Colado, J. A. y Moreno, J. A. (2005). Actividad física saludable en el medio acuático para niños. En A. J. Casimiro, M. Delgado y C. Águila (Eds.)






descargar 176.23 Kb.
títuloColado, J. A. y Moreno, J. A. (2005). Actividad física saludable en el medio acuático para niños. En A. J. Casimiro, M. Delgado y C. Águila (Eds.)
página1/3
fecha de publicación21.10.2015
tamaño176.23 Kb.
tipoDocumentos
med.se-todo.com > Derecho > Documentos
  1   2   3

Colado, J. A. y Moreno, J. A. (2005). Actividad física saludable en el medio acuático para niños. En A. J. Casimiro, M. Delgado y C. Águila (Eds.), Actividad física, educación y salud (pp. 477-515). Almería: Universidad de Almería.

ACTIVIDAD FÍSICA SALUDABLE EN EL MEDIO ACUÁTICO PARA NIÑOS1
Dr. Juan Carlos Colado Sánchez

Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte

Universidad Católica San Antonio de Murcia

Dr. Juan Antonio Moreno Murcia

Facultad de Educación

Universidad de Murcia

1. INTRODUCCIÓN
A lo largo de la historia del ser humano se ha podido apreciar un cambio en la forma de concebir las actividades acuáticas que ha oscilado desde planteamientos de supervivencia y de reconocimiento social hasta otros con enfoque militar, higiénico o de bienestar, deportivo, terapéutico y educativo (Colado y Moreno, 2001).
Cabe destacar que hace poco se asumía que casi la única interacción con dicho medio se realizaba a partir de ejercitaciones que se fundamentaban de manera única en los estilos de natación o por ciertos movimientos rehabilitatorios muy concretos. Desde esta óptica consideraremos que el término clásico de natación se queda acotado, sesgado e insuficiente para captar la diversidad de actividades que en él se pueden realizar.
En la actualidad, se entiende por actividades acuáticas a aquellas modalidades o prácticas físicas que se realizan de modo no obligatorio y con finalidades y formas muy diversas en el agua, siendo este elemento totalmente necesario y principal (Moreno y Gutiérrez,1998 a y 1998 b). Dichas prácticas pueden ir desde la natación a las actividades de saltos de trampolín, la natación sincronizada, la gimnasia y el aeróbic acuático, los cuentos motrices, la recreación, la dramatización, los bailes y danzas del mundo, etc.
En este capítulo se reflexionará sobre las prácticas grupales y dirigidas que normalmente se realizan en piscinas y que tienen una marcada influencia sobre la promoción y el mantenimiento de la salud, centrándonos en la etapa de 6 a 12 años. Para este fin, se ofrecerá una propuesta global e integradora que conciliará los aspectos fisiológicos, educativos y motivacionales.
Si bien el ámbito específico de aplicación que mostramos se centralizará en instalaciones cubiertas, el ámbito global de aplicación y el de transferencia estará abierto a todos aquellos escenarios y prácticas, respectivamente, que se puedan realizar en el medio acuático.
Como se puede apreciar en este análisis deseamos aportar un adelanto cuantitativo y cualitativo en la forma de entender la actividad física en el citado periodo de edad. Para esto, mostraremos cómo se puede conseguir la creación de hábitos y actitudes positivas hacia la práctica física sin relegar a una posición anecdótica los beneficios que se pueden obtener de manera inmediata a corto plazo y sin olvidar el importante valor que para tal creación posee la educación amplia del niño y las propuestas motivantes de las prácticas diarias. Dando, en definitiva, una salud inmediata al niño y posibilitando que tal situación la herede el futuro adulto.
Una vez presentado el marco teórico sobre el que se cimienta nuestra propuesta y mostradas unas orientaciones para conseguir la seguridad, eficacia y diversión de las sesiones en este joven sector, ofreceremos una ejemplificación práctica de todo lo expuesto.
2. CREACIÓN DE HÁBITOS Y ACTITUDES HACIA LA PRÁCTICA FÍSICA SALUDABLE
A partir de una práctica física constante y adecuada, que influya en aspectos fisiológicos, psicológicos y sociales, y del bienestar que experimentarán por y del ejercicio, junto con la sensibilización y conocimiento sobre todos estos aspectos, deberá perseguirse que todo este camino conduzca hacia la creación y asentamiento de actitudes y hábitos positivos hacia la práctica física saludable. De tal forma, que sientan de manera autónoma la necesidad y la importancia de llevar en el presente y en el futuro un estilo de vida en el que la actividad física sea un complemento que mejore su estado y percepción de bienestar, en definitiva, el clásico concepto de salud.
Parece adecuado que tal planteamiento se comience a considerar desde edades tempranas, siendo necesario que los individuos comiencen lo antes posible a beneficiarse de las diversas ventajas que un ejercicio físico adaptado, sistematizado y continuado les puede proporcionar (Epstein y cols., 2000; Olivares y cols., 1999). Es por esto, por lo que al hablar de niños aparece como trasfondo el concepto de “creación de hábitos”, es decir, fomentar desde edades tempranas una serie de costumbres que posteriormente se interiorizarán y se incluirán dentro de los patrones de conducta cotidianos (Torres y cols., 1999), considerándose como un legado cultural que se le deja al futuro adulto para que pueda mantener y llevar una mejor calidad de vida, puesto que normalmente los comportamientos y hábitos adquiridos en la niñez se mantienen durante la vida adulta (Kann y cols., 1999; Grant y Dawson, 1997), siendo además prevenibles en el caso de que fueran nocivos (Kann y cols. 1999).
Como ejemplo negativo, se puede indicar que en la actualidad entre las conductas más habituales de los niños se encuentra, con una carga de horas relativamente importante dentro de los hábitos cotidianos, la de ver la televisión (figura 1), como así lo indican investigaciones como las de Epstein y cols. (2000), Olivares y cols. (1999), Instituto Nacional de Epidemiología y Salud Pública (1998), siendo este un ejemplo entre otros muchos hábitos nocivos, como pueden ser una mala alimentación (Olivares y cols., 1999; Crooks, 2000), el consumo de tabaco y de alcohol (Grant y Dawson, 1997), etc.

