Descartes. Exámenes resueltos por alumnos




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SIN EMBARGO. La existencia de uno mismo está demostrada a partir de la duda metódica. Para saber que existimos no nos hace falta Dios, para todo lo demás si. Si está claro que dudamos y dudar es pensar y para pensar hay que ser, existimos: cogito, ergo sum es el principio de la filosofía cartesiana.

CONCLUSION. Para conocer la verdad y la realidad que nos rodea debemos apoyarnos en las ideas innatas que proceden de Dios, y no en las que proceden de nosotros. Para Descartes, Dios es la garantía que tenemos de no equivocarnos en nuestro descubrimiento de la verdad de las cosas, del mundo extramental. Para lo único que no hace falta Dios es para saber que existimos. El mundo subjetivo de nuestras ideas resulta cierto gracias a la garantía de la bondad de Dios. Lo malo de esta conclusión es que si alguien pone en duda sus pruebas sobre la existencia de Dios y las mismas ideas innatas pondría a su vez en crisis todo el sistema racionalista de Descartes. Es lo que hará el empirismo y con más contundencia, Nietzsche

JUNIO 2010

A esto añadí que, supuesto que yo conocía algunas perfecciones que me faltaban, no era yo el único ser que existiese (aquí, si lo permitís, haré uso libremente de los términos de la escuela), sino que era absolutamente necesario que hubiese algún otro ser más perfecto de quien yo dependiese y de quien hubiese adquirido todo cuanto yo poseía; pues si yo fuera solo e independiente de cualquier otro ser, de tal suerte que de mí mismo procediese lo poco en que participaba del ser perfecto, hubiera podido tener por mí mismo también, por idéntica razón, todo lo demás que yo sabía faltarme, y ser, por lo tanto, yo infinito, eterno, inmutable, omnisciente, omnipotente, y, en fin, poseer todas las perfecciones que podía advertir en Dios. Pues, en virtud de los razonamientos que acabo de hacer, para conocer la naturaleza de Dios hasta donde la mía es capaz de conocerla, me bastaba considerar todas las cosas de que hallara en mí mismo alguna idea y ver si era o no perfección el poseerlas; y estaba seguro de que ninguna de las que indicaban alguna imperfección está en Dios, pero todas las demás sí están en él; así veía que la duda, la inconstancia, la tristeza y otras cosas semejantes no pueden estar en Dios, puesto que mucho me holgara yo de verme libre de ellas. Además, tenía yo ideas de varias cosas sensibles y corporales; pues aun suponiendo que soñaba y que todo cuanto veía e imaginaba era falso, no podía negar, sin embargo, que esas ideas estuvieran verdaderamente en mi pensamiento. Mas habiendo ya conocido en mí muy claramente que la naturaleza inteligente es distinta de la corporal, y considerando que toda composición denota dependencia, y que la dependencia es manifiestamente un defecto, juzgaba por ello que no podía ser una perfección en Dios el componerse de esas dos naturalezas, y que, por consiguiente, Dios no era compuesto; en cambio, si en el mundo había cuerpos, o bien algunas inteligencias u otras naturalezas que no fuesen del todo perfectas, su ser debía depender del poder divino, hasta el punto de no poder subsistir sin él un solo instante. (R. Descartes, Discurso del Método, Cuarta parte. Traducción de M. García Morente)

CUESTIONES:

1.- Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la estructura argumentativa o expositiva desarrollada por el autor. (2 puntos)

Este texto se puede dividir en tres partes.

La primera parte llegaría hasta la línea 9 y en ella, Descartes reconoce que como le faltan algunas perfecciones, eso significa que existe algo más y en concreto ve que depende de Dios del cual ha recibido ciertas cualidades. Aduce que si fuera solo e independiente de cualquier otro ser, y se hubiese dado el ser a sí mismo, se habría hecho mucho mejor y con todas las cualidades que ve en Dios.

