Colección conciencia global




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títuloColección conciencia global
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6. La inspiración transpersonal

Si observamos los «signos de los tiempos», es decir, el es­tado actual de la humanidad, de sus intereses y de sus com­portamientos, podremos observar fácilmente una creciente polarización entre dos tendencias opuestas. Por un lado, existe un exasperado deseo y una afanosa búsqueda de pose­siones materiales, de goces sensuales, de dominar la natura­leza y a otros seres humanos con sus consiguientes conse­cuencias de licenciosidad y de autoafirmación en todos los ámbitos, de agresividad y violencia individual y colectiva. Por otro lado existe también, de forma más o menos evidente, una marcada insatisfacción hacia todo esto, o incluso una abierta rebelión, sobre todo entre los jóvenes, y una bús­queda, consciente o no, de valores y de retribuciones de otra índole más elevada, con un anhelo hacia lo que genérica­mente se denomina espiritual o religioso.

Pero en este campo existen numerosas incertidumbres, confusiones y malentendidos. Se da la extraña paradoja de que, mientras abundan los testimonios de experiencias que hombres y mujeres de todos los tiempos y de todos lo lugares han tenido en esa esfera superior, los estudios científicos y las investigaciones a este respecto son sin embargo escasos y muy poco satisfactorios. Los motivos son muy diversos. Ante todo, está el problema de una errónea concepción del método científico, que se limita a utilizar técnicas cuantitativas y esta­dísticas adaptadas a las ciencias naturales. Además, la mente se muestra reacia a admitir la existencia de una realidad y de unos valores no racionales, confundiendo lo que es super-racional con lo irracional o, mejor dicho, anti-racional. Después esta el hecho de que, normalmente, las descripciones de tales experiencias han sido vinculadas con doctrinas religiosas, con imágenes, símbolos y formas que ya no son aceptados o con­siderados como válidos por un número cada vez mayor de personas. Tal y como decía Keyserling, con su característica irreverencia: «Han sido expuestas en el marco de sus propios prejuicios».

Otra dificultad es la de la inadecuación del lenguaje y de las expresiones verbales para comunicar la verdadera natura­leza de las experiencias transpersonales. Todos los que han in­tentado hacerlo han dicho que, en realidad, son inefables. (1)
(1) Esta es una de las características atribuidas a la experiencia mística por W. James en su obra Varieties of Religious Experience
Finalmente, también existe el miedo a aventurarse en un mundo distinto al habitual, en un mundo desconocido y des­concertante. A menudo, esto se ve acentuado por el hecho de que esta conquista ha sido eminentemente presentada bajo una forma negativa de renuncia a todo aquello con lo que el hombre se siente generalmente vinculado, sin llegar a resaltar suficientemente todos los aspectos positivos y gozosos de la misma.

De todo ello se derivan fuertes renuencias y resistencias, por lo que no es raro que se produzca lo que se conoce por «el rechazo de lo sublime». Sin embargo, y a pesar de todo, la mencionada insatisfacción y la consiguiente búsqueda de «algo diferente», el atractivo de las exploraciones y de la con­quista de los mundos interiores, de los cuales muchos han te­nido presentimientos, a menudo se ha transformado en un resplandor o incluso en un vivido rayo de luz y ha hecho que muchos de los que se han presentado como mensajeros y guías en esos campos hayan atraído a un gran número de personas, agrupando a su alrededor a simpatizantes y a discí­pulos entusiastas y a menudos fanáticos.

Pero el valor de estos mensajes y la capacidad de esos guías, de esos «maestros», son muy diversos. Junto a las ele­vadas y genuinas enseñanzas, existen también otras muchas que son falsas y en las que la verdad y lo ilusorio se entre­mezclan en grado diverso. Junto a los guías verdaderamente sabios, también están «los falsos profetas», quienes utilizan y enseñan métodos no válidos e incluso peligrosos. Por ello, re­sulta sumamente urgente y necesario un estudio y una expe­rimentación científica en este campo, que permita una eva­luación totalmente independiente de cualquier doctrina, sistema o autoridad personal.

Este estudio y esta investigación ya han sido iniciados y van desarrollándose rápidamente: constituyen una nueva rama de la psicología a la que se ha llamado transpersonal y que podría considerarse como una «psicología de lo elevado». Pero esto tan sólo es un comienzo: todavía queda mucho por nacer.

