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Capítulo VI

ETIOLOGÍA DE LAS ENFERMEDADES DEL ALMA



Las enfermedades del alma están relacionadas, fundamentalmente, a los pensamientos impregnados de emociones negativas, que determinan diferentes modalidades de disturbios, desde los que alcanza la propia persona, causándole directamente sufrimientos y dolencias, hasta lo que van a comportamientos antisociales, induciéndolas a prácticas delictuosas, a la agresividad, a los vicios y a las perversiones sexuales.

Muchas veces, esas perturbaciones están relacionadas a acciones que ocurren en la propia vida, o, entonces, a hechos que incidieron en vidas pasadas, y cuyas consecuencias pueden manifestarse en la presente existencia, como enfermedades kármicas.

En la Medicina, la acción de los pensamientos es fundamental, pudiendo causar enfermedades y dificultades en la vida, cuando están impregnados de emociones negativas y pueden, igualmente, promover la salud y el bienestar, cuando están aureolados de emociones positivas.

De la espiritualidad nos llegan mensajes de mentores, que movidos por el propósito de estimular el progreso en los diferentes campos de la ciencia, muestran el valor de los pensamientos para el progreso en los diferentes sectores de la Medicina.

De esa forma, Miguel Couto, espíritu, el insigne profesor de Clínica Médica, cuando estuvo entre nosotros, nos envía el sabio mensaje que considera fundamental para la salud, y así está en el libro Hablando a la Tierra: “La ciencia mental, con base en los principios que presiden la prosperidad del espíritu, será, en el gran futuro, la base de la salud humana”.

E idéntico parecer se encuentra en André Luiz, en el libro En el Mundo Mayor, hablando sobre problemas relativos a las perturbaciones que atacan a los seres humanos: “En el pensamiento residen las causas”.

Del mismo modo, Emmanuel, abordando el problema de las causas que llevan al sufrimiento humano y que pueden causar traumas y disturbios del alma, dice en el libro Rápido Socorro: “En los dominios del alma surgen los accidentes y lesiones, traumas y equimosis de origen mental, en el cuerpo físico”. Y todavía el mismo autor, en el libro Leyes del Amor, respondiendo a la pregunta que indaga si la mente invigilante puede ser responsable de las enfermedades del organismo, dice: “La mente es más poderosa para instalar enfermedades y desarmonías que todas las bacterias y virus conocidos”.

Del mismo parecer es el doctor Joaquín Murtinho, espíritu, en el libro Hablando a la Tierra, sobre la salud, haciendo la siguiente afirmación: “El pensamiento, cualquiera que sea su naturaleza, es una energía, teniendo, por consiguiente, sus efectos”. Y el mismo autor, analizando los disturbios del pensamiento, dice: “Transformándose el núcleo de corrientes irregulares, la mente perturbada emite líneas de fuerza, que interferirán, como tóxicos invisibles, sobre el sistema endocrino, comprometiéndole la normalidad de las funciones”. Y continúa: “Pero no son solamente la hipófisis, la

tiroides o las cápsulas suprarrenales las únicas víctimas del vicio. Múltiples enfermedades surgen hacia la infelicidad del espíritu que las invoca. Molestias como el aborto, la locura, la neuralgia, la tuberculosis, las afecciones del corazón, las úlceras gástricas y las duodenales, la histeria y todas las formas de cáncer pueden nacer de los desequilibrios del pensamiento”.

Los autores espirituales citados son unánimes en afirmar la importancia del pensamiento en la vida humana, pudiendo causar diferentes modalidades de trastornos a la salud de las personas.

Los pensamientos impregnados de emociones negativas pueden actuar de diferentes maneras, perjudicando a los seres humanos.

Cuando son movidos por las emociones del odio, de envidia, de celos, de violencia, de crueldad, causan males a las personas a las cuales son dirigidas y son, igualmente, dañinos a las criaturas que los emiten, generando sufrimientos más o menos intensos, ya que está visto que los pensamientos obedecen a la ley de causa y efecto y, con la misma intensidad con que son emitidos, regresan hacia la fuente de origen. De ese modo nadie debe esperar coger maíz donde plantó judías.

Esa ley tiene su equivalencia en el Evangelio cuando afirma que “a cada uno será dado según sus obras” (Mt 16, 27)..Los pensamientos están dotados de ideoplasticidad y forman una nube que envuelve el campo mental de las personas que los emiten y de las personas que los reciben, causando males de intensidades variables.

