Teléfonos de emergencias: Centros de Salvamento Marítimo




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Abandonar un barco



Lo básico sobre el abandono de una embarcación, es que no se debe abandonar esta, salvo en situaciones extremadamente adversas. En la mayoría de los casos es más seguro permanecer en un barco medio hundido que en una pequeña auxiliar. Una embarcación en muy mal estado nos ofrecerá más seguridad pues tendremos ocasión de utilizar todos los pertrechos aunque estuvieran en mal estado, tendremos agua potable, toldos y demás elementos del barco. Si se trata de un incendio incontrolable o riegos de explosión es preferible largar un cabo lo más largo posible y preferiblemente que flote para alejarse en la auxiliar a la espera de acontecimientos. De esta manera quizás sea posible que pueda regresar a un casco quemado y a pesar de todo más acogedor que una simple inflable. Lleve un cuchillo afilado para poder cortar la retenida en caso necesario. Muchos casos con finales trágicos podrían haberse evitado permaneciendo en el barco en vez de lanzarse asustados al auxiliar sin tener presente los siguientes pasos a seguir antes del abandono de la embarcación:

       1) ¿Es ABSOLUTAMENTE necesario abandonar el barco?

  2) Debemos emitir mensajes de socorro y activar la radiobaliza en caso de existir esta. Utilizaremos las bengalas y todos los demás dispositivos para hacernos localizar.

  3) Detener al barco antes de lanzar la auxiliar, pues está se alejaría de nuestra amura, o aun estando amarrada haría peligroso y difícil saltar a ella.

  4) En caso de decidirnos a utilizar la auxiliar, debemos coger lo más básico, empezando por la radiobaliza y tomando los avituallamientos necesarios.

  5) Debemos llevar puesto el chaleco salvavidas y toda la ropa de abrigo que podamos ponernos.

  6)  Recuerde utilizar el ancla flotante y mantener en el mejor estado posible el auxiliar, achicando los rociones de agua,

Cuidado con la Hipotermia

 



Está claro que si navega por la costa y en verano este asunto no le debe preocupar. Pero en el mar se puede pasar mucho frío. Salir una noche por las costas gallegas y en otras estaciones del año puede ser una experiencia heladora que debe saber afrontar.

Pero no solo en invierno se pasa frío en la mar. Incluso a comienzos del verano es posible pasar mucho frío en cuanto cae la noche. Ese frío húmedo imposible de quitárselo del cuerpo. Dependerá mucho de la latitud en la que estemos, de las ropas que utilicemos y de la propia constitución física de la persona. No hace falta estar en unas aguas rodeadas de témpanos flotantes para caer en riesgo de hipotermia. Antes de la hipotermia viene la destemplanza que conduce a un desagradable estado con el que no apetece hacer nada y es fácil caer en la apatía.

La experiencia puede convertirse en un peligro muy serio en caso de tener que afrontar una tormenta o borrasca en el mar y mal equipado para ella. Con temperaturas bajas y con vientos de 30 ó 40 nudos (temporal) las cosas cambian a peor de forma radical. Es sumamente distinto estar a bajas temperaturas, pero con fuertes vientos que además están saturados de humedad y con la casi seguridad de recibir rociones. Al mojarnos nos enfriarán aún más y al soplar viento sobre las ropas mojadas, estas se enfriarán más si cabe.

  

Existen muchas ropas técnicas que permiten protegerse del frío. Las ropas llamadas térmicas deben combinarse con pantalones y chaquetas impermeables que corten debidamente el viento, nos protejan del agua pero permitan la transpiración.

En caso de caída al agua la situación es de extrema peligrosidad y el resultado puede conducir a la muerte en muy pocos minutos si la temperatura del agua es la del mar en invierno (unos 5 grados centígrados). En este caso se disponen de muy pocos minutos (10 ó 15 minutos) para recuperar a la persona antes de que muera por hipotermia, como por ejemplo ocurrió con uno de los miembros de la tripulación del barco ABN2 en la Volvo Ocean Race del 2006. Tardaron pocos minutos en recuperarle, pero no fue posible salvarlo.

En aguas a 15 grados centígrados una persona normal puede aguantar viva entre una hora y seis horas dependiendo de su constitución. Nadar es peor ya que el cuerpo pierde calor todavía a más velocidad. Lo mejor es intentar sacar al máximo la cabeza fuera del agua y si estamos con otras personas mantenerse juntas y con el mayor contacto posible. El salvavidas nos ayuda a sacar por flotabilidad el cuerpo fuera del agua además de aislarnos del agua.



La hipotermia mata tanto o más que el ahogamiento, ya que el agua fría reduce la temperatura del cuerpo 25 veces más rápido que el aire a la misma temperatura. Pero el viento frío también lo hará y a modo de ejemplo podemos decir que el viento a 20 nudos será capaz de enfriarle una decena de grados en un corto periodo de tiempo.

