Resolución Min. Gobierno No. 004562 de Diciembre 11 de 1986






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REFLEXIONES TEÓRICAS ACERCA DEL ESTADO SANDINISTA Y LA CONCIENCIA NACIONAL


Robinson Salazar P.

"Los Estados revolucionarios en América Latina tienen la necesidad, ya urgente de tomar conciencia de nuestro pasado, con el fin de asimilarlo en forma tal que no llegue a representar una amenaza para nuestro futuro."
Leopoldo Zea
El Estado, en nuestra teoría interpretativa sistemática, guarda dos planos superestructurales, de ahí que sea definido como el conjunto de actividades prácticas y teóricas por medio de las cuales un determinado grupo social realiza su hegemonía sobre el resto de la sociedad, donde ese grupo o clase que ejerce la hegemonía no necesariamente proviene de una sola clase, sino que su integración puede ser heterogénea pero con principios políticos sólidos en torno al Estado y en el ejercicio de la hegemonía. Esta definición del Estado como también sus elementos que lo componen, nos indican que estamos ante una teoría integral donde el ESTADO INTEGRAL es: sociedad política más sociedad civil.
El Estado se manifiesta en la sociedad política en dos planos: gobierno, que se conoce en la teoría gramsciana como Estado restringido y con los aparatos coercitivos como son el ejército, policía, administración, tribunales, burocracia, etc.

Esta sociedad política ejerce la función de dominio directo o de comando que el grupo y /o clase en el poder irradia sobre la sociedad. Esta sociedad política expresa al Estado-Gobierno o aparato dirigente que representa al grupo en el poder.
La sociedad política definida como lo acabamos de expresar, cumple un rol de adecuación para que la sociedad civil responda a las necesidades de la estructura económica, esto siempre y cuando la sociedad política no sea débil y carente de espacios políticos para maniobrar sin tener que recurrir a la fuerza, ya que sería otro hecho específico para estudiar por aparte.
Cuando la fuerza política prevalece sobre la sociedad civil, esta última adquiere forma primitiva y gelatinosa, donde la coerción, la política estatal y la verticalidad borra cualquier vestigio de organización civil, personificando la política sin dejarla transitar por el dique de la institucionalidad, que no es más que el partido político que remplazó al antiguo príncipe para desarrollar la sociedad burguesa.
Esta visión del tránsito personificado a la institucionalidad es importante en tanto, en Nicaragua somocista, la sociedad política era todo, planificaba, ejecutaba y trazaba el destino de la nación, cuyo proceso de estructuración interna aún era incompleto para definirse como Estado/Nación, dentro de la panorámica burguesa; mientras la sociedad civil sufría un achatamiento por su poca capacidad orgánica y poco espacio político para desenvolverse, y el mínimo espacio que tenía era dinamizado por las instancias orgánicas que el Estado había creado para permear y mover a su antojo y necesidades a la gelatinosa sociedad civil.
Este estado burocrático-militar que representaba Somoza era restringido y la hemogonía coercitiva que ejercía la alcanzaba a través del aparato de la dictadura, dejando sin opción a la burguesía como clase y a los partidos políticos para incidir en la sociedad civil; por una parte, la burguesía débil como clase y sin proyecto alternativo, por otro lado, los partidos políticos tradicionales empantanados, sin creatividad, poco dinamismo y nula representatividad de los intereses nacionales ni del pueblo, por tanto, no podían encarnar un movimiento que aglutinara a la gran mayoría, sino más bien legitimaba el sistema político con su participación en los comicios electorales u ocupando el espacio restringido que el somocismo les ofrecía.
En medio de esta situación política, el FSLN inicia un trabajo de base que le va permitiendo construir una red de comunicación, interrelación y divulgación de su lucha, principios y programa reivindicativo dentro de la sociedad civil, espacio más amplio donde se dirimen las relaciones de fuerza, debido a que en ella se aglutinan todo tipo de asociaciones sindicales, escuelas, fábricas, industria, medios de comunicación, iglesia, ciencia y cultura, pero teniendo la idea preclara que no es allí donde se da la confrontación que genere la antítesis del sistema somocista; sino que debido a la debilidad burguesa como clase y consubstancial debilidad estatal, ésta se expresa a través del Estado, por ello tendría que enfrentar al Estado, lo cual indica, de esta manera, confrontar al modelo somocista en su conjunto.
Producto de ese trabajo paciente y largo se da el desgaste somocista y la insurrección inicia su camino, recorriendo formas orgánicas en la sociedad civil, pasando de movimientos sociales a movimientos políticos, infiltrados, organizados y vanguardizados por el FSLN, quien de esta forma pasa a convertirse en fuerza política que arroya todo el descontento, malestar y espontaneidad de las masas y las conduce contra la dictadura.
Esta nueva forma de trabajo político-organizativo y papel de la vanguardia político-militar que representa el FSLN, lo coloca como producto histórico que aparece en la escena como fuerza política que no sólo quiere desafiar la historia, el futuro, sino que tiene la necesidad de hacerlo; ya no se trataba de demostrar que podían ser capaces de conducir el proceso revolucionario y llegar al poder por la vía político-militar, sino demostrar que eran capaces de tener que resolver el problema del poder.