Figura 1. Horas diarias empleadas en ver la televisión según la Encuesta Nacional de Salud en España en el año 1997. Salud de la población infantil de 0 a 15 años (Instituto Nacional de Epidemiología y Salud Publica, 1998).




Se sabe que, por ejemplo, por cada hora que los niños dedican a ver la TV aumenta un 12% la probabilidad de convertirse en personas obesas, disminuyendo inversamente un 10% si dicha hora es de un ejercicio físico con una intensidad media/alta (Hernández y cols., 1999). Además, los niños y adolescentes que tienen adquirido algún hábito nocivo, presentan mayor probabilidad para asociar otros, como ocurre entre el consumo de cigarros y el de alcohol (Frazier y cols., 2000).
En consecuencia, para que se pueda marcar e influir de manera tan contundente en el futuro, en el presente se debe ejercer una labor que realmente llegue a ser tan importante y significativa para el individuo que llegue a dejar tal impronta y además pueda borrar posibles conductas nocivas que comienzan a instaurarse. Por tanto, aparece la necesidad de ofrecerles una serie de propuestas teórico-prácticas totalmente motivantes que sin perder los beneficios que a corto plazo pueden proporcionar, labren el terreno para ese adulto que brotará a largo plazo desde los cuidados que se proporcionan en el presente.
La insistencia en promover actitudes positivas y hábitos reales hacia la práctica física saludable viene justificada en que a pesar de que se tienen claros los innumerables beneficios que la práctica física junto a otros hábitos aportan al ser humano, las estadísticas (figura 2) siguen confirmando que, por ejemplo, el número de adultos que realiza una actividad física mínima y adecuada para mantenerse sanos es sustancialmente inferior al de practicantes esporádicos o al de no practicantes (Torres y cols., 1999).
Figura 2. Ejercicio físico en tiempo libre según la Encuesta Nacional de Salud en España en el año 1997. Salud de la población adulta de más de 16 años (Instituto Nacional de Epidemiología y Salud Publica, 1998).





