La nueva ciencia del desarrollo personal




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Poder sin límites

MITOS AUTOAYUDA

Anthony Robbins

Poder sin límites

La nueva ciencia del desarrollo personal

Traducción de José Antonio Bravo

grijalbo mondadori

Dedicado al poder más grande que usted tiene,

el poder de amar, y a todos los que le ayudan a compartir esa magia.

Y que para mí son, sobre todo, Jairek, Josbua, Jolie, Tyler, Becky y mamá

índice

Agradecimientos 9

Prólogo, por KENNETH BLANCHARD 11

Presentación, por sir JASON WlNTERS 13

Primera parte Cómo se modela la excelencia humana

  1. La mercancía de los reyes 19

  2. La diferencia en que se resume toda la diferencia 44

  3. El poder de nuestro estado 60

  4. La fe, o el nacimiento de la excelencia 81

  5. Las siete mentiras del éxito 99

  6. Dominar nuestra mente: cómo dirigir nuestro
    cerebro 115

  7. La sintaxis del éxito 149

  8. Cómo detectar la estrategia de otra persona .... 164

9. La fisiología: el camino real de la excelencia .... 188
10. La energía: el combustible de la excelencia 207

Segunda parte La fórmula del éxito definitivo

  1. Para librarse de las limitaciones: ¿qué es lo que
    desea usted? 239

  2. El poder de la precisión 261

. La magia de la relación

¡4. Las distinciones de la excelencia: los metapro-
gramas

  1. Cómo tratar las resistencias y resolver los pro
    blemas

  2. Redefinición del marco: el poder de laperspecti\.,

  3. Anclarse a sí mismo al éxito

Tercera parte El liderato: el desafío de la excelem ¡ \

  1. Jerarquías de valores: el criterio definitivo del éxito 393

  2. Las cinco claves de la riqueza y del éxito 428

  3. Creación de tendencias: el poder déla persuasión 444

  4. Vivir la excelencia: el desafío humano 466

Glosario 478

Robbins Research Institute 483

Agradecimientos

Cuando me puse a pensar en las personas a quienes de­seaba expresar mi agradecimiento por su ayuda, sugeren­cias y esfuerzo en la creación de este libro, me salió una lista inacabable. Ante todo he de agradecer a mi esposa y a mi fa­milia su contribución al crear un ambiente que me permitió dejar correr mis ideas a cualquier hora del día o de la noche, hallando siempre unos oídos dispuestos.

Luego, naturalmente, agradezco la colaboración de Peter Applebome y Henry Golden por su acertada puesta en limpio de mis atropelladas ocurrencias. En varias fases del trabajo me fueron muy útiles las sugerencias de Wyatt Woodsmall y de Ken Blanchard. Eso sí, el libro no habría llegado a ver la luz sin los trabajos dejan Miller y Bob Asahina, quienes, junto con el resto del personal de la editorial Simón & Schuster, estuvieron a mi lado durante los cambios de última hora.

A los maestros cuya personalidad, cuyos métodos y cuya amistad han influido más en mí (desde mis primeros estudios de comunicación con la señora Jane Morrison y Richard Cobb hasta Jim Rohn, John Grinder y Richard Bandler), no los olvidaré nunca.

Gracias también al equipo de diseñadores, secretarias y documentalistas que hicieron un gran esfuerzo bajo el apre­mio de las urgencias: Rob Evans, Dawn Aaris, Donald Bo-denbach, Kathy Woody y, cómo no, Patricia Valiton.

Y un recuerdo muy especial para el personal de Robbins Research: la administración, los gerentes de los centros y los cientos de promotores que, en todo el país, me ayudan a lle­var nuestro mensaje al mundo todos los días.

Prólogo

Cuando Tony Robbins me solicitó un prólogo para esta obra quedé muy complacido por varias razones. Ante todo, opino que Tony es un joven extraordinario. Nos conocimos en enero de 1985 mientras yo estaba en Palm Springs para tomar parte en el torneo de golf Bob Hope Classic Pro-Am. Acaba­ba de salir de una típica tertulia de golfistas dicharacheros en el rancho Las Palmas Marriott, con su característica rueda de baladronadas mutuas; mientras nos dirigíamos a almorzar, un amigo australiano llamado Keith Punch y yo vimos un cartel anunciador de la conferencia de Tony Robbins «Libere su poder interior», que incluía una práctica consistente en pa­sar sobre carbones encendidos. Ya tenía alguna noticia de Tony, y esto picó mi curiosidad. Como Keith y yo habíamos tomado algunas copas, decidimos no caminar sobre la hogue­ra, pero de todos modos asistiríamos a la conferencia.

