88 Cada cosa es percibida mediante el conocimiento. El ser brilla en el espacio mediante el conocimiento. Percibe un ser como el que conoce y lo conocido. 89




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El Libro de los Secretos
Vol. 5

OSHO

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MA GYAN DARSHANA
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Capítulo 61
Técnicas para Hacerse Uno con la Totalidad

Los Sutras
88 Cada cosa es percibida mediante el conocimiento. El ser brilla en el espacio mediante el conocimiento. Percibe un ser como el que conoce y lo conocido.
89 Amada, en este momento deja que la mente, el cono­cimiento, la respiración, la forma sean incluidos.
He oído una anécdota. En una asamblea del Partido Conserva­dor, invitaron a hablar a Lord Mancroft. Llegó justo a tiempo, subió a la tribuna y le dijo al público -parecía un poco ner­vioso-«Perdónenme por acor­tar un poco mi alocución, pero lo cierto es que mi casa está ardiendo.» Y eso es cierto para todo el mundo. Tu casa también está ardiendo, pero ni si­quiera pareces un poco nervioso. La casa de todo el mundo está ardiendo, pero no eres consciente, no eres consciente de la muerte, no eres consciente de que tu vida se te está escapando de las manos.

Estás muriendo a cada momento; a cada mo­mento estás perdiendo una oportunidad que no puede volver a recuperarse. El tiempo que se ha perdido, perdido está; no se puede hacer nada para recuperarlo, y tu vida se va haciendo más corta a cada momento.

Esto es lo que quiero decir con que tu casa también está ardiendo. Pero ni siquiera pareces un poco nervioso, ni siquiera pareces estar preocupa­do por ello. No eres consciente del hecho de que la casa está ardiendo. El hecho está ahí, pero tu atención no está ahí. Y todo el mundo piensa que hay tiempo suficiente para hacer algo. No hay tiempo suficiente, porque hay tanto que hacer que nunca hay tiempo suficiente.

Sucedió una vez que el diablo estuvo esperan­do durante años y años y nadie venía al infierno.

Estaba esperando para darle la bienvenida a la gente, pero todo iba tan bien en la Tierra que nadie iba al infierno. Por supuesto, se preocupó mu­cho. Convocó un consejo de emergencia. Se reu­nieron sus principales discípulos para abordar la situación. El infierno estaba atravesando una gran crisis, y esto no podía tolerarse. Había que hacer algo. De modo que pidió consejo: «¿Qué debe­mos hacer?».

Un discípulo sugirió: «Yo iría a la Tierra y ha­blaría con la gente y trataría de convencerles de que Dios no existe y las religiones son falsas, y de que todo lo que dice la Biblia, el Corán y los Vedas es una tontería.»

El diablo dijo: «Esto no servirá, porque hemos venido haciendo eso desde el principio mismo, y no ha hecho mucha mella en la gente. Con esa en­señanza sólo se puede convencer a los que ya están convencidos. Así que es inútil; no sirve de mucho.»

Entonces, el segundo discípulo, más sutil que el primero, dijo: «Iré a enseñar a la gente y trataré de convencerles de que todo lo que dice la Biblia, el Corán y los Vedas es correcto. Existe el cielo, existe Dios, pero no existe el diablo ni el infierno, así que no tengáis miedo. Y si podemos hacer que tengan menos miedo, no se preocuparán en abso­luto por la religión, porque todas las religiones se basan en el miedo.»

El diablo dijo: «Tu propuesta es un poco me­jor. Puede que lo logres, puede que consigas con­vencer a una minoría, pero la mayoría no le escu­chará. Tienen menos miedo al infierno que codi­cia por el cielo. Incluso si les convences de que el infierno no existe, aún querrán ir al cielo, e inten­tarán ser buenos para eso. De modo que esto tam­poco servirá de mucho.»

Entonces el tercer discípulo, el más sutil de to­dos, dijo: «Tengo una idea. Dame la oportunidad de ponerla a prueba. Iré y diré que todo lo que dice la religión es absolutamente cierto

-existe Dios y existe el diablo y existe el cielo y existe el infierno-, pero no hay ninguna prisa.»