     

Como no podía ser de otra manera la mejor defensa consistirá en llevar unas ropas adecuadas a la situación que nos permitan mantenernos secos en todo momento. Si tiene que trabajar en cubierta con tiempo muy frío quizás deba pensar en llevar alguna prenda de neopreno. Estas deben utilizarse durante un tiempo moderado ya que impiden la transpiración.



 

Hombre al Agua

 



Puede convertirse en el peor de los horrores y por tanto nunca está de más repasar y conocer todos los detalles y acciones a seguir tanto en caso de ocurrir cómo para evitarlo. En otras emergencias toda la tripulación ayuda a solventar el problema, pero cuando falta alguien perdido en el mar… la angustia es tremenda.

Alguien caído al agua se convierte en un puntito que rápidamente desaparecerá en la inmensidad del mar. Es fácil subestimar la gravedad del hombre al agua, y para que se convenza, lo mejor es hacer un experimento, en un día normal y estando alejados de costa tirar por la borda una pequeña defensa del tamaño de la cabeza de un hombre. Comprobaremos con que rapidez se alejará de nuestra popa y al cabo de escasos minutos será imposible verla.

De media, y en situaciones de perdidas por hombre al agua, las estadísticas no mienten; la mitad de los casos acaban en tragedia! Si además hay muy mala mar, lo peor es muy probable que ocurra. Si ha tenido la oportunidad de navegar en un velero con verdadero mal tiempo, por ejemplo con fuerza 6 o 7 la situación se entiende de inmediato. No hace falta estar inmersos en mitad de un terrible temporal para entender que esta situación es crítica y sumamente grave. Cuando navegue con mar formada, no deje de imaginar lo que ocurriría si cae al agua alguien de su tripulación. Aunque no pierda de vista al compañero, lo cual es muy complicado en mares grandes con olas de 2 metros, no resulta nada evidente conseguir dar la vuelta y recuperar al tripulante. Si este se encuentra inconsciente o helado por la hipotermia… Poco queda que contar.

Ya sabemos que de inmediato debemos tirar un salvavidas, y no sólo para que el hombre se pueda agarrar al él. Se trata sobre todo de aumentar la visibilidad del punto a buscar cuando demos la vuelta. Pero cuidado ya que con viento fuerte y si el hombre al agua no consigue recuperar el salvavidas, el salvavidas derivará por el viento a una velocidad muchísimo mayor a la del náufrago. De modo que, o lanza una percha IOR o un salvavidas con paracaídas de frenado, o busque directamente al naufrago.



La tragedia ocurre incluso con profesionales y navegantes de prestigio y la talla de Eric Tabarly. Eric murió hace sólo unos años al caer al agua en las costas del norte de Francia.

No es un caso aislado. Algunas veces por imprudencia, otras por exceso de confianza en sí mismo. En algunas ocasiones al bajar la guardia tras luchar horas y horas contra los elementos, como le pasó a Jacques Roux en el BOC challenge del 1987 (actual Velux 5 océanos) su última comunicación por radio fue “llego pasado mañana. Voy a recoger un poco de enrollador de génova y me voy a dormir un rato” Pero el barco llegó abandonado a las costas, sin ningún desperfecto y vacío. Jacques nunca fue encontrado.



En algunas ocasiones el milagro ocurre como le pasó a Olivier Moussy durante una regata en 1979 en la que su velero se hundió y sólo tuvo tiempo de lanzar un mensaje de socorro por la VHF y agarrar una boya con luz de seguridad. Se pasó nadando toda la noche entre vientos de 40 nudos. Un compañero de regata Pierre Follenfant que se encontraba a solo una milla de distancia estuvo toda la noche dando vueltas hasta que lo encontró al ver una chispa de luz en la oscuridad de la noche, y con inmensa alegría para ambos. Pero la historia no acaba aquí. En 1982 Oliver a su vez, recupera al Australiano Ian Jonson naufrago en su balsa salvavidas, y de forma desgraciada en 1988 Olivier desaparece para siempre arrastrado por una ola en su velero, cuando navegaba cerca de la costa de Sicilia.

Las imprudencias se pagan y no solo se trata de tragedias ocurridas en las peores condiciones meteorológicas. La gente también se cae al agua con buen tiempo, navegando por la noche, mientras hacen sus "necesidades" por la borda por no bajar al baño…

incluso es cierto el caso de aquel grupo de amigos que navagaban en velero y decidieron en un mal momento tirarse a nadar sin bajar la escalerilla. Murieron ahogados al no poder subir a bordo (se ha hecho una reciente película sobre tan funesto suceso)

 

Es fácil evitarlo

Sin más demora debemos hablar de las líneas de vida. Pero para que estas nunca tengan que hacer su función, debemos andar con cuidado por la cubierta y especialmente por la noche. Hay que moverse siempre con las piernas bastante flexionadas de tal forma que podamos corregir inmediatamente cualquier movimiento extraño del barco. Hay que moverse con el cuerpo inclinado hacia el centro del barco, para que en caso de caída o resbalón nos vayamos encima de la cubierta y no fuera del barco.