Este dato puede llamar la atención, pero analizándolo brevemente llega a ser comprensible, puesto que si se considera que la sociedad, incluidos sus conocimientos, progresan, y que hasta hace poco no se había conocido o demostrado de manera clara que muchas de las principales alteraciones de salud se pueden evitar con una ejercitación física asidua, se puede entender como entre los hábitos de conducta de la población de más edad, la ejercitación física de tiempo libre puede ser banal e incluso pueden llegar a esbozar algunos atisbos de aversión en el caso de que se les reitere en exceso, ya que entre sus valores y hábitos cotidianos tal orientación no había sido contemplada de manera significativa.
En consecuencia, queda de manifiesto la importancia que puede tener para las presentes generaciones la consolidación de unos hábitos de ejercicio adecuados en edades evolutivas tempranas, puesto que es más fácil inculcar esta saludable práctica desde dichos momentos que intentar erradicar un casi total sedentarismo en edades adultas. Edades, éstas últimas, en las que muchas veces se puede encontrar una clara disociación entre la actitud verbal favorable hacia la práctica física, puesto que se comprende la importancia que tiene en nuestras vidas, y las conductas efectivas reales. Este análisis también es válido para el resto de hábitos y actitudes que indicábamos anteriormente como necesarias para alcanzar un adecuado equilibrio de bienestar.
Posicionándonos globalmente en todo este planteamiento, es desde el que ofrecemos una propuesta de actividad física saludable para niños y más concretamente materializándola en el medio acuático, puesto que pensamos que es un medio poco utilizado en este sentido y que desde él se pueden alcanzar muchos de los aspectos que hemos indicado hasta aquí.
3. ACTIVIDADES ACUÁTICAS SALUDABLES
3.1. Evolución de las actividades acuáticas
A partir de la cultura romana, y con procedencia de la civilización griega, aparece un tratamiento distinto y complementario del entorno acuático. En él destaca la utilización del agua como fuente de bienestar, combinándose una rudimentaria ejercitación acuática en variadas posiciones y formas con aspectos de relación social y de expansión.
No obstante, en la Edad Media se primaron los componentes intelectuales del ser humano y se dejó arrinconada la práctica motriz, siendo a partir del humanismo renacentista (siglo XIV) cuando nuevamente la Educación Física y el ejercicio físico en general vuelven a tomar importancia (Vicente, 1988), y más concretamente donde nuevamente se retoman las actividades acuáticas, entre otras, con una finalidad de mejorar la salud.
A partir del siglo XIX, y embebidos por el nacimiento del “Deporte”, la natación, de forma casi exclusiva, acaparó hegemónicamente cualquier planteamiento que se acercara al medio acuático. En este último medio siglo la mayoría de intereses circularan hacia las competiciones natatorias y hacia los modos más eficaces (estilos) de conseguir las marcas (Navarro, 1995).
Afortunadamente, en las últimas décadas se ha producido un planteamiento alternativo en el que el deporte queda enmarcado en ciertas circunstancias y personas y en el que la participación popular y con miras más amplias cobra gran protagonismo, surgiendo lo que se ha llamado “Deporte para todos”.
Dentro de dicho planteamiento, destaca la labor anónima de muchos profesionales que ha incluido desde una cierta difusión de los beneficios de la natación y más concretamente de las actividades acuáticas terapéuticas y recreativas, hasta un aumento modesto en la construcción de instalaciones acuáticas, pasando por un servicio de mayor calidad a partir de una formación más versátil y académica de los profesionales al cargo no sólo de las actividades sino también de la coordinación de los programas y de las instalaciones. De esta manera, la oferta de actividades no se ha quedado descolgada, y en la medida de lo posible ha avanzado discretamente en la línea que la sociedad demanda y necesita.
En la actualidad, la práctica con fines eminentemente agonísticos está dejando paso a otras en las que lo más importante es la consecución o mantenimiento de la salud, alcanzar y consolidar un mínimo de condición física, y la diversión y la catarsis (Miranda, 1991; Moreno y Gutiérrez, 1997).
En este caldo de cultivo comienzan a nacer propuestas divergentes en la utilización del medio acuático (Moreno y Gutiérrez, 1997). Propuestas atractivas para aquellas personas que ya “dominan” el medio acuático a partir de destrezas natatorias y para aquellos que aún no se desenvuelven con soltura ante este líquido medio. Son prácticas muy variadas, no exclusivas y con las que notan beneficios múltiples en su vida cotidiana (Joven y Solé, 1998). Es en este mar revuelto que concibe el medio acuático de forma ecléctica y abierta, y en la que la natación no tiene que ser la única propuesta de actuación, donde surgirá lo que denominamos como “actividades acuáticas saludables”.
3.2. Conceptualización de las actividades acuáticas saludables
En el contexto actual el enfoque higiénico o de bienestar está en auge. Éste, en función del colectivo que lo planteé puede recibir una denominación u otra. En nuestro país, en la última década, aparecen con fuerza, provenientes de la cultura americana, los conceptos de Fitness y de Wellness. Tales acepciones indican más que una simple ejercitación física, ya que delimitan toda una filosofía de vida. Dentro de ella la práctica física adecuada será un elemento más, aunque con un gran peso específico.
