Resumen Las ongd se encuentran en un espacio social cuyas «reglas del juego»






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REDES- Revista hispana para el análisis de redes sociales

Vol.11,#8, Diciembre 2006

http://revista-redes.rediris.es

Entre la competencia y la cooperación: la construcción de redes entre las Organizaciones No Gubernamentales de Desarrollo en Andalucía

Beltrán Roca Martínez – Universidad de Sevilla – Departamento Antropología Social1

Resumen

Las ONGD se encuentran en un espacio social cuyas «reglas del juego» les llevan a la paradoja de tener que competir por una serie de recursos en juego y cooperar para incidir sobre terceros. La Coordinadora Andaluza de ONGD (CAONGD), por tanto, se convierte en un escenario privilegiado para observar dichas dinámicas. Mediante un análisis de redes sociales entre las ONGD más activas de la coordinadora, describimos las estrategias de actuación de estas organizaciones y la construcción y circulación de significados a través de sus redes.

Palabras clave: ONG, redes sociales, cooperación al desarrollo.

Abstract

NGOD are situated in a social space whose «gambling rules» impose the paradox of having to compete for resources at stake and cooperate to influence on outsiders. The “Coordinadora Andaluza of NGOD” (CAONGD) is, therefore, a privileged stage to watch those dynamics. By means of a social networks analysis of the relationships behind the more active NGOD of such coordinating committee, we describe the strategies of those organizations and the construction and circulation of meanings through their networks.

Key words: NGO, social networks, cooperation for development.

I. Introducción

Desastres naturales que originan millares de víctimas, conflictos bélicos que obligan a desplazarse a grandes grupos de población, cumbres de organismos supranacionales ensombrecidas por fuertes enfrentamientos callejeros entre manifestantes y fuerzas de seguridad, etc. Dentro de la extendida controversia sobre la globalización y sus consecuencias, la cooperación al desarrollo y las ONGD (Organizaciones No Gubernamentales de Desarrollo) tienen un importante papel. Estas organizaciones están cobrando un gran protagonismo social tanto en los países “desarrollados” como en los países “en vías de desarrollo”. En Andalucía existen alrededor de cien ONGD de muy diversas características, cuyas actividades tienen una importante repercusión sobre diferentes sectores de la sociedad.

El auge de la doctrina neoliberal ha venido acompañado del desarrollo de un Tercer Sector que está complementando –cuando no sustituyendo– la acción estatal en materia de educación, sanidad, servicios sociales y ayuda al otro. Un estudio comparativo de la Universidad John Hopkins (Salomon, Anheier, et al, 1999) desvela que, en España, el sector no lucrativo constituye una fuerza económica en alza: en 1995 movilizó 22.600 millones de dólares –el 4% del PIB. Además, constituye una importante fuente de empleo: ese mismo año contaba con 475.179 trabajadores remunerados a tiempo completo, superando en empleo a numerosos sectores como transportes, alimentación, metalurgia, industria textil o industria química. Todo ello sin incluir el voluntariado: 253.599 personas. Una de las principales áreas en las que se divide este sector no lucrativo es la cooperación al desarrollo.

Precisamente este considerable número de participantes en las entidades de voluntariado es una de las múltiples manifestaciones de las actuales transformaciones en las fórmulas de participación política. Las pulsiones participativas presentan dos tendencias complementarias: por un lado, tienden a centrarse en lo local y lo proxémico –la noción de socialidad de Maffesoli (1990) apunta en esta dirección; por otro lado, la afiliación más o menos estable a determinadas organizaciones está cediendo paso a la participación en los llamados Nuevos Movimientos Sociales de vida más efímera. Como señala Castells, la identidad y la localización constituyen elementos centrales en la articulación de los movimientos sociales (Castells: 2000). La “aparición” del «voluntariado» y la pérdida de peso de la «militancia» están estrechamente relacionados con esos cambios socio-culturales contemporáneos.