Cuando son negativos, son responsables de disturbios de la conducta de las personas que se inclinan hacia la práctica de acciones perjudiciales a sí mismas y a los semejantes. Causan un verdadero desequilibrio a su propia estructura psíquica, haciendo que muchas veces se comporten como seres extraños, anormales, desajustados.

Ciertos comportamientos de los seres humanos, que constituyen pesadas cargas para su propia alma, son resultado de la falta de control de los pensamientos, llevados hacia el negativismo.

Presentan reacciones que se manifiestan, inicialmente, por diferentes formas de insatisfacción del ego, como ansiedad, inseguridad, angustia, frustración, aflicción, rabia, haciendo que sean atraídos por la fascinación de los vicios, de los disturbios de la sexualidad, de la voluptuosidad, de los comportamientos antisociales, como el robo, la agresividad, el estupro, el secuestro, el crimen.

Existen, también, formas atenuadas de esa modalidad de comportamiento, de personas que se complacen en pasar horas en los bares, tomando bebidas alcohólicas, fumando, ocupándose en conversaciones o en entretenimientos fútiles, en juegos de cartas y otros, perdiendo un precioso tiempo haciendo comentarios sobre los semejantes o discurriendo sobre hechos desagradables que acontecieron consigo mismas, o con otras personas.

Hay otras formas de insatisfacción del ego en las personas que fueron, inconscientemente hacia posiciones negativas contras sí mismas, y que les proporcionaron cierta satisfacción íntima.

Son personas que presentan alguna modalidad de masoquismo y viven buscando enfermedades para justificar sus problemas. Se quejan constantemente de síntomas de males orgánicos o psíquicos, de Enfermedades imaginarias. Sienten inseguridad, ansiedad, miedo, depresión. Y hacen exámenes médicos y de laboratorios repetidamente, procurando encontrar una explicación para sus problemas, pero los mismos se presentan repentinamente normales.

Hay personas que se autoagreden, inconscientemente, presentando síntomas de inapetencia que pueden llevarlas a la muerte, por rechazar los alimentos, y otras que comen mucho, y sólo se satisfacen cuando están comiendo, y se tornan doblemente insatisfechas, por la propia ansiedad y por el exceso de peso a que son llevadas, y son, igualmente resistentes a diferentes modalidades de tratamiento.

Esos problemas, en general, son, abordados superficialmente por las terapias vigentes, sin penetrar en las causas intrínsecas que los determinan.

Son perturbaciones cuyas causas, aparentemente desconocidas, pueden estar relacionadas a disturbios del pensamiento, o vinculadas al pasado y tenían sus marcas gravadas en el cuerpo espiritual.

Hay formas de perturbaciones del pensamiento que llevan a acciones mas serias, de agresiones a la propia vida o a la vida de los semejantes, y que estarían relacionadas a la inobservancia del segundo mandamiento de la Ley de Dios, por la falta de amor a los semejantes y a sí mismos.

En esa máxima del Cristianismo, está contenido el precepto de amar con responsabilidad cristiana, que alcanza, en esencia, todo el mensaje del Maestro de Galilea.

Hay personas que manchan su existencia, vinculándose a la crueldad, a la violencia, al crimen, a la tortura, al estupro, al rapto, al robo, al secuestro y al propio suicidio, acciones que causan sufrimiento y desespero a sí mismas y a sus semejantes y que tendrán juicio especial en el Tribunal de Justicia Divina.

Son modalidades de acciones causantes de disturbios que pueden pasar desapercibidos o no recibir la debida importancia por parte de los profesionales de la salud. Son resultados que causan verdaderos estigmas manchando a los seres humanos en su constitución más sensible, el espíritu, como dice Emmanuel, en el libro del mismo nombre: “Es la única realidad inmutable de la existencia”.

En las colectividades del planeta Tierra se encuentran innumerables personas aparentemente saludables, pero torturadas por diferentes modalidades de sufrimientos, causados por la falta de control de los pensamientos.

Entre otros, están lo seres movidos por el egoísmo, que se encuentran con la visión oscurecida para la belleza de la vida; los que, torturados por el odio, andan por los caminos del mal, sin vislumbrar la harmonía que hay en toda la Naturaleza; y otros todavía, en mayor número, sufridos por la miseria y por los males físicos y morales que se presentan, torturados por las dificultades, por el dolor y por el sufrimiento, desanimados, viven sin esperanza de vislumbrar los horizontes bellos de la vida.