Es por esto por lo que se podría hablar de manera indistinta de fitness/wellness acuático y de actividades acuáticas saludables, sabiendo que si éstas últimas recogen la amplitud de miras de las palabras anglosajonas se estará planteando la misma opción.
Al hablar de fitness y de wellness acuático (Colado y Moreno, 2001; Colado, 2004) se entiende “una filosofía de vida que pretende alcanzar y mantener la salud a través de unos hábitos equilibrados, ayudándose para esto de la ejercitación motriz en el agua con todo lo que esto puede llevar asociado. Ésta, puede tener múltiples manifestaciones, aunque todas están bajo el velo de la lógica y el rigor, otorgando a través de su práctica un estado adecuado de bienestar, entendiendo que éste nacerá del equilibrio de componentes físicos y psíquicos presentes en las prácticas propuestas”...”exigiendo una coherencia y raciocinio de lo que se hace, y que a corto, medio y largo plazo mejore no sólo el estado de bienestar del practicante, sino también la percepción que éste tiene de dicho estado y de sí mismo”.
Además, el concepto wellness, o también denominado “High-level” o “Well-being” (De Andrés y Aznar, 1996), aportará una mejora cualitativa a este planteamiento, ya que entenderá la salud como un compendio en el que deben estar a la misma altura e importancia el cuidado físico, la relación social, la espiritualidad, la mejora cognitiva y el cuidado del medio ambiente (Colado, 2004), planteando la posibilidad de mantener un estado en el que el individuo se encuentre a gusto sin necesidad de buscar una mejora continua. Es necesario contemplar que en función de los valores, educación y prioridades de cada persona se podrá potenciar más alguna o algunas de las componentes psicológica, fisiológica y/o social, pero siempre intentando que las tres estén presentes de forma equilibrada.
Para alcanzar con éxito la esencia de esta filosofía o planteamiento de vida, se apuesta por la adquisición de unos hábitos adecuados desde la infancia (Shephard, 1989; ACSM, 1988), así como por la educación y sensibilización constante (Sánchez, 1996; Miquel, 1998; Torres y cols., 1999). De hecho, este aspecto de creación de hábitos y actitudes positivas desde la niñez, y más concretamente a través y con la dimensión del ejercicio físico, es el elemento catalizador que nos mueve para presentar esta propuesta teórico-práctica.
El ejercicio físico que desde el wellness se considera como adecuado debe reunir todos los requisitos que ya se marcan desde el concepto fitness: “ejercitaciones físicas seguras, eficaces y divertidas de fuerza, resistencia y flexibilidad con unos parámetros cuantitativos de valores medios y altos en lo referente a frecuencia, intensidad y tiempo de práctica” (Colado, 1997, 1998 a y b). Aunque desde el wellness en la concreción del aspecto FITT (frecuencia, intensidad, tipo y tiempo) de la práctica física se recomiendan las propuestas moderadas (Rodríguez, 1995; Tabernero y Márquez, 1996; Villeneuve y cols., 1998; Branch y cols., 2000), puesto que conforme aumenta el volumen y la intensidad de las prácticas aumenta considerablemente el riesgo de lesión, disminuye el porcentaje de participación y realmente no aporta demasiados beneficios para el nivel basal de bienestar (Boone, 1990; Tabernero y Márquez, 1996; Gutiérrez, 1999; Marcus y Forsyth, 1999; Branch y cols., 2000; Colado, 2000 b).
Tomando como punto de referencia lo indicado hasta aquí, cuando hablemos de actividades acuáticas saludables se hará referencia principalmente a las actividades que con predominancia en piscinas aprovechen adecuadamente el medio acuático (Thein y Brody, 1998; McNeal, 1990), que resalten a su practicante y que intenten mejorar alguna o varias de las cualidades físicas básicas de salud y de las asociadas. Además, debido también a la diversidad de potenciales practicantes, dichas actividades deben estar abiertas a cualquier sector, puesto que una característica primordial de estas ejercitaciones es que sean flexibles y totalmente adaptables a sus practicantes, llevando al mayor número de personas la opción de una práctica física acuática con carácter sistemático (Colado, 2004).
Para facilitar esta amplitud de participación, se plantean actividades que resaltan y recuperan para su práctica habitual las posiciones verticales en inmersión total o parcial (Sova, 1993), además de proponer ejercicios fáciles de realizar y con los que todo el mundo se pueda identificar; no siendo el agua una limitación, sino todo lo contrario. Por otro lado, se erradicará el aspecto agonístico llevado a su máximo exponente, primándose siempre la persona por encima del rendimiento extremo y dañino, siendo el ejercitante el verdadero protagonista. Además, la creación y el desarrollo de estas prácticas se ven facilitadas por el bajo coste que éstas suponen (Heyneman y Premo, 1992), puesto que el medio acuático proporciona una sala de ejercitación tridimensional, en la que sin necesidad de material alguno se pueden realizar multitud de actividades. No obstante, el material puede ampliar las opciones y los beneficios de las propuestas.

