Desarrollo neurológico del cerebro y sus implicancias en el aprendizaje




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DESARROLLO NEUROLÓGICO DEL CEREBRO Y SUS IMPLICANCIAS EN EL APRENDIZAJE


Autor:


Ps. Gary Rivera Molina

Psicólogo Clínico

C.Ps.P. 11924

INTRODUCCIÓN
En los primeros años de vida, los más importantes en la construcción del cerebro humano, la intencionalidad y la sistematización de las intervenciones pedagógicas es realmente muy escasa. La mayoría de las acciones educativas que se producen presentan un sentido de transitoriedad, estableciéndose el criterio generalizado de que hay que esperar a edades posteriores para iniciar al niño en un ámbito de aprendizaje claramente intencional y sistematizado.
¿Qué hay que hacer? Conocer las leyes del cerebro y aplicarlas. No poner más límites que los que establezca el amor y el respeto a la iniciativa de cada niña, de cada niño.

 

Con tratamientos adecuados, iniciados a tiempo y desarrollados hasta el final, puede evitarse que se generen problemas graves.
Por eso, es importante estar atentos al desarrollo escolar de nuestros hijos y tener la lista de especialistas a mano para consultar, siempre, ante la mínima inquietud. Es muy importante que el diagnóstico y –si es necesario– el tratamiento, sean realizados lo más tempranamente posible, de manera de apoyar al niño a que supere las dificultades detectadas y evitar que se generen otros problemas que afecten además su desarrollo emocional y conductual.


  1. SISTEMA NERVIOSO


El sistema nervioso puede definirse como un sistema anatómico-fisiológico que coordina y regula el comportamiento de los organismos animales. Este sistema se presenta en forma rudimentaria y simplificada en los organismos inferiores y se encuentra perfeccionado en los organismos más evolucionados, como es el caso de los animales superiores.

En el ser humano el sistema nervioso tiene una estructura y organización bastante compleja y desarrollada. Incluso se distinguen subsistemas nerviosos que cumplan funciones propias o específicas.
Es necesario señalar, además, que las regulaciones humorales, hormonales y nerviosas, no son independientes unas de otras, las glándulas endocrinas vierten las hormonas en el medio interno, pero a su vez están vinculadas al sistema nervioso (reflejos neuroendocrinos y hormona-neuronales). Veremos también que el sistema nervioso se encuentra bajo la influencia del medio interno; incluso los fenómenos psíquicos, sobre todo en el dominio afectivo, depende de la actividad humoral y de la hormonal. Por último, algunas formaciones intraaxiales se pueden asimilar por su función (neurocrinas) a glándulas endocrinas


    1. EL SISTEMA NERVIOSO Y SU ORGANIZACIÓN


Las neuronas pueden constituir estructuras nerviosas definidas y vías de transmisión (nervios o conectores). La organización del sistema nervioso se realiza en torno a esas estructuras nerviosas y se complementa con las vías de transmisión. A las primeras también se les conoce como “sustancia gris” y a las segundas como “sustancia blanca”.
Entre las principales estructuras nerviosas cabe señalar a la corteza cerebral, el tálamo, el hipotálamo, la formación reticular, el cerebelo y la medula espinal.
La corteza cerebral es la estructura nerviosa de mayor complejidad, tanto por su anatomía como por las funciones que desempeña. En ella pueden identificarse zonas o áreas motoras, sensitivas y de asociación. La corteza cerebral coordina y regula la actividad consciente y en especial la conducta cognoscitiva.


    1. ORGANIZACIÓN FUNCIONAL DEL CEREBRO


El cerebro humano puede considerarse constituido por tres bloques principales que incorpora las funciones básicas. A continuación, examinaremos las responsabilidades de cada bloque.