Durante las cuatro horas siguientes fui testigo de cómo Tony hipnotizaba a un numeroso público formado por jefes de empresa, amas de casa, médicos, abogados y otras muchas personas. Cuando digo que los hipnotizó no me refiero a nin­guna especie de magia negra. Tony los tuvo a todos en vilo gracias a su carisma, su simpatía y la profundidad de su co­nocimiento de la conducta humana. Fue la conferencia más estimuladora y euforizante que he conocido en mis veinte años de práctica en el terreno de la formación de directivos. Al final, todos menos Keith y yo, pasaron un foso lleno de brasas, con una longitud de unos cinco metros, que había es­tado ardiendo durante toda la tarde, y sin que nadie se que-

11

mase. Fue algo digno de ver y una experiencia inolvidable para todos.

Tony utiliza esta demostración como una parábola; lo que él enseña no es un ejercicio místico, sino un conjunto de he­rramientas prácticas para enseñarnos a obrar con eficacia venciendo cualquier temor que alberguemos. Ahora bien, la capacidad para triunfar en todo lo que uno se proponga es un poder muy real. Así pues, el principal motivo de que aceptara gustosamente escribir este prólogo es mi sentimiento de tre­mendo respeto y admiración hacia Tony.

Tengo un segundo motivo para escribir este prólogo y es que el libro de Tony sirve para mostrar a todos la ampli­tud y el alcance del pensamiento individual. Robbins es al­go más que un orador capaz de motivar a sus oyentes; con poco más de veinticinco años de edad es ya uno de los pensa­dores más influyentes en psicología de la motivación y del éxito. Creo que este libro tiene posibilidades de convertirse en el texto definitivo para mover recursos humanos. Las ideas de Tony sobre la salud, el estrés, el planteamiento de metas u objetivos, su visualización, etcétera, son una línea de actua­ción obligada para quien quiera profundizar en el terreno de la excelencia personal.

Confío en que el lector extraerá tanto provecho del libro como yo mismo. Aunque sea más extenso que El Ejecutivo al Minuto, sé que permanecerá pendiente de sus páginas hasta el final, de manera que el pensamiento de Tony le servirá para desatar el poder mágico que posee.

Kenneth Blanchard, Ph. D., coautor de El Ejecutivo al Minuto

Presentación

Toda la vida, incluso cuando trabajaba como actor cine­matográfico, me ha resultado difícil hablar en público. Antes de cada ocasión me ponía físicamente enfermo. En vista de mi invencible temor a hablar en público, podéis imaginar mi emoción cuando me enteré de que Anthony Robbins, el hombre que convierte el temor en poder, podía curarme.

Pese a mi emoción cuando acepté la invitación para una entrevista con Tony Robbins, no dejaba de albergar ciertas dudas. Algo sabía de la PNL (Programación Neuro-Lin-^üística) y demás métodos en que Tony es experto acredita­do, pero tampoco olvidaba las incontables horas y los mu-dios dólares gastados hasta entonces en busca de ayuda profesional.

Los especialistas anteriores me habían explicado que, al estar arraigada mi fobia desde hacía muchos años, apenas ca­bía confiar en una solución rápida. Por lo cual establecían l.irgos calendarios de visitas semanales, y mi problema se convertía en interminable.

Cuando conocí a Tony, lo primero que me sorprendió lúe su prestancia física. No suelo encontrar a muchos hom­bres más altos que yo. Debe tener una estatura de metro no­venta y cinco y pesar unos ciento cinco kilos. Es extremada­mente joven y simpático. Tomamos asiento y me di cuenta de que yo estaba muy nervioso mientras él empezaba a inte­rrogarme sobre mis dificultades.

Entonces me preguntó qué quería y en qué sentido desea-l>a cambiar. Fue como si mi fobia se alzase para defenderse a

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sí misma, tratando de impedir lo que sin duda estaba a punto de ocurrir. Pero, apaciguado por la voz tranquilizadora de Tony, empecé a escuchar lo que me decía.