 

Arneses integrados

Existen algunos modelos de chaquetones que además de ayudar a la flotación, integran en su interior un arnés de tal forma que no hay excusa ni pereza para buscarlo o ponérselo. Además como cada chaquetón es para un miembro de la tripulación el arnés interior está ajustado al tamaño de la persona que lo lleva. Con este tipo de arneses integrados la maniobra de engancharse se convierte en algo tan cómodo y natural, que incluso los más “dejados” nunca dejarán de hacerlo.

  



En nuestro caso particular llevamos en el velero este tipo de chaquetones que nos ponemos para navegar por la noche o en cuanto las condiciones lo requieran. En uno de los bolsillos de cada chaqueta llevamos una pequeña lámpara de tipo estroboscópica que puede lanzar flashes muy fáciles de localizar por la noche. La llevamos unida al chaquetón por un fino cordoncillo a una de sus costuras para que nunca se pueda perder.

(Ver artículo "Float")

 

 

 

 

Por la noche siempre hay que salir de la bañera con arnés y línea de vida, especialmente si la mar no es buena. Si tiene que trabajar en el palo o en proa avíselo a algún otro miembro de la tripulación.

Debemos coger la costumbre de desplazarnos con una mano siempre cogida a algo del barco sean pasamanos o soportes, pero nunca a los guardamancebos. Andar a cuatro patas es una solución buena cuando el barco se mueve mucho en el mal tiempo. Cuidado con las escotas en tensión con las que es fácil tropezar y las que están sueltas que le harán resbalar.  

Por la noche siempre igual que con mal tiempo sea de día o de noche. El arnés es fundamental para usted y para todos los miembros de la tripulación. Lo amarraremos mediante una cincha a la línea de vida, al pie de mástil o a enganche del fondo de la bañera.

 

La cincha que une el arnés al punto seguro no debe ser demasiado larga ya que cuanto más corta menos violento será la caída. En la práctica un metro y medio es suficiente para moverse con seguridad y holgura. Estas cinchas tienen dos brazos de modo que uno de ellos siempre queda enganchado a algo mientras cambiamos de una posición a otra. Uno de los sitios más peligrosos es trabajar en la vela mayor ya que nos obliga a ir bastante erguidos y por tanto en posición de poco equilibrio. Enganche su arnés a la línea de vida del lado de barlovento.

 

 

Las normas

 

Debemos llevar en el barco el material homologado y exigido por la Dirección General de la Marina Mercante, pero esto el mínimo exigible que juiciosamente debemos mejorar con por ejemplo las líneas de vida, o con dispositivos electrónicos de seguridad de aviso de hombre al agua, si vamos a navegar mucho en mares bravíos o por la noche.

 

Todos los equipos de seguridad deben estar guardados en sitio conocido por toda la tripulación y que sea fácilmente accesible. No es buena idea llevar la colección de chalecos salvavidas al fondo de profundo cofre tapado por 8 o 10 defensas… Imposibles de recuperar con prisas.

 

Para que los chalecos salvavidas sean eficaces es necesario que se ajusten bien a su talla y tensar correctamente sus cinchas una vez puestos. Para un niño es absolutamente necesario encontrar uno adecuado a su tamaño.

 

Es muy importante que el diseño del chaleco tenga los volúmenes de flotabilidad distribuidos de tal forma que permitan enderezar a la persona automáticamente y dejarle con la cara fuera del agua y no al revés. Un buen día de verano en el sitio de fondeo es un momento y sitio perfecto para probárselo y tirarse al agua para apreciar la importancia de colocárselo correctamente.

 



 

Las normas europeas exigen para navegar en alta mar y en condiciones extremas chalecos de 275 Nw (10 Newtons son aproximadamente equivalentes a un kilo de fuerza de flotabilidad), aunque en condiciones normales la norma exige que los chalecos sean de 100 Nw.

 

El aro salvavidas es otro de esos elementos que obligatoriamente hemos de llevar en el barco y marcado con el nombre del barco. Aunque la DGMM obliga a sólo uno hasta los 15 metros de eslora, no está de más llevar un segundo flotador equipado con un pequeño paracaídas o ancla flotante que evite la deriva debido al viento.  Por cierto, si durante una travesía pierde el aro (marcado con el nombre de su barco) deberá llamar a Salvamento Marítimo para avisarlo y de esta manera evitar posibles pérdidas de tiempo en investigar si se produjo o no un accidente en caso de ser encontrado el aro.

 

La luz de seguridad flotante permitirá marcar por la noche el punto en donde la tiremos al agua y es visible hasta alrededor de una milla. De día la mejor visibilidad la ofrecen las perchas telescópicas IOR. Tienen 2 metros de altura y una superficie color naranja fluor que las hace muy visibles incluso en malas condiciones de la mar. Además incorporan una bombilla en su parte más alta.

 
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