gracias a la memoria conocemos la conexión existente entre las diferentes impresiones que se suceden. El error consiste en que confundimos sucesión con identidad.

3.6. Conclusión
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