Tesis en opción al Grado de Maestro en Ciencias del Agua




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COMPORTAMIENTO DE LOS PARámeros físicO-químicos de las aguas minerOMEDICINales del sector san miguel
(San miguel de los baños, matanzas, cuba)


Tesis en opción al Grado de Maestro en Ciencias del Agua



Autora: Ing. Ana María Moreno Cao
Tutor: Dr. En Ciencias Juan Reynerio Fagundo Castillo
Ciudad de La Habana
Marzo 1999

Falta

índice general


Relación de anexos (página 4)

Relación de figuras (página 4)

RESUMEN (página 5)




I. introducción (páginas 6-10)




    1. Antecedentes.

    2. Objetivos.-

    3. Programa de trabajo.

Figuras 9 y 10

-

ii. REVISIóN BIBLIOGRáFICA

En este capítulo se realizó una revisión de la literatura más actual referente a las aguas mineromedicinales y un análisis de los trabajos realizados anteriormente en el yacimiento de aguas mineromedicinales y naturales de San Miguel de los Baños en la provincia de Matanzas con vistas a dar cumplimiento a los objetivos propuestos en nuestro trabajo.


2.1. Términos y definiciones.

2.1.1. Aguas minerales y mineromedicinales.

Dentro de las aguas naturales deben destacarse las denominadas aguas minerales. Se distinguen del resto de las aguas naturales en que poseen prácticamente invariables su caudal, temperatura y composición química y bacteriológica. Cuando presentan reconocida acción terapéutica estas aguas se denominan mineromedicinales.

La norma cubana (NC: 93-01-218) establece las siguientes definiciones:

Agua mineral medicinal. Agua que por su composición y características propias puede ser utilizada con fines terapéuticos, desde el área de emergencia hasta el lugar de utilización, dada sus propiedades curativas demostradas por analogía de similares tipos de aguas existentes, por experiencia local, por estudios correspondientes o mediante ensayos clínicos y evolución de procesos específicos o de experiencia médica comprobada, y conservar después de ser envasada sus efectos beneficiosos para la salud humana.

Agua de manantial. Agua que emerge espontáneamente a la superficie de la tierra con un caudal determinado por el ciclo hidrológico después de ser captada mediante labores practicadas para su explotación. No posee las propiedades del agua mineral.

También se plantea que esta agua deben poseer más de un gramo de minerales disueltos por kilogramo (kg) de agua o bien componentes especiales por cantidad superior a determinadas proporciones, además se establecen restricciones con relación a temperatura y no deben poseer gérmenes patógenos (NC: 93-01-218).

Por ejemplo, la OMS en 1969, consideró como agua mineral natural la bacteriológicamente incontaminada, procedente de fuentes subterráneas, como un mínimo de mineralización de 1 g por Kg de agua o 250 mg de CO2 libre, con propiedades favorables para la salud, según criterios admitidos por el Comité Coordinador de la FAO/OMS (1985).

Según Cadish (1964, en Urbani, 1991), un agua mineral es aquella con un residuo seco superior a 1g/l, o sin tener la cantidad de residuo tenga más de 1 mg/l de litio, 5 mg/l de hierro, 5 mg/l de estroncio, 1 mg/l de iodo, 2 mg/l de flúor, 1,2 mg/l de sílice, etc. Si no se dispone de la información sobre el residuo seco se puede utilizar el total de sólidos disueltos (igual a la suma de aniones y cationes), en exceso a 1g/l. Según Ninard (en Armiejo-Valenzuela y San Martín, 1994a) las aguas mineromedicinales son aquellas aguas minerales que administradas en determinados procesos patológicos cumplen una función terapéutica.

2.1.2.. Evolución histórica de las Curas Termales.

Se puede admitir que desde tiempos muy remotos se utilizan las aguas minerales como remedio para la salud. Por aquel entonces las interpretaciones de sus efectos curativos o beneficiosos a la salud, estaban esencialmente vinculadas a las prácticas de hechicería. En las primitivas civilizaciones, los espíritus, ninfas o dioses eran los encargados de distribuir la salud y la enfermedad (Armiejo-Valenzuela, 1994a).