Cuando una persona llega al consultorio presentando diferentes modalidades de síntomas, diciendo que ya buscó innumerables profesionales de salud, que hizo diferentes exámenes de laboratorio y que son todos normales, es casi siempre una persona que presenta males del alma, para los cuales las terapias médicas, psiquiátrica y psicológicas son parcialmente eficaces.

Siendo el alma de naturaleza divina, de constitución energética, los recursos espirituales para su tratamiento no deben ser desvalorizados, aparte de la terapia normalmente practicada.

En verdad, la primera dificultad, al atenderse un enfermo de esa naturaleza, consiste en establecer el diagnóstico etiológico, para el cual deben ser apartadas todas las señales y síntomas posibles de enfermedades orgánicas, y de las típicamente psíquicas, de los que se manifiestan con desarrollo de causas anímicas, oriundos de disturbios de la mente llevada hacia el negativismo.

La persona puede presentarse aparentemente sana, en condiciones físicas concordantes con la normalidad, pero torturadas por los síntomas psicosomáticos, de ansiedad, de miedo, con dolores generalizados o en ciertas partes del cuerpo, como jaqueca, esperando obtener una prescripción que la libre de su angustia y sufrimiento.

A parte de esos trastornos, que se caracterizan por la subjetividad de los síntomas, pueden ser relatados ciertos males orgánicos que tienen sus raíces en los disturbios del alma y que deben ser igualmente tratados.

Son casos de personas que se entregan continuamente a pensamientos negativos, impregnados por las emociones de rabia, envidia, insatisfacción, celos y otros semejantes, y traen síntomas de baja resistencia orgánica, no tan solo para los esfuerzos físicos habituales, sino también para las infecciones comunes, presentándose constantemente cansadas, flacas, desanimadas, quejosas.

Se quejan de todo, del tiempo, de las personas, de la familia, de la salud, de las dificultades en el trabajo, de los vecinos, de las personas que colaboran en casa, de las cosas que acontecen en el país y en el mundo.

Son personas que viven inmersas en quejumbroso estado, desperdiciando la valiosa fuente de energía inherente a su propia alma.

Desconocen que el ser humano tiene en el alma un poderoso recurso responsable de la vitalidad de las células de su organismo y, si el alma se mantiene desmotivada, inmersa en negativismos por tiempo prolongado, habrá un desfallecimiento energético general que alcance todos los sectores de la organización biológica.

Son casos cuyos exámenes se muestran constantemente negativos y los recursos utilizados para el tratamiento, como el reposo y el llamado hacia las vitaminas y medicamentos energéticos no responden, frecuentemente, a los resultados esperados.

Se encuadran en el mismo grupo las personas que pasan por serios trastornos psíquicos y emocionales, motivados por dificultades en la familia, en el trabajo o por circunstancias de la propia vida, y pueden presentar después de algún tiempo, síntomas agudos de enfermedades orgánicas como diabetes, disturbios cardiovasculares, intestinales y otros.

Y, del mismo modo, personas que pasaron por graves e incontrolables dificultades emocionales, pueden presentar disfunciones de otras glándulas endocrinas, como la tiroides, sin causa aparente, y para las cuales no bastan las atenciones con relación a los males presentados, sino que necesitan de cuidados que deben alcanzar, igualmente, las causas que las desencadenaron, dando la posibilidad de restablecer el equilibrio de las energías del alma..Y el propio cáncer presenta, frecuentemente, en los antecedentes de la persona enferma, relatos de disturbios psicoemocionales, responsables de la manifestación de enfermedades como la hipertensión arterial, la angina de pecho y el infarto de miocardio.

Del mismo modo, disturbios del aparato digestivo como la colitis ulcerosa y la hemorroides pueden ser el resultado de disturbios psíquicos y emocionales.

Y, también, ciertas infecciones del aparato genitourinario, como cistitis, cólicos y hemorragias uterinas, son problemas que requieren atención médica tradicional pero que debe ser complementada con tratamiento psiquiátrico y, posiblemente, por un tratamiento espiritual que pueda traer alguna contribución para la cura de la persona enferma.

Como el pensamiento es un atributo del alma, su control dirigido hacia el bien mayor, bajo el impulso de la voluntad, de la determinación y del amor, puede resultar en beneficio eficaz para el ser humano.