Basándonos en las aportaciones de Pierre Bourdieu, entendemos la cooperación al desarrollo como un campo social en el que operan diversos actores, entre ellos las ONGD. Las «reglas del juego» de este espacio social imponen a las ONG la paradójica necesidad de cooperar y competir. Las principales ONGD implantadas en Andalucía se encuentran federadas en la Coordinadora Andaluza de ONGD (CAONGD). Este texto constituye un análisis de las redes entre las ONGD más activas dentro de dicha federación. Nos interesan, por tanto, las relaciones entre los elementos estudiados, sus propiedades relacionales, y no tanto sus atributos individuales (Molina, 2001: 13). Partimos de la premisa de que para comprender las estrategias de actuación de dichas organizaciones, es preciso conocer cómo interactúan entre sí y cómo los significados se construyen y discurren a través de sus redes2.

II. Sobre la visualización de redes sociales

La utilización de imágenes como soporte de la actividad investigadora está a la orden del día en muchos campos de conocimiento científico. Desde las Ciencias Sociales se está a empleando de manera creciente la imagen (fotografía, video, sociogramas, etc.) tanto en el análisis de la realidad social como en la divulgación y transmisión de los resultados de obtenidos. En particular, la visualización de redes sociales, a pesar de sus limitaciones, puede resultar de gran ayuda para los antropólogos que pretendan comprender la configuración de dichas redes y comunicar a otros los resultados de su investigación (Freeman, 2000). La visualización es una actividad que realiza todo científico a lo largo de su investigación. En el caso del antropólogo, a medida que se sumerge en el trabajo de campo, va construyendo imágenes mentales sobre las estructuras de su objeto de estudio (organigrama formal o informal de una organización, redes sociales, sistemas de pensamiento, árboles genealógicos, etc.). Proyectar sobre el papel dichas visualizaciones ayuda a esclarecer cuestiones y a sistematizar la reflexión. Los avances y la proliferación de las tecnologías informáticas son de gran utilidad, existe una gran variedad de programas informáticos que permiten visualizar grandes redes sociales formadas por muchos nodos que de manera manual sería imposible representar.

III. Competencia y cooperación entre ONGD: el campo del desarrollo

Inspirándonos en la teoría de los campos de Pierre Bourdieu (1991), podemos entender el mundo de la cooperación como un campo social, un espacio de correlaciones de fuerzas. En este mismo campo podemos distinguir diferentes –aunque interrelacionadas– demarcaciones: la de las relaciones entre los actores individuales, profesionales y voluntarios, y la de las relaciones entre organizaciones. En este artículo nos centraremos en esta segunda demarcación.

Las organizaciones que intervienen en este espacio son de lo más variopintas: Estado, organizaciones internacionales y supraestatales, administraciones territoriales, empresas, partidos, universidades, Iglesias y sectas religiosas, sindicatos, ONGD, etc. Cada actor despliega diferentes estrategias de actuación en función de su posición y sus intereses. La finalidad de toda actuación es, según Bourdieu, la maximización del poder o capital en sus diferentes especies (económico, cultural, social y simbólico). El resultado de todo esto es una compleja maraña de relaciones entre esta multiplicidad de actores. En el caso de las ONGD las relaciones entre ellas son confusas y contradictorias. Si diésemos por válidos los objetivos formales de estas organizaciones (en términos generales, la erradicación de la pobreza), entre ellas tan sólo cabría esperar un tipo de relación: la cooperación. Sin embargo, la cuestión es mucho más complicada. Toda organización tiene una serie de fines oficiales y una serie de fines operativos (Perrow, 1961). Lo que es más, Michels (1996) sostiene que a lo largo de la vida de la organización hay una «sustitución de los fines», desde los oficiales hasta los operativos. Entre los fines operativos destaca siempre la supervivencia de la misma organización. Podemos afirmar que, como toda organización, las ONGD persiguen determinados fines operativos como la supervivencia o el crecimiento, que implican involucrarse de lleno en un sistema de relaciones de poder con todo tipo de organizaciones, incluidas aquellas con las que comparten los «fines oficiales». En esta línea, compartimos con Panebianco (1990: 15) el interés por privilegiar “la dimensión del poder en la organización”, pero no sólo la estructura interna de poder, sino el sistema de alianzas y pugnas por el poder entre las diversas organizaciones que operan en un mismo espacio.