Y el diablo dijo: «¡Eso es! Tú tienes el sistema apropiado. ¡Ve tú!»

Y se dice que desde entonces nunca ha habido una crisis en el infierno. Más bien les preocupa el exceso de población.

Así es como están funcionando nuestras men­tes, pensamos siempre que no hay prisa. Estas téc­nicas de las que estamos hablando no servirán para nada si tu mente piensa que no hay prisa. En­tonces puedes seguir aplazando, y la muerte ven­drá antes. No llegará el día en que pienses que hay prisa, en que pienses que ahora ha llegado el mo­mento. Puedes seguir posponiendo. Esto es lo que hemos venido haciendo con nuestras vidas.

Tienes que decidirte a hacer algo. Estás en una crisis, la casa está ardiendo. La vida siempre está ardiendo, porque la muerte está siempre escondi­da detrás de ella; cualquier momento y puede que ya no existas. Y no puedes discutir con la muerte. No puedes hacer nada. Cuando la muerte sucede, sucede. Hay muy poco tiempo. Incluso si vives setenta años, o cien años, hay muy poco tiempo. Lo que tienes que hacer para transformarte, para cambiar, para convertirte en un ser nuevo es un trabajo enorme. No sigas posponiendo.

A no ser que sientas que es una emergencia, una crisis profunda, no harás nada. A no ser que la religión se vuelva un proceso muy crítico para ti, y sientas que a menos que hagas algo por transformarte, desperdiciarás toda tu vida... Sólo si sientes esto muy aguda, profunda y honestamente servirán para algo estas técnicas. Porque puedes comprenderlas, pero la comprensión no sirve para nada a no ser que pongas algo en práctica. En realidad, a menos que pongas algo en prácti­ca, no las has comprendido, porque la compren­sión debe convertirse en acción. Si no se está convirtiendo en acción, entonces sólo las cono­ces, no las comprendes.

Intenta comprende esta distinción. Conocer no es comprender. Conocerlas no te compelerá a la acción. No te compelerá a ningún cambio. No te compelerá a hacer algo al respecto. Lo acumularás en la mente; se volverá información. Te volverás más erudito. Pero, al llegar la muerte, todo cesa. Sigues acumulando muchas cosas, sin poner nun­ca nada en práctica. Se vuelven sólo una carga para ti.

Comprensión significa acción. Cuando com­prendes algo, inmediatamente empiezas a ocupar­te de ello, porque si es certero y sientes que es cer­tero, tienes que nacer algo al respecto. De lo contrario, todo sigue siendo prestado, y el conoci­miento prestado no puede volverse comprensión. Puedes olvidar que es prestado..., te gustaría olvi­dar que es prestado, porque percibir que es presta­do significa que el ego se siente herido. De modo que sigues olvidando que es prestado. Poco a poco empiezas a sentir que es realmente tuyo. Eso es muy peligroso.

He oído una anécdota. La congregación de una iglesia estaba muy aburrida del pastor. Llegó un momento en que los miembros de la iglesia le di­jeron directamente al pastor: «Ya es hora de que usted se vaya.»

El pastor dijo: «Denme otra oportunidad, sólo una, y si luego me dicen que me vaya, me iré.»

Así es que el domingo siguiente todo el pueblo se reunió en la iglesia para ver qué iba a hacer el pastor ahora que sólo le quedaba una oportunidad. Nunca sospecharon, nunca imaginaron que fuera a dar un sermón tan hermoso ese día. Nunca habían oído una cosa semejante.

Sorprendidos, encantados, se deleitaron con él, y cuando acabó el sermón, se reunieron en torno al pastor y le dijeron: «No necesita irse. Quédese aquí. Nunca antes hemos oído una cosa tan her­mosa, nunca en la vida. Estese aquí y quédese aquí, y, por supuesto, con un aumento en su esti­pendio.»

Pero entonces, un hombre, un miembro muy prominente de la congregación, preguntó: «Díga­me sólo una cosa. Cuando empezó su charla, alzó la mano izquierda con dos dedos levantados, y cuando finalizó la charla, alzó la mano derecha, de nuevo con dos dedos levantados. ¿Qué signifi­ca este símbolo?».