Como se ha comentado, un objetivo básico que persigue este tipo de actividades es conseguir que sus participantes, además de alcanzar beneficios a nivel orgánico, obtengan también ventajas psicológicas (mejora de la autoestima, el autoconcepto, etc.), y que se creen y se consoliden unos hábitos estables hacia la practica física. Cabe resaltar, que junto a los aspectos propios del ejercicio físico se introducen contenidos educativos relacionados con la salud, en los que con breves comentarios y alusiones, se abordan temas alimenticios, de hábitos y de costumbres (posturales, de movimientos, culturales, etc.), de aspectos socio-afectivos, etc. Los aspectos relacionales y de colaboración se fomentarán de manera planeada en todas las propuestas (Joven y Solé, 1998). En consecuencia, para poder alcanzar estos objetivos será importante poner un especial cuidado en el ambiente de cada clase o sesión, cuidándose al máximo la dinámica de cada grupo y, en general, buscando que las actividades ofrecidas sean especiales y diferenciadoras.

Dentro de este planteamiento de actividades acuáticas saludables en piscinas se emplean todas las zonas del vaso de agua, aunque esto dependerá de las características de los alumnos. También se le da importancia a la utilización de diversos materiales acuáticos y no acuáticos, y al apoyo de la música como aspecto motivante de la práctica, e incluso en ocasiones caracterizador.
También queremos indicar que los bloques de Actividades Náuticas y Natatorias que esquiven el rendimiento extremo, estando por encima la salud de sus practicantes, son más opciones que con la debida adaptación pueden incluirse en lo que consideramos como actividades acuáticas saludables, abriéndose los escenarios de ejercitación a entornos naturales, aumentando los recursos y opciones para las prácticas.
3.3. Programas de actividad física saludable para niños
De manera genérica se conoce que la práctica física constante durante la niñez mejora, respecto a niños sedentarios, las cualidades físicas básicas de salud (Baltaci y Ergun, 1997; McManus y cols., 1997; Wilmore y Costill, 1998; Jaraba y cols., 1999; Gutin y cols., 2000; Epstein y cols., 2000). Tales beneficios también se pueden encontrar al respecto de aspectos relacionados con la obesidad (Gutin y cols., 2000; Epstein y cols., 2000) y otras circunstancias relacionadas con ella, como es la proporción entre colesterol “bueno y malo” (Tolfrey y cols., 2000; Sarria y cols., 1997), incluso también puede ser positivo para la adecuada mineralización ósea (Burrows y cols., 1996; Wilmore y Costill, 1998). Otros autores, como por ejemplo Marcos (1990), Boyd y Hrycaiko (1997), Crocker y cols. (2000), entre otros, destacan otros aspectos beneficiosos en diversas áreas como pueden ser la psicológica, social, cognitiva, afectiva, etc.
En el medio acuático se han realizado estudios que se han centrado principalmente en programaciones basadas de manera casi exclusiva en los diferentes estilos de natación. Como indicativo global, tales aportaciones podrían ser útiles para valorar los beneficios que un programa más ecléctico podría proporcionar a sus practicantes.
Dichos estudios han comprobado como a partir de largos periodos con sesiones de natación de intensidad media y alta, puede mejorar la cualidad física de resistencia aeróbica (Mercier y cols., 1987; Benefice y cols., 1990; Obert y cols., 1996; Courteix y cols., 1997) y fuerza (Vaccaro y cols., 1980; Emslander y cols., 1998).
No obstante, no disponemos de suficientes evidencias al respecto de programas amplios de actividad física para niños en el medio acuático, que hayan medido y divulgado con cierta profusión aspectos como los anteriormente indicados. En consecuencia, la lógica nos hace inferir que tales beneficios tendrían una transferencia normal con prácticas en las que los desplazamientos y actividades se llevasen acabo a partir de movimientos variados y globales.
Además, no limitarse exclusivamente a los estilos de natación puede reducir las típicas lesiones por sobreuso de dicha práctica (McLean, 1984; Wilmore y Costill, 1998).
Atendiendo a los beneficios que la actividad acuáticas puede provocar en el niño y teniendo presente el concepto general que hemos aportado sobre las actividades acuáticas saludables, consideramos que cualquier programa dirigido y grupal de actividad física para niños y con predominio del objetivo saludable, debe proponer actividades jugadas en las que se contemplen los siguientes aspectos:


  • Fisiológicos. Mejora a corto y medio plazo de las cualidades físicas básicas de salud (fuerza, flexibilidad y resistencia) y mejora o mantenimiento de un porcentaje de grasa corporal adecuado a partir del acondicionamiento físico citado y de aspectos educacionales.

  • Educativos. Sin tener que constreñirnos al ámbito escolar, la educación de las personas va a condicionar un concepto de salud global y activo. En dicho proceso se le proporcionará al niño recursos procedimentales que les permitan el día de mañana iniciar cualquier tipo de práctica física voluntaria con cierta destreza. Además se les orientará en conceptos al respecto de los beneficios del ejercicio, de sus diversas formas y de cómo controlar y programar su práctica, así como en nociones elementales higiene corporal y postural, alimentación y descanso.

  • Motivacionales. Siempre que el niño encuentre que las actividades que se le proponen reúnen los requisitos que a continuación enumeramos, se estará influyendo de manera directa en la formación de unas actitudes positivas hacia tales prácticas. Si además estas acciones se mantienen en el tiempo de forma constante y sistemática se estará consiguiendo la creación de unos hábitos saludables que con total seguridad pueden perdurar en el tiempo a no ser que otros condicionantes los releguen a un segundo plano. Tales requisitos son: que las propuestas que reciban sean variadas, divertidas y reforzantes, que induzcan a la participación y a la relación, que sean significativas y que además estén adaptadas al niño, al grupo y al contexto.