Las personas no deberían dejarse influenciar por los problemas que les llegan constantemente a través de los recursos de comunicación, dirigidos enteramente hacia la transmisión de noticias desagradables, que pueden causar el desequilibrio de las vibraciones energéticas del alma de las personas desprevenidas.

Deben hacer el propósito de vivir en paz y en harmonía consigo mismas, reconociendo que pueden estar envueltas por la ideoplastia de sus propios pensamientos, saludables o dañinos, y procurar anular sus propias reacciones negativas que irían a empañar su propósito de elevarse, aunque paulatinamente, por su propio equilibrio físico, psíquico, emocional y espiritual.
Capítulo VII

PATOGÉNIA DE LAS ENFERMEDADES DEL ALMA
El estudio del mecanismo por el cual los agentes mórbidos producen las enfermedades, y cómo el organismo se comporta delante de los mismos, constituye un importante capítulo de la Medicina, que tuvo en Rudolf Virchow (1821-1902), uno de sus más grandes incentivadores, llamando la atención hacia las modificaciones celulares surgidas como causa o efecto de las dolencias que lo comprometen.

Entre los disturbios que acometen al ser humano, se encuentran los que son propios del cuerpo, como los dolores y los males orgánicos, otros que afectan particularmente al psiquísmo, los disturbios mentales; los que inciden simultáneamente en el cuerpo y su psiquísmo, los disturbios psicosomáticos; y, finalmente, los disturbios del alma, que pueden manifestarse por los síntomas y señales que se encuadran entre las enfermedades referidas, pero que se presentan con características propias, con vínculos etiológicos específicos y que necesitan de tratamiento especializado.

La falta de reconocimiento de las enfermedades del alma, como entidades nosológicas que acometen al ser humano, resulta de la poca importancia que es dada a los estudios de la misma, los cuales quedan limitados a las religiones y a las instituciones esotéricas, aunque el alma sea un constituyente no menos importante del organismo.

Pero, en la época actual, nada puede mantenerse oculto a los seres humanos que disponen de recursos para descubrir los diferentes sectores del conocimiento humano.

El organismo está formado de cuerpo y alma. El cuerpo tiene constitución orgánica, visible, ponderable, mesurable, palpable, pudiendo ser examinado en todas sus peculiaridades y funciones, inclusive el interior de las células que lo constituyen.

A través de los sistemas respiratorio y circulatorio, el organismo se mantiene enteramente en contacto con el medio ambiente, recibiendo del aire, que penetra en los alvéolos pulmonares, el oxígeno indispensable para la vida..Los diferentes órganos y tejidos están ligados por el sistema circulatorio, a través del cual reciben los nutrientes necesarios para su manutención.

Todo el organismo está conectado por el sistema nervioso que, del encéfalo, emite millones de fibras neuronales que llegan hasta la intimidad de las células.

Para comprenderse la participación del alma en el organismo humano, basta recordar que la misma es de constitución energética, de naturaleza divina, y presenta la misma forma y dimensión del cuerpo humano, al cual está ligada a través del periespíritu o cuerpo espiritual que interpenetra toda su estructura orgánica, llegando hasta la intimidad de las células que lo constituyen.

Para las enfermedades del alma, el agente mórbido es el propio pensamiento impregnado de emociones negativas, que llegan hasta el interior de las células a través del periespíritu.

De ese modo, actual el alma en el organismo humano, como dice André Luiz, en el libro Evolución en dos Mundos: “encontramos el periespíritu de la definición kardeciana, o cuerpo espiritual, que preside todas las formas del cuerpo físico”.

A parte de establecer la unión entre el cuerpo y el alma, el periespíritu tiene otras atribuciones como la de contener el archivo de la memoria espiritual de existencias pasadas.

El alma proyecta sobre el cuerpo físico las vibraciones buenas o malas que estuvieron registradas en su malla espiritual, según la ley de reciprocidad, que determina que a cada uno sea dado según su merecimiento, lo que vale a decir que el ser humano recibe, en la propia alma, el bien o el mal que practicó, tanto en la existencia actual como en vidas anteriores.

Así, desde la formación del organismo humano, que resulta de la unión de los gametos masculino y femenino, respetadas las leyes de la herencia, hay concomitantemente la actuación del espíritu, que no se comporta como mero espectador, sino que se mantiene atento a la formación del ser que le servirá de soporte para la próxima existencia en la vida física.