El pastor dijo: «El significado es fácil. Esos dedos simbolizan las comillas. Ese sermón no era mío; era prestado.»

Recuerda siempre esas comillas. Es muy bue­no olvidarlas, te sientes bien, pero todo lo que sa­bes está entre comillas; no es tuyo. Y sólo puedes dejar esas comillas cuando algo se ha convertido en tu propia experiencia.

Estas técnicas son para convertir el conocimien­to en experiencia. Estas técnicas son para convertir el conocimiento en comprensión. Lo que le perte­nece a un Buda o a un Krishna o a un Cristo, me­diante esta técnicas te puede pertenecer a ti, puede volverse tuyo. Y a no ser que se vuelva tuyo, ningu­na verdad es verdadera. Puede que sea una gran mentira, una bella mentira, pero ninguna verdad es verdadera a menos que se convierta en tu experien­cia, individualmente, auténticamente tuya.

Tres cosas. Primera: recuerda siempre que tu casa está ardiendo. Segunda: no escuches al dia­blo. Él te dirá constantemente que no hay prisa. Y tercera: recuerda que conocer no es comprender.

Todo lo que estoy diciendo aquí hará que estés muy informado. Eso es necesario, pero no es sufi­ciente. Te pone en marcha, pero no es el final. Haz algo para que el conocimiento no se quede en co­nocimiento, no se quede en recuerdo, sino que se convierta en tu experiencia y tu vida.

88 Conoce al que conoce y lo conocido.
Ahora la primera técnica: Cada cosa es percibida mediante el conocimiento. El ser brilla en el espacio mediante el conocimiento. Percibe un ser como el que conoce y lo conocido.
Siempre que se conoce algo, se conoce me­diante el conocimiento. El objeto llega a tu mente mediante la facultad de conocer. Miras una flor, sabes que esto es una rosa. La rosa está ahí y tú estás dentro. Algo de ti va a la rosa, algo de ti es proyectado a la rosa. Alguna energía sale de ti, va a la rosa, toma su forma, color y olor, y vuelve y te informa de que esto es una rosa.

Todo conocimiento, independientemente de cual sea, se revela mediante la facultad de cono­cer. Conocer es tu facultad; los conocimientos se acopian mediante esta facultad. Pero conocer re­vela dos cosas: lo conocido y el que conoce. Siempre que estás conociendo una rosa; hay tres cosas, la rosa, lo conocido; y el que conoce, tú; y la relación entre los dos, el conocimiento.

De modo que conocer puede ser dividido en tres puntos, el que conoce, lo conocido y el cono­cimiento. El conocimiento es como un puente en­tre dos puntos, el sujeto y el objeto. Normalmente, tu conocimiento revela sólo lo conocido; el que conoce permanece sin revelar. Normalmente, tu co­nocimiento va en una sola dirección, se dirige a la rosa, pero nunca se dirige a ti. A no ser que empie­ce a dirigirse a ti, ese conocimiento te permitirá conocer el mundo, pero no te permitirá conocerte a ti mismo.

Todas las técnicas de meditación son para re­velar al que conoce. George Gurdjieff usó una téc­nica concreta como ésta. La llamó recuerdo de uno mismo. Dijo que siempre que estés conocien­do algo, recuerda al que conoce. No lo olvides en el objeto. Recuerda al sujeto.

Ahora mismo me estás escuchando. Cuando me estás escuchando, puedes escuchar de dos ma­neras. Tu mente puede estar enfocada en mí, de tal forma que te olvidas del que escucha. Entonces se conoce al que habla y se olvida al que escucha. Gurdjieff decía que mientras estés escuchando, conoce al que habla y conoce también al que escu­cha. Tu conocimiento debe ir en dos direcciones, dirigido a dos puntos, el que conoce y lo conoci­do. No debe fluir sólo en una dirección hacia el objeto. Debe fluir simultáneamente en dos direc­ciones, lo conocido y el que conoce. Esto se llama recuerdo de uno mismo.

Al mirar una flor, recuerda también al que está mirando. Difícil, porque si lo intentas, si intentas ser consciente del que conoce, te olvidarás de la rosa. Te has acostumbrado tanto a ir en una sola dirección, que tomará tiempo. Si tomas conscien­cia del que conoce, entonces olvidarás lo conoci­do. Si tomas consciencia de lo conocido, entonces olvidarás al que conoce.