Uno de los pueblos más antiguos que difundió y utilizó este tipo de cura fueron los griegos y la mayor parte de sus centros médicos disponían de manantiales que facilitaban las prácticas hidroterápicas aunque en ellas seguían prevaleciendo la acción del instinto, la casualidad, el tanteo y la observación.

En la antigua Roma los complejos termales alcanzaron también la condición de monumentos extraordinarios y sus normas y la utilización de las aguas con fines terapéuticos se extendieron por Europa con la dominación romana. Luego, la dominación los bárbaros supuso la destrucción de gran número de termas romanas y un paso atrás en el desarrollo de las curas hidrotermales, y por otra parte los emperadores cristianos, al considerar que la promiscuidad que se daba con frecuencia en las termas, facilitaba los actos inmorales y la relajación de las costumbres, limitaron y hasta penalizaron su empleo lo que determinó una merma en sus aplicaciones.

La cultura arábica, por su parte, fomentó el empleo de los baños así como la utilización de las aguas mineromedicinales con fines curativos y médicos aunque siempre guiados por el empirismo.

Las cruzadas dieron paso también a un nuevo florecimiento en las curas termales, al utilizarse estas aguas para facilitar la recuperación de heridos y combatir las enfermedades del Oriente; pero la idea de inmoralidad y el miedo al contagio de enfermedades impidió la generalización de estos tratamientos.

En el siglo XV los descubrimientos geográficos permitieron comprobar que las primitivas civilizaciones del Nuevo Mundo utilizaban las aguas minerales para conservar y mejorar la salud, figurando prácticas hidroterápicas en algunos rituales americanos precolombianos.

En los siglos siguientes los avances en la terapéutica y en la Hidrología Médica como tal no fueron trascendentales, hasta que a partir del siglo XVIII aumenta el número de publicaciones al respecto y se inician, con los medios con que se contaba en la época, los estudios analíticos de las aguas minerales. En ese siglo y en el XIX el avance de la hidroterapia se debió a la influencia de personas carentes de estudios médicos y a la idea de que la naturaleza y los medios naturales constituían las vías más adecuadas para mejorar la salud de los enfermos.

Ya en los inicios de nuestro siglo, la Hidrología Médica se ha incorporado a la evolución científica de nuestro tiempo y apoyada en los conocimientos cedidos por las Ciencias Naturales, la Física, la Química, la Fisiología, la Farmacología, etc., ha perdido gran parte de su empirismo para hacerse cada vez más científica. El estudio de la composición de las aguas minerales, sus acciones sobre órganos y funciones en organismos sanos y enfermos, la apreciación precisa de los resultados terapéuticos, etc. hace que la Hidrología Médica actual pueda ser incluida sin duda de ningún género, entre las ramas del saber médico.

Aunque en muchos casos la terapia medicamentosa y quirúrgica ha relegado las curas balnearias, esto no significa que su utilización carezca de eficacia o justificación. Es en algunos casos un tratamiento exclusivo, agente coadyuvante en otros y puede ayudar en la recuperación en muchos pacientes.

La utilización de los recursos termales en la actualidad se realiza integrando los elementos de salud, de elevación de calidad de vida y recreativo; es por ello que el concepto de Termalismo actual expresa lo siguiente: "El Termalismo Moderno es un instrumento puntual y esencial dentro del campo de la prevención, curación y recuperación de la salud humana así como, remedio eficaz para la elevación de la calidad de vida, en centros de salud, de estética y belleza, spas y otras instalaciones similares, que se valen de la aplicación en personas sanas y enfermas de técnicas y procederes específicos para el uso de un grupo particular de recursos naturales como: las aguas minerales, los fangos y aguas mineromedicinales, el agua de mar, las aguas madres y salmueras, las algas, el clima y el sol, asociados a procederes de la medicina física y tradicional y a las modernas técnicas económicas y de mercadeo, apoyado en una base científica devenida de los conocimientos aportados por las ciencias naturales, la geología, la fisiología, la patología, la microbiología, la higiene y la epidemiología" (Avarez, 1996).

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