      1. El Primer Bloque


Regula el nivel de energía y el tono del córtex, proveyéndole de una base estable para la organización de sus varios procesos. Las excelentes investigaciones de Orase W. Magoum, Giuseppe Moruzzi, Herbert H. Jasper y Donald B. Lindsley, localizaron los componentes del primer bloque en las partes superior e inferior del tronco encefálico y particularmente en la formación reticular que controla el estado de vigilia. Si se produce un daño en alguna parte del primer bloque, el córtex entra en estado patológico: la estabilidad de sus procesos dinámicos se desbarata, se da un marcado deterioro del estado de vigilia y los vestigios de la memoria se desorganizan.




Cara lateral del hemisferio cerebral izquierdo, mostrando la función de las áreas corticales
I.P. Pavlov observó que cuando desciende el tono normal del córtex se pierde el “derecho de la fuerza” y se resiente mucho la capacidad del cerebro para discriminar entre los estímulos. Normalmente, el córtex reacciona poderosamente a los estímulos fuertes o significativos, y apenas si responde a los estímulos insignificantes o débiles, que son fácilmente suprimidos. Por otra parte, un córtex debilitado tiene casi la misma respuesta para los estímulos insignificantes que para los significativos, y en estado de extrema debilidad puede incluso reaccionar más fuertemente a los estímulos débiles que a los fuertes. Todos conocemos por experiencia común de esta pérdida de selectividad del cerebro.
Recuérdese lo difusos y desorganizados que se vuelven nuestros pensamientos cuando estamos soñolientos y las extrañas asociaciones que la mente puede formar en estado de fatiga o en los sueños.
Obviamente, los resultados de una lesión del primer bloque del cerebro, a saber, la perdida de selectividad de las acciones corticales y de la normal discriminación de los estímulos, acarrearán señalados cambios en el comportamiento. El control del comportamiento se descompone. En el trabajo realizado por Mac. Donald Critchley, de Inglaterra, se han observado tales trastornos en pacientes que tenían tumores en las partes medias de los lóbulos frontales; asimismo, otros investigadores en el laboratorio de Moscú han informado de efectos similares por lesiones en las regiones profundas del cerebro.


      1. El Segundo Bloque


El segundo bloque del cerebro ha sido objeto de mucho más estudios y se conoce mejor su papel en la organización del comportamiento. Localizado en las partes traseras del córtex, juega un papel decisivo en el análisis, codificación y almacenamiento de la información. En contraste con las funciones del primer bloque, que son principalmente de naturaleza general (por ejemplo, controlar el estado de vigilia), los sistemas del segundo bloque podemos fácilmente identificar áreas que son respectivamente responsables del análisis de los estímulos ópticos, acústicos y cinestésicos. Cada una de estas áreas corticales tiene una organización jerárquica: una zona primaria que distribuye y registra la información sensorial, una zona secundaria que organiza la información aún más y la codifica, y una zona terciaria de donde los datos procedentes de las diferentes fuentes se superponen y combinan para poner los cimientos de la organización de la conducta.
Los desperfectos en las partes del segundo bloque produce efectos muchos más específicos que los de las lesiones del primer bloque. Un desperfecto en una zona primaria del segundo bloque tiene por resultado un defecto sensorial (en la vista o el oído, por ejemplo); sin embargo, no acarrea un cambio señalado en las formas complejas del comportamiento. Una lesión en la zona secundaria produce trastornos muchos más complicados. Interfiere con el análisis de los estímulos sensoriales que la zona recibe y, como la función codificadora queda deteriorada, la lesión lleva a la desorganización de todos los procesos conductuales que responderían normalmente a estos estímulos particulares. No trastorna, sin embargo, ningún otro proceso del comportamiento, lo que constituye una ayuda importante para localizar la lesión.
De las varias lesiones del segundo bloque del cerebro, las de las zonas terciarias son particularmente interesantes para nosotros. Como estas zonas son responsables de las síntesis, en un todo coherente, de una colección de entradas de información procedentes de fuentes distintas, una lesión de una zona terciaria puede causar trastornos tan complejos como la desorientación visual en el espacio. La lesión deteriora seriamente la aptitud para manejar problemas que impongan una organización de entradas en matrices simultáneas. Es por eso que estas lesiones pueden hacer que una persona sea incapaz de realizar operaciones complicadas con números o enfrentarse con una complicación en lógica gramatical o en estructuras del lenguaje.


