La angina de pecho, también conocida como angor pectoris, no es una enfermedad propiamente dicha, sino un dolor que aparece cuando la pared muscular del corazón no recibe, de forma temporal, una cantidad suficiente de oxígeno




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HIPERCOLESTEROLEMIA 

Las cifras de colesterol adecuadas en la sangre de los organismos adultos sanos varían de forma considerable según la edad y el sexo, aunque existen grandes diferencias entre distintos países. Sus niveles pueden oscilar entre 150 y 280 mg por cada 100 ml de sangre. 

Aunque una elevada concentración de colesterol en la sangre puede tener diversos orígenes, entre los que se incluye el genético, el más habitual se encuentra en una ingestión excesiva de grasas de origen animal. 

Cualquier que sea la causa de una hipercolesterolemia, ésta puede reducir en poco tiempo siguiendo una dieta con un bajo contenido en grasas saturadas. 

La elevada concentración de colesterol en la sangre puede contribuir a la aparición de arteriosclerosis, u obstrucción de las arterias, y de enfermedades vasculares y cardíacas. 

GRASAS DE LA DIETA 

Las dietas seguidas en los países occidentales contienen un porcentaje muy alto de grasas animales, y por lo tanto también la cantidad de colesterol que circulan por el organismo de sus pobladores es mayor que el hemisferio oriental del planta, donde la alimentación se basa en el consumo de cereales y de vegetales. 

Las grasa de la dieta son sustancias que, en proporción, aportan más energía al organismo que el resto de los demás alimentos, además de constituir una parte importante del sabor, la textura y la consistencia de dicho alimento. Además, las grasas sirven como vehículo de ciertas vitaminas que sólo se disuelven en ellas, como la "A", la "D", la "E" y la "K". En ciertos países del norte del planeta, donde la generalidad de la gente es obesa, las grasas constituyen hasta el 40% de los alimentos ingeridos. 

En el organismo las grasas cumplen una función aislante, ya que se depositan bajo la piel, constituyendo a mantener la temperatura. También sirven como protección frente a pequeños traumatismos, y que absorben el impacto de los pequeños golpes y caídas. 

La ingestión diaria de una cucharadita de lecitina de soja contribuye a eliminar el colesterol

Acidos grasos  

Las grasas están compuestas básicamente por ácidos grasos, los cuales se clasifican en saturados e insaturados en función de su estructura química. 

Los ácidos grasos saturados se encuentran en las grasas de origen animal, como la leche, la manteca, la mantequilla y algunos aceites vegetales, que cuando son ingeridos incrementan los niveles de colesterol en la sangre. 

Los ácidos grasos insaturados se dividen en: monosaturados que aparecen en los aceites de oliva y de cacahuete y en los aceites procedentes del pescado azul, y los poliinsaturados, que son de origen vegetal, se obtienen de la soja, el maíz, el girasol y la semilla de algodón, entre otros. Ambos tipos reducen o equilibran los niveles de colesterol del organismo. En este grupo hay algunos ácidos llamados "esenciales", ya que su carencia puede provocar alteraciones graves en el desarrollo de los niños, además de volver la piel seca y escamosa. 

Los especialistas en nutrición recomiendan que las grasas de la dieta estén compuestas por ácidos grasos insaturados, lo cual se logra comiendo carne con poca grasa, friendo con aceites vegetales y moderando el consumo de derivados lácteos sin descremar, de otra forma, si los ácidos grasos saturados son muy abundantes, se favorece el proceso de estrechamiento y de pérdida de elasticidad arterial conocido como arterioscleros 

ARTERIOSCLEROSIS 

La arteriosclerosis es debida a la alta concentración de colesterol que se acumula y deposita en las paredes de las arterias, disminuyendo su elasticidad y reduciendo su diámetro. Además esta, enfermedad disminuye el flujo sanguíneo a través de los vasos afectados y, por tanto, la cantidad de sangre que llega a los órganos que irrigan. 