El espíritu proyecta, en el organismo en formación, las impregnaciones kármicas registradas en el periespíritu, actuando como ser responsable de sus propios actos.

Esa actuación se hace, como dice André Luiz en el libro Evolución en Dos Mundos: “ a través de los bióforos o unidades de fuerza psicosomática que actúan en el citoplasma, proyectando los estados de la mente, que estará ennobleciendo o agravando la propia situación, de acuerdo con su elección del bien o del mal”.

André Luiz es claro, al afirmar que la actuación del espíritu se hace sobre las células, según el concepto de que es en la intimidad de las mismas que se realizan las modificaciones que preceden a los disturbios que pueden ocurrir en el organismo y, también, donde se realizan las acciones que promueven la cura de las enfermedades que lo acometen.

El espíritu tiene, de esa forma, la oportunidad de participar en la formación del organismo con el cual tendrá la responsabilidad de convivir en la próxima existencia biológica.

Podrá tener una existencia saludable, alegre y feliz si practicó buenas acciones, o tener que asumir la situación de enfrentar dificultades o dolencias de orden personal, familiar o social, si dichas acciones estuvieran registradas en su archivo periespiritual.

La posibilidad de dicho resultado no representa un castigo del Creador, sino una oportunidad para limpiar las manchas del periespíritu, producidas de sus propias faltas, y cuyo antídoto se basaría, fundamentalmente, en la aceptación, en la oración y en la práctica de buenas acciones.

Patologías que son resultados de pensamientos deletéreos, como la maldad, el crimen, los vicios, el estupro, la crueldad, son consideradas enfermedades del alma, infecciones nosológicas graves que, por lo general, constituyen problema de salud pública, para los cuales los diferentes recursos disponibles vienen siendo prácticamente inoperantes para obtener su control epidemiológico.

Son patologías que siempre existieron y comprometieron prácticamente a todos los pueblos de la Tierra, siendo la expresión mayor del atraso espiritual en que vive gran parte de la población.

Como el alma es sensible a los procesos que promueven su perfeccionamiento, es oportuno recordar la importancia de la Educación Espiritual, que constituye una fuerza poderosa que puede crear condiciones nuevas para los habitantes del Planeta..Cuando el alma es dirigida, visto que todo ser humano es alma viviente, la Educación Espiritual puede ayudarla no solamente en la presente existencia, sino también después, en su regreso a la espiritualidad.

En una visión más profunda sobre las enfermedades del alma, se puede ver que las mismas están relacionadas a os pensamientos negativos o a las acciones resultantes de los mismos.

Los pensamientos negativos están relacionados a las enfermedades y al sufrimiento, del mismo modo que los positivos están asociados a la salud y al bienestar.

De esa manera, se comprende que el pensamiento sea el inductor de la salud o de las enfermedades, y estas se manifiestan por síntomas orgánicos, psíquicos o psicosomáticos.

En general esos síntomas no son identificables a través de diagnósticos, y se manifiestan, inicialmente, por síntomas psíquicos, como ansiedad, inquietud, angustia, temores, insomnio, depresión, que pueden acompañarse de síntomas físicos como dolores localizados o generalizados, disturbios funcionales digestivos, respiratorios, circulatorios, hepáticos y otros, haciendo con que las personas atacadas pasen interminables periodos de su existencia atormentadas por el sufrimiento.

Jesús curó a innumerables enfermos y frecuentemente asociaba sus males a faltas cometidas, como cuando curó a un paralítico y le dijo a él: “Confía, hijo; tus pecados te son perdonados”

(Mt 9, 2).

Esta enseñanza evidencia que, los sufrimientos humanos, pueden estar relacionados a faltas cometidas en la existencia actual o en el pasado de cada uno.

Toda persona que comete una falta, por la acción o por el pensamiento, que pueda causar sufrimiento a su semejante, volviéndose deudora delante la Ley, y a medida que aumentan sus digresiones, aumenta sus débitos, tal como enseña Allan Kardec en El Evangelio Según el Espiritismo:

“Ahora, cada nueva falta aumenta la deuda, cualquiera que ella sea, que no acarree forzosa e inevitablemente una punición. Si no fuera hoy, será mañana; si no fuera en la vida actual será en otras”.