Aplicando todo esto a las relaciones inter-organizacionales de las ONGD, podemos afirmar que se encuentran forzadas a desenvolverse dentro de una situación paradójica: están obligadas a competir entre sí, pero, al mismo tiempo, necesitan cooperar para cumplir sus fines oficiales (puesto que, salvo contadas excepciones, éstos continúan teniendo una alta importancia). La lucha entre las ONGD se produce por la obtención de determinados recursos: fondos públicos, donaciones privadas, socios, voluntarios, atención en los medios de comunicación, reconocimiento social, representación ante órganos políticos, etc. El ejemplo más claro es el procedimiento establecido para obtener subvenciones. Una entidad pública o privada realiza una convocatoria y diversas ONGD compiten por que sus proyectos sean seleccionados. Obtener esta financiación requiere un capital cultural (conocimiento adecuado para diseñar de manera técnicamente correcta el proyecto), capital social (las relaciones de amistad, políticas, etc., con las instituciones suelen ser importantes), capital económico (generalmente la ONGD debe aportar una proporción del dinero del proyecto3) y capital simbólico (el prestigio de la ONGD también es muy importante4). Es en esta lucha de poder donde se produce la fragmentación entre organizaciones en función de variables ideológicas: al competir por unos recursos limitados las alianzas se generan con las ONGD ideológicamente afines. La rivalidad y el enfrentamiento son una parte sustancial de las relaciones inter-organizacionales de este tipo de entidades.

En cambio, frente a terceros las ONGD pretenden ofrecer una imagen unitaria y coherente (lo cual no siempre es posible). Todas las ONG comparten unos mismos fines explícitos y una serie de creencias que los ubican en unas posiciones más o menos homogéneas frente a otros actores sociales como los gobiernos, las administraciones, las grandes empresas, los organismos supranacionales, etc. Todo ello les lleva a coordinarse y aunar esfuerzos en federaciones, plataformas, redes y campañas conjuntas, a pesar verse forzadas a luchar por estos recursos. Las ONG otorgan una gran importancia al «trabajo en red». Hay una elevada profusión de federaciones, coordinadoras, plataformas, redes, etc. a distintos niveles. Por poner un ejemplo, la ONGD más conocida en el estado español, Intermón Oxfam, pertenece a:

OXFAM Internacional, CONGDE, EURODAD (Red Europea de Deuda y Desarrollo), Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, EFTA (Asociación Europea de Organizaciones de Comercio Justo); IFAT (Federación Nacional de Comercio Justo); NEWS (Red Europea de Tiendas de Comercio Justo); Federaciones Autonómicas de ONG, AEMO (Asociación Española de Marketing Directo) y Coordinadora Catalana de Fundaciones (…). Intermón Oxfam justifica la pertenencia a estas redes porque esto posibilita sumar esfuerzos, y que este trabajo beneficie a más personas” (Fundación Lealtad 2003).

Una de las limitaciones que presenta el marco de análisis de Bourdieu es que traza unas fronteras y divisiones excesivamente rígidas entre los distintos campos que identifica. ¿Es la cooperación al desarrollo un campo autónomo? ¿Pertenece acaso al campo político? ¿Y al económico? ¿No intervienen acaso numerosos actores del campo religioso? Los límites del campo del desarrollo –y de los demás campos– son borrosos, inestables y fluidos. No obstante, lo que nos interesa de las aportaciones de Bourdieu es precisamente lo que ocurre dentro de los campos sociales, aunque la delimitación de ese campo no esté clara.