Como consecuencia de esta disminución de aporte sanguíneo se puede provocar dolencias como angina de pecho, infarto, arteriosclerosis cerebral. 

Pese a que lo comentado hasta ahora aún tiene validez, si llega a confirmarse la teoría expresada hace muy poco tiempo sobre la causa final de la arteriosclerosis, habrá que desvincular el colesterol y, en consecuencia, los alimentos que lo contienen, así como el tabaco, de las causas de la enfermedad. 

Esta nueva teoría relaciona la arteriosclerosis con un virus común, del tipo citomegalovirus, que tiene la capacidad de infectar las células que revisten las paredes interiores de las arterias y de inducir en ellas una división incontrolada. 

Además, el virus produce una proteína que bloquea la acción de las proteínas encargadas de frenar la división celular que genera el gen p53, relacionando con muchos tipos de cáncer. 

Si la comprobación científica de este reciente descubrimiento confirma todos los supuestos, se habrá logrado un avance importantísimo en el tratamiento de la arteriosclerosis, pues podrá ser combatida con procedimientos y medicamentos antivirales. 

 MEDIDAS PARA REDUCIR EL COLESTEROL DEL ORGANISMO

 Aumentar el consumo de:

  • Alimentos vegetales.

  • Pescado

  • Quesos y leche descremados

  • Legumbres


Limitar el consumo de: 

  • Carne, grasas animales y sus derivados

  • Quesos grasos

  • Fritadas

  • Huevos

  • Mariscos

  • Seso, hígado y riñones.

  • Azúcar, café y vino

  • Pan y pastas, si se padece de sobrepeso.







HIPERTENSIÓN ARTERIAL

El mantenimiento de una adecuada presión arterial es de gran importancia para el buen funcionamiento del sistema circulatorio. La hipertensión es la alteración más frecuente de la presión arterial y supone un factor de riesgo importante.

La presión arterial está causada por las contracciones periódicas del ventrículo cardíaco izquierdo en su función de bombear la sangre hacia todo el organismo a través de las arterias.

Se denomina tensión arterial a la resistencia que ofrecen las paredes de las arterias al paso de la sangre impulsada por el corazón.

En cada latido del corazón se produce una onda de presión máxima llamada presión sistólica, cuando la sangre es impulsada por la arteria pulmonar y la aorta, mientras que la presión mínima o la llamada presión diastólica es la que se detecta cuando el corazón está totalmente distendido y lleno de sangre. 

PRESION NORMAL 

La presión sanguínea puede variar considerablemente en diversas circunstancias. Por lo general, aumenta con la edad y también con el estrés. Al efectuar la medida de la presión se dan dos valores: la máxima (presión sistólica) y la mínima (presión diastólica).

Así, para una persona adulta (joven o de mediana edad) se considera que una presión normal es de 120 y 80 (que se expresa por 120/80), donde, evidentemente, 120 es la presión máxima y 80 la mínima. Se puede considerar que sufre cierta hipertensión (tensión sanguínea elevada) si alcanza 140/90, y requiere tratamiento médico sin demora si sus valores son 160/95.

HIPERTENSION 

Existe hipertensión cuando el corazón bombea sangre hacia las arterias con una fuerza superior a la necesaria para mantener un flujo sanguíneo continuo. Hay dos formas distintas de hipertensión: la esencial y la secundaria. Se denomina hipertensión esencial (la más frecuente) aquella que se presenta sin que exista razón aparente que la motive; no obstante, hay factores que comparten quienes padecen esta forma de hipertensión: además de existir cierta predisposición hereditaria, por lo general se trata de personas con un peso excesivo, fumadores y sometidos a situaciones de estrés. La llamada hipertensión secundaria es aquella que está causada por ciertas afecciones, como las enfermedades renales y los trastornos hormonales; también son causa de hipertensión secundaria el embarazo y la toma de anticonceptivos orales. 

