Indicadores de medio ambiente urbano. Breves reseñas




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Indicadores de medio ambiente urbano. Breves reseñas



El antecedente más claro de los indicadores de sostenibilidad urbana lo encontramos en los indicadores sociales. En este sentido destacan las aportaciones realizadas por miembros de la incipiente Escuela de Chicago desde los años treinta en el marco de la ecología urbana.

El movimiento moderno de los indicadores sociales se inicia a mediados de los sesenta, con un gran desarrollo en los setenta, configurándose como rechazo al dogma imperante hasta entonces de medición del bienestar social mediante indicadores estrictamente económicos o monetarios que dejan de lado muchas consideraciones importantes (externalidades) para evaluar el verdadero coste/bienestar social.

Desde esta perspectiva, el interés primordial es conocer la naturaleza y el funcionamiento de las ciudades, las grandes desconocidas, aportando para ello nuevas medidas de aspectos sociales muy relacionados con la calidad de vida y el desarrollo.

Sin embargo, el enfoque de los indicadores sociales no ha tenido la proyección que se esperaba en un primer momento.

Una serie de matices diferencian el actual uso de los indicadores de desarrollo sostenible del enfoque originario de los indicadores sociales. Estas diferencias surgen a raíz de las necesidad de nuevos instrumentos para la toma de decisiones capaces de “dar el salto” desde el “paradigma desarrollista” al “paradigma ambiental” o sostenible.

En este sentido, no solamente se toman en consideración los aspectos sociales y distributivos -tal y como se derivó en un primer momento del enfoque de los indicadores sociales-, sino también se manejan nuevos conceptos como la equidad intergeneracional, la capacidad de carga del ecosistema, la generación de efectos externos negativos (calentamiento global, agujero de la capa de ozono) o el crecimiento incontrolado de la llamada huella ecológica del asentamiento. En definitiva, se integran más dimensiones a la hora de valorar el desarrollo.

Durante los setenta se producen los más importantes avances en el desarrollo de indicadores ambientales urbanos. Como síntesis de esta etapa es necesaria la referencia al informe de la OCDE (1978) sobre indicadores de medio ambiente urbano, el cual se centra en la medición de la calidad de vida urbana respecto a las condiciones de vivienda, servicios, mercado de trabajo y la calidad del medio ambiente urbano. Este trabajo continúa con el siguiente informe sobre indicadores urbanos (OCDE, 1997).

Algunos conceptos básicos sobre indicadores


En términos coloquiales, un indicador no es mas que una estadística (emisiones CO2) que nos ofrece información más allá del dato mismo, permitiendo un conocimiento más comprehensivo de la realidad que pretendemos analizar (calentamiento global del planeta). En definitiva, el indicador es una medida de una parte observable de un fenómeno que permite valorar otra porción no observable de dicho fenómeno. Se convierte pues en una variable que “indica” determinada información sobre una realidad que no se conoce de forma completa o directa: el nivel de desarrollo, el bienestar, etc. El indicador ha de permitir una lectura sucinta, comprensible y científicamente válida del fenómeno a estudiar.

Encontramos otras definiciones tales como la que utiliza el Ministerio de Medio Ambiente en su trabajo “Indicadores ambientales. Una propuesta para España” (1996):
“un indicador ambiental es una variable que ha sido socialmente dotada de un significado añadido al derivado de su propia configuración científica, con el fin de reflejar de forma sintética una preocupación social con respecto al medio ambiente e insertarla coherentemente en el proceso de toma de decisiones”.
En la misma publicación se contempla el concepto de índice, que se define como la expresión numérica, de carácter adimensional, obtenida de la fusión de varias variables ambientales mediante criterios de ponderación específicamente definidos. Posee un carácter social más acentuado debido a la intencionalidad con que se establece el proceso de ponderación.