La segunda parte, entre las líneas 10 – 18 Descartes observa que para conocer la naturaleza de Dios, lo poco que puede conocerse, bastaría con reconocer las perfecciones vistas en el propio sujeto y atribuirlas a Dios de modo absoluto. Indudablemente, Dios posee todas las perfecciones que yo pueda ver en mi mismo.

La tercera parte hasta el final. Descartes ve en sí mismo la composición alma – cuerpo, cuestión defectuosa que no puede darse en Dios. De tal manera que Dios es simple; en cambio, todas las demás cosas existentes, no siendo perfectas deberán depender de Dios completamente.

Claramente estamos ante un texto argumentativo puesto que su autor está empeñado en deducir unas verdades de otras: desde la cuestión de la que parte, de que no es el único ser existente porque le faltan perfecciones y es dependiente, hasta la necesidad de que Dios no puede ser compuesto, pasando por las pruebas que aporta para conocer la naturaleza misma de Dios.

Puede probarse además que estamos ante un texto argumentativo por la abundancia de conectores “por lo tanto”, “por consiguiente”. Incluso el propio Descartes admite “en virtud de los razonamientos que acabo de hacer …”

2.- Define el término “perfección”, partiendo de la información ofrecida por el texto y completándola con el conocimiento que tengas de la filosofía del autor. (2 puntos)

Descartes entiende por “perfección” en el texto las cualidades de Dios, es decir, infinitud, eternidad, inmutabilidad, omnisciencia y omnipotencia. Es evidente que todas ellas no las posee el hombre sino en algún grado limitado. En el hombre está claro que esas perfecciones solo se dan de forma muy restringida. Eso significa que el hombre tiene límites espacio - temporales, es cambiante (dubitativo) y no lo puede ni sabe todo. Así pues, la perfección está en Dios y la imperfección en el hombre; por eso se dice en el texto que el hombre participa poco del ser perfecto. La diferencia entre Dios y hombre es abismal.

También se señala en el texto como imperfecciones, la duda, la inconstancia y la tristeza con lo que dándoles la vuelta a esas nociones, y por tanto de forma indirecta, Descartes cree que la seguridad, la constancia y la alegría deberán ser cualidades incluidas dentro de la perfección.

Más abajo del texto, Descartes alude asimismo al hecho de que la composición denota dependencia y que ésta es un defecto, por lo que podemos concluir que otra característica a la que se alude indirectamente será la independencia y la simplicidad, que otra vez solo corresponden a Dios y al hombre la dependencia y la complejidad.

En la filosofía de Descartes, podemos añadir que “perfección” es una idea encontrada en el sujeto, inexplicable en un ser que no lo es. Así pues, dicha noción de perfección será usada para demostrar la existencia de Dios como ser Perfecto, -no ya como simple idea en un sujeto-, sino como realidad: necesariamente debe existir el Ser máximamente Perfecto, dado que la existencia es una de las perfecciones incluidas en su Ser. Por todo lo cual terminamos por admitir otra cualidad de la perfección que es la existencia. Existir es más perfecto que no existir.