      1. El Tercer Bloque


El tercer bloque del cerebro, que comprende los lóbulos frontales. Está implicado en la formación de intenciones y programas de conducta. Han realizado importantes contribuciones para la elucidación de las funciones de los lóbulos frontales: S.I. Franza, L. Bianchi, Kart H. Pribam y Jerzy Konorski; mediante estudios de animales, y V.M. Bekhterev, c. Kleist y Derek E. Denny Brown mediante observaciones clínicas. Nosotros hemos dedicado mucha atención al estudio de los cometidos del tercer bloque.




Los lóbulos frontales no realizan funciones sensoriales no motoras; incluso, después de graves lesiones de estos lóbulos, la sensación, el movimiento, el habla y procesos similares permanecen inalterados. No obstante, los lóbulos frontales del cerebro humano nunca permanecen quietos. Nuestros hallazgos han puesto en claro que participan, en grado sumamente importante, en todo proceso complejo del comportamiento.

Íntimamente conectados con el tronco encefálico, incluyendo su formación reticular, los lóbulos frontales sirven primariamente para activar el cerebro, regulan la atención y la concentración. W. Grey Walter demostró hace unos años que la actividad del cerebro se podía medir por la aparición de ciertas lentas ondas cerebrales en un electroencefalograma; estas ondas se evocan cuando el sujeto es estimulado hasta el punto de expectación activa y desaparecen cuando se agota la atención del sujeto. Hacía la misma época el investigador ruso M.N. Livanov encontró que la actividad mental está señalada por un conjunto de excitaciones eléctricas en el córtex frontal y que estas excitaciones eléctricas en el córtex frontal y que estas excitaciones desaparecen cuando el sujeto se apacigua, hasta llegar a un estado pasivo, o se adormece con tranquilizantes.


    1. LESIONES CORTICALES


Las lesiones de las zonas primarias no producen manifestaciones distintas de uno a otro hemisferio porque la lateralización de funciones se hace evidente a partir de las zonas secundarias. En el caso de la lesión de zonas primarias, se reportan síntomas que no tiene mayor connotación cognoscitiva; provocan trastornos a nivel somatoestético (dolor, sensación de calor, frío, etc.), trastornos del movimiento grueso (marcha, de ambulación, coordinación de los movimientos, parálisis corporal, etc.), tanto en los compromisos del lóbulo occipital como frontal, respectivamente.
Lesiones de las zonas primarias del lóbulo temporal generan trastornos a nivel de la captación de las características melódicas de los sonidos. El aspecto melódico es más primitivo que el aspecto semántico y sintáctico de las palabras.
El sujeto tiene dificultad para distinguir melodías por lesiones del hemisferio derecho, no les es fácil distinguir determinados giros lingüísticos, a pesar de la indemnidad de su hemisferio izquierdo.