Para alcanzar lo anterior se insertan en las masas, combinan todas las formas de lucha, dándole primacía a la guerra frontal, y se convierte en el parteaguas de la historia que asimilaba transitoriamente todas las instancias orgánico-políticas de la sociedad civil y aún de los partidos políticos que luchaban contra el Estado restringido de la dinastía Somoza.
Mediante el apoyo popular, la euforia del triunfo y la inexistencia de un proyecto político alternativo en la sociedad civil, el FSLN, engendra en su interior un proyecto de UNIDAD NACIONAL, donde no sólo aparecía el modelo ideal de Estado Popular que pretendía instaurar, sino la base material, (clases y sectores de clases en que se apoyaría) por ello definió muy claro cual era la primera fase que cumpliría una vez tomara el poder: La Construcción de un Nuevo Estado.


Con el derrocamiento de Somoza y desconocimiento de la guardia nacional, constitución nacional y demás andamiaje jurídico, el FSLN tenía que apresurarse a formalizar el poder, legitimarse jurídicamente, pasar de la instancia orgánico político militar a instancia estatal, esto es, de sociedad civil a sociedad política, imponiendo su proyecto histórico e implementando algunas reformas jurídicas como el Estatuto Fundamental y el Estatuto de Derechos y Garantías de los Nicaragüenses, definiéndose de esta manera quién estaba en el poder y hacía qué sectores sociales y políticos lo dirigía.
El quid del problema no estaba resuelto con la elaboración de un marco jurídico que sustentara el poder y lo vertiera hacia la sociedad, sino que se hacía necesario plantear la autonomía sin alineamiento internacional a través de la referencia estatal; esto es, la búsqueda de la identidad nacional, donde el Estado Novo sería la instancia supraorgánica que unificara la nación, con una base de tres elementos: Economía Mixta, Pluralismo Político y No Alineamiento.
La identidad, en los primeros años del triunfo, asumió características de solidaridad nacional, cuya expresión más alta era mantener por medio de la democracia amplia y la voluntad política, que sin esas dos premisas difícilmente se puede lograr, cierto grado de solidaridad nacional que le permitiese concertar fuerzas políticas que abordar problemas prioritarios de la nación, supeditando las particularidades a la integración nacional.
Es necesario aclarar que esa concertación de fuerzas en torno al interés nacional no es producto del consenso democrático, sino una práctica pluralista de articulación de fuerzas para la reconstrucción nacional, una necesidad histórica asumida con dignidad por la sociedad política y civil, formando una coalición revolucionaria que engendraba el carácter del Novo Estado.
Esta Coalición es la articulación de la nación en un conjunto combativo político económico, ideológico y militar. Es un embrión de la nación como Estado. Desde un punto de vista maquiavélico, la Nación-Estado predomina sobre el Estado-Nación. Desde un punto de vista político militar, la nación se articula como Estado para luchar y triunfar, donde el rol histórico de la sociedad civil, más que juzgar al Estado consiste en actuar en él, con la mística de conveniencia nacional y autonomía de la misma.