Pero si hay algunos que están persuadidos de que es difícil conocer lo que sea Dios, y aun lo que sea el alma, es porque no levantan nunca su espíritu por encima de las cosas sensibles y están tan acostumbrados a considerarlo todo con la imaginación -que es un modo de pensar particular para las cosas materiales -, que lo que no es imaginable les parece ininteligible. Lo cual está bastante manifiesto en la máxima que los mismos filósofos admiten como verdadera en las escuelas, y que dice que nada hay en el entendimiento que no haya estado antes en el sentido, en donde, sin embargo, es cierto que nunca han estado las ideas de Dios y del alma; y me parece que los que quieren hacer uso de su imaginación para comprender esas ideas, son como los que para oír los sonidos u oler los olores quisieran emplear los ojos; y aun hay esta diferencia entre aquéllos y éstos: que el sentido de la vista no nos asegura menos de la verdad de sus objetos que el olfato y el oído de los suyos, mientras que ni la imaginación ni los sentidos pueden asegurarnos nunca cosa alguna, como no intervenga el entendimiento. En fin, si aun hay hombres a quienes las razones que he presentado no han convencido bastante de la existencia de Dios y del alma, quiero que sepan que todas las demás cosas que acaso crean más seguras, como son que tienen un cuerpo, que hay astros, y una tierra, y otras semejantes, son, sin embargo, menos ciertas; pues, si bien tenemos una seguridad moral de esas cosas, tan grande que parece que, a menos de ser un extravagante, no puede nadie ponerlas en duda, sin embargo, cuando se trata de una certidumbre metafísica, no se puede negar, a no ser perdiendo la razón, que no sea bastante motivo, para no estar totalmente seguro, el haber notado que podemos de la misma manera imaginar en sueños que tenemos otro cuerpo y que vemos otros astros y otra tierra, sin que ello sea así. Pues ¿cómo sabremos que los pensamientos que se nos ocurren durante el sueño son falsos, y que no lo son los que tenemos despiertos, si muchas veces sucede que aquéllos no son menos vivos y expresos que éstos? Y por mucho que estudien los mejores ingenios, no creo que puedan dar ninguna razón bastante a levantar esa duda, como no presupongan la existencia de Dios. Pues, en primer lugar, esa misma regla que antes he tomado, a saber: que las cosas que concebimos muy clara y distintamente son todas verdaderas; esa misma regla recibe su certeza sólo de que Dios es o existe, y de que es un ser perfecto, y de que todo lo que está en nosotros proviene de él; de donde se sigue que, siendo nuestras ideas o nociones, cuando son claras y distintas, cosas reales y procedentes de Dios, no pueden por menos de ser también, en ese respecto, verdaderas. De suerte que si tenemos con bastante frecuencia ideas que encierran falsedad, es porque hay en ellas algo confuso y oscuro, y en este respecto participan de la nada; es decir, que si están así confusas en nosotros, es porque no somos totalmente perfectos. Y es evidente que no hay menos repugnancia en admitir que la falsedad o imperfección proceda como tal de Dios mismo, que en admitir que la verdad o la perfección procede de la nada. Mas si no supiéramos que todo cuanto en nosotros es real y verdadero proviene de un ser perfecto e infinito, entonces, por claras y distintas que nuestras ideas fuesen, no habría razón alguna que nos asegurase que tienen la perfección de ser verdaderas. R. Descartes. Discurso del Método. Parte IV

1ª. Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la estructura argumentativa o expositiva desarrollada por el autor.

Este fragmento del Discurso del Método puede dividirse en dos partes. La primera hasta la línea 11 y la segunda desde la 11 hasta el final. Es un texto argumentativo para demostrar que Dios es la garantía de nuestros conocimientos.

En la primera parte, Descartes critica a los escépticos que niegan la posibilidad de alcanzar la existencia de Dios debido a que no emplean el entendimiento, sino la imaginación. Con la imaginación sólo se alcanzan cosas materiales. Los sentidos y la imaginación no saben nada como no intervenga el entendimiento.

En la segunda parte, insiste a los escépticos en que hay cosas de las que sólo se tiene una seguridad moral, como lo que nos muestran los sentidos, y que sin embargo, no tenemos seguridad metafísica. Esa seguridad de no equivocarnos en nuestros juicios sólo puede provenir de que Dios existe y de que es bueno, y siempre contando con que nuestras nociones son claras y distintas. Lo falso no procede de Dios sino de nosotros cuando nuestras ideas son confusas u oscuras.

2ª. Define los términos relacionados “imaginación” y “entendimiento”, partiendo de la información ofrecida por el texto y completándola con los conocimientos que tengas de la filosofía del autor.