Pero un poco de esfuerzo, y con el tiempo pue­des ser consciente de ambos simultáneamente. Y cuando te vuelves capaz de ser consciente de am­bos..., esto es lo que Gurdjieff llama recuerdo de uno mismo. Ésta es una de las técnicas más anti­guas que usó Buda, y Gurdjieff volvió a introdu­cirla en el mundo occidental.

Buda la llamó samyak smriti, atención correc­ta. Él decía que tu mente no está en una atención correcta si sólo conoce un punto. Debe conocer los dos. Y entonces sucede un milagro, si eres consciente tanto de lo conocido como del que co­noce, de pronto te vuelves lo tercero; no eres nin­guno de los dos. Poniendo empeño en ser cons­ciente tanto de lo conocido como del que conoce, te vuelves lo tercero, te vuelves un testigo. Inme­diatamente surge una tercera posibilidad, se forma un ser que es testigo, porque ¿cómo vas a conocer a ambos? Si eres el que conoce, entonces perma­neces fijo en un punto. En el recuerdo de uno mis­mo te mueves del punto fijo del que conoce. En­tonces lo que conoce es tu mente y lo conocido es el mundo, y tú te vuelves un tercer punto, una consciencia, un ser que es testigo.

Este tercer punto no puede ser trascendido, y lo que no puede ser trascendido es lo supremo. Lo que puede ser trascendido no merece la pena, porque entonces no es tu naturaleza, puedes tras­cenderlo.

Intentaré explicarlo con un ejemplo. Por la no­che duermes y sueñas. Por la mañana te despiertas y el sueño se pierde. Cuando estás despierto, no hay ningún sueño; aparece un mundo diferente. An­das por la calle, trabajas en una fábrica o en una oficina. Luego vuelves a casa, y te vuelves a dormir por la noche. entonces este mundo que cono­cías mientras estabas despierto desaparece. En­tonces no recuerdas quién eres. Entonces no sabes si eres negro o blanco, pobre o rico, sabio o tonto.

No sabes nada. No sabes si eres joven o viejo. No sabes si eres hombre o mujer. Todo lo relacionado con la consciencia de la vigilia desaparece; entras en el mundo de los sueños. Olvidas el mundo de la vigilia; ya no existe. Por la mañana, el mundo de los sueños desaparece de nuevo. Vuelves.

¿Cuál es real? Porque mientras estás soñando, el mundo real, el mundo que conocías cuando es­tabas despierto, ya no existe. No puedes compa­rar. Y mientras estás despierto, el mundo de los sueños ya no existe. No puedes comparar. ¿Cuál es real? ¿Por qué llamas irreal al mundo de los sueños? ¿Cuál es el criterio?

Si dices: «Porque desaparece cuando estoy despierto», éste no puede ser el criterio, porque tu mundo de la vigilia desaparece cuando estás so­ñando. Y, en realidad, si argumentas de esta mane­ra, entonces puede que el mundo de los sueños sea más real, porque mientras estás despierto puedes recordar el sueño, pero mientras estás soñando no puedes recordar la consciencia de la vigilia y el mundo en torno a ella. De modo que ¿cuál es más real y más profundo? El mundo de los sueños hace desaparecer completamente el mundo que llamas real. Tu mundo real no puede hacer desapa­recer el mundo de los sueños tan totalmente; pare­ce más sólido, más real. ¿Y cuál es el criterio? ¿Cómo aseverarlo? ¿Cómo comparar?

El tantra dice que ambos son irreales. Enton­ces, ¿qué es real? El tantra dice que el que conoce el mundo de los sueños y el que conoce el mundo de la vigilia, él es real, porque nunca es tras­cendido. Nunca es anulado. Ya sueñes o estés des­pierto, está ahí, sin ser anulado.