No existen síntomas característicos de la hipertensión moderada, pues sólo se aprecian palpitaciones y dolor de cabeza cuando la presión alcanza valores muy altos. Por dicha razón, es aconsejable que las personas mayores y con predisposición a sufrir hipertensión controlen su presión arterial de forma regular, preferentemente con una periodicidad mensual 

Complicaciones 

El principal peligro de una presión alta mantenida durante muchos años consiste en el accidente cardiovascular. El continuado ejercicio forzado del corazón produce lesiones en el interior de las arterias coronarias favoreciendo el depósito de sustancias grasas (ateroma) y el estrechamiento y posible bloqueo que puede dar lugar a una trombosis coronaria. La persona hipertensa tiene, además, un elevado índice de riesgo de sufrir insuficiencia cardíaca congestiva o apoplejía. Los riñones también se ven afectados por una tensión elevada, pudiendo producirse una insuficiencia renal crónica que, a su vez, es causante de hipertensión, con lo cual se crea un círculo vicioso de difícil tratamiento. 

Tratamiento. 

Los fármacos que el médico suele prescribir para el tratamiento de la hipertensión son, por lo general, betabloqueantes, diuréticos y vasodilatadores. Los betabloqueantes actúan reduciendo la acción de la adrenalina, los diuréticos estimulan la producción de orina, lo cual facilita la pérdida de sal por los riñones, y los vasodilatadores disminuyen la resistencia de las paredes arteriales. Estos fármacos deben tomarse siempre bajo prescripción facultativa, siguiendo las indicaciones con exactitud. 

La dieta tiene una influencia considerable en el tratamiento de la hipertensión. Debe evitarse el consumo excesivo de sal y de alimentos muy condimentados.

COMO CONTROLAR LA HIPERTENSION 

Si una persona sufre hipertensión esencial o mantiene de forma prolongada una presión elevada, puede adoptar una serie de medidas que redundarán positivamente en un mejor control de su tensión. 

- Dejar de fumar o, por lo menos, reducir el consumo de tabaco, pues la nicotina actúa de forma rápida, aumentando la presión sanguínea. 

- Reducir la cantidad de sal en las comidas y evitar el consumo de embutidos y salazones. 

- Evitar el estrés, huyendo de las preocupaciones que lo causen, del trabajo obsesivo y del ejercicio violento y agotador. 

- Si su peso es excesivo, seguir una dieta adecuada para alcanzar el peso ideal o, por lo menos, para no sobrepasarlo en demasía. 

- Consumir alcohol de forma muy moderada. 

- Practicar algún tipo de ejercicio moderado, preferentemente al aire libre. 

HIPOTENSION 

De mucha menor frecuencia que la hipertensión, la presión sanguínea baja (hipotensión) constituye un trastorno que tiene escasa importancia. 

Cuando aparece de forma súbita puede provocar aturdimientos, mareo e incluso desmayo. 

La forma más habitual es la denominada hipotensión postural, que se presenta al levantarse rápidamente de la cama o de un sillón. El cambio brusco de posición causa, como acto reflejo, una contracción de los vasos sanguíneos con la consiguiente falta de irrigación del cerebro. 

Entre las causas de hipotensión cabe mencionar algunas enfermedades, como la diabetes y la arteriosclerosis, y la sobredosificación de algunos fármacos destinados a combatir la hipertensión.


INFARTO

Los infartos, causados por la interrupción del riego sanguíneo arterial, se puede producir en distintos órganos, pero entre los que se ven afectados con mayor frecuencia figuran el corazón los pulmones, el bazo, los riñones y los intestinos.

En el caso de un infarto, la oclusión de la arteria que irriga el órgano afectado es ocasionada por un trombo o un émbolo. La diferencia entre éstos consiste en que el trombo es una masa sólida que se forma progresivamente, despositándose en la parte interna de un vaso sanguíneo y reduciendo su diámetro; el émbolo es un elemento sólido, líquido o gaseoso, como, por ejemplo, una porción desprendida de un trombo, un coágulo o aire, que se desplaza por la corriente sanguínea. Así, el primero interrumpirá el flujo arterial debido a su crecimiento, mientras que el segundo lo interrumpirá por incrustarse en un vaso de un diámetro que es inferior al propio.