Las lesiones de las zonas parieto-occipitales del hemisferio izquierdo conllevan a una serie de síntomas, tanto para la lectura, el cálculo y la orientación derecha-izquierda. Esta dificultad se circunscribe dentro del Síndrome de Gertman, mientras que lesiones de estos mismos segmentos en el hemisferio derecho, si bien non alteran sustancialmente la capacidad del sujeto para realizar operaciones matemáticas mentalmente, cuando tiene lápiz y papel muestra dificultad considerable.
A
Estructuras del Encéfalo
parecen trastornos apráxicos en las lesiones de ambos hemisferios. En ambos casos hay dificultad para realizar esquemas gráficos; en el caso de las lesiones del hemisferio izquierdo, el sujeto logra graficar la tarea porque exterioriza la imagen del símbolo, pero tiene dificultad para encontrar las conexiones lógicas en cuanto a lo que significa dicho estímulo; en las lesiones del hemisferio derecho ocurre lo contrario, pierde la representación del esquema perceptual pudiendo conservar su significado. Hay otras formas de Apraxia:
En la Apraxia Ideatoria, el sujeto pierde la noción de los movimientos y de los gestos que se realizan en el momento actual; mientras que la Apraxia Ideomotriz responde a la pérdida del esquema perceptual frente a situaciones simuladas, es decir, cuando no se realizan en ese momento. Se altera el esquema conceptual de los gestos cuando tienen que ser reproducidos ideativamente. Otro campo de análisis clínico corresponde a los trastornos del lenguaje.
En las lesiones del lóbulo temporal se altera la capacidad analítica auditiva; en las lesiones del lóbulo parietal los aspectos semánticos.
Al parecer, la simbolización, como una actividad perceptiva espacial, tiene una relación muy estrecha con los aspectos semánticos, porque muchos pacientes con lesiones del lóbulo parietal izquierdo producen la Afasia Motora Aferente.
Las lesiones prefrontales generan trastornos de la actividad intencional y voluntaria, de la atención selectiva, así como de la regulación social del comportamiento. Algunas manifestaciones sindrómicas asociadas a depresión y psicopatía pueden estar ligadas a compromisos de estos segmentos.


    1. EL SISTEMA LÍMBICO


Diversos componentes de los hemisferios cerebrales y el diencéfalo constituyen el sistema límbico, que incluye las siguientes regiones de sustancia gris:


  1. Lóbulo límbico. Lo forma el giro del cíngulo (circunvalación callosa) y el giro parahipocampal (circunvalación del hipocampo).

  2. Hipocampo. Continuación del giro hipocampal (circunvolución del hipocampo), que llega hasta el piso del ventrículo lateral.

  3. Núcleo amigdaloideo (amigdalino). Se localiza por detrás del núcleo caudado.

  4. Cuerpos mamilares del hipotálamo. Dos masas redondeadas, cercanas a la línea media y los pedúnculos cerebrales.

  5. Núcleo anterior del tálamo. Se sitúa en el piso del ventrículo lateral.


El sistema límbico es un grupo de estructuras encefálicas que envuelve al tallo encefálico y participa en los aspectos emocionales de las conductas relacionadas con la supervivencia. El hipocampo, junto con el cerebro; también desempeña funciones en la memoria, y las personas afectadas olvidan acontecimientos recientes y no pueden confiar nada a la memoria. Se desconoce la manera en que el sistema límbico regula a la memoria. La conducta es función del sistema nervioso en su totalidad, pero el límbico regula la mayor parte de sus aspectos voluntarios. Los experimentos realizados con el sistema límbico de los monos y otros animales indican que el núcleo amigdaloideo (amigdalino) tiene funciones importantes en la regulación de los patrones generales de conducta.
Otros experimentos han demostrado que el sistema límbico guarda relación con el placer y dolor. Al estimular ciertas áreas del hipotálamo, tálamo y mesencéfalo que forman parte del sistema límbico en animales, sus reacciones indican que experimental dolor intenso, mientras que con la estimulación de otras es evidente una reacción contraria, es decir, de aparente placer muy intenso. En otras investigaciones más, la estimulación de los núcleos perifornicales del hipotálamo dio por resultado el patrón de conducta conocido como furor, en que el animal asume una postura defensiva: extiende las garras, eleva la cola, sisea, escupe o gruñe y abre mucho los ojos. La estimulación de otras áreas del sistema límbico origina una conducta opuesta, de docilidad y amistad.
Dado que el sistema límbico tiene una función significativa en las emociones como las de dolor, placer, ira, enojo, tristeza, conducta sexual, docilidad y amabilidad, se le ha llamado cerebro “viseral”, o “emocional”.

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