El tantra dice que el que conoce el sueño, y el que sabe que ahora el sueño ha cesado, el que co­noce el mundo de la vigilia, y el que sabe que aho­ra el mundo de la vigilia ha desaparecido, eso es lo real, porque no hay ningún punto en el que no esté; siempre está ahí. Lo que no puede ser anula­do por ninguna experiencia es lo real. Lo que no puede ser trascendido, de lo que no se puede ir más allá, es tu ser. Si puedes ir más allá de él, en­tonces no era tu ser.

Este método de Gurdjieff, que él llama recuer­do de uno mismo, o el método de Buda, que él lla­ma atención correcta, o este sutra del tantra, con­ducen a una cosa. Te llevan dentro de ti a un punto que no es ni lo conocido ni el que conoce, sino un ser observador que conoce a ambos.

Este ser que es testigo es lo supremo; no pue­des ir más allá de él, porque ahora, hagas lo que hagas, será testigo. No puedes ir más allá de ser testigo. De modo que observar es el substrato su­premo, el fundamento básico de la consciencia. Este sutra se revelará a ti.
Cada cosa es percibida mediante el conocimiento. El ser brilla en el espacio mediante el conocimiento. Percibe un ser como el que conoce y lo conocido.
Si puedes percibir en ti mismo un punto que es tanto el que conoce como lo conocido, entonces has trascendido el objeto y el sujeto. Entonces has tras­cendido la materia y la mente; entonces has trascen­dido lo externo y lo interno. Has llegado a un pun­to en que el que conoce y lo conocido son uno. No hay división.

Con la mente, la división permanecerá. Sólo con el ser que observa desaparece la división. Con el ser que observa no puedes decir quién es el co­nocido y quién es el que conoce, es ambos. Pero esto tiene que estar basado en la experiencia; de lo contrario se convierte en una discusión filosófica. Así que pruébalo, experimenta.

Estás sentado junto a una rosa, mírala. Lo pri­mero que hay que hacer es estar totalmente atento, prestar total atención a la rosa, de modo que el mundo entero desaparezca y sólo quede la rosa, tu consciencia está totalmente atenta al ser de la rosa. Si la atención es total, entonces el mundo desaparece, porque cuanta más atención se con­centra en la rosa, más se desvanece todo lo demás. El mundo desaparece; sólo queda la rosa. La rosa se vuelve el mundo.

Éste es el primer paso, concentrarse en la rosa. Si no puedes concentrarte en la rosa, será difícil ir al que conoce, porque entonces tu mente siempre está distraída.

De modo que la concentración se vuelve el primer paso hacia la meditación. Sólo queda la rosa; el mundo entero ha desaparecido; Ahora puede ir hacia dentro; ahora la rosa se convierte en el punto desde el que puedes moverte. Ahora ves la rosa, y empiezas a tomar consciencia de ti mismo, el que conoce.

Al principio no darás con ello. Cuando entres en el que conoce, la rosa saldrá de la consciencia. Apenas será perceptible, se irá, se volverá remota. Te irás de nuevo a la rosa, y olvidarás el ser. Este juego del escondite continuará, pero si perseveras, tarde o temprano llegará un momento en que, de pronto, estarás en medio. El que conoce -la men­te- y la rosa estarán ahí, y tú estarás justo en el medio, mirando a ambos. Ese punto medio, ese punto equilibrador, es el testigo.

Una vez que lo conoces, te has vuelto ambos. Entonces la rosa -lo conocido- y el que conoce -la mente- son dos alas para ti. Entonces el obje­to y el sujeto son sólo dos alas; tú eres el centro de ambas. Son extensiones tuyas. Entonces el mundo y lo divino son extensiones tuyas. Has llegado al cen­tro mismo del ser. Y este centro es sólo un testigo.
Percibe un ser como el que conoce y lo conocido.
Empieza concentrándote en algo. Cuando la concentración haya llegado a ser total, entontes in­tenta ir hacia dentro, préstate atención a ti mismo, y entonces intenta equilibrar. Llevará tiempo..., meses, incluso años. Depende de lo intenso que sea tu esfuerzo, porque ponerse en medio de am­bos es el equilibrio más sutil. Pero sucede, y cuan­do sucede has llegado al centro de la existencia. En ese centro estás enraizado, asentado, en silencio, dichoso, en éxtasis, y la dualidad ya no existe. Esto es lo que los hindúes han llamado samadhi. Esto es lo que Jesús llamó el reino de Dios.