CAUSAS 

Los factores determinantes de la formación de trombos son la irregularidad de la superficie interna de los vasos, la ralentización del flujo sanguíneo -como se comprueba en las personas varicosas-, las modificaciones que pueden sufrir la coagulación y, sobre todo, la arterosclerosis, un trastorno vascular caracterizado por la acumulación de lípidos -principalmente, colesterol y ácidos grasos- en la pared interna de las arterias, constituyendo las denominadas placas de ateroma, que ocasionan la oclusión y el endurecimiento de las arterias afectadas. El origen de los émbolos se encuentra en afecciones del corazón, las arterias y las venas. Si son sólidos o líquidos, su desprendimiento puede ser ocasionado por un esfuerzo físico; si se trata de aire o gas, se produce en las operaciones quirúrgicas del pulmón, cuello y mediastino; al abrirse una vena, o por un traumatismo del cuello en el que se lesionen las grandes venas. El émbolo gaseoso reviste el peligro de llegar al cerebro, invadiéndolo de forma masiva y produciendo la muerte instantánea.

Entre las causas más corrientes de un infarto cardíaco se encuentran la diabetes, la obesidad, el estrés, el tabaquismo, la hipertensión y, por supuesto los factores hereditarios. Hay también otros factores que pueden desencadenarlo, como el frío intenso, la excesiva actividad física, las hemorragias y las emociones fuertes.

La formación de una embolia pulmonar tiene lugar
cuando los trombos que se han formado en las
venas de las piernas se desprenden y ascienden



CONSECUENCIAS 

En los casos en que el infarto no ha producido la destrucción de un órgano vital, como el corazón, por ejemplo, en cuyo caso sobrevendrá la muerte, el paciente puede ser sometido a un tratamiento médico prolongado, que incluye la administración de medicamentos y la práctica de ciertos ejercicios especiales, así como el control de la alimentación y la eliminación de hábitos nocivos, como fumar o beber con exceso. 

A pesar de los inconvenientes mencionados, es frecuente que quienes han sufrido un infarto pueden llevar una vida casi normal, dentro de unos parámetros de moderación que serán determinados por el médico a cuyo cargo esté el tratamiento.

El 50% de los fallecimientos por infarto de miocardio se produce en las cuatro horas siguientes al inicio del cuadro clínico, por lo cual es esencial establecer un diagnóstico y un tratamiento precoces.

TRATAMIENTO 

No es infrecuente que algunos infartos se produzcan sin que el afectado sienta otra cosa que un malestar pasajero, por lo que descartará la posible gravedad, e incluso sin que perciba síntoma alguno. En estos casos, el tratamiento será determinado por la condición en que se encuentre el paciente al detectársele con posterioridad el infarto, ya sea porque consulte al médico por otros motivos o por pura casualidad. Cuando el infarto cardíaco, pulmonar o intestinal es de consideración, se producirán dolores agudos, acompañados por lo general de dificultad respiratoria y shock. Lo indicado en estos casos es acudir al médico con urgencia. El tratamiento del infarto intestinal suele desembocar en una intervención quirúrgica en la que se extirpará la porción de intestino necrosado, mientras que el pulmonar se basa en la administración de anticoagulantes, aunque también puede extraerse el émbolo mediante cirugía. El infarto de miocardio, es de mayor incidencia -y en progresivo aumento en los países occidentales debido, en general, a la alimentación inadecuada, a la sobrealimentación, al estrés y al tabaquismo, entre otros factores-, es tratado en las unidades coronarias de los centros hospitalarios, con medicamentos destinados a normalizar el funcionamiento del corazón y a prevenir las posibles complicaciones, reposo absoluto durante los primeros días y una dieta alimentaria exenta de grasas y de colesterol. 
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