Por mi parte, me dediqué a ello hace ya más de diez años y ahora me he propuesto seguir haciéndolo de una forma más, coordinada y sistemática (en el buen sentido de la palabra), es decir, escribiendo coordinadamente un libro sobre La psicología de lo elevado y del Sí Mismo.

Uno de los principales temas de esta «psicología de lo elevado» es el de la relación entre las actividades superconscientes transpersonales y la vida consciente, o mejor dicho, sobre las distintas modalidades y estados del trasvase de contenido y energías superconscientes al ámbito de la consciencia normal de vigilia. Estas modalidades son muy diversas y pueden ser indicadas de la siguiente forma:

1. Intuición— 2. Imaginación— 3. Iluminación— 4. Revelación— 5. Inspiración—6. Creación—7. Comprensión e interpretación.

Estas modalidades no suelen desarrollarse separadamente sino que a menudo suelen hacerlo al mismo tiempo y en cierto aspecto, de forma bastante unitaria. Por ello, a veces incluso pueden llegar a confundirse entre sí. Pero para su estudio científico es preciso poner en evidencia las distinciones y las diferencias existentes entre cada una de ellas. Tan sólo después de haberlo hecho así, se podrán reconocer y comprender tanto sus relaciones como sus interacciones.

A su vez, este estudio posee varios aspectos o fases que también habrá que diferenciar:

1. Ante todo, la fenomenología; es decir: la recopilación de experiencias espontáneas y de los hechos observados, des­critos y expresados por muchas personas de todos los tiem­pos y lugares.

2. La modalidad del proceso de trasvase entre el super-consciente y la conciencia.

3. Las técnicas que han sido y siguen siendo utilizadas para provocar o favorecer dicho trasvase. Estas técnicas inclu­yen las diferentes prácticas — externas o internas— de las distintas religiones, así como toda una serie de ejercicios de­nominados de muy diversas formas, pero que podrían ser in­cluidos bajo el nombre genérico de yoga.

4. Los resultados inmediatos y los efectos sucesivos que de ellos se deriven.

5. Los métodos para prevenir los peligros y reparar los daños que pudieran producirse debido al «descenso» o irrup­ción de las energías transpersonales.

6. Las formas para la mejor y más útil uso de esas realiza­ciones y energías.

Vamos a examinar primero las modalidades del trasvase de los elementos y actividades superconscientes al campo de la conciencia.
1. La Intuición

Aquí es preciso distinguir entre la intuición como función psíquica, por un lado, y los resultados de su actividad, es de­cir, las intuiciones propiamente dichas con sus diversas carac­terísticas por otro. La definición usual de este concepto pro­viene de su etimología: «in-tueri», es decir «ver dentro». Se trata de la visión, de la percepción inmediata de un objeto presente, tomado en su realidad individual. La intuición, como función específicamente cognoscitiva y autónoma, se contempla en general actualmente y ha sido reconocida en el pasado, tanto en Oriente como en Occidente.

Sin embargo, la psicología que se autodefine como cientí­fica no la ha reconocido como medio válido de conocimiento, debido a la limitada y unilateral concepción de los ámbitos y métodos de la ciencia, o bien la ha identificado con la percep­ción sensorial directa de los estímulos externos. Pero siempre ha existido y todavía sigue existiendo una reacción contra este injustificado exclusivismo. Los dos mayores defensores de la validez y del valor de las intuiciones fueron, sobre todo, Bergson y Keyserling. Ambos están considerados y catalogados como filósofos, pero tuvieron un finísimo sentido psicológico basado precisamente en la intuición y, en el caso de Keyser­ling, también en su gran capacidad de empatía y compenetra­ción. Por ello, su valiosísima contribución al conocimiento del alma humana deberá ser debidamente respetada y tomada muy en cuenta por parte de la nueva psicología científica.

Jung, desde un ámbito más estrictamente psicológico, tuvo el mérito de afianzar la existencia y la validez de la in­tuición como función psíquica específica y autónoma. Este nos lo explica así:
Bajo mi punto de vista, la intuición es una función psicológica fun­damental; no se trata de una sensación, ni de un sentimiento, ni de una deducción intelectual... Mediante la intuición, cada contenido se presenta como un todo completo en sí mismo, sin que seamos ca­paces de explicar o de descubrir cómo ha sucedido tal cosa... Por ello, el conocimiento intuitivo posee un carácter intrínseco de certeza y de convicción, el cual indujo a Spinoza a sostener que la «ciencia in­tuitiva es la forma suprema de conocimiento».
A esta forma de conocimiento Jung la llama «irracional», pero esta designación se presta a equívocos porque nos in­duce a contemplarla como contraria a la razón, mientras que en realidad es solamente distinta, pero no opuesta; Se podría llamar para-racional, o mejor todavía, trans-racional.