Así pues, nuestro planteamiento parte de una familiarización con el medio acuático a través de juegos tanto de aproximación (terrestres) como en el vaso de agua (poco profundo), para pasar posteriormente al trabajo de las habilidades motrices acuáticas, como queda recogido en Moreno y Gutiérrez (1998). En un principio buscaremos el desarrollo de la flotación, respiración y desplazamientos, entre los que resaltamos la propulsión a través de juegos o formas jugadas. Con un trabajo minucioso y globalista conseguiremos que el aprendiz conozca esencialmente los elementos básicos para movilizarse por el medio acuático. Una vez se consiga este conocimiento se puede dar paso al trabajo de las habilidades deportivas acuáticas, empezando a adquirir el conocimiento básico de las acciones motrices en natación, pues su control facilitará el dominio del resto de juegos deportivos acuáticos.
Según esto, apostamos por un trabajo inicial basado en los juegos motrices acuáticos, en donde se busca un juego apropiado para los procesos madurativos de los alumnos a través de los juegos donde se desarrollen las habilidades motrices acuáticas y los juegos de estructuración perceptiva.
Una vez conseguido un óptimo desarrollo a través de los juegos, consideramos que la utilización del juego como paso previo al deporte acuático, pasa por el modelo de “juego deportivo modificado”, apoyado en un modelo compresivo de su enseñanza.
De lo expuesto, queremos destacar que toda labor que se encamina a consolidar la salud de la población juvenil no sólo debe pensar en conseguir a corto plazo su involucración constante en cualquier tipo de práctica física sino que además deberá garantizar que dicha práctica sea segura, eficaz y educativa, y que aparezcan hábitos que aseguren la continuidad de los procesos aquí iniciados.
3.3.1. Eficacia y seguridad en los programas acuáticos
Es necesario hacer referencia al concepto de eficacia ya que en la actualidad la práctica física que realizan nuestros niños suele ser de manera generalizada insuficiente para garantizarles una condición física de base adecuada, es decir, que les permita desarrollar al máximo todas las potencialidades que su edad les otorga y por otro lado esquivar el inicio de patologías crónicas que de manera tan prematura comienzan a instaurarse en ellos. Aunque también se debe admitir que de momento faltan investigaciones que cuantifiquen con rigor el tipo y nivel de actividad física que es necesaria para que se produzcan beneficios saludables en los niños y prevenga enfermedades en el futuro (Rice y Howell, 2000).
La Encuesta Nacional de Salud en España en el año 1997 (figura 3), indica, desafortunadamente, que sólo un 21% de los jóvenes entre 0 y 15 años realizan un entrenamiento físico varias veces a la semana, incluso sin llegar a concretar si realmente esta práctica tan exigua reúne un mínimo de requisitos para considerarla como adecuada y eficaz para mejorar su estado presente y futuro de salud.
Figura 3. Práctica física en España (Instituto Nacional de Epidemiología y Salud Publica, 1998).


En función de estos datos hacemos un llamamiento para que las prácticas que se les propongan sean eficaces en el ámbito del acondicionamiento físico básico para la salud, puesto que desde él se puede alcanzar la mejora presente de la calidad de vida (Torres y cols., 1999; López, 2000). Es por esto, por lo que se tendrá que contemplar el tipo de cualidades físicas que se quieren ejercitar y como se están ejercitando, atendiendo a los principios elementales del entrenamiento y acondicionamiento físico, de esta forma se asegurarán las adaptaciones y mejoras más adecuadas a su edad. No obstante, dicha ejercitación deberá realizarse ligada al resto de aspectos que hemos considerado también como básicos: el lúdico, el educacional y el motivacional. En consecuencia, se deben buscar propuestas que se alejen de un acondicionamiento físico estrictamente calisténico, monótono, individualizado, aburrido y con un sólo objetivo, debiéndose fomentar propuestas de ejercitación física integrales según el planteamiento que se propone en este capítulo.
A su vez, consideramos necesario que se tenga presente la noción de seguridad, es decir, que tales propuestas no deben dañarlos ni en el ámbito físico ni en el psicológico.
En el ámbito físico se tendrá presente cuando se promuevan ejercicios con un predominio de la componente motriz, ya que existen ciertos movimientos que exigen acciones que pueden lesionar el aparato locomotor (Colado, 1998 a; Colado, 2004; López, 2000) e incluso interferir con el desarrollo y crecimiento normal. Sirva citar, por ejemplo, que en 1999 el 37,7% de los estudiantes entre 10 y 24 años que se ejercitaban en Estados Unidos, fueron tratados de algún tipo de lesión originada en su práctica física (Kann y cols., 1999).
En el ámbito psicológico hacemos referencia a las actividades o entornos que puedan provocar problemas afectivos y sociales en sus practicantes debido a la presión y a la escasa orientación con la que se plantean por parte de algunos adultos.
3.3.2. Propuestas educativas

