7. Bibliografía




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5. Sentido del gusto en la abeja:

Por último, el otro sentido que se abordará en este trabajo es el del gusto, del que ya se ha comentado en el apartado anterior que interviene cuando la percepción es por contacto, y las sustancias se encuentran en mayor concentración. Este sentido del gusto parece ser menos sensible que en otros insectos, ya que, por ejemplo, existen sabores como el amargo, que no son detectados por las abejas; además, concentraciones de una solución azucarada de un 2%, que para los humanos ya resulta bastante dulce, las abejas no la distinguen del agua pura.

Esta baja sensibilidad ante una concentración de azúcar, es debida a que el néctar recolectado por las abejas debe de tener una gran cantidad de azúcar, pues en otro caso no resulta susceptible de transformarse en miel y conservarse durante el invierno.

Además, en el sabor del néctar hay algún tipo de información que se trasmite de las pecoreadoras que vuelven del campo a las abejas receptoras; este mecanismo es importante para alertar sobre la existencia de fuentes de alimentos con una alta concentración de azúcar en el néctar.

Dicho esto, cabe señalar que los quimiorreceptores del sentido del gusto se encuentran situados en varias zonas en la abeja, que son:

-Trompa o probróscide: que no es un órgano como tal, sino un conjunto de estructuras que forman una especie de tubo por donde se mueve la lengua, y se ingiere y regurgita, néctar, agua o miel.

-Tarso: parte final pata

En cualquiera de los dos sitios, los quimiorreceptores se hayan ubicados en el interior de unos pelos sensoriales denominados sensilios tricoideos, que proporcionan importantes características a la codificación sensorial. Cada una de las células receptores cuenta con varios quimiorreceptores, y cada uno de ellos responde especialmente a una clase de estímulo químico, como la sal o el azúcar.

Por otra parte, hay que decir que el aparato bucal de las abejas es de tipo lamedor, y se compone de diferentes partes, algunas ya comentadas, que son:

-Clípeo y labio superior o labro (figura nº 8): son estructuras en forma de placas que están localizadas en la parte central inferior de la cabeza y protegen las partes bucales más delicadas. La placa superior, el clípeo, es la más grande, y la inferior, en forma de rectángulo, es el labro.


Labro

Clípeo


Figura nº 8: Clípeo y labro en la abeja

-Epifaringe: es una pieza quitinosa, ligada a la parte interna del labro como si fuera la parte superior de la boca; se trata de un órgano sensorial, por lo que se cree que es el responsable del sentido del gusto, pero no se ve porque está oculta por el labro y las mandíbulas.

-Mandíbulas: las mandíbulas de la abeja se encuentran suspendidas de la cabeza a los costados de la boca, inmediatamente detrás de la base del labro. Cada mandíbula (cada abeja tiene un par) tiene una punta de articulación anterior y una posterior en la cabeza, y sólo se encuentra provista de dos músculos fijados en costados opuestos del eje de movimiento. Algo curioso es que las mandíbulas son diferentes en los distintos tipos de individuos de la colmena (véase figura), ya que las de las obreras son anchas en sus extremos, con forma de cuchara, pero estrechas en el medio, mientras que las de la reina y el zángano son dentadas y más velludas. La obrera, por ejemplo, utiliza sus mandíbulas para recoger el polen, construir los panales, limpiar la colmena, luchar, recoger y elaborar propóleos, etc.



Figura nº 9: Tipos de mandíbulas en las abejas



Dentro de este aparato lamedor de la abeja, hay que destacar a la probóscide o trompa, que está compuesta por las maxilas y el labio.

A su vez, las maxilas se componen de los estipites, galeas, lacinias y vestigios de los palpos maxilares, mientras que el labio está formado por varios segmentos, que son:

  • Segmento basal: llamado posmentón.

  • Prementón: es amplio y rectangular, y está ligado lengua media (ésta es producto de la combinación de la glosa y la paraglosa, que incluye la base de la glosa). A la base del prementón se hallan unidos los cuatro segmentados palpos labiales.

La unión de los maxilares con los palpos labiales forma un tubo por donde se mueve la lengua o glosa, y todo el conjunto es lo que recibe el nombre de probróscide.

Con respecto a la lengua, se puede comentar que está formada por un gran número de anillos, y cubierta de pelos quitinosos colocados en filas transversales que cambian, sucesivamente, de longitud y forma, hasta ser muy finos y sensibles en su extremo. La lengua acaba en un botón o plumón llamado labello que se pliega hacia atrás cuando la abeja lame. La lengua es concretamente un canal, y no un tubo, aunque sus bordes pueden unirse formando un tubo. Este hecho es importante porque, si la lengua fuese un tubo, correría el riesgo de obstruirse con granos de polen, sobretodo si éstos están untados con miel. Por otra parte, la abeja es capaz de separar los bordes de la lengua, lo que le facilita la tarea de su limpieza.