Así mismo, el Instituto francés de Medio Ambiente (IFEN) define los indicadores como:
“... Un dato que ha sido seleccionado a partir de un conjunto estadístico más amplio por poseer una significación y una representatividad particulares. Los indicadores condensan la información y simplifican el acercamiento a los fenómenos medioambientales, a menudo complejos, lo que les hace muy útiles para la comunicación ...”
Como reglas básicas, e independientemente de la metodología seguida a la hora de diseñar el conjunto de indicadores, los requisitos que un indicador debe cumplir son:

  • ser instrumentos de comunicación

  • estar basados, en la medida de lo posible, en conocimientos científicos y en datos fiables,

  • contener una información que sea representativa,

  • ser capaces de señalar los cambios de tendencia,

  • proporcionar información de relevancia,

  • ser simples y claros,

  • proponer metas a alcanzar,

  • permitir comparaciones interterritoriales,

  • ser eficientes en términos de obtención de datos y de uso de la información.


Algunos de los problemas que pueden plantearse al utilizar indicadores son los siguientes:

  • Ambigüedad en cuanto al significado del indicador o disociación entre el indicador y el fenómeno a medir.

  • Escasez de datos estadísticos.

  • Heterogeneidad de las fuentes estadísticas.

  • Dificultad práctica de incluir los indicadores subjetivos o de percepción.

  • Problema para realizar comparaciones tanto intertemporales como interespaciales. El seguimiento de un indicador a lo largo del tiempo puede dificultarse por variaciones en la elaboración de los datos estadísticos de base, así como pérdida de representatividad del mismo. Asimismo, no siempre es posible comparar el mismo indicador entre, por ejemplo, ciudades cuya estructura, morfología o evolución son diametralmente opuestas.


De entre las innumerables utilidades que ofrece un sistema de indicadores, la principal sin duda es resolver los problemas existentes de información urbana y ambiental que existen. Sin embargo, no es suficiente con recoger información sino también es necesario homogeneizar dichas técnicas para compatibilizar los sistemas de indicadores de diferentes núcleos urbanos, salvándose así los problemas de comparabilidad interespacial e intertemporal.

Los indicadores ambientales surgen como resultado de la creciente preocupación por los aspectos ambientales del desarrollo y el bienestar humano, proceso que requiere cada vez más y mayor información y, a la vez, de información mejor organizada de cara a la toma de decisiones. Esta doble vertiente es un campo de conflicto permanente pues los indicadores deben recoger un cúmulo cada vez mayor de información compleja en un número cada vez menor de componentes paramétricos. La inclusión de los efectos de las dimensiones social y económica sobre el medio complica aún más esta tarea.

Como justificación del incremento de la demanda de este tipo de indicadores encontramos cuatro razones fundamentales:

  • Es necesario realizar medidas de las políticas ambientales.

  • La integración de las cuestiones ambientales en las políticas sectoriales.

  • La integración ambiental, más general, de la toma de decisiones (a través de la contabilidad ambiental, por ejemplo).

  • Elaboración de Informes del estado del medio ambiente.

Dentro de la amplia gama de indicadores ambientales, los llamados indicadores de sostenibilidad han experimentado un considerable auge, sobre todo gracias al Programa Agenda 21. Reconociendo las limitaciones de los análisis globales, el interés de este tipo de indicadores es cuantificar los impactos y los avances producidos en materia de desarrollo sostenible. Esta finalidad plantea la problemática de evaluar el equilibrio entre el desarrollo económico, social y ambiental.

La Agenda 21 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio ambiente y Desarrollo (UNCED) considera la función de estos indicadores en su capítulo 40: “Se han de implementar indicadores de desarrollo sostenible para proveer de base sólida la toma de decisiones a todos los niveles y contribuir a la sostenibilidad autoregulada de los sistemas que integran el desarrollo y el medio ambiente.”

Se trata por tanto de unos indicadores claramente orientados a la toma de decisiones y a las respuestas sociales derivadas de aquéllas, más que a la descripción exhaustiva del sistema urbano.