Desahogué mi sensación de pánico ante las ocasiones de manifestarme en público; de súbito, ésta se halló reemplaza­da por nuevas sensaciones de fuerza y seguridad. Tony me hizo viajar mentalmente a la situación de verme en escena y pronunciar una alocución con éxito. Mientras yo, mental­mente, peroraba, Tony me ofrecía puntos de anclaje, es decir recursos de los que yo puedo extraer fuerza y seguridad mientras hablo. Ya lo verá el lector en el libro.

Durante los cuarenta y cinco minutos que duró la sesión, permanecí con los ojos cerrados, al tiempo que escuchaba a Tony. De vez en cuando, él me tocaba las rodillas y las manos para suministrarme «anclajes» físicos. Cuando todo hubo terminado me puse en pie. Jamás me había sentido tan relaja­do, tranquilo y calmado. No tenía ninguna sensación de de­bilidad y me veía en condiciones de hacer mi presentación en el programa de la televisión de Luxemburgo, ante una au­diencia potencial de 450 millones de espectadores.

Si los métodos de Tony funcionan con los demás lo mis­mo que conmigo, harán un gran bien a muchas personas de todo el mundo. Entre nosotros hay seres humanos obligados a guardar cama y cuyo único pensamiento es la muerte. Los médicos les han dicho que tienen cáncer y eso las ha trastor­nado de tal manera que su organismo está sometido a un estrés insoportable. Pues bien, si una fobia de toda la vida, como la mía, fue eliminada en menos de una hora, los méto­dos de Tony deben ser puestos a disposición de todos aque­llos que sufren dolencias de cualquier especie, emocionales, mentales o físicas. Ellos también pueden librarse de sus te­mores, de su estrés y de sus ansiedades. No hay que perder ni un minuto. ¿Para qué seguir sufriendo por miedo al mar, a las alturas, a hablar en público, a las serpientes, a los jefes, al fra­caso o a la muerte?

Yo soy ahora un hombre libre, y este libro le ofrece a us­ted la misma oportunidad. Estoy convencido de que esta •ihra será un auténtico supervenías porque va mucho más allá

que la mera superación de temores: enseña cuáles son los móviles del comportamiento humano en todas sus formas. El dominio de la información que contiene este libro equivale al dominio completo de la propia mente y del propio cuerpo, lis decir, será usted dueño de su propia vida.

Sir Jason Winters, autor de Killing Cáncer

El Éxito

Reír mucho y a menudo; ganarse el respeto de las per­sonas inteligentes y el aprecio de los niños; merecer el elogio de los críticos sinceros y mostrarse tolerante con las traiciones de los falsos amigos; saber apreciar la belleza y hallar lo mejor en el prójimo; dejar un mundo algo mejor, bien sea por medio de un hijo sano, de un rincón de jardín o de una condición social redimida; saber que al menos una vida ha alentado más libremente gracias a la nuestra: eso es haber triunfado.

Ralph Waldo Emerson

Primera parte

Cómo se modela la excelencia humana

1

La mercancía de los reyes

La gran finalidad de la vida no es el conocimiento, sino la acción.

Thomas Henry Huxley

Me hablaban de él desde hacía meses. Decían que era jo­ven, sano, rico, feliz y próspero. Quise convencerme por mí mismo. Le observé atentamente mientras salía de los estudios de la televisión y le seguí luego durante varias semanas, para observarle mientras impartía consejos a todo el mundo, des­de el presidente de un país hasta un paciente víctima de una lobia. Le vi discutir con especialistas en dietética y ejecutivos del ferrocarril, y trabajar con atletas y con niños afectados por el fracaso escolar. Parecía increíblemente feliz con su mujer y enamorado de ella mientras ambos viajaban por todo el país y luego emprendían la vuelta al mundo. Y cuando re­gresaron, tomaron el avión a San Diego para pasar unos días con la familia en su casa, una mansión sita en las playas del océano Pacífico.

¿Cómo era posible que aquel muchacho de poco más de veinticinco años, sin más estudios que un bachillerato, hu­biera conseguido tantas cosas en tan poco tiempo? Al fin y al

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cabo, era el mismo individuo que sólo tres años atrás vivía en un piso de soltero de unos cuarenta metros cuadrados, y se lavaba él mismo los platos en la bañera. ¿Cómo un desgra­ciado con quince kilos de sobrepeso, escasas relaciones y perspectivas muy limitadas podía convertirse en una persona equilibrada, llena de salud y bien relacionada, miembro in­fluyente de su comunidad y pletórico de oportunidades de éxito?