Tan sólo comprenderlo verbalmente no servirá de mucho, pero si lo intentas, desde el comienzo mismo empezarás a sentir que algo está sucedien­do. Cuando te concentres en la rosa, el mundo desaparecerá. Esto es un milagro..., cuando el mun­do entero desaparece. Entonces llegas a comprender que es tu atención lo que es básico, y que donde pones tu atención, se crea un mundo, y de donde reti­ras tu atención, el mundo cesa. De modo que pue­des crear mundos con tu atención.

Considéralo de esta manera. Estás sentado aquí. Si estás enamorado de alguien, sólo hay una perso­na en esta sala; todo lo demás desaparece, no está aquí. ¿Qué sucede? ¿Por qué sólo hay una persona cuando estás enamorado? El mundo entero cesa real­mente; es como una aparición, sombras. Sólo una persona es real, porque ahora tu mente está concen­trada, tu mente está totalmente absorta en una per­sona. Todo lo demás se vuelve como un asombra, una existencia fantasma; para ti no es real.

Siempre que puedes concentrarte, la concen­tración misma cambia toda la pauta de tu existen­cia, toda la pauta de tu mente. Pruébalo; con cual­quier cosa. Puedes probarlo con una estatua de

Buda, o una flor, o un árbol, o cualquier cosa, o simplemente con el rostro de la persona que amas, o de tu amigo...; simplemente mira su rostro.

Será fácil, porque si amas algún rostro, es fácil concentrarse. Y, en realidad, los que han intentado concentrarse en Buda, en Jesús, en Krishna, les amaban. De modo que para Sariputta, o para Maud­galyan, o para los demás discípulos era fácil con­centrarse en el rostro de Buda; amaban a Buda. En el momento en que miraban el rostro de Buda, flu­ían fácilmente hacia él. Había amor; estaban ena­morados.

Así que intenta encontrar un rostro -cual­quier rostro que ames servirá- y mírale a los ojos y concéntrate en el rostro. De pronto, el mundo entero cesa; se ha abierto una nueva dimensión. Tu mente está concentrada en una cosa; entonces esa persona o esa rosa se vuelve el mundo entero. Cuando digo esto, quiero decir que si tu aten­ción está totalmente enfocada en algo, eso se vuelve el mundo entero. Creas el mundo con tu atención. Creas tu mundo con tu propia atención. Y cuando estás totalmente absorto, fluyendo como un río hacia el objeto, entonces de pronto empieza a tomar consciencia de la fuente original de la que está fluyendo esta atención. El río está fluyendo; ahora toma consciencia del origen.

Al principio te perderás una y otra vez; alter­narás. Si vas al origen, olvidarás el río y el objeto, el mar hacia el que está fluyendo. Cambiará, si vas al objeto, olvidarás el origen. Es natural, por­que la mente está totalmente acostumbrada a estar o en el objeto o en el sujeto.

Por eso tanta gente va a retiros, dejan el mundo. Dejar el mundo significa básicamente que dejan los objetos para poder concentrarse en sí mismos. Es fácil. Si dejas el mundo y cierras los ojos y cierras todos tus sentidos, puedes ser consciente de ti mismo fácilmente, pero también esa consciencia es fal­sa, porque has elegido un punto de la dualidad. Esto es otro extremo de la misma enfermedad.

Primero eras consciente del objeto, lo conoci­do, y no eras consciente del sujeto, el que conoce. Ahora te has adherido al que conoce y has olvida­do lo conocido, pero sigues dividido en una duali­dad. Y ésta es de nuevo la vieja mente en una nue­va pauta. Nada ha cambiado.

De ahí mi énfasis en no dejar el mundo de los objetos. No abandones el mundo de los objetos. Más bien intenta tomar consciencia del sujeto y del objeto simultáneamente, de lo externo y lo interno simultáneamente. Sólo si ambos están ahí puedes estar equilibrado entre ellos. Si sólo hay uno, te obsesionarás con ello.