Sin embargo, si lo que perseguimos es la aproximación a la medida de la sostenibilidad, nos encontramos con el problema práctico de la inexistencia de una definición objetiva y cuantitativa, lo cual obliga a hacer un considerable esfuerzo para referenciar el valor de cada indicador a ciertos criterios o principios generales de gestión de los recursos naturales, que sean además generalizables para otros entornos urbanos. El objetivo es aproximarnos a una medida flexible y abierta de la sostenibilidad, de índole cuantitativa (o que al menos permita su ordenación y el establecimiento de un sistema de ponderaciones) y trasladada a cada indicador específico. La consideración del concepto de sostenibilidad como la suma de al menos tres dimensiones (social, económica y ambiental), permite al menos la simplificación del análisis, aunque complica la identificación de las interrelaciones entre, por ejemplo, los desequilibrios sociales y los ambientales. El objetivo que queremos valorar: “la sostenibilidad”, se ha de entender como el compromiso entre la consecución de los máximos niveles de equilibrio entre los distintos subsistemas. La cuestión de la medida de la sostenibilidad se encuentra tras la gran mayoría de aplicaciones de sistemas de indicadores ambientales.

No existe una metodología única en materia de indicadores de desarrollo sostenible. Hasta ahora, en la esfera internacional, se están usando baterías de indicadores ambientales junto a indicadores sociales y económicos.

Además, otras experiencias se están basando en la asignación de un único indicador simple con disponibilidad de información a cada uno de los objetivos que delimitan la sosteniblidad (por ejemplo, los apartados en la agenda 21). Esta alternativa es la utilizada por EUROSTAT y Naciones Unidas. Sin embargo, este enfoque está orientado más hacia los “creadores de información” que a los usuarios de la misma, por lo que se dejan aparte importantes cuestiones acerca de las cuales no existen datos.

La mayoría de ciudades que cuentan con indicadores de sostenibilidad se decantan principalmente por indicadores de sostenibilidad física (p.e.: consumo gasolina per cápita), sin embargo, la aportación de los indicadores de disponibilidad de opciones de estilo de vida más sostenibles (p.e.: nº de usuarios de bicicletas o nº de coches eléctricos) pueden resultar de gran importancia a la hora de compaginar la sostenibilidad física con el bienestar social.

Lo verdaderamente relevante es que un sistema de indicadores distorsionado bien por la escasa información existente, bien por el mal entendimiento de sus interrelaciones, puede provocar concepciones erróneas de la sostenibilidad.

El proyecto de Indicadores comunes para la sostenibilidad local


Dada la enorme heterogeneidad de trabajos relacionados con el tema se vio necesario hacer una puesta en común de los distintos indicadores que se usan en las ciudades, para así poder realizar comparaciones más eficientes. Así, como resultado de la cuarta conferencia regional de las Ciudades Sostenibles Europeas (La Haya, Junio 1999), comienza el proyecto “Indicadores comunes para la sostenibilidad local” auspiciado por la DG XI de la Comisión Europea. Los objetivos de este proyecto son:

  • Facilitar la identificación de un conjunto de indicadores comunes de sostenibilidad local ligados a la huella ecológica a través de un enfoque abajo-arriba.

  • Fortalecer la adopción formal de los instrumentos resultantes (incluyendo una primera generación de indicadores) en la Tercera Conferencia Europea sobre Ciudades Sostenibles en Hannover (Febrero 2000).


Los criterios clave para orientar este trabajo de selección de indicadores han sido:

  • El enfoque sobre la sostenibilidad local implica la necesidad de indicadores integrados, cada uno de los cuales ha de integrar varias dimensiones de sostenibilidad, más que reflejar un aspecto puramente sectorial.

  • La relación con procesos políticos, dado que el proyecto persigue motivar a las autoridades locales a desarrollar e implementar el diseño de sus políticas, valorándolas en términos realistas.

  • El enfoque abajo-arriba a través del cual el proyecto se está realizando, con el nivel local llevando a cabo un papel activo en la definición y consenso de los indicadores, asegurándose el acuerdo con los usuarios finales de tales indicadores.