Las faltas cometidas actúan en lo íntimo de las personas como aguijones que las atormentan.

El mal uso, muchas veces discreto pero prolongado, del pensamiento, puede ser responsable de perturbaciones psíquicas, como explica André Luiz en el libro En el Mundo Mayor, donde dice que ciertos individuos: “Al principio son meros tristes y desesperados que pasan desapercibidos así como aquellos que los acompañan de más cerca. Poco a poco, sin embargo, se transforman en enfermos mentales de variados grados, de curación casi siempre imposible, como portadores que son de problemas ingratos”.

El control de esas patologías debe basarse, esencialmente, en la terapia médica especializada y, paralelamente, contar con la asistencia y actividades de Educación Espiritual, bajo la responsabilidad de instituciones idóneas, del gusto del necesitado, educación capaz de revelar al ser humano sus raíces espirituales, y la necesidad de elevarse, por la acción y por el merecimiento, como heredero de Dios, digno de participar de la grandeza del Universo.

Cuando una persona comete una falta, se vuelve esclava de la misma, como está en el Evangelio: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado”

(Juan 8, 34). Lo que equivale a decir que las faltas cometidas actúan como grilletes que atan a la persona en sí misma.

La conducta de cada uno refleja sus pensamientos, y si la persona movida por pensamientos impregnados de emociones negativas, comete actos perjudiciales hacia sus semejantes, aún que pasen desapercibidos por la Justicia Humana, tendrá que enfrentar sus consecuencias, bajo la forma de sufrimiento, según la Ley de Reciprocidad que abarca a todas las criaturas.

Como afirma André Luiz en el libro En el Mundo Mayor: “Si alguien actuó contra la Ley, la verá dentro de sí mismo en proceso rectificador, tanto tiempo como sea necesario”.

Y una vez instalado ese proceso, surgen mas tarde o temprano los síntomas y sufrimientos correspondientes. El proceso mórbido puede estar relacionado a hechos ocurridos en la presente existencia o en existencias anteriores, como en las enfermedades kármicas, cuyas causas son desconocidas, aunque puedan ser vislumbradas por la propia persona.

En el estudio de las enfermedades causadas por disturbios de los pensamientos, se verifica que la persona es responsable de su sufrimiento, cuyas raíces se encuentran en la falta de control de los mismos.

Allan Kardec en El Evangelio Según el Espiritismo, afirma claramente que: “El hombre sufre siempre la consecuencia de sus faltas; no hay una sola infracción a la ley de Dios, que quede sin la correspondiente punición. La severidad del castigo es proporcional a la gravedad de la falta”.

Cada persona forma su campo mental relacionado a la familia, a los recursos educacionales que dispone, al ambiente, a las condiciones en que vive, a las experiencias que acumuló durante la vida y las imposiciones kármicas que pueden aflorar en el inconsciente de cada uno.

Son situaciones que despiertan diferentes sentimientos, que no son idénticos para las diferentes personas, y van moldeando el comportamiento de cada uno.

Reacciones de tristeza, de inseguridad, de odio, de abandono, de celos, de revuelta, de pena, o reacciones de alegría, de éxito, constituyen aspectos de sus estados emocionales.

Un sinnúmero de personas, dominadas por el primer grupo de sentimientos, llegan a la depresión y al desespero.

Y delante de sus conflictos inferiores, son llevadas hacia salidas que les causan serias patologías, como los vicios, la agresividad, el crimen, el robo, el asalto, el secuestro, los desvíos de la sexualidad y otras formas de agresión a sí mismas y a los semejantes.

Son modalidades de conducta que tienen, para esas personas, el significado de una protesta delante de una situación que no les deja ser felices, relacionada a su propia inferioridad, o a la falta de condiciones para enfrentar normalmente los problemas de la vida.

Sobre las características de esas patologías, es oportuno recordar las palabras de Emmanuel, en el libro Justicia Divina: “las enfermedades del espíritu atormentan las fuerzas de la criatura, en procesos de corrosión inaccesibles a la diagnosis terrestre”.

Los seres humanos, en su mayoría, son deudores espiritualmente y, enfrentando las dificultades que les son impuestas, como consecuencia de la Ley de Causa y Efecto, son torturados por temores, ansiedad, angustia, dolores que se trasladan de una parte a otra, malestar, inquietud, irritabilidad, indisposición permanente, falta de paz, de tranquilidad, atormentados por dificultades muchas veces imaginarias, esclavizados a depender de medicamentos psicotropos, inmersos en los vicios de las drogas, del tabaco, del alcohol, atormentados por la inseguridad, por la inquietud sexual y por el apego a los bienes materiales.