A lo largo de la investigación hemos encontrado cerca de un centenar de ONGD implantadas en el territorio andaluz. La mayor parte son delegaciones territoriales de organizaciones de ámbito estatal e internacional, algunas de ámbito local y otras, las menos, propiamente andaluzas. Muchas de estas organizaciones tienen un número muy reducido de socios y su actividad es relativamente escasa, lo que no descarta que en algunos casos sus delegaciones en otras comunidades autónomas sean más fuertes y activas. También es posible que algunas organizaciones hayan sido muy activas en un momento dado y en la actualidad se encuentren en un periodo de letargo o al borde de la desaparición. Las ONGD de más peso en Andalucía están adheridas a la Coordinadora Andaluza de Organizaciones No Gubernamentales (CAONGD). En la actualidad hay 45 organizaciones inscritas y dos en proceso de incorporación. Nos centraremos en las relaciones entre las ONGD más activas de la CAONGD. Por “organizaciones más activas” entiendo, aquellas que participan regularmente en las asambleas periódicas y forman parte de los diferentes grupos de trabajo que hay constituidos.

Hay que constatar que no todas las ONGD implantadas en Andalucía están federadas en dicha coordinadora: algunas consideran suficiente estar federadas en la Coordinadora Española de ONGD (por ejemplo, Cáritas), otras sencillamente no están interesadas en trabajar junto a otras organizaciones sociales y otras puede que no compartan algunos de los principios de la CAONGD o no suscriban su código de conducta.

La información sobre las relaciones entre las ONG proviene de diversas fuentes, las cuales hemos tratado de triangular en la medida de lo posible. Nuestra intención ha sido preguntar a un representante de cada organización con qué otras ONGD implantadas en Andalucía habían trabajado conjuntamente. Pensamos que el trabajo conjunto puede ser un indicador válido de la existencia de relaciones estrechas entre dos o más organizaciones. Como este análisis de redes sociales forma parte de una investigación de mayor alcance, aprovechamos para incluir esta pregunta al modelo de cuestionario de las “entrevistas abiertas semi-directivas”. Mediante entrevistas obtuve información de 12 organizaciones. Posteriormente, enviamos un e-mail con la pregunta a las delegaciones en Andalucía del resto de ONGD más activas de la CAONGD, al que tan sólo respondieron 5. Finalmente, llamamos por teléfono a las 13 organizaciones que no respondieron la pregunta vía correo electrónico para completar la información. Triangulamos los resultados obtenidos con otras fuentes como la observación, la preguntas a terceros o la consulta de fuentes documentales. Por ejemplo, al ir a las sedes de las ONGD a realizar las entrevistas, solían coincidir las ONGD con que afirmaban haber trabajado conjuntamente, con las ONGD que habían elaborado panfletos, boletines, carteles y demás documentos que se exhibían en mostradores de la organización. Así mismo, en la medida en que nos íbamos sumergiendo en esta realidad y conociendo a los responsables de cada organización, íbamos constatando que los miembros de determinadas organizaciones colaboraban en las actividades de otras organizaciones.

IV. Fisuras y fraccionamientos: las plataformas estatales

Una de las estrategias de actuación para tener éxito en el juego es crear alianzas con otros actores sociales. Las alianzas multiplican la capacidad de incidencia de los actores ante terceros. Cuando se trata de incidir sobre las administraciones públicas u otras entidades sociales que no son ONGD, las ONGD no tienen grandes dificultades en agruparse para constituir coordinadoras. Ahora bien, cuando analizamos el juego entre las mismas ONG, podemos comprobar que se construyen subgrupos para la defensa de sus intereses particulares. Estos subgrupos construyen significados que dotan de sentido estas pautas de agrupamiento, significados que fluyen a través de los canales internos de la red y, en ocasiones, afloran al exterior. A nivel estatal esto se produce de manera muy pronunciada: existe una marcada segmentación entre ONG «confesionales» (vinculadas a la Iglesia Católica) y ONG «progresistas», que afirman tener concepciones distintas de la solidaridad y el desarrollo. Esta segmentación se traduce en la creación de dos plataformas: la plataforma «REDES» (Red de Entidades para el Desarrollo Solidario) y la «Plataforma 2015 y más». Posiblemente, estas plataformas sean únicamente la punta visible del iceberg de la compleja trama de relaciones entre las ONGDs del estado. En Andalucía estas plataformas apenas tienen existencia, aunque existen delegaciones de algunas de sus organizaciones, ya que la integración y participación en ellas suele ser competencia de las sedes centrales.