Encontramos una buena definición de imaginación que el propio Descartes nos proporciona: un modo de pensar particular para las cosas materiales. Con esto, lo que está haciendo Descartes es separar lo particular de la imaginación y de los sentidos, de lo universal de la razón. Las imágenes son particulares y los conceptos universales. Por ejemplo, cada encina que veo es una y diferente de otra, y muy diferente de un castaño. Hay tantas imágenes como árboles diferentes. En cambio, el concepto de árbol es universal y el mismo para todos.

Por entendimiento Descartes comprende la capacidad de pensar, de elevarnos por encima de lo sensible. Al entendimiento le están reservadas ocupaciones más altas. Nada menos que la existencia de Dios y decidir además sobre lo que le presentan los sentidos. Esa es la relación entre imaginación y entendimiento. Lo dice expresamente Descartes en el texto: ni la imaginación ni los sentidos pueden asegurarnos nunca cosa alguna, como no intervenga el entendimiento. Y esto es así porque la imaginación y los sentidos son “ciegos”, sólo aprecian aspectos superficiales de las cosas y es el entendimiento el que dice lo que son las cosas. Recuerda aquello de Kant: la intuición sin el concepto es ciega, que es tanto como decir que lo procedente de la sensibilidad no ve nada como no sea recogido por un concepto o categoría del entendimiento. También siguiendo a Kant, el concepto sin intuición es vacío, con lo que se insiste en la necesidad de subsumir el material sensible dentro del entendimiento. Interesante relación Descartes – Kant.

Con la imaginación y los sentidos captamos la res extensa, el mundo extenso, el que ocupa un espacio, pero sólo podemos estar seguros de la existencia real de esas cosas porque Dios lo garantiza.

El entendimiento es la res cogitans, la cosa pensante, el alma.

Puede ser de interés lo que afirma Descartes en la primera parte del Discurso de que el entendimiento es igual para todos los hombres. Con eso, pretende que todo el problema de la diferencia entre entendimientos y sujetos pensantes sea achacado a la falta de método. Aplicando racionalmente el método, todos podrán llegar a la verdad y al progreso.

3ª Redacción: El papel de Dios en la filosofía de Descartes. (No se va a desarrollar una redacción estereotipada sino enunciar algunas de las ideas que no deberían faltar).

 Breve introducción histórica del autor.

o La modernidad filosófica comienza con él.

o La respuesta al escepticismo de ciertos autores.

 El papel de Dios en la filosofía de Descartes es garantizar la posibilidad del conocimiento, escapar del solipsismo.

 Mostrar brevemente el razonamiento que lleva al cogito y lo que ocurre cuando nos preguntamos cómo salir de él. (No es preciso Dios para llegar a él, pero sí para salir de él).

 Usar brevemente el texto para mostrar el nulo papel que le corresponde a los sentidos y a la imaginación para esas pruebas. Sólo la razón puede llegar a la existencia de Dios.

 Exposición de las tres pruebas de Descartes haciendo hincapié en que son pruebas a priori, es decir, pruebas racionales que no cuentan en su desarrollo con la experiencia sensible. Puede contrastarse, y explicar muy brevemente, por qué usa este tipo de pruebas y no las de Santo Tomás de las que se separa netamente. La razón es que si lo que pretende es demostrar la realidad sensible a partir del sujeto, entonces no puede partir de ella. Por eso parte de la realidad de las ideas en el sujeto para llegar a la realidad fuera del mismo

 Naturaleza y perfección de Dios. Ya sabemos de la existencia de Dios por las pruebas, pero Descartes continúa ahora con la esencia de Dios para sostener que corresponde a su naturaleza el ser bueno y no permitir que nos engañemos si somos prudentes y aplicamos el método. (Apoyarse en el texto para esta afirmación).

 Negación de la posibilidad del genio engañador.

 Claridad y distinción además de la bondad de Dios garantizan el conocimiento humano. No cualquier conocimiento, sino aquél conocimiento resultado de la aplicación meticulosa de la regla cartesiana con todos sus pasos.

 Así, del mundo posible sólo quedarán unos objetos extensos matemáticamente medibles. El mecanicismo.
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