Tras una primera propuesta presentada, el Grupo de Expertos sobre Medio Ambiente Urbano de la Unión Europea ha trabajando con las sugerencias y comentarios recibidos por parte de las autoridades locales, técnicos municipales e investigadores y profesionales. Finalmente, se ha concluido en un conjunto de diez indicadores, cinco obligatorios y cinco voluntarios aplicables a las ciudades que se acojan al proyecto europeo.

En la reunión celebrada en Sevilla en el mes de octubre del presente año, se han debatido cuestiones relacionadas con el grado de incorporación y los problemas asociados al cálculo y aplicabilidad/representatividad de los indicadores seleccionados.
Relación de indicadores obligatorios:


  • Satisfacción de los ciudadanos con la comunidad local

  • Contribución local al cambio climático

  • Movilidad local y transporte de pasajeros

  • Existencia de zonas verdes públicas y servicios locales

  • Calidad del aire exterior local


Relación de indicadores voluntarios:


  • Transporte escolar

  • Gestión sostenible de la entidad local y las empresas locales

  • Contaminación por ruido

  • Explotación sostenible del suelo

  • Sostenibilidad en la promoción de productos.


Indice de Sostenibilidad Europeo (ISE) y Modelo ABC.
Esta interesante metodología desarrollada por el Instituto Internacional para el Medio Ambiente Urbano (IIUE) supone un buen ejemplo de sistema de indicadores urbanos de desarrollo sostenible, estructurado según un modelo (ABC) y una tipología de indicadores (tres dimensiones), mediante los cuales se crea un índice final (ISE), el cual mide el progreso hacia la sostenibilidad urbana.
El ISE se determina a partir de una serie de indicadores de tres dimensiones:

FLUJO DE RECURSOS o serie de materiales, bienes, comida, energía y agua (y sus flujos de polución y residuos)

PAUTAS de uso de la tierra, tráfico, transporte y su impacto en el ecosistema y el paisaje

CALIDAD AMBIENTAL URBANA, del agua, aire, acústica, seguridad del tráfico, condiciones de vivienda, espacios verdes y abiertos.
Los indicadores principales seleccionados son:
Medio ambiente saludable. Número de días por año que a nivel local no se superan los estándares para calidad del aire.

Espacios verdes. Porcentaje de población que tiene acceso a superficie verde a cierta distancia.

Uso eficiente de los recursos. El consumo de energía total y de agua, y la producción de residuos finales para verter al medio per capita y año. Ratio de renovable/no renovable de fuentes de energía.

Calidad del medio ambiente urbanizado. La ratio de espacios abiertos relacionado con el área usada por coches.

Accesibilidad. El número de kilómetros viajados por modo de transporte (coche, bicicleta, transporte público, etc.) por año y per cápita.

Economía verde. Porcentaje de compañías que han participado en esquemas de auditoría ambiental y eco-gestión o similares.

Vitalidad. El número de actividades y equipamiento socio-cultural.

Justicia Social. El porcentaje de personas viviendo por debajo de la línea de la pobreza.

Bienestar. Una muestra de la satisfacción de los ciudadanos sobre la calidad de vida. El contenido de esta encuesta se determina localmente.

Indicadores de Medio Ambiente Urbano utilizados a nivel internacional


La recopilación de datos comparables sobre los asentimientos urbanos a nivel mundial resulta increíblemente difícil.

El Centro de las Naciones Unidas para los Asentimientos Urbanos (Hábitat) es la única institución internacional con un mandato específico de reunir información sobre las áreas urbanas.

Este condicionante hace que los trabajos de recopilación y tratamiento de información sean altamente difíciles. Los políticos y gestores locales necesitan información para tomar decisiones de gestión sostenibles. Además, los políticos regionales, nacionales e internacionales necesitan información sobre los problemas urbanos para establecer prioridades, asignar recursos y ayudar a la obtención de soluciones de la problemática ambiental urbana.