En la figura nº 10 se muestran algunas de estas partes comentadas:



Figura nº 10: Partes del aparato lamedor de la abeja
Cuando la abeja lame líquidos livianos, carga sus pelos por capilaridad, pero cuando se trata de líquidos espesos, junta los lóbulos terminales del labio con el maxilar para formar esa especie de tubo aspirante, y el alimento llega a la boca por la succión que producen los músculos de la faringe.

Además, el botón o labello, tiene en su parte central una ranura que se expande en forma de doble rulo en el interior de la lengua; como los canales de la lengua son ventrales, el néctar pasa a la parte dorsal por medio de la paraglosa, que son dos lóbulos blandos que la recubren.

Por tanto, se puede comprobar que el sentido del gusto en las abejas es bastante primitivo, aunque les sirve para verificar la composición química de lo que ingieren. Su número de percepciones gustativas es menor que en el caso de los hombres, pues, como se ha comentado, no son capaces de detectar el gusto amargo, aunque a diferencia de los humanos, no aceptan el dulzor artificial.
6. Conclusión:

Finalmente, como conclusión, comentar que nuestras abejas están provistas de sistemas sensoriales que les permiten analizar su entorno vital, y que, además, son capaces de intercambiar la información entre ellas y relacionarse.

En ocasiones, resulta un tanto difícil comprender como funcionan dichos sistemas, ya que en muchos casos los humanos establecemos comparaciones con nuestros propios órganos de los sentidos, cuando los sentidos de los animales no siempre funcionan igual que los nuestros. Por ejemplo, los ojos de las abejas son, desde un punto de vista estructural, bastante diferentes a los nuestros, pero las dos especies (humanos y abejas) los utilizamos para un mismo fin, que es conocer mediante imágenes el mundo que nos rodea.

En el caso de las antenas, que es donde se encuentran el sentido del olfato y tacto en las abejas, la cosa se complica algo, ya que nosotros carecemos de órganos de este tipo, y por este motivo a veces resulta algo complicado entender como utilizan las abejas sus antenas.

A pesar de estas diferencias, en ocasiones notables, el objetivo que persiguen las abejas a través de sus sentidos es el mismo que perseguimos los humanos: comunicarnos entre nosotros, y con el medio que nos rodea.

Así pues, a lo largo de este tema, se ha profundizado en tres de los cinco sentidos de la abeja: gusto, olfato y vista.

De ellos, el del gusto es el más primitivo, y el olfato el más importante, aunque eso es lógico, pues éste último es el que les resulta más útil en su vida diaria a las abejas.

Por tanto, aunque en muchas ocasiones nos pueda parecer que animales tan pequeños, y aparentemente poco evolucionados, como las moscas, abejas u hormigas, no se relacionan ni intercambian información, eso no es cierto, ya que alguno de estos animales, como es el caso de las abejas, son animales sociales, que se comunican y desarrollan su vida de una forma perfectamente planificada.

7. Bibliografía:


  • Libros y artículos empleados en la elaboración de este trabajo:

-Universidad de Oviedo (Dpto. Biología de Organismos y Sistemas): “Como percibe la abeja su ambiente”. Autor: Rocío Ocharan Ibarra (Licenciada en Ciencias biológicas).

-Artículo: “Anatomía de la abeja”. Autor: Daniel G. Pesante

-Universidad de Córdoba (Dpto. de Zoología): “Los órganos de los sentidos de las abejas”. Autor: Francisco Padilla Álvarez.

- Artículo (P. Gouras ed.) Macmillan:”Colour vision in insects”. Autor: R. Menzel y W. Backhaus (1991).

-Artículo: “El atractivo ultravioleta”. Autor: J. P. Carrasco, F. J. Romo y L. Galán.

-Libro: “Abejas por dentro y por fuera”. Autor: Gillian Houghton

-Libro: “Abejas”. Autor: Federico M. Mendizábal

-Departamento de Entomología agrícola (Universidad de Almería). Temas: “Estructura interna y fisiología de la abeja (I) y (II)”, y “Biología de la abeja”. Autor: Tomas Cabello.


  • Páginas de Internet y documentos de donde se han extraído las figuras: Webgrafía

- Figura nº 1: nea.educastur.princast.es

- Figura nº 2: dipualba.es

- Figura nº 3: Anatomía de la abeja y tiemposidereo.blogspot.com

- Figura nº 4: Como percibe la abeja su ambiente

- Figura nº 5: galeon.com

- Figura nº 6: Como percibe la abeja su ambiente

- Figura nº 7: Estructura interna y fisiología de la abeja

- Figura nº 8: Anatomía de la abeja

- Figura nº 9: dipualba.es

- Figura nº 10: dipualba.es

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