La muestra empírica de esta concertación de fuerza y coalición revolucionaria se objetiviza en la composición de la JGRN y las primeras medidas de confiscación, las cuales apuntalaban a negar el antiguo régimen somocista, sin entrar en la contradicción de clase que definiera posturas de los diversos sectores sociales frente al Estado Novo revolucionario, esto no como criterio de eludir responsabilidad para desafiar la historia, sino que la necesidad nacional de unidad de identidad lo ponía como condición sine qua non para emprender tareas de reconstrucción nacional. Pero la situación pudo prolongarse por un período considerable si las contradicciones internas de las fuerzas de concertación no hubiesen priorizado los aspectos políticos particulares sobre las tareas posteriori de la nación, ya que la oposición civilista de izquierda propugnaba por radicalizar un proceso que tenía bases débiles para ir más allá de la reconstrucción nacional; y la oposición cívica que había tenido vínculos con los partidos tradicionales, buscaban justificar acciones bajo el paraguas de corte reformista que no atentara contra el interés grupal. Esta dislocación interna de las fuerzas de concertación abría posibilidad de una crisis inmediata si no se tomaban decisiones políticas que enderezara el camino que inicialmente se había acordado, lo que indicaba que de una situación de marcado matiz divisionista que conducía a la desestabilización política había que someterla al orden institucional, sin abortar el proyecto inicial.
En medio de esta situación difícil, el FSLN le atribuyó a las medidas de orden institucional cierta dosis alta de voluntad nacional para no llegar a enfrentar prematuramente las clases o sectores de ella dentro de la estructura del Estado, sino más bien buscar un reacomodamiento entre las clases para la determinación nacional, y que el Estado fungiera como bloque de clases que condensara a la nación.
Esta forma que adquiría el Estado tuvo en cuenta un hecho muy significativo, no dejar a las masas fuera del contexto estatal; esto es, no crear un tabica-miento entre sociedad política y sociedad civil, ya que de permitirlo estaría orillando al pueblo a zonas de poca influencia estatal que desmembraría la unidad e identidad entre el FSLN y las masas que se había logrado antes y después del triunfo, por ello buscó y creó una red de relaciones estatales que consistían en divisiones institucionales, agremiaciones y formas orgánicas de todo tipo, así como de pertenencias nacionales, no de partido, con funciones de represión y sujeción ideológica que, en condiciones históricas dadas en Nicaragua, eran indispensables a su existencia y forman la condición material de toda política. Por tanto, las masas, el pueblo no quedaba fuera del Estado, más bien se convertía en la base del Estado, respaldando la directriz de la dirigencia revolucionaria.