En el conjunto, los seres humanos, espiritualmente, se presentan en diferentes fases de evolución, aunque, tarde o temprano, todos deban llegar a estadios elevados de perfeccionamiento.

Nos presentamos en estados semejantes al de los espíritus que se encuentran en la erraticidad, de donde venimos, y que en la situación actual se presentan, igualmente, en diferentes fases de evolución.

De esa manera, se comprende que las criaturas todavía no pueden ser homogéneamente buenas o malas, pues obran de acuerdo con el nivel espiritual de evolución que habían alcanzado, y el alma imprime sus atributos morales al organismo que se comporta como un todo, constituido básicamente de cuerpo y alma.

Si, durante la vida, una criatura se dedica al bien, a las buenas acciones, a los actos edificantes, todo indica ser un alma evolucionada. Si es una persona egoísta, inducida al mal y para la perversidad, sería un alma atrasada, ignorante.

Esos estados de comportamiento no significan falta de habilitación educacional, social o profesional, pues hay innumerables seres que cursaron universidades o que ocupan elevadas posiciones en la sociedad, a los cuales les falta la Educación Espiritual, y se comportan con maldad, como exploradores de los semejantes, guerreros, agresivos, perversos, mentirosos, condiciones que se exteriorizan, muchas veces, por falsas sutilezas de bondad o de fineza en el trato..En verdad, como seres humanos, somos todos mendigos, necesitados de ayuda espiritual, pues formamos una sola humanidad, de seres encarnados y desencarnados, aguardando la oportunidad de alcanzar estadios más elevados de consciencia, bajo el influjo del Amor de Dios que envuelve todo el Universo.
Capítulo VIII

EL SUFRIMIENTO HUMANO
El sufrimiento es la manifestación del malestar, de dolor físico o moral. Ataca a los seres humanos en todos los países, en todas las edades y de diferentes condiciones económicas y sociales.

El sufrimiento físico puede manifestarse por falta de comodidad, dolores generalizados o por dolores que atacan a cualquier órgano o parte del cuerpo.

El sufrimiento moral, que constituye el objeto del presente trabajo, proviene de acciones más profundas, que incluyen la participación del alma.

En verdad, el sufrimiento del alma está siempre presente, tanto en el dolor físico, como en el dolor moral, visto que el alma participa de todos los actos de la vida, y no puede alienarse en los casos que atañe el sufrimiento humano.

Así, el sufrimiento del alma está presente en todos los casos de sufrimiento físico, y puede manifestarse por síntomas psicosomáticos de ansiedad, aflicción, miedo, depresión, pánico o desespero.

Puede venir, igualmente, como resultado de enfermedades graves en un familiar o de la pérdida de entes queridos, de bienes materiales o frente a problemas económicos, sociales o afectivos.

Puede ocurrir, todavía, frente a sufrimientos de otras criaturas, motivados por catástrofes colectivas, miserias, guerras o agresión que haya hacia los seres humanos.

El sufrimiento del alma puede ser causado por agresiones físicas o morales y se caracterizan por afectar a las personas en su sensibilidad emocional, haciéndolas sufrir. Se manifiesta a través de aflicciones, ansiedad, angustia, miedo o estados de sublevación.

El sufrimiento moral tiene una connotación para cada pueblo y para cada persona, de acuerdo con su concepción filosófica, religiosa o cultural, y expresa el sufrimiento del alma. Un ejemplo puede ilustrar esa observación. Dice la leyenda que, estando San Francisco enfermo, en la cama, fue alimentado con caldo de gallina y, más tarde, supo que el pequeño animal fue sacrificado para servirle de alimento. Encontró que cometieron un sacrilegio, un acto que para la mayoría de las personas es perfectamente natural.

En verdad, el concepto moral puede variar en los diferentes países, pero hay un concepto universal de moral, que consiste en no hacer al próximo lo que la persona no desea que sea hecho para sí misma.

Considerando de un modo amplio, para todas las formas de sufrimiento, unas personas sufren más, otras menos, aunque todas sean visitadas, más tarde o temprano, por alguna modalidad de sufrimiento.

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