A continuación se hace un repaso sobre algunas de las propuestas de indicadores de instituciones tales como la ONU, OCDE, EUROSTAT, AEMA, etc.

Programa de Indicadores Urbanos. UNCHS/HABITAT


El sistema de indicadores urbanos propuesto por la Conferencia sobre Asentamientos Humanos (HABITAT) dentro de su Programa de Indicadores Urbanos, tiene la intención de establecer para la escala mundial una Red de Observatorios Urbanos que permita la evaluación y control de la implementación de los Programas Hábitat y Agenda 21. Dichos indicadores iniciaron su andadura en 1988 sobre la base de 53 ciudades (mayoritariamente de países en vías de desarrollo) y con una propuesta de 49 indicadores esenciales y un total de 128 al incluir otras dimensiones.

Datos básicos

Usos de la tierra.

Población urbana.

Tasa de crecimiento poblacional.

Hogares encabezados por mujeres.

Tamaño medio de los hogares.

Tasa de creación de hogares.

Distribución de rentas.

Producto urbano por persona.

Tipo de tenencia de la vivienda.
1. Desarrollo socioeconómico.

Hogares por debajo del umbral de pobreza.

Empleo informal o sumergido.

Camas de hospital.

Mortalidad infantil.

Esperanza de vida al nacer.

Tasa de alfabetización adulta.

Tasa de escolarización.

Nº de aulas escolares.

Tasa de criminalidad.
2. Infraestructuras.

Conexiones a las redes de las viviendas.

Acceso a agua potable.

Consumo de agua.

Precio medio del agua.
3. Transportes.

Intercambio modal.

Tiempo de desplazamiento.

Gasto en infraestructuras viarias.

Parque automovilístico.
4. Gestión medioambiental.

Tratamiento de aguas residuales.

Generación de residuos sólidos.

Tratamiento de residuos sólidos.

Recogida regular de residuos sólidos.

Viviendas destruidas.
5. Gobierno local.

Principales fuentes de ingreso.

Gasto per cápita.

Intereses por préstamos.

Empleados en la administración local.

Capítulo presupuestario de salarios

Tasa de gasto contractual recurrente.

Departamentos administrativos que proveen servicios.

Control de los niveles superiores de gobierno.
6. Vivienda.

Relación entre el precio de la vivienda y los ingresos.

Alquileres en relación con los ingresos.

M2 de la vivienda por persona.

Estructuras y suministros permanentes.

Vivienda en alquiler.

Multiplicador de desarrollo urbanístico.

Gasto en infraestructuras.

Relación entre hipotecas y créditos totales.

Producción de viviendas.

Inversión en vivienda.

EUROSTAT


Recientemente, Eurostat ha publicado los primeros resultados obtenidos en materia de indicadores de presión ambiental “Hacia indicadores de presión medio ambiental” (EUROSTAT, 1999) dentro del proyecto TEPI. El medio ambiente urbano se incluye entre las áreas de interés, por lo que se plantea la posibilidad de establecer un índice de presión ambiental en las aglomeraciones urbanas como parte del sistema europeo de índices de presión ambiental.

La base de trabajo consiste en 60 indicadores de alta prioridad, agrupados en 10 ámbitos de política medioambiental. Estos ámbitos son:
Polución del aire.

Cambio climático.

Pérdida de biodiversidad.

Medio ambiente marino y zonas costeras.

Agujero de la capa de ozono.

Agotamiento de recursos.

Dispersión de substancias tóxicas.

Medio ambiente urbano.

Residuos.

Contaminación del agua y recursos hídricos.
De esos indicadores, aproximadamente un tercio de los mismos han sido producidos con datos actualmente disponibles en EUROSTAT. Otro tercio han sido creados a partir de información procedente de otros institutos internacionales, tales como la Agencia Europea de Medio Ambiente y otros. Los 20 indicadores aproximadamente restantes han sido calculados a partir de cero.
En materia del ámbito referido al medio ambiente urbano los indicadores seleccionados han sido:

Consumo de energía.