Existen varios tipos de intuición. Ante todo están las in­tuiciones sensoriales, constituidas por la percepción cons­ciente de las impresiones visibles, auditivas, táctiles, etc., pro­ducidas por estímulos procedentes del ambiente. No haré hincapié sobre ellas porque se desarrollan en los niveles psí­quicos personales y no atañen al superconsciente.

Después están las intuiciones de las ideas, en el sentido platónico, que proceden de una región superior a aquella donde normalmente funciona la mente ordinaria y, por consi­guiente, pueden considerarse transpersonales. Lo mismo puede decirse de los demás tipos de intuiciones superiores, es decir, de las estéticas, de las religiosas, de las místicas e in­cluso de las científicas (por ejemplo, las intuiciones de la ma­temática superior). De hecho, hay muchas personas que de­berían haber sido consideradas como normales y no lo han sido. Esto denota la diferencia entre la vida psicológica ordi­naria y la transpersonal.

Las intuiciones se presentan en la conciencia o son percibi­das de dos formas. La primera, que es la que se halla más vin­culada al significado etimológico, puede describirse como la apertura de un «ojo interno» que permite ver o percibir una re­alidad que la visión normal no vislumbra. La otra forma puede ser comparada a un resplandor, a un relámpago, a un rayo de luz que se enciende en el campo de la conciencia y que es per­cibido por el yo, por el centro de la conciencia, desde su nivel o sede habitual. Un carácter común y específico de la intuiciones es su autenticidad. Confieren la percepción del objeto en su to­talidad, en su conjunto, como un todo orgánico, y por ello se diferencian de la conciencia mental, que es analítica.

Keyserling lo manifiesta con gran evidencia:
... En definitiva, el hombre, al igual que el resto de los animales, está íntimamente vinculado a todo el complejo de seres y cosas, y si le fa­lla el instinto o lo tiene muy atrofiado, no puede entonces fiarse de sus impulsos elementales y tiene que intervenir el equivalente hu­mano del instinto para que el hombre se atreva a orientarse libre­mente en el cosmos. En este sentido, sólo los intuitivos son libres; y por esta razón, tan sólo entre ellos surgen los grandes reveladores, los conductores y los innovadores...
Esta es otra característica específica de la intuición: su di­rección hacia el progreso, hacia el futuro.
...La intuición — afirma Keyserling — penetra el velo del porvenir y, por consiguiente, de lo posible. Pero la realidad está en perpetua transformación y por ello sólo puede verla quien puede aferrar direc­tamente aquello que —de vez en cuando— es posible, y ello en un doble sentido: primero de todo porque, más allá de los hechos, exis­ten algunas «posibilidades»; en segundo lugar, porque son capaces de percibir directamente, y de entre todas las posibilidades, aquellas que —ocasionalmente y en determinadas condiciones— pueden lle­gar a realizarse. Tanto la una como la otra no pueden derivarse sino de la experiencia interior y primordial de la totalidad. Finalmente —observa todavía Keyserling— La intuición también se halla estrechamente vinculada al amor.
Por todas estas razones, la intuición, más que la calidad del objeto lo que capta es la esencia, lo que es. Por ello es uno de los campos de investigación de la nueva psicología del ser, de la cual Maslow ha sido el pionero.
2. La imaginación

Esta se halla estrechamente vinculada a la intuición, ya que normalmente las intuiciones no se presentan en la conciencia de forma abstracta, sencilla y «pura», sino bajo el as­pecto de imágenes. Por ello, el primer paso consiste en distin­guir el contenido, la esencia o la idea que constituye una intuición, de la forma y del revestimiento que adopta. Esta forma posee un carácter simbólico y ello nos lleva a la impor­tante y compleja cuestión del simbolismo. Hablaremos de ello más adelante. (2)

Ahora recordaré tan sólo la doble, y en cierto sentido con­tradictoria, naturaleza y función del símbolo: puede velar o revelar. Cuando se confunde con la realidad que expresa, la vela y es por ello fuente de ilusiones. Cuando, en vez de ello, es reconocido como medio de expresión, es una vía útil de se­guir, y tal vez necesaria, que puede conducir hacia una reali­dad transcendente.
(2) Ver el capítulo 8 del presente volumen. (N. del E.)
Independientemente de su función cognoscitiva, ya sea como vía o vehículo de la intuición, la imaginación posee otros aspectos diferentes entre sí.