Los que se van a los Himalayas y se encierran, son iguales que tú, sólo que en una posición inver­sa. Tu estás adherido a los objetos; ellos están adheridos al sujeto. Tú estás adherido a lo externo; ellos están adheridos a lo interno. Ni tú eres libre, ni lo son ellos; porque no puedes ser libre con sólo uno. Con uno te identificas. Sólo puedes ser libre cuando tomas consciencia de los dos. Entonces pue­des volverte lo tercero, y lo tercero es el punto li­bre. Con uno te identificas. Con dos puedes mover­te, puedes alternar, puedes equilibrar, y puedes llegar a un punto medio, un punto medio absoluto.

Buda solía decir que este camino es un camino medio: majjhim nikai. No se ha entendido real­mente por qué insistió tanto en llamarlo el camino medio. Ésta es la razón, porque todo su proceso era de atención; es el camino medio. Buda dice: «No dejes el mundo, y no te aferres al otro mun­do. Más bien, estate en medio. No dejes un extre­mo y te vayas al otro; estate en el medio, porque en el medio no hay ninguno de los dos. Justo en el medio eres libre. Justo en el medio no hay duali­dad. Has llegado al uno, y la dualidad se ha vuelto una extensión tuya, simplemente dos alas.»

El camino medio de Buda se basa en esta téc­nica. Es hermoso. Es hermoso por muchas razo­nes. Una, es muy científico, porque sólo puedes equilibrarte entre dos. Si sólo hay un punto, tendrá que haber desequilibrio. De modo que Buda dice que los que son mundanos están desequilibrados, y los que han renunciado al mundo también están des­equilibrados en el otro extremo. Un hombre equi­librado es uno que no está ni en este extremo ni en aquél; vive justo en el medio. No puedes llamarle mundano, no puedes llamarle despegado del mun­do. Tiene libertad de movimientos; no está aferra­do a ninguno. Ha llegado al punto medio, al justo medio.

En segundo lugar, es muy fácil irse al otro extremo; muy fácil. Si comes demasiado, puedes ayunar fácilmente, pero no puedes estar a dieta fá­cilmente. Si hablas demasiado, puedes pasarte al silencio muy fácilmente, pero no puedes hablar menos. Si comes demasiado, es muy fácil no comer en absoluto, esto es el otro extremo. Pero comer moderadamente, llegar a un punto medio, es muy difícil. Amar a una persona es fácil; odiar a una persona es fácil. Ser simplemente indiferente es muy difícil. De un extremo te puedes ir al otro.

Permanecer en el medio es muy difícil. ¿Por qué? Porque en el medio tienes que perder tu men­te. Tu mente existe en extremos. Mente significa el exceso. La mente siempre es extremista, o estás a favor o estás en contra. No puedes ser simplemen­te neutral. La mente no puede existir en la neutrali­dad, puede estar aquí o ahí, porque la mente nece­sita lo opuesto, necesita oponerse a algo. Si no se opone a algo, desaparece. Entonces no tiene nin­gún funcionamiento; no puede funcionar.

Prueba esto. De cualquier forma, vuélvete neu­tral, indiferente...; de pronto, la mente no tiene nin­guna función. Si estás a favor, puedes pensar; si es­tás en contra, puedes pensar. Si no estás ni a favor ni en contra, ¿qué queda por pensar?

Buda dice que la indiferencia es la base del ca­mino medio. Upeksha, indiferencia, se indiferente a los extremos. Intenta simplemente una cosa, se indiferente a los extremos. Sucede un equilibrio.

Este equilibrio te dará una nueva dimensión de sentir en la que eres tanto el que conoce como lo conocido, el mundo y el otro mundo, esto y eso, el cuerpo y la mente. Eres ambos, y simultáneamen­te ninguno, por encima de ambos. Se ha creado un triángulo.

Puede que hayas visto que muchas sociedades ocultas, secretas, han usado el triángulo como su símbolo. El triángulo es uno de los símbolos ocul­tos más antiguos debido a esto, porque el triángu­lo tiene tres ángulos. Normalmente, sólo tienes dos ángulos; falta el tercero. Aún no está ahí, no se ha desarrollado. El tercer ángulo está más allá de ambos. Ambos le pertenecen, forman parte de él y, sin embargo, está más allá y por encima de ambos.