El 8 de marzo de 2003, tuvo lugar la asamblea plenaria de constitución de la plataforma «REDES», compuesta por ONG ligadas a instituciones religiosas y otras organizaciones de inspiración cristiana que deseaban trabajar de forma conjunta. Para ello, establecieron un “Convenio marco” en el que recogen los principios en que se basan. Estas organizaciones afirman tener un estilo propio de cooperación y unas concepciones comunes del desarrollo, que provienen de los valores del Evangelio –plasmados en la Doctrina Social de la Iglesia- y de otras fuentes como los derechos humanos, la declaración del derecho al desarrollo, etc.

Las entidades que la conforman son ADECO (Amistad, Desarrollo, Cooperación), AMANI, AMSALA (Asociación Misionera Salvatoriana para Latinoamérica), Asociación Calasancio, Asociación Enrique de Ossó, Asociación PROYDE, Congregación Hermanas del Amor de Dios, Economía y Colaboración Solidaria (ECOSOL), Fundación Internacional de Solidaridad Compañía de María (FISC), Fraternidad Misionera S.C., Fundación PROCLADE Centro, GARERABIN, HAREN ALDE (Agustinos Recoletos), Hijos de María Inmaculada, Instituto de Hermanos del Sagrado Corazón, Instituto de Religiosas de San José de Gerona, Juan Ciudad, KARIT- Solidarios por la paz, Madreselva, Misión América, OCASHA. Cristianos con el Sur, PROCLADE Asturias, PROCLADE Bética, Religiosas Nuestra Señora de la Compasión y Asociación Solidaridad Vedruna (SOLIVE).

Por otro lado, la «Plataforma 2015 y más» se creó con el objetivo de aunar esfuerzos para cumplir con los «Objetivos de Desarrollo del Milenio» fijados por Naciones Unidas5 y coordinarse entre una serie de organizaciones que se identifican como laicas y «progresistas» (Bengoa, J. y Callejón, M. E., 2004). Está integrada por Acsur-Las Segovias, Arquitectos Sin Fronteras, Asamblea de Cooperación por la Paz, Consejo Español de Ayuda a los Refugiados (CEAR), Cooperació, Economistas Sin Fronteras, Fundación Paz y Solidaridad-CC.OO., Instituto de Estudio para América Latina y África (IEPALA), IPADE, Instituto Sindical de Cooperación al Desarrollo (ISCOD-UGT), Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad (MPDL), Paz y Tercer Mundo-Mundu Bat y Solidaridad Internacional.

Han desarrollado actividades comunes como seminarios e informes anuales sobre los «Objetivos de Desarrollo del Milenio», stands conjuntos en jornadas solidarias y adoptar una posición común ante el conflicto en Palestina. Pretenden coordinarse también en temas relacionados con comportamientos los éticos de las ONG.

La constitución de esta red de organizaciones tuvo lugar bajo el mandato del Partido Popular, que favoreció a unas ONGD en detrimento de otras, las vinculadas o afines a los partidos, sindicatos e ideologías de izquierda. Fue, en parte, una reacción defensiva. Un informante lo explicaba así:

Esa plataforma se creó en un tiempo en que teníamos que estar a la defensiva, porque nos estaban tratando de aniquilar. Es decir, que era una época en la que nos estaban persiguiendo directamente (…) Por el gobierno (del Partido Popular). Nos retiraron muchas subvenciones, muchas organizaciones tuvieron que cerrar oficinas, despedir gente… (Informante H, técnico de ONGD «progresista»).
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