Primero está la simple imaginación reproductiva, es decir, la imagen-recuerdo de las sensaciones o impresiones ya expe­rimentadas (imágenes mnemónicas). La más frecuente es la vi­sual, pero también están las imágenes-recuerdo de las demás impresiones recibidas a través de los otros sentidos entre las que destacan las auditivas. Todas ellas se hallan conservadas en estado latente en lo que podemos denominar «archivo del inconsciente», y pueden reaflorar a la conciencia espontánea­mente o bien ser evocadas mediante la voluntad. La capacidad de conservar y de evocar imágenes es inmensa, prácticamente se podría decir que ilimitada. En condiciones especiales (hip­nosis, estados febriles, etc.) es posible reaflorar pequeños re­cuerdos de los acontecimientos de la primera infancia. Están también los prodigios mnemónicos de los grandes directores de orquesta (por ejemplo, Toscanini) capaces de recordar sin­fonías enteras y óperas musicales, y de dirigirlas sin tener las partituras delante suyo. También es sorprendente la capaci­dad que poseen algunos jugadores de ajedrez para visualizar las piezas de múltiples tableros y sus movimientos, pudiendo llegar a jugar a la ciega quince o más partidas simultáneas.

Está también la imaginación creativa, la cual posee una enorme importancia, aunque todavía no es lo suficiente­mente reconocida y utilizada como podría serlo, por ejemplo, en el ámbito educativo. Normalmente su actividad se mani­fiesta en los sueños, que son un producto mixto de los dos ti­pos de imaginación: la reproductiva y la creativa. Pero de la creatividad hablaré más adelante.
3. La Iluminación

Una de las formas más frecuentes de manifestación del superconsciente en la conciencia es la de la iluminación, que si­gue a la apertura del «ojo interno». Existen muchas afinida­des entre la intuición y la iluminación, aunque también hay notables diferencias.

En sentido general, se puede decir que una intuición es como un relámpago de iluminación concerniente a un determinado aspecto o manifestación de la Realidad. Pero la ilu­minación es algo mucho más amplio y duradero; es una vi­sión que muestra la naturaleza esencial y la unidad sintética de toda la Realidad, o de sus aspectos más importantes. Es la percepción de una luz que no es física, sino que emana de la propia Realidad.

Este tipo de iluminación puede ser considerado como la revelación de la inmanencia divina, de la unidad de la Vida Universal, manifestada en miríadas de formas. La descripción más eficaz es la contenida en el Bhagavad Gita, en donde se la describe como la «revelación de la Forma Universal».

Numerosos poetas han tenido y han intentado expresar esta experiencia de iluminación. Entre ellos, el más impor­tante ha sido Dante: el «Paraíso» dantesco está lleno de expre­siones luminosas. Dante afirma claramente al principio de ese Cántico haber tenido la inefable experiencia de la más alta Luz, la que resplandece en el «cielo» más elevado, el más cer­cano a la Realidad Suprema, a Dios.
La gloria de Aquél que todo mueve

alcanza el universo todo, y resplandece

en unas partes más y en otras menos.
En el cielo que mayor luz de Él recibe

estuve yo, y vi cosas que decir

ni sabe ni puede quien de allí desciende;
pues aproximándose a su expresión

nuestro intelecto alcanza tal profundidad

que la memoria no puede ir tras él.
La manifestación de la luz asume diferentes aspectos en la conciencia del que la percibe; o, mejor dicho, en ésta prevale­cen diferentes aspectos en función de las características del in­dividuo, pues tales aspectos no son excluyentes sino que se interpenetran y se confunden en grado diverso. En algunos casos prevalece la percepción de la belleza, como por ejemplo en Tagore; en otros, prevalece el aspecto cognoscitivo, como en Plotino o en Eckhart.

En los místicos cristianos, y también en los orientales, tales aspectos se aúnan con sentimientos de amor y de adoración. En otros casos, la iluminación suscita sobre todo un senti­miento de gozo que puede alcanzar incluso estados de beati­tud estática. Pero, repito, se trata de una preponderancia de uno u otro de estos aspectos: normalmente, todos suelen estar presentes en alguna medida. Su fusión fue expresada de forma admirable por Dante.
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