Esta red de relaciones estatales aumenta la eficiencia y eficacia de la centralización del poder en el Estado a través de una capacidad de convocatoria y movilización de masas para los fines inmediatos de la revolución, ya sea para defender conquistas internas o agresiones externas, minimizando las contradicciones de clases al interior del Estado Nacional.
A través del eje de economía mixta, el Estado implementaba una nueva forma de acumulación estatal en el área de servicios, educación, transporte, servicios públicos, etc., haciendo sentir la ideología estatal en ella y, además, adecuándola a las necesidades y requerimientos de la sociedad política, lo que hace muy difícil conocer hasta donde llega la función de lo político y hasta donde lo civil guarda cierta autonomía con respecto al Estado; se aparece como algo híbrido que rompe fronteras de las instancias señaladas y hace un todo que se expresa en lo nacional estatal.
Esta simbiosis estatal ha perdurado debido a la influencia político-militar que ha predominado en la administración pública gubernamental, ya que la situación permanente de agresión externa y posible invasión por tropas norteamericanas, ha dado el matiz guerrerista al Estado nación en Nicaragua.
Ahora bien, la relación partido gobierno-Estado en un solo bloque, ha obtenido apoyo y se ha creado espacios en la sociedad civil a través de la movilización, conmemoración de fechas históricas, etc., dándole un carácter partidario a la actitud de las masas, las fusiona en torno al interés nacional partidario mas no las define como tal, o sea, no son caracterizadas como mayoría de partido pero sí de pueblo sandinista. Es una simbiosis entre partido-Estado-masas, que la una vive de la otra, se necesitan, se funden, se aglutinan, pero en el momento de definir base partidaria, la separa y la ubica en su terreno de sociedad civil.
Con esta forma de desenvolvimiento, intentamos mostrar cómo la expansión del Estado sobre la sociedad civil, determinada por la aparición de las masas en la escena política, desplaza a la sociedad civil del terreno estructural al superestructural, esto es, cómo el Estado politiza la instancia civil buscando con ello el consenso de su política que instrumentaliza en momentos coyunturales.
Ahora bien, para complementar esta labor, mantener la sociedad civil bajo la influencia estatal y responda a las necesidades de la revolución y la nación, el gobierno-Estado ha venido elaborando una ideología alternativa como matriz explicativa de la realidad nacional y las políticas estatales, cuyo contenido se alcanza a vislumbrar en el discurso que los dirigentes de la revolución confeccionan y exponen al pueblo; es un discurso que busca generar identidad entre la sociedad política y la sociedad civil, por ello la estimula alrededor del interés nacional, mediante la configuración de un lenguaje nacional, espíritu patriótico y realzando la esencia del país y la dignidad del pueblo.
Este lenguaje de lo nacional es el vehículo que traslada el sentimiento del pueblo al seno del Estado, el cual se muestra como la instancia defensora de la nación y la población en general, supliendo los conceptos de latifundio, minifundio, represión, muerte, etc., por el de nación, interés nacional, pueblo, autonomía, democracia pluralista, crítica constructiva, buscando con ello fusionar el pueblo con el proyecto nacional que el FSLN coordina desde el poder.
Este nuevo rol del Estado lo analizamos como la función pedagógica, educativa y formativa del Novo Estado-Nación, que parafraseando a Gramsci, tiene siempre como fin la creación de nuevos tipos de civilización, la educación de la cultura y la moral de las más vastas masas populares a la necesidad del desarrollo continuo del aparato económico de producción... se trata de incorporar al hombre individual al hombre colectivo mediante la educación, del consenso, la colaboración.
Entonces observamos, que mediante el discurso, el gobierno-Estado pernea la conciencia de la población y crea un clima de confrontación ideológica latente que no ha tenido ruptura dentro de la continuidad discursiva con la etapa insurreccional, potencializando la madurez ideológica que abunde en un nacionalismo revolucionario que se podría connotar como voluntad colectiva nacional, cuyo contenido busca internalizar en la sociedad civil, que toda decisión política y comportamiento del Estado, es la voluntad del pueblo; el Estado en su nueva investidura revolucionaria obra por el bien de la nación con el apoyo nacional popular, que sin él no podría actuar; voluntad colectiva nacional que tiene su expresión en el Estado, quien conforma la conciencia nacional del proyecto revolucionario.
Esta nueva forma comportamental del Estado que genera discurso, lenguaje, ideología alternativa y conciencia colectiva, lleva por objeto alterar y cambiar el comportamiento de la sociedad, no sólo en el aspecto productivo y de reparto mayoritario, sino un cambio profundo en la conciencia, una nueva ética comportamental que forje al hombre nuevo con un alto sentido de responsabilidad en su trabajo, ante su familia, en la producción, ante la revolución y consigo mismo.
Pues bien, esa conciencia nacional que el Estado ha creado en la atmósfera de la sociedad civil, ha colocado al pueblo como sujeto agredido por el gobierno norteamericano y los enemigos del proyecto popular que conviven en el país, conduciendo al pueblo a que busque su desarrollo orgánico en el gobierno-Estado, restándole así espacio político-social a la oposición interna para que obtenga consenso en la sociedad civil.
Por último, es necesario señalar, que la relación y simbiosis partido-Estado-pueblo nos conduce a la democracia consensual que lleva la forma embrionaria de hegemonía, pero no de carácter coercitivo, sino de dirección ético-política, donde la unidad en torno al proyecto nacional define el destino histórico y clasista de la revolución sandinista.
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