Residuos municipales no reciclados.

Aguas residuales no tratadas.

Participación del transporte en coche privado

Población afectada por emisiones de ruido.

Uso de la tierra.

Habitantes por áreas verdes.

Consumo de agua per cápita.

Emisiones de SO2 y NOx

Áreas abandonadas

Emisiones de COx
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)
La aportación de la OCDE ha sido la de clarificar la distinción entre indicadores descriptivos y de ejecución. Básicamente los primeros son derivados de las medidas de las condiciones existentes y los de ejecución ayudan a identificar la correspondencia, o ausencia de ésta, entre condiciones ambientales y una meta o política.
Otro aporte de la OCDE ha sido la adopción del esquema Presión-Estado-Respuesta.
La OCDE estableció en 1993 una serie de 30 indicadores ambientales agrupados de la siguiente forma:

Cambio climático y destrucción de la capa de ozono

Emisiones de gas de efecto invernadero (CO2, CH4, CFCs, N2O)

Concentración de gases de efecto invernadero y destrucción de capa de ozono (CO2, CH4, N2O, CFC-11, CFC-12, Cloro gaseoso total).

Intensidad energética.

Eutrofización

Nitrógeno proveniente de abono y ganadería

Calidad de los ríos: Contaminación bioquímica (O2, nitratos, fosfatos) y tratamiento de aguas residuales.

Acidificación

Emisiones de SOx

Emisiones de NOx

Lluvia ácida (pH, sulfatos, nitratos)

Contaminación tóxica

Consumo de pesticidas

Calidad de los ríos: metales tóxicos (Pb, Cd, Cu)

Precio y tasación de carburantes (diesel, gasolinas con y sin Pb)

Calidad del medio urbano

Densidad de la circulación

Calidad del aire (SO2, NO2)

Biodiversidad de paisajes

Especies amenazadas (animales vertebrados, plantas vasculares)

Zonas protegidas (reservas científicas, parque nacionales, monumentos naturales, reservas naturales, paisajes protegidos)

Residuos

Producción

Residuos municipales

Residuos peligrosos

Porcentaje de reciclaje (papel, cartón, vidrio)

Recursos naturales

Utilización de recursos de agua

Utilización de recursos forestales

Precios del pescado (marinos y de interior)

Indicadores generales

Población

Utilización de suelos

Crecimiento de la actividad económica

Consumo final privado

Producción industrial

Aprovisionamiento de energía

Evolución del transporte

Gastos contra la contaminación
Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA)
La AEMA emitió en 1995 el informe “Medio Ambiente en Europa” (The Dobris Assesment) con el apoyo de la D.G. XI y del programa europeo Phare, en cooperación con la OCDE, las Naciones Unidas, el Consejo de Europa, la UICN, la OMS, Eurostat y los países europeos. En su capítulo 10, “El medio urbano” se proponen 55 indicadores ambientales urbanos agrupados en 16 atributos urbanos y centrados en 3 temas: Diseño urbano, flujos urbanos y calidad ambiental urbana.

El set de indicadores intenta identificar los mayores problemas urbanos en función de la información y datos incluyendo aspectos sociales y económicos de los asentamientos humanos. Un total de 72 ciudades europeas fueron incluidas (comunitarias y no comunitarias). Pero sólo para 20 indicadores se contaba con los datos necesarios para la comparación: de estos, únicamente 51 ciudades tenían esa información. Constatando una vez más la falta de información y la dificultad de su obtención (dispersos entre agencias locales y niveles de gobiernos).
INDICADORES PROPUESTOS POR LA AGENCIA EUROPEA DE MEDIO AMBIENTE

INDICADORES PARA EL DISEÑO URBANO



Población urbana

Población

Nº de habitantes en la ciudad

Nº de habitantes en la conurbación
Densidad de población

Población por km2

Áreas por densidades

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