A nivel educativo, se tendrá que contemplar si del compendio de métodos utilizados y de contenidos planteados queda como poso un bagaje en el que el niño haya aprendido conceptos, sea capaz de establecer relaciones y procesos que le ayuden a tomar decisiones y ser más autónomo, conozca una serie de principios ético-morales que le ayuden a ser una persona más integra y solidaria y, en resumidas cuentas, exista la posibilidad de que mejore sus potencialidades presentes y futuras para ser un sujeto más completo (Ponce de León, 1998).
Por tanto, en dicha franja de edad es necesario que exista, como telón de fondo, un enfoque educativo; recogiéndose así la huella que el Renacimiento dejó sobre las actividades acuáticas para estas edades (Añó, 1997, en Camarero y Tella, 1997) y considerando, como indican Moreno y Gutiérrez (1998) y Ponce de León (1998 a), que no debe confundirse con una propuesta exclusiva para niños que se encuentran inmersos en el sistema educativo reglado, sino que debido a la planificación y desarrollo adecuado de las propuestas tendrá su componente educativo y, en consecuencia, un impacto en el desarrollo personal del individuo como ser multidimensional cuyas capacidades se quieren desarrollar.
Este concepto de formación debe considerarse como un componente más a trabajarse en las propuestas saludables de ejercitación física para todas las edades, puesto que desde el conocimiento y la concienciación se podrá moldear las conductas cotidianas que se cuestionen como nocivas, además de que todo aquello que beneficie y mejore al ser humano es un elemento a considerar desde el enfoque holístico de salud con el que conciliamos.
Como se puede apreciar en la figura 4, al asentar la adquisición de las habilidades motrices, en este caso en el medio acuático, se le dará al niño en el futuro una mayor potencialidad para que pueda abrirse a un amplio espectro de prácticas físicas según sus intereses (Sallis y cols., 2000), dándole en definitiva más opciones saludables sobre las que poder elegir.
Figura 4. Estructuras de formación motriz en el medio acuático (modificado de Moreno, 2000).



El concepto de salud sobre el que se tiene que incidir en este proceso, debe desvincularse de la tradicional dependencia respecto el sistema médico-sanitario, dándole mayor protagonismo a las acciones individuales (Ponce de León, 1998). No entendiéndose exclusivamente, al igual que en décadas anteriores, como la ausencia de enfermedad. De tal forma que al conocerse la existencia de su ductilidad se hace necesaria una educación que contemple globalmente los recursos adecuados para saber mantenerla todo el tiempo que sea posible. Por esto, además de los consejos y orientaciones que aquí apuntamos hacia la práctica física y bajo las orientaciones del Wellness o actividad física saludable, se debe también promover la educación en hábitos complementarios en las áreas de alimentación, descanso, relaciones humanas, cultura y medio ambiente, naciendo del sumatorio de todos estos aspectos un estado de salud más globalizado y real.
3.3.3. Aspectos metodológicos en los programas acuáticos para niños
El hecho de que nos hallemos ante seres humanos en un proceso de formación global puede aportar ciertas dudas a la hora de abordar aspectos cualitativos y cuantitativos de las propuestas a desarrollar. En consecuencia, pueden resultar sumamente interesantes las orientaciones que a continuación se comentan.
3.3.3.1. Aspectos fisiológicos
Wilmore y Costill (1998) indican que las prácticas pueden ser similares a las usadas con adultos, aunque siempre deberán tenerse presentes aspectos como los que aquí se expondrán.
A) Capacidad aeróbica. Respetando la proporcionalidad de su menor tamaño corporal, será similar a la de los adultos siempre que se utilicen actividades donde el peso corporal constituya la resistencia principal del movimiento (Wilmore y Costill, 1998), como así sucede en el desplazamiento acuático.
Marcos (1990) indica que la capacidad aeróbica de los niños cuando realizan actividades de larga duración con intensidades inferiores al 60% de la VO2 máx puede ser idéntica a la de los adultos, en consecuencia, manifiesta que sí podrán realizar tareas de larga duración. Aunque sin excederse con el volumen de las sesiones y favoreciendo variedad y adecuados periodos de recuperación.
Léger (citado en Edwards, 1996) facilita la correlación entre la VO2 máx y la frecuencia cardiaca máxima (FCM), que es el indicador de intensidad aeróbica más habitual y sencillo de controlar, encontrándose que dicho porcentaje se corresponde de manera aproximada con el 79% de la FCM en niños entre 6 y 12 años. No obstante, el ACSM, en el ámbito de la salud, indica que con ejercitarse en torno al 70% de la FCM se conseguirán beneficios psicológicos y fisiológicos sin temer a posibles contraindicaciones.
Por tanto, para un correcto enfoque de las actividades que pretenden mejorar la capacidad aeróbica, será necesario realizar ejercicios que eleven la frecuencia cardiaca hasta el 70% de la FCM, denominándose como “zona de actividad, zona de trabajo o rango de la frecuencia cardiaca de trabajo (FCT)” (Sova, 1993; Edwards, 1996). No obstante, en el medio acuático habrá que tener siempre presente algunas peculiaridades.
Habitualmente se acepta como indicador de la intensidad bastante significativo el seguimiento de la FC, conociendo que si se reúnen las “condiciones idóneas” existe un fuerte vínculo entre VO2 máx y FCM, pudiendo utilizarse indistintamente. Sin embargo, como en el medio acuático se dan distintas condiciones físicas si se compara con el terrestre, no será en este caso un indicador fiable, puesto que se ha observado que al entrenar en el medio acuático, en las mismas condiciones de ejercitación que en el medio terrestre, existe una reducción de la frecuencia cardíaca de trabajo (FCT). Los estudios sobre la razón de que esto ocurra no son muy concluyentes, no obstante, existen ciertas teorías citadas por Sova (1993) entre las que destacan la de disipación del calor, la disminución de la fuerza de la gravedad, la comprensión del agua a los cuerpos en inmersión, la presión parcial y el reflejo de inmersión, que justifican un cambio en el ritmo cardíaco.
Independientemente de este aspecto, existen investigaciones que demuestran que los beneficios obtenidos con el entrenamiento en el agua son comparables con los obtenidos en los ejercicios terrestres (Windhorst y Chossek, 1988; Lindle, 1989; Hoeger y cols., 1992).
Diferentes autores han cuantificado la reducción de la FC en el medio acuático, cifrándola, en función de sus resultados, en 17 puls/min. (Windhorst y Chossek, 1988; McArdle y cols., 1986) o en 10 puls/min (Hoeger y cols., 1992).
Si se aplican estos datos para obtener la FCT en el medio acuático, habrá que restar 10-17 puls/min a los datos obtenidos para la FCT deseada, siempre que se tenga como referencia la ejercitación en el medio terrestre, sin embargo, Koury (1998) comenta que se deben concretar más estudios al respecto para las posiciones verticales de ejercitación acuática, indicando que dicha diferencia respecto al entrenamiento en seco se reduce.
Llegados a este punto, sólo falta cuantificar una FCT que indique si la intensidad de la ejercitación aeróbica es la adecuada para producir mejoras fisiológicas a corto y medio plazo. Ésta se podrá conseguir si se recurre a la fórmula de Karvonen:

  1   2   3

similar:

Colado, J. A. y Moreno, J. A. (2005). Actividad física saludable en el medio acuático para niños. En A. J. Casimiro, M. Delgado y C. Águila (Eds.) iconLa lactancia materna es la forma ideal de aportar a los niños pequeños...

Colado, J. A. y Moreno, J. A. (2005). Actividad física saludable en el medio acuático para niños. En A. J. Casimiro, M. Delgado y C. Águila (Eds.) iconPodemos definir de forma simple la acuicultura como el "arte" de...

Colado, J. A. y Moreno, J. A. (2005). Actividad física saludable en el medio acuático para niños. En A. J. Casimiro, M. Delgado y C. Águila (Eds.) iconProfesor: Víctor Alex Moreno Pino Curso: 4° medio Fecha: 24. 06. 2014

Colado, J. A. y Moreno, J. A. (2005). Actividad física saludable en el medio acuático para niños. En A. J. Casimiro, M. Delgado y C. Águila (Eds.) iconLos niños índigo los nuevos chicos han llegado padres: si tienen...

Colado, J. A. y Moreno, J. A. (2005). Actividad física saludable en el medio acuático para niños. En A. J. Casimiro, M. Delgado y C. Águila (Eds.) iconInforme del Experto independiente sobre la cuestión de las obligaciones...

Colado, J. A. y Moreno, J. A. (2005). Actividad física saludable en el medio acuático para niños. En A. J. Casimiro, M. Delgado y C. Águila (Eds.) iconPor medio de la cual se aprueba la “Convención Internacional contra...

Colado, J. A. y Moreno, J. A. (2005). Actividad física saludable en el medio acuático para niños. En A. J. Casimiro, M. Delgado y C. Águila (Eds.) iconLa dieta debe proveer de: Combustibles metabólicos que suministren...

Colado, J. A. y Moreno, J. A. (2005). Actividad física saludable en el medio acuático para niños. En A. J. Casimiro, M. Delgado y C. Águila (Eds.) iconLa dieta debe proveer de: Combustibles metabólicos que suministren...

Colado, J. A. y Moreno, J. A. (2005). Actividad física saludable en el medio acuático para niños. En A. J. Casimiro, M. Delgado y C. Águila (Eds.) iconLey orgánica de prevencióN, condiciones y medio ambiente de trabajo....

Colado, J. A. y Moreno, J. A. (2005). Actividad física saludable en el medio acuático para niños. En A. J. Casimiro, M. Delgado y C. Águila (Eds.) iconSelección de Alimentos, Uso del Etiquetado Nutricional para una Alimentación Saludable


Medicina





Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com