Parecía increíble, ¡y lo más asombroso de todo es que ese individuo soy yo mismo! «Su» historia es la mía.

Desde luego, no estoy diciendo que el éxito sea lo único que me importa. Es evidente que todos albergamos sueños e ideas diferentes acerca de lo que nos gustaría hacer de nues­tras vidas. Además, tengo perfectamente claro que las perso­nas a quienes uno conoce, los lugares que uno frecuenta y las propiedades que uno posee no dan la verdadera medida del éxito personal. Para mí, el éxito está en la continuidad del es­fuerzo de quien aspira a más. Es la oportunidad de progresar incesantemente en los aspectos emocional, social, espiritual, psicológico, intelectual y económico, al tiempo que uno aporta algo a los demás en alguna faceta positiva. El camino hacia el éxito está siempre en construcción. Es un proceso permanente y no una meta que se deba alcanzar.

La moraleja de mi historia es sencilla. Mediante la aplica­ción de los principios que leerá usted en este libro pude cam­biar no sólo el concepto que tenía de mí mismo sino también los resultados obtenidos en la vida, y ello de manera consi­derable y comprobable. El propósito de este libro es partici­parle a usted el quid de la diferencia que me permitió cambiar mi suerte a mejor. Y espero sinceramente que las técnicas, las estrategias, las aptitudes y las técnicas psicológicas que desa­rrollo en esta obra resulten tan eficaces para usted como lo han sido para mí. En nosotros mismos está el poder para transformar nuestras vidas en la realización de nuestros ma­yores sueños: ¡ha llegado el momento de desencadenarlo!

Cuando contemplo con qué ritmo he logrado convertir mis sueños en mi realidad actual, no puedo evitar una sensa­ción de inaudita emoción y gratitud. Y desde luego, estoy

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muy lejos de constituir un caso único. La realidad es que vi­vimos una era en que muchas personas consiguen realizar cosas estupendas casi de la noche a la mañana, y alcanzar éxi­tos inimaginables en épocas anteriores. Consideremos a Ste-ve Jobs: un chico en pantalones vaqueros y sin un céntimo, que tuvo la idea del ordenador doméstico y levantó una compañía, hoy situada entre las 500 principales de la revista Fortune, con una celeridad nunca vista. Consideremos a Ted Turner: de un medio de comunicación que apenas existía, la televisión por cable, hizo un imperio. Consideremos a per­sonajes de la industria del espectáculo como Steven Spielberg o Bruce Springsteen, a hombres de negocios como Lee Ia-cocca o Ross Perot. ¿Qué tienen en común todos ellos, salvo un éxito asombroso y prodigioso? La respuesta, natural­mente, es ésta: poder.

La palabra «poder» es de las que suscitan emociones fuertes, y muy diversas por cierto. Para unos tiene una con­notación negativa; otros no anhelan sino el poder. Algunos consideran que les mancharía, como cosa venal y sospechosa. Y usted, ¿cuánto poder desearía tener? ¿Qué medida de po­der le parecería justo alcanzar o desarrollar? ¿Qué significa el poder para usted, en realidad?

Yo no veo el poder como una manera de adueñarse de las personas. No creo que la imposición sea buena, ni le pro­pongo a usted que lo intente. El poder de esa especie rara vez es duradero. Le aconsejo que entienda, sin embargo, que el poder es una constante de este mundo. O da usted forma a sus propias percepciones, o se encargarán de ello otras per­sonas. Para mí el poder definitivo consiste en ser capaz de crear los resultados que uno más desea, generando al mismo tiempo valores que interesen a otros. Es la capacidad para cambiar la propia vida, dar forma a las propias percepciones y conseguir que las cosas funcionen a favor y no en contra de uno mismo. El poder verdadero se comparte, no se impone. Es la aptitud para definir las necesidades humanas y para satisfacerlas (tanto las propias como las de las personas que a uno le importan). Es el don de gobernar el propio reino indi­vidual (los procesos del propio pensamiento y los actos de la
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