Si haces este experimento, ayudarás a crear un triángulo dentro de ti. El tercer ángulo surgirá poco a poco, y cuando llega, no puedes ser desdi­chado. Una vez que puedes ser un testigo, no pue­des ser desdichado. Desdicha significa identificar­se con algo.

Pero hay que recordar un punto sutil, entonces ni siquiera te identificarás con la dicha. Por eso dice Buda: «Sólo puedo decir esto, que no habrá desdicha. En samadhi, en éxtasis, no habrá desdi­cha. No puedo decir que habrá dicha.» Buda dice: «No puedo decir eso. Simplemente puedo decir que no habrá desdicha.»

Y tiene razón, porque «dicha» hace referencia a cuando no hay identificación de ningún tipo..., ni siquiera con la dicha. Esto es muy sutil. Si sien­tes que eres dichoso, tarde o temprano volverás a ser desdichado. Si sientes que eres dichoso, te es­tás preparando para volver a ser desdichado. Aún te estás identificando con un estado de ánimo.

Te sientes feliz, ahora te identificas con la feli­cidad. En el momento en que te identificas con la felicidad, ha empezado la infelicidad. Ahora te aferrarás a ella, ahora le cogerás miedo al opuesto, ahora esperarás que permanezca contigo constan­temente. Has creado todo lo necesario para que haya desdicha, y entonces llegará la desdicha, y cuando te identificas con la felicidad, te identifi­carás con la desdicha. La identificación es la en­fermedad.

En el tercer punto no estás identificado con nada, todo llega y pasa, llega y pasa; tú permane­ces como testigo, como espectador..., neutral, in­diferente, sin identificarte.

Llega la mañana y sale el Sol y tú lo observas. No dices: «Soy la mañana.» Luego, cuando viene el mediodía, no dices: «Me he vuelto el medio­día.» Eres un testigo. Y cuando se pone el Sol y llega la oscuridad y la noche, no dices: “Soy la os­curidad y la noche.” Eres un testigo. Dices: «Hubo la mañana, luego hubo el mediodía, luego hubo la tarde y ahora hay la noche. Y volverá a haber la ma­ñana y el círculo continuará, y yo soy sólo un espectador. Sigo observando.»

Si esto mismo se vuelve posible con tus esta­dos de ánimo

-estados de ánimo de la mañana y estados de ánimo del mediodía y estados de ánimo de la tarde y de la noche, y tienen su propio ciclo; siguen pasando-, te vuelves un testigo. Dices: «Ahora ha llegado la felicidad..., igual que la ma­ñana. Y ahora vendrá la noche, la desdicha. Los estados de ánimos seguirán cambiado en torno a mí, y yo permaneceré centrado en mí mismo. No me apegaré a ningún estado de ánimo. No me afe­rraré a ningún estado de ánimo. No tendré la espe­ranza de nada y no me sentiré frustrado. Simple­mente observaré. Suceda lo que suceda, lo veré. Cuando llegue, lo veré; cuando se vaya, lo veré.»

Buda usa esto muchas veces. Dice una y otra vez que cuando surja un pensamiento, míralo. Surge un pensamiento de desdicha, un pensa­miento de felicidad, míralo. Llega a un clímax, míralo. Luego empieza a venirse abajo, míralo. Luego desaparece, míralo. Surgiendo, existiendo, muriendo, y tú permaneces simplemente como testigo; sigues mirándolo. Este punto tercero te hace un testigo, sakshin, y ser un testigo es la po­sibilidad más alta de la consciencia.
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88 Cada cosa es percibida mediante el conocimiento. El ser brilla en el espacio mediante el conocimiento. Percibe un ser como el que conoce y lo conocido. 89 iconLa digestión es un proceso físico-químico mediante el cual las moléculas...

88 Cada cosa es percibida mediante el conocimiento. El ser brilla en el espacio mediante el conocimiento. Percibe un ser como el que conoce y lo conocido. 89 icon“La rama de la Geología que utiliza la información geológica, en...

88 Cada cosa es percibida mediante el conocimiento. El ser brilla en el espacio mediante el conocimiento. Percibe un ser como el que conoce y lo conocido. 89 iconMediante la imitación de la realidad (arte figurativo) o mediante...


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